Nacional

Reinserción en Chile y las barreras que dificultan dejar atrás la delincuencia

¿Por qué algunas personas vuelven a cometer delitos después de cumplir una condena? Una investigación liderada por Mauricio Olavarría Gambi, académico del Departamento de Estudios Políticos de la Universidad de Santiago de Chile, aborda esta pregunta desde los testimonios de personas encarceladas, poniendo el foco en los ingresos, las oportunidades laborales, el reconocimiento social y las dificultades para abandonar la actividad delictiva.

Publicado en la Revista Científica General José María Córdova, el artículo “La delincuencia según delincuentes: testimonios de penados reincidentes en cárceles chilenas” analizó entrevistas realizadas a 387 personas condenadas por distintos delitos, entre ellas 352 hombres y 35 mujeres. Los participantes se encontraban en diez cárceles de Arica, Alto Hospicio, Antofagasta, Concepción y Santiago, y fueron entrevistados entre octubre y diciembre de 2022, cuando estaban próximos a cumplir sus condenas.

Uno de los principales hallazgos apunta al peso económico del delito. El 94,57 % de los entrevistados declaró que sus ingresos provenían de actividades delictivas, mientras que el 91,21 % nunca había trabajado o había tenido empleos inestables. Para algunos participantes, la diferencia entre lo que podían ganar mediante un trabajo formal y lo que obtenían del delito hacía que la primera opción resultara poco atractiva. “La motivación es obtener los medios de vida que su educación y sus habilidades laborales no les permiten alcanzar. Ese incentivo está asociado a una identidad y a una racionalidad delictual, es decir, ellos se reconocen como delincuentes, viven de eso y evalúan los riesgos y las penas a las que se exponen”, explicó Olavarría.

Sin embargo, el estudio también identifica que la motivación económica no opera de manera aislada. Los testimonios describen cómo los recursos obtenidos mediante delitos permiten sostener a sus familias, comprar bienes y financiar actividades recreativas, pero también responder a aspiraciones de poder y reconocimiento dentro de su entorno. Aunque el 41,60 % manifestó disposición a trabajar lícitamente, la investigación plantea una pregunta clave para las políticas de reinserción: qué condiciones permitirían transformar esa intención en una alternativa real y sostenible. La falta de oportunidades, los ingresos esperados y el rechazo a los horarios o a la subordinación laboral aparecen entre los factores que dificultan ese cambio.

Otro aspecto relevante es la manera en que los participantes evalúan los riesgos antes de cometer un delito. Según Olavarría, algunos planifican sus acciones, seleccionan objetivos y toman precauciones para reducir las posibilidades de ser detenidos. Las posibles penas también entran en ese cálculo, aunque conocer las consecuencias no necesariamente significa abandonar la delincuencia. En ciertos casos, el riesgo de una condena puede llevar a cambiar de actividad sin romper con esa trayectoria. El estudio muestra así que las sanciones, por sí solas, no garantizan que una persona deje de delinquir.

La investigación también revela una diferencia entre el daño que los condenados reconocen haber sufrido y el que identifican en sus víctimas. El 64,08 % fue clasificado como personas que no reconocían el daño provocado, mientras que el 34,37 % sí identificaba consecuencias para quienes habían sido afectados. Al mismo tiempo, algunos entrevistados expresaron arrepentimiento por las pérdidas personales asociadas a sus años en prisión, como el distanciamiento de sus parejas y la ausencia durante el crecimiento de sus hijos. “Ellos ven el daño en sí mismos, pero no ven el daño que han cometido a la otra persona. Tienden a minimizar el daño que han provocado, con argumentos que suponen que una víctima con recursos económicos puede reemplazar lo perdido, o considerar que no hubo daño porque no se produjeron lesiones físicas”, explicó el académico.

Frente a este escenario, Olavarría plantea que abandonar el delito requiere algo más que cumplir una condena. El apoyo familiar, las oportunidades laborales y la atención psicosocial pueden contribuir a construir una alternativa fuera de la cárcel, siempre que existan condiciones concretas para mantenerla en el tiempo. “Un empleo público post carcelario, más intervenciones psicosociales a ellos y a sus familias, podría ayudar mucho en el desistimiento”, afirmó. El desafío, según los resultados del estudio, es articular estas medidas con la prevención social, el control del delito y una justicia efectiva, para que la reinserción no dependa únicamente de la voluntad individual, sino también de oportunidades reales para sostener una vida alejada de la delincuencia.

