Ciencia e innovación

Estudio plantea potencial diagnóstico del Alzheimer a través de los ojos

Un grupo de investigadores, liderados por los académicos del Departamento de Ingeniería Informática de la Universidad de Santiago, Max Chacón y Leonel Medina, realizó un estudio que podría entregar un innovador modo de detectar el Alzheimer a través de las señales eléctricas generadas en la retina de los ojos.

“Ante ciertos estímulos luminosos, la actividad eléctrica de la retina es menos compleja en animales enfermos y más viejos que en aquellos sanos y más jóvenes”, explicó Medina. “Se acumula cada vez más evidencia de que la complejidad biológica disminuye en enfermedad, y estudios similares han mostrado posibles aplicaciones en el diagnóstico de, por ejemplo, la depresión y la enfermedad de Parkinson”, agregó.

“En el caso de la enfermedad de Alzheimer, el globo ocular y el sistema visual estarían entregando alertas tempranas que podrían detectarse con estas herramientas”, puntualizó el académico. “Para estimar esta complejidad biológica, usamos herramientas matemáticas de entropía, que calculan qué tanto grado de desorden existe en las señales medidas”, detalló.

Aunque reconoció que se requieren más investigaciones para determinar si los resultados obtenidos se pueden replicar a personas, afirmó que en el equipo de investigadores está “muy optimista” de que las herramientas utilizadas ayuden a identificar esta enfermedad degenerativa que afecta a casi 35 millones de personas en el mundo, según  la Organización Mundial de la Salud.

El artículo fue publicado recientemente en la revista Scientific Reports, de Nature. El grupo de investigación multidisciplinario reunió áreas de la salud y la ingeniería, y estuvo compuesto, también, por Joaquín Araya-Arriagada, Sebastián Garay, Cristóbal Rojas, Claudia Duran-Aniotz y Adrián Palacios.

La ingeniería biomédica ha asumido gran protagonismo en las últimas décadas por contribuir, con herramientas ingenieriles, al desarrollo de métodos y tecnologías para el diagnóstico y tratamiento de patologías.

La Usach ha sido pionera, en Chile, en el uso de herramientas de complejidad y entropía en señales biológicas. De hecho, el profesor Chacón  ha estado abocado, hace años, al estudio del sistema de autorregulación cerebral sanguínea.

Para este estudio, se estableció una colaboración con investigadores de la Universidad de Valparaíso, Universidad Adolfo Ibáñez y Universidad Católica, a fin de probar experimentalmente la idea original del académico, de que lo observado en el sistema de autorregulación cerebral podría manifestarse, también, en la electrofisiología de la retina.

Investigación con IA podría ayudar a proteger a la población de posibles Tsunamis

Debido a la intensa actividad tectónica de la zona donde se encuentra ubicado nuestro país, Chile se ha visto expuesto a lo largo de su historia a grandes y destructores tsunamis; a modo de ejemplo, el 22 de mayo de 1960 o el 27 de febrero de 2010 donde después de un devastador sismo de magnitud 8,8 en la escala de Richter, el arribo de las olas ocasionaron la muerte de 117 personas en el borde costero según reportes de las ONEMI.

La investigación financiada por ANID FONDEF, es liderada por el profesor Néstor Becerra Yoma del Departamento de Ingeniería Eléctrica (DIE) de la Universidad de Chile; en colaboración con las Universidades de la Frontera y Austral. El investigador se encuentra desarrollando una tecnología con métodos de machine learning (inteligencia artificial -IA-) y procesamiento de señales para la detección y evaluación rápida de ondas producidas por sismos potencialmente tsunamigénicos o que pueden causar tsunamis.

Conocimiento que podría ser de gran utilidad para fortalecer y agilizar los procesos de los organismos técnicos, tanto en las acciones de monitoreo, como en la toma de decisiones ante dicha amenaza. Ademas de reducir el tiempo de incertumbre en la población.

El aporte del profesor Becerra utiliza deep learning (una rama de la IA) para poder realizar una primera estimación de magnitud de un sismo, el cual; si es suficientemente grande, podría originar un tsunami en las costas de Chile, utilizando solo los datos de la primera estación de monitoreo, donde la onda es detectada antes de que las señales lleguen al resto de las estaciones que realizan la estimación de los parámetros hipocentrales de los sismos que las generan.

La exactitud alcanzada con respecto a la estimación final es similar, pero se realiza en mucho menos tiempo ahorrando varios minutos, lapso importante para las acciones de evaluación del evento por parte de los organismos que integran el Sistema Nacional de Alarma de Maremotos (SNAM)

“El próximo paso de la investigación es entrenar el sistema con más eventos para observar su exactitud y robustez. Una vez pasada esta prueba podría ser implementado en la operación diaria del Centro Sismológico Nacional” señaló el profesor Néstor Becerra.

Actualmente, una vez ocurrido un sismo, el Centro Sismológico Nacional (CSN) tiene 5 minutos para emitir una estimación de su epicentro y magnitud. Esto se debe a que la onda sísmica debe ser observada en un cierto número de estaciones antes de realizar una estimación preliminar que es enviada al SHOA (Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada de Chile) para la evaluación del potencial tsunamigénico.

Una vez hecha esta evaluación, la ONEMI (Oficina Nacional de Emergencia del Ministerio del Interior) determina si se debe proceder a la evacuación de la población costera. Minutos más tarde, el CSN realiza la estimación final de magnitud mediante métodos complementarios, después que las ondas sísmicas hayan sido observadas en otras estaciones.

El artículo que describe la investigación, titulada “End- to-End LSTM Based Earthquake Magnitude Estimation with a single Station” y que cuenta con el patrocinio de ONEMI y el Servicio Nacional de Geología y Minería de Chile (Sernagoemin), fue aceptado para su publicación en el journal “IEEE Geoscience and Remote Sesing Letters” por lo que debería ser publicada en las próximas semanas como investigación científica. En el equipo del Profersor Becerra, también participaron Aarón Cofré, Marcelo Marín, Oscar Vásquez Pino y Nicolás Galleguillos.

