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La fiesta editorial en Bellavista hecha por y para creadores

Santiago tiene una escena creativa que rara vez encuentra un solo espacio para reunirse. Moda, música, fotografía, diseño, gastronomía y emprendimiento suelen habitar circuitos paralelos. Sin embargo el pasado 23 de mayo, durante seis horas, la histórica casona de Hilda Parra, en pleno Barrio Bellavista, logró romper esa fragmentación y transformarse en un punto de encuentro donde distintas expresiones culturales compartieron un mismo escenario.

La actividad, bautizada como Editorial Party + Música en Vivo, reunió a cerca de cien personas en una jornada impulsada por La F Events, plataforma liderada por la modelo, cantante y gestora cultural Francélis López, quien durante los últimos años ha desarrollado una propuesta enfocada en conectar talentos emergentes, marcas independientes y proyectos creativos fuera de los circuitos tradicionales.

Más que un evento social, la cita funcionó como un laboratorio abierto de creación contemporánea. Mientras diseñadores, fotógrafos y modelos daban vida a editoriales de moda en tiempo real, distintos artistas musicales se alternaban sobre el escenario en una programación que mantuvo en movimiento a los asistentes durante toda la noche. El resultado fue una experiencia donde la producción de contenido dejó de ocurrir detrás de cámaras para convertirse en parte del espectáculo.

La conducción estuvo a cargo de María Gabriela Palma, quien articuló una programación que reunió fashion shows, sesiones fotográficas en vivo, performances y presentaciones musicales. Entre los proyectos y marcas participantes destacaron EBX, Robvalistudio, ECLAT, Alma de Negra, SKIMportaciones y diversos emprendimientos vinculados al diseño independiente y la cultura urbana.

La música también tuvo un rol central. Sobre el escenario se presentaron la cantante Ofelia Hayde, el proyecto Poloskyyhaiti ft. Monsyy, además de una presentación de la propia Francélis López, quien ha comenzado a consolidar una propuesta artística que combina identidad latina, performance y estética contemporánea. La jornada continuó con los sets de A.K.A RO y DJ Bobby, encargados de mantener la energía del encuentro hasta el cierre.

La experiencia se complementó con el trabajo de La Raiiz Estudio, responsable del hair styling oficial del evento, y una degustación gastronómica a cargo de Don Magnánimo, incorporando nuevos lenguajes creativos a una programación que evitó las fronteras tradicionales entre disciplinas.

La figura de Francélis aparece como uno de los ejes de esta nueva generación de gestores culturales que entienden la escena independiente como un ecosistema colaborativo. Lejos de los formatos convencionales, su propuesta apuesta por crear espacios donde artistas, emprendedores y creadores puedan exhibir su trabajo, generar redes y construir comunidad desde la autogestión.

En tiempos donde gran parte de la cultura se consume a través de pantallas, esta fiesta editorial apostó por lo contrario: reunir personas, proyectos e ideas en un mismo lugar. Una noche donde la moda dejó de ser únicamente pasarela, la música fue más que un concierto y la creatividad se convirtió en una experiencia colectiva. Bellavista, por algunas horas, volvió a sentirse como uno de los corazones culturales de Santiago.

Qué sabemos realmente sobre el contagio del hantavirus

La noticia parecía salida de una serie de pandemia: un crucero con pasajeros contagiados, muertes confirmadas y un virus asociado históricamente a zonas rurales del sur de Chile. El brote de hantavirus detectado en el buque holandés MV Hondius volvió a instalar una duda que durante años parecía resuelta: ¿el hanta no se transmitía solo por contacto con el ratón colilargo? La respuesta es sí, pero también no del todo.

En Chile, el hantavirus está asociado principalmente al ratón colilargo, un roedor silvestre que habita sectores rurales y boscosos. Jeannette Dabanch, infectóloga del Hospital Clínico Universidad de Chile, explica que “en Chile el hospedero natural es el ratón colilargo (Oligoryzomys longicaudatus) y las personas se infectan accidentalmente en áreas rurales con presencia del roedor”. El contagio ocurre normalmente al inhalar partículas provenientes de orina, saliva o fecas contaminadas en lugares cerrados y poco ventilados.

Pero el caso del crucero activó las alarmas por otra razón. “Sin embargo, en Chile y Argentina se ha demostrado que la cepa Andes puede transmitirse persona a persona cuando existe un contacto muy estrecho”, aclara Dabanch. Aunque esta vía es poco frecuente, sí existe y ha sido documentada anteriormente. Claudia Cortés, académica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, añade que estos casos suelen darse entre convivientes o personas con cercanía prolongada, como matrimonios o familias que comparten espacios reducidos.

