Ciencia e innovación

El sesgo de género que atraviesa las noticias sobre inteligencia artificial

La inteligencia artificial ya ocupa un lugar central en la conversación pública, pero una investigación sobre su cobertura en la prensa chilena plantea una pregunta incómoda: ¿quiénes aparecen como protagonistas cuando hablamos de su futuro? El estudio “Inteligencia artificial y género en la prensa chilena. Autoridad epistémica y lenguaje del prestigio”, publicado en la Revista Iberoamericana de Ciencia, Tecnología y Sociedad, analizó 12.531 noticias publicadas entre 2020 y 2025 en El Mercurio, La Tercera, La Cuarta y Diario Financiero.

La investigación fue liderada por la doctora en sociología Mónica Humeres y Lionel Brossi, académicos de la Facultad de Comunicación e Imagen, junto a Jacqueline Vega-Poblete, de la Pontificia Universidad Católica de Chile, y Matías Valderrama Barragán, de la Universidad Adolfo Ibáñez. El trabajo combinó herramientas computacionales de análisis de texto con una revisión cualitativa de artículos para estudiar cómo los medios construyen liderazgo, experticia y legitimidad en torno a la IA desde una perspectiva de género.

El resultado más visible aparece en las cifras generales. Las categorías asociadas a hombres concentraron cerca del 71% de las menciones, frente a un 29% vinculadas a mujeres. Pero el estudio advierte que la diferencia no se explica únicamente por cantidad de apariciones. Cuando la cobertura aborda liderazgo y poder, las menciones masculinas llegan al 79%, mientras que las femeninas representan el 21%. En las posiciones relacionadas con conocimiento experto, como científicos, académicos e ingenieros, la proporción masculina alcanza el 75,3%, frente al 24,7% femenina.

“Mientras los hombres aparecen cambiando el mundo y dirigiendo el futuro, las mujeres son narradas como resolviendo los problemas que esa transformación deja atrás”, explica Mónica Humeres, investigadora en Futures of Artificial Intelligence Research (FAIR). El estudio identifica así una diferencia en los roles narrativos: los hombres aparecen con mayor frecuencia como innovadores, fundadores, empresarios y estrategas, mientras las mujeres son asociadas con educación, ética, regulación, inclusión y aplicaciones sociales de tecnologías ya desarrolladas.

El fenómeno es abordado por los autores mediante el concepto de “lenguaje del prestigio”, referido a las palabras y estructuras narrativas que relacionan a determinadas personas con acciones como crear, fundar, innovar, dirigir, transformar o influir. “La prensa contribuye a construir quiénes reconocemos como sus protagonistas legítimos, quiénes aparecen autorizados para explicarla y quiénes parecen capaces de conducir su desarrollo. En ese sentido, esta sobrerrepresentación masculina contribuye a consolidar un imaginario de la IA en el que la innovación, la experticia y el liderazgo tecnológico siguen teniendo un rostro principalmente masculino”, argumenta Humeres.

El análisis también detectó diferencias en la forma en que se construye la autoridad de hombres y mujeres. Según los investigadores, las expertas tienden a aparecer acompañadas por una descripción más detallada de sus títulos, premios y credenciales, mientras que los hombres son presentados con mayor frecuencia a partir de aquello que hicieron, crearon o fundaron. En paralelo, el estudio señala que la desigualdad se mantiene incluso después de la expansión de la IA generativa: desde 2022 aumentaron las referencias a ambos géneros, pero las proporciones relativas no cambiaron de manera sustantiva. Para los autores, el desafío no consiste solamente en incorporar más mujeres a las noticias, sino también en diversificar los roles desde los cuales son representadas. “La prensa no solo visibiliza rostros, sino que distribuye jerarquías de prestigio y autoridad. Por ejemplo, si simplemente se aumenta la presencia femenina sin cambiar la narrativa, el sesgo va a seguir persistiendo”, plantea Lionel Brossi.

La IA ya es parte de la vida escolar en Chile

La inteligencia artificial ya dejó de ser una herramienta experimental para convertirse en parte de la rutina escolar de miles de estudiantes chilenos. Los resultados de PISA 2025 muestran que el 51% de los estudiantes en Chile utiliza chatbots de inteligencia artificial para apoyar su aprendizaje al menos una vez por semana, por encima del promedio de 46% registrado entre los países de la OCDE.

El uso de estas herramientas aparece especialmente vinculado a las primeras etapas del aprendizaje. Un 39% de los estudiantes chilenos declaró utilizar IA para realizar investigaciones preliminares sobre nuevos temas, frente al 31% del promedio OCDE. Además, un 33% señaló que recurre a chatbots para resumir textos que debe leer y la misma proporción los utiliza para redactar trabajos escolares. Solo un 6% dijo no utilizar nunca o casi nunca estas herramientas en las actividades escolares consultadas, frente al 14% del promedio OCDE.

