Nacional

Hablar de diversidad también es hablar de prevención

Cada vez más personas hablan de diversidad sexual con mayor libertad, pero cuando la conversación gira hacia salud sexual todavía persisten vacíos de información. En Chile, especialistas advierten que la prevención no puede seguir enfocándose únicamente en evitar embarazos no planificados, sino que debe incorporar una mirada más amplia, donde la educación sexual, la prevención de infecciones de transmisión sexual (ITS), la vacunación y el acceso a métodos de protección respondan a las distintas realidades de la comunidad LGBT+.

Las cifras reflejan este cambio. A nivel mundial, cerca del 9% de la población se identifica como parte de la comunidad LGBT+, porcentaje que aumenta hasta el 17% entre integrantes de la Generación Z. En Chile, alrededor del 11% de los adultos se reconoce como parte de la diversidad sexual y, según el Censo 2024, más de 45 mil personas mayores de 18 años se declararon trans y más de 15 mil se identifican como no binarias. El desafío, sostienen expertos, es que las políticas y campañas de prevención evolucionen al mismo ritmo que esa realidad.

“La salud sexual no puede reducirse únicamente a evitar un embarazo. Cuando hablamos de la comunidad LGBT+, es fundamental abordar también la prevención de infecciones de transmisión sexual, el acceso a información basada en evidencia y el conocimiento de todas las alternativas de protección disponibles”, explica Victoria Cáncino, matrona de DKT South America. La especialista agrega que durante años el discurso preventivo se ha concentrado casi exclusivamente en el preservativo masculino, dejando en segundo plano otras herramientas como el preservativo femenino o las barreras de látex para prácticas de sexo oral, que continúan siendo poco conocidas y de difícil acceso.

La vacunación también aparece como uno de los grandes pendientes. Los especialistas recomiendan reforzar la inmunización contra el Virus del Papiloma Humano (VPH) y las hepatitis, además de promover controles periódicos de salud sexual sin importar la orientación sexual, la identidad de género o el tipo de relación. “Muchas personas adultas desconocen que aún pueden beneficiarse de la vacunación contra el VPH. Hoy sabemos que incluso quienes ya han estado expuestos al virus pueden obtener protección adicional. La prevención siempre será una mejor estrategia que enfrentar las consecuencias de una infección”, explica Victoria Cáncino.

Más allá de las vacunas, el acceso a información confiable sigue siendo uno de los principales desafíos. Persisten mitos sobre prácticas sexuales que supuestamente no presentan riesgos de transmisión de ITS, cuando la evidencia demuestra lo contrario. “Todavía existe la idea errónea de que algunas prácticas sexuales no presentan riesgo de transmisión de ITS. La realidad es que las infecciones pueden transmitirse de distintas formas y por eso es tan importante conocer las herramientas de protección disponibles y utilizarlas correctamente”, afirma la especialista.

En el marco del Día Internacional del Orgullo LGBT+, el llamado de los expertos apunta a transformar la prevención en una conversación permanente y libre de estigmas. La salud sexual inclusiva no depende únicamente del acceso a métodos de protección, sino también de educación, información basada en evidencia y políticas que reconozcan la diversidad de experiencias. En un escenario donde las nuevas generaciones exigen espacios más seguros e inclusivos, hablar de autocuidado también se convierte en una forma de reivindicar derechos.

El tráfico invisible que viajó por los puertos chilenos

El hallazgo en los puertos de Arica, San Antonio y Valparaíso expuso una de las incautaciones más grandes registradas en Chile: 108 toneladas de cocaína y ketamina ocultas dentro de más de mil toneladas de madera. Una operación que no solo sorprendió por su escala, sino por la sofisticación del método utilizado, donde un material cotidiano se transformó en vehículo químico para el tráfico de drogas.

Desde la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacéuticas de la Universidad de Chile, el análisis apunta a la estructura misma de la madera como clave del ocultamiento. El profesor Pablo Fuentealba Castro explica: “La madera es un material que presenta una alta porosidad y humedad, que dan pie a poder difundir diferentes compuestos dentro de ella. Microscópicamente es una red organizada de tubos o canales, correspondientes a células vegetales muertas, diseñados por la naturaleza para transportar agua”. Esa misma arquitectura natural permite que sustancias solubles penetren en profundidad, imitando procesos industriales de impregnación.

