Ciencia e innovación

El dilema ecológico de ser amable con un chatbot

Saludar, decir “por favor” o terminar con un “gracias” parece una cortesía mínima, casi automática, en cualquier conversación. Pero cuando estas palabras son dirigidas a una inteligencia artificial como ChatGPT, podrían tener un efecto inesperado: mejorar la calidad de las respuestas. Al menos eso sugieren investigadores y especialistas en tecnología del lenguaje, que observan cómo la forma en que se formula una consulta; el llamado prompt, puede influir en la precisión y profundidad de la respuesta generada por un modelo de lenguaje.

Según Gustavo Alcántara, académico en Telecomunicaciones y Aplicaciones de la Universidad de Santiago, estudios recientes muestran que un tono más cordial y emocional puede generar mejores resultados. Cita una investigación de la Universidad de Waseda, que demuestra cómo la cortesía al interactuar con modelos LLM (Large Language Models) no solo mejora la interacción, sino que reduce la tasa de errores. Estos sistemas, como ChatGPT, operan a partir de complejos procesos de aprendizaje profundo que dependen de matices lingüísticos para entender lo que se les pide. Y ahí es donde las fórmulas amables parecen marcar una diferencia.

Esta hipótesis; casi contraintuitiva, sugiere que las emociones humanas no solo hacen más llevaderas las conversaciones con máquinas, sino que también pueden afinar sus capacidades cognitivas artificiales. Decir “¿Podrías explicarme, por favor?” no es solo un gesto de buena educación: es también una estrategia que puede sacar lo mejor del algoritmo.

Pero esta amabilidad no es gratis. O, mejor dicho, tiene un costo invisible que va más allá del tiempo o el estilo. Como advierte Alcántara, esta manera más personalizada y emocional de interactuar con sistemas como ChatGPT podría implicar un mayor consumo energético. “Cada vez que el sistema tiene que analizar más profundamente un mensaje cargado de matices emocionales o personalizados, se intensifica su procesamiento, lo que puede elevar el uso de energía”, explica.

OpenAI, la empresa detrás de ChatGPT, estima que el entrenamiento de su modelo GPT-3 demandó más de 1.287 MWh, una cifra significativa si se considera el volumen masivo de usuarios que interactúan con el sistema a diario. Y aunque una simple pregunta parezca inofensiva en términos ambientales, cuando millones de personas lo hacen constantemente, y de forma extensa o emocional, el impacto acumulativo se vuelve más preocupante.

Además, este procesamiento intensivo requiere sistemas de refrigeración de alto consumo hídrico en los centros de datos, lo que suma otra capa de tensión ambiental. En un contexto global de crisis climática y escasez de agua, esta huella ecológica no puede pasarse por alto.

Así, la paradoja queda planteada: ser amable con la inteligencia artificial mejora la interacción, pero también puede contribuir a una carga ambiental más pesada. ¿Estamos dispuestos a asumir ese costo por una respuesta mejor formulada? ¿O deberíamos repensar cómo y cuándo usamos estos recursos tecnológicos?

La relación entre humanos e inteligencias artificiales está lejos de ser neutral. Hasta un “hola” bienintencionado puede tener consecuencias insospechadas.

La era del deinfluencing está reescribiendo el marketing digital

En un escenario saturado de promociones camufladas y productos que prometen ser “imprescindibles”, ha emergido una corriente inesperada: el deinfluencing. Este fenómeno, surgido en plataformas como TikTok durante 2023, es liderado por creadores de contenido que han decidido no solo rechazar productos sobrevalorados, sino también alzar la voz contra prácticas de consumo poco éticas o innecesarias. La tendencia, lejos de ser marginal, está comenzando a redefinir la relación entre marcas, influencers y sus comunidades.

El deinfluencing no se trata simplemente de decir “no lo compres”, sino de construir un nuevo marco de honestidad radical en las redes sociales. A diferencia del marketing tradicional, que celebra el consumo sin matices, esta nueva ola de creadores apuesta por la transparencia, la revisión crítica y el consumo responsable. Es una reacción orgánica ante una audiencia cada vez más informada y desconfiada de las recomendaciones enmascaradas de contenido auténtico.

