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Por qué Chile se volvió el nuevo chiste geográfico de internet

Chile volvió a convertirse en material para el algoritmo. Durante los últimos días, TikTok, Instagram y Reddit se llenaron de memes que llevan una característica evidente del territorio nacional hasta el absurdo: su particular forma larga y estrecha. La idea es simple, pero precisamente ahí parece estar parte de su éxito. Habitaciones donde apenas cabe una cama, personas exageradamente altas y delgadas, buses imposibles de angostos y hasta versiones ficticias del Metro comenzaron a circular como una caricatura colectiva de la geografía chilena.

Lo interesante es que esta vez la broma no quedó únicamente en manos de usuarios extranjeros. Los propios chilenos comenzaron a replicar, adaptar y llevar todavía más lejos el concepto, convirtiendo el meme en una especie de competencia por encontrar la representación más absurda posible del país. Para Juan Francisco Ugarte, académico del Departamento de Publicidad e Imagen de la Usach, esa reacción ayudó directamente a que el contenido siguiera circulando.

“lo llamativo de esto es que los chilenos, en vez de tomárselo mal, se lo tomaron también con humor. Entonces eso realimentó en el fondo el algoritmo”, explica el académico. La dinámica es conocida en las plataformas: una publicación genera una reacción, esa reacción se convierte en nuevo contenido y el ciclo vuelve a comenzar. En este caso, el objeto de la broma dejó de ser únicamente Chile visto desde afuera y pasó a convertirse también en una herramienta para que los propios usuarios construyeran nuevas versiones del meme.

“En vez de tomarlo como algo ofensivo, la gente lo tomó con humor y las personas del país también empezaron a crear otros memes que superan a los que pueden hacer en el extranjero, porque Chile es un país de memes”, señala Ugarte. El fenómeno se beneficia además de una característica básica de la cultura digital: no hace falta conocer demasiado sobre Chile para entender el chiste. La silueta del país funciona prácticamente como una imagen de lectura instantánea.

“Yo creo que se viralizó rápido porque claro, es un humor más visual, es simple, se entiende. El país se ve angosto, se ve largo, es muy flaquito. Entonces es muy fácil hacer, es muy fácil entenderlo sin saber dónde está exactamente o conocer Chile. Porque nuestro territorio en el resto del mundo no es muy conocido”. A eso se suma que la fórmula puede ser replicada por cualquier usuario, sin necesidad de grandes conocimientos de edición ni de contexto.

Como ocurre con buena parte de los fenómenos nacidos en redes, la duración es más difícil de anticipar que su velocidad de expansión. Según Ugarte, este tipo de memes puede tener una ventana de circulación particularmente intensa de entre una y tres semanas, aunque su permanencia dependerá de la capacidad de los usuarios para seguir encontrando nuevas formas de explotar la misma idea. Con el tiempo, el contenido puede perder fuerza como tendencia masiva, pero algunas bromas terminan convirtiéndose en referencias culturales reconocibles.

Ahí aparece el ejemplo de Australia. Ugarte recuerda cómo la idea de que “cualquier cosa en Australia te mata” pasó de ser una broma recurrente en internet a instalar una imagen reconocible internacionalmente sobre la fauna australiana y sus características. Chile podría seguir un camino parecido si la exageración de su forma territorial consigue trascender el ciclo habitual de un meme. “Puede ser que trascienda un poco como lo de Australia, por ejemplo. Todo el mundo sabe que tiene una fauna bastante particular”, concluye el experto. Por ahora, la fórmula sigue funcionando: mientras más angosto, más absurdo y, aparentemente, más chileno.

La economía chilena pierde fuerza en 2026 pero mira hacia 2027

La economía chilena llega al último tramo de 2026 con un ritmo menor al esperado. Así lo planteó la presidenta del Banco Central, Rosanna Costa, durante la presentación del Informe de Política Monetaria (IPoM) en la Facultad de Administración y Economía de la Universidad de Santiago. El escenario descrito combina un primer trimestre afectado principalmente por factores de oferta con una demanda interna más débil durante el segundo trimestre, además de un deterioro del mercado laboral y de los indicadores de confianza.

El ajuste también se refleja en las proyecciones. El Banco Central redujo su rango estimado de crecimiento del PIB para 2026 desde 1%-1,75% a 0,25%-0,75%. El consumo privado cerraría el año con un crecimiento estimado de 1,7%, mientras que la formación bruta de capital fijo, utilizada como referencia para la inversión, tendría una variación de -0,3%. El escenario incorpora además los efectos de condiciones climáticas adversas y una menor producción minera.

Costa, quien expuso ante autoridades universitarias y estudiantes de carreras como Ingeniería Comercial y Contador Público y Auditoría, planteó que el escenario podría cambiar durante los próximos años. “a partir de 2027, la economía retomará una senda de mayor expansión, en lo que jugaría un rol relevante la Ley de Reconstrucción, principalmente, por su impacto sobre la inversión”. Según el IPoM, esta legislación aportaría alrededor de 0,5 puntos porcentuales al crecimiento anual de 2027 y 2028, aunque el propio Banco Central advierte que su implementación podría generar un impulso diferente al considerado en el escenario central.