El paciente cero del crucero habría adquirido el virus por contacto con un roedor infectado con la cepa Andes y posteriormente contagió a otros pasajeros mediante contacto estrecho, un mecanismo inusual que explica por qué el caso ha generado tanta atención internacional. “La transmisión del virus hanta es por la inhalación del virus que está presente en la orina, en la saliva y en las deposiciones, exclusivamente, del ratón de cola larga”, enfatiza Cortés, marcando distancia con la idea de que cualquier ratón urbano pueda transmitir la enfermedad.

El problema es que el hantavirus puede evolucionar rápido y de manera grave. Los síntomas iniciales incluyen fiebre, dolor muscular, dolor abdominal, tos y diarrea, pero en algunos casos avanzan hacia un síndrome cardiopulmonar severo que afecta pulmones y corazón. La mortalidad puede llegar hasta un 30%. Además, actualmente no existe un tratamiento antiviral específico. En cuadros graves, los pacientes requieren cuidados intensivos, ventilación mecánica e incluso ECMO, una tecnología que funciona como pulmón artificial.

Pese al impacto del brote, especialistas insisten en que la prevención sigue siendo la herramienta más efectiva, especialmente en zonas rurales del sur de Chile. Ventilar cabañas cerradas por varias horas, limpiar superficies con cloro y evitar acumulación de basura o alimentos expuestos continúa siendo clave. Porque aunque el caso del crucero sea excepcional, el riesgo del hanta en Chile sigue estando donde siempre ha estado: en el contacto accidental con el ratón colilargo y sus secreciones.

La ola coreana ya cambió la forma en que los jóvenes aprenden idiomas

Lo que partió como playlists, fancams y maratones de K-dramas hoy ya está cruzando otro territorio: las aulas. La llamada Hallyu, la ola cultural surcoreana que hace años domina plataformas de streaming y redes sociales, está empujando a miles de jóvenes en Chile a aprender coreano como una forma de acercarse más profundamente a la cultura que consumen todos los días. Y no es una moda pequeña. Según cifras de Berlitz Chile, el interés por el idioma creció con fuerza en los últimos años, desplazando incluso a lenguas históricamente populares como francés, alemán o italiano.

El fenómeno tiene un perfil bastante claro: cerca del 85% de quienes estudian coreano en Chile son mujeres, principalmente adolescentes y jóvenes adultas. Detrás de eso no solo está el fanatismo por grupos de K-pop o series coreanas, sino también una necesidad de conexión cultural mucho más profunda. “El interés por el idioma ha crecido gracias a la popularidad del K-pop, los dramas televisivos y la gastronomía coreana. Muchos jóvenes ven en el idioma una forma de conectarse de manera más profunda con esa cultura”, explica Michelle Alexandra Varela Soza, Leader of Quality and Training de Berlitz Chile.

Lo interesante es que el fenómeno rompe con la lógica tradicional del aprendizaje de idiomas. Durante años, estudiar una lengua extranjera estuvo ligado casi exclusivamente al trabajo o la educación formal. Hoy gran parte de quienes aprenden coreano lo hacen simplemente porque quieren entender letras, entrevistas, series o contenidos sin subtítulos. La motivación ya no pasa necesariamente por el currículum, sino por identidad, comunidad y consumo cultural.

Eso también cambia la manera de enseñar. “Querer aprender un idioma por gusto o motivación personal suele generar un proceso más liviano y disfrutable. El desafío es mantener ese interés en el tiempo, ya que al no haber una obligación formal, algunos estudiantes tienden a desmotivarse”, comenta Varela Soza. En ese contexto, las escuelas de idiomas comenzaron a integrar elementos culturales, dinámicas inmersivas y formatos más flexibles que dialogan mejor con esta generación hiperconectada.

Aunque el inglés sigue dominando ampliamente las matrículas en Chile, el avance del coreano deja en evidencia algo más grande: la influencia cultural de Corea del Sur ya no se limita al entretenimiento. Hoy también modifica hábitos educativos, consumo digital e incluso formas de socialización. Aprender el idioma se convirtió en una extensión natural de pertenecer a una comunidad global alimentada por TikTok, Spotify y streaming.

Mientras los conciertos de K-pop siguen agotando entradas y los K-dramas dominan plataformas, el idioma coreano empieza a instalarse como uno de los nuevos símbolos culturales de la generación Z en Chile. Ya no se trata solo de escuchar música extranjera. Se trata de entenderla desde adentro.