Un estudio reciente de Morning Consult (2024) reveló que el 84 % de los consumidores confían más en influencers que son capaces de emitir opiniones honestas, incluso si son negativas. Esto deja en evidencia el cambio de paradigma: lo que antes era un terreno fértil para el culto a la marca, ahora se convierte en un espacio donde se premia la sinceridad, incluso si incomoda. El nuevo influencer ya no es un escaparate perfecto, sino una voz crítica que no teme decepcionar a las marcas si eso significa cuidar la relación con su comunidad.

Para las marcas, esta tendencia no es una amenaza sino un espejo. Las campañas enfocadas únicamente en visibilidad y alcance están quedando obsoletas frente a una generación que exige integridad en cada publicación. En este nuevo ecosistema, las estrategias de marketing deben construirse sobre relaciones reales. Colaboraciones a largo plazo, libertad creativa sin guión impuesto y aceptación de la crítica se están convirtiendo en las claves del juego. Aquellas marcas que entiendan que ser vulnerables también puede ser una fortaleza, lograrán una conexión mucho más potente con sus públicos.

El deinfluencing también obliga a transparentar las dinámicas del patrocinio. Cada vez son más las audiencias que quieren saber si un post está pagado, y bajo qué condiciones se produjo. Ocultar un acuerdo comercial se ve como una falta ética, no como una astucia de marketing. Por eso, los creadores más valorados son quienes no temen mostrar el detrás de escena y, en algunos casos, reconocer que ciertos productos no cumplieron las expectativas, aún si fueron parte de una campaña.

Este giro en las redes sociales representa una oportunidad para repensar lo que entendemos por influencia. En lugar de alimentar una economía del deseo sin freno, el deinfluencing propone una cultura más crítica, consciente y honesta. En una era donde la confianza vale más que los likes, las marcas que escuchen; y no solo hablen, serán las que sobrevivan. Porque el futuro del marketing no es más persuasivo, sino más transparente.

Investigación chilena rompe con un principio clave de la física

Un equipo de investigadores de la Universidad de Chile logró demostrar, por primera vez, que la interacción entre dos sistemas fotónicos distintos puede no ser simétrica ni recíproca, lo que desafía un principio ampliamente aceptado en la física. Esta asimetría, observada experimentalmente, podría tener aplicaciones directas en tecnologías como las redes de fibra óptica, al permitir, por ejemplo, optimizar el flujo de datos hacia usuarios específicos.

Rodrigo Vicencio, físico del Departamento de Física de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas y autor principal del estudio, explica que el hallazgo cuestiona la noción tradicional de simetría en las interacciones físicas. “Si un elemento entrega lo mismo que recibe, hablamos de reciprocidad. Pero lo que observamos rompe con esa lógica: probamos que dos sistemas distintos pueden interactuar de manera no simétrica”, afirma. Según el académico, esta propiedad podría ser tan transversal como para ofrecer analogías con dinámicas sociales, donde las relaciones también suelen estar marcadas por desequilibrios de poder o influencia.

La investigación se desarrolló íntegramente en el Laboratorio de Redes Fotónicas del Departamento de Física de la Universidad de Chile, desde la formulación teórica y modelamiento computacional hasta la fabricación y medición de dispositivos reales. Luego de meses de trabajo experimental, el equipo logró construir decenas de acopladores fotónicos; dispositivos que conectan fibras ópticas, y comprobar que el comportamiento no era simétrico, lo que representa un cambio de paradigma en la comprensión de estas interacciones.

Estos acopladores permitieron evidenciar, de manera sistemática, diferencias en la transmisión de señales entre dos fibras ópticas, lo que sugiere que estas asimetrías podrían aprovecharse para mejorar el rendimiento de redes de comunicación, por ejemplo, direccionando mayor ancho de banda a ciertos nodos dentro de un sistema.

El equipo ya se prepara para una segunda etapa de investigación, en la que se estudiarán configuraciones más complejas y nuevas implementaciones experimentales, incluyendo redes fotónicas de una y dos dimensiones, lo que podría abrir aún más posibilidades en telecomunicaciones y procesamiento de señales.