Aluvión en Las Condes expone las brechas de Chile para anticipar emergencias

El aluvión que afectó a San Carlos de Apoquindo, en Las Condes, tras el desborde de la Quebrada Honda, dejó cerca de 2.000 viviendas afectadas, 55 inmuebles con anegamientos severos y seis personas lesionadas, según el balance oficial citado en el comunicado. La emergencia, que llevó a declarar a la comuna como zona de catástrofe, también abrió una pregunta incómoda sobre la capacidad del país para anticipar fenómenos extremos y alertar a la población antes de que el agua y el barro lleguen a las zonas habitadas.

Una de las principales críticas surgió por la ausencia de una notificación del Sistema de Alerta de Emergencia en los teléfonos móviles. Desde el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres se explicó que la reactivación de la quebrada fue un evento “súbito e inesperado”, sin una ventana suficiente para organizar una evacuación. El episodio volvió a poner en discusión las limitaciones de los sistemas de monitoreo meteorológico y la necesidad de conectar la información científica con decisiones oportunas de protección civil.

En declaraciones a Emol, el meteorólogo de la Dirección Meteorológica de Chile, Arnaldo Zúñiga, señaló que el país no cuenta con radares meteorológicos terrestres y depende de satélites geoestacionarios que registran la temperatura de la parte superior de las nubes. Esta tecnología puede presentar latencias de hasta 15 minutos y no permite observar directamente, con el mismo nivel de detalle, la intensidad de las precipitaciones en las capas bajas de la atmósfera. En eventos que evolucionan rápidamente, esa diferencia puede reducir el tiempo disponible para anticipar sus consecuencias.

Los radares meteorológicos terrestres permiten observar la lluvia y el viento en tres dimensiones, mediante impulsos electromagnéticos que detectan la intensidad y el movimiento de las precipitaciones. Según el académico de la Universidad de O’Higgins, Raúl Valenzuela, estos equipos pueden realizar escaneos de la atmósfera cada cinco minutos y cubrir radios de hasta 300 kilómetros, dependiendo de las condiciones y características del sistema. Sin embargo, contar con esa información no garantiza por sí solo una evacuación segura. Como advierte Ayaz Alam, doctor en Geología y académico de la Universidad de Santiago de Chile, “un radar meteorológico efectivamente es importante (…), pero no basta por sí solo, porque lo que hace es simplemente medir en tiempo real cuánta agua cae, dónde cae y con qué intensidad. Por lo tanto, ante una quebrada pequeña, nos da tiempo para reaccionar cuando el fenómeno ya está en desarrollo; a veces puede dar solo minutos y a veces horas, lo que permite realizar una evacuación, pero sin ninguna mitigación”.

La discusión sobre la infraestructura meteorológica tampoco es nueva. El climatólogo de la Usach, Raúl Cordero, denunció en CNN Chile que, después de los tornados registrados en 2019, se planteó dotar a la DMC de entre ocho y doce radares Doppler entre las regiones de Valparaíso y Los Lagos. De acuerdo con los antecedentes expuestos, esa propuesta técnica continúa paralizada por falta de presupuesto. La ausencia de una red de este tipo limita la capacidad de observar con mayor precisión sistemas de lluvia intensa y otros fenómenos que pueden desencadenar emergencias en distintas zonas del país.

Para Alam, la detección debe formar parte de una estrategia más amplia que combine radares con pluviómetros, fluviómetros y sensores capaces de monitorear el movimiento de las laderas. “Este sistema siempre se utiliza en combinación con otros tipos de tecnología. Por ejemplo, pluviómetros para medir las lluvias, fluviómetros para la medición de caudales y distintos tipos de sensores para monitorear el movimiento en las laderas”, explicó a Diario Usach. Estos instrumentos permiten reunir información complementaria sobre la lluvia, el comportamiento de los cauces y las condiciones del terreno, elementos relevantes para anticipar riesgos.

Experiencias en ciudades como Medellín, Río de Janeiro y otras zonas de Estados Unidos, Japón y Taiwán muestran cómo las herramientas de monitoreo pueden apoyar la alerta temprana y la evacuación de comunidades expuestas. No obstante, el académico recalca que la tecnología no reemplaza la prevención territorial. En sus palabras, estos sistemas “ha demostrado ser efectiva, pero solo para alertar a la población en las zonas bajas y facilitar su evacuación a tiempo; de ninguna forma constituye una mitigación. Para mitigar se necesita una labor continua y de largo plazo en terreno”. El desafío para Chile, por tanto, no es solo detectar mejor los eventos extremos, sino conectar esa información con protocolos de alerta, planificación urbana y medidas de reducción del riesgo que protejan a quienes viven cerca de quebradas y cauces.