Pero el avance de la IA ocurre en paralelo con otra realidad dentro de las salas de clases: la distracción digital. En Chile, el 48% de los estudiantes afirmó que sus compañeros se distraen frecuentemente con dispositivos durante la mayoría o todas las clases de ciencias, una proporción superior al 28% registrado en promedio por la OCDE. El informe, sin embargo, advierte que en Chile no se encontró una asociación estadísticamente significativa entre esta distracción y el rendimiento académico, por lo que los datos no permiten afirmar que el uso de dispositivos haya causado directamente un determinado resultado.

Claudia Vargas, doctora en Didáctica de la Matemática y académica del Departamento de Matemática y Computación de la Universidad de Santiago, vinculó los resultados con una combinación de factores que excede el uso de tecnología. Sobre la caída en los aprendizajes, la académica señaló que “es toda una mezcla. El uso de las pantallas, evidentemente puede ser un factor, los jóvenes en lugar de salir a jugar a las plazas ahora prefieren pasar más tiempo en las pantallas”. Su análisis incorpora además transformaciones en los hábitos de lectura y en la experiencia cotidiana dentro de las aulas.

Para Vargas, el contexto escolar también resulta relevante para entender las dificultades actuales. “tienen una pérdida de interés bastante notoria en la lectura, no lo podemos negar. Por otro lado, el ambiente de la sala de clases no favorece, hay mucho bullying, hay mucho estímulo por la competencia y esto también no favorece la sana convivencia dentro de la sala de clases”. Los resultados de PISA 2025 muestran precisamente que la relación entre aprendizaje, bienestar y entorno escolar es un fenómeno que debe analizarse junto con las condiciones en que estudian los jóvenes.

La pandemia aparece como otro elemento dentro de esta discusión. Los estudiantes evaluados en PISA 2025 atravesaron parte de su trayectoria escolar durante el período de educación remota, experiencia que, según Vargas, tuvo efectos particularmente complejos en la adquisición de aprendizajes fundamentales. “Entonces sí que la pandemia causó una mella en la enseñanza de la matemática, los aprendizajes básicos. Pero no perdamos de vista que no es cuánta matemática saben, sino cómo saben aplicarla”. La evaluación PISA, justamente, busca medir la capacidad de los estudiantes para aplicar conocimientos a problemas y situaciones de la vida real.

Los datos de la OCDE también muestran que la relación entre inteligencia artificial y rendimiento académico no es simple. El organismo señala que los estudiantes que utilizan IA para tareas específicas como resumir textos, investigar o redactar presentan, en promedio, resultados inferiores en ciencias respecto de quienes no la utilizan para esas tareas; sin embargo, esto no demuestra causalidad. En cambio, quienes utilizan IA semanalmente con el propósito general de apoyar su aprendizaje presentan resultados similares a los no usuarios. La OCDE plantea que el desarrollo de habilidades para evaluar críticamente la información generada por IA puede ser clave para que estas herramientas funcionen como apoyo y no simplemente como una forma de obtener respuestas terminadas.

Así, el desafío para las comunidades educativas ya no pasa solamente por decidir si la inteligencia artificial entra o no a la sala de clases. La tecnología ya está presente. La discusión comienza a desplazarse hacia cómo utilizarla, cómo enseñar a verificar sus respuestas y cómo evitar que reemplace procesos esenciales como leer, comprender, investigar y resolver problemas. En Chile, donde más de la mitad de los estudiantes ya recurre semanalmente a chatbots para aprender, esa conversación dejó de ser una cuestión del futuro y forma parte del presente escolar.

Deepsearch y el lado B de nuestra huella digital

En redes sociales como Instagram y TikTok comenzó a circular una nueva herramienta de inteligencia artificial que promete encontrar prácticamente todo lo que existe sobre una persona en internet. Deepsearch funciona como un agregador de información capaz de rastrear perfiles, registros públicos, fotografías y otros contenidos disponibles en la web para construir, en pocos segundos, una especie de mapa de la huella digital de un individuo. El atractivo es evidente, pero también abre una pregunta incómoda para una generación acostumbrada a vivir buena parte de su identidad online: ¿cuánto sabemos realmente sobre lo que internet puede encontrar de nosotros?

Para Diego Fuentealba, ingeniero en ejecución en computación, ingeniero civil industrial y académico de la Facultad de Administración y Economía de la Universidad de Santiago, la herramienta puede entenderse como “un agregador asistido por IA”. A partir de un nombre o, en algunas versiones, una fotografía, la aplicación rastrea distintas fuentes, cruza resultados y construye perfiles consolidados. El problema es que la información obtenida no necesariamente es completa ni correcta. Michael Miranda, jefe de la Carrera de Ingeniería Civil en Mecatrónica de la Usach, advierte que “el principal punto a considerar es que esta app no necesariamente descubra información secreta. Lo que hace es automatizar la búsqueda, agregación y presentación de datos que continúan accesibles en la web”.

El verdadero riesgo aparece cuando información aparentemente inofensiva comienza a ser combinada. Una fotografía antigua, una dirección que alguna vez fue pública, una noticia, un lugar de trabajo o una cuenta abandonada pueden adquirir una dimensión completamente diferente cuando una herramienta los reúne y los presenta como parte de un mismo perfil. Fuentealba define este fenómeno como “riesgo de agregación”, porque los datos dispersos pueden facilitar prácticas como el doxxing, el acoso, la suplantación de identidad o incluso la confusión entre personas con nombres similares. A esto se suma otro problema: la IA puede equivocarse y atribuir antecedentes de una persona a otra.

