Articles by: Staff G·LAB

Tradición, sabor y nutrición en el clásico que define la mesa chilena

Hay platos que sobreviven al paso del tiempo porque son mucho más que una receta. En Chile, la cazuela ocupa ese lugar privilegiado: un caldo humeante que mezcla carne, verduras y tradición en una preparación que atraviesa generaciones. No es casualidad que cada 30 de julio el país celebre el Día Nacional de la Cazuela, una fecha creada para reconocer uno de los mayores símbolos del patrimonio gastronómico nacional.

Para el historiador y académico de la Facultad de Derecho de la Universidad de Santiago, Cristóbal García-Huidobro, el valor de este plato radica en que representa la identidad culinaria chilena desde su origen mestizo. “Toda la cocina chilena tiene identidad chilena. Lo que pasa es que nuestra cocina es mestiza. Es una cocina que mezcla elementos del viejo mundo, especialmente europeo, con elementos gastronómicos que son netamente americanos”. En esa combinación conviven ingredientes introducidos desde Europa, como la cebolla, el ajo o el apio, con productos originarios de América, como la papa o el pimentón, dando forma a una preparación que terminó convirtiéndose en un clásico de la cocina local.

Aunque hoy es considerada una receta profundamente chilena, sus raíces se remontan a antiguos guisos españoles. Según explica García-Huidobro, “la cazuela proviene de una serie de guisos y caldos españoles, como por ejemplo la olla podrida de Burgos, por la cantidad de ingredientes que tiene y nuestra versión es mucho más humilde y también mucho más campesina”. Con el paso de los siglos, la preparación fue adaptándose a los productos disponibles en cada territorio hasta consolidar una identidad propia, al mismo nivel que otras recetas tradicionales como el pulmay o el cocido valdiviano.

Esa capacidad de adaptarse explica también por qué la cazuela cambia según la región donde se prepare. En la zona central predominan las versiones con vacuno o pollo, mientras que en el sur es frecuente encontrar preparaciones con cordero. Más al norte aparecen variantes con cabrito e incluso existen recetas elaboradas con productos del mar. Para el historiador, estas diferencias responden tanto a la disponibilidad estacional de ingredientes como a las particularidades culturales de cada territorio, manteniendo intacta la esencia de un plato que ha sabido evolucionar sin perder su identidad.

Pero el atractivo de la cazuela no termina en la nostalgia. Desde el punto de vista nutricional, continúa siendo una de las comidas más completas de la cocina chilena. La nutricionista y académica de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Santiago, Daniela González, explica que, independiente de si se prepara con ave o vacuno, “aporta proteínas, carbohidratos complejos y variedad de vegetales”. Además, destaca que “es un plato muy recomendable. Los carbohidratos complejos van liberando lentamente glucosa a la sangre, lo que permite evitar alzas bruscas de glicemia y mantener energía estable por más tiempo”.

La especialista agrega que una porción de cazuela puede aportar entre 300 y 500 calorías, dependiendo de su tamaño, mientras que la variedad de verduras presentes en el plato entrega fibra y antioxidantes esenciales para el organismo. “Dependiendo del tamaño de las porciones, puede aportar entre 300 y 500 calorías. Los vegetales aportan fibra y antioxidantes muy importantes para la prevención de enfermedades crónicas”. En tiempos donde la alimentación saludable gana protagonismo, la cazuela demuestra que la cocina tradicional también puede ser una aliada del bienestar, reafirmando por qué sigue siendo uno de los platos más queridos de la mesa chilena.

Cancamusa proyecta su mejor momento con una gira por escenarios españoles

La internacionalización de la música chilena suma un nuevo capítulo con el regreso de AIEnRuta, uno de los programas de intercambio artístico más relevantes entre Chile y España. Tras varios años de pausa, la iniciativa impulsada por la Sociedad Chilena de Autores e Intérpretes Musicales (SCD) y la Sociedad de Artistas Intérpretes o Ejecutantes de España (AIE) confirmó las fechas que llevarán a Cancamusa a recorrer cinco ciudades españolas durante noviembre, consolidando el mejor momento de la cantautora nacional tras el éxito de su álbum Dopamina.