Las proyecciones apuntan a un crecimiento de entre 2% y 3% para 2027 y de entre 2,25% y 3,25% para 2028. El Banco Central espera que la inversión vuelva a tomar fuerza durante ese período, junto con una recuperación gradual del consumo privado. En paralelo, la institución mantiene su estimación de que la inflación convergerá hacia el 3% durante el segundo trimestre de 2027, después de un 2026 marcado por el impacto del precio de los combustibles.

El escenario, sin embargo, sigue expuesto a factores externos. Costa señaló que la incertidumbre geopolítica continúa siendo relevante y que el precio del petróleo ha vuelto a superar los US$100 por barril, con efectos sobre sus derivados. En el frente interno también persisten riesgos, aunque existe la posibilidad de que una recuperación más fuerte de la demanda lleve a una actividad superior a la contemplada actualmente. El Banco Central mantiene así la evaluación de la política monetaria reunión a reunión, en función de la evolución de la economía y de la inflación.

Otro elemento observado por Costa es la inversión vinculada a grandes proyectos productivos. “Hay algunos proyectos mineros que terminaron en el segundo trimestre y que se esperaba que terminaran más adelante, y eso también tiene una incidencia. Cuando vemos el catastro de proyectos de inversión, el catastro ha estado sistemáticamente mostrando nuevos proyectos relevantes”, explicó. De acuerdo con el IPoM, el catastro de la Corporación de Bienes de Capital registró un aumento de 15% en los montos totales de inversión previstos para el bienio 2027-2028, en un contexto marcado también por un precio del cobre elevado.

Discurso de Kast ante la ONU abre debate sobre la imagen de Chile

La primera intervención de José Antonio Kast como Presidente de Chile ante la Asamblea General de Naciones Unidas abrió un nuevo debate sobre la forma en que el Gobierno presenta al país frente a la comunidad internacional. El mandatario expuso el martes 22 de septiembre en Nueva York, en el marco del 81º período de sesiones de la Asamblea General, donde también planteó críticas al funcionamiento de la ONU y abordó materias vinculadas con seguridad, economía y política internacional.

Tras la intervención, el director del Departamento de Estudios Políticos de la Universidad de Santiago, Marcelo Mella, analizó el discurso en Línea Uno de Radio Usach. El académico cuestionó que el foro internacional fuera utilizado, a su juicio, para reiterar una narrativa asociada al diagnóstico de campaña del actual Gobierno, particularmente la idea de que Chile atravesaba una situación de deterioro que su administración estaría encargada de revertir.

“Utilizar este foro para denostar al país y volver al diagnóstico de campaña, de que Chile estaba destruido y que él lo ha venido a recuperar, me parece que contribuye a aumentar el nivel de desconfianza de actores que no son necesariamente MAGA (acrónimo de “Make America Great Again”) o no son necesariamente trumpistas y que con este discurso no tienen ninguna buena razón para apostar por Chile”, indicó.

Para Mella, el punto central está relacionado con la necesidad de generar confianza para atraer inversiones y capitales al país. Desde su perspectiva, una economía que busca posicionarse internacionalmente requiere construir certezas entre los actores privados, mientras que una narrativa centrada en una situación de crisis puede producir el efecto contrario. El académico sostuvo que la reiteración de este diagnóstico también puede afectar la percepción sobre la propia administración.

“El daño a la imagen de Chile es algo que el presidente Kast no lo ha calibrado e insiste en una fórmula que ya dentro del país tiene dilapidada la confianza de la opinión pública en su gobierno”, planteó.

El politólogo también vinculó su análisis con la composición de los equipos de asesoría del Ejecutivo. Según Mella, tanto durante la administración de Gabriel Boric como en el actual Gobierno existiría una falta de trayectoria política entre algunas de las personas que ocupan posiciones estratégicas en el denominado “segundo piso”, estructura que concentra parte de las labores de asesoría presidencial.

Su crítica apunta específicamente a la experiencia de quienes participan en la toma de decisiones y en la construcción de la estrategia política del Ejecutivo. Mella sostuvo que la ausencia de trayectoria en funciones de Estado puede generar consecuencias que trasciendan la coyuntura y tengan efectos de largo plazo. El debate queda así instalado entre la comunicación política del Gobierno, la proyección internacional de Chile y la capacidad de sus equipos para administrar decisiones con impacto más allá de la agenda doméstica.

El ruido de sables que cambió el rumbo político de Chile en 1924

Hace poco más de un siglo, Chile atravesó una crisis política que terminó cambiando la estructura del Estado y devolviendo a los militares al centro de la escena nacional. En septiembre de 1924, un movimiento protagonizado por oficiales del Ejército presionó al Congreso, precipitó la salida del presidente Arturo Alessandri Palma y terminó con la clausura del Parlamento. El episodio, conocido como el “ruido de sables”, abrió un período de inestabilidad que culminaría al año siguiente con una nueva Constitución y el retorno a un régimen presidencial.