La discusión se vuelve todavía más delicada cuando aparecen herramientas de reconocimiento facial, geolocalización a partir de fotografías o sistemas que intentan inferir características personales desde el rostro. Para Fuentealba, ahí aparece una señal de alerta, porque “Eso ya es perfilado biométrico, tratado como dato sensible tanto en el Reglamento General de la Protección de Datos (RGPD) de la Unión Europea como en la nueva ley chilena”. La cuestión ya no sería solamente qué información está disponible en internet, sino quién puede reunirla, con qué propósito y hasta dónde puede llegar su utilización.

En Chile, además, el escenario regulatorio está cambiando. El académico explica que la legislación vigente contempla excepciones para determinados datos provenientes de fuentes accesibles al público, una situación que ha mantenido a este tipo de servicios en una zona jurídica poco definida. Sin embargo, la entrada en vigencia de la Ley 21.719 modificará ese escenario y establecerá nuevas exigencias para el tratamiento de datos personales. En paralelo, Miranda recuerda que el país ya cuenta con una cultura de búsqueda de información personal a través de servicios como los llamados “rutificadores” y plataformas que permiten consultar antecedentes asociados a patentes. Deepsearch, en ese sentido, no aparece de la nada: lleva a una escala mucho mayor una práctica que internet ya había normalizado.

La pregunta, entonces, no es únicamente si una aplicación puede encontrar nuestros datos, sino qué hacemos nosotros con esa información. Para Fuentealba, una de las formas más responsables de utilizar este tipo de herramientas es revisar la propia huella digital y no convertirlas en instrumentos para vigilar a otras personas. También recomienda evitar subir fotografías de terceros para búsquedas faciales sin consentimiento, verificar los resultados directamente con sus fuentes originales y no tomar decisiones laborales o personales basándose exclusivamente en perfiles generados por IA. Porque mientras buscamos información sobre alguien más, también estamos entregando información sobre nosotros mismos: qué buscamos, con qué frecuencia y desde qué dispositivo.

La discusión sobre Deepsearch termina revelando algo más amplio que una nueva aplicación de moda. En una internet donde cada publicación, fotografía o registro puede permanecer disponible durante años, la privacidad ya no depende solamente de esconder información. Como plantea Miranda, “privacidad no significa solamente mantener información en secreto. También implica conservar cierto control sobre quien utiliza nuestros datos, con qué finalidad, durante cuánto tiempo y con qué otros antecedentes los combina”. Y en un ecosistema donde la inteligencia artificial puede reunir en segundos fragmentos que antes estaban dispersos, la verdadera huella digital quizá no sea lo que publicamos, sino todo aquello que otros pueden reconstruir a partir de nosotros.

El satélite chileno que quiere convertir el espacio en su laboratorio

Mientras la carrera espacial suele asociarse a gigantes tecnológicos y multimillonarias inversiones internacionales, desde Santiago se está gestando una misión que busca demostrar que la innovación también puede despegar desde el sur del mundo. Se trata de SUCHAI-4, el nuevo nanosatélite desarrollado por el Laboratorio de Exploración Espacial y Planetaria (SPEL) de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, que será lanzado durante julio desde Estados Unidos.

Aunque pesa apenas cinco kilos y ocupa un volumen cercano a los cinco litros, el dispositivo funcionará como un laboratorio científico autónomo capaz de ejecutar cerca de 60 experimentos tecnológicos y científicos en órbita. La misión será enviada a 590 kilómetros de altura en una órbita polar sincronizada con el Sol, continuando el trabajo desarrollado previamente por las misiones SUCHAI, SUCHAI-2, SUCHAI-3 y PlantSat.

El proyecto representa uno de los desarrollos espaciales más ambiciosos realizados completamente en Chile. Además de incorporar investigaciones en biología espacial, instrumentación avanzada y telecomunicaciones, busca consolidar la formación de nuevas generaciones de especialistas en un área estratégica para el futuro tecnológico del país. El decano de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, Francisco Martínez, destacó que “en la Facultad seguimos desarrollando esta tecnología con gran éxito e incorporando nuevos desafíos. En este caso, condensación significa que 60 experimentos estarán en este nanosatélite de 5 litros, que incorpora biología espacial, instrumentación nueva que permite relocalización y percepción de partículas, y comunicaciones. Es un conocimiento y una tecnología muy fina, de alta precisión, hecha completamente en Chile, formando nuevos expertos y nuevas generaciones que se renuevan año a año en este conocimiento espacial”.

Uno de los aspectos más innovadores de SUCHAI-4 es su capacidad de orientación precisa en el espacio. Para lograrlo, el equipo desarrolló un sofisticado sistema que combina ruedas de reacción, electroimanes, propulsores de gas frío y propulsores de plasma. Esta arquitectura permitirá apuntar instrumentos con una precisión inédita para una plataforma de este tamaño, abriendo la puerta a pruebas de observación astronómica, comunicaciones ópticas mediante láser y monitoreo científico de partículas presentes en el entorno espacial.

