Ciencia e innovación

Informe U. de Chile propone ruta de transformación para una minería más limpia ante avance del cambio climático

Incorporar la electromovilidad y la eficiencia energética, fomentar las Energías Renovables No Convencionales (ERNC), propiciar una mayor responsabilidad de la minería respecto a sus emisiones e incentivar la investigación y el desarrollo en estas líneas de acción son parte de la ruta de transformación que la Universidad de Chile, a través de Beauchef Minería, dependiente de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (FCFM), propone a través del informe “Minería y Cambio Climático”. El trabajo, dirigido por los profesores Willy Kracht y Bárbara Salinas, y que contó con la contribución de numerosos académicos e investigadores de la FCFM, plantea que un plan de acción para la reducción de emisiones bajo estas directrices posicionaría a la minería chilena, y particularmente al cobre, como un producto diferenciado y limpio, mientras se genera un nuevo mercado.

El estudio, correspondiente a la tercera entrega de una serie de estudios sobre Minería, Tecnología y Sociedad, aborda los compromisos y desafíos que el cambio climático representa para la minería chilena. En concreto, ofrece una mirada actualizada de estadísticas del sector, tendencias, vulnerabilidades frente al cambio climático y demandas proyectadas para distintos minerales, al tiempo que muestra la relación que existe entre la transición energética, temas de electromovilidad y minería, donde la base se centra en la mitigación de los efectos del cambio climático. Este proceso impone importantes desafíos, sobre todo para la minería del cobre, debido a que, al ser un metal clave para el desarrollo de tecnologías limpias, su demanda experimentará un incremento estimado en cerca de 50% a nivel global hacia el 2050, lo que irá acompañado de un crecimiento de la industria minera y un aumento en el consumo de electricidad por sobre el 41% al 2029.

“La eficiencia energética, a diferencia de lo planteado usualmente, se presenta como una opción con gran potencial, mientras se generen los incentivos adecuados y haya mayor conocimiento respecto a su implementación. Por otro lado, el documento abraza la oportunidad única de la energía solar en sus diversas formas, sin dejar de lado los aportes de otras energías renovables, la electromovilidad y el hidrógeno como portador energético. Todo este análisis se realiza considerando los impactos que podría eventualmente tener el desarrollo de estas tecnologías a nivel local, donde se destaca el ‘dilema del litio’ como una disyuntiva no resuelta entre huella de carbono y huella hídrica”, comenta en el prólogo de este trabajo el profesor Rodrigo Palma, académico del Departamento de Ingeniería Eléctrica y director del Centro de Energía.

Actualmente, el sector energía es responsable del 78% de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero, y el consumo de electricidad representa más del 70% de las emisiones de la minería. De esta forma, el informe advierte que “el sector minero es intensivo en el uso de energía, situación que empeorará, debido a que los yacimientos se encuentran cada vez más profundos, con leyes decrecientes y con mayor dureza de la roca, por lo que el consumo energético aumentará (Fundación Chile, 2016). Además, las minas a rajo abierto se irán profundizando, requiriendo mover más material estéril por tonelada de material tratado y a una mayor distancia, aumentando el uso de diésel. Otro factor que elevará el consumo energético es la desalinización”.

Willy Kracht, director del Departamento de Ingeniería de Minas de la U. de Chile e integrante de Beauchef Minería, comenta que el cobre además es un elemento clave para el desarrollo de tecnologías limpias y plantea que “existe una demanda de más minería en el avance hacia la transición energética, la cual es ineludible. Entonces, visualizamos que si hay una matriz energética basada en tecnologías limpias, siendo intensivas en el uso de minerales, el cobre es importante en ella. Se impone un desafío de producción sostenible, producción limpia desde la perspectiva minera”.

Destaca, además, que la minería es intensiva en el uso de combustible y energía eléctrica. “De hecho, demanda alrededor de 1/3 de la energía eléctrica que se produce en el país y un 20% del diésel de consumo a nivel nacional. Por lo tanto, tenemos que hacernos cargo de las emisiones directas e indirectas”. En esta línea, agrega que contamos como país con ventajas importantes para la generación de energías renovables, ya que tenemos altos niveles de radiación para la generación de energía solar, en una región que es además cercana a donde se encuentran grandes operaciones mineras”.

El documento indica que “a pesar de que generamos solo un 0,25% de las emisiones globales, Chile produce casi el 30% del cobre mundial, por lo que si nuestros esfuerzos se concentraran en la minería, el aporte a la producción cuprífera mundial sería muy relevante”. En este sentido, Willy Kracht enfatiza que es necesaria una transformación del sector minero para dar cuenta de los desafíos del cambio climático, “que si bien a nivel local la contribución al entorno global es reducida, no resta la responsabilidad que tenemos en un tema tan importante para el planeta completo”.

Por su parte, Bárbara Salinas destaca que el estudio de Beauchef Minería se hace aún más relevante hoy día en el contexto de la reciente publicación del último informe del IPCC, con conclusiones bastante desesperanzadoras, lo que pone al cambio climático como una urgencia incluso mayor de la que tenía cuando se redactó. Es por esto que se propone una ruta de transformación de la minería que apunte a la reducción de emisiones con foco en energía. “Para cumplir con el Acuerdo de París la transformación energética es ineludible. Si queremos limitar el aumento de temperatura debemos alcanzar la carbono neutralidad al año 2050, para lo cual las principales medidas que se han impulsado son la transformación de la matriz energética y la electromovilidad”, señala el documento.

“La minería chilena, que hoy es responsable directa o indirectamente de cerca del 21% de las emisiones de CO2 del país, no puede quedarse fuera de este compromiso global. Además, el cobre es un mineral estratégico para el desarrollo de las tecnologías limpias que se están impulsando globalmente para reducir emisiones, por lo que es lógico pensar que este metal debe ser extraído de la forma más sustentable posible” explica la académica a propósito de la importancia creciente que este metal tendrá para la descarbonización, por ejemplo, a través del desarrollo de ERNC y vehículos eléctricos. Al respecto, el informe releva que el 74% de la demanda total de cobre será utilizada para el desarrollo de tecnologías de generación solar y eólica, sin embargo, es probable que esta estimación esté significativamente subestimada, dado que no incluye los requerimientos de infraestructura, como los sistemas de transmisión, ni el crecimiento de la población mundial.

Bárbara Salinas asegura que esto podría beneficiar tanto a Chile (porque se reducirán las emisiones del país) como a la industria minera, “no solo porque sería capaz de entregar un producto limpio y diferenciado, sino que también más competitivo en un mundo donde las personas se preocupan cada vez más del procedimiento de los bienes que consumen. Al ser responsables de cerca del 30% de la producción de cobre mundial, podríamos convertirnos en un ejemplo para que la minería se transforme en una industria más limpia”.