La crisis, sin embargo, no comenzó de un día para otro. El sistema parlamentario que predominaba desde 1891 arrastraba conflictos vinculados al estancamiento legislativo, la denominada “cuestión social”, las demandas de nuevos sectores sociales y una creciente tensión entre el Ejecutivo y el Congreso. La crítica al funcionamiento del régimen se había intensificado desde la época del Centenario y, durante el gobierno de Alessandri, las dificultades para avanzar con su programa de reformas sociales profundizaron el escenario.

“Lo primero que hay que comprender es que el sistema parlamentario venía dando señales de agotamiento desde antes de 1920. De hecho, la crisis del centenario en 1910 ya mostraba una profunda crítica al régimen por su incapacidad para responder a los desafíos del siglo XX”, explica Nicolás Molina, académico de la Facultad de Derecho de la Universidad de Santiago. El especialista plantea que el conflicto no puede reducirse simplemente a una supuesta desconexión entre parlamentarios y ciudadanía, ya que dentro del Congreso existían distintas posiciones respecto de las reformas laborales y sociales.

El momento que quedó grabado en la historia llegó a comienzos de septiembre de 1924, cuando oficiales jóvenes acudieron a las tribunas del Senado mientras se discutía la dieta parlamentaria. El sonido de los sables al abandonar el recinto terminó convirtiéndose en el símbolo del movimiento. Lo que inicialmente fue una protesta de la oficialidad evolucionó rápidamente hacia una presión política sobre el Gobierno y el Congreso. El 11 de septiembre, Alessandri dejó el poder y una Junta de Gobierno asumió el control, mientras el Parlamento fue disuelto.

Para Molina, detrás de aquella escena existía una acumulación de problemas económicos, sociales y políticos. “Aparecieron actores que exigieron ser escuchados en un contexto reservado a las élites, como el proletariado, la clase media y, por supuesto, los propios militares, quienes en su mayoría pertenecían a esos sectores medios emergentes”. El episodio reflejó así un país que estaba cambiando y donde grupos que habían tenido una participación limitada en las decisiones políticas comenzaban a disputar un espacio mayor.

El movimiento militar también tuvo una dimensión inesperada para la época. La presión de los oficiales coincidió con un malestar que atravesaba distintos sectores de la sociedad y con la percepción de que el sistema político no estaba respondiendo con suficiente rapidez a las demandas existentes. La aprobación acelerada de varias leyes sociales después de la irrupción militar fue parte de ese proceso, aunque la crisis terminó excediendo las reivindicaciones originales y desembocó en una ruptura institucional.

“El comité militar representa, en un sentido concreto, un Golpe de Estado. Quizás fue menos visible y menos dramático que el de 1973, pero en un Estado de Derecho donde la jefatura de gobierno recae en el Presidente, que un comité militar se siente a su lado es una anomalía por donde se le mire”, afirma el académico. El proceso tampoco terminó con la primera Junta de Gobierno: en enero de 1925, un nuevo movimiento militar desplazó a esa Junta y abrió el camino para el retorno de Alessandri, quien reasumió la Presidencia en marzo de ese año.

El desenlace fue una transformación profunda del sistema político. La Constitución promulgada el 18 de septiembre de 1925 estableció un régimen presidencial con una separación más definida de poderes y puso fin al predominio parlamentario que había caracterizado las décadas anteriores. Con ella comenzó una nueva etapa institucional que marcaría buena parte de la historia política chilena del siglo XX.

El “ruido de sables” de 1924 quedó así como uno de los episodios que mejor muestran cómo una crisis institucional puede acumularse durante años antes de estallar. Más que una escena aislada protagonizada por militares molestos por una votación parlamentaria, fue el resultado de tensiones entre un sistema político debilitado, nuevas demandas sociales, dificultades económicas y una sociedad que estaba cambiando. Un siglo después, aquel septiembre sigue siendo una pieza clave para entender cómo Chile pasó del parlamentarismo a un presidencialismo que marcaría su siguiente etapa política.

La minería chilena entra en una nueva era de automatización

La minería chilena enfrenta un escenario donde producir más ya no depende únicamente de aumentar la capacidad de las faenas. La gestión de activos, la automatización y el uso de inteligencia artificial están tomando un rol cada vez más relevante para mantener la productividad y la continuidad operacional, especialmente frente a desafíos como la disminución de las leyes de los minerales. Ese fue uno de los ejes de la charla “Gestión de activos en minería: desafíos y palancas para excelencia operacional”, realizada en la Universidad de Santiago.

Durante el encuentro, realizado en el Auditorio del Departamento de Ingeniería Industrial, el gerente corporativo de mantenimiento de Codelco, Iván Tobar, abordó los avances tecnológicos de la compañía y los desafíos relacionados con seguridad y manejo de riesgos. Frente a estudiantes y académicos, también recordó el accidente ocurrido hace poco más de un año en la División El Teniente, donde seis trabajadores fallecieron y cuyas causas continúan siendo investigadas.

