Ciencia e innovación

Automatización como el lenguaje del futuro laboral

En un escenario donde la tecnología redefine cada aspecto de la vida cotidiana, la automatización industrial se perfila como una de las áreas más estratégicas y con mayor proyección laboral en Chile. La Universidad de Santiago se suma a esta tendencia con la carrera de Tecnología en Automatización Industrial, un programa que combina formación teórica y práctica para preparar profesionales capaces de desenvolverse en sectores clave como la industria alimentaria, la agricultura y la minería, motores históricos de la economía nacional.

El auge de esta disciplina se vincula directamente con la irrupción de la inteligencia artificial y la llamada industria 6.0, caracterizada por su hiperconectividad y capacidad de análisis de datos en tiempo real. Tal como explica el jefe de carrera, Mg. Leandro Ampuero, la IA permite construir modelos predictivos que anticipan comportamientos de máquina a máquina, optimizando la producción y reduciendo errores. “La industria 6.0 analiza los datos en forma centralizada para tomar decisiones. Se puede estimar un crecimiento de producción actual versus producción futura, en función del comportamiento automatizado de las máquinas”, detalla el académico.

Los estudiantes de la Usach reciben formación en supervisión de procesos mecanizados, manejo de equipos y sensores, análisis de información y protocolos de comunicación industrial, herramientas que los posicionan en la primera línea del desarrollo tecnológico. A partir del tercer año obtienen el grado de tecnólogo en automatización industrial, con la capacidad de ejecutar y supervisar sistemas de control bajo procedimientos estandarizados. La tasa de empleabilidad habla por sí sola: el 90% de los egresados consigue trabajo, un dato que refleja la alta demanda del sector.

La perspectiva salarial también resulta atractiva. Según Ampuero, un recién egresado puede percibir entre 900 mil y un millón de pesos mensuales, cifra que aumenta con la experiencia y la especialización. Además, existe la posibilidad de continuar estudios y convalidar semestres en programas de Ingeniería Eléctrica o Ingeniería Industrial, lo que amplía aún más las oportunidades de desarrollo profesional.

Más allá de la empleabilidad, la automatización industrial responde a una tendencia empresarial en expansión. Aunque la implementación de equipos sofisticados implica una inversión significativa, los beneficios superan con creces los costos frente a los procedimientos manuales. “Antiguamente estas tareas las realizaban trabajadores de oficios que evaluaban manualmente distintos procesos, con un alto margen de error. Hoy, los sistemas automatizados permiten interconectar maquinarias, programar operaciones y obtener datos generales en poco tiempo”, concluye Ampuero, dejando claro que el futuro de la productividad se juega en la intersección entre educación tecnológica y transformación digital.

Inteligencia artificial chilena se convierte en aliada del océano

El avance de la Inteligencia Artificial está reconfigurando múltiples industrias a nivel global, y Chile no se queda atrás. En un escenario donde la sostenibilidad es clave, la pesca industrial enfrenta un desafío crítico: el descarte, práctica que consiste en devolver al mar especies capturadas incidentalmente y que no corresponden a la especie objetivo. Este fenómeno no solo afecta los ecosistemas marinos, sino que también complica los procesos de fiscalización.

Para abordar este problema, la Universidad de Santiago de Chile presentó un sistema que promete transformar el control de la actividad pesquera. La propuesta, dirigida por la investigadora del Departamento de Ingeniería Informática, Dra. Violeta Chang, utiliza modelos avanzados de Inteligencia Artificial combinados con comunicación satelital para monitorear en tiempo real el descarte en embarcaciones industriales de entre 15 y 18 metros. Este desarrollo busca reemplazar el sistema actual de grabaciones en discos duros, que pueden tardar hasta un año en ser revisadas, lo que limita la acción de las autoridades frente a infracciones.

El proyecto cuenta con financiamiento de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) y se desarrolla en alianza con el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca), encargado de evaluar y recibir la tecnología, además de la empresa IO-SAT Chile, experta en monitoreo y conectividad satelital. La sinergia entre academia, Estado y sector privado marca un precedente en la búsqueda de soluciones tecnológicas para la sustentabilidad oceánica.