El satélite también funcionará como una plataforma experimental flexible. Incorporará un telescopio capaz de observar desde el espectro ultravioleta hasta el infrarrojo cercano, sensores magnéticos, detectores de partículas y sistemas para evaluar nuevos materiales basados en grafeno. Todo ello será gestionado mediante un software de vuelo reprogramable desarrollado junto a la Universidad de Santiago, permitiendo modificar operaciones incluso después de que el satélite se encuentre orbitando la Tierra.

Para el investigador principal del proyecto, Marcos Díaz, el verdadero salto tecnológico está en la autonomía de la misión. “El gran salto del SUCHAI-4 es que probaremos las capacidades de autonomía del sistema, operando como un laboratorio espacial flexible y que procesa y aprende. Logramos miniaturizar e integrar tecnologías que nos permiten apuntar el satélite con precisión. Esto no solo abre la puerta a diversas aplicaciones en astronomía, geofísica, y comunicaciones, sino que, gracias a nuestro software reprogramable, podemos ajustar y mejorar los sistemas en pleno vuelo”. Una vez desplegado en órbita, comenzará una etapa tan científica como simbólica: radioaficionados y estudiantes de distintas regiones del país intentarán captar las primeras señales emitidas por el satélite. Será el momento en que este pequeño laboratorio chileno confirme que está vivo y listo para comenzar una nueva etapa de exploración espacial hecha desde América Latina.

El hallazgo chileno que podría cambiar las cirugías de cáncer de mama

Durante años, la grasa mamaria fue vista como un simple “relleno” biológico alrededor de los tumores. Pero una investigación liderada por la doctora Lobos-González está cambiando esa idea y abriendo una nueva discusión dentro de la ciencia oncológica chilena. El foco ya no está solo en las células cancerígenas, sino también en cómo el propio tejido adiposo podría ayudar al cáncer de mama a expandirse, reaparecer e incluso generar metástasis años después de una cirugía aparentemente exitosa.

La clave de esta investigación está en la lactadherina, una proteína presente normalmente en la leche materna, pero que en pacientes con cáncer de mama aumenta de manera agresiva. Según explica el equipo científico, esta molécula tendría un rol importante en la progresión tumoral y en la capacidad del cáncer para diseminarse. “Estamos abriendo el camino a un área desconocida, pero que, de lograr comprender mejor estos adipocitos asociados al cáncer, podríamos impactar rápidamente en nuestras pacientes que sufren y se angustian por no saber qué se viene en su evolución clínica. Estamos peleando contra ese miedo con herramientas de biología celular y molecular”, señala la doctora Lobos-González.

Para enfrentar este fenómeno, las investigadoras desarrollaron LacApta, un aptámero —una especie de “capturador molecular”— diseñado para bloquear la lactadherina. La idea es que este biofármaco pueda utilizarse durante las cirugías de cáncer de mama para limpiar el tejido intervenido y evitar que queden rastros moleculares capaces de provocar futuras recurrencias. El proyecto apunta incluso a que las pacientes puedan continuar el tratamiento posteriormente, frenando células con potencial metastásico antes de que se expandan a órganos como pulmones o cerebro.

Uno de los hallazgos más inquietantes del estudio tiene relación con los adipocitos asociados al cáncer. El equipo descubrió que las células tumorales son capaces de “reprogramar” las células grasas de la mama, transformándolas en estructuras que favorecen la propagación del cáncer. “Lo hemos visto in vitro; si a adipocitos les ponemos células tumorales mamarias cerca, o la secreción de estas células tumorales, el adipocito cambia, se adelgaza y alarga, secreta ácido palmítico y luego se queda tal cual, casi eterno”, explica la académica. Según la investigación, estas células modificadas podrían permanecer durante años en el tejido cicatricial después de una mastectomía.

El estudio también pone bajo la lupa un procedimiento ampliamente utilizado en reconstrucción mamaria: usar grasa de la propia paciente para reconstruir la mama tras la cirugía. El equipo científico sospecha que, si quedan adipocitos alterados en la zona operada, estas nuevas células grasas podrían volver a transformarse y generar un ambiente favorable para el regreso del cáncer. La hipótesis todavía está en desarrollo, pero ya abrió conversaciones con cirujanos y oncólogos respecto a posibles cambios futuros en protocolos médicos.

Con modelos celulares avanzados y pruebas en sistemas experimentales, la investigación chilena busca entender cómo el microentorno del cáncer influye en su agresividad. Y aunque todavía falta camino para trasladar estos hallazgos a tratamientos masivos, el proyecto ya está instalando una pregunta incómoda dentro de la medicina moderna: ¿qué pasa si el cáncer no desaparece del todo porque ciertas células del propio cuerpo siguen ayudándolo a sobrevivir en silencio?