Tobar enfatizó que la productividad no puede imponerse sobre la seguridad. El ejecutivo sostuvo que no existe una meta productiva que justifique un accidente y planteó que, aunque Codelco tiene la responsabilidad de producir, no puede hacerlo a cualquier costo. En ese contexto, explicó que actualmente más de 40 camiones y cargadores autónomos operan en El Teniente, mientras parte de estos equipos son controlados de manera remota desde Rancagua, a unos 50 kilómetros del yacimiento. “Lamentablemente los accidentes nos enseñan que hay que aprender, modificar, y mejorar todos los sistemas de seguridad”, insistió.

La incorporación de tecnología también está modificando la forma en que se monitorean los equipos mineros. Según Tobar, Codelco alcanzó un 40% de mejora en la producción mediante el uso de inteligencia artificial y obtuvo más de un 15% de aumento en la recuperación de minerales. La automatización permite además anticiparse a eventuales problemas mecánicos mediante sensores capaces de transmitir datos de manera permanente, reemplazando procesos que antes requerían controles presenciales en terreno.

El avance hacia operaciones autónomas ya se encuentra en etapa de pruebas en prácticamente todas las faenas asociadas a la corporación. Tobar explicó que, al comparar flotas autónomas con aquellas que utilizan operadores, los equipos presentan menores gastos desde el punto de vista mecánico. El cambio no solo implica incorporar máquinas capaces de operar con menor intervención humana, sino también desarrollar sistemas capaces de interpretar grandes cantidades de información y anticipar fallas antes de que estas interrumpan la operación.

La discusión también abordó el futuro de la demanda mundial de cobre, especialmente por el avance de la electrificación y la electromovilidad. Tobar sostuvo que el mundo necesitará 37 millones de toneladas de cobre fino hacia 2050 y recordó que Chile mantiene una posición relevante en el mercado global. “Nosotros como chilenos estamos bien posicionados en el mundo al producir el 24% del cobre mundial y de ese porcentaje un 5% lo produce Codelco”, manifestó.

La transición hacia vehículos eléctricos aparece como uno de los factores que podrían aumentar la presión sobre la disponibilidad del metal rojo. “un auto a combustión interna cuenta con 25 kilos de cobre mientras que los autos eléctricos requieren entre 60 y 70 kilos”, explicó Tobar. Para la Universidad de Santiago, este escenario también abre espacio para una mayor colaboración entre la academia y la industria. El rector Pedro Palominos destacó que el encuentro “que marca un hito importante para conocer de primera fuente las problemáticas y desafíos de Codelco”, planteando que la vinculación entre ambos sectores puede contribuir al desarrollo de soluciones tecnológicas locales frente a los desafíos que enfrenta la minería chilena.

Cómo detectar una posible estafa al cargar combustible

Una denuncia realizada por el creador de contenidos Rodrigo Fernández, conocido como “Otakin”, volvió a poner bajo la lupa las posibles irregularidades que pueden ocurrir al momento de cargar combustible. El hecho ocurrió en una estación de servicio Aramco de Hualpén, en la Región del Biobío, donde el afectado aseguró haber pagado $30.000 por una carga que no habría sido suministrada a su vehículo. Tras solicitar la presencia de Carabineros, según su relato, personal policial habría constatado un “proceso irregular de carga”.

Más allá de este caso particular, existen algunas señales que los conductores pueden revisar para detectar eventuales inconsistencias antes de abandonar una estación de servicio. El académico de la Universidad de Santiago y jefe de la carrera de Ingeniería Civil en Mecánica, Matías Pacheco, explica que una de las modalidades consiste en aprovechar el registro de una carga anterior para hacer creer al cliente que el combustible solicitado efectivamente fue suministrado.

“Los principales métodos de estafa que conozco es que te tratan de engañar con la misma carga de combustible. Esto es que te engañan para creer que cargaste y no fue así”, señala Pacheco. Según explica, una eventual manipulación puede producirse cuando, después de una carga previa, el monto visible en el surtidor es modificado sin iniciar correctamente una nueva operación, manteniendo en pantalla los litros y el valor asociados al cliente anterior.

Por eso, una de las primeras recomendaciones es tan simple como mirar el contador antes de que comience la carga. “Siempre fijarse que el contador de litros de la estación parta de 0 y empiece a subir de a poco”, enfatiza el académico. También resulta útil conocer aproximadamente cuánto combustible necesita habitualmente el vehículo, ya que una referencia sobre los litros que suelen ingresar al estanque permite identificar diferencias entre lo solicitado y lo efectivamente cargado.

Otra situación que requiere atención ocurre cuando el trabajador informa que hubo un error en el monto solicitado y propone completar posteriormente la diferencia. “Uno llega a cargar $40.000 y en la estación le dicen ‘perdón, le había escuchado 20, ahora pongo 20 más’. En ese caso una posibilidad es que los primeros $20.000 hayan hecho lo que comenté anteriormente y luego te cargan solo $20.000 y no los $40.000 originalmente solicitados”, sostiene Pacheco. Ante este tipo de escenarios, recomienda comprobar que el monto final corresponda exactamente a la cantidad de combustible solicitada.