Peste neumónica bajo vigilancia y qué tan preparado está Chile ante un caso sospechoso

La muerte de una trabajadora de laboratorio de 28 años en Siberia, Rusia, tras un cuadro que habría correspondido a peste neumónica, activó medidas preventivas y volvió a poner sobre la mesa una enfermedad infecciosa poco frecuente, pero potencialmente grave. Aunque las circunstancias del caso aún requieren confirmación, la situación ha generado atención por la capacidad de esta variante de transmitirse entre personas y por la importancia de actuar a tiempo ante una sospecha.

Las autoridades sanitarias rusas adoptaron medidas preventivas en la región de Irkutsk, donde se convocó a una reunión extraordinaria de la comisión sanitaria y antiepidémica. Para Ignacio Silva, infectólogo y académico de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Santiago de Chile, es fundamental distinguir entre un caso bajo investigación y una emergencia confirmada. “Hasta ahora son especulaciones. Ante eso, es mejor ser más precavido. Pero no hay una certeza, por lo tanto, creo que no hay que apresurarse en las conclusiones. Pero sí tomar medidas de contención”, señaló en conversación con Radio Usach.

La peste es causada por la bacteria Yersinia pestis, microorganismo asociado históricamente a la peste negra, una de las pandemias más devastadoras de la Edad Media. Actualmente existen herramientas de diagnóstico y tratamientos antibióticos que han cambiado el pronóstico de la enfermedad, pero eso no elimina la necesidad de mantener una vigilancia epidemiológica estricta. “Es una bacteria que efectivamente tiene un potencial de generar eventos tipo pandemia”, afirmó Silva, al referirse a la importancia de reconocer sus vías de transmisión y responder oportunamente ante posibles brotes.

La peste neumónica es una de las formas más graves de esta infección porque compromete directamente los pulmones. A diferencia de otras manifestaciones de la peste, puede transmitirse de persona a persona a través de partículas respiratorias, especialmente durante el contacto cercano. Entre sus síntomas están la fiebre repentina, los escalofríos, la tos intensa, el dolor de pecho y la dificultad para respirar. En casos graves puede aparecer expectoración con sangre y desarrollarse una insuficiencia respiratoria. Debido a que la evolución puede ser rápida, la detección y el tratamiento oportunos son fundamentales.

El especialista sostuvo que las medidas preventivas deben entenderse como parte de la preparación sanitaria, y no necesariamente como una señal de alarma internacional. “Con los aprendizajes que debiésemos haber tenido de la pandemia del COVID-19, es recomendable tomar medidas oportunas y que quizás pudiesen interpretarse como exageradas, pero en estos casos es mejor prevenir”, sostuvo. Entre las acciones relevantes se encuentran identificar a quienes tuvieron contacto con un caso sospechoso, evaluar la necesidad de aislamiento, informar a las autoridades y activar los protocolos de vigilancia epidemiológica.

En Chile, la peste es una enfermedad de notificación obligatoria, por lo que una sospecha debe comunicarse oportunamente a la autoridad sanitaria. Silva destacó la capacidad de respuesta del país y la importancia de que los equipos de salud reconozcan los síntomas y sepan cuándo investigar una posible infección. “Chile tiene un sistema de vigilancia muy robusto”, afirmó. La información disponible sobre el caso ruso, sin embargo, no permite concluir por sí sola que exista una amenaza para Chile ni que se esté desarrollando un brote internacional.

El episodio vuelve a recordar que algunas enfermedades históricas continúan presentes en distintas regiones del mundo, aunque sus casos sean poco frecuentes. Para Silva, la transparencia informativa y la preparación de los equipos clínicos son esenciales para evitar tanto una reacción tardía como una alarma injustificada. “La idea no es generar alarma. Aquí estamos ante un caso, pero cuando son microorganismos de importancia en la salud pública, creo que es mejor la transparencia en la información y que se tomen medidas preventivas oportunamente”, agregó.

El consumo de los hogares entra en el centro del debate económico en Chile

La economía chilena enfrenta un escenario marcado por el retroceso de la actividad y las dificultades del mercado laboral. En ese contexto, el economista y académico de la Facultad de Administración y Economía de la Universidad de Santiago (Usach), Gonzalo Martner, puso el foco en un factor que incide directamente en el movimiento de la economía cotidiana: cuánto gastan las familias y qué tan seguras se sienten respecto de su futuro financiero.

Durante una entrevista en el programa Línea 1 de Radio Usach, el especialista analizó el impacto de las expectativas de los hogares en el comercio y advirtió que una contracción del consumo puede convertirse en un riesgo para la actividad económica a corto plazo. La preocupación aparece en medio de las cifras negativas del Índice Mensual de Actividad Económica (Imacec) y el aumento del desempleo, dos señales de un panorama que mantiene bajo presión el desempeño del país.