El scroll infinito que reconfigura la mente

La escena es cotidiana y silenciosa, pero profundamente reveladora. Un dedo que se desliza sin pausa sobre la pantalla, un video tras otro, una risa breve, un segundo de sorpresa y luego nada. En esa secuencia aparentemente inofensiva, se esconde una lógica que ya no solo pertenece a los casinos, sino que se instaló con fuerza en el ecosistema digital. Hoy, plataformas como TikTok están replicando mecanismos propios de los juegos de azar, generando una relación cada vez más intensa entre usuario y pantalla.

La explicación no es solo cultural, sino también neurológica. Al igual que las máquinas tragamonedas, el consumo de videos cortos activa el sistema de recompensa del cerebro mediante la dopamina, ese neurotransmisor que regula el placer, la motivación y la satisfacción. La diferencia es que aquí no hay fichas ni luces de neón, sino un algoritmo que aprende, predice y entrega estímulos diseñados para mantenerte enganchado el mayor tiempo posible.

El psicólogo y académico de la Usach, Rodrigo Rojas, lo plantea sin rodeos: “comparten pilares fundamentales como la recompensa variable, la anticipación y la incertidumbre sobre el próximo estímulo”. En ese sentido, el usuario no consume contenido de forma lineal, sino que entra en una dinámica de búsqueda constante de ese “video perfecto” que justifique seguir deslizando. La lógica es simple y efectiva: pequeñas dosis de satisfacción intercaladas con contenido irrelevante, replicando exactamente el patrón de las apuestas.

En esa línea, Rojas profundiza aún más en el comportamiento que se genera: “al igual que en una tragamonedas, el cerebro busca una “victoria” visual (un video que genere risa o sorpresa) entre mucho contenido irrelevante. Aunque no es ludopatía en sentido clínico estricto, la lógica conductual de repetición y uso compulsivo es idéntica”. La comparación no es menor, sobre todo cuando se observa el tiempo que los usuarios dedican diariamente a estas plataformas.

Los datos son contundentes y reflejan una transformación en los hábitos digitales. En Chile, el consumo de pantallas alcanza cerca de nueve horas diarias, con casi cinco horas desde smartphones y más de tres horas exclusivamente en redes sociales. En ese escenario, TikTok lidera la retención con un promedio mensual que supera las 45 horas por usuario. No es solo una app más, es un sistema diseñado para capturar atención de forma sostenida.

El problema no radica únicamente en el tiempo invertido, sino en cómo ese tiempo se experimenta. La ausencia de pausas naturales, como capítulos o finales definidos, genera una sensación de continuidad infinita que desdibuja la percepción del tiempo. Rojas advierte que “la arquitectura de estas apps prioriza la retención sobre la utilidad, manipulando la atención y reduciendo activamente la autonomía de la persona para dificultar su salida del sistema”. En otras palabras, no se trata solo de consumir contenido, sino de permanecer dentro de una estructura que hace cada vez más difícil salir.

Cuando se intenta cortar este ciclo, el impacto también es evidente. El cerebro, acostumbrado a estímulos rápidos y constantes, entra en un proceso de desajuste. “Se produce un desajuste temporal en el sistema de atención y recompensa. El individuo suele experimentar aburrimiento, inquietud y un deseo intenso o craving por volver a conectar. Además, se observa una baja tolerancia hacia cualquier tarea que requiera un ritmo lento o esfuerzo sostenido”, explica el académico. Lo que parece una simple pausa digital, en realidad, expone una dependencia más profunda de lo que muchos están dispuestos a admitir.

En un contexto donde casi la mitad de los jóvenes reconoce haber tenido problemas con el uso de internet sin lograr reducir su consumo, la discusión deja de ser anecdótica y se vuelve estructural. El scroll infinito ya no es solo una función, es un síntoma de una economía de la atención que compite por cada segundo disponible. Y en esa competencia, el usuario muchas veces deja de ser protagonista para convertirse en parte del mecanismo.

Un reptil marino descubierto en Atacama reescribe la historia de los plesiosaurios

Durante años, la presencia de plesiosaurios del Jurásico en Chile era apenas una hipótesis sostenida por restos fragmentarios. Ese escenario cambió con el hallazgo de Gondwananectes osvaldoi, la primera especie identificada con claridad para ese período en el país. El descubrimiento, publicado en la revista científica Papers in Palaeontology, abre una nueva lectura sobre la evolución de estos reptiles marinos y posiciona al norte chileno como un territorio clave para comprender la historia temprana del grupo.

La investigación fue desarrollada por científicos de la Red Paleontológica de la Universidad de Chile, integrada por Rodrigo Otero, Sergio Soto, Alexander Vargas, Héctor Ortiz y Guillermo Aguirrezabala, en colaboración con Jennyfer Rojas, del Museo de Historia Natural del Desierto de Atacama. El estudio no solo describe una nueva especie, sino que también propone un cambio en la comprensión del origen de Cryptoclidia, uno de los linajes más exitosos de plesiosaurios que sobrevivió hasta la gran extinción de finales del Cretácico.

El fósil fue descubierto en 2014 por Osvaldo Rojas en la localidad de Ojo Pache, en el actual Desierto de Atacama. A partir de ese momento, distintas campañas permitieron recuperar bloques de roca con restos visibles, pero no fue hasta el período entre 2024 y 2025 cuando se realizó una preparación exhaustiva del material, exponiendo gran parte del esqueleto. El resultado fue la identificación de un espécimen parcial articulado perteneciente a un pequeño plesiosaurio de entre 1,5 y 2 metros de largo que habitó antiguas cuencas marinas en una zona que hoy es completamente árida.

