Ciencia e innovación

Investigadores son parte del nuevo reporte IPCC sobre Impactos, Adaptación y Vulnerabilidad al Cambio Climático

Con una conferencia transmitida para todo el mundo, fue presentado este lunes 28 de febrero la Contribución del Grupo de Trabajo II sobre Impactos, Adaptación y Vulnerabilidad, “Climate Change 2022: Impacts, Adaptation and Vulnerability”, informe que fue aprobado para su publicación el domingo 27 de febrero de 2022, por los 195 Estados Miembros del IPCC, en una reunión de aprobación celebrada en formato virtual a lo largo de dos semanas a partir del 14 de febrero

Este reporte corresponde a la segunda entrega Sexto Informe de Evaluación (AR6) del IPCC, sumándose a la Contribución del Grupo de Trabajo I sobre Bases Físicas del Cambio Climático, que fue lanzado el pasado agosto del 2021. La publicación de la Contribución del Grupo de trabajo III se espera se realice a principios de abril del 2022, completando el AR6.

La contribución del Grupo de Trabajo II al Sexto Informe de Evaluación evalúa los impactos del cambio climático, analizando los ecosistemas, la biodiversidad y las comunidades humanas a nivel mundial y regional. También revisa las vulnerabilidades y las capacidades y límites del mundo natural y las sociedades humanas para adaptarse al cambio climático.

“Este informe entraña una seria advertencia sobre las consecuencias de la inacción”, manifestó Hoesung Lee, presidente del IPCC. “En el informe se demuestra que el cambio climático constituye una amenaza cada vez más grave para nuestro bienestar y la salud del planeta. Las medidas que se adopten en el presente determinarán la forma en que las personas se adaptarán y cómo la naturaleza responderá a los crecientes riesgos climáticos”.

En esta oportunidad, participaron como Lead Author las investigadoras del (CR)2 Paulina Aldunce, investigadora de Citrid U. de Chile y académica de la Facultad de Ciencias Agronómicas U. de Chile, y Laura Ramajo, investigadora del Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas CEAZA. Mauro González, investigador del (CR)2 y académico de la Facultad de Ciencias Forestales y Recursos Naturales, también participó como Contributing Author.

Quienes también participaron representando a Chile como Lead Author, se encuentran Francisco Mesa, investigador del Centro de Cambio Global UC, y Lisandro Rocco, académico de la Universidad Austral de Chile. Por otro lado, Carolina Adler, directora del Mountain Research Initiative, fue parte de la entrega con el rol de Coordinating Lead Author.

“En términos generales, el reporte determina que el cambio climático generado por las actividades humanas, junto con los eventos extremos cada vez más intensos y frecuentes ha generado impactos negativos y daños tanto a los sistemas humanos como los naturales. Muchos de los sectores impactados negativamente son irreversibles debido que a que estos sistemas han sobrepasado su capacidad de adaptación”, señala Laura Ramajo. 

“Nos enfrentamos a múltiples e inevitables amenazas climáticas en las próximas dos décadas debido al calentamiento global de 1,5°C. Incluso superar temporalmente los 1,5 °C de calentamiento resultará en impactos adicionales graves, algunos de los cuales serán irreversibles. Por lo mismo se requiere de urgente acción para hacerse cargo de los crecientes riesgos. El reporte subraya las consecuencias de la inacción y nuestras acciones llevadas a cabo hoy definirán como la humanidad y la naturaleza responderá los crecientes riesgos del cambio climático”, destaca Paulina Aldunce. 

En comparación a la entrega del Grupo de Trabajo II realizada para el 5to Informe de Evaluación, este nuevo reporte considera un total de más de 34.000 documentos científicos, sustentando con evidencia los impactos y riesgos en diferentes niveles de calentamiento, así como también cómo la adaptación puede contribuirá a las soluciones al cambio climático, y también explora el potencial de la adaptación para cumplir varios Objetivos de Desarrollo Sostenible

“Este último informe refleja el creciente conocimiento científico y proporciona una mejor comprensión de los impactos del cambio climático, los riesgos climáticos, las opciones que tenemos para adaptarnos y los límites que enfrentamos. Se centra en las soluciones, la justicia social y la equidad y el papel de la transformación para hacer frente con los peligros que enfrentamos por el cambio climático, limitar el calentamiento y, al mismo tiempo, abordar algunas de las otras amenazas globales”, destaca Paulina Aldunce.

“Desde el AR5, un gran número de evidencia ha sido acumulada en torno a impactos observados y proyectados, pero también sobre qué factores hacen a la naturaleza y a las personas más vulnerables. Desde el AR5 existe evidencia de que hay un progreso en adaptación, tanto en la planificación como en su implementación.  El reporte también indica que desde el AR5 publicado en 2014 han incrementado la evidencia de la presencia de acciones de mala-adaptación las cuales pueden aumentar la vulnerabilidad, exposición y riesgos actuales, pero también exacerbar las desigualdades existentes”, agrega Laura Ramajo

La investigadora del Centro Ceaza también señala que el AR6 indica que la evidencia que existe ahora respecto a impactos, riesgos proyectados, vulnerabilidad y límites de adaptación demuestran que la acción para conseguir un desarrollo climático resiliente a nivel mundial es más urgente de lo que determinó el AR5.

“El desarrollo resiliente al clima ya está en peligro en los niveles actuales de calentamiento. Estará aún más limitado si se exceden los 1,5°C. En algunas regiones será imposible si supera los 2°C. Esto remarca la urgencia de la acción climática, centrada en la equidad y justicia. Adecuado financiamiento, transferencia tecnológica, compromiso político y trabajos colectivos resultan en adaptación al cambio climático y reducción de emisiones más efectivas”, agrega Paulina Aldunce.

Tanto el informe como las investigadoras del (CR)2 señalan que, así como es un elemento clave la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, parte de las acciones de mitigación, también es importarte enfocar esfuerzos en las acciones de adaptación que implementen los países.

“El reporte determina con un nivel de confianza muy alto que las soluciones integradas y multisectorales y transversales incrementa la viabilidad y efectividad de la adaptación al cambio climático. También indica que, aunque algunos limites en términos de adaptación ya han sido alcanzando, pueden ser superados abordando restricciones financieras, de gobernanza, instituciones y políticas”.

“La evidencia científica es inequívoca: el cambio climático es una amenaza para el bienestar de la humanidad y la salud del planeta, tomar acciones ahora nos podría asegurar el futuro. Cualquier nuevo retraso en la acción global resultará en la perdida de la breve ventana de oportunidad que nos permitiría asegurar la habitabilidad del planeta, la cual se está cerrando rápidamente”, concluye Paulina Aldunce.

Chilenos descubren en la cáscara de la cebolla el más potente antioxidante conocido hasta ahora

“Descubrimos un antioxidante en la cáscara de la cebolla, cuya acción es ejercida a nivel nanomolar. Esto significa que la molécula descubierta actúa en las células humanas a concentraciones extremadamente bajas, siendo su potencia -por tanto- superior a prácticamente toda otra molécula antioxidante hasta ahora conocida”. Así explica el Dr. Hernán Speisky, director del Laboratorio de Antioxidantes del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) de la Universidad de Chile, el reciente hallazgo de las extraordinarias propiedades de la cáscara de la cebolla realizado junto a la investigadora Jocelyn Fuentes, jefa del Laboratorio de Análisis de Antioxidantes de la misma unidad académica.