En este sentido, afirma que Chile tiene amplias ventajas para llegar a ser una potencia de energías renovables en la región a través de la energía solar y el hidrógeno verde. “Dado que el hidrógeno verde es aún un mercado incipiente en comparación a otras tecnologías limpias, se visualiza una gran oportunidad de desarrollo local para el norte de Chile, lugar que posee ventajas importantes para su producción. De este modo, sería una solución para la maquinaria pesada en minería, que actualmente no es posible alimentarla con baterías de litio”, comenta. A esto añade que el hidrógeno, además, podría ser una tecnología menos problemática que el litio, “debido requiere una pequeña cantidad de agua en su producción, industria que está experimentando conflictos con las comunidades del norte por este tema”.

La académica cree que es momento de que Chile tome las ventajas que le otorga su geografía en la producción de energías renovables para innovar y desarrollar la tecnología a nivel local, en vez de seguir importándola y adaptándola a la realidad nacional. “Aprovechar el enfoque de economía circular en la minería para generar mercados locales de reciclaje de baterías de litio y celdas de hidrógeno podría ser un nuevo impulso de desarrollo para nuestro país. Al igual que las baterías de litio, si las celdas de combustible de hidrógeno no se reciclan, pueden llegar a ser no tan sustentables como parecen. En este ámbito, nuestro país podría integrar el concepto de economía circular y la producción de las celdas de combustible, aprovechando que es un mercado que aún está en desarrollo y queda mucho por investigar e innovar al respecto”, concluye.

Universidad realizará maratón de astronomía sobre el Sistema Solar para niños y niñas

“Festival de Astronomía para niños y niñas” es el nombre de la verdadera maratón de astronomía que realizará este sábado 28 y domingo 29 de agosto el Departamento de Astronomía de la Universidad de Chile. La jornada de divulgación, centrada en nuestro Sistema Solar, será transmitida a través de las cuentas de Facebook y Youtube de la Universidad de Chile y de su Departamento de Astronomía. Adicionalmente, las ponencias serán retransmitidas por decenas de cuentas de Pares Explora, municipalidades e instituciones afines.

“Agosto se termina y queremos celebrarlo con todos los niños y niñas de Chile. El ciclo buscará maravillar a sus asistentes virtuales con los ocho planetas del Sistema Solar. Además, quiero hacer una especial mención de agradecimiento a los amigos de Explora Maule, que crearon las gráficas de promoción web, quedaron fantásticas”, comenta Patricio Rojo, director del Observatorio Astronómico Nacional y del Departamento de Astronomía de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (FCFM) de la Universidad de Chile.

“Para mí participar en esta jornada significa inspirar preguntas y fomentar la curiosidad. Este ciclo será especial porque aunque el Sistema Solar es conocido, siempre hay misterios y cosas nuevas que aprender”, indica Teresa Paneque, estudiante de Doctorado del Observatorio Europeo Austral y divulgadora científica de la Universidad de Chile.

La actividad incluye 10 charlas, todas gratuitas, abiertas y disponibles a través de las distintas cuentas de Youtube y Facebook asociadas. Al final de cada jornada (sábado 28 y domingo 29 de agosto), se realizará además una ponencia magistral a cargo de dos premios nacionales de ciencias exactas de la Casa de Bello: María Teresa Ruiz y José Maza Sancho.

“Yo hablaré del Sol, ese objeto maravilloso que nos ha regalado el milagro de la vida, buscaré imágenes muy lindas para que los pequeños de la casa lo disfruten”, explica la profesora Ruiz, quien es además Ph.D en Astrofísica de la Universidad de Princeton (Estados Unidos).

Finalmente, el profesor Maza cerrará el ciclo con una charla sobre la Luna y el proyecto Artemisa de la NASA. “La Luna es nuestro satélite natural. Está a 384 mil kilómetros de la Tierra y tiene un tamaño algo más de la cuarta parte de la Tierra. Es un satélite muy grande comparado con su planeta. Hace 50 años la Luna fue visitada por seis parejas de astronautas, que caminaron sobre su superficie y trajeron piedras lunares de regreso a la Tierra. Ahora, para el 2024 se planea un nuevo viaje a la Luna: el proyecto Artemisa irá a establecer una base lunar, cerca del polo sur de nuestro satélite. Irán por primera vez en la historia mujeres a nuestro satélite. La Agencia Espacial de Estados Unidos (NASA) espera tener una base científica permanente en nuestro satélite. Todo eso y algo más lo escucharán y verán en la charla del 29 de agosto”, concluye el académico.


Programa del Festival de Astronomía

Mercurio, el primer planeta
Teresa Paneque
Estudiante de Doctorado ESO y divulgadora del DAS
¿Cuándo? Sábado 28 de agosto – 10:00 horas

Venus, el gemelo caluroso
Benjamín Navarrete
Estudiante del Magíster en Ciencias mención Astronomía de la FCFM de la U. de Chile y divulgador del DAS
¿Cuándo? Sábado 28 de agosto – 11:00 horas

La Tierra, nuestro hogar
Silvio Ulloa
Estudiante de la Licenciatura en Ciencias mención Astronomía de la FCFM de la U. de Chile y divulgador DAS- Antukuyen
¿Cuándo? Sábado 28 de agosto – 12:00 horas

Marte, el destino rojo
José Vines
Estudiante del Doctorado en Ciencias mención Astronomía de la FCFM de la U. de Chile y divulgador del DAS
¿Cuándo? Sábado 28 de agosto – 15:00 horas

El Sol, la fuente de la vida
María Teresa Ruiz
Astrónoma U. de Chile y directora del Centro de Astrofísica CATA
¿Cuándo? Sábado 28 de agosto – 18:00 horas

Júpiter, el coloso del Sistema Solar
Vicente Donaire
Estudiante del Magíster en Astronomía FCFM de la U. de Chile y divulgador del DAS
¿Cuándo? Domingo 29 de agosto – 10:00 horas

Saturno, simplemente majestuoso
Jennifer Anguita
Estudiante del Magíster en Astronomía FCFM de la U. de Chile y divulgadora DAS-CATA
¿Cuándo? Domingo 29 de agosto – 11:00 horas

Urano, un mundo misterioso
Vanessa Aravena
Estudiante de la Licenciatura en Ciencias mención Astronomía de la FCFM de la U. de Chile y divulgadora DAS y Antukuyen
¿Cuándo? Domingo 29 de agosto – 12:00 horas

Neptuno, un monstruo azul
Francisca Contreras
Licenciada en Ciencias mención Astronomía de la U. de Chile y divulgadora DAS-CATA-Antukuyen
¿Cuándo? Domingo 29 de agosto – 15:00 horas

La Luna y el proyecto Artemisa
José Maza
Astrónomo de la Universidad de Chile y jefe de Comunicaciones del Centro de Astrofísica CATA
¿Cuándo? Domingo 29 de agosto – 18:00 horas

Instituciones que transmitirán el ciclo de charlas

Astrónomos de universidad chilena asumen puestos claves en la Unión Astronómica Internacional

Como un reconocimiento a la trayectoria y el aporte que han realizado los/as tres académicos/as del Departamento de Astronomía de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Casa de Bello a su área de trabajo, fue destacada la incorporación de Mónica Rubio, René Mendez y Patricio Rojo en diferentes cargos de responsabilidad al interior de la Unión Astronómica Internacional.

