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¿Siempre tienes las manos frías? Esto es lo que explica un especialista

Tener las manos o los pies helados durante el invierno parece parte del paisaje. Sin embargo, cuando esa sensación aparece incluso con temperaturas cálidas, se repite con frecuencia o tarda demasiado en desaparecer, puede convertirse en una señal que vale la pena observar. Aunque en la mayoría de los casos responde a un mecanismo normal del organismo, existen algunas condiciones de salud que pueden estar detrás de este fenómeno.

El académico de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Santiago, doctor Tito Pizarro, explica que una de las principales razones es la vasoconstricción, proceso mediante el cual los vasos sanguíneos se estrechan temporalmente y reducen el flujo de sangre hacia las extremidades. “Hay muchas personas que sufren de esto, que las manos y los pies se les ponen frías incluso cuando hace calor y tratan de abrigarse. A veces se demora harto en sentir que las manos y pies están calientes”, señaló a Diario Usach.

En términos simples, el cuerpo redistribuye el flujo sanguíneo como una forma de responder a determinadas condiciones ambientales o internas. “Los vasos que hacen la circulación producen una vasoconstricción, se cierran los vasitos y es una sensación de frío que uno tiene en los dedos de las manos y sobre todo en los pies, incluso con temperaturas ambientales cálidas”, explicó Pizarro. Si el episodio es ocasional y desaparece por sí solo, generalmente no significa que exista una enfermedad.

La situación cambia cuando el frío se vuelve recurrente o prácticamente permanente. En esos casos, el especialista recomienda consultar a un profesional para descartar otras causas. “Si esto pasa muchas veces y uno siente que esto está permanentemente ocurriendo en esos fenómenos de vasoconstricción, uno debe consultar a un médico para descartar otras causas que ya no son normales”, advirtió.

Una de las posibilidades es el fenómeno de Raynaud, una respuesta exagerada de los vasos sanguíneos que puede activarse frente al frío o el estrés. Además de la sensación de frío, puede provocar hormigueo, dolor y cambios de coloración en los dedos, que incluso pueden adquirir tonalidades azuladas. “El fenómeno de Raynaud es una vasoconstricción también, sobre todo en las manos, pero a veces ocurre también en los dedos de los pies y ocurre frente al frío, frente al estrés”, indicó el académico.

El Raynaud puede aparecer sin una causa identificable, pero también estar relacionado con otras enfermedades, por lo que una evaluación médica resulta importante cuando los episodios son frecuentes o intensos. El abordaje dependerá de su origen y puede incluir medidas destinadas a evitar el frío y controlar factores desencadenantes como el estrés.

Otra condición que puede estar detrás de una mayor sensibilidad al frío es el hipotiroidismo. Cuando la tiroides produce una cantidad insuficiente de hormonas, pueden aparecer distintos síntomas, entre ellos una mayor intolerancia a las bajas temperaturas. “Otro cuadro que hay que siempre estar atento cuando hay gente que tiene frío es un hipotiroidismo. La disminución de la función de la hormona tiroidea hace que las personas tengan intolerancia al frío”, explicó Pizarro.

Por eso, si la sensación de frío aparece de manera persistente, se presenta incluso en ambientes cálidos o viene acompañada de otros síntomas, consultar puede ayudar a identificar si existe una alteración de la función tiroidea, un trastorno vascular u otra condición que requiera atención. La clave está en observar la frecuencia y la intensidad, más que entrar en pánico frente a un episodio aislado.

De todos modos, el mensaje del especialista también apunta a bajar la alarma innecesaria. Sentir ocasionalmente las manos o los pies fríos es una experiencia bastante común y forma parte de las respuestas normales del organismo. Como enfatiza Pizarro, “Siempre recordar que esa sensación de frío que uno tiene y que siente que las manos están frías, que los pies están fríos, suelen ser muy normales. Mucha gente lo tiene y no hay que asustarse”.

Jack Johnson lidera el regreso de Surfestival a Pichilemu

El verano de 2027 ya tiene uno de sus primeros grandes encuentros marcados en el calendario. Surfestival confirmó su regreso a Pichilemu con un cartel que cruza surf, reggae, hip hop, funk, cumbia y sonidos vinculados a la cultura costera. Jack Johnson lidera una edición que también reunirá a Donavon Frankenreiter, Los Cafres, Movimiento Original, Amigo de Artistas, Bruno Borlone & La Funky Fantástica Orquesta, Hendrix Frankenreiter y Haumoana.

La venta de entradas comenzó este 10 de agosto a través de Ticketplus, con una serie de preventas y descuentos destinados a quienes se inscribieron previamente y clientes Santander. La primera etapa contempla un 30% de descuento durante 48 horas o hasta agotar stock, mientras que posteriormente se habilitará una preventa con 20% de descuento para clientes del banco y otro 20% para quienes realizaron la preinscripción. La venta general comenzará el miércoles 12 de agosto.