La Dra. Chang enfatizó que la iniciativa se apoya en modelos de IA auto supervisados y multimodales, diseñados para integrar datos de video, ubicación y velocidad de navegación, generando alertas automáticas a través de satélites en caso de detectar anomalías. Esta innovación no solo agiliza los procesos de fiscalización, sino que también amplía la capacidad de reacción de las autoridades frente a eventuales irregularidades, reduciendo los vacíos legales que hasta ahora habían dificultado el control efectivo de la pesca industrial.

Desde Sernapesca, su directora nacional, Soledad Tapia, destacó la relevancia del proyecto y lo definió como un paso decisivo hacia una pesca más responsable. “Esta tecnología nos permitirá ser más eficientes y efectivos en la fiscalización del descarte, cuidando los recursos pesqueros y la biodiversidad de nuestros mares”, aseguró. Con la incorporación de estas herramientas, Chile se posiciona como pionero en el uso de inteligencia artificial para preservar la salud de los océanos, combinando innovación tecnológica con políticas públicas orientadas a la sostenibilidad.

Legado de Adelina Gutiérrez sigue abriendo caminos en la ciencia y la equidad de género

En mayo de 2025, la Universidad de Chile celebró el centenario del nacimiento de Adelina Gutiérrez, destacada pedagoga, científica y pionera en abrir espacios para las mujeres en las ciencias. Este aniversario no solo rememoró su influencia, sino que también destacó la labor de la Red de Académicas Adelina Gutiérrez, un grupo de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (FCFM) que ha sido fundamental en promover políticas de equidad de género en esa unidad académica.

Este reconocimiento a su legado continuará en la Feria del Libro de las Universitarias y los Universitarios (FILUNI) en la UNAM, México, donde la vicedecana Marcela Munizaga, la directora de Diversidad y Género, María Elena Lienqueo, y la académica Laura Pérez participarán en un conversatorio para dialogar sobre el rol de Adelina en la academia y las ciencias. Allí intercambiarán experiencias con académicas mexicanas, buscando fortalecer la participación femenina en las áreas STEM.

Adelina Gutiérrez fue la primera mujer contratada a jornada completa en la FCFM, la primera doctora en Astrofísica en Chile y la primera en integrar la Academia Chilena de Ciencias. Su trayectoria abrió puertas en un mundo dominado por hombres, demostrando que era posible equilibrar una carrera científica con la vida familiar sin sacrificar la excelencia. Su ejemplo ha inspirado a generaciones, como señala Laura Pérez, quien reconoce cómo su legado contribuyó a la creación de programas académicos clave en astronomía en la Universidad de Chile.

Este compromiso con la equidad se refleja en acciones concretas, como la creación de la Dirección de Diversidad y Género en la FCFM y el Programa de Ingreso Prioritario por Equidad de Género, que ha permitido la incorporación de más de 660 mujeres a esta facultad hasta 2024. Estas iniciativas buscan construir una cultura inclusiva y superar las inequidades de género en la comunidad universitaria.

El diálogo en la FILUNI se presenta como una oportunidad para comparar experiencias y desafíos entre Chile y México en la incorporación de mujeres a las ciencias e ingenierías, enriqueciendo ambas comunidades. Además, el evento, que se realizará del 26 al 31 de agosto, contará con múltiples actividades culturales, charlas y foros que abordan temas desde género y feminismos hasta educación en derechos humanos y cultura de paz.

El homenaje a Adelina Gutiérrez no solo es un acto de memoria, sino un compromiso activo para continuar abriendo caminos y consolidar una academia diversa, inclusiva y con igualdad de oportunidades para todas y todos.

Chile avanza hacia una ley de inteligencia artificial con respaldo del ecosistema digital

El Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación de Chile sostuvo un nuevo encuentro para avanzar en la construcción del proyecto de Ley de Inteligencia Artificial, esta vez con la participación de gremios tecnológicos y actores del sector privado. La reunión, realizada en el Salón de Conferencias del Ministerio de Relaciones Exteriores, marcó el primer acercamiento del nuevo ministro Aldo Valle al ecosistema digital, reforzando la continuidad institucional en el desarrollo de políticas públicas que resguarden derechos fundamentales sin frenar el progreso tecnológico.