La cantante, compositora y baterista chilena será la primera representante nacional de esta nueva etapa del programa, mientras que desde España llegará la banda El Nido, cuyos conciertos en Chile serán anunciados durante los próximos meses. La gira europea de Cancamusa comenzará el 13 de noviembre en Castellón, en el marco de la Feria Trovam, para continuar el 15 de noviembre en Barcelona, el 18 en Madrid, el 19 en Toledo y cerrar el 21 de noviembre en El Puerto de Santa María, dentro del reconocido festival Monkey Week.

El recorrido servirá para presentar el espectáculo de su Dopamina Tour, una propuesta que reúne canciones de sus tres discos de estudio y que refleja la evolución artística de una de las voces más sólidas de la escena independiente chilena. La gira llega, además, pocos meses después de que la artista obtuviera el Premio Pulsar 2026 a la Canción del Año gracias a “Dopamina”, reconocimiento que reafirmó el crecimiento de su proyecto tanto a nivel creativo como de convocatoria.

Sobre este nuevo desafío internacional, Cancamusa expresó su entusiasmo por volver a encontrarse con públicos fuera del país. “Estoy muy emocionada y profundamente agradecida”, afirmó la artista, agregando que “será una oportunidad para compartir mis canciones y el camino que he ido construyendo durante estos últimos años como cantautora y baterista, en medio de tantos viajes. Como alguien que nació en el sur de Chile, me emociona profundamente poder llevar mi música a nuevos escenarios y compartirla con personas de otras partes del mundo. Las canciones tienen la capacidad de viajar mucho más lejos de lo que imaginamos, y eso es algo que nunca deja de sorprenderme. Gracias a todas las personas que escuchan mi música, y también a la SCD y a la AIE por hacer posible esta iniciativa. Gracias por hacer que estas canciones sigan encontrando nuevos caminos”.

AIEnRuta nació hace más de una década con el objetivo de fortalecer la circulación de artistas entre ambos países y abrir nuevas oportunidades para la música iberoamericana. Tras varias ediciones exitosas, el programa debió suspender sus actividades en 2020 debido a la pandemia del Covid-19. Su regreso representa un nuevo impulso para la movilidad internacional de músicos independientes y para la consolidación de redes de colaboración entre Chile y España.

Mientras Cancamusa prepara su desembarco en Europa, la organización adelantó que próximamente revelará las fechas de la gira chilena de El Nido, completando así el intercambio artístico que caracteriza a AIEnRuta. Las entradas para los conciertos de la artista nacional en España ya se encuentran disponibles a través de las plataformas oficiales de cada recinto y en su sitio web, marcando el inicio de una nueva etapa para un programa que busca seguir proyectando el talento chileno más allá de las fronteras.

La lagartija negroverdosa revela un mapa genético que cambia su conservación

Antes de desaparecer entre los bosques y quebradas de la cordillera de la Costa y de los Andes, la lagartija negroverdosa ha dejado una pista clave para la ciencia. Un nuevo estudio liderado por investigadores de la Universidad de Chile reveló que esta especie endémica no constituye una única población homogénea, sino que está dividida en grupos genéticamente diferenciados que habitan las llamadas “islas del cielo”, ecosistemas montañosos aislados donde la conectividad entre individuos es prácticamente inexistente.

Publicada en la revista científica Animal Conservation, la investigación “Highly Isolated Populations of a Lizard Inhabiting Sky Islands: A Challenge for Conservation” analizó el ADN de 175 ejemplares provenientes de distintas cumbres de Chile central. Los resultados muestran que, aunque las lagartijas mantienen intercambio genético entre sectores cercanos de una misma montaña, ese flujo desaparece casi por completo entre cordones montañosos distintos. Esto significa que cada población ha seguido una trayectoria evolutiva propia, un hallazgo que obliga a replantear las estrategias de conservación de la especie.