Entre los nombres más esperados aparece Jack Johnson, músico, cineasta y exsurfista profesional cuya carrera ha estado estrechamente vinculada a la cultura del océano y la vida al aire libre. Su presencia conecta directamente con la identidad que Surfestival ha construido durante más de dos décadas, combinando música, surf, naturaleza y una preocupación permanente por el cuidado del medioambiente.

Otro de los protagonistas será Donavon Frankenreiter, referente del surf rock y amigo cercano de Johnson. Su relación comenzó en Hawái y terminó también cruzándose con la música: Johnson produjo su primer disco a través de Brushfire Records. En Pichilemu, Frankenreiter llegará con su Ask Me Anything Tour, propuesta que apuesta por una relación más directa e interactiva con el público.

Desde Argentina aterrizarán Los Cafres, una de las agrupaciones fundamentales del reggae latinoamericano. Formados en Buenos Aires en 1987, fueron pioneros en llevar el reggae roots al español y llegarán con un repertorio construido a lo largo de 14 discos. Chile también tendrá una fuerte representación con Movimiento Original, banda que lleva dos décadas fusionando hip hop y reggae y que se ha convertido en uno de los nombres más reconocibles de la música urbana nacional.

La nueva cumbia chilena estará representada por Amigo de Artistas, mientras que Bruno Borlone & La Funky Fantástica Orquesta llevará al escenario una mezcla de funk, disco, hip hop, soul, electrónica y música latina. El cartel también incorpora una conexión generacional dentro de la propia cultura surf: Hendrix Frankenreiter, hijo de Donavon, llegará desde Hawái como representante de una nueva camada de músicos vinculados al océano y a los sonidos de la isla.

Desde Rapa Nui llegará Haumoana, cantante, músico y surfista que combina elementos de la música de sus raíces con reggae, R&B y soul. Su participación suma una dimensión territorial al festival, conectando la cultura insular del Pacífico con el circuito musical y surfista que durante años ha encontrado en Pichilemu uno de sus principales puntos de encuentro en Chile.

Con dos décadas de historia, Surfestival se ha convertido en algo más que un festival musical. Su propuesta busca reunir una comunidad alrededor del surf y la vida al aire libre, incorporando además la protección del borde costero, el cuidado del medioambiente y la conexión con la naturaleza como parte de su identidad. En 2027, esa fórmula volverá a encontrarse con una nueva generación de público en las playas de Pichilemu.

El jurel escaseó y la caballa encontró su lugar en las mesas chilenas

Durante años, pocas preparaciones han sido tan reconocibles en la mesa chilena como una mezcla de jurel en conserva, cebolla, cilantro, limón y aceite, acompañada por una marraqueta y, para quienes no le temen a la mayo, una dosis generosa de mayonesa. Pero este clásico del picoteo y de la once comenzó a desaparecer de los supermercados durante el primer semestre, empujado por una menor disponibilidad del recurso. Ahora, la industria asegura que el jurel está reapareciendo en las costas del sur, aunque las capturas todavía permanecen por debajo de un año normal.

La menor presencia del pescado en las góndolas estaría relacionada con las condiciones oceanográficas asociadas al fenómeno de El Niño. El aumento de la temperatura del mar habría modificado la distribución del jurel y dificultado su captura habitual. Con las embarcaciones retomando sus operaciones y el recurso nuevamente localizado frente a las costas del sur de Chile, la situación comienza lentamente a normalizarse, aunque todavía no permite hablar de un regreso completo a los niveles habituales de abastecimiento.

Mientras el jurel escaseaba, otro pescado comenzó a ocupar su lugar en los supermercados: la caballa. Aunque pertenecen a familias biológicas diferentes, ambos son pescados azules y comparten una característica clave para la alimentación: un importante aporte de proteínas y ácidos grasos omega-3. Para Marcela Zamorano, académica de la Facultad Tecnológica de la Universidad de Santiago y especialista en análisis y composición química de los alimentos, la principal diferencia está precisamente en la cantidad de grasa. “Son pescados con una alta cantidad de proteína, donde el contenido de proteína de ambos es cerca de un 20%, pero la gran diferencia radica en el contenido de grasa. La caballa tiene aproximadamente el doble contenido de materia grasa que el jurel”.

Ese mayor contenido graso también modifica el aporte energético. “El jurel tiene alrededor de un 5,6% y la caballa tiene alrededor de un 13 a un 14%. Y por lo tanto esto hace que su aporte energético, las calorías que aportan sean más altas, alrededor de un 30, 40% más y en el contenido de proteínas ambas son iguales, no hay gran diferencia”, explica Zamorano. En otras palabras, si el objetivo es obtener proteínas, ambos pescados cumplen prácticamente la misma función, mientras que la caballa entrega una mayor cantidad de grasa y, por consecuencia, más calorías.