Para Martner, el análisis económico no debería concentrarse exclusivamente en la inversión empresarial o en el desarrollo de infraestructura. Aunque estos elementos son relevantes para el crecimiento de largo plazo, el gasto de las familias representa una parte mucho mayor de la actividad económica. “Yo le vuelvo a insistir, la inversión en Chile es del 20 al 25% del PIB. Entonces hay un 75% que no es inversión (…) A mí me preocupa mucho más la situación de las expectativas de los hogares en su gasto”.

La advertencia apunta a cómo las expectativas sobre el empleo, los ingresos y la estabilidad financiera pueden influir en las decisiones de consumo. Cuando las familias enfrentan incertidumbre, pueden reducir sus compras, postergar gastos importantes o priorizar el pago de deudas. Si ese comportamiento se extiende, el menor movimiento del comercio y otros sectores puede convertirse en un problema para la actividad económica general.

El economista resumió este riesgo al comparar el peso de la inversión con el resto de los componentes de la economía. “Incluso si se invirtiera más (…) es solo un 25% del total. Y si el 75% restante se te cae, ¿qué haces?”. Su planteamiento pone sobre la mesa la importancia del consumo interno y de las condiciones que permiten a los hogares sostener sus gastos, especialmente en un escenario de mayor desempleo y menor dinamismo económico.

La discusión, por tanto, no se limita a los indicadores macroeconómicos. También involucra la capacidad adquisitiva de las personas, su nivel de endeudamiento y la confianza con que enfrentan los próximos meses. En el diagnóstico de Martner, observar el comportamiento de los hogares es clave para entender los riesgos de corto plazo: la inversión puede impulsar proyectos futuros, pero si el consumo pierde fuerza, una parte central del movimiento económico del país también puede resentirse.

Por qué Chile se volvió el nuevo chiste geográfico de internet

Chile volvió a convertirse en material para el algoritmo. Durante los últimos días, TikTok, Instagram y Reddit se llenaron de memes que llevan una característica evidente del territorio nacional hasta el absurdo: su particular forma larga y estrecha. La idea es simple, pero precisamente ahí parece estar parte de su éxito. Habitaciones donde apenas cabe una cama, personas exageradamente altas y delgadas, buses imposibles de angostos y hasta versiones ficticias del Metro comenzaron a circular como una caricatura colectiva de la geografía chilena.

Lo interesante es que esta vez la broma no quedó únicamente en manos de usuarios extranjeros. Los propios chilenos comenzaron a replicar, adaptar y llevar todavía más lejos el concepto, convirtiendo el meme en una especie de competencia por encontrar la representación más absurda posible del país. Para Juan Francisco Ugarte, académico del Departamento de Publicidad e Imagen de la Usach, esa reacción ayudó directamente a que el contenido siguiera circulando.

“lo llamativo de esto es que los chilenos, en vez de tomárselo mal, se lo tomaron también con humor. Entonces eso realimentó en el fondo el algoritmo”, explica el académico. La dinámica es conocida en las plataformas: una publicación genera una reacción, esa reacción se convierte en nuevo contenido y el ciclo vuelve a comenzar. En este caso, el objeto de la broma dejó de ser únicamente Chile visto desde afuera y pasó a convertirse también en una herramienta para que los propios usuarios construyeran nuevas versiones del meme.

“En vez de tomarlo como algo ofensivo, la gente lo tomó con humor y las personas del país también empezaron a crear otros memes que superan a los que pueden hacer en el extranjero, porque Chile es un país de memes”, señala Ugarte. El fenómeno se beneficia además de una característica básica de la cultura digital: no hace falta conocer demasiado sobre Chile para entender el chiste. La silueta del país funciona prácticamente como una imagen de lectura instantánea.

“Yo creo que se viralizó rápido porque claro, es un humor más visual, es simple, se entiende. El país se ve angosto, se ve largo, es muy flaquito. Entonces es muy fácil hacer, es muy fácil entenderlo sin saber dónde está exactamente o conocer Chile. Porque nuestro territorio en el resto del mundo no es muy conocido”. A eso se suma que la fórmula puede ser replicada por cualquier usuario, sin necesidad de grandes conocimientos de edición ni de contexto.

Como ocurre con buena parte de los fenómenos nacidos en redes, la duración es más difícil de anticipar que su velocidad de expansión. Según Ugarte, este tipo de memes puede tener una ventana de circulación particularmente intensa de entre una y tres semanas, aunque su permanencia dependerá de la capacidad de los usuarios para seguir encontrando nuevas formas de explotar la misma idea. Con el tiempo, el contenido puede perder fuerza como tendencia masiva, pero algunas bromas terminan convirtiéndose en referencias culturales reconocibles.