El académico detalla que no se trata de una simple cobertura superficial, sino de una incorporación interna del compuesto. “En este caso hay una penetración e impregnación de la madera que no es solo superficial. Se aprovecha el diseño natural de la planta para que la droga quede distribuida en todo el material, siendo por esto los altos contenidos de droga que es posible transportar mediante este método”. Recuperar estas sustancias también implica procesos complejos de extracción química mediante trituración y solventes específicos.

El caso también abre la dimensión farmacológica del problema. El profesor Mario Rivera Meza, de la Universidad de Chile, explica que la cocaína actúa sobre la dopamina, generando una intensa estimulación cerebral. “La cocaína bloquea los mecanismos que regulan los niveles de dopamina en el cerebro, lo que provoca un marcado aumento de su concentración en el sistema nervioso central. Esto genera una intensa sensación de euforia, alerta y energía”. La ketamina, en cambio, interfiere con el glutamato, provocando estados de disociación profunda.

Ambas sustancias pueden generar dependencia y daños severos, aunque por mecanismos distintos. A esto se suma un riesgo adicional: la adulteración constante en el mercado ilegal. “La cocaína rara vez es pura. Suele adulterarse con sustancias como cafeína, anestésicos locales o fentanilo, un opioide sintético altamente tóxico”, advierte Rivera. En el caso de la ketamina, incluso puede aparecer en mezclas como el llamado “Tusi”, donde la composición es variable y altamente impredecible.

El decomiso no solo revela una red de tráfico sofisticada, sino también cómo la ciencia permite entender sus métodos y consecuencias. La madera dejó de ser solo un material de exportación para convertirse en un soporte químico del crimen organizado, donde lo invisible ocurre a escala microscópica, pero con impacto global.

El Niño se activa y Chile entra en fase de incertidumbre climática

Tras meses de señales en el océano Pacífico ecuatorial, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) confirmó oficialmente la presencia de condiciones asociadas a El Niño costero. El fenómeno, conocido por alterar patrones globales de temperatura y precipitación, vuelve a instalarse como una pieza clave en el tablero climático de un país que lleva más de una década bajo estrés hídrico.

El evento ocurre cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial se calientan de forma anómala y se acoplan con la atmósfera, modificando la circulación de vientos y humedad a escala planetaria. Pablo Sarricolea, académico del Departamento de Geografía de la Universidad de Chile e investigador del CR2, lo sintetiza así: “la declaración se hace cuando se cumplen dos condiciones a la vez: las temperaturas del Pacífico ecuatorial superan el promedio en 0,5 °C y el componente atmosférico acompaña. Esto refleja un acoplamiento océano-atmósfera, que es lo que distingue El Niño real de un simple calentamiento superficial del mar”.

Según el informe de la NOAA, existe un 63% de probabilidad de que este evento alcance una categoría muy fuerte entre noviembre y enero, lo que lo posicionaría entre los episodios más intensos desde 1950. Sin embargo, los especialistas insisten en evitar lecturas automáticas sobre sus impactos en Chile, donde la relación con las lluvias es compleja y no lineal.

En el país, El Niño suele asociarse a un aumento de precipitaciones en la zona centro y centro-sur, pero el vínculo no es directo. Sarricolea lo aclara con precisión: “No es correcto asociar automáticamente El Niño con más lluvias en Chile, porque hay otras condiciones que las modulan. La relación es probabilística y no de causa-efecto. El mensaje correcto es que El Niño mueve la aguja hacia más lluvia, no que garantiza lluvia”.

Más allá del volumen de precipitaciones, el verdadero punto crítico está en cómo esa agua se comporta en un territorio ya tensionado por la megasequía. El especialista advierte que el fenómeno puede elevar la isoterma cero, lo que implica que parte de la nieve en cordillera podría transformarse en lluvia. “El punto crítico para el agua es que más lluvia no equivale automáticamente a más reservas utilizables. El Niño tiende a elevar la isoterma cero, así que parte de lo que normalmente sería nieve podría caer como lluvia líquida en cordillera”, explica.

Ese cambio altera directamente la forma en que Chile almacena agua. Menos nieve significa menos reservas naturales para primavera y verano, mientras que lluvias más intensas pueden generar crecidas rápidas, turbidez en ríos y riesgos de aluviones. En paralelo, el investigador recuerda que un solo evento no revierte la crisis hídrica acumulada: “La megasequía lleva más de una década de déficit estructural en Chile central. Un invierno húmedo de El Niño es una pausa, no una reversión de la sequía. La recuperación de acuíferos y aguas subterráneas va muy por detrás de lo que aporta una sola temporada”.