La diferencia también juega a favor de la caballa cuando se habla de omega-3. Estos ácidos grasos están asociados a beneficios cardiovasculares y participan en funciones relacionadas con el cerebro y la visión. Según la académica, “obviamente la caballa tiene más, por tener mayor cantidad de materia grasa en el filete por así decirlo”. En términos aproximados, agrega que “generalmente la caballa presenta de 2 a 3 gramos de omega 3 por 100 gramos (de filete crudo), y el jurel alrededor de 1,5 a 2 gramos de omega 3 por 100 gramos”.

Entonces, ¿puede la caballa reemplazar al jurel en la cocina chilena? Para Zamorano, sí. La diferencia estará principalmente en el sabor, la textura y el aporte calórico. La especialista considera que es un “buen reemplazo, salvo que hay que considerar que como tiene más materia grasa siempre va a producir algo más de calorías”. Además, ambos pescados aportan vitamina D y vitamina B12, nutrientes habituales en alimentos de origen animal. En la práctica, la caballa puede ocupar perfectamente el lugar del jurel en ensaladas, preparaciones frías, sándwiches o el clásico plato con cebolla y limón.

El cambio también se nota en el paladar. Al tener más grasa, la caballa presenta un sabor más intenso y una textura diferente. “Se siente un poco más graso, mientras que el jurel presenta un sabor menos intenso y una textura un poquito más firme”, señala la académica. Para quienes están acostumbrados al sabor más suave del jurel, la diferencia puede ser evidente, pero no necesariamente significa renunciar a una preparación tradicional.

También está la discusión sobre el agua o el aceite. Las conservas en aceite suelen tener un sabor más intenso, mientras que las versiones en agua permiten reducir el aporte calórico. Zamorano explica que “el gusto de las conservas en agua es un poco menos sabroso, pero si uno está buscando una dieta o alimentos en baja caloría, obviamente debiera preferir las conservas en agua”. Las alternativas en aceite de oliva también pueden ser una opción, ya que incorporan ácidos grasos monoinsaturados.

Por ahora, el jurel parece comenzar su regreso, pero la caballa ya encontró un espacio propio en la despensa chilena. Más que una sustitución obligada por la escasez, puede convertirse en otra alternativa accesible para incorporar pescado a la alimentación cotidiana. Como resume Zamorano, “la caballa es una alternativa, porque es un pescado que no tiene un gran precio, especialmente lo que se vende en conserva. Y por lo tanto, para utilizarla en distintas preparaciones, es un pescado importante, porque además tiene un alto aporte de omega-3”.

Por qué algunas casas gastan más energía y siguen estando frías

Cada invierno, miles de hogares chilenos enfrentan la misma paradoja: gastar cada vez más en luz, gas, leña o parafina y, aun así, seguir viviendo en casas frías. El problema no estaría únicamente en el precio de los combustibles, sino también en una infraestructura habitacional que, en muchos casos, deja escapar rápidamente el calor. Un nuevo análisis de la Universidad de Chile plantea que mejorar la aislación térmica de las viviendas debería ser parte central de las políticas contra la pobreza energética.

El Policy Paper “Vivienda y pobreza energética en Chile: hacia una política integral de habitabilidad”, elaborado por la Red de Pobreza Energética y publicado por la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo de la Universidad de Chile, propone mirar el problema desde una perspectiva más amplia. El documento, desarrollado por 18 investigadores y especialistas, plantea que las políticas de vivienda y energía no pueden continuar funcionando como agendas separadas, ya que las condiciones de una vivienda determinan cuánto deben gastar las familias para alcanzar niveles mínimos de confort térmico.

Pero ¿qué significa exactamente pobreza energética? Paz Araya, investigadora de la Red de Pobreza Energética, explica que “Según la definición coconstruida desde la Red de Pobreza Energética, un hogar se encuentra en situación de pobreza energética cuando no tiene acceso equitativo a servicios energéticos de alta calidad, es decir, que sean adecuados, confiables, seguros y no contaminantes, para cubrir las necesidades de energía que le permiten sostener el desarrollo humano y económico de sus integrantes”. El concepto, por tanto, no se reduce a no poder pagar una cuenta: también considera la posibilidad real de vivir en condiciones adecuadas.

El problema comienza en las paredes, techos y ventanas. Una parte importante del parque habitacional chileno fue construida bajo estándares térmicos insuficientes o antes de que existieran exigencias relevantes en esta materia. Como consecuencia, buena parte del calor producido por una estufa termina escapando rápidamente hacia el exterior. Para las familias, esto significa mantener los sistemas de calefacción funcionando durante más tiempo, elevar el gasto mensual y, en algunos casos, reducir el consumo hasta niveles que afectan directamente el confort y la salud.