En el caso de la doctora Mónica Rubio, ella se convertirá en la primera astrónoma chilena en presidir una División de la UAI, la H sobre “Medio Interestelar y Universo Local”, donde sus funciones serán asesorar y apoyar a las nuevas autoridades del organismo, que corresponde al comité ejecutivo, integrado por el/la Presidente, las 6 vicepresidencias, y la secretaría ejecutiva. “Una de mis tareas será seleccionar y definir los próximos simposios que organizará la entidad, así como todas las otras actividades que se realizarán en este período. También, trabajaré en apoyar la creación de las Comisiones de cada División, en pos de agrupar a los especialistas en temas específicos”, señala la también Ph.D en Astrofísica de la Universidad de París VII, Francia.

Sobre lo que significa para ella este nombramiento, la académica indica que “me hace muy feliz, me siento muy honrada y agradecida, pues es un reconocimiento a nivel mundial por mis aportes del conocimiento del Universo en el área de las galaxias enanas y su importancia en la vida y la evolución del cosmos. Imagínate lo que es sentir que los especialistas en galaxias y el medio interestelar (la materia que está entre las estrellas), que son unos 3 mil en la IAU me hayan seleccionado para este puesto, es una gran responsabilidad”, explica.

Respecto a su División, la académica explica que esta “reúne a especialistas del mundo sobre el estudio del material que se encuentra entre las estrellas en todas partes del Universo, especialmente en las galaxias más cercanas a la nuestra, o mejor dicho contemporáneas a la nuestra, por lo que estudiamos el material por el cual las estrellas se forman y al evolucionar van contaminando el cosmos con átomos cada vez más complejos. Es un área muy interesante y que con los nuevos instrumentos y telescopios gigantes que se están construyendo proporcionará grandes descubrimientos”.

Por su parte, el profesor René Mendez indica “en lo personal es una gran satisfacción ver que los pares a nivel internacional reconocen y valoran tu trabajo. A nivel profesional lo siento como un espaldarazo a la seriedad y constancia en el trabajo disciplinar realizado a través de toda mi carrera”.

Méndez, quién es Ph.D en Astrofísica de la Universidad de Yale (Estados Unidos), pasará a integrar el comité organizador de la Comisión A1, que coordina los esfuerzos de investigación relacionados con “el sistema de coordenadas (definición, realización práctica, mantención y actualización), posiciones, movimientos propios y paralajes (distancias) de objetos celestes. Esta Comisión también está involucrada en la determinación precisa de distancias en el Universo, lo que constituye la base de la astrofísica moderna”, dice el astrónomo.

Sus funciones serán variadas, “fundamentalmente, incluyen apoyo a la Comunidad Astronómica Internacional, en mi caso, en el ámbito de la astrometría. Esto incluye apoyar al presidente de la Comisión en su agenda de propuestas, participar en la redacción de los informes anuales de actividad de la Comisión o el reporte final (cada tres años) sobre el estado del arte disciplinar, transmitir y ayudar a difundir información relevante para el área, apoyar la realización de reuniones científicas de la organización, impulsar resoluciones de estándares internacionales en astrometría, etc.”, concluye.

Finalmente Patricio Rojo, quien es Ph.D en Astrofísica de la Universidad de Cornell (Estados Unidos) y quien ostenta el cargo de Director del Departamento de Astronomía y del Observatorio Astronómico Nacional de la Universidad de Chile, se mantiene como integrante del comité organizador de la Comisión F3 de Astrobiología, donde ya lleva dos años como miembro. “Mi responsabilidad en ella es organizar encuentros y dar consejos al presidente sobre este tema. En estos instantes estamos organizando la conferencia del año 2022 en Sudáfrica (que fue pospuesta por la pandemia).

La Comisión sobre Astrobiología se enfoca en los temas de esta disciplina, que busca responder a la pregunta de si “estamos solos en el Universo”, para la cual los astrónomos trabajamos junto a químicos, biólogos y otras disciplinas”.

Los tres académicos comenzarán sus respectivos períodos directivos a partir del 26 de agosto del 2021, teniendo una duración de 3 años, hasta el año 2024. La ceremonia oficial de traspaso a los nuevos representantes elegidos tomará lugar en la Sesión Ejecutiva de la XXXI Asamblea General de la IUA que tendrá lugar entre el 23 y 26 de agosto, vía on-line, debido a la pandemia de la COVID-19.

Investigación revela la evolución de la cordillera de Los Andes durante sus primeros 100 millones de años

“El objetivo del estudio fue trazar la evolución de la cordillera Andina durante sus 100 millones de años iniciales. La cordillera de Los Andes empieza a formarse hace poco más de 200 millones de años atrás y sus primeros indicios son lo que denominamos acá en Chile como cordillera de la Costa”, explica José Joaquín Jara sobre la investigación que realizó como doctorante en el Núcleo Milenio Trazadores de Metales (NMTM) del Departamento de Geología Universidad de Chile.

El estudio fue dado a conocer por la prestigiosa revista Nature Communications, journal de acceso abierto que publica investigaciones de alta calidad e impacto en áreas de las ciencias biológicas, físicas, químicas y de la Tierra, a través del artículo “Episodic construction of the early Andean Cordillera unravelled by zircon petrochronology”. El primer autor de este trabajo es José Joaquín Jara, quien actualmente se desempeña como profesor del Departamento de Ingeniería en Minería de la Pontificia Universidad Católica, y en el figuran como coautores el director del NMTM, Martin Reich; el subdirector Fernando Barra; y el investigador principal Diego Morata, todos académicos del Departamento de Geología de la Universidad de Chile.

“Nosotros estudiamos los circones contenidos en rocas intrusivas, los datamos y pudimos ver que la Cordillera de la Costa se configuró aproximadamente desde los 200 a los 100 millones de años atrás por múltiples episodios magmáticos que están relacionados a cambios en la estructura y la configuración de las placas tectónicas. Además pudimos ver cómo las señales geoquímicas de los magmas fueron cambiando en el tiempo, y como éstas se relacionan con los grandes cambios tectónicos”, detalla sobre la investigación José Joaquín Jara.