“En las cumbres se producen verdaderos microclimas que están aislados de las zonas inferiores. Si cambian sus condiciones, las especies que viven allí no tienen hacia dónde escapar. No es simplemente bajar, cruzar un área intervenida o una vegetación a la que no están acostumbradas y subir a otra montaña”, explica Jorge Mella-Romero, autor principal del estudio. A partir del análisis genético, el equipo identificó cinco poblaciones que deberían ser consideradas de forma independiente: El Roble, Cantillana, Los Caracoles, Farellones y El Yeso. “Al analizar una escala más reciente aparecen cinco unidades de las que deberíamos preocuparnos. Esto permite establecer prioridades, porque los recursos para conservación siempre son limitados y no todas las poblaciones enfrentan hoy el mismo nivel de amenaza”, sostiene el investigador.

Uno de los casos que más preocupa es el de Altos de Cantillana. Según el estudio, esta población presenta un prolongado descenso en su tamaño poblacional efectivo durante los últimos mil años, una disminución que se intensificó en los dos siglos más recientes y que se suma al fuerte aislamiento geográfico y a la creciente intervención humana de su entorno. Además, los modelos climáticos proyectan que este será uno de los hábitats más afectados por el cambio climático, convirtiéndolo en la principal prioridad para futuras acciones de protección.

Frente a este escenario, los investigadores plantean que la conservación deberá considerar medidas mucho más específicas que las aplicadas hasta ahora. Entre las alternativas aparece la migración asistida, una estrategia que consistiría en trasladar ejemplares hacia ecosistemas donde puedan sobrevivir bajo las futuras condiciones climáticas. Sin embargo, advierten que esta opción requiere una evaluación científica exhaustiva antes de implementarse. “No es llegar y trasladarlas, antes deben realizarse estudios para evaluar si esos ambientes son apropiados, qué riesgos existen y cuáles podrían ser las consecuencias. La migración asistida es una posibilidad que debemos investigar para saber si puede ser útil frente a un cambio global acelerado”, enfatiza Mella-Romero.

Más allá de la lagartija negroverdosa, la investigación abre una nueva mirada sobre la conservación de la biodiversidad chilena. Al integrar genética, ecología y proyecciones climáticas, el trabajo propone que proteger una especie implica reconocer la diversidad que existe dentro de ella y diseñar estrategias diferenciadas para cada población. “Estamos generando información que permite identificar qué poblaciones necesitan acciones urgentes. Proteger una especie no puede significar tratar a todos sus grupos como si fueran iguales, porque en cada uno existe una parte distinta de su historia”, concluye el investigador.

BTS confirmó que el K-pop ya es parte de la cultura juvenil chilena

La movilización de miles de seguidores de BTS en Chile, surgida a raíz de la incertidumbre que rodeó la realización de los conciertos del grupo en Santiago, volvió a demostrar que el fenómeno del K-pop va mucho más allá de la música. Para especialistas de la Universidad de Chile, el auge de las culturas coreana y japonesa ha dejado de ser un interés de nicho para convertirse en una experiencia cultural que atraviesa generaciones, fomenta el aprendizaje de idiomas, inspira estudios universitarios y crea comunidades con identidad propia.

Lo que hoy se expresa en estadios repletos, clubes de lectura, cursos de idioma y encuentros de fanáticos comenzó hace décadas con un punto de partida mucho más cotidiano: la televisión. El profesor Franco Casoni, especialista en literatura japonesa, recuerda que el anime fue la primera ventana hacia Japón para miles de niños y jóvenes chilenos. “La tele cumplió quizás ese rol como de compañía (…) antes era como el internet”, explica el académico, destacando cómo aquellas series despertaron la curiosidad por una cultura que entonces parecía lejana. Más tarde, internet y las propias comunidades de seguidores permitieron acceder a mangas, videojuegos y música que durante años fueron difíciles de conseguir de manera oficial.

Con el tiempo, ese interés dejó de limitarse al entretenimiento. Desde el Centro de Lenguas y Culturas del Mundo de la Universidad de Chile, Casoni y la investigadora Constanza Jorquera sostienen que el acercamiento a Japón y Corea ha evolucionado hacia una búsqueda de conocimiento sobre la historia, la literatura y las transformaciones sociales de ambos países. En ese sentido, Casoni plantea que “Uno no tiene por qué saberse toda la historia de Corea o Japón para que algo le guste”, aunque agrega que muchas personas terminan profundizando en esas culturas a medida que descubren nuevas expresiones artísticas y literarias.