La investigación comenzó el año 2017, en medio del proceso de tesis doctoral de la profesora Fuentes, donde el objetivo propuesto fue analizar qué le sucedía a los antioxidantes cuando estos se oxidaban, particularmente a los polifenoles. Fue así como, dice la profesora, “encontramos e identificamos en la piel de la cebolla que la molécula de benzofuranona (BZF), la forma oxidada del polifenol quercetina, tiene una potencia antioxidante 1.000 veces superior a la del mismo polifenol sin oxidar”.

Los modelos experimentales de investigación empleados por los investigadores del INTA de la U. de Chile permitieron establecer que la administración de bajísimas dosis de un extracto (preparado a partir de la piel seca de cebolla), estandarizado en cuanto al contenido de BZF, protegió a animales de experimentación contra el daño a su mucosa intestinal y contra la alteración de la función de barrera de su intestino inducido por agentes pro-oxidantes que erosionan la mucosa del tracto gastrointestinal, como son los AINEs (anti-inflamatorios no-esteroidales) o el alcohol.

Asimismo, y dado que la alteración de la función de barrera intestinal es una condición que también esta frecuentemente asociada a la obesidad y la diabetes, los investigadores explican que el descubrimiento hecho abre la posibilidad de que el extracto desarrollado por el Laboratorio de Antioxidantes del INTA sea eventualmente de enorme utilidad terapéutica en tales condiciones.

Los estudios hasta ahora realizados son pioneros, y muestran que el compuesto (BZF), naturalmente presente en la piel seca de la cebolla, se comporta en las células como el más potente antioxidante y anti-inflamatorio hasta ahora conocido.

La indagatoria se centró en la cebolla, luego de haber estudiado más de veinte frutas y hortalizas que son reconocidamente ricas en el polifenol quercetina. “Empezamos a buscar en qué alimentos se podría encontrar la quercetina en su estado estar oxidado y llegamos a la cebolla, pero lo interesante fue que no lo encontramos en su pulpa, sino que solamente en su piel, y específicamente, en las capas secas más externas de esta. Lo vimos también en la piel seca de la cebolla morada y de la chalota, que son una variedad de cebollas pequeñas que se consumen mucho en Francia”, cuenta la profesora Fuentes.

El Dr. Speisky explica que la investigación se inició con el objetivo de “cuestionar el supuesto científico de que cuando un antioxidante se oxida pierde sus propiedades antioxidantes. Y para ello hemos estado trabajando primariamente en un tipo de antioxidantes que se llaman flavonoides (una clase de polifenoles), que son los antioxidantes naturales más abundantes en la alimentación humana”.

En esta línea, agrega, “empleando células del epitelio de intestino humano expuestas a radicales libres o a agentes generadores de estas especies (como AINEs o alcohol), demostramos que el daño producido a nivel tanto celular como molecular se ve prevenido totalmente en presencia del extracto de piel de cebolla, así como por la adición de concentraciones de BZF purificada adicionada a la misma concentración que se encontraba presente en el extracto. Interesantemente, las concentraciones o dosis de benzofuranona necesarias para inducir la protección total de estas células resultan ser 1.000 veces inferiores a las requeridas por el flavonoide (quercetina) que origina a dicha benzofuranona”.

Además, dice que “hemos respaldado lo anterior, demostrando que bajísimas dosis del extracto protegen totalmente la mucosa intestinal de animales de experimentación contra el daño oxidativo y contra la pérdida de función de barrera intestinal inducida por AINEs”. Tales hallazgos han sido recientemente publicados en revistas que actualmente gozan del mayor reconocimiento científico en el área de los antioxidantes y de la química de los alimentos.

Habitualmente, cuando manipulamos una cebolla para su consumo en la cocina, retiramos y posteriormente desechamos la cáscara para utilizar solo la parte blanca interior. Entonces, cabe preguntarse, ¿de qué manera podemos utilizar o consumir este elemento en nuestra dieta diaria? Los especialistas son claros en aclarar que eso corresponde a una segunda etapa y que no es posible aún establecer su consumo directo como una práctica saludable.

“A través de un proyecto Fondecyt Regular (1190053) dirigido por el Dr. Speisky y un proyecto Fondef (VIU20p0005) que yo dirijo hemos ido avanzando no solo en una mayor caracterización de los potenciales usos de BZF, sino también en el desarrollo de un preparado nutracéutico que contenga el extracto de piel de cebolla estandarizado en cuanto a BZF. Y aunque aún no estamos en condiciones de sugerir su uso ni menos dosis en humanos, iniciar estudios clínicos con el extracto forma parte de nuestros próximos pasos a seguir”, asevera la profesora Fuentes.

Por su parte, el profesor Hernán Speisky puntualiza que “el interés en antioxidantes surge del amplio reconocimiento de qué la ingesta de alimentos ricos en moléculas -que tienen la capacidad para apagar o neutralizar radicales libres- contribuyen sustantivamente a reducir el riesgo de desarrollo de diversas enfermedades crónicas no transmisibles, como son aquellas que afectan el sistema cardiovascular, el sistema nervioso central y diversas formas de cáncer”. 

Chile presenta nueva herramienta de medición de turismo interno mediante el uso de big data

Por medio de una plataforma de fácil y libre acceso, empresarios y emprendedores del sector, gremios del turismo, municipios, academia, organismos nacionales e internacionales y medios de comunicación podrán acceder a Big Data Turismo Interno, herramienta que entrega información estadística sobre los viajes que realizan los residentes en Chile por todo el territorio nacional y que estará disponibles las 24 horas del día en www.sernatur.cl/dataturismo.

Las nuevas métricas se sumarán a los resultados de la información ya existente en la plataforma, en la cual se podrá medir el comportamiento del turismo interno desde enero de 2019 hasta noviembre de 2021, dando paso al análisis de flujos turísticos internos en el contexto pandémico, comparándolo con un año de regularidad. Los resultados de esta metodología se sumarán a Data Turismo Chile, para complementar la información ya disponible respecto al turismo receptivo.

El ministro de Economía, Fomento y Turismo, Lucas Palacios, afirmó que “la incorporación de Big Data es una tremenda noticia para las más de 540 mil personas y familias que viven del turismo en nuestro país, para las más de 183 mil empresas con actividades relacionadas al turismo, para inversionistas, autoridades comunales, regionales y a nivel país que quieren tomar más y mejores decisiones para fomentarlo. Y para los mismos turistas. Se trata de un gran zoom al turista chileno, preciso y en tiempo real, que nos pone a la vanguardia de información precisa para todos”.

En tanto el subsecretario de Turismo, José Luis Uriarte, señaló que “la implementación de esta plataforma es un elemento que aporta al posicionamiento del turismo como sector económico. Este es un esfuerzo que venimos desarrollando desde hace años para dotar al sector de información confiable, robusta y actualizada, con el objetivo de que las personas vinculadas con el turismo, en todos sus niveles, puedan tener datos a la mano y así tomar mejores decisiones. Es una excelente herramienta que ayudará al desarrollo de políticas públicas y de inversiones focalizadas territorialmente, lo que en un contexto de reactivación es sumamente necesario”.

Otro aspecto al que apunta el uso de big data en turismo es a la transformación digital del sector y en relación a eso, la directora nacional de Sernatur, Andrea Wolleter, expresó que “esto es muy beneficioso, ya que pone a Chile a la vanguardia en el uso de nuevas tecnologías de captura de información. Es un método innovador de obtención de data oficial en turismo que pone en valor el análisis de la información disponible y el uso intensivo de los datos, como soporte de la toma de decisiones, supliendo la necesidad de información de corto plazo”.

El uso de big data se convierte en una herramienta fundamental para el diseño de estrategias en el proceso de reactivación de un sector de la economía que ha sido severamente impactado por la crisis sanitaria, sobre todo porque el turismo interno será el eje central que impulsará la reanudación de la actividad turística en Chile.