El ecosistema donde vivió este reptil marino estaba lejos del paisaje actual. En ese ambiente convivían ammonites, ictiosaurios, peces óseos y posiblemente cocodrilos marinos, configurando una biodiversidad marina propia del Jurásico Medio. La importancia del hallazgo no radica solo en la presencia del animal, sino en su estado de conservación, que permitió a los investigadores definir con claridad su identidad taxonómica. “Este espécimen nos permitió reconocer que se trataba de una forma nueva para la ciencia, un género y una especie nuevos que fueron bautizados como Gondwananectes osvaldoi”, explica el investigador Rodrigo Otero.

El nombre de la especie conecta geología y memoria. Gondwananectes hace referencia a Gondwana, el antiguo supercontinente que incluía a Sudamérica, mientras que osvaldoi homenajea a Osvaldo Rojas, descubridor del fósil y figura clave en la preservación del patrimonio natural y cultural de Calama. Con una antigüedad cercana a los 170 millones de años, correspondiente al Jurásico Medio, este ejemplar se convierte en una pieza única dentro del registro paleontológico sudamericano.

El impacto del descubrimiento también se extiende al campo evolutivo. Durante el Jurásico, los plesiosaurios alcanzaron una gran diversidad, pero solo algunos linajes lograron persistir hasta el Cretácico. Entre ellos se encuentra Cryptoclidia, grupo que sobrevivió hasta la extinción masiva ocurrida hace 66 millones de años. Hasta ahora, la evidencia sugería un origen europeo para este linaje, pero la aparición de Gondwananectes osvaldoi introduce un escenario distinto, donde el hemisferio sur adquiere un rol más relevante en la historia evolutiva del grupo.

Una de las claves para esta reinterpretación estuvo en la anatomía del fósil. “La presencia de una única articulación para la costilla en cada una de las vértebras del cuerpo es tremendamente relevante para entender la taxonomía de este animal”, señaló Rodrigo Otero. Esta característica permitió descartar que se tratara de un pliosaurio y ubicarlo dentro de una línea evolutiva con proyección hacia los plesiosaurios más exitosos del Cretácico.

El hallazgo también abre nuevas perspectivas para la paleontología chilena. La presencia de rocas más antiguas en el norte del país y la existencia de restos fragmentarios previamente registrados sugieren que el territorio podría albergar más especies aún no descritas. En ese contexto, el Desierto de Atacama deja de ser solo un paisaje extremo para convertirse en una ventana hacia mares desaparecidos y una pieza clave para reconstruir la evolución de los reptiles marinos del Jurásico.

La brecha de género en investigación médica sigue marcando riesgos

Durante décadas, la medicina ha operado bajo una premisa silenciosa pero profundamente arraigada: el cuerpo masculino como estándar universal. Ese sesgo, heredado del siglo XX, sigue teniendo consecuencias concretas en la salud de las mujeres. Hoy, las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte femenina, pero solo el 38% de los estudios sobre esta temática las incluyen. La brecha no es casual ni reciente, sino el resultado de una tradición científica que históricamente ha excluido a las mujeres de los ensayos clínicos y de la investigación farmacológica básica.

La incorporación femenina en estudios clínicos comenzó recién hacia finales del siglo pasado. No fue hasta 1993 que se estableció legalmente la obligación de incluir a mujeres en ensayos financiados con fondos federales en Estados Unidos. Antes de esa fecha, gran parte de la investigación médica utilizaba exclusivamente varones como sujetos de estudio, lo que dejó vacíos críticos sobre cómo los tratamientos y medicamentos afectan a la población femenina. Las consecuencias de esa omisión se siguen arrastrando, especialmente en áreas donde la diferencia biológica entre sexos impacta directamente en el diagnóstico y la respuesta terapéutica.

Un caso emblemático ocurrió en 1997, cuando diez medicamentos fueron retirados del mercado estadounidense, ocho de ellos por presentar riesgos desproporcionados para la salud de las mujeres. En los ensayos clínicos, esos fármacos habían sido aprobados sin mayores alertas porque las pruebas se realizaron mayoritariamente en hombres. La falta de datos específicos no solo generó errores, sino que evidenció una falla estructural en la forma en que se produce conocimiento médico.

La discusión también ha sido abordada desde la inmunología. En 2015, la científica Sabra Klein advirtió sobre la importancia de considerar el sexo biológico al administrar vacunas, tras observar que las mujeres presentaban más efectos secundarios frente a inmunizaciones como la de la fiebre amarilla. El hallazgo apuntaba a una diferencia en la respuesta del sistema inmunitario, subrayando que no existe un cuerpo “neutro” en medicina, sino múltiples variables biológicas que influyen en los resultados clínicos.