El académico también plantea una medida preventiva poco habitual: evitar, cuando sea posible, montos completamente cerrados. “Otra forma es pedir montos no cerrados, por ejemplo $19.000, así no pueden usar lo anterior”, afirma. La idea es dificultar que un registro previo pueda confundirse con la nueva operación y, al mismo tiempo, mantener un mayor control sobre el monto que aparece en el surtidor.

La boleta, finalmente, puede convertirse en una de las principales herramientas para comprobar que la operación corresponde efectivamente a la carga realizada. Pacheco recomienda revisar la fecha y el horario del documento y conservarlo después del pago. “Que la boleta que le den a uno corresponda a la fecha y horario, incluso los minutos aproximados, para que no sea una anterior del mismo día”, explica. También considera que utilizar la aplicación de la propia estación puede agregar una capa adicional de trazabilidad, aunque advierte que “no es 100% seguro”. En cualquier caso, revisar el contador desde cero, verificar los litros y el monto final y guardar el comprobante permite al conductor tener mayor control sobre una operación que muchas veces ocurre en cuestión de minutos.

El terremoto que obligó a Chile a aprender a convivir con los sismos

A las 19:55 horas del 16 de agosto de 1906, la tierra comenzó a moverse frente a las costas de Valparaíso. El terremoto, cuya magnitud se estima entre 8,2 y 8,6 Mw, se prolongó durante varios minutos y fue seguido por un segundo movimiento de gran intensidad. La ciudad puerto quedó devastada: entre el 60% y el 80% de sus edificaciones resultaron destruidas, mientras un tsunami, incendios y una posterior crisis sanitaria profundizaron una tragedia que dejó entre tres mil y cuatro mil personas fallecidas. Pero el desastre también terminó convirtiéndose en uno de los puntos de inflexión más importantes para la ciencia, la ingeniería y las políticas públicas chilenas.

El terremoto se sintió desde Tacna hasta Puerto Montt y afectó también a ciudades como Viña del Mar, Illapel y Talca. En una época en que la sismología todavía estaba lejos de contar con las herramientas actuales, la magnitud de la destrucción obligó al Estado a cambiar su manera de entender los terremotos. “En apenas doce meses, el planeta registró al menos seis terremotos de magnitud cercana o superior a 8,0 en lugares tan distintos como Ecuador, Alaska, Chile, Nueva Guinea, China y California, además de un evento 7,4 en Japón, que ocurrieron cuando la sismología era todavía una disciplina en una etapa de desarrollo inicial, con redes de instrumentación escasas y que tendían a sobreestimar las magnitudes”, explica Gabriela Herrera, investigadora del Programa Riesgo Sísmico de la Universidad de Chile.

La respuesta institucional comenzó a tomar forma cuando el gobierno de Pedro Montt impulsó la creación de un organismo dedicado al estudio de los terremotos. El 1 de mayo de 1908 nació el Servicio Sismológico de Chile, antecedente directo del actual Centro Sismológico Nacional, que hoy funciona en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile. Para Sergio Barrientos, director del CSN, el terremoto de Valparaíso “hizo que las autoridades de la época entendieran la importancia de estudiar los sismos que ocurrían en Chile, así como sus efectos”. La llegada del especialista Fernand Montessus de Ballore y la instalación de estaciones de monitoreo en distintos puntos del país marcaron el inicio de una institucionalidad científica que terminaría convirtiendo a Chile en referente internacional en materia sísmica.

Pero la tragedia también cambió la manera de construir. La destrucción dejó en evidencia que algunos sistemas estructurales resistían mejor que otros, impulsando el uso de hormigón armado, muros cortafuegos y estructuras metálicas en reemplazo de parte de las construcciones de adobe y albañilería simple. El académico Rubén Boroschek explica que “La necesidad de masificar el conocimiento de aquello que aprendemos en cada terremoto, en particular Valparaíso 1906 y Talca 1928, llevó a que las primeras regulaciones del diseño sísmico aparecieran a mediados de los años 1930”. Con los terremotos posteriores, Chile fue acumulando datos y experiencia para perfeccionar sus normas, un proceso en el que la Universidad de Chile tuvo un papel central y que actualmente es observado incluso por países como Turquía y Nueva Zelanda.

El desastre también expuso una dimensión menos visible de los terremotos: la crisis sanitaria que aparece cuando colapsan las condiciones básicas de una ciudad. La falta de agua potable, el hacinamiento, los escombros y los cadáveres generaron un escenario propicio para enfermedades como la viruela y el tifus. “El terremoto de 1906 en Valparaíso desnudó la determinación social de la salud: el hacinamiento y la falta de agua potable convirtieron el desastre en una letal crisis de viruela y tifus”, explica Viviana Ulloa Pino, subdirectora del CITRID y académica de la Facultad de Medicina. La instalación de puestos médicos, brigadas sanitarias y espacios de atención de emergencia terminó acelerando procesos que posteriormente contribuirían a la profesionalización de la salud y a la creación de nuevas políticas sanitarias.