Uno de los aspectos relevantes de esta publicación es que centra su foco de análisis desde el magmatismo. “Habían estudios desde el punto de vista de la geología estructural y el régimen tectónico, pero escasa evidencia desde el punto de vista de la evolución del magmatismo”, destacó Jara, lo cual es un gran avance en el entendimiento más avanzado de la formación y las características de la cordillera de Los Andes en su etapa inicial, un caso de estudio único en el mundo y para las Ciencias de la Tierra de Sudamérica.

Los circones son un tipo de mineral relativamente común en las rocas ígneas que presentan una importante característica para su estudio: al ser robustos y muy insolubles, mantienen las condiciones en las cuales se formaron, a diferencia de otros minerales más proclives a ser alterados. “Los circones no modifican su composición cuando se calientan o son sometidos a presiones relativamente altas (por ejemplo por procesos de fluídos hidrotermales o de metaformismo), es decir, se mantienen cerrados como una cápsula del tiempo. Por ende, su estudio nos permite conocer la composición química inicial del magma a partir del cual se formaron, y datar su edad”, dijo el investigador.

“Trabajamos en base a la composición química de los circones, lo cual permite estudiar los cambios de la composición magmática, y también analizamos su composición isotópica de uranio, torio y plomo, que permite determinar con alta precisión la edad radiométrica de formación. Con esta información se pudo inferir cambios en el tiempo en el margen andino”, agregó el investigador del NMTM.

Jara comentó que está muy contento porque la investigación fue publicada en un journal de altísimo impacto y porque tuvo una muy buena recepción por parte de editores y revisores. “Una de las observaciones de un revisor fue que este paper es un buen ejemplo de que se puede hacer ciencia de primer nivel en Chile, un país que no cuenta con todos los recursos que sí tienen los países desarrollados, y eso es un orgullo para nuestro equipo“, indicó.

La zona de estudio fue el Norte de Chile y consideró una región bastante amplia: desde el sur de Taltal (Región de Antofagasta) hasta el norte de La Serena (Región de Coquimbo). La metodología de trabajo incluyó un minucioso y detallado análisis en los laboratorios de espectrometría de masas del Centro de Excelencia de Geotermia de Los Andes (CEGA), que son coordinados por el profesor Fernando Barra, investigador del NMTM. La totalidad de los nuevos datos obtenidos fueron realizados en los laboratorios del CEGA, posicionando el liderazgo de la Universidad de Chile a nivel internacional en geoquímica.

Respecto a las proyecciones tras esta publicación, Jara comentó que “la cordillera de la Costa alberga depósitos minerales que son muy importantes y que desde el Núcleo Milenio se han ido estudiando en detalle en los últimos años. Los resultados publicados abren nuevas ideas de los procesos de formación de dichos depósitos minerales. Nos da nueva evidencia regional de cómo se pueden haber formado dichos depósitos y queremos abordar este tema desde la perspectiva de la metalogénesis regional de estos depósitos”, concluyó.

Primera fase del Parque Observatorio Cerro Calán ya está abierta al público

Un sendero peatonal de 2 kilómetros de largo con miradores a la ciudad. Esta es parte de la primera fase ya habilitada del parque ciudadano en el que se convertirá un sector del cerro que acoge al Departamento de Astronomía de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (FCFM) y al Observatorio Astronómico Nacional, gracias a una alianza entre la Universidad de Chile y la Municipalidad de Las Condes.

La marcha blanca del camino cintura que recorre el Cerro Calán está operativa desde fines de junio, solo los fines de semana y festivos, durante el horario de la franja deportiva (7 a 11 am). Su capacidad, por el momento, es de 750 visitas diarias, peatones y ciclistas (en un solo sentido). El camino es de arcilla, con una pasarela de 250 metros y barandas metálicas durante todo el trayecto, y desde él se tienen vistas hacia los cerros El Plomo, San Ramón, San Cristóbal y Manquehue. “Tiene tres miradores, zona para niños, bancas y baños públicos”, detalla Maytia Sáez, jefa de la Oficina de Arquitectura de la FCFM.

Durante este período se evaluará el funcionamiento y las mejoras que deberán implementarse para abrir todos los días. Por ahora, las calles cercanas al acceso son cerradas durante el fin de semana, por lo que la entrada es caminando o en los buses eléctricos dispuestos por la Municipalidad de Las Condes.

La propuesta ganadora para desarrollar el Parque Observatorio Cerro Calán busca recuperar la zona de manera natural, potenciando su condición de mirador, con intervenciones leves y trabajar nodos con vegetación nativa y de bajo consumo hídrico. En la actualidad, además, se está desarrollando un proceso de participación ciudadana para levantar intereses y propuestas de distintos grupos de interés que formarán el diseño definitivo del parque. De acuerdo a la Municipalidad, se está trabajando en el proyecto de impulsión de agua y la construcción de un estanque en la cumbre que asegurará su riego y mantención futura.

Se espera que el proyecto completo, con todos sus detalles y especialidades, esté listo en mayo de 2022 para poder licitar su construcción, la que se realizará en etapas para poder ir abriéndolo por secciones al público.

Descubren en Chile un tipo de mosasaurio que habitó la zona central hace 66 millones de años

El registro de mosasaurios en Chile aún es escaso y se restringe al Maastrichtiano, edad correspondiente al fin del período Cretácico, entre 66 y 72 millones de años atrás. Hasta ahora, en territorio chileno, se conocía la presencia de no más de 10 ejemplares muy fragmentarios de estos reptiles marinos, especímenes que pertenecen a dos grupos: halisaurinos y tylosaurinos.

Uno de los hallazgos más importantes de este último grupo corresponde al Kaikaifiu hervei, una nueva especie descubierta en el 2010 por científicos de la Universidad de Chile en la isla Seymour, en la Península Antártica. Uno de los integrantes de este equipo, el paleontólogo Rodrigo Otero, ahora dio a conocer la presencia de un nuevo grupo de mosasaurios en nuestro país, el tercero en Chile: los mosasaurios mosasaurinos.

El investigador de la Red Paleontológica de la Universidad de Chile explica que los restos vienen de rocas de unos 66 millones de años, poco antes del evento de extinción masiva que acabó con los grandes dinosaurios no avianos, y corresponde a una vértebra aislada de la cola, justo donde comienza a formarse una suerte de aleta caudal. Las características del fósil permitieron identificar su relación con la subfamilia de los mosasaurinos, pero la falta de otros elementos esqueléticos, por ahora, impide determinar qué especie es en particular. Sin embargo, en el estudio publicado por la revista Cretaceous Research, Otero plantea que el espécimen muestra rasgos comunes con mosasaurinos como Clidastes y Moanasaurus.