El caso de Corea del Sur resulta especialmente visible gracias a la llamada Hallyu o “ola coreana”, fenómeno que combina música, series, cine, gastronomía, literatura y moda. Para Jorquera, el reciente debate en torno a los conciertos de BTS solo hizo visible un proceso que lleva más de una década consolidándose en Chile. “Lo que me ha sorprendido del caso reciente de BTS es que el tema de la ola coreana y el K-pop lleva en Chile al menos 15 años”, afirma. La investigadora añade que reducir este movimiento únicamente a una banda invisibiliza un ecosistema cultural mucho más amplio que ha fortalecido el interés por Corea entre distintas generaciones.

Los especialistas también coinciden en que el crecimiento internacional de estas industrias culturales responde tanto al trabajo de las comunidades de seguidores como a una estrategia impulsada desde el propio Estado surcoreano. Jorquera sostiene que “Hay elementos muy fuertes de estrategia de política exterior y de inversión importante por parte del Estado coreano”, aunque subraya que la expansión global tampoco habría sido posible sin los fandoms, que durante años tradujeron contenidos, organizaron encuentros y construyeron redes de difusión mucho antes de que existiera una oferta masiva en plataformas digitales.

Este cambio también ha llegado a las aulas universitarias. Tanto Casoni como Jorquera aseguran que cada año reciben estudiantes con un mayor conocimiento previo sobre Japón y Corea, interesados no solo en consumir cultura pop, sino también en comprender sus contextos históricos, sociales y políticos. Para ambos académicos, el fenómeno ya superó hace tiempo la etiqueta de moda pasajera: hoy representa una nueva forma de construir comunidad, intercambiar conocimientos y estrechar vínculos entre Chile y Asia a través de la cultura.

La ansiedad dejó de ser una excepción y se convirtió en una alerta cotidiana

Sentir ansiedad antes de un examen, una entrevista de trabajo o una entrega importante es una respuesta natural del organismo. El problema comienza cuando esa sensación deja de ser pasajera y se instala como un estado permanente. En Chile, esa realidad afecta a una parte importante de la población. Según el Termómetro de Salud Mental 2025, elaborado por la Asociación Chilena de Seguridad (ACHS) y la Pontificia Universidad Católica, el 25,8% de las 2.300 personas consultadas declaró experimentar ansiedad generalizada, convirtiéndose en el indicador de mayor prevalencia dentro del estudio.

Para Isabel Puga, psicóloga del Centro de Salud de la Universidad de Santiago, la ansiedad no siempre representa un problema. La especialista explica que, desde una perspectiva clínica, se trata de un mecanismo de supervivencia que permite al cerebro responder frente a desafíos cotidianos. “Desde el punto clínico es fundamental comprender que la ansiedad, en su esencia, es una respuesta vital. Imaginemos a nuestro sistema nervioso como un sofisticado centro de vigilancia. Y cuando enfrentamos un desafío cotidiano (como el plazo para una entrega, una dificultad laboral o una demanda académica), esta estructura se activa, libera energía y nos permite movilizar recursos para solucionar el problema”. En condiciones normales, esa activación desaparece una vez superada la situación estresante.

El escenario cambia cuando la ansiedad deja de responder a amenazas concretas y se transforma en un estado permanente de alerta. En esos casos, el cerebro comienza a interpretar estímulos cotidianos como si representaran un peligro constante, afectando tanto el funcionamiento emocional como el cognitivo. Según la académica, este proceso responde a una alteración en la comunicación entre la corteza prefrontal, encargada del razonamiento, y la amígdala, responsable de procesar las emociones, generando una sensación continua de amenaza que las personas no pueden controlar de manera voluntaria.