“Esto no sería posible sin los consejos e inspiración de mi tío Fortunato Yoma, quien fue uno de los precursores de la ingeniería antisísmica en Chile en los años 60 y uno de los fundadores del Laboratorio de Estructuras de la Universidad de Chile. A él le debo mi curiosidad por la sismología y los conceptos básicos que aprendí de su mano”, cerró el profesor Néstor Becerra.

Estudio multinacional muestra cómo la urbanización está alterando la evolución de las especies

Abunda en los parques, espacios rurales y en casi todas las ciudades del planeta. Muchos de nosotros hemos jugado y descansado sobre él, y con paciencia y atención, hasta podemos encontrar el mítico trébol de cuatro hojas. Científicas y científicos de diversos países, incluido Chile, también han puesto sus ojos sobre esta especie: el trébol blanco, una leguminosa nativa de Europa, norte de África y Asia occidental, que hoy nos muestra cómo la urbanización a nivel global, está alterando la evolución de las especies.

La investigación internacional -que forma parte del Proyecto de Evolución Urbana, GLUE- analizó a más de 110 mil muestras de la planta (Trifolium repens), recopiladas en 160 ciudades del mundo pertenecientes a 26 países, y sus resultados fueron publicados recientemente en la prestigiosa Revista Science.

En este trabajo participaron las y los investigadores de la Universidad de Chile: Mary Kalin, premio Nacional de Ciencias; Paola Jara-Arancio, científica del Instituto de Ecología y Biodiversidad, e Ítalo Tamburrino, estudiante de Doctorado de la Universidad de Chile, entre otras científicas y científicos del país y el mundo.

El estudio, que consideró la recolección de muestras y diversos tipos de análisis en laboratorio, demostró que esta cosmopólita especie -también presente en entornos rurales- es capaz de adaptarse a diferentes ambientes y condiciones climáticas y, particularmente, a los fuertes cambios impulsados por la urbanización en todo el mundo.

En nuestro país, la recolección de muestras de tréboles se focalizó en las ciudades de La Serena, Santiago, Temuco y Punta Arenas, las que luego fueron analizadas y evaluadas considerando aspectos químicos y moleculares.

Paola Jara-Arancio, quien trabaja en el Laboratorio de Sistemática y Ecología Vegetal de la Universidad de Chile, comenta algunos detalles. “Este trébol es una leguminosa cosmopolita que crece en todas partes del mundo y vive en ambientes fríos y cálidos. Si se desarrolla en tantos lugares, nos preguntamos, ¿cómo es que evoluciona en esas condiciones, en diferentes climas y hábitats, incluyendo zonas urbanas y rurales?”, menciona la investigadora del IEB.

Para responder a esta pregunta, el equipo de GLUE observó un proceso muy particular: la producción de un compuesto llamado cianuro de hidrógeno (HCN), el cual es liberado por el trébol como mecanismo de defensa contra los herbívoros, y para aumentar su tolerancia al estrés hídrico o falta de agua. En ese contexto, las y los científicos descubrieron que los ejemplares que crecen en las ciudades producen menos de este ácido que los de áreas rurales vecinas, patrón que se repite en distintos lugares del mundo. “En zonas rurales, la producción de cianuro de hidrógeno otorga protección contra la diversidad de insectos, así que este rasgo es seleccionado y heredado. En cambio, en las ciudades hay menos vegetación y menos insectos, por lo que la producción del compuesto es menos necesaria y no confiere una ventaja, lo que hace que este rasgo tienda a perderse por falta de selección”, señala Ítalo Tamburrino.

“Nosotros medimos la concentración de este compuesto químico en tréboles de zonas rurales, suburbanas y urbanas, y también analizamos los genes que subyacen su producción, que son determinantes para que estos organismos sobrevivan y se adapten a un ambiente. De esta manera, el estudio nos permite ver que hay plantas que pueden evolucionar de forma paralela en distintos lugares del planeta, tratando de cambiar la producción de este compuesto para vivir, evolucionar a través del tiempo, y así adaptarse a los cambios que está generando la urbanización”, explica Paola Jara-Arancio.

Ítalo Tamburrino y Mary Kalin participaron directamente de la recolección de esta planta en zonas urbanas y rurales de Punta Arenas y Temuco, oportunidad en la que incluso, encontraron tréboles de hasta cinco y seis hojas, un hallazgo poco común que se debería a eventos azarosos de la naturaleza.

“Lo llamativo es que esta especie que se globalizó y ocupa espacios urbanos, revela que en unos 200 años aproximadamente, ya se generó un proceso adaptativo y eso nos dice que la evolución no solo ocurre a escalas milenarias, sino también a escalas de tiempo cortas. Y que ocurren simultáneamente en diferentes ciudades. Los mismos conjuntos de genes son seleccionados paralelamente. Y eso es lo que llamamos evolución paralela”, señala Ítalo Tamburrino.

El trabajo -en el que también participaron investigadores del Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad, CAPES-, advierte que esta planta es un modelo para comprender cómo los humanos están moldeando drásticamente la evolución de las especies que los rodean, siendo la ciudad un espacio que lo demuestra. “La urbanización está transformando cada vez más los entornos rurales y naturales en singulares ecosistemas que la biodiversidad de la Tierra nunca ha experimentado, y estos cambios están alterando la evolución de la vida. Si la adaptación a los entornos urbanos es común, esto podría tener efectos en cascada sobre las poblaciones y los ecosistemas”, señala el estudio.

Por la misma razón, los autores también advierten que los resultados de la investigación pueden ayudar a desarrollar estrategias más óptimas para la conservación de especies en peligro, mitigar los impactos de las plagas, y contribuir al bienestar humano y a la comprensión de los procesos ecológicos y evolutivos.

“El estudio nos muestra que algunos organismos evolucionan de forma paralela y que una planta como el trébol está siendo afectado de la misma manera en todo el mundo, por la urbanización y la sequía. Por ello, cerrar los ojos frente a fenómenos como éstos, o ante el cambio climático, es no entender que lo que ocurre en un punto del planeta nos afecta a todos. Este es nuestro único planeta y estamos tratando de aprender a convivir con él. Por eso, es importante que las intervenciones antrópicas sean poco invasivas y con la mayor mitigación y resguardo de los entornos, a fin de permitir la conservación de múltiples organismos”, asegura Paola Jara-Arancio.