En medio de esa emergencia también aparecieron los estudiantes de la Universidad de Chile. Jóvenes que participaron en labores de apoyo, curación y asistencia a las comunidades afectadas comenzaron a construir una tradición de organización estudiantil vinculada con las necesidades del país. Javier Concha, secretario general de la FECh, recuerda que “hace 120 años, frente al terremoto de Valparaíso, los estudiantes de la Universidad de Chile se organizaron para responder a las necesidades de las comunidades afectadas. Ese impulso de organización y de solidaridad fue parte del contexto que dio origen a la FECh en 1906 y que ha marcado desde sus inicios una forma de entender el rol de los estudiantes de la Universidad de Chile dentro de la sociedad”. Esa tradición terminaría proyectándose décadas después en los conocidos trabajos voluntarios.

Hoy, 120 años después, Chile cuenta con una arquitectura institucional, científica y normativa muy distinta a la de 1906. El Centro Sismológico Nacional, SENAPRED, el SHOA, universidades y organismos públicos trabajan sobre una lógica que ya no se limita a responder cuando ocurre el desastre, sino que busca anticiparse a sus consecuencias. El aprendizaje también se amplió hacia una mirada de multiamenaza, donde terremotos, tsunamis, incendios, remociones en masa y eventos asociados al cambio climático forman parte de un mismo desafío. La historia de Valparaíso demuestra que un desastre puede destruir una ciudad, pero también puede obligar a un país a aprender. Y en Chile, buena parte de esa transformación comenzó aquella noche de agosto de 1906.

El título ya no garantiza un trabajo acorde a lo que estudiaste

Chile está viviendo una paradoja laboral que golpea especialmente a quienes llegaron al mercado con un título universitario o técnico bajo el brazo. Nunca antes la fuerza de trabajo había tenido un nivel de educación superior tan alto, pero encontrar un empleo que realmente corresponda con esa formación se está volviendo cada vez más difícil. El fenómeno, conocido como “desempleo ilustrado”, combina cesantía, trabajos por debajo de las calificaciones y una economía que no estaría generando suficientes puestos de alta especialización.

Según un informe del Observatorio del Contexto Económico de la Universidad Diego Portales, durante el trimestre abril-junio de 2026 el desempleo entre personas con educación superior completa alcanzó el 8,3%, 0,4 puntos porcentuales más que en el mismo período del año anterior. La cifra acumula diez meses consecutivos de aumentos interanuales, mientras el desempleo general suma cuatro meses de incrementos.

Pero la cifra de desempleo es apenas una parte de la historia. Entre los poco más de cuatro millones de personas con educación superior completa que actualmente tienen trabajo, un 37,7% se encuentra subempleado de acuerdo con sus calificaciones. Es decir, tienen empleo, pero realizan labores que no necesariamente requieren el nivel de formación que adquirieron. Para el economista y académico de la Universidad de Santiago Víctor Silva, reducir este escenario a una supuesta sobreoferta de profesionales sería quedarse en la superficie. “Esto no es un problema de que ‘sobren’ profesionales”, sostuvo.

El cambio estructural de la fuerza laboral chilena ayuda a entender el problema. En 2010, las personas con educación superior completa representaban el 22% de la fuerza de trabajo. En 2026, esa proporción llegó al 42,2%, prácticamente el doble. En el sentido contrario, quienes tenían menos que enseñanza media completa pasaron de representar el 35,2% al 17%. Chile, en poco más de una década, pasó a tener una fuerza laboral considerablemente más educada, pero sin que ese cambio haya sido acompañado por una expansión equivalente de los empleos calificados.

“Chile duplicó la proporción de profesionales en su fuerza laboral en 15 años (…) pero la economía lleva más de una década creciendo poco y generando empleo de baja calidad”, planteó Silva. Según su análisis, el 79,9% de los nuevos puestos de trabajo creados para profesionales corresponde a empleos de subempleo. La paradoja queda así bastante clara: hay más personas preparadas para ocupar puestos especializados, pero una parte importante termina ingresando a trabajos que no utilizan plenamente sus conocimientos.

El problema, además, no afecta por igual a todas las carreras. Humanidades y Servicios Personales presentan mayores niveles de desempleo, mientras que áreas como Derecho, Educación y Medicina Veterinaria muestran tasas inferiores. Para Silva, ambos fenómenos —la sobreoferta en determinadas áreas y la falta de empleos de calidad— pueden coexistir, pero no tienen el mismo peso. “El hecho de que 8 de cada 10 empleos nuevos para profesionales sean subempleo me dice que el problema estructural más grande está del lado de la demanda: aunque cerráramos mañana la sobreoferta en Humanidades, seguiríamos con un problema de calidad del empleo si la economía no acelera su generación de puestos calificados. No le echaría la culpa al alumno de Trabajo Social o Periodismo; le echaría la culpa a una economía que no crece lo suficiente para absorber a la fuerza laboral más calificada de nuestra historia”, comentó.