La situación tampoco termina en el bolsillo. Araya advierte que “la incapacidad de satisfacer adecuadamente necesidades humanas básicas y fundamentales tiene implicancias en la salud física, como enfermedades cardiovasculares y respiratorias asociadas al frío, y contaminación intradomiciliaria por combustión a leña; afectaciones psicológicas provocadas por el estrés crónico, la precariedad y la incertidumbre energética; impactos socioemocionales en las relaciones personales y en el clima familiar, y también efectos en las oportunidades educativas y laborales, como la imposibilidad de estudiar de noche por falta de luz o calefacción y la postergación de la atención médica debido a la reasignación del presupuesto, por ejemplo”.

Por eso, el documento plantea que la respuesta no debería concentrarse exclusivamente en subsidiar combustibles o reemplazar estufas. Si una vivienda pierde calor por sus muros, techos y ventanas, cualquier sistema de calefacción tendrá que trabajar más para mantener una temperatura confortable. La alternativa propuesta pasa por avanzar hacia un mejoramiento térmico masivo de las viviendas existentes, mediante aislación de muros y techos, sellado de ventanas y programas de reacondicionamiento que permitan elevar la calidad del parque habitacional que ya está construido.

La discusión también apunta hacia las viviendas que todavía no existen. El estudio propone estándares de construcción más exigentes que permitan garantizar condiciones mínimas de temperatura, eficiencia energética y ventilación desde el momento en que se diseña una nueva vivienda. Para lograrlo, los investigadores plantean una mayor coordinación entre organismos como los ministerios de Vivienda y Urbanismo y de Energía, entendiendo que la habitabilidad térmica forma parte de una política de vivienda adecuada y no simplemente de una decisión individual sobre cómo calefaccionar.

Y el desafío no termina cuando llega septiembre. En un contexto marcado por eventos climáticos cada vez más extremos, mejorar la vivienda significa prepararla tanto para el frío como para el calor. Araya sostiene que “Las mejoras en habitabilidad implican abordar la pobreza energética considerando sus impactos en hogares que no están preparados para las bajas temperaturas, como las del invierno en la zona centro y sur del país, pero también los impactos de las olas de calor durante el verano”. La casa del futuro, plantea el informe, no debería ser solamente aquella que consuma menos energía, sino aquella capaz de proteger a quienes viven dentro de ella.

Cuando TikTok empieza a diagnosticar nuestras emociones

“Me dio TOC”, “me disocié”, “estoy sobreestimulado” o “eso me da ansiedad”. Expresiones que hace algunos años pertenecían principalmente al lenguaje clínico hoy circulan con naturalidad entre conversaciones, memes y videos de redes sociales. La popularización de estos conceptos ha ayudado a que la salud mental deje de ser un tema tabú, pero también ha instalado una nueva pregunta: ¿cuándo estamos describiendo una experiencia cotidiana y cuándo estamos hablando de una condición que requiere evaluación profesional?

Para Andrea Cruzat, psicóloga del Centro de Atención Psicológica (CAPS) de la Universidad de Chile, que existan más palabras para hablar de lo que sentimos representa un avance. La conversación pública sobre bienestar emocional puede facilitar que las personas comprendan sus experiencias y pierdan el miedo a pedir ayuda. Sin embargo, la especialista advierte que convertir conceptos clínicos complejos en etiquetas de uso cotidiano también puede generar confusión, especialmente cuando el contenido consumido en internet termina reemplazando una evaluación profesional.

“Por un lado, es muy positivo que la gente pueda tener más palabras para pensar sus estados emocionales, cómo se sienten y cómo les afectan las cosas. Eso también facilita que las personas quieran conocer más sobre lo que les ocurre y que hablar de salud mental ya no sea algo tan estigmatizado. Sin embargo, cuando se utilizan términos que son diagnósticamente complejos de forma imprecisa, también aparecen dificultades”, explica Cruzat.

El fenómeno se vuelve particularmente visible cuando ciertas expresiones comienzan a utilizarse como etiquetas identitarias. Decir “tengo TOC” porque una persona es ordenada, afirmar “soy bipolar” después de experimentar cambios de ánimo o atribuir determinadas conductas al espectro autista puede parecer inofensivo, pero simplifica condiciones que tienen criterios clínicos específicos. Según Cruzat, el autodiagnóstico puede incluso modificar la manera en que una persona interpreta sus relaciones, sus dificultades y su propia historia sin contar con las herramientas necesarias para establecer si existe realmente un diagnóstico.

La diferencia tampoco está únicamente en experimentar un síntoma. La intensidad, duración y consecuencias de determinadas experiencias son elementos relevantes para una evaluación clínica. “Una de las características comunes de muchos diagnósticos es que producen un malestar importante y afectan directamente el desarrollo de la vida de las personas, ya sea en lo laboral, social, académico o personal. No son condiciones que puedan tomarse a la ligera solo porque se hayan popularizado en redes sociales”, enfatiza la especialista.