Finalmente, ítalo Tamburrino destaca la importancia de desarrollar ciencia colaborativa a escala mundial. “Es muy relevante que se armen estas redes de investigación a nivel global, pues nos permiten ver los procesos no solo a escala local, sino también analizar la escena completa. Por otro lado, es difícil desarrollar proyectos de este tipo a escala individual y por eso, una iniciativa como GLUE es tan fundamental y positiva”, concluye el investigador de la Universidad de Chile.

Científicos alertan por efectos en aves migratorias de los megaproyectos de hidrógeno verde en la Patagonia

Con el objetivo de evitar que el desarrollo de megaproyectos de energía limpia se convierta en “otro ejemplo de desarrollo extractivista que exportaría un producto (hidrógeno verde) a Europa y Asia y generaría cambios potencialmente irreversibles en el medio ambiente y la cultura locales”, científicos chilenos publicaron una carta en la reconocida revista Science para advertir sobre los potenciales efectos que podrían tener en la Región de Magallanes los desarrollos de Hidrógeno Verde que se proyectan en esa zona.

En la misiva, los científicos plantean que el 2 de diciembre pasado se “anunció el proyecto de hidrógeno verde más grande del país, que se desarrollará en la Región de Magallanes, en el extremo sur de Chile. El proyecto está destinado a ayudar a alcanzar el objetivo declarado de Chile de generar 25 GW de hidrógeno verde para 2030. Sin embargo, el entusiasmo por los proyectos de energía limpia oscurece sus impactos ambientales y culturales”.

De acuerdo con las estimaciones preliminares que contempla la iniciativa, “se sugiere que el megaproyecto podría llegar a unos 2.900 aerogeneradores instalados para 2027, ocupando un área de al menos 150.000 hectáreas. Este podría representar un aumento del 320% en la capacidad de generación eólica de Chile y representaría el 1,35% de la energía eólica instalada en el mundo”.

Esa intervención podría tener un efecto directo en la flora y fauna de algunas zonas de Magallanes por la instalación masiva de aerogeneradores. “Estudios recientes en Chile central muestran una tasa de colisiones de aves de 0,6 a 1,8 por aerogenerador por año. Escalando esto a la magnitud del proyecto planificado de Magallanes podría generar entre 1.740 y 5.220 colisiones de aves por año. Sin embargo, esta estimación no considera que la Región de Magallanes es un área de migración de alrededor de 43 especies de aves, incluidas Passeriformes, Charadriiformes y Strigiformes, lo que probablemente aumentaría estos números”.

Los científicos hacen un llamado a las instituciones relacionadas con la evaluación de estas iniciativas para “considerar el alto valor natural de este paisaje, con áreas protegidas como el Parque Nacional Torres del Paine, el Parque Nacional Pali Aike y el sitio Ramsar y Santuario de la Naturaleza Bahía Lomas” en los estudios de impacto ambiental de estos proyectos.

La carta está firmada por Heraldo Norambuena, investigador del Centro Bahía Lomas de la Universidad Santo Tomás (UST); Fabio Labra, Centro de Investigación e Innovación para el Cambio Climático (CIICC) de la UST; Ricardo Matus, investigador del Centro Bahía Lomas y del Centro de Rehabilitación de Aves Leñadura; Humberto Gómez, investigador de la Agrupación Ecológica Patagónica, Diego Luna-Quevedo, representante de la Oficina Ejecutiva de la Red Hemisférica de Reservas para Aves Playeras Manomet; y Carmen Espoz, directora del Centro Bahía Lomas y decana de la Facultad de Ciencias de la UST.

Innovación evita la pérdida por evaporación de agua embalsada hasta en un 80%

Solo en Chile las pérdidas de agua por evaporación en tranques de acumulación suman millones de metros cúbicos al mes. Dado el cambio climático y sus efectos como la sequía, es más necesario tratar de paliar el fenómeno, por ello, como posible alternativa, innovadores crean un líquido que evita la evaporación del recurso hasta en un 80%.

El producto, creado en 2016, es una monocapa  superficial que no se mezcla con el agua y no deja residuos ni trazas. Cumple con las normas de agua de riego y residuales y se elimina por evaporación. Está creado para abarcar acopios de todo tamaño, como los embalses, o en espejos de aguas menores como tranques o lagunas de riego, entre otros”, dice Carlos Körner de o2 Company, ejecutor del proyecto que postuló a la Convocatoria Nacional FIA 2021.  

El apoyo de FIA busca, en parte, realizar una prospección de mercado para actores relevantes del sector agrícola de mediana y pequeña escala, evaluar la optimización del uso de o2 en terreno bajo condiciones ambientales variables y medir la estabilidad del producto. Evaluaciones y estudios que quedarán a disposición de toda la comunidad para su conocimiento y práctica.

Entre sus beneficios, dice Körner, es que “evita la evaporación del recurso hídrico entre un 50 a un 80% logrando una mayor disponibilidad de agua para regar más y mejor, bajando la proliferación de microlagas hasta en un 70% y todo lo anterior de manera segura, eficiente y sustentable”.

En Chile se calcula que, en promedio, sobre un 60% de los recursos hídricos se utilizan en agricultura, esto de un total consumido al año de 903 metros cúbicos por segundo, aproximadamente.  

A lo largo de toda la geografía de nuestro país existen predios agrícolas que contienen acopios o estanques con agua para sus procesos productivos, encontrándose el 33% entre las regiones de Tarapacá y O’Higgins en un espacio de de más de 5 millones de hectáreas repartidos entre 68.161 predios destinados a esta actividad. “Con o2 se espera llegar a aproximadamente un 10% del mercado, logrando un alcance inicial de 599.655 hectáreas agrícolas”, añade Körner.