Convivir con gatos y el arte de no estresarlos

En tiempos donde los gatos dominan silenciosamente los hogares —y también los feeds de redes sociales—, la idea de mantenerlos dentro de casa se ha instalado como una práctica cada vez más común en Chile. Pero puertas adentro no significa automáticamente bienestar. Así lo advierte la médica veterinaria Guisela Acuña, especialista en comportamiento felino, quien plantea que el verdadero desafío no es encerrar, sino construir un entorno que dialogue con la naturaleza del animal.

Porque sí, los gatos pueden vivir más seguros dentro del hogar, lejos de peleas, atropellos o enfermedades como la leucemia felina. Pero esa seguridad tiene letra chica. “Dentro de su modelo de prevención de conflictos, la emoción predominante en los gatos es el miedo”, explica la especialista, dejando claro que estos animales siguen funcionando bajo códigos evolutivos que combinan su rol de cazadores con el de potenciales presas. En otras palabras, un gato no deja de ser gato por vivir en un departamento.

Esa tensión constante —entre instinto y entorno— es la que puede convertir un espacio aparentemente cómodo en un lugar hostil si no está bien adaptado. El estrés en los gatos no siempre se nota de inmediato, pero se acumula. Cambios bruscos, falta de refugios o rutinas alteradas pueden gatillar problemas de salud que van desde trastornos conductuales hasta enfermedades físicas. “Lo que ocurre si esto no se cumple es que los gatos se estresan y el estrés se traduce en enfermedades”, advierte Acuña.

Por eso, el concepto de bienestar felino se vuelve clave. No basta con comida, agua y una caja de arena. El hogar debe transformarse en un ecosistema donde el gato pueda trepar, esconderse, observar y, sobre todo, sentir control sobre su entorno. La lógica es simple pero profunda: un gato necesita territorio, aunque ese territorio sea un departamento de 60 metros cuadrados. Y en casas con más de un felino, la ecuación se vuelve aún más exigente, obligando a multiplicar recursos para evitar conflictos silenciosos.

El juego también deja de ser un accesorio y pasa a ser una necesidad biológica. No es solo entretención, es simulación de caza, descarga de energía y regulación emocional. Ignorar esto es desconocer una parte esencial de su comportamiento. A eso se suma el respeto por sus tiempos, su olfato y sus rutinas, aspectos que muchas veces chocan con la dinámica humana, más acelerada y menos predecible.

Pero incluso en espacios controlados, el riesgo no desaparece. El hogar está lleno de amenazas invisibles para un gato. Plantas como los lirios pueden ser letales, al igual que alimentos tan cotidianos como el chocolate o productos con xilitol. “Los lirios son sumamente tóxicos para los gatos. Pueden provocar una falla renal aguda”, advierte la especialista, subrayando que el peligro no siempre está donde uno lo imagina. A eso se suma un error frecuente y crítico: la automedicación. “No recomiendo que automediquen a ningún gato o perro”, recalca, poniendo especial énfasis en el paracetamol, que en felinos es directamente tóxico.

En paralelo, el seguimiento veterinario se vuelve parte del contrato invisible que implica tener un gato. Vacunas al día, esterilización y controles periódicos no son opcionales si se busca calidad de vida. Más aún considerando que un gato indoor puede vivir más de 20 años. Esa longevidad no es casualidad, sino el resultado de cuidados constantes y de una observación atenta a cualquier cambio, por mínimo que parezca.

Al final, tener un gato no es solo sumar un compañero silencioso al hogar, sino aceptar una convivencia con una especie que funciona bajo reglas distintas. En una generación que valora el bienestar, la conciencia y el vínculo emocional con los animales, entender esto no es un lujo, es parte del mínimo ético. Porque cuidar a un gato no es domesticarlo del todo, sino aprender a convivir con su naturaleza.

El scroll infinito que reconfigura la mente

La escena es cotidiana y silenciosa, pero profundamente reveladora. Un dedo que se desliza sin pausa sobre la pantalla, un video tras otro, una risa breve, un segundo de sorpresa y luego nada. En esa secuencia aparentemente inofensiva, se esconde una lógica que ya no solo pertenece a los casinos, sino que se instaló con fuerza en el ecosistema digital. Hoy, plataformas como TikTok están replicando mecanismos propios de los juegos de azar, generando una relación cada vez más intensa entre usuario y pantalla.

La explicación no es solo cultural, sino también neurológica. Al igual que las máquinas tragamonedas, el consumo de videos cortos activa el sistema de recompensa del cerebro mediante la dopamina, ese neurotransmisor que regula el placer, la motivación y la satisfacción. La diferencia es que aquí no hay fichas ni luces de neón, sino un algoritmo que aprende, predice y entrega estímulos diseñados para mantenerte enganchado el mayor tiempo posible.