“Es difícil asegurar la edad individual de este mosasaurio con una sola vértebra. Sin embargo, los procesos transversos, los pedicelos hemales y los caudales, se encuentran todos bien fusionados al centro, lo que en conjunto sugiere su pertenencia a un adulto. El tamaño de este espécimen también es difícil de estimar. Como aproximación, podemos considerar que las vértebras caudales terminales de Mosasaurus hoffmanni (un mosasaurino bien conocido) miden unos 5 a 6 cm de largo, y su cráneo es de unos 1,2 metros de largo. La vértebra de Isla Quiriquina tiene 3,25 cm de largo, lo que toscamente sugiere un cráneo de unos 50 o 60 cm, y ; en consecuencia, el cuerpo podría haber alcanzado unos 4 a 5 metros de longitud”, detalla.

El hallazgo fue realizado por el propio Rodrigo Otero en el 2014, durante una prospección encabezada por el geólogo Christian Salazar en la isla Quiriquina, territorio insular ubicado 11 kilómetros al norte de Talcahuano, en la Región del Bío Bío. Dado el acceso restringido a esta zona, la campaña duró solamente un día, jornada en la que pudieron recolectar múltiples materiales de Bahía Las Tablas, al norte de la isla, los que han sido preparados en los años siguientes, entre ellos, la vértebra estudiada.

La pieza fue encontrada en un tipo de roca conocida como “tempestita”, formada por la acumulación de sedimentos y restos orgánicos a causa de mareas de alta energía. “Estos depósitos arrastran diversos organismos que habitaron la plataforma marina somera. De este modo, sabemos que este mosasaurino coexistió con elasmosaurios afines a Aristonectes, con tortugas del género Euclastes, y con una diversidad de tiburones, rayas y quimeras”, agrega Rodrigo Otero, quien sostiene que aún hay muchos fósiles por recuperar en esta localidad. Asegura, además, que en las aguas de la cuenca de Arauco, hace más de 66 millones de años, habitaba una multiplicidad de distintos lagartos marinos.

En Sudamérica, a la fecha, existen registros de este grupo de mosasaurios en el Cretácico Superior solo en Argentina, por lo que el hallazgo representa el primero de este clado en el Pacífico sureste. El investigador de la Universidad de Chile señala que el descubrimiento de este fósil es relevante, dado que los mosasaurios en Chile son extremadamente escasos, tanto en la parte central del país como en la Región de Magallanes (lugar donde también existen rocas marinas del Cretácico Superior).

“El registro chileno de mosasaurios comprende aproximadamente 10 especímenes conocidos, todos ellos fragmentarios. El material más completo es una mandíbula referida a Halisaurus sp., siendo el único género conocido localmente hasta ahora. Lo curioso es que pese a este magro registro, entre los demás especímenes ha sido posible reconocer la presencia de tylosaurinos, y ahora mosasaurinos, además de un cuarto grupo en proceso de estudio. Lo anterior da cuenta de una diversidad de mosasaurios presentes a fines del Cretácico en Chile central. Sin embargo, mientras no se recuperen materiales más completos, es difícil poder referirlos a algún género o especie”, explica el paleontólogo sobre la trascendencia del descubrimiento.

Investigadores descubren hongo único en el mundo en precordillera chilena

Un grupo de investigadores de la Universidad de Chile, liderados por el Dr. Eduardo Álvarez-Duarte, descubrió un nuevo hongo, jamás descrito por la ciencia, en cuevas y piques abandonados de la comuna de Lampa, en la Región Metropolitana. El microorganismo, descrito en la revista científica Persoonia, fue bautizado como Circinella lampensis, y aunque es imperceptible a la vista podría tener un rol importante en el equilibrio ecosistémico de los valles de la zona central del país.

Tras el hallazgo, el equipo del programa de Microbiología y Micología del Instituto de Ciencias Biomédicas (ICBM) de la U. de Chile y su Facultad de Medicina trabaja para determinar cuál es el papel que cumple esta nueva especie en su entorno, así como potenciales propiedades de interés biotecnológico. “Son muy pequeños, casi de tamaño microscópico, por lo cual no se ven a simple vista. Crecen en condiciones especiales, en cuevas y donde hay suelo mojado. Allí pudimos ver un mucoral; un conjunto de hongos en el suelo; y observarlo en su espacio natural de manera excepcional. Nuestra idea es ahora ver qué rol cumple en ese lugar, ya sea degradando algún material o aportando algún nutriente al suelo”, señaló el Dr. Eduardo Álvarez-Duarte.

Los investigadores a cargo de este hallazgo trabajan desde hace más de cinco años recolectando muestras de nuevos microorganismos en diferentes ecosistemas de Chile, desde la frontera norte con Perú hasta la Antártica. Actualmente, analizan tres potenciales hallazgos y vienen de confirmar, hace un par de años, la presencia de un hongo -nunca antes descrito en el mundo- detectado en una plaza de la ciudad de Valparaíso.

El equipo de la Universidad de Chile visitó en enero de 2020 la zona de los Altos de Chicauma, en Lampa, un área de preservación ecológica de la Región Metropolitana, perteneciente a la cordillera de la Costa. Allí, con temperaturas secas y calurosas en verano, dieron con el nuevo integrante del género Circinella, un tipo de hongo del grupo de los mucorales. “Cuando lo vimos, nos pareció que su taxonomía no estaba descrita con anterioridad. Vimos que era diferente a todo lo que se conocía y decidimos hacer biología molecular para revelar cuál era la secuencia de algunos de sus genes. Esto nos permitió corroborar que se trataba de un nuevo microorganismo. Como acostumbramos decir: un nuevo hongo para la ciencia, para la ciencia chilena”, relata el Dr. Alvarez-Duarte.

La nueva especie es blanquecina grisácea, casi transparente e imperceptible a la vista. Su tamaño es de entre dos a 20 milímetros de alto. Su estructura, llamada esporangio, es curva (de ahí su nombre de circinella, que significa circinado), lo que le da una forma similar a la de un micrófono, pero invertido o curvado. El hallazgo se realizó en una cueva o pique minero abandonado, mientras los investigadores buscaban microorganismos asociados a murciélagos.

El descubrimiento fue determinado luego de diversos estudios de biología molecular para revelar la secuencia de sus genes, una tarea fundamental para ratificar que se trataba de una nueva especie para la ciencia. Pese a que el proceso ha sido menos ágil de lo habitual debido a las restricciones por la pandemia, el Dr. Alvarez-Duarte comenta que uno de los primeros análisis en laboratorio dio cuenta de que la Circinella lampensis no es un hongo patogénico, ya que no crece a más de 37 grados Celsius.

“Hay hongos que son capaces de crecer de 30 a 33 grados, otros de 35 a 36 grados, hasta 40 e incluso hasta más de 50 grados Celsius. Es sabido que aquellos que no son capaces de crecer a 37 grados no pueden infectar a los humanos, porque como nuestro cuerpo tiene esa temperatura, no podrían crecer dentro de nosotros. Es el principal factor para categorizar a aquellas especies patogénicas”, detalla el científico a cargo de este trabajo.