A la fecha, diferentes sectores de todo el país, incluyendo la agricultura, están utilizando el producto ya que la evaporación es un efecto que se da en cualquier lugar geográfico y durante todo el año. Según las condiciones climatológicas se sugieren dosis diferenciadas. En época con temperaturas sobre 23 grados la medida es de 50 litros por hectárea (entre octubre y abril) y en época más frías (entre mayo y septiembre) se baja hasta 4 litros.

En este caso las comunas de ejecución son Antofagasta, Copiapó, Coquimbo, Ovalle, La Serena, Petorca, La Higuera, Huasco, Illapel, Los Vilos, Valparaíso, Santiago, Rancagua, Linares, Talca, Chillán, Los Ángeles, Temuco y Parral.

Por ello, O2 Company es parte de la Red de Colaboradores de Fedefruta, dado el ánimo de traspasar tecnologías e innovaciones a la mayor cantidad de productores frutícolas, los que tienen que buscar soluciones para resolver manejos sustentables por el avance del cambio climático, y el uso eficiente de todo tipo de herramientas y recursos.

“Como rubro, no solo debemos generar redes para una producción que responda a las exigencia de estos años y las próximas décadas, también tenemos que colocar al alcance de los productores todo tipo de soluciones e innovaciones cuya suma sea más grandes que sus parte”, comenta Jorge Valenzuela, presidente de Fedefruta, federación que agrupa a 2.000 productores de todo el país. “Hay innovaciones para cada etapa de la producción, y la tarea es sincronizarlas para sostener la actividad”, cierra.

A la fecha, el equipo se encuentra en la elaboración de una estrategia de propiedad intelectual para la protección en mercados internacionales que suma a Perú, México, USA, Australia, España y Arabia Saudita.

Científicos chilenos realizan hallazgo que permitiría impulsar nuevas terapias contra el VIH

Un grupo de virólogos chilenos logró frenar la replicación del VIH en modelos experimentales gracias al uso de un inhibidor de una enzima cuya actividad es necesaria para una de las últimas etapas de la infección. El hallazgo de los investigadores aporta conocimiento de vanguardia para el desarrollo potencial de nuevas alternativas terapéuticas contra la enfermedad.

El estudio fue desarrollado por investigadores del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile (ICBM), en el contexto de un proyecto Fondecyt íntegramente ejecutado en nuestro país. Los resultados describen un mecanismo regulatorio que permite al virus seleccionar las moléculas de ARN viral que serán utilizadas como el genoma incorporado en las nuevas partículas, un proceso clave para su propagación exitosa en el organismo.

Publicado por Nucleic Acids Research, una revista de alto impacto internacional especializada en biología molecular, de acceso abierto y a cargo de la Universidad de Oxford, el trabajo incorpora nuevo conocimiento sobre el ciclo replicativo del virus del VIH, el cual sigue siendo uno de los mayores desafíos sanitarios de la humanidad. El Dr. Ricardo Soto-Rifo, investigador principal del estudio, detalla que el equipo se interesó “en una de las etapas finales del ciclo de replicación, que es cuando el virus empieza a sintetizar sus componentes y ensamblar nuevas partículas. Aquí había varias cosas no resueltas, y una de ellas era cómo esta molécula de ARN viral, que se denomina ARN genómico, cumple dos funciones claves: de mensajero, para sintetizar las proteínas que forman la estructura del virus, o como genoma viral incorporado en las nuevas partículas”.

El académico explica que aún existen brechas de conocimiento de base sobre la interacción virus-célula, y allí su investigación realizó una enorme contribución. “Una de las cosas que aún no se habían clarificado del todo es cómo el virus regula esa dualidad de funciones del ARN genómico, y cómo se seleccionan moléculas para una u otra función. Así, nos interesamos en un proceso que ocurre dentro de la célula que se denomina ‘modificación del ARN’, más específicamente, en una modificación de la letra A denominada ‘metilación de adenosinas'”, plantea el investigador del Programa de Virología del ICBM.

El hallazgo podría tener implicancias biotecnológicas importantes al proporcionar datos sobre la posible inhibición de los mecanismos de multiplicación del virus, particularmente en el proceso por el cual se seleccionan e incorporan las moléculas que conforman el material genético de las partículas virales que emergen de las células infectadas para propagar la infección. Además, permitiría avanzar en terapias que enfrenten las denominadas “comorbilidades no SIDA”, que se generan como consecuencia de la persistencia del virus en el organismo. De acuerdo a los investigadores, la enzima utilizada en el estudio, denominada FTO, es actualmente evaluada para el diseño de alternativas biotecnológicas contra el cáncer, aunque no como un blanco farmacológico antiviral. 

“Esto permitiría pasar de un hallazgo científico en ciencia básica, a contribuir con el desarrollo de una posible nueva terapia complementaria al tratamiento actual, pero enfocada en la inflamación crónica causada por la presencia constante del virus a nivel celular”, comentó el Dr. Soto-Rifo, quien adelantó que en los próximos meses comenzará a indagar con mayor profundidad el impacto de inhibidores de esta enzima, ya que fueron contactados por la compañía australiana que los desarrolló para tratar el cáncer.

Actualmente, 38 millones de personas son portadores del virus de la inmunodeficiencia humana, de los cuales más de 27 millones accede a terapia antirretroviral, según cifras de ONUSIDA. La expansión del tratamiento ha permitido disminuir las cifras de mortalidad en casi un 50 por ciento desde 2010, pero cada vez con mayor frecuencia se observan manifestaciones clínicas vinculadas al envejecimiento debido a una inflamación crónica en los pacientes.

El objetivo inicial del estudio fue entender la coordinación de dos etapas durante la replicación del VIH. En específico, los mecanismos regulatorios de cómo las moléculas de ARN que conforman el genoma del virus se seleccionan e incorporan dentro de una partícula viral. Estas son captadas selectivamente, mientras otras cumplen la función de sintetizar proteínas para dar la estructura al virus.