El escenario, entonces, no es de solución, sino de preparación. Sarricolea insiste en que el mayor riesgo no es solo la escasez de agua, sino su exceso concentrado en poco tiempo, con consecuencias urbanas y naturales: “El principal riesgo no es solo la falta de agua, sino la posibilidad de mucha agua junta: aluviones, anegamientos y marejadas”. En ese marco, la atención se concentra en zonas como la región Metropolitana, Valparaíso, el centro-sur agrícola y el borde costero, donde los impactos suelen amplificarse.

Lejos del alarmismo o de la idea de un “super El Niño” determinista, los expertos llaman a leer el fenómeno como lo que es: un modulador de probabilidades en un sistema ya alterado por el cambio climático. “Más probabilidad de lluvia, sí; solución a la sequía, no; motivo para prepararse, claramente”, resume Sarricolea, en una frase que condensa el tono con el que Chile deberá enfrentar los próximos meses.

Ciencia made in Chile busca revolucionar las baterías de litio

La promesa de una tecnología más limpia y eficiente depende, en gran medida, de algo que la mayoría de las personas lleva todos los días en el bolsillo: las baterías de ion-litio. Desde smartphones y computadores hasta vehículos eléctricos, estos dispositivos se han convertido en la columna vertebral de la transición energética. Sin embargo, uno de sus principales problemas sigue siendo el mismo: con el tiempo pierden capacidad, se degradan y almacenan cada vez menos energía.

En ese escenario, un equipo de investigadores de la Universidad de Santiago de Chile está trabajando en una solución que podría cambiar las reglas del juego. El doctor Rudy Martín, académico de la Facultad de Química y Biología de la Usach, lidera un proyecto Fondecyt Regular que busca desarrollar materiales capaces de aumentar la capacidad de almacenamiento y mejorar la estabilidad de las baterías de ion-litio, permitiendo que duren más tiempo sin sacrificar rendimiento.

La investigación pone el foco en uno de los componentes más importantes de una batería: el ánodo. Actualmente, este elemento está fabricado principalmente con grafito, un material confiable pero limitado en términos de capacidad energética. El silicio aparece como una alternativa altamente atractiva porque puede almacenar hasta diez veces más energía que el carbono. El problema es que, durante los ciclos de carga y descarga, su estructura se expande y contrae de manera extrema, provocando un rápido deterioro.

“Las baterías tienen varias partes: un ánodo, un cátodo, una membrana y un electrolito. Cada componente es imprescindible y en el caso del ánodo porque es donde se almacena la energía una vez que se carga la batería. Hoy ese ánodo es de carbono, pero hay un material mucho más prometedor, que es el silicio, porque puede almacenar mucha más energía por unidad de masa. El problema es que, cuando el litio forma aleación con el silicio durante la carga, este cambia mucho su volumen, se expande y eso hace que el material se deteriore”, menciona el académico Martín.

Para enfrentar este desafío, el equipo desarrollará un innovador polímero que actuará como un aglutinante, una especie de pegamento inteligente encargado de mantener unidos los materiales activos del ánodo. La apuesta es que este material tenga la capacidad de autorrepararse frente al desgaste provocado por cientos o incluso miles de ciclos de carga. “Todas las baterías tienen un polímero, que corresponde a entre un 5% y un 10% de su masa total, que se llama aglutinante, este actúa como un pegamento, ya que mantiene unidos los materiales activos del electrodo (donde se almacena la energía), que en realidad son partículas, fijándolos a un conductor electrónico. Para que funcione bien, este material tiene que ser capaz de auto-repararse con los sucesivos ciclos de carga y descarga, y que pueda ciclar de cien a mil veces sin perder tanta capacidad”, explica el Dr. Rudy Martín.

Durante los próximos cuatro años, los investigadores construirán y probarán baterías experimentales para evaluar el comportamiento de estos nuevos materiales en condiciones reales. Más allá del laboratorio, el proyecto también busca una aplicación concreta en la industria. A diferencia de otras propuestas tecnológicas que requieren procesos costosos o materiales difíciles de escalar, esta solución podría incorporarse a las cadenas de producción actuales sin aumentar significativamente los costos. En un mundo cada vez más dependiente de la energía portátil y la electromovilidad, una batería capaz de almacenar más energía y resistir mejor el paso del tiempo podría convertirse en una de las piezas clave de la próxima generación tecnológica.