El ministro Valle destacó que el propósito central fue recoger observaciones de la industria al proyecto de ley actualmente en discusión en la Cámara de Diputadas y Diputados. La iniciativa, presentada por el Ejecutivo en mayo y fusionada con una moción parlamentaria, busca establecer un marco regulatorio exigible y proporcional para el uso de la IA en contextos que puedan afectar a personas, especialmente en áreas sensibles como salud, justicia o educación. La propuesta surge de un proceso participativo amplio, que incluyó más de 60 reuniones técnicas con actores de múltiples sectores.

Chile se posiciona como uno de los primeros países de América Latina en avanzar hacia una regulación integral de la IA, superando los marcos voluntarios y proponiendo estándares claros basados en el nivel de riesgo de cada sistema. Esta diferenciación permite resguardar los derechos de las personas sin imponer trabas innecesarias a la innovación.

Desde el sector privado, Víctor Grimalt, de la Asociación de la Industria Eléctrica, Electrónica y Automatización (AIE), valoró la oportunidad de ser escuchados, subrayando la necesidad de una regulación que permita retomar el protagonismo de Chile en el ámbito tecnológico global. Por su parte, Bruno Villalobos, presidente de ACHIA-DS, resaltó el carácter descentralizador del proceso y la importancia de que organizaciones regionales estén incluidas en este debate nacional.

El ministro Valle cerró el encuentro agradeciendo la participación activa de los asistentes y reafirmando el compromiso del gobierno con una tramitación abierta al perfeccionamiento, sustentada en el diálogo y centrada en el desarrollo tecnológico como motor de futuro para el país.

Chile observa el primer planeta creado por colapso gravitacional

Desde el norte de Chile, un equipo de astrónomos del Núcleo Milenio YEMS acaba de hacer historia. Usando el nuevo instrumento ERIS del Very Large Telescope (VLT) de ESO, captaron lo que podría ser la primera evidencia directa de un planeta formándose mediante inestabilidad gravitacional, un mecanismo teórico que hasta ahora nunca había sido observado en acción.

La estrella joven V960 Mon, ubicada a más de 5.000 años luz de distancia, ya había mostrado señales intrigantes hace algunos años: un disco de gas y polvo con estructuras en espiral observadas gracias al instrumento SPHERE del VLT y al radiotelescopio ALMA. Aquellas imágenes revelaban cúmulos inestables, con potencial para colapsar y generar nuevos mundos. Pero la gran pregunta era: ¿y después qué?

Anuroop Dasgupta, estudiante de doctorado y autor principal del nuevo estudio publicado el 18 de julio en The Astrophysical Journal Letters, fue quien lideró esta nueva cacería celeste. Su objetivo era encontrar señales de esos cúmulos transformándose en algo más. Y lo logró: el equipo detectó un objeto compacto y brillante justo en una de las regiones donde se esperaban transformaciones. Lo que vieron podría ser un planeta en plena gestación, o tal vez una enana marrón: un tipo de cuerpo celeste más masivo que un planeta, pero que nunca llega a ser una estrella.

“Esta podría ser la primera vez que vemos este proceso en acción”, destaca Alice Zurlo, astrónoma de la UDP y directora de YEMS. El hallazgo no solo es un hito científico, sino también una señal del nivel de investigación que se está gestando en Chile. Sebastián Pérez, astrónomo de la USACH y coautor del estudio, lo subraya: “Es un trabajo de alto impacto liderado por un estudiante desde una institución nacional”.

Si se confirma, estaríamos frente a una evidencia directa de cómo nacen algunos planetas: no por acumulación lenta de material, sino por un colapso dramático dentro del caos gravitacional de un disco joven. Un giro total a cómo entendemos la arquitectura del universo.