El escenario también instala una pregunta incómoda para quienes están pensando qué estudiar. Elegir una carrera hoy ya no parece depender solamente de la vocación, sino también de las condiciones que encontrarán sus futuros profesionales en el mercado. Silva advierte sobre el llamado “efecto cicatriz” del desempleo, fenómeno por el cual comenzar la vida laboral durante una etapa económica débil puede generar consecuencias salariales que persisten incluso cuando la economía vuelve a mejorar.

Por eso, la decisión educativa debería considerar más variables que la empleabilidad inmediata. “Elegir carrera es, en el fondo, una decisión de inversión bajo incertidumbre”, explicó el economista. La vocación continúa siendo relevante, pero también lo son las perspectivas laborales, el riesgo y el horizonte de largo plazo. En un mercado donde las carreras de hoy pueden enfrentar escenarios muy distintos mañana, elegir únicamente según el ranking o el titular de turno puede ser otra forma de equivocarse.

El desafío, finalmente, no parece estar solo en cuántos profesionales forma Chile, sino en qué tipo de economía está construyendo para recibirlos. Una generación cada vez más educada está entrando a un mercado donde conseguir trabajo no necesariamente significa encontrar el trabajo para el que estudió. Y esa distancia entre formación y oportunidades podría convertirse en uno de los principales debates laborales de los próximos años.

El jurel escaseó y la caballa encontró su lugar en las mesas chilenas

Durante años, pocas preparaciones han sido tan reconocibles en la mesa chilena como una mezcla de jurel en conserva, cebolla, cilantro, limón y aceite, acompañada por una marraqueta y, para quienes no le temen a la mayo, una dosis generosa de mayonesa. Pero este clásico del picoteo y de la once comenzó a desaparecer de los supermercados durante el primer semestre, empujado por una menor disponibilidad del recurso. Ahora, la industria asegura que el jurel está reapareciendo en las costas del sur, aunque las capturas todavía permanecen por debajo de un año normal.

La menor presencia del pescado en las góndolas estaría relacionada con las condiciones oceanográficas asociadas al fenómeno de El Niño. El aumento de la temperatura del mar habría modificado la distribución del jurel y dificultado su captura habitual. Con las embarcaciones retomando sus operaciones y el recurso nuevamente localizado frente a las costas del sur de Chile, la situación comienza lentamente a normalizarse, aunque todavía no permite hablar de un regreso completo a los niveles habituales de abastecimiento.

Mientras el jurel escaseaba, otro pescado comenzó a ocupar su lugar en los supermercados: la caballa. Aunque pertenecen a familias biológicas diferentes, ambos son pescados azules y comparten una característica clave para la alimentación: un importante aporte de proteínas y ácidos grasos omega-3. Para Marcela Zamorano, académica de la Facultad Tecnológica de la Universidad de Santiago y especialista en análisis y composición química de los alimentos, la principal diferencia está precisamente en la cantidad de grasa. “Son pescados con una alta cantidad de proteína, donde el contenido de proteína de ambos es cerca de un 20%, pero la gran diferencia radica en el contenido de grasa. La caballa tiene aproximadamente el doble contenido de materia grasa que el jurel”.

Ese mayor contenido graso también modifica el aporte energético. “El jurel tiene alrededor de un 5,6% y la caballa tiene alrededor de un 13 a un 14%. Y por lo tanto esto hace que su aporte energético, las calorías que aportan sean más altas, alrededor de un 30, 40% más y en el contenido de proteínas ambas son iguales, no hay gran diferencia”, explica Zamorano. En otras palabras, si el objetivo es obtener proteínas, ambos pescados cumplen prácticamente la misma función, mientras que la caballa entrega una mayor cantidad de grasa y, por consecuencia, más calorías.

La diferencia también juega a favor de la caballa cuando se habla de omega-3. Estos ácidos grasos están asociados a beneficios cardiovasculares y participan en funciones relacionadas con el cerebro y la visión. Según la académica, “obviamente la caballa tiene más, por tener mayor cantidad de materia grasa en el filete por así decirlo”. En términos aproximados, agrega que “generalmente la caballa presenta de 2 a 3 gramos de omega 3 por 100 gramos (de filete crudo), y el jurel alrededor de 1,5 a 2 gramos de omega 3 por 100 gramos”.

Entonces, ¿puede la caballa reemplazar al jurel en la cocina chilena? Para Zamorano, sí. La diferencia estará principalmente en el sabor, la textura y el aporte calórico. La especialista considera que es un “buen reemplazo, salvo que hay que considerar que como tiene más materia grasa siempre va a producir algo más de calorías”. Además, ambos pescados aportan vitamina D y vitamina B12, nutrientes habituales en alimentos de origen animal. En la práctica, la caballa puede ocupar perfectamente el lugar del jurel en ensaladas, preparaciones frías, sándwiches o el clásico plato con cebolla y limón.

El cambio también se nota en el paladar. Al tener más grasa, la caballa presenta un sabor más intenso y una textura diferente. “Se siente un poco más graso, mientras que el jurel presenta un sabor menos intenso y una textura un poquito más firme”, señala la académica. Para quienes están acostumbrados al sabor más suave del jurel, la diferencia puede ser evidente, pero no necesariamente significa renunciar a una preparación tradicional.