La plataforma tiene un amplio alcance y abarca a diversos actores del sector. El nivel de detalle de la información contribuye con localidades, municipios, regiones y público en general respecto al acceso a información centralizada y estandarizada de fácil comprensión y disponible siempre en el sitio web www.sernatur.cl/dataturismo.

Esta es la primera vez que se publica estadística oficial del país con big data, que viene a complementar las encuestas y los registros administrativos de la estadística de turismo. Se trata de información con tecnología de punta, disponible para la toma de decisiones de pymes y operadores turísticos del país, la cual permitirá definir iniciativas, proyectos y políticas públicas gracias a un dato oportuno, confiable y robusto. De este modo, el uso de esta tecnología permitirá dirigir de mucho mejor manera la toma de decisiones, ya sean públicas o privadas.

Físicos chilenos descubren pistas claves sobre el origen de las tormentas solares

Las llamaradas o tormentas solares son un fenómeno frecuente en nuestra estrella más cercana y su comportamiento no pasa desapercibido para la humanidad, ya que una descarga magnética poderosa es capaz de afectar desde satélites de comunicaciones hasta equipos electrónicos ubicados en la Tierra.

De acuerdo, a Mario Riquelme, académico del Departamento de Física de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile y autor principal de esta investigación publicada en la revista internacional The Astrophysical Journal, “para que ocurran estas llamaradas solares se requiere de una aceleración violenta, en apenas unos pocos segundos, de los electrones e iones en la atmósfera del Sol, la cual se ha estudiado por varias décadas sin haberse entendido aún su origen”.

Usando simulaciones computacionales de plasmas, los científicos encontraron un mecanismo para acelerar los electrones hasta velocidades ‘relativistas’, “es decir, los electrones en nuestro estudio alcanzan velocidades muy cercanas a la velocidad de la luz, en el contexto de las llamaradas solares”, explica el también Ph.D en Astrofísica de la Universidad Princeton (Estados Unidos). Según detalla, la aceleración encontrada se debe a las inestabilidades de los plasmas presentes en las llamaradas solares. “Este estudio permitirá también comprender una serie de fenómenos que involucran la aceleración de partículas en otros contextos astrofísicos como, por ejemplo, las llamaradas que despiden otras estrellas”, indica el académico.

Además de sus aplicaciones en astrofísica, Riquelme añade que este trabajo busca contribuir a entender los factores determinantes del clima espacial (la relación entre el sol, los campos magnéticos y el medio interplanetario), pudiendo -por ejemplo- aplicarse al fenómeno de aceleración de electrones en los cinturones de radiación de Van Allen en la magnetósfera de la Tierra. Asímismo, el entendimiento de este tipo de aceleración de partículas ayuda a comprender una serie de experimentos de plasmas en laboratorios, de vital importancia para una variedad de aplicaciones tecnológicas.

El grupo de trabajo planea continuar con sus investigaciones enfocándose en determinar si los iones pueden acelerarse por el mismo mecanismo, y cuáles son los regímenes óptimos para la aceleración de iones y electrones. El estudió tardó dos años en realizarse y en él se utilizaron simulaciones computacionales, principalmente a través del Laboratorio Nacional de Computación de Alto Rendimiento (NLHPC, por su sigla en inglés), el supercomputador más potente de Chile y uno de los más poderosos en Sudamérica, una infraestructura albergada en la Universidad de Chile que ha jugado un rol clave en el avance de la ciencia nacional en los últimos años.

El equipo de trabajo estuvo compuesto por el estudiante del magíster en ciencias con mención en Física de la Universidad de Chile, Alvaro Osorio, quien estuvo a cargo de la ejecución de las simulaciones y de un exhaustivo trabajo de análisis e interpretación de datos. También participaron Daniel Verscharen (University College London) y Lorenzo Sironi (Columbia University), quienes colaboraron en la realización e interpretación física de las simulaciones.

Los resultados aparecieron publicados en la revista The Astrophysical Journal con el título “Stochastic Electron Acceleration by Temperature Anisotropy Instabilities Under Solar Flare Plasma Conditions” (“Aceleración Estocástica de Electrones Debido a Inestabilidades por Temperatura Anisotrópica Bajo Condiciones del Plasma de Llamaradas Solares”).

Descubren fósiles de ranas de la era de los dinosaurios que habitaron la Patagonia chilena

Felipe Suazo, investigador de la Universidad de Chile, identificó especímenes pertenecientes a los grupos Calyptocephalellidae y Kuruleufenia, dos tipos de ranas que vivieron hace más de 70 millones de años junto a dinosaurios como saurópodos, hadrosaurios y el recientemente descrito Stegouros elengassen. El estudio, publicado en la revista internacional Cretaceous Research, confirma que ambas familias lograron sobrevivir al evento de extinción masiva ocurrido hace 66 millones de años y su parentesco con ranas contemporáneas. Una de ellas es la rana grande chilena, especie endémica de nuestro país cuyos ancestros sobrevivieron al impacto del asteroide Chicxulub, pero que hoy se encuentra bajo amenaza por la acción humana.

Una de las ranas pertenece a la familia Calyptocephalellidae y la otra al género Kuruleufenia. Ambas vivieron hace más de 70 millones de años y lograron sobrevivir al impacto del asteroide Chicxulub.

Felipe Suazo, investigador de la Red Paleontológica de la Universidad de Chile, estuvo a cargo del estudio de estos fósiles encontrados en el Valle del Río de Las Chinas, en la Patagonia chilena.

En la misma zona, habitaron dinosaurios como hadrosaurios, saurópodos y el más recientemente documentado Stegouros elengassen. También se han identificado mamíferos como Magallanodon y Orretherium.

Calyptocephalella gayi, más conocida como rana gigante chilena, es considerada un verdadero “fósil viviente”. Esta especie está emparentada con una de las ranas descubiertas en la Patagonia.

Una nueva pieza de la fauna que habitó la Patagonia en la era de los dinosaurios fue identificada a partir de dos campañas de prospección paleontológica realizadas durante los años 2017 y 2018 en el Valle del Río de Las Chinas, localidad ubicada cerca de las Torres del Paine, a unos 80 kilómetros de Puerto Natales. Durante el rescate del fémur de un saurópodo, el equipo descubrió un yacimiento de fósiles con cientos de fragmentos. Parte de estos restos fueron estudiados por Felipe Suazo, investigador de la Red Paleontológica de la Universidad de Chile, labor que permitió identificar, por primera vez en Chile, a dos grupos de ranas que vivieron hace más de 70 millones de años a la sombra de los dinosaurios, pertenecientes a la familia Calyptocephalellidae y al género Kuruleufenia.

El estudio, publicado por la revista Cretaceous Research, fue desarrollado junto al investigador de la Universidad de Buenos Aires, Raúl Gómez, quien abordó el registro fósil de este tipo de anfibios en la Patagonia argentina. El trabajo conjunto permitió determinar la amplia distribución de estos grupos de ranas en los dos países, lo que reafirma la conexión de la fauna entre ambas regiones del extremo sur de Sudamérica hacia fines del período Cretácico.

Felipe Suazo afirma que estas ranas vivieron en hábitats de agua dulce y que la identificación de Kuruleufenia en la Patagonia chilena corresponde al registro fósil más austral de este grupo a nivel global a la fecha. Explica, además, que este es un género de la familia Pipidae descubierto y descrito por Gómez en el 2016, que poseía características únicas en elementos del cráneo que la distinguen del resto de especies fósiles de pípidos del Cretácico. Respecto a los restos fósiles de Calyptocephalellidae, indica que esta familia posee un amplio registro fósil, el que abarca desde el Cretácico tardío hasta el pleistoceno, siendo registrado principalmente en la Patagonia chilena y argentina, en la zona central chilena y, llamativamente, en la Península Antártica.