La cara oculta de la Luna y el futuro de la exploración espacial

Desde Frank Sinatra hasta Ana Gabriel, la Luna ha sido una musa eterna para artistas, científicos y soñadores. Esa obsesión cultural tiene hoy un respaldo institucional: cada 20 de julio se celebra el Día Internacional de la Luna, una fecha instaurada por la ONU en 2021 para impulsar la colaboración global en su exploración y uso. Más allá del imaginario, el satélite natural de la Tierra; ubicado a unos 384.400 kilómetros de distancia, es un objeto celeste que aún guarda secretos y proyecciones clave para el futuro de la humanidad.

Álvaro Rojas, físico y académico de la Universidad de Santiago, subraya algunos de los hitos y curiosidades que hacen de la Luna mucho más que una postal nocturna. Por ejemplo, la razón por la que siempre vemos la misma cara del satélite se debe a su rotación sincrónica, producto de fuerzas gravitacionales que lo han “anclado” a la Tierra. Esa cara visible, cubierta por planicies oscuras llamadas mares lunares y salpicada de cráteres, contrasta con el reverso lunar: una superficie más accidentada y sin actividad volcánica evidente.

Uno de los aspectos más intrigantes es el origen de la Luna, que según teorías aceptadas, habría surgido de una colisión entre la Tierra y un protoplaneta hace 4.500 millones de años. La colisión habría desprendido material que luego se condensó hasta formar nuestro satélite. Esta relación íntima no es estática: la Luna se aleja de la Tierra a razón de 3,8 centímetros por año, lo que indica que en el pasado estaba mucho más cerca, y que los días terrestres duraban solo 18 horas. A futuro, se espera que los días sean más largos y la Luna siga alejándose.

Pero este cuerpo no está muerto. Aunque sin atmósfera ni tectónica activa, la Luna aún tiene actividad interna. Sufre sismos; conocidos como lunamotos, que pueden alcanzar magnitudes de hasta 5,5 grados y durar hasta una hora. Además, investigaciones recientes han detectado la presencia de agua en zonas de sombra permanente cerca de los polos, un hallazgo que alimenta ambiciones geopolíticas y económicas.

Rojas advierte que hoy asistimos a una “carrera astro-política”, donde las potencias mundiales ven la Luna como una futura base de operaciones para misiones a Marte, así como una fuente estratégica de recursos, especialmente agua. Esa misma agua, además de ser vital para la vida, podría usarse para fabricar combustible para cohetes, lo que haría de la Luna una especie de estación de servicio cósmica.

Desde la poesía hasta la política espacial, la Luna sigue ejerciendo su atracción. Y su rol, lejos de ser decorativo, se vuelve cada vez más clave en el nuevo orden del espacio.

Inteligencia sanitaria desde el fin del mundo que podría salvar al planeta

Chile ha sido seleccionado por la FAO como uno de los cinco países piloto a nivel mundial para liderar un ambicioso proyecto de inteligencia zoosanitaria que apunta a anticipar y contener futuras crisis sanitarias globales. Esta movida posiciona a Chile no solo como el único representante de América Latina y el Caribe en la iniciativa, sino también como un referente regional en vigilancia epidemiológica animal, gracias al trabajo sostenido del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG). El programa está anclado al enfoque “Una Sola Salud”, que busca conectar salud humana, animal y ambiental en un mismo frente de defensa ante emergencias sanitarias.

La presentación del proyecto se realizó en el Parque Humedal Río Maipo, en Santo Domingo, un punto clave por su alta concentración de aves migratorias y su cercanía a instalaciones avícolas, lo que lo convierte en zona de riesgo sanitario. Allí, equipos del SAG realizaron demostraciones en terreno sobre captura y muestreo de aves silvestres frente a representantes de la FAO y el Ministerio de Salud. La estrategia contempla reforzar la bioseguridad en campo y mejorar los sistemas de información sanitaria, a partir de planes piloto que cruzan tecnología, territorio y acción directa.

En concreto, el proyecto permitirá al país revisar y optimizar su sistema de alerta temprana, enfocado especialmente en el control de la Influenza Aviar de Alta Patogenicidad (IAAP) y en la erradicación de la brucelosis bovina. Rodrigo Sotomayor, subdirector de Gestión Técnica del SAG, enfatizó que este trabajo no solo moderniza las capacidades técnicas del organismo, sino que también refuerza su rol estratégico como actor central en la prevención de brotes que impactan simultáneamente a la salud pública, la economía y el medio ambiente. La meta a largo plazo es clara: diseñar un modelo de inteligencia sanitaria chileno que pueda ser replicado a escala regional.