Ahí aparece el ejemplo de Australia. Ugarte recuerda cómo la idea de que “cualquier cosa en Australia te mata” pasó de ser una broma recurrente en internet a instalar una imagen reconocible internacionalmente sobre la fauna australiana y sus características. Chile podría seguir un camino parecido si la exageración de su forma territorial consigue trascender el ciclo habitual de un meme. “Puede ser que trascienda un poco como lo de Australia, por ejemplo. Todo el mundo sabe que tiene una fauna bastante particular”, concluye el experto. Por ahora, la fórmula sigue funcionando: mientras más angosto, más absurdo y, aparentemente, más chileno.

La economía chilena pierde fuerza en 2026 pero mira hacia 2027

La economía chilena llega al último tramo de 2026 con un ritmo menor al esperado. Así lo planteó la presidenta del Banco Central, Rosanna Costa, durante la presentación del Informe de Política Monetaria (IPoM) en la Facultad de Administración y Economía de la Universidad de Santiago. El escenario descrito combina un primer trimestre afectado principalmente por factores de oferta con una demanda interna más débil durante el segundo trimestre, además de un deterioro del mercado laboral y de los indicadores de confianza.

El ajuste también se refleja en las proyecciones. El Banco Central redujo su rango estimado de crecimiento del PIB para 2026 desde 1%-1,75% a 0,25%-0,75%. El consumo privado cerraría el año con un crecimiento estimado de 1,7%, mientras que la formación bruta de capital fijo, utilizada como referencia para la inversión, tendría una variación de -0,3%. El escenario incorpora además los efectos de condiciones climáticas adversas y una menor producción minera.

Costa, quien expuso ante autoridades universitarias y estudiantes de carreras como Ingeniería Comercial y Contador Público y Auditoría, planteó que el escenario podría cambiar durante los próximos años. “a partir de 2027, la economía retomará una senda de mayor expansión, en lo que jugaría un rol relevante la Ley de Reconstrucción, principalmente, por su impacto sobre la inversión”. Según el IPoM, esta legislación aportaría alrededor de 0,5 puntos porcentuales al crecimiento anual de 2027 y 2028, aunque el propio Banco Central advierte que su implementación podría generar un impulso diferente al considerado en el escenario central.

Las proyecciones apuntan a un crecimiento de entre 2% y 3% para 2027 y de entre 2,25% y 3,25% para 2028. El Banco Central espera que la inversión vuelva a tomar fuerza durante ese período, junto con una recuperación gradual del consumo privado. En paralelo, la institución mantiene su estimación de que la inflación convergerá hacia el 3% durante el segundo trimestre de 2027, después de un 2026 marcado por el impacto del precio de los combustibles.

El escenario, sin embargo, sigue expuesto a factores externos. Costa señaló que la incertidumbre geopolítica continúa siendo relevante y que el precio del petróleo ha vuelto a superar los US$100 por barril, con efectos sobre sus derivados. En el frente interno también persisten riesgos, aunque existe la posibilidad de que una recuperación más fuerte de la demanda lleve a una actividad superior a la contemplada actualmente. El Banco Central mantiene así la evaluación de la política monetaria reunión a reunión, en función de la evolución de la economía y de la inflación.

Otro elemento observado por Costa es la inversión vinculada a grandes proyectos productivos. “Hay algunos proyectos mineros que terminaron en el segundo trimestre y que se esperaba que terminaran más adelante, y eso también tiene una incidencia. Cuando vemos el catastro de proyectos de inversión, el catastro ha estado sistemáticamente mostrando nuevos proyectos relevantes”, explicó. De acuerdo con el IPoM, el catastro de la Corporación de Bienes de Capital registró un aumento de 15% en los montos totales de inversión previstos para el bienio 2027-2028, en un contexto marcado también por un precio del cobre elevado.

Discurso de Kast ante la ONU abre debate sobre la imagen de Chile

La primera intervención de José Antonio Kast como Presidente de Chile ante la Asamblea General de Naciones Unidas abrió un nuevo debate sobre la forma en que el Gobierno presenta al país frente a la comunidad internacional. El mandatario expuso el martes 22 de septiembre en Nueva York, en el marco del 81º período de sesiones de la Asamblea General, donde también planteó críticas al funcionamiento de la ONU y abordó materias vinculadas con seguridad, economía y política internacional.