Tanto al único resto determinado como Kuruleufenia, como a los restos asignados como Calyptocephalellidae encontrados en territorio chileno, se les puede asignar una edad aproximada de entre 75 a 71 millones de años. El investigador de la Universidad de Chile detalló que estas ranas vivieron en un clima con temperaturas templadas en verano y muy lluviosas, con un ecosistema caracterizado por la desembocadura de un río a modo de meandro, “en el cual se apreciaban bosques de helechos, coníferas (podocarpáceas, mañíos y araucarias) y Nothofagus. Probablemente, existieron áreas de inundación, las que eran pobladas por diversos animales adaptados a ambientes dulceacuícolas, como ranas, tortugas y hasta cocodrilos. Complementando a esta particular fauna, también se han identificado restos de linajes ya extintos de mamíferos, como Magallanodon y Orretherium; además de dinosaurios como los hadrosaurios, saurópodos y el más recientemente documentado Stegouros elengassen, un pariente relativo del grupo de los ankylosaurios”.

Este rico contexto faunístico fue el hábitat de estas particulares ranas, las cuales hasta la fecha cuentan con linajes que sobrevivieron a Chicxulub, el meteorito que borró de la faz de la Tierra a los dinosaurios. De acuerdo a Felipe Suazo, “los hallazgos fósiles encontrados tanto en la Patagonia chilena como argentina, confirman que las familias Pipidae [Kuruleufenia] y Calyptocephalellidae [Calyptocephalella] lograron sobrevivir a la extinción del K/Pg ocurrida hace 66 millones de años atrás, aproximadamente. Las causas por las que lograron sobrevivir y proliferar durante el Cenozoico, la época que continúa al Mesozoico, no están claras. Sin embargo, el registro fósil demuestra que ambas familias proliferaron con una diversidad de especies particulares en la Patagonia sudamericana”.

“La morfología de estos fósiles es casi idéntica a la que presentan los huesos de la actual rana grande chilena (Calyptocephalella gayi), pero debido a razones conservadoras se decidió asignar estos fósiles solo a un nivel de familia, a la espera de nuevos restos fósiles que permitan corroborar si pertenecen o no al género Calyptocephalella o a un nuevo género aún desconocido para la ciencia”, agregó el investigador de la Universidad de Chile.

Respecto al parentesco de estos fósiles con las ranas de hoy, plantea que el género Kuruleufenia está asignado a la familia Pipidae. Dos representantes ampliamente conocidos de esta familia en la actualidad son Pipa pipa (sapo de Surinam), el cual se distribuye en la Amazonía sudamericana, y Xenopus laevis (rana africana), “que fue introducida accidentalmente en la zona central de Chile, colonizando los ambientes donde nuestros ranas y sapos autóctonos se reproducen. Esto tiene serias implicancias para la conservación de nuestras especies, ya que esta rana se alimenta de larvas e individuos juveniles (y quizás adultos) de nuestros anuros autóctonos, lo que ha diezmado las poblaciones de ranas de la zona central a niveles críticos. Sumado a lo anterior, podría ser vector de enfermedades (virus y hongos) para otros anuros de nuestro país”.

Este fenómeno tiene particular relevancia para la existencia del verdadero “fósil viviente” que representa la familia Calyptocephalellidae, que sobrevivió a Chicxulub, pero que hoy se ve amenazada por la acción humana. “Esta familia actualmente es endémica de Chile, es decir, las especies pertenecientes a esta familia solo se distribuyen en nuestro país, lo cual dista mucho de su historia evolutiva, en donde era posible encontrarlas distribuidas en la Patagonia chilena y argentina e inclusive en la Península Antártica. Las especies actuales se distribuyen en dos géneros: Calyptocephalella, con una sola especie viviente (Calyptocephalella gayi), y Telmatobufo, con cuatro especies. Todas las especies de la familia Calyptocephalellidae se encuentran bajo algún grado de estatus de conservación ante la pérdida de poblaciones en los últimos años”.

Al respecto, Suazo destaca la grave amenaza que afecta en particular a Calyptocephalella gayi. “Esta especie es considerada la rana de mayor tamaño de nuestro país, y es una de las ranas de mayor tamaño que existe en el mundo. Se encuentra bajo amenaza y con categoría vulnerable (VU) en la lista roja de conservación de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por su sigla en inglés), debido a la notable pérdida de ecosistemas dulceacuícolas que ha enfrentado en los últimos años, fragmentando sus poblaciones, además de presentar amenazas directas por la proliferación del hongo quítridio. Sumado a lo anterior, esta especie es cazada por los seres humanos por ser reconocida como una comida gourmet en muchos lugares de Chile”.

La parte chilena de esta investigación fue impulsada en el marco del Proyecto Anillo 172099 “Registro Fósil y Evolución de Vertebrados”, liderado por la Universidad de Chile, con el apoyo de los proyectos Fondecyt 1190891 y 1151389, encabezados por el académico de la Universidad de Chile, Alexander Vargas, y por el investigador del Instituto Antártico Chileno (INACH), Marcelo Leppe. Este trabajo además representa el segundo artículo científico formal enfocado en ranas fósiles chilenas después del realizado en el 2014 por Rodrigo Otero y otros investigadores chilenos.

Investigación revela que bosques del sur de Chile son campeones mundiales en almacenamiento de carbono

El desafío de reducir la huella de carbono en nuestro planeta es una cruzada que mantuvo reunidos a decenas de científicas, científicos y delegados de diversos países en la COP26. Metas como detener y revertir la deforestación al 2030 se han levantado con fuerza, generando a su vez múltiples debates sobre el foco y eficacia de medidas que pueden ser tardías e insuficientes ante la emergencia climática.

En Chile, un grupo de investigadores continúa explorando nuestros hábitats naturales y desarrollando evidencia clave para afrontar este problema global. Entre ellos, se destacan los estudios que se realizan en los bosques de Chiloé y sus suelos, ecosistemas que funcionan como grandes aliados para la captura de carbono y el combate al cambio climático.

Así lo mostró un reciente estudio liderado por Jorge Pérez Quezada, investigador de la Universidad de Chile y del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB). El trabajo, publicado en la revista especializada Forest Ecology and Management, exploró 33 sitios del bosque templado lluvioso ubicado en la Estación Biológica Senda Darwin, con mediciones realizadas entre 2014 y 2017. Fue así como se determinó que este ecosistema almacena más de 1.000 toneladas de carbono por hectárea, la mayoría en el suelo. El estudio también contó con la participación de Aurora Gaxiola, investigadora del IEB y de la Universidad Católica de Chile.

“En esta investigación realizamos una medición y evaluación muy completa de todas las reservas de carbono presentes en el bosque. Utilizamos modelos alométricos existentes para estimar el carbono almacenado en los árboles, que es lo más frecuente en estos estudios, pero también medimos cuánto carbono hay en el suelo, en la hojarasca, la vegetación pequeña a ras de suelo y en las plantas epífitas, que son aquellas enredaderas que crecen sobre los árboles. Encontramos que la mayor cantidad de carbono acumulado se encontraba en el suelo, con 730 toneladas por hectárea, una magnitud que nos llamó la atención también al compararla con otros ecosistemas”, explica el Ingeniero Agrónomo.