Tecnología y vigilancia para defender los alimentos de Chile

El Estado chileno ha dado un paso estratégico para blindar su producción agropecuaria frente a los desafíos del cambio climático, el comercio global y las crisis sanitarias emergentes. Con una inversión total de 50 millones de dólares financiada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el programa “Chile alimenta el futuro” busca modernizar y fortalecer los servicios públicos vinculados a la seguridad alimentaria, con especial énfasis en el rol del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), que ejecutará más de 33 mil millones de pesos hasta 2029.

El foco estará puesto en tres ejes: modernizar la red nacional de laboratorios, robustecer los controles fronterizos y crear una Unidad de Inteligencia Fito y Zoosanitaria capaz de anticipar y contener nuevas amenazas con el respaldo de datos, algoritmos y modelos predictivos. Para el director nacional del SAG, José Guajardo Reyes, se trata de un avance decisivo hacia una gestión sanitaria “más preventiva y basada en tecnología”, clave para sostener la capacidad exportadora del país y enfrentar contextos de riesgo creciente.

Los laboratorios del SAG, pieza clave en la sanidad animal, vegetal e inocuidad alimentaria, serán renovados con tecnología de punta, incluyendo la incorporación de un laboratorio con nivel de bioseguridad 3 (BSL3), permitiendo diagnósticos más rápidos y respuestas más eficaces frente a brotes. Esto elevará los estándares analíticos tanto para el consumo interno como para los mercados internacionales.

En paralelo, el programa fortalecerá los más de 100 puntos de control fronterizo del país. Solo en 2023, el SAG inspeccionó más de 20 millones de envíos postales internacionales, además de ejercer un control total en aeropuertos y pasos terrestres. Con la llegada de nuevos equipos de rayos X, incineradores y otras tecnologías, se busca elevar aún más la capacidad de vigilancia y contención de amenazas externas.

La gran innovación será la implementación de una unidad de inteligencia fito y zoosanitaria que, inspirada en modelos como los de Nueva Zelanda y México, empleará inteligencia artificial y análisis de datos para anticiparse a enfermedades, plagas o riesgos emergentes, en un entorno marcado por la interconexión global y el cambio climático.

“Chile alimenta el futuro” es ejecutado por la Subsecretaría de Agricultura y coejecutado por SAG e INDAP. Su propósito va más allá de una respuesta técnica: busca garantizar un sistema alimentario justo, sostenible y resiliente frente a los desafíos del presente y del futuro.

Datos, realidad virtual y prevención en la nueva era alimentaria

La seguridad alimentaria ya no es solo un tema de higiene en la cocina: es una cuestión de salud pública, desarrollo y ciencia aplicada. En el marco del Día Mundial de la Inocuidad de los Alimentos, más de 650 personas de distintos rincones de América Latina y el Caribe se conectaron al webinario regional Ciencia en Acción, una iniciativa destinada a socializar experiencias, avances tecnológicos y desafíos urgentes en torno a la inocuidad de los alimentos, entendida como un eje central en la salud de millones.

El evento reunió a representantes de gobiernos, entidades científicas, organismos internacionales y actores privados de países como Brasil, Chile, Guatemala, México y República Dominicana. La sesión fue inaugurada por figuras clave del sistema agroalimentario regional: Máximo Torero de la FAO, Ottorino Cosivi de la OPS, Leonardo Veiga del CCLAC, José Urdaz del IICA y Raúl Rodas del OIRSA, entre otros. Su presencia marcó el tono técnico y político del encuentro: sin ciencia, no hay decisiones informadas; sin inocuidad, no hay alimentación segura.