Las consecuencias de esa hipervigilancia se extienden mucho más allá de la preocupación constante. La especialista advierte que la exposición prolongada al estrés deteriora funciones esenciales del cerebro, afectando la memoria, la capacidad de concentración, la planificación y la toma de decisiones. A ello se suman manifestaciones físicas que suelen pasar desapercibidas, como dolores de cabeza persistentes, problemas gastrointestinales, alteraciones del sueño, irritabilidad y agotamiento generalizado, síntomas que muchas veces terminan normalizándose pese a ser señales claras de un trastorno que requiere atención.

Frente a este panorama, Puga sostiene que la primera tarea consiste en abandonar la idea de que la salud mental funciona separada del cuerpo. “No existe salud mental sin la física”, afirma la psicóloga, enfatizando que ambos aspectos forman parte de un mismo sistema. La especialista también advierte que existen señales que no deben ignorarse, como el aislamiento social, el abandono de actividades que antes resultaban placenteras, las crisis de pánico, las palpitaciones, la falta de aire, el insomnio profundo o la aparición de pensamientos de desesperanza. “Debemos poner alerta cuando la gente comienza a desarrollar conductas de evitación (dejando de ir al trabajo, se aísla de sus vínculos afectivos o abandona intereses que antes les generaban placer). Y cuando se presentan síntomas somáticos, como las palpitaciones, la falta de aire o el insomnio profundo o cuando aparecen pensamientos de desesperanza, estamos ante un punto de inflexión. Ahí la ayuda de especialistas es fundamental para que los sujetos tengan la capacidad para retomar el control de sus propias trayectorias de vida”, señaló.

Más allá del tratamiento individual, la académica considera que el desafío también es estructural. Si bien Chile cuenta con programas y políticas de salud mental, sostiene que el sistema sigue funcionando de manera reactiva y fragmentada. Para la especialista, la verdadera prevención pasa por fortalecer la coordinación entre salud, educación y trabajo, además de impulsar políticas que reduzcan el desgaste psicológico asociado al ritmo de vida actual. En un contexto donde uno de cada cuatro chilenos reconoce convivir con ansiedad generalizada, el reto ya no es únicamente atender los casos existentes, sino construir una cultura que proteja el bienestar mental antes de que el agotamiento se transforme en enfermedad.

Santiago Centro cambia de rostro y deja atrás su pasado financiero

Durante años, el centro de Santiago estuvo dominado por bancos, oficinas y servicios financieros que marcaban el ritmo de la ciudad. Hoy, ese paisaje comienza a transformarse. Restaurantes, cafeterías, farmacias, ópticas, centros de salud, locales de cuidado personal y tiendas de vestuario están ocupando cada vez más espacio en el casco histórico, reflejando un cambio en la forma en que las personas viven y utilizan el corazón de la capital.

La tendencia fue identificada por el informe “High Street Santiago Centro 1S 2026”, elaborado por la consultora inmobiliaria CBRE, que evidencia una recuperación paulatina del comercio a nivel de calle. El estudio muestra que la tasa de desocupación de locales comerciales alcanzó un 12,48%, completando tres semestres consecutivos de descenso, una señal de reactivación que comienza a modificar la identidad urbana del sector.

Para Américo Ibarra, académico de la Universidad de Santiago y director del Instituto de Ambiente Construido de la misma casa de estudios, esta transformación responde a cambios estructurales que se aceleraron tras el estallido social y la pandemia. “La dinámica estructural de la actividad comercial actual, con menos bancos y más restaurantes, cafeterías, servicios de salud y comercio, refleja de manera evidente un cambio en la manera en que se habita el centro de Santiago”, sostuvo.

El especialista explica que el centro dejó de funcionar exclusivamente como un lugar destinado a realizar trámites para convertirse en un espacio donde convergen trabajadores, estudiantes, turistas y nuevos residentes que demandan servicios cotidianos. Según el académico, este fenómeno también se relaciona con el crecimiento de viviendas en algunos sectores, lo que impulsa una mayor necesidad de comercio, alimentación y atención de salud en el día a día. “El espacio deja de ser principalmente un lugar de trámites y servicios financieros para convertirse en un entorno de consumo, encuentro y vida diaria. Esto sugiere que el centro está transitando hacia un modelo más vinculado a la experiencia urbana”, afirmó.