La particularidad de este hábitat, según detalla el investigador, es que se trataría de un bosque nativo y viejo, que habría crecido sobre una antigua turbera, a partir de la cual se habría formado un suelo muy rico en nutrientes orgánicos, y diferente al de otros bosques templados del mundo, tanto así, “que al caminar sobre este se puede percibir una especie de vibración, como si caminásemos sobre cojines”, comenta Pérez Quezada. Y si bien los suelos de otros bosques antiguos también contribuyen a la captura de carbono en grandes proporciones, los bosques como el estudiado en Chiloé serían un sumidero de carbono aún más potente que el de la mayoría de bosques templados en el mundo, a juicio del académico de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la U. de Chile.

“Este trabajo confirma que la zona donde hay más carbono acumulado en los bosques es en el suelo y luego, en los árboles. Sin embargo, hemos visto que el rol del suelo y su aporte para combatir el cambio climático han sido subestimados. Por otro lado, sabemos que no existen muchos estudios a nivel mundial que profundicen en esta área”, comenta el científico.

Jorge Pérez añade que también se encontraron importantes reservas de carbono en la vegetación que acompaña a los grandes árboles del bosque. “En las epífitas, por ejemplo, descubrimos que había más de una tonelada de carbono por hectárea, lo que también representa un índice muy alto”, comenta.

Por su parte, Aurora Gaxiola enfatiza que “los bosques no son solo árboles, sino ecosistemas mucho más complejos, que incluyen a una gran biodiversidad de especies y elementos fundamentales como el suelo y las raíces, que además proporcionan servicios importantísimos para el almacenamiento del agua. En ese sentido, el trabajo resalta la importancia del suelo como gran reservorio, clave también en la fijación de carbono. Por esta razón, la investigación también es un llamado a valorar y proteger con fuerza a nuestros bosques viejos y fortalecer la relación planta y suelo, tan vital para la regulación de ciclos naturales”.

Considerando el valor de estos hallazgos, el científico sostiene que es imperante poner foco en la protección de ecosistemas nativos: “En Chile se está planificando restaurar 1 millón de hectáreas, lo cual también es muy valioso, pero esto no tiene sentido si no trabajamos al mismo tiempo en proteger donde ya está acumulado el carbono, pues realmente toma muchos años capturar tales cantidades. Por eso es que también debemos continuar investigando estos ecosistemas, protegerlos y ponerlos en valor para su conservación”.

Jorge Pérez señala que además es fundamental resguardar estos territorios para la protección de nuestra biodiversidad y servicios ecosistémicos, como la provisión de agua, ya que los bosques antiguos interactúan con una enorme cantidad de animales, hongos, vegetales y comunidades humanas. Por esta misma razón, reafirma la necesidad de que existan mejores políticas de conservación y un especial cuidado ante los cambios de uso de suelo, ya que esta última es una de las causas más importantes de pérdida de biodiversidad a nivel global.

El investigador fue parte del Comité Científico COP25 convocado por el Ministerio de Ciencia en 2019, instancia que elaboró un informe sobre esta materia, junto a una serie de recomendaciones, que -según advierte- “finalmente no fueron incluidas en su totalidad, ya que las plantaciones forestales fueron incorporadas dentro de la estrategia de Chile para mitigar el cambio climático, de las cuales se sabe que no contribuyen a capturar carbono en el largo plazo”. Respecto al documento, se establecieron algunos puntos centrales, entre ellos, proteger de manera efectiva y en el largo plazo a los ecosistemas naturales como bosques, turberas y humedades; maximizar la captura de carbono, y minimizar las emisiones por pérdidas de cobertura vegetal asociadas a incendios, deforestación, otros cambios de uso de suelo y degradación de estos mismos hábitats.

En ese contexto, el ingeniero agrónomo sostiene que la mayor amenaza para el bienestar de los suelos y su función en la captura de carbono son los incendios. “Con los incendios se pierde más de un 80 o 90 por ciento del carbono acumulado en los árboles y suelos, y luego se sigue perdiendo aún más, porque el suelo queda descubierto y continúa erosionándose. La tala de árboles también es otro factor clave. Por todo ello es que en Chile urge que se puedan regular los cambios de uso de suelo, y que los planes de manejo existentes cuenten con una verdadera y adecuada fiscalización”, concluye.

Descubren una nueva especie de dinosaurio acorazado en la Patagonia chilena con una extraña arma en su cola

En febrero de 2018, un equipo de paleontólogos  (con un integrante fracturado y otro esguinzado) extrajo con mucha dificultad un bloque de roca con algunos huesos fósiles expuestos desde un empinado cerro del Valle del Río las Chinas, una inhóspita zona de la Región de Magallanes cercana al parque nacional de las Torres del Paine. La pieza fue trasladada al Laboratorio de la Red Paleontológica de la Universidad de Chile, en Santiago, lugar donde comenzó a develarse un asombroso descubrimiento. Uno de los primeros hechos que maravillaron a los investigadores fue la extraordinaria preservación del fósil que fueron sacando a la luz, después de 74 millones de años, a medida que se removía lentamente la roca. Prácticamente encontraron todos los huesos del espécimen y la zona posterior estaba íntegra y completamente articulada, incluída su extrañísima cola.  

Fue esta pieza la que desde un principio llamó más la atención del equipo de investigación, ya que no se parecía a la de ningún dinosaurio conocido hasta la fecha. En su mitad posterior, poseía siete pares de huesos dérmicos proyectados lateralmente que le daban un aspecto similar a una fronda de helecho o a un macuahuitl, el temido garrote de guerra utilizado por los antiguos aztecas. La rareza de esta cola permitió identificarlo claramente como un nuevo tipo de dinosaurio acorazado, un hallazgo publicado en Nature, la revista científica más influyente del mundo, y cuyo proceso de estudio fue liderado por los paleontólogos de la U. de Chile Sergio Soto y Alexander Vargas. 

La particular especie, cuyo largo habría estado en torno a los 1,3 metros, fue nombrada como Stegouros elengassen. Respecto al significado de esta denominación, los investigadores explican que Stegouros se traduce como “cola techada”; mientras que elengassen es el nombre de un mítico monstruo acorazado en la tradición del pueblo nativo local Aonik’enk, conocidos también como patagones o tehuelches del sur.

La extraordinaria preservación del fósil permitió, además, identificar que Stegouros tenía características asociadas tanto a los estegosaurios como a los anquilosaurios, como si se tratara de una singular especie híbrida. Alexander Vargas describe que “los espectaculares estegosaurios se encuentran entre los dinosaurios más reconocibles, tanto por sus famosas placas dorsales verticales como por su arma en la cola con púas pareadas. Los anquilosaurios avanzados, en cambio, son famosos por sus anchas espaldas acorazadas por filas de osteodermos, y por tener una enorme maza redondeada en el extremo de la cola. Claramente, el arma de la cola en nuestro dinosaurio era ninguna de las anteriores”.

El estudio, detalla Sergio Soto, permitió determinar que el espécimen se trataba de un anquilosaurio transicional, “es decir, un eslabón evolutivo entre los anquilosaurios y otros linajes más antiguos de dinosaurios acorazados. Stegouros tiene solo algunos de los rasgos que normalmente se encuentran en anquilosaurios, particularmente en el cráneo, pero muchos otros están ausentes. También tiene algunos rasgos parecidos a los estegosaurios, heredados desde un ancestro común con ellos, pero que otros anquilosaurios perdieron en la evolución”. Es por esto que los investigadores sostienen que el hallazgo representa una verdadera “Piedra Rosetta” de este grupo de animales, un eslabón evolutivo que permite dar sentido a la evolución de los pocos restos identificados como anquilosaurios en el Hemisferio Sur.