El empleo para toda la vida pierde terreno entre los jóvenes

La idea de permanecer años en una misma empresa parece cada vez más lejana para la Generación Z. Mientras generaciones anteriores construían carreras profesionales a largo plazo dentro de una organización, los Centennials están optando por trayectorias mucho más dinámicas, impulsadas por la búsqueda de aprendizaje, desarrollo y experiencias alineadas con sus valores personales. Así lo revela el informe global “Generación Z en el mundo laboral: enfocados en el futuro, moviéndose rápidamente”, elaborado por Randstad a partir de una encuesta a 11.250 trabajadores y del análisis de más de 126 millones de ofertas de empleo en todo el mundo.

Los datos muestran una generación que no teme moverse. Uno de cada tres jóvenes de la Generación Z planea cambiar de trabajo durante el próximo año, una cifra que supera ampliamente a Millennials, Generación X y Baby Boomers. Al mismo tiempo, apenas un 11% de estos trabajadores visualiza permanecer indefinidamente en su empleo actual. Lejos de interpretarse como una falta de compromiso, la tendencia responde a una nueva forma de entender el desarrollo profesional, donde el crecimiento constante pesa más que la estabilidad tradicional.

La velocidad con la que los Centennials construyen sus carreras también queda reflejada en el tiempo promedio que permanecen en un puesto durante sus primeros años laborales. Según el estudio, la permanencia promedio alcanza apenas 1,1 años, muy por debajo de las generaciones anteriores. La principal razón detrás de estos cambios, excluyendo el salario, es la falta de oportunidades de desarrollo profesional, un factor que se ha convertido en una prioridad para quienes buscan construir una carrera con propósito y posibilidades reales de crecimiento.

“Los datos muestran que esta mayor movilidad laboral de la Generación Z plantea desafíos adicionales a las organizaciones a la hora de atraer y retener talento. Esta nueva realidad nos interpela para repensar cómo construimos trayectorias profesionales atractivas, con aprendizaje continuo y oportunidades de impacto real que satisfagan los deseos y necesidades de los trabajadores más jóvenes”, señaló Andrea Avila, CEO de Randstad para Argentina, Chile, Uruguay y México.

El fenómeno ocurre además en un contexto laboral complejo. El análisis de Randstad detectó una caída del 29% en las ofertas de empleo para cargos de nivel inicial desde enero de 2024, reduciendo las oportunidades para quienes recién ingresan al mercado laboral. Frente a este escenario, muchos jóvenes están diversificando sus estrategias: solo el 45% ocupa actualmente empleos tradicionales a tiempo completo y una parte importante busca complementar sus ingresos y experiencia mediante trabajos paralelos. Más de la mitad se encuentra activamente explorando nuevas oportunidades laborales.

“Si bien los Z ingresaron al mercado laboral en un contexto de cambios profundos y alta incertidumbre, confían en sus habilidades y tienen ambición de futuro. Frente a esta realidad, los empleadores pueden solo prejuzgar que la movilidad es producto de un menor nivel de compromiso y atenerse a una profundización de la escasez de talento, o, por el contrario, asimilar la necesidad de trabajar colaborativamente con esta generación para definir trayectorias profesionales inspiradoras y ámbitos laborales más alineados con sus expectativas. Retener a los jóvenes no se trata solo de ofrecer un salario competitivo, sino de crear entornos donde puedan ver su crecimiento, sentirse escuchados y alinear su trabajo con sus valores y propósito personales”, agregó Avila. En un mercado laboral cada vez más competitivo, la Generación Z parece tener claro que el trabajo ya no es solo una fuente de ingresos: también es una herramienta para construir identidad, propósito y futuro.

La solución sustentable chilena contra el ruido industrial

El ruido constante de máquinas, motores y herramientas ya no es solo parte del paisaje industrial: también es un problema de salud. Mientras la Organización Mundial de la Salud recomienda no superar los 65 decibeles, en Chile la normativa permite hasta 85 durante jornadas laborales completas. En medio de ese escenario, un equipo de investigadores de la Universidad de Santiago desarrolló una solución que mezcla innovación acústica, reciclaje y diseño sustentable: un resonador acústico fabricado completamente con plástico reciclado.