“El VIH, como todos los virus, necesita de una célula para multiplicarse. El ciclo de infección tiene diferentes etapas desde que el virus entra a la célula hasta que múltiples partículas emergen para repetir el ciclo de infección”, señala el Dr. Soto-Rifo, quien precisa que “es al interior de la célula que el virus debe multiplicar sus componentes y luego ensamblar nuevas partículas. Para que las nuevas partículas sean infectivas y el virus pueda repetir el ciclo, tienen que incorporar el material genético del virus”.

Los investigadores detectaron que para que el ARN pueda cumplir la función del genoma viral, e incorporarse en las partículas que van a propagar la infección, estaba involucrado un proceso de modificaciones del ARN conocido como “metilación de adenosinas”. Así, lo investigadores se percataron que para que las moléculas cumplieran la función de genoma tenían que perder metilaciones en las adenosinas, un mecanismo de regulación comandado por la enzima celular FTO.

La FTO, una enzima considerada como un potencial blanco terapéutico en cáncer, comanda la remoción de las metilaciones en las adenosinas y favorece que el ARN viral sea utilizado como genoma y no como mensajero para la síntesis de proteínas. El hallazgo fue observado al utilizar un inhibidor farmacológico que bloqueó la enzima y, de esta manera, frenó la replicación del VIH. “Es decir, las partículas salían vacías de la célula, pues no tenían genoma. Eran partículas no infectivas”. Un efecto contrario, en cambio, se observó al aumentar de manera artificial los niveles de FTO en las células infectadas, confirmando la relevancia de esta enzima en el proceso.

El científico del ICBM subrayó que la investigación definió una nueva interacción entre el virus y los componentes de la célula que infecta. Planteó que “encontramos que hay un proceso celular catalizado por proteínas celulares que son potenciales blancos farmacológicos. Aumentar este conocimiento sobre los factores requeridos para la replicación viral nos permite identificar etapas de la multiplicación del virus que pueden constituir estos blancos”.

La investigación consideró el uso de herramientas de secuenciación masiva y bioinformática, combinados además con ensayos clásicos de virología y biología molecular y celular. El Dr. Soto-Rifo recalcó que los resultados obedecen a la resiliencia y esfuerzo conjunto de todo su laboratorio, pues en su inicio debieron reorganizar sus objetivos de investigación debido a la publicación de estudios similares por tres grupos de investigación estadounidenses.

“Nuestro próximo desafío es expandir la investigación a otros retrovirus, específicamente el virus de la inmunodeficiencia humana de tipo 2 (VIH-2). Esto permitirá saber si nos encontramos frente a un mecanismo compartido por este tipo de virus o exclusivo del VIH-1. La proyección que buscamos es llevar este conocimiento de biología molecular a procesos que ocurren a nivel más macro. Estamos aportando evidencia de interés para proteínas celulares que pueden ser blancos farmacológicos importantes en el futuro”.

En 2003, la edad media de una persona viviendo con VIH no llegaba a los 30 años. Hoy día es muy similar al de una persona que no posee la infección. En 2010, se estimaba que el 29 por ciento de la población con VIH tenía al menos una comorbilidad. En 2030, se proyecta que este grupo será el 84 por ciento. La comunidad que explora la naturaleza de la enfermedad ahora también orienta sus esfuerzos en comprender de qué manera están envejeciendo las personas con tratamiento antirretrovirales por años y décadas.

Los estudios moleculares, en especial los que abordan la interacción virus-célula, son claves en este desafío, reflexionó el Dr. Ricardo Soto-Rifo. “A medida que la gente vive más tiempo con VIH, nos damos cuenta de las consecuencias de largo plazo que tiene el convivir con el virus”. En esta línea, agrega, “se ha visto que incluso en personas que poseen cargas virales suprimidas, es decir, que tienen virus indetectable en la sangre gracias a la terapia antiretroviral, padecen de una activación inmune persistente que conduce a un estado de inflamación crónica que los predispone a otro tipo de patologías, que llamamos comorbilidades no SIDA, entre las cuales está el síndrome metabólico, la enfermedad cardiovascular, desórdenes neurocognitivos asociados al VIH, entre otras.

Aunque estas condiciones son multifactoriales, existe evidencia que muestra que uno de los elementos importantes para la generación de un estado inflamatorio crónico es la presencia del ARN viral en la célula. Al ocurrir la infección, el material genético del virus pasa a formar parte del patrimonio genético de la célula y es por esto que, en células de larga vida (como linfocitos T de memoria o macrófagos), el virus permanece por largos períodos de tiempo. En este sentido, comprender de mejor forma estos mecanismos resulta fundamental, pues ningún fármaco de la terapia antirretroviral tiene como blanco el ARN del virus. Por lo tanto, puntualizó el investigador, el ARN viral se produce de manera constante e incide en la inflamación crónica.

En este contexto, el laboratorio del Programa de Virología del ICBM de la Universidad de Chile proyecta seguir aportando evidencia en la biología molecular del VIH como base para orientar futuros desarrollos biomédicos. Uno de los próximos hitos será el de estrechar vínculos con la compañía australiana que evalúa la enzima FTO como blanco terapéutico para cáncer y, a nivel local, dirigir esfuerzos en profundizar el entendimiento de la relación entre inflamación crónica y el ARN viral utilizando modelos celulares, así como en muestras de pacientes.

Finalmente, el académico de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile valoró el compromiso del equipo que lidera para materializar estos avances. “Para nosotros como científicos chilenos es súper difícil competir con los grandes grupos en Estados Unidos y Europa, sobre todo en VIH, que siempre ha sido un área de gran interés a nivel mundial. Es un terreno bastante competitivo y que hayamos podido hacer este tipo de trabajo, primero reinventándonos, y luego revelando un mecanismo muy novedoso demuestra nuestra resiliencia, perseverancia y compromiso, confirmando que desde Chile podemos hacer contribuciones importantes en esta área”, concluyó Soto-Rifo.