El psicólogo y académico de la Usach, Rodrigo Rojas, lo plantea sin rodeos: “comparten pilares fundamentales como la recompensa variable, la anticipación y la incertidumbre sobre el próximo estímulo”. En ese sentido, el usuario no consume contenido de forma lineal, sino que entra en una dinámica de búsqueda constante de ese “video perfecto” que justifique seguir deslizando. La lógica es simple y efectiva: pequeñas dosis de satisfacción intercaladas con contenido irrelevante, replicando exactamente el patrón de las apuestas.

En esa línea, Rojas profundiza aún más en el comportamiento que se genera: “al igual que en una tragamonedas, el cerebro busca una “victoria” visual (un video que genere risa o sorpresa) entre mucho contenido irrelevante. Aunque no es ludopatía en sentido clínico estricto, la lógica conductual de repetición y uso compulsivo es idéntica”. La comparación no es menor, sobre todo cuando se observa el tiempo que los usuarios dedican diariamente a estas plataformas.

Los datos son contundentes y reflejan una transformación en los hábitos digitales. En Chile, el consumo de pantallas alcanza cerca de nueve horas diarias, con casi cinco horas desde smartphones y más de tres horas exclusivamente en redes sociales. En ese escenario, TikTok lidera la retención con un promedio mensual que supera las 45 horas por usuario. No es solo una app más, es un sistema diseñado para capturar atención de forma sostenida.

El problema no radica únicamente en el tiempo invertido, sino en cómo ese tiempo se experimenta. La ausencia de pausas naturales, como capítulos o finales definidos, genera una sensación de continuidad infinita que desdibuja la percepción del tiempo. Rojas advierte que “la arquitectura de estas apps prioriza la retención sobre la utilidad, manipulando la atención y reduciendo activamente la autonomía de la persona para dificultar su salida del sistema”. En otras palabras, no se trata solo de consumir contenido, sino de permanecer dentro de una estructura que hace cada vez más difícil salir.

Cuando se intenta cortar este ciclo, el impacto también es evidente. El cerebro, acostumbrado a estímulos rápidos y constantes, entra en un proceso de desajuste. “Se produce un desajuste temporal en el sistema de atención y recompensa. El individuo suele experimentar aburrimiento, inquietud y un deseo intenso o craving por volver a conectar. Además, se observa una baja tolerancia hacia cualquier tarea que requiera un ritmo lento o esfuerzo sostenido”, explica el académico. Lo que parece una simple pausa digital, en realidad, expone una dependencia más profunda de lo que muchos están dispuestos a admitir.

En un contexto donde casi la mitad de los jóvenes reconoce haber tenido problemas con el uso de internet sin lograr reducir su consumo, la discusión deja de ser anecdótica y se vuelve estructural. El scroll infinito ya no es solo una función, es un síntoma de una economía de la atención que compite por cada segundo disponible. Y en esa competencia, el usuario muchas veces deja de ser protagonista para convertirse en parte del mecanismo.

La obsesión por el clic y la ceguera estratégica de las marcas

Hay una pregunta que se repite como mantra cada vez que una marca se sienta a evaluar una campaña con creadores de contenido: “¿Y cuánto vendió?”. La inquietud es comprensible en un ecosistema donde cada peso debe justificar su retorno. Sin embargo, insistir en medir el influencer marketing como si fuera performance pura es, hoy, una de las formas más rápidas de tomar malas decisiones estratégicas. La conversión existe, sí, pero no siempre aparece de manera directa, inmediata ni perfectamente atribuible.

En la práctica, muchas marcas se obsesionan con encontrar una fórmula matemática que lo explique todo, al punto de transformar una colaboración en un comercial encubierto. El resultado suele ser predecible: contenido rígido, poco creíble y una audiencia que detecta el intento publicitario a kilómetros de distancia. En contraste, hay campañas que en los números “duros” parecen apenas correctas, pero que logran algo mucho más profundo: cambiar la conversación, instalar una marca en el imaginario colectivo y, sobre todo, entrar en una comunidad. Semanas después, las ventas aparecen, sin links milagrosos ni códigos forzados. Es el efecto acumulado haciendo su trabajo.