La tecnología nació a partir de una necesidad concreta dentro de la empresa Desafío Ambiente, dedicada a la valorización de residuos plásticos. El funcionamiento permanente de sus máquinas generaba eco y altos niveles de ruido al interior de la planta, dificultando incluso conversaciones básicas entre trabajadores. Para enfrentar el problema, el Laboratorio LEMAA de la Facultad de Arquitectura y Ambiente Construido de la Usach diseñó módulos acústicos de 60 por 60 centímetros que pueden instalarse en techos y muros, reduciendo significativamente la reverberación del sonido.

“Como laboratorio propusimos la configuración de este producto en base a una cobertura y un relleno. Decimos diseñar un módulo, próximo a las medidas estándar de un cielo americano, de 60 por 60 centímetros, para lo cual utilizamos la tecnología de inyección”, explicó Hugo Pérez, director de LEMAA e investigador del Centro CIMAC de la universidad. El proyecto se desarrolló junto a Plásticos JH y la empresa Desafío Ambiente, en una colaboración que permitió diseñar tanto la carcasa acústica como el material absorbente interior.

La instalación piloto se realizó el año pasado en la planta de reciclaje y los resultados fueron inmediatos. Según las mediciones acústicas realizadas junto a la empresa Sonoflex, la reverberación disminuyó de forma considerable, mejorando las condiciones de trabajo dentro del espacio industrial. “Los cambios han sido notorios, haciendo el ambiente mucho más confortable”, afirmó María José Vargas, cofundadora de Desafío Ambiente. Antes de implementar el sistema, mantener reuniones o incluso hablar por teléfono dentro de la planta era prácticamente imposible.

Más allá del impacto acústico, el proyecto también apunta a otro problema urgente: el exceso de residuos plásticos. El resonador fue diseñado bajo principios de economía circular, utilizando materiales reciclados y reciclables, lo que reduce costos de producción y abre nuevas posibilidades para reutilizar desechos industriales. “Es un producto nacional, desarrollado a partir de residuos, lo que permite reducir costos de producción. Además de ser reciclado, también es reciclable”, sostuvo Pérez.

La apuesta de los investigadores no solo busca mejorar oficinas y fábricas más ruidosas, sino también demostrar que el reciclaje puede transformarse en tecnología útil y escalable. En tiempos donde el burnout laboral y la contaminación acústica se mezclan con la crisis ambiental, proyectos como este muestran que la innovación sustentable ya no pasa solo por reciclar plástico, sino por convertirlo en soluciones reales para la vida cotidiana.

Parches de fentanilo en ferias libres y un riesgo que preocupa

Lo que durante años parecía una crisis exclusivamente asociada a Estados Unidos hoy empieza a encender señales en Chile. La reciente detección de parches de fentanilo vendidos en una feria libre de Independencia instaló una preocupación que mezcla salud pública, mercado informal y desconocimiento sobre una de las sustancias más peligrosas del mundo farmacológico actual. Porque aunque el nombre se volvió viral por series, noticias y cultura pop, el riesgo es completamente real.

El fentanilo no es una droga cualquiera. Es un opioide sintético extremadamente potente, utilizado principalmente en contextos hospitalarios para tratar dolores intensos asociados a cirugías complejas o enfermedades oncológicas. Mario Rivera Meza, académico de la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacéuticas de la Universidad de Chile, explica que se trata de “un potente analgésico opioide indicado principalmente para el tratamiento del dolor postquirúrgico y de origen neoplásico”.

Precisamente por su nivel de potencia, el acceso al medicamento está estrictamente regulado. En Chile solo puede obtenerse bajo receta cheque y supervisión médica. “No es un fármaco de libre acceso, precisamente por su alta potencia y los riesgos asociados a su uso inadecuado”, enfatiza Rivera. El problema aparece cuando estos productos salen del circuito sanitario y entran al comercio informal, donde no existe control sobre almacenamiento, procedencia ni manipulación.

Y ahí el riesgo escala rápido. Uno de los efectos más peligrosos del fentanilo es la depresión respiratoria, una disminución severa de la capacidad para respirar que puede terminar en sobredosis fatal. Además, genera dependencia en muy poco tiempo. En el caso de los parches encontrados en Independencia, el especialista advierte que están diseñados para liberar el medicamento de manera gradual y controlada en pacientes específicos. “El uso indebido de estos parches, sin evaluación ni seguimiento profesional, puede provocar una sobredosis que eventualmente cause la muerte”.