Arqueólogo explica valioso hallazgo de 10 vasijas del siglo XVII en el desierto de Atacama

Un cerro aledaño a la cárcel de Alto Hospicio fue el escenario de un valioso descubrimiento arqueológico, un hallazgo que se produjo de manera accidental en un sector de dunas por parte de funcionarios del municipio de esta localidad. Se trata de 10 vasijas en muy buen estado de conservación que datarían del siglo XVII, piezas que posteriormente fueron rescatadas por un equipo de arqueólogos de la Oficina Técnica Regional del Consejo de Monumentos Nacionales, trabajo en el que participó la arqueóloga egresada de la Universidad de Chile, Jimena Valenzuela.

Los materiales encontrados estarían asociados a la producción minera que se desarrolló en el sector de Huantajaya, en Alto Hospicio, uno de los yacimientos de plata más ricos que se explotaron al comienzo de la época colonial. ”Ya era conocido desde la época preincaica, pero obviamente interesó mucho a los conquistadores españoles. Por lo tanto, no es extraño que se hayan descubierto estas piezas en el lugar, en función de la extracción de minerales y la necesidad de surtir de vino al campamento o para los rituales religiosos”, explica Mauricio Uribe, profesor de la Facultad de Ciencias Sociales de la U. de Chile y representante de la Sociedad Chilena de Arqueología ante el Consejo de Monumentos Nacionales.

Lo más probable es que representen la época colonial entre los siglos XVII (1600) y XVIII (1700), afirma el académico. “Fue justamente como a mediados del siglo XVI que comenzó la explotación de Huantajaya, y en el siglo XVII se vuelve a explotar ese sector con mayor inversión de recursos. Entonces, es muy probable que entre el XVII y el XVIII se haya desarrollado la producción del mineral con mucha intensidad y eso haya hecho que haya tantas botijas. Aquí se han conservado al menos diez, que debe ser una mínima parte de todo el movimiento de botijas que hubo durante el período colonial”, detalla.

El arqueólogo de la Universidad de Chile detalla que estas piezas dan cuenta de la introducción de prácticas sociales y religiosas asociadas al consumo y uso del vino. “El vino tinto llega a ser muy importante en toda América y eso hace que se incrementen o lleguen estas vasijas, que se comiencen a elaborar en el continente entre las comunidades locales. Esto también hace pensar que se estaba produciendo vino en los valles y oasis cercanos. Es decir, en pleno desierto de Atacama se habrían plantando vides que, de alguna manera, habrían permitido mantener el consumo local, porque evidentemente no se movían las piezas como ahora, donde el acceso al vino es tan distinto”.

En este sentido, las diez vasijas encontradas, “reflejarían la alta producción de vino en la época y, al mismo tiempo, la importancia que tiene para el sistema colonialista que se estaba desarrollando en esta zona del norte de Chile, que en ese momento correspondía al Virreinato del Perú. Evidentemente, más allá de las piezas que están enteras, que es lo primero que a uno le maravilla, por otro lado está esto de que son uno de los representantes materiales más explícitos de los sistema de implantación colonial sobre los territorios conquistados, particularmente de los territorios andinos, y seguramente es una muestra de cómo se están insertando en los sistemas locales indígenas de aquella época”, sostiene Mauricio Uribe.

Respecto al valor patrimonial de este descubrimiento, plantea que “es destacable el hecho de que aparezcan piezas enteras y no fragmentos o piezas destruidas o rotas, como generalmente ocurre o lo que tradicionalmente estamos acostumbrados a trabajar arqueológicamente. Es impactante que las cosas se conserven a lo largo de los siglos y, en este caso, que se conserve una cantidad tan grande de vasijas, que son estos contenedores o botijas de la época colonial, que fueron muy típicas del mundo europeo y que llegan a América por la conquista hispana y también con la evangelización”. 

Las condiciones ambientales del desierto de Atacama son las principales responsables del buen estado de conservación de estas vasijas, así como de otras piezas arqueológicas que se han encontrado en diversos puntos de este vasto territorio. El profesor Uribe señala que seguramente estas piezas estaban tapadas, lo que ayudó a su preservación, y en orden “porque se dejaban en ciertos paraderos o postas de determinada manera para que aquellos que las transportaban las dejaran ahí. Después las tomaban otros para llevarlas a otros lugares y, por lo tanto, eran como postas donde se iban vaciando, llenando estos transportes”. En este sentido, añade, es posible que se haya perdido información y materiales del contexto original en el que se encontraban.

A futuro, indica, el principal desafío es mantener estas piezas en condiciones similares a las que permitieron su conservación durante siglos. Por lo tanto, precisa, “es importante que no bajen a Iquique porque las condiciones de humedad de la costa son demasiado agresivas para la cerámica. Entiendo que la idea es que se mantengan en Alto Hospicio, bajo control de una fundación o agrupación que está preocupada de Huantajaya, que hace un año fue declarado Monumento Histórico Nacional, en conjunto con la Municipalidad. Hay que buscar el espacio con las condiciones ambientales propicias para su conservación y seguridad”. 

Agrega, además, que aún queda mucho por averiguar de estas vasijas en términos de investigación científica. “Hoy día, con las técnicas que tenemos, se puede hacer análisis microscópico del contenido, de lo que quedó residuado o legado en las paredes y se puede saber con mucha más exactitud cuál era el contenido que tenían, probablemente conocer las recetas o los ingredientes de lo que se estaba almacenando o preparando en esas vasijas”.

Descubren ancestro prehistórico de familia de sapos que vivió hace 13 millones de años en la Araucanía

Un nuevo punto de hallazgos paleontológicos en Chile fue dado a conocer por un equipo de investigadores, quienes revelaron el descubrimiento de un ancestro prehistórico del género de sapos Rhinella que vivió hace unos 12 a 13 millones de años en la que hoy conocemos como Región de la Araucanía. Los restos encontrados en el Cerro Rucañanco, ubicado al sureste de la localidad de Lonquimay, corresponden a una extremidad superior articulada del ejemplar, pieza que permitió a un equipo de investigadores de la Red Paleontológica de la Universidad de Chile determinar el parentesco del espécimen con el grupo de sapos conocidos como bufónidos, específicamente del género Rhinella. El estudio fue publicado por la revista Journal of South American Earth Sciences. 