En ese escenario, las redes pueden funcionar como una puerta de entrada, pero no como un sustituto de la atención profesional. La pregunta más útil no necesariamente es “¿tengo este trastorno?”, sino cuánto está interfiriendo ese malestar en la vida cotidiana. Problemas persistentes que afectan el estudio, el trabajo, las relaciones personales o el bienestar general pueden ser una señal para buscar orientación especializada. “Uno no tiene que esperar estar en una situación crítica para acudir a un psicólogo. Muchas personas consultan porque se sienten confundidas, desorientadas o quieren comprender mejor lo que les está pasando. También puede ser una consulta preventiva, antes de que el malestar aumente. Ir a un profesional no significa necesariamente que exista un diagnóstico, sino que también puede ser una forma de entender mejor lo que estamos viviendo”, afirma.

La conversación sobre salud mental, entonces, parece estar entrando en una segunda etapa. El desafío ya no consiste únicamente en conseguir que las personas hablen de ansiedad, depresión, trauma o neurodivergencia, sino en hacerlo con mayor precisión y responsabilidad. En una generación acostumbrada a buscar respuestas inmediatas en TikTok, Instagram o YouTube, reconocer los límites de esa información también forma parte del cuidado. Las redes pueden ponerle nombre a una experiencia y abrir una conversación, pero cuando el malestar comienza a condicionar la vida, la siguiente búsqueda debería conducir hacia un profesional y no solamente hacia otro video.

Chile estudia el modelo italiano de cárcel dura para combatir al crimen organizado

Tras la aprobación de la megarreforma en el Congreso, el Gobierno de José Antonio Kast puso la seguridad pública en el centro de su agenda con el anuncio de la nueva “Agenda contra el Crimen Organizado y el Terrorismo (ACOT)”. Entre las medidas que comienzan a tomar forma aparece una propuesta especialmente dura: crear un régimen penitenciario especial para los internos de mayor peligrosidad, particularmente aquellos que continúan dirigiendo organizaciones criminales desde las cárceles.

El modelo que aparece como referencia es el artículo 41-bis de la legislación italiana, un régimen creado en 1975 y endurecido durante los años noventa, en plena ofensiva del Estado italiano contra las organizaciones mafiosas. La lógica detrás de esta herramienta es directa: cortar las comunicaciones entre los líderes encarcelados y las estructuras criminales que permanecen operativas fuera de los recintos penitenciarios. En Chile, Kast ya había planteado estudiar esta alternativa durante una visita a Italia en febrero, bajo la idea de “recuperar el control de las cárceles”.

El 41-bis, conocido también como régimen de “cárcel dura”, contempla condiciones de aislamiento mucho más estrictas que las del sistema penitenciario ordinario. Entre sus principales características se encuentran hasta 21 horas diarias dentro de la celda, restricciones a las visitas y comunicaciones y un máximo de tres horas de salida al patio. La medida busca limitar los canales mediante los cuales los internos pueden transmitir órdenes, coordinar acciones o mantener vínculos con las organizaciones criminales que operan en el exterior.

La discusión no es solamente política. Durante un seminario realizado en la Universidad Diego Portales, donde se analizó la eventual aplicación de un sistema similar en Chile, Angela Della Bella, catedrática de Derecho Penal de la Universidad Estatal de Milán, explicó el origen de la experiencia italiana. “La incapacidad del presidio ordinario para neutralizar la peligrosidad de los presos de la delincuencia organizada (italiana) era clara. La necesidad de romper los vínculos entre el preso y la asociación criminal exterior, para evitar que siguiera dando órdenes, es lo que llevó al nacimiento del régimen del 41 bis en Italia”.

En Chile, uno de los problemas que complejiza cualquier intento de trasladar este modelo es la propia estructura de las cárceles. El académico del Departamento de Estudios Políticos de la Universidad de Santiago, Mauricio Olavarría, advierte que durante décadas se ha desarrollado una cultura penitenciaria marcada por espacios colectivos de alta concentración de internos. “Esto ha llevado a que muchos internos vivan en los llamados ‘carretes’ o ‘piezones’, que son grandes espacios colectivos donde conviven decenas de personas”, describió.

Olavarría reconoce que la experiencia italiana “ha contribuido a limitar la capacidad operativa de las mafias y a reducir determinadas expresiones de violencia”, pero advierte que el modelo no puede entenderse como una fórmula definitiva. “No existe una solución definitiva. El crimen organizado es un fenómeno dinámico que permanentemente adapta sus estrategias frente a las medidas adoptadas por el Estado. En ese sentido, ninguna política constituye una respuesta permanente”, afirmó.

La eventual creación de un régimen de estas características abre así un debate que va más allá de aumentar el nivel de aislamiento de determinados presos. El desafío será determinar si Chile cuenta con la infraestructura, los mecanismos de control y las capacidades institucionales necesarias para evitar que los líderes del crimen organizado continúen operando desde las cárceles, sin convertir la política penitenciaria en una respuesta aislada frente a un fenómeno que cambia constantemente.