Los estudios buscan determinar, además, cuál es el rol que cumple esta especie en el entorno que fue encontrada. Habitualmente, los hongos del grupo de las Circinellas, por ejemplo, se comportan muy bien como elementos capaces de degradar material orgánico. El grupo de investigadores también indagará si contiene moléculas de interés biotecnológico, que puedan ser utilizadas para nuevos fármacos antibacterianos, alimentos o en otros procesos industriales. Por ejemplo, en procesos de lixiviación de la minería o remediación ambiental.

“Nuestra idea es ahora determinar qué rol cumple en la naturaleza. Todos estos microorganismos tienen una función en el entorno que habitan, ya sea degradando algún material o aportando algún nutriente al suelo. Y desde el punto de vista biotecnológico, el interés es determinar si es capaz de generar algún tipo de metabolito que sea útil en alimentos u otro ámbito. Allí es donde creemos que está su mayor valor”, plantea el académico del programa de Microbiología y Micología del Instituto de Ciencias Biomédicas de la U. de Chile.

Los hongos juegan un papel fundamental en distintos ecosistemas. Se estima que existe un millón y medio de especies en el mundo. Sin embargo, solo el 10 por ciento de ellos han sido clasificados y el resto todavía son un misterio para la micología, rama que estudia estos microorganismos. En este contexto, el grupo de investigadores busca poner en valor la biodiversidad fúngica de Chile. “Sabemos que Chile es un país poco explorado en este contexto”, precisa el Dr. Álvarez, quien destaca que factores como la variabilidad del clima alimentan la posibilidad de encontrar nuevas especies. “Nuestro desafío desde el año 2015 es ir demostrando la biodiversidad del país y la posibilidad de ir encontrando nuevos hallazgos desde entornos característicos como el desierto de Atacama, la Antártica o los valles precordilleranos”.

Una vez tomadas las muestras de tierra, aire, agua y material vegetal, la tarea del programa de Microbiología y Micología del ICBM consiste en procesarlas en el laboratorio en estufas de cultivo y con regímenes de nutrientes que les propician las condiciones idóneas para que se desarrollen diversos grupos de hongos; entre éstos, las nuevas especies que puedan emerger. Cuando los análisis morfológicos detectan algo de interés, el proceso pasa a la identificación a nivel molecular, es decir, con el secuenciamiento de su ADN, lo que permite finalmente confirmar o descartar una nueva especie.

El equipo liderado por el Dr. Álvarez-Duarte trabaja actualmente en tres muestras de hongos potencialmente no descritos por la comunidad científica: dos de la precordillera de la zona central y otro de Villa O’Higgins, en el extremo sur. Estas forman parte de un conjunto de microorganismos recolectados desde Arica hasta la Antártida, como parte de un proyecto Fondecyt, y que podrían sumarse a los hitos alcanzados por este laboratorio de la Universidad de Chile en la última década.

Quizás el hallazgo más importante a la fecha corresponde a un hongo encontrado en una plaza de Valparaíso: la Lomentospora valparaisensis, perteneciente al género de las lomentosporas, unos organismos fúngicos de los más extendidos a nivel mundial y patógeno para el ser humano. Este descubrimiento, de acuerdo al académico de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, aporta tanto a nivel de la comprensión del agente como a eventuales aplicaciones y tratamientos a nivel clínico.

“Pudimos demostrar que en Chile tenemos más especies de las que estaban descritas (de Scedosporium/Lomentospora) y algo muy interesante fue que el hallazgo lo hicimos en un parque público. Luego de eso, empezamos a tomar muestras de muchos lugares del país y concluimos que estas especies estaban muy presentes en plazas y parques. El descubrimiento corroboró la idea de autores internacionales de que este hongo crecía en lugares donde se reunían los humanos”.

En 2019, en tanto, lograron la detección de 22 casos de infección pulmonar por un hongo tropical llamado Histoplasma capsulatum, contribuyendo a que estos pacientes; que eran atendidos en hospitales de la Región Metropolitana con diagnóstico indeterminado; pudieran ser tratados adecuadamente. La histoplasmosis aguda es una enfermedad micótica endémica, causada por un hongo dimórfico, en teoría inexistente de forma autóctona en nuestro país.

La condición afectó a un grupo restringido de personas, provenientes de zonas endémicas de Sudamérica y que estaban en condiciones de inmunocompromiso. La experiencia, que consideró dos años de registros, fue plasmada en el artículo científico “Histoplasma capsulatum: un agente emergente para Chile”, cuyo propósito fue informar acerca de la presencia del Histoplasma y concientizar sobre la necesidad de fortalecimiento de las medidas de bioseguridad fúngica en el contexto del cambio climático.

Hallazgo arqueológico de la región del Maule se encuentra en cruzada para ser reconocido y resguardado

Muy poco se ha difundido más allá de los límites regionales uno de los hallazgos arqueológicos más grandes del último tiempo, ubicado en el sector de Tutuquén, al sur de Curicó. Se trata de un cementerio indígena, descubierto el 2005 luego de trabajos de reconstrucción en el retén de carabineros de Tutuquén, que a partir de estudios de radiocarbono realizados en Estados Unidos fue datado con una antigüedad por sobre los 10.500 años, convirtiéndose así en uno de los sitios fúnebres más antiguos no solo a nivel latinoamericano, sino que mundial.

Es así como el Consejo de Monumentos, junto a un grupo multidisciplinario de investigadores y científicos, desarrollaron trabajos de rescate de los restos arqueológicos para su catalogación y conservación, definiendo una completa colección arqueológica que cuenta con restos óseos con deformaciones craneales intencionales, ofrendas, cerámicas, textiles, artefactos de piedra, utensilios e incluso la presencia de plantas no endémicas de Chile, determinando el hallazgo como uno de los descubrimientos más importantes, similar a las Momias de Chinchorro, las más antiguas del mundo (9.000 años).

Sin embargo, este hallazgo tan importante, que nos marcaría como una de las zonas de mayor interés en el mapa arqueológico mundial, a 17 años de su descubrimiento no ha sido debidamente valorado por las autoridades e instituciones correspondientes, encontrándose el cementerio en total abandono, sometido a saqueos y expuesto a los daños producidos por el clima y el paso del tiempo, quedando a medio camino cualquier iniciativa de recuperación.

Reconociendo el enorme potencial arqueológico, de investigación y desarrollo de un turismo cultural sustentable, el arquitecto José Miguel Mardones del Estudio Archmotion se encuentra trabajando desde 2013 en una cruzada por revalorizar este gran descubrimiento, sacarlo del olvido y visibilizar ante las autoridades nacionales las posibilidades de convertirlo en un debido representante de nuestra identidad.