Juan Pablo Guevara, investigador de la Red Paleontológica de la Universidad de Chile y autor principal del trabajo, señala que el fósil proviene de una expedición realizada en 1991. “Hasta hace algunos años, este hallazgo permanecía guardado y asociado al ave fósil Macranhinga chilensis en el Museo Nacional de Historia Natural (MNHN). Durante un proyecto de manejo de colecciones, uno de los coautores, Sergio Soto, se encontraba catalogando piezas fósiles, donde notó que la morfología del ejemplar de nuestro estudio no correspondía con lo que se espera de un ave, por lo que más tarde, junto al mismo Sergio Soto y otro de los coautores, Jhonatan Alarcón, hicimos una revisión y fue en ese momento que determinamos este material fósil como un anuro, lo que dio inicio a este estudio”, relata.

El hábitat de este sapo ancestral del género Rhinella, indica el paleontólogo, se posiciona en el Mioceno, una época del período Neógeno, posterior a la extinción de los dinosaurios, en la que comienza la consolidación de la flora y fauna moderna, especialmente de mamíferos y aves. En este sentido, sostiene que “el ambiente donde nuestro ejemplar se depositó es del tipo fluvio-lacustre, lo que nos podría indicar que este animal probablemente vivió en zonas asociadas a ríos o lagos de aquella época. Este anfibio habría convivido con aves, en particular con la especie Macranhinga chilensis, mamíferos y peces de la época”.

El investigador explica que el ejemplar “vendría a ser un pariente de los actuales Rhinella spinulosaRhinella arunco y Rhinella atacamensis que habitan nuestro país. Del mismo modo, existen más ‘parientes’ a lo largo de Sudamérica pertenecientes a este género”. Sin embargo, detalla que “si bien este grupo de sapos actualmente es uno de los más diversos de América del Sur, están escasamente representados en el registro fósil”. En este sentido, plantea que el ancestro hallado en la Araucanía “constituye uno de los registros más antiguos de ranas en la región andina de América del Sur. En cuanto a la distribución del registro fósil, este bufónido del Cerro Rucañanco representa el registro más austral de este grupo que se ha reportado hasta la fecha para el Mioceno, lo que implica que este grupo de anuros estuvo distribuido en el extremo sur de América del Sur al menos desde esa época”.

La importancia del descubrimiento, además, no solo radica en ser uno de los pocos registros de bufónidos en Chile, uno de los más incompletos entre los vertebrados terrestres. Estudios filogenéticos sugieren que la época de divergencia del género Rhinella estaría en los inicios del Mioceno, por lo que este espécimen sería la pieza más cercana al período en que este grupo de ranas inició el proceso evolutivo que dio origen a la proliferación de especies que podemos ver hoy. Esta diversidad, a la fecha, comprende 89 especies vivas del género de sapos Rhinella, muchas de ellas con una amplia distribución en gran parte de América.

En este sentido, destaca el valor de este espécimen para entender la distribución actual de anfibios bufónidos, en particular del género Rhinella de Sudamérica. “Hasta antes de que este artículo fuera publicado, solo se tenía como hallazgo confirmado la presencia de un bufónido del género Rhinella en Colombia para el Mioceno, con una edad similar a nuestro hallazgo. Por lo que, hasta ese momento, solo se tenía certeza de que este tipo de anfibios estaba presente en el norte del continente para esa época. Sin embargo, con este nuevo antecedente, se tiene una nueva configuración, que considera que estos anfibios ya estaban distribuidos también en el extremo sur de Sudamérica. Esto cambia el antiguo panorama y aporta luces para nuevas teorías sobre cuándo aparecen estos anfibios y cómo se distribuyeron”, afirma.

Cristian Becker, jefe Curatorial y Científico del Museo Nacional de Historia Natural, donde se preserva el espécimen, señala que “una de las grandes tareas del Museo Nacional de Historia Natural es el resguardo y la conservación de nuestras colecciones, que son patrimonio natural y científico de nuestro país. Esto incluye a los restos encontrados en la Araucanía y que fueron estudiados por investigadores de la Red Paleontológica de la Universidad de Chile. La conservación de estos restos fósiles ha permitido que sean analizados posteriormente, los que permiten estudios paleontológicos como el que se ha realizado con el género Rhinella. Nuestro Museo resguarda colecciones desde hace casi dos siglos, además de ser un referente en el resguardo de colecciones paleontológicas y biológicas, entre otras”.

Respecto al valor paleontológico de este sitio, Juan Pablo Guevara enfatiza que “la considerable diversidad de vertebrados que se ha descubierto en los afloramientos de la Formación Cura-Mallín, expuestos en Cerro Rucañanco, constituye una valiosa oportunidad para obtener un mejor conocimiento de la diversidad faunística que existió durante el Mioceno en el extremo sur de América del Sur”.

El investigador de la Red Paleontológica de la U. de Chile especifica, además, que tiene un gran potencial para proporcionar nuevos hallazgos de sapos fósiles, cuyo estudio ayudará potencialmente a comprender la evolución de este grupo en Sudamérica. “El descubrimiento de nuevos materiales permitirá tener una imagen más clara de la diversidad de este grupo en el Paleógeno y Neógeno de América del Sur, que hasta ahora es escasamente conocida. Esto nos permitirá comprender los patrones evolutivos y biogeográficos que explican la diversidad y distribución actual de los bufónidos y en particular del género Rhinella”. Por esta razón, esperan que futuras campañas a este lugar permitan dar con nuevos hallazgos e identificar a qué tipo de especie corresponde este ejemplar.

Investigación avanza hacia fórmula terapéutica para la reparación de heridas en base a la saliva

El año 2017, el profesor Vicente Torres y su equipo identificaron las propiedades curativas de la histatina-1, molécula presente en la saliva que permite la rápida cicatrización de heridas en la boca estimulando la formación de nuevos vasos sanguíneos en las áreas afectadas. Cinco años después, el académico de la Facultad de Odontología de la Universidad de Chile, continúa su trabajo a través de un proyecto FONDECYT que va un paso más allá y tiene como objetivo responder a la pregunta de cómo este péptido actúa sobre la célula herida, y qué receptor permite esta interacción, de manera de identificar potenciales blancos farmacológicos.