Tras la intervención, el director del Departamento de Estudios Políticos de la Universidad de Santiago, Marcelo Mella, analizó el discurso en Línea Uno de Radio Usach. El académico cuestionó que el foro internacional fuera utilizado, a su juicio, para reiterar una narrativa asociada al diagnóstico de campaña del actual Gobierno, particularmente la idea de que Chile atravesaba una situación de deterioro que su administración estaría encargada de revertir.

“Utilizar este foro para denostar al país y volver al diagnóstico de campaña, de que Chile estaba destruido y que él lo ha venido a recuperar, me parece que contribuye a aumentar el nivel de desconfianza de actores que no son necesariamente MAGA (acrónimo de “Make America Great Again”) o no son necesariamente trumpistas y que con este discurso no tienen ninguna buena razón para apostar por Chile”, indicó.

Para Mella, el punto central está relacionado con la necesidad de generar confianza para atraer inversiones y capitales al país. Desde su perspectiva, una economía que busca posicionarse internacionalmente requiere construir certezas entre los actores privados, mientras que una narrativa centrada en una situación de crisis puede producir el efecto contrario. El académico sostuvo que la reiteración de este diagnóstico también puede afectar la percepción sobre la propia administración.

“El daño a la imagen de Chile es algo que el presidente Kast no lo ha calibrado e insiste en una fórmula que ya dentro del país tiene dilapidada la confianza de la opinión pública en su gobierno”, planteó.

El politólogo también vinculó su análisis con la composición de los equipos de asesoría del Ejecutivo. Según Mella, tanto durante la administración de Gabriel Boric como en el actual Gobierno existiría una falta de trayectoria política entre algunas de las personas que ocupan posiciones estratégicas en el denominado “segundo piso”, estructura que concentra parte de las labores de asesoría presidencial.

Su crítica apunta específicamente a la experiencia de quienes participan en la toma de decisiones y en la construcción de la estrategia política del Ejecutivo. Mella sostuvo que la ausencia de trayectoria en funciones de Estado puede generar consecuencias que trasciendan la coyuntura y tengan efectos de largo plazo. El debate queda así instalado entre la comunicación política del Gobierno, la proyección internacional de Chile y la capacidad de sus equipos para administrar decisiones con impacto más allá de la agenda doméstica.

El ruido de sables que cambió el rumbo político de Chile en 1924

Hace poco más de un siglo, Chile atravesó una crisis política que terminó cambiando la estructura del Estado y devolviendo a los militares al centro de la escena nacional. En septiembre de 1924, un movimiento protagonizado por oficiales del Ejército presionó al Congreso, precipitó la salida del presidente Arturo Alessandri Palma y terminó con la clausura del Parlamento. El episodio, conocido como el “ruido de sables”, abrió un período de inestabilidad que culminaría al año siguiente con una nueva Constitución y el retorno a un régimen presidencial.

La crisis, sin embargo, no comenzó de un día para otro. El sistema parlamentario que predominaba desde 1891 arrastraba conflictos vinculados al estancamiento legislativo, la denominada “cuestión social”, las demandas de nuevos sectores sociales y una creciente tensión entre el Ejecutivo y el Congreso. La crítica al funcionamiento del régimen se había intensificado desde la época del Centenario y, durante el gobierno de Alessandri, las dificultades para avanzar con su programa de reformas sociales profundizaron el escenario.

“Lo primero que hay que comprender es que el sistema parlamentario venía dando señales de agotamiento desde antes de 1920. De hecho, la crisis del centenario en 1910 ya mostraba una profunda crítica al régimen por su incapacidad para responder a los desafíos del siglo XX”, explica Nicolás Molina, académico de la Facultad de Derecho de la Universidad de Santiago. El especialista plantea que el conflicto no puede reducirse simplemente a una supuesta desconexión entre parlamentarios y ciudadanía, ya que dentro del Congreso existían distintas posiciones respecto de las reformas laborales y sociales.

El momento que quedó grabado en la historia llegó a comienzos de septiembre de 1924, cuando oficiales jóvenes acudieron a las tribunas del Senado mientras se discutía la dieta parlamentaria. El sonido de los sables al abandonar el recinto terminó convirtiéndose en el símbolo del movimiento. Lo que inicialmente fue una protesta de la oficialidad evolucionó rápidamente hacia una presión política sobre el Gobierno y el Congreso. El 11 de septiembre, Alessandri dejó el poder y una Junta de Gobierno asumió el control, mientras el Parlamento fue disuelto.

Para Molina, detrás de aquella escena existía una acumulación de problemas económicos, sociales y políticos. “Aparecieron actores que exigieron ser escuchados en un contexto reservado a las élites, como el proletariado, la clase media y, por supuesto, los propios militares, quienes en su mayoría pertenecían a esos sectores medios emergentes”. El episodio reflejó así un país que estaba cambiando y donde grupos que habían tenido una participación limitada en las decisiones políticas comenzaban a disputar un espacio mayor.