Además de Vicencio, el estudio fue desarrollado junto a un equipo de jóvenes investigadores del Departamento de Física: Diego Román, responsable de las simulaciones numéricas; Martín Rubio, encargado de los experimentos estadísticos; Paloma Vildoso, quien trabajó en las pruebas con acopladores; y Luis Foa, académico y director del DFI, que contribuyó en la teoría y redacción del artículo.

El trabajo no solo representa un avance fundamental en óptica y física aplicada, sino que posiciona al equipo chileno en la vanguardia de un campo con implicancias directas para el futuro de las comunicaciones globales.

Uso ético y responsable de la IA marca la nueva agenda en la educación universitaria

Desde 2015, la Universidad de Chile realiza la Encuesta Única de Admisión, un estudio anual que recoge información clave sobre las primeras experiencias y preocupaciones de quienes ingresan a la casa de estudios. Para su versión 2025, esta encuesta incorporó un enfoque novedoso: preguntas sobre el uso y las percepciones de la inteligencia artificial (IA), reflejando cómo esta tecnología se ha ido integrando con rapidez en la educación superior y en la sala de clases.

Leonor Armanet, directora de Pregrado, explica que la IA está cada vez más presente en la vida académica de las y los estudiantes, y que desde el Departamento de Pregrado se ha trabajado en abrir debates sobre su uso ético y responsable, así como en compartir buenas prácticas y ofrecer formación para su integración pedagógica. Esta encuesta no solo permite conocer el panorama actual, sino que también ofrece datos fundamentales para tomar decisiones que potencien el aprendizaje y la formación universitaria.

El informe, que entrega datos tanto a nivel institucional como segmentados por facultades y carreras, es una herramienta para quienes diseñan políticas y estrategias educativas. Anita Rojas, subdirectora de Pregrado, subraya que la IA lleva tiempo en la agenda de la universidad, mencionando incluso proyectos previos de exploración pedagógica en esta área. Alejandro Sevilla, coordinador de la Unidad de Estudios, destaca que la encuesta incluyó preguntas específicas sobre el uso de IA generativa para contar con información fresca que guíe la creación de lineamientos en la formación de primer año.

Los resultados revelan que un 81% de la generación mechona del 2025 ha utilizado herramientas de inteligencia artificial, con una diferencia notable entre hombres y mujeres (85% versus 78%). La función principal de estas tecnologías es ayudar a resolver dudas sobre contenidos específicos, reportado por el 91% de los encuestados, siendo ChatGPT la IA más popular con un 94% de uso.

Aunque la mayoría aprueba el uso de IA para actividades recreativas, búsqueda de información, tutorías personales y resúmenes de estudio, existe un rechazo importante hacia su uso en la realización de trabajos o tareas: un 54% está en desacuerdo con esta práctica. Las mujeres, en particular, muestran mayor resistencia a emplear la IA para estas labores, además de un mayor porcentaje de indecisión en el total de estudiantes.

Estos hallazgos son esenciales para que la Universidad de Chile continúe ajustando sus estrategias en docencia, fomentando un uso ético, crítico y pedagógico de la IA que responda a las necesidades y realidades de esta nueva generación universitaria.

La Encuesta Única de Admisión, con su alta tasa de respuesta del 78%, se convierte así en una herramienta estratégica para la toma de decisiones basadas en evidencia. Sus resultados alimentan procesos como la formación docente, las tutorías, la inducción universitaria y la orientación estudiantil, fortaleciendo la experiencia académica desde el primer día.

Los surcos del universo revelan secretos de planetas invisibles

Durante años, los astrónomos han observado misteriosos anillos y surcos en los discos de gas y polvo que rodean a estrellas jóvenes, sin entender del todo qué los originaba. Ahora, un equipo interdisciplinario de Chile y Argentina ha entregado una respuesta concreta a uno de los mayores enigmas de la astrofísica planetaria: esas estructuras son, en realidad, huellas de planetas en formación. Y lo más revelador es que esos mundos apenas están naciendo, por lo que resultan imposibles de ver con los métodos tradicionales.