También está la discusión sobre el agua o el aceite. Las conservas en aceite suelen tener un sabor más intenso, mientras que las versiones en agua permiten reducir el aporte calórico. Zamorano explica que “el gusto de las conservas en agua es un poco menos sabroso, pero si uno está buscando una dieta o alimentos en baja caloría, obviamente debiera preferir las conservas en agua”. Las alternativas en aceite de oliva también pueden ser una opción, ya que incorporan ácidos grasos monoinsaturados.

Por ahora, el jurel parece comenzar su regreso, pero la caballa ya encontró un espacio propio en la despensa chilena. Más que una sustitución obligada por la escasez, puede convertirse en otra alternativa accesible para incorporar pescado a la alimentación cotidiana. Como resume Zamorano, “la caballa es una alternativa, porque es un pescado que no tiene un gran precio, especialmente lo que se vende en conserva. Y por lo tanto, para utilizarla en distintas preparaciones, es un pescado importante, porque además tiene un alto aporte de omega-3”.

Chile estudia el modelo italiano de cárcel dura para combatir al crimen organizado

Tras la aprobación de la megarreforma en el Congreso, el Gobierno de José Antonio Kast puso la seguridad pública en el centro de su agenda con el anuncio de la nueva “Agenda contra el Crimen Organizado y el Terrorismo (ACOT)”. Entre las medidas que comienzan a tomar forma aparece una propuesta especialmente dura: crear un régimen penitenciario especial para los internos de mayor peligrosidad, particularmente aquellos que continúan dirigiendo organizaciones criminales desde las cárceles.

El modelo que aparece como referencia es el artículo 41-bis de la legislación italiana, un régimen creado en 1975 y endurecido durante los años noventa, en plena ofensiva del Estado italiano contra las organizaciones mafiosas. La lógica detrás de esta herramienta es directa: cortar las comunicaciones entre los líderes encarcelados y las estructuras criminales que permanecen operativas fuera de los recintos penitenciarios. En Chile, Kast ya había planteado estudiar esta alternativa durante una visita a Italia en febrero, bajo la idea de “recuperar el control de las cárceles”.

El 41-bis, conocido también como régimen de “cárcel dura”, contempla condiciones de aislamiento mucho más estrictas que las del sistema penitenciario ordinario. Entre sus principales características se encuentran hasta 21 horas diarias dentro de la celda, restricciones a las visitas y comunicaciones y un máximo de tres horas de salida al patio. La medida busca limitar los canales mediante los cuales los internos pueden transmitir órdenes, coordinar acciones o mantener vínculos con las organizaciones criminales que operan en el exterior.

La discusión no es solamente política. Durante un seminario realizado en la Universidad Diego Portales, donde se analizó la eventual aplicación de un sistema similar en Chile, Angela Della Bella, catedrática de Derecho Penal de la Universidad Estatal de Milán, explicó el origen de la experiencia italiana. “La incapacidad del presidio ordinario para neutralizar la peligrosidad de los presos de la delincuencia organizada (italiana) era clara. La necesidad de romper los vínculos entre el preso y la asociación criminal exterior, para evitar que siguiera dando órdenes, es lo que llevó al nacimiento del régimen del 41 bis en Italia”.

En Chile, uno de los problemas que complejiza cualquier intento de trasladar este modelo es la propia estructura de las cárceles. El académico del Departamento de Estudios Políticos de la Universidad de Santiago, Mauricio Olavarría, advierte que durante décadas se ha desarrollado una cultura penitenciaria marcada por espacios colectivos de alta concentración de internos. “Esto ha llevado a que muchos internos vivan en los llamados ‘carretes’ o ‘piezones’, que son grandes espacios colectivos donde conviven decenas de personas”, describió.

Olavarría reconoce que la experiencia italiana “ha contribuido a limitar la capacidad operativa de las mafias y a reducir determinadas expresiones de violencia”, pero advierte que el modelo no puede entenderse como una fórmula definitiva. “No existe una solución definitiva. El crimen organizado es un fenómeno dinámico que permanentemente adapta sus estrategias frente a las medidas adoptadas por el Estado. En ese sentido, ninguna política constituye una respuesta permanente”, afirmó.

La eventual creación de un régimen de estas características abre así un debate que va más allá de aumentar el nivel de aislamiento de determinados presos. El desafío será determinar si Chile cuenta con la infraestructura, los mecanismos de control y las capacidades institucionales necesarias para evitar que los líderes del crimen organizado continúen operando desde las cárceles, sin convertir la política penitenciaria en una respuesta aislada frente a un fenómeno que cambia constantemente.

Para el académico de la Usach, esa es precisamente la principal incógnita. La “eficacia de cualquier modelo penitenciario sólo puede evaluarse con el paso del tiempo y a partir de su capacidad para adaptarse a una realidad criminal que también evoluciona de manera permanente”, concluyó Olavarría. La experiencia italiana puede servir como referencia, pero la discusión chilena recién comienza y tendrá que resolver cómo adaptar una herramienta nacida en el combate contra la mafia a las particularidades del crimen organizado local.