Ahí está la clave que muchos prefieren ignorar. El influencer marketing no se trata solo de empujar a alguien a comprar, sino de lograr algo infinitamente más difícil: que te crean. A diferencia de la publicidad de performance, donde el mensaje se controla casi por completo, en este terreno la comunicación pasa por un filtro humano. Y ese filtro humano es precisamente su mayor valor. La audiencia no sigue a un creador para recibir anuncios, lo sigue porque confía en su criterio, se identifica con su mirada y comparte códigos culturales. En ese contexto, una recomendación bien hecha se siente como conversación, no como publicidad. Cuando se fuerza, el castigo es inmediato.

Por eso, medir conversión “a toda costa” es una lógica objetable. En el afán de lograr trazabilidad perfecta, muchas veces se termina pidiendo un tipo de contenido que destruye lo que hace potente a este canal: la naturalidad, el tono propio y la credibilidad del creador. Se pueden usar códigos personalizados y atribuir compras, y funciona, pero también es una invitación constante a empujar el contenido hacia la venta directa. Se puede amplificar con pauta y optimizar conversiones, aunque en ese caso muchas veces no se está midiendo al influencer, sino a un buen creativo respaldado por media buying.

El problema no es usar estas herramientas. El problema es creer que representan toda la película. El influencer marketing vive, la mayor parte del tiempo, en la parte alta y media del embudo. Vive en el descubrimiento, en la repetición, en la familiaridad que se construye cuando una marca empieza a sentirse “obvia”. Esa validación no siempre se traduce en una compra inmediata. A veces aparece después, por otro canal o cuando surge una necesidad concreta.

Si se buscan resultados reales y sostenibles, no se puede tratar a los creadores como si fueran un medio más. No son un banner ni un spot reutilizable. Implican relaciones que se construyen con criterio, con un casting afinado, con briefs que dejan espacio y con colaboraciones que se sienten honestas. La pregunta clave no debería ser solo cuánto vendió, sino qué se está construyendo con esa colaboración y cómo se ve su impacto completo.

Cuando el influencer marketing está bien ejecutado, no solo vende. Instala, valida y genera conversación. Y cuando eso ocurre, la conversión deja de ser una apuesta de un día para convertirse en la consecuencia natural de algo mucho más sólido y difícil de copiar: la confianza.

El bar temático que se consolida como el hotspot del año

Santiago ya tiene su portal interdimensional oficial para esta temporada primavera-verano, y está escondido a plena vista: Nowas Cantina, el bar temático que desde su apertura viene empujando los límites de lo experiencial y que ahora expande su universo con nuevas aventuras, más inmersión y una carta que, literalmente, parece venir de otra galaxia. Mientras la ciudad se recalienta y los días se alargan, el hotspot galáctico promete convertirse en el refugio perfecto para quienes buscan mezclas de sabor, fantasía y espectáculos que rompen con la rutina terrestre.

Clasificado entre los mejores destinos temáticos del mundo, el restaurante vuelve a encender motores para entregar una experiencia prácticamente cinematográfica. Al cruzar su entrada, la atmósfera cambia: luces vibrantes surcan el espacio, hologramas flotan como si tuvieran vida propia y una nave lista para despegar domina el paisaje interior. Cada rincón rinde homenaje a la saga más legendaria del cine, y el icónico bar circular vuelve a posicionarse como el centro gravitacional de la diversión veraniega. Todo sucede mientras personajes temáticos recorren el recinto, moviéndose entre mesas y visitantes como si fueran parte de la historia oficial.

La gran novedad de esta temporada son las Nowas Nights, un formato after office pensado para quienes necesitan desconectar del día laboral sin perder el espíritu aventurero. Aquí es donde la cantina despliega lo mejor de su arsenal creativo. “Van a encontrar un restaurante lleno de sorpresas, con una carta diseñada para trasladarlos a otra galaxia y personajes temáticos por todo el recinto, pero cuidado con ellos, porque ¡a veces buscan hacer negocios de cazarrecompensas!”, bromea Sergio Carrizo, gerente de marketing de Nowas Cantina. Su advertencia no es solo un guiño: es parte del juego que convierte cada visita en un mini relato espacial.

Las Nowas Nights abrirán de lunes a viernes desde las 18:00 horas e incorporan una carta completamente renovada. Tablas para compartir, nuevos cocktails y mocktails inspirados en planetas desconocidos, shows en vivo, DJ’s que marcan el pulso interestelar, performers interactivos y recorridos por la tienda oficial—sí, con merchandising auténtico de la saga. Para quienes planifican con anticipación, hay un beneficio extra: un 20% de descuento en el total de la cuenta al reservar previamente. “La demanda es muy alta, por lo que les recomiendo reservar, así evitan la fila de la entrada y disfrutan del beneficio”, aconseja Carrizo. Y sí, también es el lugar perfecto para celebraciones corporativas épicas de fin de año.