El escenario preocupa todavía más cuando estos productos quedan expuestos en espacios abiertos o al alcance de menores. La manipulación accidental por niñas y niños puede derivar en intoxicaciones graves incluso sin consumo intencional. Por eso, expertos insisten en que comprar medicamentos fuera de farmacias autorizadas no es una “alternativa más barata”, sino una práctica que puede terminar con consecuencias críticas para la salud.

La aparición de fentanilo en ferias libres no solo revela una falla de fiscalización. También muestra cómo sustancias de alto riesgo empiezan a filtrarse en circuitos cotidianos donde mucha gente todavía no dimensiona su impacto real. Y en un contexto donde el comercio informal crece y la información circula rápido pero no siempre correctamente, el desafío ya no es solo sanitario. También es cultural.

Combinación entre Paracetamol y redes sociales preocupa a los expertos

La lógica de internet vuelve a tensionar los límites entre juego y riesgo. Hace algunos días, un nuevo desafío viral comenzó a circular entre adolescentes, encendiendo las alarmas de madres, padres y autoridades sanitarias en Chile. La consigna, tan simple como peligrosa, propone consumir altas dosis de paracetamol con el objetivo de provocar hospitalizaciones, una práctica que rápidamente escaló desde pantallas a conversaciones familiares y protocolos de emergencia.

La reacción no se hizo esperar. Desde el Ministerio de Salud se activó una campaña preventiva para advertir sobre los riesgos de este tipo de conductas, en un escenario donde las redes sociales amplifican dinámicas que, lejos de ser inofensivas, pueden tener consecuencias graves e incluso irreversibles. El fenómeno vuelve a instalar una pregunta incómoda pero urgente sobre el consumo digital adolescente y la forma en que se validan ciertos comportamientos en comunidades online.

En este contexto, entender qué está en juego resulta clave. El paracetamol, uno de los medicamentos más comunes en los hogares, es utilizado habitualmente para tratar el dolor y la fiebre tanto en adultos como en niños. Su accesibilidad y aparente inocuidad lo convierten en un fármaco de uso cotidiano, pero esa misma familiaridad es la que hoy se transforma en un factor de riesgo cuando se pierde la noción de sus límites.

El toxicólogo y académico de la Universidad de Santiago, Leonel Rojo, advierte con claridad sobre el impacto del sobreconsumo. “El principal riesgo es la toxicidad hepática. Este fármaco se transforma químicamente por la acción de las enzimas del hígado en un compuesto altamente tóxico que daña a las células de dicho órgano”, señala. La advertencia no es menor: el hígado, órgano clave en el metabolismo del cuerpo, puede sufrir daños severos que en casos extremos derivan en fallas hepáticas.

Las dosis, en este escenario, dejan de ser un detalle técnico para convertirse en una frontera crítica. Según explica el especialista, “en términos generales llegan hasta 1 gramo cada ocho horas. Ahora, esa norma es muy variable ya que no considera los problemas hepáticos o la variación genética que puedan tener cada uno de los pacientes”. Por eso, insiste en un margen más conservador: “la dosis más sabia es de 3 gramos al día y, desde ahí, detener el consumo e ir a un centro médico para analizar las razones del malestar que pueda estar afectando a una persona”.

Lo inquietante es que este tipo de desafíos no operan desde el desconocimiento total, sino desde una mezcla de curiosidad, presión social y validación digital. En ese cruce, el medicamento deja de ser una herramienta terapéutica para transformarse en un instrumento de riesgo. Rojo lo resume con una advertencia que apunta tanto a jóvenes como a su entorno cercano: “el paracetamol resulta un medicamento muy seguro”, pero solo cuando se utiliza correctamente.

El llamado final es directo y apunta a una cultura que ha normalizado la automedicación. “En general, la gente se automedica mucho en Chile y la recomendación es que las personas, si se sienten enfermas o con alguna dolencia, consulten a un médico o a un químico farmacéutico. No usen fármacos por recomendación de amigos o familiares ya que todos los medicamentos, sin las dosis justas, son veneno”, concluye. En tiempos donde un trend puede viralizarse en segundos, recuperar el respeto por los medicamentos no es solo una recomendación médica, sino una urgencia social.