El hallazgo es resultado de más de una década de colaboración entre el Instituto de Estudios Astrofísicos de la Universidad Diego Portales (UDP), la Universidad de Santiago de Chile (USACH) y el Instituto de Astrofísica de La Plata. Con una sola simulación computacional, lograron reproducir la compleja variedad de formas observadas por el radiotelescopio ALMA en discos protoplanetarios, esas especies de cunas cósmicas donde nacen nuevos mundos. Sebastián Pérez, físico de la USACH e investigador del Núcleo Milenio YEMS, explica que este avance permite reinterpretar las imágenes de esos discos y situarlas dentro de una secuencia evolutiva coherente. En otras palabras, estamos viendo cómo se forman los planetas casi en tiempo real.

El proyecto, bautizado ODISEA, es liderado por Lucas Cieza (UDP), y confirma lo que hasta ahora era solo una hipótesis: que los surcos y anillos no se deben a inestabilidades gravitacionales ni a efectos magnéticos, sino a la acción concreta de planetas jóvenes tallando caminos a su paso dentro del disco. La clave para demostrarlo estuvo en el desarrollo de modelos numéricos avanzados, capaces de simular la interacción entre un planeta y el entorno que lo rodea. Estos modelos no solo encajan con las observaciones, sino que abren una puerta a detectar exoplanetas que, de otro modo, serían invisibles.

La investigación se potenció este año cuando los académicos Sebastián Pérez, Fernando Rannou (USACH), Lucas Cieza y el argentino Santiago Orcajo se reunieron en la USACH para afinar las simulaciones. El cruce entre astronomía e informática fue fundamental, revelando el enorme potencial que tiene la computación científica para abrir nuevas rutas en la exploración del universo. Como apunta Pérez, esta colaboración demuestra cómo las fronteras entre disciplinas se diluyen cuando el objetivo es entender fenómenos que ocurren a miles de millones de kilómetros.

Los resultados fueron obtenidos en el marco del Núcleo Milenio sobre Exoplanetas Jóvenes y sus Lunas (YEMS), dirigido por Alice Zurlo, y aunque el misterio de los surcos fue resuelto, lo que sigue es aún más inquietante: ¿por qué estos planetas se forman tan rápido? ¿Cuántos más están ocultos en esos discos? Lo que está claro es que esta ODISEA recién comienza. El universo sigue hablando y, por fin, tenemos la tecnología para empezar a escucharlo con atención.

Educar con robots no es ciencia ficción en Chile

Ya no hablamos de un mañana imaginario. En 2025, la inteligencia artificial y otras tecnologías están dejando de ser promesas para convertirse en parte del paisaje educativo chileno. Desde la incorporación de asistentes virtuales hasta el uso de realidad aumentada en las salas de clase, la escuela está mutando. Pero esta transformación no pasa solo por tener dispositivos más modernos, sino por cómo se integran en el ecosistema pedagógico.

La educación actual enfrenta una tensión productiva: avanzar tecnológicamente sin perder de vista la pedagogía. La IA, por ejemplo, permite personalizar el aprendizaje, estimular la autonomía del estudiante e incluso mejorar los procesos de inclusión. Pero sin docentes activos y capacitados, cualquier herramienta pierde su potencial. Por eso, la formación en competencias digitales y pensamiento crítico ya no es opcional para los educadores; es urgente.

El problema, sin embargo, es que no todos los estudiantes acceden en igualdad de condiciones a esta revolución digital. Las brechas de conectividad y equipamiento siguen marcando las diferencias entre quienes pueden y no pueden aprovechar estas herramientas. Ante ese escenario, diseñar políticas inclusivas, con acompañamiento institucional y formación docente continua, se vuelve indispensable para que la tecnología no amplíe la desigualdad, sino que la combata.

Una de las propuestas más interesantes que ha emergido en este contexto es la llamada Educación Aumentada: una metodología que combina recursos físicos y digitales, sin reemplazar la enseñanza tradicional, sino enriqueciéndola. Iniciativas con plataformas adaptativas, realidad aumentada y asistentes como SIMA Robot están demostrando que los niños y niñas pueden aprender jugando, explorando el lenguaje desde la autonomía, sin dejar de estar guiados por sus docentes.