El arquitecto enfatiza su preocupación señalando que “todos los restos han debido trasladarse a otras regiones al no existir localmente un espacio que logre mantener y difundir los recursos arqueológicos y actualmente el sitio se encuentra en completo abandono, expuesto al saqueo. Se han encontrado incluso subastas de momias milenarias en internet, debido en gran medida al escaso interés de nuestro país en promocionar una agenda que permita poner en valor los monumentos arqueológicos”.

Precisa que “en diferentes audiencias que hemos desarrollado con autoridades regionales, como senadores, diputados, consejeros regionales, intendente, seremi de cultura y oficina regional del Consejo de Monumentos, no hay mayor interés por proteger y poner en valor el sitio, salvo la instalación de un cartel y un cierre perimetral que a la fecha de hoy no se ha ejecutado, convirtiendo al lugar en un basural a pesar de la recomendación de científicos para avanzar en investigaciones”.

Agrega que la autoridad públicamente ha delegado el resguardo y cuidado del sitio a los propios vecinos, en una especie de cooperación informal comprometiéndolos en “llamar en caso de robo o daños”, una pseuda protección participativa un tanto escandalosa considerando la magnitud del hallazgo, su enorme potencial y necesidad de infraestructuras para su resguardo, promoción y transmisión cultural.

Desde su experiencia, José Miguel Mardones da cuenta de las potencialidades que existen en Tutuquén y que la institucionalidad nacional ha ido dejando en el olvido, no pudiendo así hasta el momento obtener el apoyo profesional y económico necesario para concretar alguna propuesta.

Mardones destaca que el 2013 hubo una primera respuesta positiva de las autoridades, cuando la Corporación Cultural Orígenes contactó a su Estudio Archmotion para desarrollar diferentes iniciativas para la transmisión de la cultura indígena, y entre estas, el cementerio de Tutuquén. Es así como el 2014 se logró obtener comodato del sitio para el desarrollo de iniciativas para proteger el lugar como también su difusión, proyectando diferentes infraestructuras para la conservación del cementerio, la investigación y difusión del recurso arqueológico, como también obtener financiamiento gubernamental y apoyo internacional como Unesco y Naciones Unidas.  

Sin embargo, explica que este apoyo no se concretó, ya que a los pocos meses de firmado este comodato, el convenio fue rescindido de manera anticipada por el Ministerio de Bienes Nacionales, además de la denuncia al Consejo de Monumentos Nacionales por excavaciones no autorizadas, plantación de árboles nativos y el encendido de fogatas en el lugar por parte de la Comunidad Indígena de Sarmiento y al Centro de Investigación Mapuche Weliwenkium, estableciéndose una pugna de comunidades locales por el sitio, incluyendo la Municipalidad de Curicó. 

Para Mardones la falta de una agenda pública que permita la protección y difusión del Monumento Arqueológico de Tutuquén no solo evidencia una escasez de infraestructura en el lugar sino en toda la región, ya que con una población por sobre el millón de habitantes, actualmente existen solo dos museos operativos con algún grado de relevancia, previo a la pandemia y estallido social.

“Es así como nuestro estudio ha presentado a diversas autoridades propuestas concretas para solucionar este déficit y en particular 3 proyectos viables de infraestructura para Tutuquén: Un Centro de Contemplación In-Situ que logre la protección del cementerio; un Centro de Investigación Arqueológica del Maule que permita el desarrollo científico sin necesidad de trasladar muestras a otras regiones; un Museo Arqueológico y de Cultura Indígena que, de manera integradora, logre poner en valor la colección arqueológica y la cultura de los pueblos originarios de Chile en simultáneo”, precisa el profesional.

Todas estas propuestas, indica, “fueron diseñadas tras un completo estudio del contexto de la cultura indígena, bajo la premisa de que en vista de un acontecimiento tan importante desde el punto de vista cultural como también arqueológico, cualquier intervención en el lugar debe ser realizada con la rigurosidad pertinente, no solo en lo que se interviene, sino también en cómo se interviene”.

Mardones destaca que a pesar de no obtener la necesaria atención de las autoridades locales, sus propuestas sí lo han logrado con organismos internacionales, como su participación en catálogo YALA de La Biennale di Venezia en Italia y la Prince Claus Fund de Holanda para establecer alianzas de apoyo y financiamiento.

Pese a no obtener una respuesta positiva final de las instituciones nacionales, el arquitecto señala que “ponemos a disposición estos proyectos para establecer una agenda pública concreta que permita el resguardo de los sitios arqueológicos, su investigación y promoción, a la espera de financiamiento y gestión institucional para, al implementarlos, generar un aporte a la cultura, la ciencia y el desarrollo de un turismo arqueológico con proyección global, pero con rentabilidad local”.

Por ello, José Miguel Mardones hace un llamado urgente por apoyo para la concreción de alguna propuesta que revitalice el valor del cementerio indígena de Tutuquén, dando cuenta de que la oportunidad es ahora, antes de que el sitio siga enfrentando más daños irreparables.

Estudiantes chilenos logran el primer lugar de su categoría en la RoboCup 2021

Diseñar y programar el sistema de control de un robot Toyota HSR fue el desafío que tuvo que desarrollar UChile Peppers, equipo a cargo del profesor Javier Ruiz del Solar, director del AMTC de la U. de Chile, y que representó a la Casa de Bello en la RoboCup 2021. Pero no solo eso, el desafío consistía en cumplir con una serie de pruebas: recoger objetos que están desordenados en una habitación para dejarlos en su lugar correcto, echar a la basura los objetos desconocidos y entregar a una persona virtual un objeto específico.

Debido a la pandemia de covid-19 la RoboCup de este año no se realizó de forma presencial, de allí su designación de “RoboCup Worldwide”. Por ello, los participantes debieron enviar vía Internet el código con el sistema de control para el autómata, que fue luego ejecutado en un “robot virtual”, es decir, una simulación.

“Usamos Docker. Teníamos una máquina virtual que simulaba al robot. En esta máquina nosotros debimos instalar un paquete que contenía el código de nuestro sistema de control, que luego era ejecutado por los organizadores para controlar al robot. Tras esa ejecución se calculaban los puntos por la prueba y nos entregaban los resultados”, explica Rodrigo Salas, integrante del equipo.

El resultado demandó un gran esfuerzo para los estudiantes, cuenta Rodrigo Salas. “En la semana final pasábamos de largo trabajando toda la noche porque escribíamos código hasta las cinco de la mañana, cuando se cerraba la ventana para enviarlo por la diferencia de zona horaria. Tres horas después nos reuníamos con los jueces, una reunión de Zoom de 50 personas en donde todos los equipos estaban presentes. Entonces la adrenalina no nos dejaba dormir”, detalla.