Desde Chile, la doctora María Teresa Arancibia, radióloga oral y maxilofacial del Centro de Salud de la Usach, advierte que la brecha ha disminuido, pero persiste. “si bien, la brecha ha disminuido aún hay diferencias y, según entiendo, influye bastante en los riesgos o temores a los efectos secundarios que puedan provocar los tratamientos en estudio a la fertilidad”. La especialista subraya que la falta de participación femenina impacta directamente en la calidad de la información disponible y, por extensión, en la precisión diagnóstica.

La profesional profundiza en esa diferencia estructural al señalar que “el cuerpo del hombre es diferente al de la mujer. Por lo cual, al no participar en estudios, hay menos información y el riesgo de error aumenta”. En ese sentido, explica que las diferencias anatómicas y fisiológicas son determinantes en la evolución de enfermedades y tratamientos. “las diferencias en cómo afectan las enfermedades a hombres y mujeres se deben a que anatómica y fisiológicamente somos diferentes. Los niveles mínimos y máximos de la mayoría de los parámetros de evaluación, por ejemplo, en un hemograma son distintos, nuestra cantidad de tejido muscular, adiposo, etc, es distinto. Fuera de las diferencias en el aparato reproductivo que también influyen en todo el resto del organismo”.

Aun así, realizar estudios clínicos diferenciados sigue siendo complejo. Arancibia sostiene que “un factor que influye es el tema económico, y también la convocatoria. En estudios de largo plazo, que son los que tienen mayor impacto, poder mantener a la población en control es muy difícil y costoso, si a esto se le suma la exclusión por género, la cantidad de participación disminuiría aún más”. A esto se suman factores sociales que también amplían la brecha, como la postergación del autocuidado en mujeres que asumen roles laborales y familiares simultáneamente.

Para la especialista, la solución pasa por una respuesta estructural desde la política pública. “las políticas públicas en salud se hagan cargo de este tema, ya que es fundamental tener más información para poder prevenir estas patologías tan prevalentes. Hoy en día, existen numerosas evidencias que confirman que a los hombres y mujeres nos afectan las enfermedades de manera diferente”. La advertencia es clara: sin datos específicos, la medicina corre el riesgo de seguir diagnosticando y tratando a la mitad de la población con información incompleta.

El desafío no es solo científico, sino cultural. Incorporar a las mujeres en la investigación médica no significa agregar una variable más, sino corregir un sesgo histórico que ha condicionado diagnósticos, tratamientos y políticas sanitarias. En un momento donde la evidencia se vuelve central para la toma de decisiones, la pregunta ya no es si se deben incluir mujeres en los estudios, sino cuánto tiempo más puede la ciencia permitirse no hacerlo.

ALMA revela el caos juvenil de otros sistemas solares

Durante décadas, la astronomía ha sido experta en capturar los extremos del relato planetario: el nacimiento de los mundos y la madurez de sistemas como el nuestro. Pero había un vacío incómodo entre ambos momentos. Ahora, un equipo internacional de astrónomos acaba de iluminar esa zona gris y turbulenta conocida como la adolescencia planetaria, gracias a imágenes inéditas obtenidas con ALMA desde el norte de Chile, en el marco del proyecto ARKS.

La investigación, liderada por el astrónomo chileno Sebastián Marino —investigador externo del Núcleo Milenio YEMS y académico de la Universidad de Exeter—, se centra en los llamados discos de escombros, estructuras compuestas por polvo y restos rocosos que rodean a estrellas cuyos planetas ya se han formado. Son huellas de una etapa intermedia: más avanzadas que los discos protoplanetarios, pero todavía lejos de la estabilidad orbital que caracteriza a sistemas consolidados como el Sistema Solar.

“A menudo observamos las ‘fotos de bebé’ de los planetas en formación, pero la adolescencia planetaria era el eslabón perdido”, explicó Meredith Hughes, una de las co-investigadoras principales del proyecto. Y no es una metáfora gratuita. En esta fase, los sistemas planetarios viven procesos violentos y desordenados, marcados por colisiones, migraciones y reacomodos drásticos, similares a los que alguna vez moldearon el Cinturón de Kuiper más allá de Neptuno.

Observar estos discos no es tarea fácil. Son estructuras extremadamente tenues, cientos o incluso miles de veces más débiles que los discos donde nacen los planetas. Sin embargo, la resolución sin precedentes de ALMA permitió al equipo ARKS detectar una diversidad inesperada de formas: anillos múltiples, bordes abruptos, halos extendidos y asimetrías que rompen con la idea de sistemas simples y ordenados. “No estamos viendo simples anillos, sino sistemas complejos y dinámicos que revelan una etapa violenta en la historia de los planetas”, señaló Sebastián Marino.

El proyecto también destaca por la participación activa de investigadores del Núcleo Milenio YEMS con base en la Universidad de Santiago. Sebastián Pérez, director alterno de YEMS; Philipp Weber, investigador postdoctoral; y Fernando Castillo, estudiante de Magíster en Astrofísica, fueron parte clave del análisis. Desde Chile, el desierto de Atacama vuelve a posicionarse como un laboratorio natural para responder preguntas fundamentales sobre el origen y evolución del cosmos.