Para el académico de la Usach, esa es precisamente la principal incógnita. La “eficacia de cualquier modelo penitenciario sólo puede evaluarse con el paso del tiempo y a partir de su capacidad para adaptarse a una realidad criminal que también evoluciona de manera permanente”, concluyó Olavarría. La experiencia italiana puede servir como referencia, pero la discusión chilena recién comienza y tendrá que resolver cómo adaptar una herramienta nacida en el combate contra la mafia a las particularidades del crimen organizado local.

El humedal de Batuco extiende su escudo para proteger la biodiversidad

La laguna Batuco tendrá otros 30 años de protección frente a la caza y captura de fauna silvestre, una medida que busca resguardar uno de los últimos grandes refugios de biodiversidad de Santiago. La prohibición, vigente desde 1995, fue renovada por el Ministerio de Agricultura mediante el Decreto Exento N° 75/2026, luego de una solicitud impulsada por el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG).

Ubicada entre las comunas de Lampa y Tiltil, la cuenca de Batuco se extiende por más de 18.000 hectáreas y funciona como un punto estratégico para numerosas especies de aves acuáticas, incluyendo aquellas que llegan desde otros territorios durante sus ciclos migratorios. Se estima que cerca de un tercio de las especies de aves descritas para Chile pasa por este ecosistema para nidificar, descansar o alimentarse, convirtiendo al humedal en una pieza clave para la biodiversidad de la Región Metropolitana.

El valor ecológico de Batuco no se limita a su condición de humedal. La zona forma parte de los sitios prioritarios para la conservación de la biodiversidad y el área específica de la laguna cuenta además con la categoría de Santuario de la Naturaleza. En un territorio metropolitano marcado por la expansión urbana, la presión sobre los ecosistemas y la transformación del paisaje, este tipo de espacios se convierten en verdaderos refugios para especies que dependen de ambientes cada vez más fragmentados.

Para el director regional subrogante del SAG Metropolitano, Juan Valenzuela, la renovación de la medida representa un avance significativo para la conservación del sector. “se valoran las gestiones desarrolladas para el adecuado avance del proceso de renovación la declaratoria de esta área como zona prohibida para la caza y captura, lo cual permite fortalecer de manera sustantiva la protección de la laguna Batuco, que actualmente cuenta con la categoría de Santuario de la Naturaleza, constituyéndose en uno de los escasos humedales presentes en el área Metropolitana de Santiago”.

La extensión de esta protección también responde a un trabajo desarrollado junto a organizaciones locales, municipios y agrupaciones dedicadas a la observación y conservación de aves. Valenzuela destacó precisamente ese respaldo ciudadano, señalando que “hoy, gracias al apoyo de la comunidad local, de los alcaldes de las comunas de Lampa y Tiltil, Fundación San Carlos de Maipo, la Red de Observadores de Aves de Chile, Unión de Ornitólogos de Chile UNORCH-Aves Chile , Fundación San Carlos de Maipo 2 , entre otros organismos que existen dentro del área protegida, esta medida se ha convertido en un requerimiento sentido y deseado”.

La prohibición no significa, sin embargo, que toda actividad de captura quede absolutamente descartada bajo cualquier circunstancia. La normativa contempla excepciones vinculadas a investigación científica, programas de conservación o control de especies que puedan representar un riesgo para la biodiversidad. La fiscalización corresponde principalmente al SAG, aunque también pueden intervenir Carabineros de Chile e inspectores de caza ad honorem autorizados por el Servicio.

En tiempos en que los humedales urbanos enfrentan una presión creciente, la renovación de la prohibición en Batuco representa algo más que una extensión administrativa. Es una apuesta por mantener un territorio donde la biodiversidad todavía encuentra espacio dentro de una de las regiones más urbanizadas del país. La medida, además, se conecta con compromisos internacionales asumidos por Chile para proteger especies migratorias y conservar la diversidad biológica, colocando nuevamente a la laguna Batuco en el mapa de los ecosistemas que Santiago no puede darse el lujo de perder.

Los humedales se consolidan como aliados frente a las lluvias extremas

Mientras las intensas lluvias vuelven a poner a prueba distintas zonas del país, los humedales emergen como uno de los ecosistemas más importantes para enfrentar los efectos del cambio climático. Desde el Altiplano hasta la Patagonia, Chile alberga cerca de 40 mil humedales, de acuerdo con el Inventario Nacional del Ministerio del Medio Ambiente, cubriendo una superficie cercana a los 5,6 millones de hectáreas. Más allá de su riqueza en biodiversidad, estos espacios cumplen una función clave al regular el agua, disminuir el riesgo de inundaciones y ayudar a moderar las temperaturas extremas.

Los humedales comprenden una amplia variedad de ecosistemas donde el agua determina la vida vegetal y animal, incluyendo lagos, ríos, marismas, salares, turberas y zonas costeras. Su capacidad para almacenar agua los convierte en un componente estratégico frente a eventos climáticos cada vez más frecuentes e intensos. En ese sentido, el biólogo ambiental y director del Departamento de Gestión Agraria de la Universidad de Santiago, Darío Moreira, explica que durante episodios de precipitaciones intensas estos ecosistemas funcionan como verdaderas barreras naturales para reducir el impacto de las crecidas.