Más allá del after office, Nowas Cantina se ha consolidado como un espacio versátil para eventos privados. La propuesta no solo ofrece inmersión, sino la posibilidad de adaptar la ambientación a la identidad de cada empresa o celebración. “Queremos que nuestros clientes vivan una experiencia única, inmersiva e inolvidable, en un lugar que es considerado a nivel mundial como uno de los mejores restaurantes temáticos”, afirma Carrizo. La cantina recibe desde cenas ejecutivas hasta lanzamientos creativos, sin olvidar los cumpleaños temáticos, que, según el equipo, son uno de los momentos más celebrados del año. “Nuestros cumpleaños son los mejores: los realizamos todo el año, con sorpresas temáticas que hacen que ese día sea realmente especial”, añade el ejecutivo.

Para eventos de gran escala, el espacio permite recibir hasta 200 personas con horarios flexibles, y su equipo culinario está preparado para construir menús personalizados que se ajusten a cada necesidad, incluyendo alternativas completamente veganas. En tiempos donde las experiencias importan tanto como los sabores, Nowas Cantina se posiciona nuevamente como un híbrido perfecto: un restaurante, un set de película y un punto de encuentro que desafía la monotonía del día a día en la ciudad.

Chile enfrenta sus brechas lingüísticas en la era de la IA

El nuevo EF English Proficiency Index 2025 aterrizó con fuerza en la discusión pública, no solo porque evalúa a 123 países y a más de dos millones de personas, sino porque marca un giro histórico: por primera vez incorpora habilidades de expresión oral y escrita medidas con inteligencia artificial. La herramienta, desarrollada por Efekta Education Group, expande la comprensión del dominio del inglés más allá de los test tradicionales y entrega una fotografía más completa de cómo las personas comprenden, hablan y escriben. “Gracias a la tecnología avanzada de Efekta, ahora podemos evaluar no solo lo que las personas comprenden mediante la escucha y la lectura, sino también cómo se expresan al hablar y escribir, algo esencial para fomentar el entendimiento entre culturas y fronteras”, afirmó Kate Bell, directora de Evaluación de EF y autora del informe global.

La publicación del ranking dejó en claro que Europa mantiene su hegemonía, con Países Bajos nuevamente a la cabeza, seguido de Croacia y Austria, mientras Alemania sube posiciones con fuerza. Aun así, el informe evidencia que la expresión oral sigue siendo el talón de Aquiles global, un flanco que se repite incluso en países con sistemas educativos robustos. Los jóvenes menores de 25 años continúan mostrando niveles más bajos que generaciones mayores—aunque hoy navegan en internet desde que tienen memoria—un fenómeno que se intensificó pospandemia y que sigue sin corregirse del todo.

En el caso de Chile, el resultado vuelve a ubicar al país en una zona intermedia. Con 488 puntos y el puesto 54 del ranking mundial, el territorio completa otro año en la categoría de nivel medio. Sin embargo, el mapa interno revela una desigualdad pronunciada: la Región Metropolitana lidera con 560 puntos, mientras Valparaíso y Biobío rozan cifras similares. Pero la curva cae abruptamente en Atacama y Los Lagos, que se posicionan como las regiones con menor dominio del inglés, dejando a la vista que la brecha territorial sigue siendo uno de los desafíos más difíciles de corregir.

Cuando se observan los sectores laborales, Chile muestra su propia lógica. Quienes trabajan en estrategia y gestión de proyectos encabezan los puntajes con 624 puntos, seguidos de cerca por profesionales de IT y recursos humanos. En el extremo contrario, los estudiantes marcan el promedio más bajo de todo el estudio con 453 puntos. Esta cifra reafirma la fragilidad del inglés en la formación temprana, un punto crítico considerando que es precisamente en esa etapa donde se construyen las habilidades que determinan competitividad futura. Hacia el interior de las competencias, lectura y comprensión auditiva vuelven a ser los puntos fuertes del país, mientras la expresión oral —con 439 puntos— se mantiene como la principal deuda.

El factor generacional revela un patrón interesante: en Chile, las mejores puntuaciones se concentran en personas entre 26 y 30 años, seguidas del segmento de 31 a 40 años y luego los jóvenes de 21 a 25 años. Los menores de 20 años muestran los niveles más bajos, mientras que quienes tienen más de 40 años se ubican en un punto intermedio. Todo indica que el dominio del inglés aumenta cuando las personas entran al mundo laboral, viajan más, interactúan con mercados internacionales y acceden a capacitaciones corporativas que el sistema educativo no logra suplir.