El verdadero cambio ocurre cuando la tecnología se usa con propósito. No se trata de perseguir la novedad, sino de adaptarla a las realidades del aula. La diferencia entre una pantalla vacía y una herramienta pedagógica significativa está en cómo se utiliza, en el para qué. Cuando la innovación se pone al servicio del aprendizaje; y no al revés, es posible construir experiencias educativas más ricas, motivadoras y accesibles.

Cuando la biotecnología mira al pasado para salvar el presente

El equipo científico internacional logró un avance notable en biotecnología al replicar ciertas características del extinto lobo gigante (Canis dirus) mediante modificaciones en el ADN del lobo gris, su pariente más cercano. Aunque no se trata de una resurrección completa, como en la ciencia ficción, el experimento abre la puerta al uso de herramientas genéticas para fines de conservación. Desde Chile, expertos destacan el potencial de esta tecnología para proteger especies en peligro.

Miguel Allende, director del Instituto Milenio Centro de Regulación del Genoma, explica que la “recuperación parcial” consistió en insertar genes del lobo extinto en el genoma del lobo gris para recrear ciertos rasgos físicos, un proceso complejo pero técnicamente posible gracias a tecnologías como CRISPR. Juliana Vianna, investigadora en genómica evolutiva de la Universidad Católica y coordinadora del proyecto 1000 Genomas, detalla que se realizaron 20 modificaciones en 14 genes, logrando replicar características como el pelaje y la forma del cráneo del lobo gigante.

Ambos científicos coinciden en que el verdadero valor de estas técnicas radica en su capacidad para preservar la biodiversidad actual. Vianna subraya que no se trata solo de traer especies de vuelta, sino de prepararlas para sobrevivir en el contexto ambiental actual. El proyecto 1000 Genomas, que estudia especies chilenas vivas y amenazadas, busca precisamente secuenciar su información genética para diseñar estrategias de conservación más efectivas, incluyendo adaptaciones que les permitan resistir enfermedades o el cambio climático.

Allende no descarta que en el futuro cercano se puedan aplicar estas herramientas en especies emblemáticas chilenas, utilizando la edición genética para dotarlas de mayor resistencia. Aunque la desextinción completa sigue siendo improbable, los científicos chilenos ya están utilizando estas tecnologías para proteger el presente y futuro de nuestra biodiversidad. La ciencia, más que revivir el pasado, ofrece hoy una poderosa herramienta para cuidar la vida que aún nos queda.

Innovación y reciclaje destacan en los Packaging Innovation Award

En la sexta edición de los Packaging Innovation Award, celebrada en el Hotel Plaza San Francisco y organizada por Co-inventa y Laben Chile de la Universidad de Santiago, Nestlé se llevó el primer lugar gracias a una transformación clave en sus envases de cassata Savory. La compañía reemplazó el tradicional poliestireno (PS) por polipropileno (PP), creando así un envase monomaterial reciclable que mantiene su funcionalidad sin aumentar su peso. Además, se incorporaron etiquetas autoadhesivas del mismo material, lo que refuerza su compromiso con la sustentabilidad y con la ley REP, validado con el sello #ElijoReciclar.

Este reconocimiento fue destacado por Paula Moya, Packaging Supervisor de Nestlé en la planta de Macul, quien enfatizó que el objetivo principal de la compañía es evitar que sus envases terminen en vertederos. Durante el evento también se destacó que Chile es el mayor consumidor de helados en Latinoamérica, lo que realza el impacto positivo de iniciativas como esta.

El evento contó con la participación de autoridades como el rector de la Usach, Rodrigo Vidal, el subsecretario de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, Cristian Cuevas, y representantes de Corfo, quienes valoraron la colaboración entre academia, industria y Estado como un motor clave para avanzar hacia una economía circular. En esa línea, María José Galotto, directora de Co-inventa, y Abel Guarda, director de Laben Chile, reafirmaron su compromiso con la innovación sostenible.

El segundo lugar fue para la empresa Edelpa, reconocida por su bolsa 100% de polietileno reciclable con cuatro sellos, mientras que el tercer lugar lo compartieron las botellas rPET de Coca-Cola y Cachantún, ambas elaboradas con materiales reciclados. Estos premios reafirman el rumbo de la industria hacia un futuro más consciente y responsable con el medioambiente.