“Técnicamente estamos hablando de su capacidad de regulación del flujo hídrico y, por lo tanto, mitigación de inundaciones. Esta capacidad responde a las propiedades físicas, biogeoquímicas y estructurales de este tipo de ecosistema”, señala el especialista. Según explica, los suelos de los humedales contienen grandes cantidades de materia orgánica acumulada en condiciones de escasez de oxígeno, formando una estructura altamente porosa que retiene enormes volúmenes de agua. A ello se suma la vegetación característica, compuesta por juncos, totoras y otras especies que disminuyen la velocidad de las corrientes, favoreciendo la infiltración del agua hacia las napas subterráneas y reduciendo el riesgo de inundaciones aguas abajo.

Pero su aporte no termina cuando cesan las lluvias. Para Moreira, los humedales también desempeñan un rol decisivo durante los episodios de calor extremo. Debido a la capacidad del agua para absorber grandes cantidades de energía sin elevar rápidamente su temperatura, estos ecosistemas funcionan como reguladores térmicos naturales. “Ante el aumento de calor, ese calor evapora el agua generando un efecto de enfriamiento evaporativo que puede reducir la temperatura ambiental local en varios grados respecto a las zonas urbanas o agrícolas adyacentes”, explica el académico, destacando que este fenómeno contribuye a disminuir los efectos de las islas de calor presentes en muchas ciudades.

Pese a estos beneficios, el especialista advierte que conservar los humedales no significa impedir completamente el acceso de las personas. “Proteger un humedal no implica necesariamente aislarlo de la sociedad, sino gestionar el territorio bajo el principio de capacidad de carga e integridad ecológica”, afirma. Para ello propone controlar el ingreso de nutrientes provenientes de actividades agrícolas y urbanas, mantener el flujo natural del agua, evitar la fragmentación causada por obras de infraestructura y desarrollar espacios de uso público mediante pasarelas elevadas y zonas especialmente destinadas a la educación ambiental, sin afectar los sectores más sensibles del ecosistema.

El investigador sostiene que una gestión adecuada también requiere establecer normas claras para proteger la fauna y la flora que habitan estos espacios. Entre ellas menciona la prohibición del ingreso de mascotas, la reducción del ruido y la restricción de actividades motorizadas que puedan alterar el equilibrio ecológico. En un escenario marcado por el cambio climático y la mayor frecuencia de eventos meteorológicos extremos, los humedales aparecen como una infraestructura natural indispensable para fortalecer la resiliencia ambiental del país y preservar uno de los patrimonios ecológicos más valiosos de Chile.

Chile completa 42 meses con una desocupación superior al 8%

El mercado laboral chileno continúa mostrando señales de fragilidad. El Instituto Nacional de Estadísticas (INE) informó que la tasa de desocupación alcanzó un 9,4% durante el trimestre abril-junio de 2026, manteniéndose sin cambios respecto del trimestre móvil anterior, pero aumentando 0,5 puntos porcentuales en comparación con igual período del año pasado. Con este resultado, el país acumula 42 meses consecutivos con un desempleo igual o superior al 8%, un escenario que refleja las dificultades para generar nuevos puestos de trabajo al ritmo que exige la economía.

Las cifras muestran que el crecimiento de la fuerza laboral continúa superando la capacidad del mercado para absorber nuevos trabajadores. Mientras las personas que buscan empleo aumentaron un 1,5% en doce meses, el número de ocupados solo creció un 0,9%. En paralelo, la cantidad de personas desocupadas se incrementó un 7,7%, consolidando una tendencia que mantiene la incertidumbre sobre la recuperación del empleo formal.

Para Víctor Silva, economista y académico de la Facultad de Administración y Economía de la Universidad de Santiago, la explicación inmediata es clara. “La fuerza laboral, que es la gente que busca trabajo, creció más rápido que los puestos disponibles”. Sin embargo, advierte que el fenómeno responde a factores mucho más profundos que van más allá de las cifras coyunturales. A su juicio, el deterioro del escenario internacional, el aumento de los costos empresariales y una desaceleración sostenida de la actividad económica están configurando un entorno complejo para la contratación.

El especialista sostiene que uno de los principales detonantes proviene del contexto global. “El origen real tiene al menos tres capas”, afirmó, haciendo referencia al impacto del conflicto en Medio Oriente y al bloqueo del Estrecho de Ormuz sobre el mercado energético. Según explica, el aumento del precio internacional del petróleo elevó significativamente el costo de los combustibles en Chile, afectando tanto a los hogares como a las empresas. “Eso golpeó directamente el bolsillo. La bencina acumula un alza cercana al 27% en lo que va del año y el diésel sobre el 42%. El mecanismo que debería amortiguar ese golpe colapsó en marzo y produjo el mayor ajuste de combustibles desde 1973. Ese shock de costos se traduce en inflación importada, que en 12 meses ya llega a 4,3%”, explicó Silva.