“Aprendimos demasiado con esta competencia. Al empezar, cada uno sabía su propio tema: yo diseñaba las máquinas de estado para controlar al robot, otro compañero programaba la localización y navegación, otro se encargaba del sistema de visión y otros dos trabajaban en el control del brazo y la manipulación de objetos. En la última semana terminamos mezclándonos y al final todos trabajábamos en todas las áreas”, sostiene.

Este triunfo corona el camino que ya ha recorrido por años el equipo UChile Peppers en la RoboCup. En 2019, último año en que se había realizado el torneo (en 2020 no se efectuó por la pandemia de covid-19), el equipo obtuvo el segundo lugar en la misma categoría y en 2018 lograron el tercer lugar.

El equipo de la U. de Chile estuvo integrado por los estudiantes Rodrigo Salas, Eduardo Loayza, Juan Pablo Cáceres, Felipe Valenzuela, Fernando Feliú y Nicolás Marticorena, y fue apoyado por los investigadores del AMTC Isao Parra, Daniel Cárdenas y Patricio Loncomilla.

Proyecto universitario busca restaurar el bosque nativo de lenga en Aysén

La lenga es uno de los bosques nativos chilenos más extensos a nivel nacional y se encuentra desde la Región del Maule, en la zona alta de la Cordillera de los Andes, hasta el Cabo de Hornos. En la Región de Aysén, particularmente a partir de la década de 1940 con la llegada de colonizadores, se quemaron cerca de tres millones de hectáreas de bosques de esta especie, con el fin de habilitar campo para el desarrollo de actividades agrícolas, especialmente ganadería.

A mediados del siglo pasado, la Corporación Nacional Forestal (Conaf) comenzó a realizar esfuerzos para reforestar con plantaciones de especies exóticas, principalmente para estabilizar los suelos que se encontraban con signos de degradación.

“Actualmente, la Región de Aysén cuenta con más de 32 mil hectáreas (ha) de plantaciones forestales con especies exóticas y más de mil ha de bosques mixtos, siendo las principales especies utilizadas las coníferas Pinus contorta, P. ponderosa, P. sylvestris y Pseudotsuga menziesii. La Reserva Nacional Coyhaique es una zona montañosa que genera agua, por lo tanto, necesitaba de árboles”, sostuvo el profesor Álvaro Promis, académico de la Facultad de Ciencias Forestales y de la Conservación de la Naturaleza (CFCN) de la U. de Chile.

A principios de este siglo, Conaf comenzó un proyecto, explica el profesor Promis, ya que las plantaciones de coníferas estaban grandes y maduras para ser taladas. “Las cortaron y esa materia prima sirvió para iniciativas de apoyo social a sectores de la población más vulnerable, como la construcción de muebles, leñeras, camas”, afirmó.

De acuerdo a la literatura, las plantaciones forestales exóticas, como las coníferas en monocultivos, modifican y reducen funciones ecosistémicas, tales como el microclima, la estructura y la diversidad de especies; por lo que había que diversificar la reforestación. En este sentido, se realizó un proceso participativo con las comunidades aledañas a la Reserva Nacional Coyhaique, las que querían recuperar su patrimonio natural con plantaciones de bosque nativo de lenga.

“La restauración, a través de la conversión de plantación a bosque nativo, se han realizado a través de aberturas parciales al dosel arbóreo; principalmente a través de fajas, cortas de protección y tala rasa. Posteriormente, para restituir las condiciones vegetales originales, se han realizado plantaciones con especies arbóreas de estos bosques, tales como Nothofagus pumilio, N. domebyi y N. antarctica”, explicó el profesor Promis, señalando que estas actividades no han sido evaluadas con precisión.

Por otro lado, advierte el académico, no se han probado actividades como la siembra directa ni la incorporación de especies arbustivas, lo que podría disminuir los costos y favorecer el proceso de restauración.

El proyecto del Fondo Investigativo de Bosque Nativo (FIBN) 032/2019 de Conaf, “Evaluación de prácticas de conversión que favorezcan la restauración de bosques del tipo forestal Lenga en plantaciones de coníferas exóticas”, liderado por el profesor Promis, centra su investigación en encontrar la mejor fórmula para permitir el desarrollo de esta especie de bosque nativo.

“La plantación de lenga es una actividad de alto costo económico, frente a ello, una posibilidad es sembrar semillas. En ese contexto, este proyecto plantea descubrir en cuáles condiciones ambientales se desarrolla mejor la planta de lenga, se adapta, sobrevive y tiene un crecimiento adecuado a partir de la germinación”, puntualizó el profesor Promis, destacando que se trata de una iniciativa innovadora por el objetivo y, a su vez, muy emblemática, por el significado de recuperar el bosque nativo para las comunidades de la zona.

Dependiendo de las especies, una plantación puede costar desde el medio millón hasta los diez millones de pesos aproximadamente por hectárea. Siendo más económica, la estrategia de que el bosque se desarrolle a partir de la germinación, se debe encontrar la conjugación ideal de condiciones ambientales de cantidad de luz, temperatura y humedad, entre otras; así como también factores de seguridad para proteger la semilla.

“Las semillas se las comen principalmente los ratones, liebres, zorros, pájaros, roedores en general. En la Reserva Nacional Coyhaique hay mucha presencia del ratón cola larga. Una de las hipótesis del proyecto es que la hojarasca, capa de hoja caída que se forma sobre el suelo, del mismo bosque de lenga, podría servir de escudo natural para las semillas y así permitir su germinación y crecimiento, pero la de Pino podría afectar negativamente”, aclaró el profesor Promis, advirtiendo que aún hay más factores que inciden en el éxito del crecimiento de una planta, por lo que se trata de un proceso complejo poder romper el periodo de latencia de la semilla y que la planta alcance un crecimiento que le permita convertirse en un árbol.

Para la realización del proyecto se trabaja en ensayos experimentales en la misma Reserva y en laboratorio, con un equipo en el que también participan el profesor Daniel Soto, académico de la Universidad de Aysén, la ingeniera forestal Andrea Ríos y estudiantes de la CFCN que están realizando su tesis sobre el tema. Además de semillas de lenga, se está evaluando la germinación y crecimiento de otras especies nativas de la zona como calafate, maitén, notro, coñires y coigüe.

Como parte del proyecto y con el fin de involucrar a la comunidad en la recuperación de su patrimonio natural, escuelas, organizaciones sociales y vecinales, guardaparques y quienes tengan interés, podrán participar de los talleres de educación ambiental que se ofrecerán sobre ecosistema, colecta de semilla, identificación de las plantas del sector, entre otros aspectos claves que promuevan la conservación de las especies de bosque nativo y la biodiversidad que alberga