El CAE se desmorona entre morosos y promesas incumplidas

En Chile, la deuda universitaria dejó de ser solo un problema financiero para convertirse en un síntoma estructural. Un nuevo estudio sobre el Crédito con Aval del Estado (CAE) revela una postal incómoda: las comunas más vulnerables concentran los mayores niveles de mora, pero el incumplimiento no distingue clase social. Incluso en sectores acomodados de Santiago, como Vitacura o Las Condes, el pago apenas supera el 50%, tensionando el relato meritocrático que históricamente ha sostenido este sistema.

El informe, titulado “Beneficiarios CAE: Egresos, Pagos y Sostenibilidad del Sistema”, fue desarrollado por académicos de la Universidad de Santiago de Chile y se basa en datos de la Comisión Ingresa correspondientes a 2023. La muestra abarca a más de 635 mil beneficiarios, lo que representa el 78% del total de deudores. De ellos, poco más de 507 mil lograron egresar, mientras que cerca de 128 mil abandonaron sus estudios. Pero el dato más duro aparece después: solo un 43% de los egresados está al día o ha saldado su deuda, mientras que un 40% ya cayó en garantía ejecutada, es decir, el Estado tuvo que pagar por ellos tras reiterados incumplimientos.

El mapa de la deuda dibuja una concentración clara. La Región Metropolitana lidera con un 42% de los casos de garantía ejecutada, seguida por Biobío y Valparaíso. Juntas, estas tres regiones acumulan el 68% del total. A nivel comunal, el patrón se intensifica en territorios históricamente golpeados por la desigualdad: La Pintana encabeza con un 43%, seguida por comunas como Cerro Navia, Lo Espejo o San Ramón. Sin embargo, el fenómeno también alcanza a zonas de mayores ingresos, donde Ñuñoa y Providencia registran un 33% de deuda asumida por el Estado, mientras que Lo Barnechea, Las Condes y Vitacura tampoco quedan fuera del problema.

El diagnóstico es directo y cuestiona uno de los pilares del modelo educativo chileno. “Se podría afirmar preliminarmente que, para los quintiles de menores ingresos, el crédito CAE puede no haber sido un mecanismo efectivo de movilidad social”, advierten los autores del estudio. La promesa de ascenso social a través de la educación superior, financiada vía deuda, parece haberse fracturado en la práctica.

El contexto político le agrega presión al debate. El Presidente José Antonio Kast anunció la reactivación de los cobros del CAE, buscando reforzar la responsabilidad de pago en un sistema que lleva años acumulando tensiones. Desde el Ejecutivo, el diagnóstico es autocrítico. “Desde 2017 no se han iniciado acciones de recuperación”, afirmó el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz. El resultado es explosivo: la morosidad pasó de $500 mil millones en 2017 a cerca de $4 billones en la actualidad.

Desde el mundo académico, la discusión ya no es solo técnica, sino estructural. Víctor Salas, economista de la Usach y uno de los autores del estudio, plantea sin rodeos: “Nosotros estamos permanentemente trabajando con estos datos hace un par de años y los hemos ido actualizando. Partimos el 2023 revisando la situación del CAE, cuando ya comenzaba a discutirse una propuesta desde el gobierno. Fuimos invitados al Ministerio de Educación a analizar alternativas como el FES, y desde entonces los datos nos han mostrado que la situación del CAE es insostenible. Yo creo que hay que cerrarlo”.

La crisis, sin embargo, no se limita a quienes no pueden pagar. También alcanza a quienes sí podrían hacerlo, pero no lo hacen. “Hay personas con capacidad de pago que se acogieron a la expectativa de condonación que existía hace algunos años, lo que generó una respuesta negativa en términos de cumplimiento”, sostiene Salas. En paralelo, el académico Mario Sobarzo va más allá y cuestiona la raíz del sistema: “El sistema no es bueno, siempre ha sido malo, tiene un costo muy alto para el país, las familias y además genera un gasto. Y la verdad es que el FES también era una solución bastante parche porque no abordaba las problemáticas de fondo de lo que era el sistema de financiamiento de la educación pública en Chile”.

Lo que queda es una sensación transversal de agotamiento. El CAE ya no solo arrastra cifras rojas, sino también una crisis de legitimidad. Entre deudas impagas, expectativas incumplidas y un modelo que no logra sostenerse, la pregunta ya no es si el sistema necesita cambios, sino cuánto tiempo más puede seguir funcionando antes de colapsar definitivamente.