Científicos descubren sorprendentes filamentos delgados en el centro de la Vía Láctea

En el centro de la Vía Láctea, donde el polvo y el gas giran alrededor del agujero negro supermasivo Sgr A*, un equipo internacional de científicos, utilizando el radiotelescopio ALMA, logró aumentar la resolución de las observaciones por un factor de 100, descubriendo una sorprendente estructura filamentosa en esta turbulenta región.

Aunque ya se sabía que la zona molecular central (CMZ) está llena de nubes de gas y polvo sometidas a intensas fuerzas, el proceso detrás de este ciclo de formación y destrucción era un misterio. Ahora, el equipo liderado por Kai Yang (Universidad Jiao Tong de Shanghái) identificó delgados filamentos nunca antes observados que se forman por la acción de ondas de choque. Estos filamentos, detectados mediante la emisión de silicio monóxido (SiO) y otras moléculas, no están asociados a zonas de formación estelar ni a emisiones de polvo, y presentan características inéditas.

“Estos filamentos nos sorprendieron por completo; no se parecen a ninguna estructura conocida”, señaló Yang. Los científicos los describen como “tornados espaciales”, ya que son violentos flujos de gas que se disipan rápidamente mientras redistribuyen material al entorno.

El origen exacto de estos filamentos sigue siendo incierto, aunque las evidencias apuntan a que las ondas de choque son la causa probable. “ALMA nos permitió observar estas estructuras con un detalle sin precedentes, en escalas de hasta 0,01 pársecs”, agregó Yichen Zhang, coautor del estudio.

El hallazgo ofrece una visión más completa de los procesos dinámicos en la CMZ y sugiere un ciclo continuo: las ondas de choque crean los filamentos, que liberan moléculas complejas como CH3OH y CH3CN al medio interestelar; luego estos filamentos se disipan, alimentando nuevamente la región antes de que las moléculas vuelvan a congelarse en granos de polvo.

Según Yang, el SiO es clave para rastrear estos procesos, ya que su emisión solo se detecta en áreas impactadas por choques de alta densidad y temperatura. Futuras observaciones con ALMA y simulaciones numéricas buscarán confirmar el origen y la abundancia de estos filamentos delgados en toda la zona central de la galaxia.

Ciberseguridad en pymes: la clave para enfrentar amenazas impulsadas por la inteligencia artificial

Con la incorporación de la inteligencia artificial, los ciberataques se han vuelto más sofisticados y peligrosos, afectando especialmente a las pymes. En Chile, el 84% de estas empresas considera que estas amenazas representan un riesgo significativo, según el informe “Ciberdefensa e IA: ¿Estás listo para proteger tu organización?”.

César Ozán, CEO y fundador de IntelliHelp, advierte que los principales riesgos para las medianas empresas son el phishing y la ingeniería social, el ransomware, que obliga al pago de rescates ante la falta de respaldos, y el malware que daña sistemas y roba datos.

Para mitigar estos riesgos, Ozán recomienda fortalecer la seguridad digital mediante sistemas que protejan la información en tránsito y reposo, junto con establecer estándares avanzados y capacitar al personal para crear una cultura organizacional enfocada en la ciberseguridad.

Entre las herramientas esenciales, destacan los software de seguridad Endpoints, la protección de red para bloquear accesos no autorizados, los sistemas de detección y prevención de intrusos, y la gestión de registros para identificar amenazas activas. También es crucial contar con protección contra phishing, copias de seguridad automáticas y cifrado de datos.

Finalmente, Ozán subraya la importancia de la capacitación constante: concienciar a los equipos sobre ciberseguridad, realizar simulaciones de ataques, implementar políticas claras y fomentar buenas prácticas como la autenticación de doble factor y la gestión segura de contraseñas.

En un entorno digital en permanente evolución, proteger los datos y garantizar la continuidad operativa ya no es una opción para las pymes, sino una necesidad urgente frente al avance de las amenazas impulsadas por la inteligencia artificial.