Uno de los hallazgos más desconcertantes fue la detección de una fuerte asimetría en uno de los discos observados: una acumulación localizada de polvo y rocas, similar a una nube densa de escombros. Este tipo de estructura es difícil de explicar en una etapa donde los discos suelen ser simétricos. Frente a este enigma, investigadores YEMS–Usach lideraron uno de los artículos centrales del proyecto, proponiendo que la interacción entre sólidos y pequeñas cantidades de gas remanente podría generar vórtices capaces de concentrar material durante largos períodos.

“Estas observaciones nos obligan a repensar el rol que puede jugar incluso una cantidad mínima de gas en discos que creíamos casi completamente dominados por sólidos. La posibilidad de vórtices de escombros abre un nuevo escenario dinámico para entender estas asimetrías”, sostuvo Sebastián Pérez. A esta idea se suma la reflexión de Philipp Weber, quien lideró uno de los diez papers publicados por ARKS: “Si bien las observaciones de ALMA muestran claramente que existe gas en algunos cinturones tipo Kuiper extrasolares, todavía no sabemos con certeza si la cantidad que detectamos representa todo el gas que realmente está ahí, o si existe una fracción adicional invisible que escapa a nuestras mediciones directas”.

En conjunto, los resultados sugieren que la adolescencia planetaria es un periodo marcado por migraciones caóticas, colisiones gigantes y una intensa reconfiguración orbital, procesos comparables a los que dieron origen a la Luna en nuestro propio sistema. “Estos discos registran una época en que las órbitas planetarias estaban siendo reordenadas de forma caótica”, señaló Luca Matrà, co-investigador principal del estudio. Una confirmación de que, incluso a escala cósmica, crecer nunca ha sido un proceso limpio ni tranquilo.

Ciencia chilena abre camino a la primera terapia celular para recuperar la visión

En un país donde miles de personas viven con daño corneal severo sin opciones terapéuticas reales, un proyecto científico chileno comienza a reescribir ese destino. La Universidad de Santiago de Chile, a través de su Facultad de Ciencias Médicas, junto al Centro de Nanociencia y Nanotecnología CEDENNA, está liderando un avance inédito: el cultivo en laboratorio de células totipotenciales y pluripotenciales del limbo corneal capaces de regenerar la superficie del ojo. Es una apuesta que cruza ciencia de frontera, innovación pública y cooperación clínica, respaldada por financiamiento de CORFO y articulada por un ecosistema que rara vez coincide con esta profundidad.

En Chile, más de 6.000 personas conviven con insuficiencia limbar corneal bilateral, una patología que destruye la capacidad del ojo de renovar su superficie. Las consecuencias son dolor constante, fotofobia extrema y pérdida progresiva de la visión. Actualmente, los tratamientos disponibles solo alivian síntomas, pero no reparan el daño. Por eso, el proyecto no solo representa un avance científico, sino un gesto concreto hacia una deuda histórica en salud visual: ofrecer una terapia con potencial real de reversión.

El corazón tecnológico de la iniciativa está en el laboratorio biomédico de CEDENNA, donde se han implementado las condiciones necesarias para cultivar y diferenciar células del limbo corneal. La idea es replicar su proceso natural de renovación para luego implantarlas en pacientes con daño severo. Si la técnica resulta exitosa, estas células podrían restablecer la capa epitelial de la córnea y devolver funcionalidad visual a personas que hoy no tienen alternativa terapéutica. Se trata de una propuesta que integra biología celular avanzada, nanotecnología aplicada y experiencia clínica de manera coordinada, algo inédito en el país.

El proyecto está liderado por el Dr. Osvaldo Berger (USACH) y la Dra. Patricia Díaz (CEDENNA), quienes han logrado unir capacidades científicas y médicas que tradicionalmente han trabajado en paralelo. La colaboración con la Clínica Pasteur y Fundación Córnea Chile asegura el puente con pacientes y con los escenarios reales donde esta tecnología deberá demostrar resultados. La participación de estas instituciones también refuerza el carácter aplicado del proyecto, una dimensión clave para que la innovación salga del laboratorio y llegue efectivamente a quienes la necesitan.

El financiamiento recibido a través del programa “Crea y Valida” de CORFO consolida este esfuerzo como un ejemplo de cómo la inversión pública puede activar ecosistemas de salud avanzada. Hoy el proyecto se encuentra en fase de estandarización de cultivos, un proceso exigente que definirá la seguridad y eficacia de la terapia. Si los plazos se cumplen, las primeras aplicaciones clínicas podrían comenzar el próximo año, una proyección que sitúa a Chile en un escenario que hace muy poco tiempo parecía irreal: producir terapias celulares de manera autónoma y con estándares internacionales.

De concretarse, esta será la primera terapia celular corneal desarrollada íntegramente en Chile. Su impacto no solo sería clínico, sino estructural: permitiría al país fortalecer su capacidad para producir biomedicina de alto nivel y sentar bases para futuras terapias regenerativas. Estamos ante un proyecto que mezcla rigor científico, visión de futuro y un profundo sentido social. Un recordatorio de que la innovación también puede ser un camino directo hacia una vida más digna para miles de personas.