Los investigadores señalan que los anquilosaurios eran tremendamente desconocidos en América del Sur. Hasta ahora, se habían encontrado huesos aislados y fragmentos que no eran lo suficientemente informativos. Es por eso que el descubrimiento de Stegouros superó las expectativas más optimistas, ya que no solo permitió identificar a esta nueva especie, sino también emparentarla con otros dos hallazgos anteriores de dinosaurios acorazados con los que comparte importantes semejanzas: Antarctopelta de la Antártica y Kunbarrasaurus de Australia. De esta forma, Stegouros reúne un cúmulo de información sobre los anquilosaurios del Hemisferio Sur y las diferencias con sus parientes del norte: tienden a ser de menor tamaño, con armadura más ligera, miembros más esbeltos, y al menos algunas formas también presentarían el distintivo macuahuitl.

Toda esta evidencia llevó a los paleontólogos a plantear formalmente la denominación de Parankylosauria (“al lado de los anquilosauria” ) para estos extraños anquilosaurios del Sur que vivieron en el megacontinente Gondwana, y el nombre de Euankylosauria (“verdaderos anquilosaurios”) para las formas que habitaron al Norte, en el megacontinente Laurasia, donde el registro fósil de anquilosaurios es abundante y muy diverso. 

Otra de las conclusiones de este trabajo es que los dinosaurios acorazados son el único linaje de vertebrados terrestres que ha evolucionado de forma independiente tres tipos radicalmente diferentes de armas especializadas en la cola: las púas pareadas de estegosaurios, la maza de anquilosaurios avanzados, y el macuahuitl de Stegouros. “Los Parankylosauria carecen de muchos rasgos de los anquilosaurios ‘verdaderos’ que ya estaban presentes en el Jurásico medio, hace unos 165 millones de años. Por lo tanto, las raíces de Parankylosauria deben ser muy antiguas, anteriores a esa fecha”, aseguró Alexander Vargas.

Respecto a la relevancia de este hallazgo liderado por investigadores chilenos y financiado completamente por proyectos nacionales, el ministro de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación de Chile, Andrés Couve, destacó que “este descubrimiento es motivo de orgullo, pues da cuenta del increíble potencial de Magallanes para el desarrollo científico, y de la calidad de la ciencia nacional que gracias a instrumentos de financiamiento público para la investigación asociativa, ha podido desarrollar un proyecto de excelencia, conectado internacionalmente y reconocido por una de las revistas más prestigiosas del mundo. Además, es fuente de inspiración para nuestras futuras generaciones, para que puedan soñar con la exploración y los descubrimientos en una disciplina muy relevante para el país”.

La ministra de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, Consuelo Valdés, enfatizó también el enorme valor patrimonial de las huellas del pasado que esta zona está entregando al mundo. “Este es un hallazgo de alcance mundial liderado por investigadores chilenos. Como Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio nos involucramos en el descubrimiento de esta nueva especie de dinosaurio, a través de la participación como investigador del jefe del Área de Paleontología del Museo Nacional de Historia Natural (MNHN), David Rubilar. Las características de este descubrimiento no solo nos permiten conocer las particularidades y diferencias de las especies que habitaron el territorio nacional, sino que también seguir profundizando en el tremendo potencial que tiene el país en el ámbito de la exploración paleontológica”, comentó.

“Lo que hoy conocemos como Chile fue un territorio que durante la era de los dinosaurios estuvo ubicado en el margen occidental de un gran megacontinente denominado Gondwana, territorio que estaba integrado por los territorios que actualmente conocemos como Sudamérica, África, Oceanía y Australia, India y como centro la Antártica”, señaló David Rubilar, jefe del Área Paleontología del Museo Nacional de Historia Natural de Chile, en relación al momento geológico en el que vivió Stegouros en esta parte del mundo. El investigador, quien también fue parte de este equipo, destacó que el descubrimiento no solo enriquece la fauna de dinosaurios de este país, sino que también representa una evidencia valiosa de la conexión entre los continentes australes en el pasado.

Por otra parte, Marcelo Leppe, director del Instituto Antártico Chileno y otro de los integrantes de este grupo de investigadores, detalló que “el momento de la historia natural específico en el que se encuentra Stegouros da cuenta de la existencia de un delta que se abría en un abanico fluvial, como el del río Nilo, con ríos sinuosos e islas que se convertían en trampas naturales. Hemos encontrado abundante evidencia de bosques de Nothofagus, como los que hoy se encuentran desde el centro hasta el sur de Chile, junto con vegetación herbácea y helechos. Es un ambiente típicamente austral de finales del Cretácico y uno de los pocos depósitos continentales que tenemos en todo el Hemisferio Sur para esta época”.

Esta vegetación probablemente fue el alimento de este herbívoro, cuya boca tenía una peculiar forma angosta hacia la punta y recurvada, muy similar a los picos de las aves. Poseía además filas de placas dérmicas óseas que recorrían su parte dorsal, las que probablemente lo ayudaban a defenderse de depredadores, de los cuales también se han encontrado evidencias en la zona. Esta nueva pieza paleontológica, agrega Marcelo Leppe, “viene a completar un puzzle bastante interesante, donde se incluyen al menos otras ocho especies de dinosaurios y reptiles, como tortugas y lagartos. También hemos encontrado evidencia de anfibios y peces en el área acuícola”. A estos hallazgos se suma, además, la identificación de dos nuevas especies de mamíferos, los más antiguos de Chile, dados a conocer el año pasado y este 2021: Orretherium tzen y Magallanodon baikashkenke.

En esta línea, David Rubilar destacó que la historia de los dinosaurios en el país apenas está comenzando. “Recién el año 2011 se describe la primera especie para Chile, un herbívoro de cuello largo denominado Atacamatitan chilensis. 10 años más tarde estamos nombrando esta cuarta especie. Lo interesante de esto es que de las cuatro especies descritas hasta el momento dos han aparecido en la prestigiosa revista Nature: Chilesaurus diegosuarezi y Stegouros elengassen. Esto nos habla de lo poco que conocemos aún en esta parte del mundo y del tremendo potencial que tiene el país para la exploración paleontológica. La exploración del sur de Chile y la Antártica van a ser claves en el futuro para nuevos y sensacionales descubrimientos”, asegura. 

El descubrimiento representa el corolario de muchas investigaciones que ya llevan 10 años, particularmente aquellas desarrolladas  bajo el proyecto Anillo ACT172099  “Nuevas Fuentes de Información sobre el Registro Fósil y Evolución de Vertebrados” (2018-2021, dirigido por Alexander Vargas) el proyecto más importante adjudicado en la historia de la paleontología chilena, que concluye con este broche de oro. Esta labor, enfatiza el profesor Leppe, ha permitido tener un mayor acercamiento a la vida y el entorno que dominó esta zona antes de la extinción masiva de los dinosaurios ocurrida hace 66 millones de años. “El Valle de las Chinas y Cerro Guido tienen por lo menos 25 o más años de estudio por delante. Es un lugar muy extenso. Usando herramientas apropiadas y al personal humano que hemos estado formando durante estos últimos 10 años va a ser muy posible que se continúen estos estudios con una camada joven de paleontólogos que van a protagonizar el florecimiento de la paleontología nacional”, afirmó. 

En Chile el 80% de las especies de peces de agua dulce está en algún grado de amenaza

Acaba de terminar la COP26 en Escocia con la firma de un compromiso de  presentar a finales de 2022 el plan de acción que seguirán para disminuir la emisión de los gases de efecto invernadero, y ya existe preocupación por parte de los referentes medioambientales y líderes mundiales sobre cómo alcanzar una reactivación económica, post COVID-19, sin retroceder en los esfuerzos por detener el aumento de la temperatura promedio global e impulsar la resiliencia del planeta. 