A este escenario internacional se suman presiones internas que, según el académico, han elevado progresivamente el costo de operar para las empresas. Entre ellas menciona la aplicación del IVA a los servicios y el incremento gradual de la cotización adicional contemplada en la reforma previsional. “Desde 2023 rige en régimen la extensión del IVA a los servicios, una reforma que fue encareciendo de forma silenciosa buena parte del consumo de los hogares. Y desde agosto de 2025 comenzó a regir la cotización adicional de cargo del empleador de la reforma previsional”, señaló. En ese contexto, recuerda que el aporte patronal continuará aumentando en los próximos años, elevando el costo de contratar nuevos trabajadores.

Para Silva, estas condiciones generan un efecto directo sobre las decisiones de inversión y contratación de las empresas, especialmente en un escenario de menor dinamismo económico. “Es dinero que no toca el sueldo líquido del trabajador, pero sí encarece el costo de contratar, justo cuando las empresas ya venían conteniendo la contratación”, afirmó. De esta manera, el mercado laboral enfrenta el desafío de recuperar la creación de empleo en un contexto marcado por mayores costos, inflación persistente y un escenario internacional que continúa presionando la economía chilena.

El pesimismo sobre el futuro de Chile alcanza su nivel más alto en una década

La confianza de los chilenos en el futuro atraviesa uno de sus momentos más complejos de los últimos diez años. Así lo revela la última encuesta Plaza Pública Cadem, cuyos resultados muestran que un 58% de la población observa con pesimismo el rumbo del país, el registro más alto desde 2015. La percepción negativa se concentra principalmente en tres áreas que marcan la vida cotidiana: la seguridad, la estabilidad política y la economía, configurando un escenario que, según especialistas, trasciende la coyuntura y comienza a afectar el bienestar psicológico de las personas.

El estudio muestra que la delincuencia continúa siendo la principal inquietud ciudadana, con un 51% de los consultados que cree que la seguridad empeorará durante los próximos seis meses. A ello se suma un 50% que anticipa un escenario político más complejo y un 43% que proyecta un deterioro de la situación económica nacional, la cifra más alta registrada en esta medición desde que comenzó a realizarse. La evolución de este último indicador evidencia un cambio importante en la percepción ciudadana, luego de haber alcanzado solo un 10% en 2018 y un 20% en 2019, reflejando el aumento sostenido de la incertidumbre en los últimos años.

Para comprender el impacto de estos resultados, Diario Usach conversó con Isabel Puga, psicóloga y académica de la Universidad de Santiago, quien sostiene que estas preocupaciones afectan directamente las necesidades básicas de seguridad y estabilidad de las personas. “La estabilidad económica ataca la seguridad de subsistencia, la delincuencia vulnera la integridad física, y la crisis política erosiona la confianza institucional y el sentido de orden”. A juicio de la especialista, cuando estas dimensiones se deterioran simultáneamente, el estrés deja de ser una reacción puntual y comienza a instalarse como un estado permanente.

La académica explica que la combinación de incertidumbre económica, inseguridad y desconfianza institucional termina afectando la percepción de control sobre la propia vida. “Cuando la persona experimenta que no puede controlar lo que gasta, que salir a la calle representa un riesgo inminente y que las figuras de autoridad no ofrecen soluciones, se activa un patrón de sobrecarga de estrés acumulado prolongado”, señala. Desde esta perspectiva, el pesimismo registrado por la encuesta no solo refleja una evaluación negativa del presente, sino también una creciente dificultad para proyectar expectativas positivas hacia el futuro.

Puga advierte que el fenómeno podría tener consecuencias más profundas si se mantiene en el tiempo. “Un 58% de pesimismo sostenido no refleja sólo una preocupación pasajera por la inflación. Indica que la población ha internalizado la idea de que haga lo que haga, el resultado no dependerá de su esfuerzo. Se ha roto el “pacto implícito” de movilidad social”. Para la especialista, cuando esa percepción se instala de manera prolongada, aumenta el riesgo de desarrollar sentimientos de desesperanza, disminuye la motivación y se fortalece un estado de estrés crónico que afecta la calidad de vida.

Más allá de los indicadores económicos o políticos, el estudio también abre una discusión sobre el impacto emocional que tiene la incertidumbre en la sociedad chilena. Según la psicóloga, este escenario puede traducirse en un deterioro de la tolerancia a la frustración, un aumento de la ansiedad que incluso alcanza a las nuevas generaciones, mayores niveles de aislamiento social y una disminución de la empatía entre las personas. En ese contexto, los datos de Cadem no solo describen el estado de ánimo del país, sino que también plantean el desafío de reconstruir la confianza ciudadana como un componente esencial para recuperar las expectativas de futuro.