El movimiento militar también tuvo una dimensión inesperada para la época. La presión de los oficiales coincidió con un malestar que atravesaba distintos sectores de la sociedad y con la percepción de que el sistema político no estaba respondiendo con suficiente rapidez a las demandas existentes. La aprobación acelerada de varias leyes sociales después de la irrupción militar fue parte de ese proceso, aunque la crisis terminó excediendo las reivindicaciones originales y desembocó en una ruptura institucional.

“El comité militar representa, en un sentido concreto, un Golpe de Estado. Quizás fue menos visible y menos dramático que el de 1973, pero en un Estado de Derecho donde la jefatura de gobierno recae en el Presidente, que un comité militar se siente a su lado es una anomalía por donde se le mire”, afirma el académico. El proceso tampoco terminó con la primera Junta de Gobierno: en enero de 1925, un nuevo movimiento militar desplazó a esa Junta y abrió el camino para el retorno de Alessandri, quien reasumió la Presidencia en marzo de ese año.

El desenlace fue una transformación profunda del sistema político. La Constitución promulgada el 18 de septiembre de 1925 estableció un régimen presidencial con una separación más definida de poderes y puso fin al predominio parlamentario que había caracterizado las décadas anteriores. Con ella comenzó una nueva etapa institucional que marcaría buena parte de la historia política chilena del siglo XX.

El “ruido de sables” de 1924 quedó así como uno de los episodios que mejor muestran cómo una crisis institucional puede acumularse durante años antes de estallar. Más que una escena aislada protagonizada por militares molestos por una votación parlamentaria, fue el resultado de tensiones entre un sistema político debilitado, nuevas demandas sociales, dificultades económicas y una sociedad que estaba cambiando. Un siglo después, aquel septiembre sigue siendo una pieza clave para entender cómo Chile pasó del parlamentarismo a un presidencialismo que marcaría su siguiente etapa política.

La minería chilena entra en una nueva era de automatización

La minería chilena enfrenta un escenario donde producir más ya no depende únicamente de aumentar la capacidad de las faenas. La gestión de activos, la automatización y el uso de inteligencia artificial están tomando un rol cada vez más relevante para mantener la productividad y la continuidad operacional, especialmente frente a desafíos como la disminución de las leyes de los minerales. Ese fue uno de los ejes de la charla “Gestión de activos en minería: desafíos y palancas para excelencia operacional”, realizada en la Universidad de Santiago.

Durante el encuentro, realizado en el Auditorio del Departamento de Ingeniería Industrial, el gerente corporativo de mantenimiento de Codelco, Iván Tobar, abordó los avances tecnológicos de la compañía y los desafíos relacionados con seguridad y manejo de riesgos. Frente a estudiantes y académicos, también recordó el accidente ocurrido hace poco más de un año en la División El Teniente, donde seis trabajadores fallecieron y cuyas causas continúan siendo investigadas.

Tobar enfatizó que la productividad no puede imponerse sobre la seguridad. El ejecutivo sostuvo que no existe una meta productiva que justifique un accidente y planteó que, aunque Codelco tiene la responsabilidad de producir, no puede hacerlo a cualquier costo. En ese contexto, explicó que actualmente más de 40 camiones y cargadores autónomos operan en El Teniente, mientras parte de estos equipos son controlados de manera remota desde Rancagua, a unos 50 kilómetros del yacimiento. “Lamentablemente los accidentes nos enseñan que hay que aprender, modificar, y mejorar todos los sistemas de seguridad”, insistió.

La incorporación de tecnología también está modificando la forma en que se monitorean los equipos mineros. Según Tobar, Codelco alcanzó un 40% de mejora en la producción mediante el uso de inteligencia artificial y obtuvo más de un 15% de aumento en la recuperación de minerales. La automatización permite además anticiparse a eventuales problemas mecánicos mediante sensores capaces de transmitir datos de manera permanente, reemplazando procesos que antes requerían controles presenciales en terreno.

El avance hacia operaciones autónomas ya se encuentra en etapa de pruebas en prácticamente todas las faenas asociadas a la corporación. Tobar explicó que, al comparar flotas autónomas con aquellas que utilizan operadores, los equipos presentan menores gastos desde el punto de vista mecánico. El cambio no solo implica incorporar máquinas capaces de operar con menor intervención humana, sino también desarrollar sistemas capaces de interpretar grandes cantidades de información y anticipar fallas antes de que estas interrumpan la operación.