“Este trabajo tiene en teoría aplicación para todo tipo de heridas, porque cuando hay una en tejido blando, como en la piel, debe haber formación de vasos sanguíneos para que se cierre. La idea es tomar esta molécula y hacer una formulación terapéutica para distintos tipos de heridas en la piel o también crónicas”, explica Torres sobre los avances y desafíos de esta investigación.

Pero los beneficios de este trabajo no se quedarían ahí. De acuerdo al profesor Torres, “heridas en tejidos duros, como una fractura en hueso, también necesita nuevos vasos sanguíneos, y ahí estamos trabajando de manera paralela en el diseño de una formulación implante en base a histatina para regenerar el hueso”. Esta línea de investigación aplicada también está en el horizonte, en el marco de la postulación a un FONDEF.

En función de este conjunto de investigaciones complementarias de ciencia básica y aplicada, el equipo liderado por Torres realizó -entre fines de 2019 e inicios de 2020- una solicitud de patente en Estados Unidos, proceso en el que recibió el apoyo de la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo de nuestro plantel, con el objetivo de proteger el uso terapéutico de la histatina-1 en la reparación de huesos. 

Los objetivos concretos del proyecto FONDECYT son identificar el receptor de la histatina en las células endoteliales, captar qué evento celular y molecular ocurre en la creación de nuevos vasos sanguíneos, en otras palabras, determinar la cascada de señalización que se activa, y -finalmente- determinar qué cambios genéticos produce en la célula endotelial para que se formen estos nuevos vasos sanguíneos. 

Si bien el profesor Torres explicó que la investigación tiene un plazo de cuatro años, a partir de este mes de abril, adelantó que el primer objetivo está a punto de ser publicado gracias al trabajo que se ha realizado desde 2017. El equipo liderado por él también está integrado por estudiantes de pregrado y doctorado de las facultades de Odontología, Medicina y Ciencias Químicas y Farmacéuticas, en un desarrollo interdisciplinario que incluye, además, una red de colaboración con investigadores de la Universidad de Ámsterdam, pioneros en el estudio de moléculas salivales.

Satélites de la U. de Chile ya fueron ensamblados y esperan ser lanzados al espacio el 1 de abril

SUCHAI-2, SUCHAI-3 y PlantSat, los tres nuevos nanosatélites del Programa Espacial de la Universidad de Chile, fueron ensamblados el pasado viernes 11 de marzo al cohete Falcon-9, de SpaceX, en Florida (EE.UU.), cumpliendo con la última etapa antes de su lanzamiento, programado para el 1 de abril desde Cabo Cañaveral.

“Las condiciones meteorológicas del día del lanzamiento serán claves para mantener el itinerario, por lo que el lanzamiento puede moverse día a día hasta que las condiciones sean apropiadas”, cuenta Marcos Díaz, académico de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (FCFM) y coordinador del Laboratorio de Exploración Espacial y Planetaria (SPEL). En febrero, parte del equipo del SPEL trasladó los satélites hasta la Universidad Aeronáutica Embry Riddle (ERAU), en Daytona Beach, Florida, donde les realizaron las últimas calibraciones y pruebas de operación.

El lunes 7 de marzo, los dispositivos fueron integrados al sistema de despliegue de D-Orbit (ION) – empresa intermediaria que lleva varios nanosatélites de tipo cubesat -, siendo finalmente ensamblados al cohete Falcon-9 el viernes 11 de marzo. Una vez en el espacio, D-Orbit será la encargada de dirigir los satélites a la órbita seleccionada por el Programa Espacial de la U. de Chile para comenzar a operar, un proceso que tardará aproximadamente un mes.

Entre los experimentos a bordo de los SUCHAI 2 y 3 se encuentran magnetómetros -instrumentos para medir la intensidad del campo magnético-, una sonda Langmuir, para estudiar la ionósfera, contadores de partículas de radiación solar, una cámara para evaluar la contaminación lumínica nocturna en el norte de Chile y un sistema de comunicación de largo alcance para internet de las cosas.

El PlantSat, en tanto, contiene una planta del tipo Tillandsia (o clavel del aire), análoga a las utilizadas para alimentación y generación de oxígeno, pero que no requiere sustrato para sobrevivir, además de contenedores con organismos extremófilos, que pueden ser útiles en posibles aplicaciones espaciales (purificación del agua, degradación de residuos) o tener uso en una potencial minería espacial.

Además de estudiar la vida y crecimiento de microorganismos en el espacio, su objetivo es determinar si estos organismos biológicos toleran el ambiente espacial, la microgravedad y la radiación. Todos los satélites llevan tecnologías desarrolladas en el laboratorio nacional, principalmente para la determinación y control de la orientación de los satélites, así como para las comunicaciones. Un ejemplo de estas tecnologías es el sensor de estimación de orientación de alta precisión o star tracker.

“Esta información de orientación es fundamental para brindar al satélite la capacidad de apuntamiento preciso, capacidad que puede ser usada por otros experimentos dentro de los satélites, tales como la cámara PCO, que medirá niveles de contaminación lumínica; y el planar Langmuir-probe, usado para medir características ionosféricas. Para mi investigación es fundamental estudiar el comportamiento de estos star tracker en el ambiente espacial”, señala Samuel Gutiérrez, ingeniero físico de la Universidad de Santiago y estudiante del doctorado en Ingeniería Eléctrica de la U. de Chile.

El equipo detrás de estas misiones es liderado por el Laboratorio de Exploración Espacial y Planetaria (SPEL), de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (FCFM) de la U. de Chile, junto a estudiantes, investigadores y académicos de otras instituciones nacionales, como las universidades de Santiago, de Valparaíso, de Antofagasta, PUC de Valparaíso, Biociencia, CINNDA y SIRIO. Además de colaboradores internacionales de la Embry-Riddle Aeronautical University, TU Delft, la Universidad de Tokyo y Rubin Observatory (AURA).