En este contexto, nuestro país durante el 2020 actualizó sus objetivos de acción climática establecidos en la Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC), manifiesto que poseen todos los países que han suscrito el Acuerdo de París, y que en Chile está focalizado principalmente en avanzar hacia una economía baja en emisiones y resiliente al clima. 

Esta resiliencia, a nivel ecosistémico puede ser abordado desde diversos puntos de vista, sin embargo, en lo relativo a la gestión del agua, requiere de acciones urgentes. La Doctora en biodiversidad y magíster en recursos hídricos, Nicole Colin, académica del Magister en Recursos Hídricos de la U. Austral dice que no podemos permitir que el desarrollo no sostenible continúe amenazando la biodiversidad, el equilibrio y bienestar de nuestro entorno. 

“Somos un país largo con diferentes problemas ambientales asociados a recursos hídricos según zona geográfica, por ejemplo, en el norte, hay una fuerte presión de las mineras y eso ha causado sequía en algunos cursos de agua. También, se han construido embalses con escaza regulación, lo cual ha causado una disminución drástica de los caudales con un grave deterioro ambiental. En la zona centro, predomina la agricultura masiva, frutícola principalmente, destacando los paltos y viñedos. Esto ha generado una extracción desmesurada de agua desde los cursos naturales, lo que ha provocado que ríos como el Cauquenes, en la Región del Maule, hoy día se encuentren prácticamente secos”, explicó la Dra. Colin. 

En esta línea, explicó también que el río Biobío podría ser considerada una zona de sacrificio, ya que hay tres plantas de celulosas, un alto porcentaje de plantaciones forestales y se han implementado de 18 centrales hidroeléctricas en la cuenca. A esto suma los vertidos provenientes de los residuos domiciliarios de importantes ciudades como Concepción y Los Ángeles. 

“La situación del Biobío es dramática, es necesario un cambio en las actuales regulaciones para evitar a toda costa la implementación de proyectos altamente invasivos como la Carretera Hídrica, que aumentaría significativamente el deterioro del ecosistema”, indicó la académica del Magíster en Recursos Hídricos de la U. Austral.  

Por último, en la zona sur, si bien hay actividades antrópicas que impactan a los sistemas hídricos, aún los ecosistemas tienen ciertas características naturales en cuanto a su funcionamiento, sin embargo, se observa con preocupación el efecto de la contaminación de las salmoneras en la Patagonia que cada vez afectan en mayor medida los ecosistemas de ríos. 

Según la experta en biodiversidad, hay especies que están al borde de la extinción como el Tollo de agua dulce, Diplomystes chilensis de la familia Diplomystidae, uno de los peces óseos más antiguos a nivel mundial, situación que se suma a la triste estadística de que en Chile el 80% de las especies de peces de agua dulce está en algún grado de amenaza. 

“Estamos frente a uno de los mayores problemas a nivel mundial como lo es la pérdida de biodiversidad. Cada especie tiene un rol en nuestros sistemas y nosotros dependemos de ellas, la biodiversidad es clave para mantener el equilibrio ambiental y sustentar los servicios del ecosistema que necesitamos para sobrevivir, desde la regulación del clima, el alimento y hasta el agua que bebemos”, agregó. 

Para la Dra. Colin la solución parte por un cambio al sistema productivo en general, donde volvamos a la agricultura de pequeña escala dejando de lado la idea que Chile se convierta en agroindustria alimentaria, lo cual, a su criterio, no es posible sin una regulación efectiva y con ecosistemas acuáticos tan sensibles como los nuestros. 

“Esto significa tener una agricultura a nivel más local, con alta eficiencia del recurso hídrico y con diferentes tipos de cultivos por región. Hay que ser estratégicos y adecuarnos a cultivos estacionales como ocurría de manera sustentable hace 30 años atrás”, indicó. 

Asimismo, también destacó la necesidad de generar la gestión integrada de cuencas para orientar el desarrollo de políticas públicas en materia de recursos hídricos que permitan conciliación entre el desarrollo económico y social y la protección de los ecosistemas. “Esto permitirá evaluar los proyectos a nivel de cuenca hidrográfica, con una visión global de todas sus actividades, y no proyectos locales como se ha venido haciendo hasta el momento”. 

Finalmente, a nivel de gobernanza su visión apunta a poder contar con una institucionalidad que termine con la sectorización que existe hoy del tema agua, agrupando finalmente a los actores y políticas de esta línea en un solo ente gubernamental para su abordaje transversal.  

“Además, hay que abolir los derechos de agua, mejorar la normativa ambiental, determinar el estatus ecológico de los ríos y cambiar el sistema de evaluación ambiental, fijando estándares mínimos para los informes que respaldan las acciones de los proyectos”, enfatizó la académica. 

Cabe mencionar que la Dra. Colin participó en la elaboración del informe para el comité asesor para la mesa de biodiversidad de la COP25 en 2019, documento que incluye estas y otras recomendaciones sustentadas en su experiencia en el estudio de la estructura y funcionamiento de las comunidades acuáticas continentales, principalmente de peces. Su último trabajo de investigación se titula “Mecanismos de respuesta de individuos y comunidades de peces resilientes a estresores múltiples dentro de una cuenca hidrográfica: integración del uso de biomarcadores y aproximaciones ecológicas”.

Homo erectus podría haber existido 400 mil años antes de lo conocido

1,9 millones de años atrás se estima científicamente que surgió el Homo erectus, esto a partir de lo establecido tras el hallazgo en 1974 de un fragmento de hueso occipital fósil en la región de Koobi Fora, yacimiento arqueológico situado en Kenia, en África. No obstante, el antropólogo recientemente graduado del Magíster en Paleontología de la UACh, Felipe Torres, motivado por su interés en la evolución humana, decidió ir más allá y determinar la probabilidad de que haya existido antes de lo que la ciencia conoce hasta el momento. 

Según lo explicado por Torres, cuando se encontró el fósil del Homo erectus se hallaron además diversas especies de la familia de los bóvidos (bovinos), suidos (cerdos) y  los cercopitecidos (primates del viejo mundo), grupo de mamíferos que ubicados en un mismo tiempo y lugar se denominan “ensamble de especies”. 

La hipótesis que plantea Torres es que las condiciones en cuanto a composición faunística hubiesen estado presentes antes y las implicancias que esto tiene son relativas a la fecha en que se data el surgimiento del Hommo Erectus, por eso se habla que el Homo erectus podría haber existido 400 mil años antes de lo conocido, que es 1,9 millones de años atrás.  “El contexto faunístico podría ser anterior por lo tanto podría el hommo erectus haber existido antes “, señala este antropólogo que se especializó en paleontología con esta tesis.  

En este contexto, el investigador se enfocó en analizar en qué porcentaje se encontraba cada una de estas especies en este ensamble, indagando a su vez si dicha comunidad fósil podría haber estado presente previamente en la misma zona geográfica, conocida como la cuenca del Omo-Turkana ubicada en el Gran Valle del Rift en África. 

“Si analizamos una unidad geológica anterior a los 1,9 millones de años y vemos que posee una conformación de especies más o menos similar, nos podría sugerir que las condiciones para la existencia del Homo erectus podrían haber estado previamente”, enfatizó Felipe Torres. 
 