La discusión también abordó el futuro de la demanda mundial de cobre, especialmente por el avance de la electrificación y la electromovilidad. Tobar sostuvo que el mundo necesitará 37 millones de toneladas de cobre fino hacia 2050 y recordó que Chile mantiene una posición relevante en el mercado global. “Nosotros como chilenos estamos bien posicionados en el mundo al producir el 24% del cobre mundial y de ese porcentaje un 5% lo produce Codelco”, manifestó.

La transición hacia vehículos eléctricos aparece como uno de los factores que podrían aumentar la presión sobre la disponibilidad del metal rojo. “un auto a combustión interna cuenta con 25 kilos de cobre mientras que los autos eléctricos requieren entre 60 y 70 kilos”, explicó Tobar. Para la Universidad de Santiago, este escenario también abre espacio para una mayor colaboración entre la academia y la industria. El rector Pedro Palominos destacó que el encuentro “que marca un hito importante para conocer de primera fuente las problemáticas y desafíos de Codelco”, planteando que la vinculación entre ambos sectores puede contribuir al desarrollo de soluciones tecnológicas locales frente a los desafíos que enfrenta la minería chilena.

Cómo detectar una posible estafa al cargar combustible

Una denuncia realizada por el creador de contenidos Rodrigo Fernández, conocido como “Otakin”, volvió a poner bajo la lupa las posibles irregularidades que pueden ocurrir al momento de cargar combustible. El hecho ocurrió en una estación de servicio Aramco de Hualpén, en la Región del Biobío, donde el afectado aseguró haber pagado $30.000 por una carga que no habría sido suministrada a su vehículo. Tras solicitar la presencia de Carabineros, según su relato, personal policial habría constatado un “proceso irregular de carga”.

Más allá de este caso particular, existen algunas señales que los conductores pueden revisar para detectar eventuales inconsistencias antes de abandonar una estación de servicio. El académico de la Universidad de Santiago y jefe de la carrera de Ingeniería Civil en Mecánica, Matías Pacheco, explica que una de las modalidades consiste en aprovechar el registro de una carga anterior para hacer creer al cliente que el combustible solicitado efectivamente fue suministrado.

“Los principales métodos de estafa que conozco es que te tratan de engañar con la misma carga de combustible. Esto es que te engañan para creer que cargaste y no fue así”, señala Pacheco. Según explica, una eventual manipulación puede producirse cuando, después de una carga previa, el monto visible en el surtidor es modificado sin iniciar correctamente una nueva operación, manteniendo en pantalla los litros y el valor asociados al cliente anterior.

Por eso, una de las primeras recomendaciones es tan simple como mirar el contador antes de que comience la carga. “Siempre fijarse que el contador de litros de la estación parta de 0 y empiece a subir de a poco”, enfatiza el académico. También resulta útil conocer aproximadamente cuánto combustible necesita habitualmente el vehículo, ya que una referencia sobre los litros que suelen ingresar al estanque permite identificar diferencias entre lo solicitado y lo efectivamente cargado.

Otra situación que requiere atención ocurre cuando el trabajador informa que hubo un error en el monto solicitado y propone completar posteriormente la diferencia. “Uno llega a cargar $40.000 y en la estación le dicen ‘perdón, le había escuchado 20, ahora pongo 20 más’. En ese caso una posibilidad es que los primeros $20.000 hayan hecho lo que comenté anteriormente y luego te cargan solo $20.000 y no los $40.000 originalmente solicitados”, sostiene Pacheco. Ante este tipo de escenarios, recomienda comprobar que el monto final corresponda exactamente a la cantidad de combustible solicitada.

El académico también plantea una medida preventiva poco habitual: evitar, cuando sea posible, montos completamente cerrados. “Otra forma es pedir montos no cerrados, por ejemplo $19.000, así no pueden usar lo anterior”, afirma. La idea es dificultar que un registro previo pueda confundirse con la nueva operación y, al mismo tiempo, mantener un mayor control sobre el monto que aparece en el surtidor.

La boleta, finalmente, puede convertirse en una de las principales herramientas para comprobar que la operación corresponde efectivamente a la carga realizada. Pacheco recomienda revisar la fecha y el horario del documento y conservarlo después del pago. “Que la boleta que le den a uno corresponda a la fecha y horario, incluso los minutos aproximados, para que no sea una anterior del mismo día”, explica. También considera que utilizar la aplicación de la propia estación puede agregar una capa adicional de trazabilidad, aunque advierte que “no es 100% seguro”. En cualquier caso, revisar el contador desde cero, verificar los litros y el monto final y guardar el comprobante permite al conductor tener mayor control sobre una operación que muchas veces ocurre en cuestión de minutos.