En cuanto a género, los resultados vuelven a mostrar una brecha, aunque cada vez más estrecha. Los hombres obtuvieron 529 puntos, superando a las mujeres con 505 puntos. EF destaca que la diferencia es menor que en mediciones anteriores y que esto coincide con la tendencia global: una reducción progresiva de la brecha gracias a mayores oportunidades de acceso a la educación y capacitación en múltiples industrias.

Más allá de las cifras, el informe insiste en que el inglés se ha convertido en un puente hacia la innovación, el empleo y la colaboración global, especialmente en un momento donde la inteligencia artificial redefine el aprendizaje y transforma los mercados laborales. En un mundo hiperconectado, dominar el idioma ya no es un plus curricular: es un requisito para navegar plataformas, tecnologías y comunidades sin fronteras. Para Chile, este ranking funciona como un diagnóstico y también como una alerta. El país avanza, pero no lo suficiente. La brecha territorial, generacional y formativa sigue siendo profunda y, mientras no se aborde con políticas públicas robustas, Chile continuará compitiendo en una cancha inclinada.

Influencers bajo presión tras controversias y leyes más estrictas en China

Kim Kardashian volvió a incendiar internet. Esta vez no fue por un look viral ni por un nuevo emprendimiento, sino por poner en duda uno de los hitos más documentados del siglo XX: el aterrizaje en la Luna de 1969. “Van a decir que estoy loca de todas formas. Pero entren a TikTok. Véalo cada quien por sí mismo”, lanzó la empresaria en un episodio reciente de The Kardashians, donde compartió con la actriz Sarah Paulson una colección de artículos y videos que la habrían convencido de que el alunizaje fue un montaje. Su comentario se propagó como pólvora y activó, incluso, una respuesta de la Nasa. “Sí, hemos estado en la Luna antes… ¡seis veces!”, escribió en X Sean Duffy, administrador de la agencia espacial estadounidense, intentando poner freno a la ola conspirativa amplificada por la celebridad.

La escena fue una demostración clara de cómo opera el ecosistema digital contemporáneo: una figura influyente cuestiona un hecho histórico, las redes amplifican el ruido y millones de personas reciben información moldeada por algoritmos antes que por evidencia. No es nuevo, pero cada episodio sube la temperatura del debate sobre la desinformación global y el rol de los llamados “expertos digitales”, que levantan teorías, diagnósticos o consejos sin formación formal en los temas que comentan. Fue justamente para enfrentar este fenómeno que la Administración del Ciberespacio de China (CAC) anunció una de las medidas regulatorias más estrictas del último tiempo.

La nueva normativa obliga a influencers y streamers chinos a mostrar públicamente sus credenciales profesionales para hablar de temáticas sensibles como salud, educación, leyes o economía. Plataformas como Douyin, Bilibili y Weibo deberán verificar títulos, exigir fuentes verificables y aclarar si el contenido proviene de estudios, informes, inteligencia artificial o simples opiniones. No es una recomendación, sino un mandato estatal. La intención declarada: combatir la desinformación que circula a diario en redes y que, en casos extremos, pone en riesgo la seguridad pública.

El publicista y académico de la Usach, Juan Francisco Ugarte, observa esta medida con matices. “En general se advierte un movimiento drástico y polarizador, aunque tiene sus pro y contra, dependiendo el contexto”, comenta. Entre los beneficios, destaca que “una medida como esta busca profesionalizar la información aumentando los parámetros de credibilidad en medios digitales, ‘protegiendo’ de cierta manera a los usuarios de los ‘expertos falsos’ (como la situación que se vivió con Kim Kardashian) e incentivando a las plataformas digitales a asumir una cierta responsabilidad activa en la moderación de contenido”. Pero esa no es toda la historia.

Ugarte advierte que esta política también puede transformarse en un mecanismo de censura. “Se puede notar que una decisión como esta representa una forma de censura tecnocrática o ‘filtro ideológico’. En un país con estricto control mediático como lo es China, esto puede utilizarse para silenciar voces críticas o perspectivas que no se alinean con la narrativa oficial”, afirma. Además, señala que medidas tan rígidas podrían impedir que experiencias personales valiosas —como la de alguien que supera una enfermedad y comparte su proceso— tengan espacio en la conversación pública por no cumplir con credenciales formales.

A nivel global, el académico es enfático: regular todas las redes sociales bajo una única normativa es imposible. “No, no es posible regular las redes sociales a nivel mundial con una única ley o entidad, sobre todo si pensamos en la soberanía nacional y diferencias culturales: Cada país tiene su propia legislación, Constitución, estándares culturales y sistemas políticos”, explica. Lo que puede ser considerado discurso peligroso en un territorio, en otro es visto como una libertad fundamental. Y ahí está la tensión: cómo equilibrar el combate a la desinformación sin aplastar la libertad de expresión.