Entre los casos destacados estuvo el uso de Inteligencia Artificial y simulación virtual desarrollada por OIRSA, una tecnología que utiliza realidad aumentada para capacitar inspectores sanitarios y anticipar amenazas. Desde Chile, la Agencia Chilena para la Inocuidad y Calidad Alimentaria (ACHIPIA) expuso sus avances desde las ciencias sociales, apostando por instalar una “cultura de la inocuidad” que atraviese toda la cadena alimentaria, desde la producción hasta el consumo. Brasil, por su parte, mostró cómo el intercambio de datos científicos puede alimentar los estándares internacionales del Codex Alimentarius, una herramienta clave del sistema normativo alimentario global.

El cierre del evento contó con una mesa redonda que cruzó perspectivas de gobiernos y empresas privadas sobre cómo usar datos científicos para fortalecer la toma de decisiones. Lejos de la teoría, el mensaje fue claro: la ciencia debe estar en el centro de las políticas alimentarias si se quiere prevenir enfermedades, garantizar el derecho a una alimentación segura y evitar miles de muertes evitables.

Y es que los datos son alarmantes. Según la OMS, cada año 600 millones de personas —una de cada diez— enferman por ingerir alimentos contaminados. En América Latina, esta cifra alcanza los 77 millones de casos, con 31 millones de niños y niñas afectados, y cerca de 9 mil muertes anuales. En este contexto, la inocuidad no es una opción: es parte inseparable de la seguridad alimentaria y del derecho humano a una vida saludable.

Este 2025, bajo el lema Ciencia en Acción, Naciones Unidas busca reforzar el rol de las distintas disciplinas —desde la microbiología hasta la ciencia de datos y las tecnologías inmersivas— en la construcción de sistemas alimentarios más seguros, resilientes y basados en evidencia. Porque comer no debería ser un riesgo.

Cultivar hongos en casa con ciencia y sin riesgos

Aunque muchos conocieron al Cordyceps por su versión apocalíptica en la serie “The Last of Us”, donde el hongo era responsable de una pandemia global, la realidad del mundo fungi es mucho más rica, diversa y útil de lo que la ficción sugiere. Con más de 144.000 especies conocidas, los hongos habitan un universo poco explorado que va desde lo gastronómico hasta lo medicinal, ofreciendo beneficios que aún están en proceso de ser completamente comprendidos por la ciencia.

Fernando Ortiz, académico de la Facultad de Química y Biología de la Universidad de Santiago, destaca que, si bien hay especies comestibles altamente nutritivas como el champiñón de París, el shiitake, el portobello o el hongo ostra, también existen otras que pueden ser mortales. La diferencia no siempre es evidente, por lo que recomienda evitar el consumo de cualquier hongo silvestre sin el respaldo de especialistas. De hecho, ejemplares del mismo género pueden variar enormemente en su toxicidad. Mientras el Agaricus bisporus es completamente seguro, su “primo” Agaricus xanthodermapuede causar serias intoxicaciones gastrointestinales.

El mundo de los hongos adaptógenos, como el reishi, la melena de león o la cola de pavo, ha ganado terreno en la cultura del bienestar. Se consumen en gotas o cápsulas y se les atribuyen propiedades como la reducción del estrés, el fortalecimiento del sistema inmunológico y la mejora de la concentración. Ortiz señala que si bien estos efectos son prometedores, aún se requiere más evidencia científica para avalar su uso como tratamientos formales para enfermedades como el cáncer o trastornos neurológicos. Hasta ahora, su consumo como nutracéutico, es decir, como complemento dietético, se considera seguro siempre que no sustituya terapias médicas convencionales.

Más allá de su aporte en vitaminas, fibra y proteínas, investigaciones recientes sugieren que los hongos pueden ayudar a controlar la presión arterial, prevenir accidentes cerebrovasculares y aportar propiedades antibacterianas. Ortiz invita a quienes deseen cultivarlos en casa a hacerlo, pero siempre asesorados por expertos. En Chile existen organizaciones como Fundación Fungi y la ONG Micófilos que promueven el cultivo responsable y la educación sobre estas especies.

El potencial de los hongos parece estar solo comenzando a desplegarse. Desde el plato hasta el laboratorio, este reino biológico ofrece una promesa silenciosa de salud, siempre y cuando se aborde con respeto, ciencia y conocimiento.