Desabastecimiento de antipsicótico enciende alertas por continuidad de tratamiento

El retiro de lotes del medicamento Modecate encendió una señal de alerta en el sistema de salud chileno. La medida se adoptó luego de detectarse partículas en suspensión en el fármaco durante febrero, situación que motivó una advertencia del Instituto de Salud Pública y el posterior retiro del producto elaborado por la empresa Ethon Pharmaceuticals SpA. El resultado inmediato fue un desabastecimiento que podría extenderse hasta junio, afectando a pacientes que dependen del medicamento para el tratamiento de la esquizofrenia y otros trastornos psicóticos crónicos.

El impacto se vuelve más sensible considerando el tipo de fármaco involucrado. El psiquiatra y académico de la Universidad de Santiago de Chile, Pedro Lucero, explicó que “el Modecate es un antipsicótico inyectable, de acción prolongada, y cuyo principio activo es la flufenazina. Se utiliza principalmente en personas con esquizofrenia u otros trastornos psicóticos, especialmente cuando se quiere asegurar una buena adherencia al tratamiento”. Al tratarse de un medicamento de depósito, su administración permite mantener niveles estables durante varias semanas, reduciendo el riesgo de recaídas y descompensaciones clínicas.

El especialista subraya que su uso no se limita únicamente a la esquizofrenia. “También, puede utilizarse en otros trastornos psicóticos crónicos, como algunos de características delirantes o con síntomas psicóticos persistentes, siempre bajo supervisión médica”. En Chile, este tratamiento forma parte de las prestaciones cubiertas por el sistema de Garantías Explícitas en Salud, lo que amplía su alcance dentro de la red pública. Por eso, el quiebre de stock genera preocupación entre equipos médicos y pacientes que dependen de su aplicación periódica.

La falta del medicamento no es un problema menor. Lucero advierte que la interrupción del tratamiento puede desencadenar la reaparición de síntomas. “la reaparición de síntomas como ideas delirantes, alucinaciones o la desorganización del pensamiento”. El especialista agrega que estas situaciones pueden escalar rápidamente. “Esto puede traducirse en una descompensación clínica, que en algunos casos puede requerir de atenciones de urgencia o, incluso, hospitalización”. Considerando que el efecto del fármaco se prolonga entre 21 y 28 días, cualquier retraso en su aplicación aumenta la vulnerabilidad de los pacientes.

A pesar del escenario, el experto llama a la calma y señala que existen alternativas terapéuticas disponibles. “hoy contamos con alternativas terapéuticas y los esfuerzos de la red de salud están enfocados en evitar vacíos de tratamiento y mantener a los pacientes estables”. Estos reemplazos corresponden a antipsicóticos de acción prolongada que cumplen una función similar y permiten sostener la estabilidad clínica mientras se normaliza el abastecimiento. “Desde el Ministerio de Salud se han definido opciones terapéuticas disponibles para el remplazo mientras se normaliza el abastecimiento”, sostuvo el académico.

El origen del desabastecimiento también refleja una fragilidad estructural del sistema farmacéutico. Lucero explica que la producción del medicamento depende de pocos fabricantes a nivel internacional. “esto se debe a una combinación de factores. Por un lado, se trata de un fármaco antiguo y de bajo costo, por lo que su producción es realizada por pocos laboratorios a nivel internacional. Y esto hace que el sistema se haga más vulnerable, ya que si uno de los proveedores tiene un problema, el impacto se sentirá más rápido”. La dependencia de un número limitado de proveedores aumenta el riesgo de interrupciones en tratamientos sensibles.

El especialista insiste en que el principal riesgo surge cuando los pacientes intentan reemplazar el medicamento por cuenta propia. “Estos procedimientos deben ajustarse de manera individual, considerando dosis, tiempos y posibles efectos adversos”. La automedicación, advierte, puede agravar el escenario clínico. “Si alguien intenta hacer un reemplazo del remedio sin supervisión médica puede exponerse a una falta de efecto, a una descompensación o a efectos secundarios innecesarios”.

En ese contexto, la recomendación es mantener contacto con los equipos de salud para evaluar alternativas seguras. “ya que existen alternativas seguras y una indicación definida para hacer cambios de manera adecuada”. Mientras el abastecimiento se normaliza, la continuidad terapéutica dependerá de la coordinación entre especialistas, centros de salud y pacientes que requieren este tipo de tratamientos de larga duración.