En democracias occidentales, según Ugarte, la línea suele estar clara: se actúa cuando la información falsa constituye incitación a la violencia, fraude, difamación o un riesgo real para la salud pública. En ese sentido, teorías como “el alunizaje es falso” no entran en ese rango, aunque sean erróneas, mientras que consejos financieros engañosos sí lo hacen. “El riesgo de la regulación es que el Estado utilice la lucha contra la desinformación como pretexto para limitar la crítica política o la información incómoda, cruzando la línea hacia la censura”, concluye. Y así, entre conspiraciones virales, influencers hiperexpuestos y gobiernos endureciendo el control digital, el futuro de la conversación pública global sigue siendo un territorio en disputa.

Los “hermanos riñones” que conquistaron TikTok

En TikTok, donde los trends van y vienen al ritmo de los algoritmos, un video protagonizado por dos personajes disfrazados de riñones rompió la barrera del simple entretenimiento. Con humor y ternura, los llamados “hermanos riñones” lograron explicar de manera directa por qué beber agua no es solo un acto reflejo de sed, sino una necesidad vital para mantener el equilibrio del cuerpo. El clip, que muestra a ambos órganos intentando compensarse hasta colapsar por deshidratación, deja una moraleja clara y urgente: sin agua, el cuerpo no puede sostenerse.

El impacto fue inmediato. En cuestión de días, miles de usuarios y usuarias comentaron que habían cambiado su relación con el agua. Algunos reemplazaron las bebidas azucaradas por botellas reutilizables, otros instalaron recordatorios para hidratarse a lo largo del día. Lo que comenzó como una pieza lúdica terminó generando un cambio conductual real en un público joven que suele informarse y educarse a través de las redes. En tiempos de infoxicación, donde la desinformación circula con la misma velocidad que los memes, este tipo de contenido se vuelve un puente entre el conocimiento científico y el lenguaje cotidiano.

La nutricionista Daniela González, académica de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Santiago, valora este tipo de iniciativas digitales: “Ilustran la importancia de algunos hábitos”, señala, aunque también advierte que “a veces se corre el riesgo de decir cualquier cosa detrás de un personaje sin evidencia científica”. Su llamado es claro: el humor y la pedagogía pueden coexistir, pero deben hacerlo con responsabilidad. La línea que separa el dato útil de la pseudociencia es delgada, especialmente en plataformas donde lo viral pesa más que lo verificado.

Desde el punto de vista médico, González aclara que la recomendación general es consumir alrededor de dos litros de agua al día —unos ocho vasos—, aunque la cifra no es una fórmula rígida. “Dependerá de las circunstancias de cada persona. Si realiza actividad física intensa, vive en un clima seco o tiene una dieta alta en proteína y fibra, probablemente necesitará más agua. Lo mismo si presenta fiebre, vómitos o diarrea, porque el cuerpo pierde líquido más rápido”, explica. En resumen, no hay un número mágico: el cuerpo avisa, y hay que aprender a escucharlo.

Entre las señales que indican falta de agua, la especialista menciona la sed, la boca seca, la reducción de la orina o su color oscuro. “Algunas veces se puede sentir cansancio, debilidad o dolores de cabeza, porque la falta de agua reduce el rendimiento físico y mental”, agrega. Son signos simples pero decisivos que, como muestran los “hermanos riñones”, pueden pasar desapercibidos hasta que el organismo empieza a resentirse.

Más allá de la moda del “agua challenge”, los expertos recuerdan que este líquido no solo hidrata, sino que es el motor de la vida. Cerca del 65% de nuestro peso corporal es agua, y cada célula depende de ella para funcionar. “Tiene un rol súper importante en la regulación de la temperatura corporal, a través del sudor. También actúa como lubricante de las articulaciones, protege órganos y tejidos sensibles, y mantiene la estructura de las células”, detalla González. No beber agua puede llegar incluso a ser incompatible con la vida, advierte, porque el agua participa en todos los procesos vitales, desde la eliminación de toxinas hasta la protección de los órganos internos.

El viral de los “hermanos riñones” no solo entretuvo: recordó, entre risas y drama, una verdad que a menudo olvidamos. En una era saturada de información y estímulos, a veces basta una historia simple, dos trajes de felpa y un mensaje honesto para que millones recuerden lo esencial. Beber agua no es una moda. Es supervivencia.