Con este desafío definido en su trabajo de tesis y con el apoyo de sus profesores patrocinantes, la  Dra. Karen Moreno, Doctora en Ciencias de la Tierra, Paleontóloga y Directora del Magíster en Paleontología de la U. Austral, -quien lideró la investigación de la huella humana más antigua de la humanidad-   y el  Dr. René Bobe, chileno que hace clases en la U. de Oxford, Felipe Torres viajó a África para especializarse en paleoantropología y comparar a Koobi Fora con las formaciones geológicas de Shungura y Nachukui, territorios que comparten eventos paleogeográficos y paleoclimáticos similares.

Antes de su viaje, postuló a la Escuela de campo de Koobi Fora, en Kenia, instancia de investigación que se comenzó a gestar desde la década del 70 hasta ahora, a partir de los grandes descubrimientos fósiles que se hicieron en esa fecha y desde ahí que todos los veranos en el hemisferio norte se realizan estas campañas entre la U. de George Washington y el Museo Nacional de Kenia donde se llevan a estudiantes por 6 semanas a conocer la zona geográfica y a especializarse en esta rama que se llama paleoantropología. 

“En base a una muestra de 6.814 piezas fósiles se estableció una alta similitud de especies, específicamente con el área de Shungura, resultados que además se sitúan temporalmente aproximadamente 400 mil años antes de la primera aparición del registro fósil del Homo erectus en Koobi Fora”, precisó Torres. 

A pesar de la similitud, el investigador agregó que aún no se ha hallado un vestigio de nuestros antecesores en este lugar, explicando que esto podría significar que efectivamente el Homo erectus tuvo su origen evolutivo a los 1,9 millones años atrás en Koobi Fora, o bien que dicha especie podría haber migrado a la Cuenca del Omo-Turkana en esa data. 

Lo que hicimos fue comparar estadísticamente la composición de especies, para dar cuenta que esa composición faunística de cuando aparece hommo erectus por primera vez, existía antes en la zona geográfica, lo que como señaló “ nos podría sugerir que las condiciones para la existencia del Homo erectus podrían haber estado previamente”.

El paleontólogo subraya que es importante la palabra sugiere , ya que en este tipo de investigaciones que cuestionan paradigmas establecidos, no es llegar y decir , el hommo erectus estaba antes, porque para poder decir eso 100% seguro, yo tengo que encontrar el fósil, no hay otra opción en paleontología y con el fósil en mano uno dice : “ya, aseguro que estaba antes”. Nosotros no encontramos un fósil sino que los resultados sugieren que el hommo erectus podría haber estado antes”.

Respecto a su experiencia en el Magíster en Paleontología de la UACh, Felipe Torres expresó que “el programa me sirvió muchísimo porque brindó todas las herramientas necesarias para desarrollar el proceso de investigación exitosamente”. 

Asimismo, como antropólogo, resaltó además que “mientras haya una motivación de fondo y una pregunta que se intente responder, es absolutamente factible que profesionales de otras disciplinas puedan estudiar este Magíster; única instancia de formación en paleontología en Chile, que lo convierte en un semillero de investigadores y polo de desarrollo en esta temática a nivel nacional”.  

Finalmente, cabe mencionar que este Magíster es dictado en Valdivia desde 2014, graduando, a la fecha, 16 paleontólogos que actualmente se desempeñan en museos, organismos públicos y privado o han seguido carreras científicas en programas de doctorado en Chile, Francia y España. Sin embargo, desde la Universidad Austral se potencia además el constante vínculo con el medio y el trabajo en red con instituciones del Estado como la Dirección Nacional de Aduanas y el Consejo de Monumentos Nacionales.  

Cable de fibra óptica submarina ya registra datos en zona crítica de ocurrencia de sismos en Chile

La Dra. Diane Rivet, investigadora del Observatorio de la Côte d’Azur y del Laboratorio Géoazur de Francia es quien lidera este proyecto de investigación, que da un nuevo e inesperado uso al cable de fibra óptica submarina Prat de la empresa Gtd. La iniciativa conectó un dispositivo de Detección Acústica Distribuida (DAS) a uno de los 36 filamentos que tiene el cable, utilizando 150 kilómetros de este como si se tratara de miles de sensores sísmicos instalados en el fondo marino, cerca de donde se encuentran las Placas de Nazca y Sudamericana, que es donde ocurren los más frecuentes e importantes terremotos en Chile.

“Este proyecto es la primera fase de uno más largo, que tiene dos objetivos: el primero es el monitoreo en tiempo real de manera permanente de las grandes fallas de subducción en Chile para comprender mejor el funcionamiento de esas fallas y evaluar mejor el riesgo sísmico. El segundo objetivo es desarrollar un sistema de alerta temprana de sismos”, indicó la investigadora en una charla dictada en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile. En la ocasión, señaló que el experimento para detectar sismos en la costa de la zona central de Chile comenzó el 27 de octubre, cuando el dispositivo DAS fue conectado en el nodo Concón del cable Prat. Este dispositivo estará conectado hasta fines de noviembre, y ya ha logrado registrar algunos sismos.

La especialista mostró algunos de los datos registrados hasta ahora, entre ellos el sismo magnitud 5.7 del 3 de noviembre, con epicentro a unos 100 km de Concón, el que pudo ser detectado a través de este dispositivo. Cabe destacar que es primera vez que este tipo de experimentos se realizan en un cable industrial/comercial. Anteriormente, la sismóloga había realizado detección de sismos con tecnología DAS en Europa, pero a través de cables destinados exclusivamente a investigación científica.

La actividad contó además con la participación de representantes de las instituciones involucradas en este proyecto, como Sergio Barrientos, director del Centro Sismológico Nacional de la U. de Chile; José Antonio Bustamante, gerente regional vertical Gobierno de Gtd; además de Claudio Aldea, subdirector de operaciones de Onemi.

El Dr. Sergio Barrientos se refirió al proyecto indicando que “esperamos que este sea el inicio de una larga colaboración, que implica instalar estos detectores en muchas partes del país para tener acceso a registrar terremotos desde un lugar que de otra manera no lo podríamos hacer, tener la observación directa en el fondo marino, pudiendo estar mucho más cerca de la fuente sísmica. Hacer esta observación es de mucha importancia no solo para caracterizar rápidamente los terremotos, sino que también para el estudio de la fuente sísmica desde el punto de vista académico”.

Un aspecto clave para la puesta en marcha del proyecto fue contar con la infraestructura adecuada para ejecutarlo. Es así como Gtd quiso apoyar esta iniciativa, poniendo a disposición su cable de fibra óptica submarina Prat, cuyas características y ubicación en el fondo marino, son ideales como conductor de datos hacia el dispositivo DAS.

“Nos sentimos orgullosos de ser parte habilitadora de este proyecto. El Cable Prat busca dejar un legado de conectividad, que ayude a potenciar el desarrollo digital del país. Esta oportunidad que pone al Cable Prat a disposición de este estudio y al desarrollo de innovación científica, expande su aporte más allá de la idea inicial, y nos genera mucha alegría, ya que en Gtd buscamos que la tecnología mejore y simplifique la vida de las personas. Esperamos se pueda convertir en un aporte sustantivo y concreto para las comunidades”, comentó sobre esta iniciativa Fernando Gana, gerente general de Gtd.

Para finalizar, la Dra. Rivet adelantó que espera poder continuar esta investigación, y proyecta que en cinco años más sería posible lograr “desarrollar un prototipo de sistema de alerta temprana utilizando DAS, ya que teniendo sensores más cercanos al origen de los sismos, al usar la fibra óptica en comparación con los sensores de la red sismológica, se podría ganar unos 10 segundos de tiempo, en promedio, en la detección de los sismos”.