Sin embargo, la recuperación no ocurre de manera uniforme. Mientras barrios como Lastarria, Bellas Artes y el entorno de Plaza de Armas muestran una revitalización impulsada por la gastronomía, la cultura y el turismo, otros sectores continúan enfrentando importantes dificultades. Problemas como la inseguridad, el comercio informal y la falta de inversión siguen afectando zonas como barrio Mapocho y algunos tramos de la Alameda, donde el flujo de peatones y la llegada de nuevos negocios todavía no logra consolidarse.

Pensando en el futuro, Ibarra sostiene que uno de los grandes desafíos será extender la vida del centro más allá del horario laboral. “Sería deseable que las condiciones ambientales y de seguridad que ofrece el centro de Santiago permitan modificar sus horarios de funcionamiento, de modo que sea posible recuperar los tradicionales funcionamientos de restaurantes y cafeterías con actividad en la tarde y noche”, señaló. Para el académico, fortalecer la seguridad y recuperar la actividad nocturna será clave para consolidar un centro más dinámico, diverso y conectado con las nuevas formas de habitar la ciudad.

El debate sobre el trabajo sexual vuelve al centro de la discusión desde la justicia social

El trabajo sexual sigue siendo uno de los temas más controvertidos dentro de las discusiones sobre derechos, feminismo y políticas públicas. Ahora, una nueva investigación publicada en Humanities & Social Sciences Communications, de Nature Portfolio, vuelve a instalar el debate desde otra perspectiva. El artículo “Towards Multidimensional Justice for Sex Workers: Redistribution, Recognition, and Participation”, del profesor Pablo Aguayo-Westwood, académico de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, propone analizar la regulación del trabajo sexual utilizando un marco de justicia social que va más allá de la clásica dicotomía entre prohibición y legalización.

El estudio se basa en la teoría de la filósofa estadounidense Nancy Fraser, quien plantea que la justicia debe abordarse desde tres dimensiones: redistribución económica, reconocimiento social y participación política. A partir de ese enfoque, Aguayo-Westwood sostiene que la discusión no puede reducirse a posturas absolutas, sino que debe considerar las condiciones materiales y sociales que enfrentan quienes ejercen esta actividad. “No es que uno promueva el trabajo sexual, que es la crítica habitual. No creo que alguien quiera promoverlo. Lo que uno busca, a largo plazo, es que deje de existir. Sin embargo, en lo inmediato, la mejor respuesta no es prohibirlo ni castigarlo, porque eso termina generando una doble victimización de la trabajadora sexual, que ya es víctima de condiciones iniciales de desigualdad material y económica”, explica.

El académico señala que la investigación surge también desde el diálogo con organizaciones y sindicatos de trabajadoras sexuales, experiencia que modificó su propia mirada sobre el tema. En lugar de defender una posición cerrada, el artículo expone las fortalezas y limitaciones de los distintos modelos regulatorios existentes y plantea que las políticas públicas deben construirse escuchando a las propias personas involucradas en el debate.

Uno de los ejes centrales de la investigación cuestiona la idea de que el trabajo sexual constituye una excepción dentro de los empleos marcados por la precariedad económica. Aguayo-Westwood sostiene que muchas ocupaciones desarrolladas por personas de la clase trabajadora también están condicionadas por la falta de alternativas, especialmente en el caso de las mujeres. Esa comparación abre una discusión sobre las desigualdades estructurales que atraviesan múltiples formas de trabajo y sobre por qué el juicio social suele concentrarse exclusivamente en el trabajo sexual.

El estudio también analiza las consecuencias que tiene la criminalización de esta actividad. “Cuando está prohibido el trabajo sexual, las condiciones de precariedad del ejercicio son peores que cuando está permitido”. Según el investigador, la prohibición dificulta el acceso al sistema financiero, al arriendo de espacios de trabajo, a la organización sindical y a mecanismos de protección social, mientras que también fortalece la presencia de redes de explotación y crimen organizado.

Finalmente, el artículo aborda las diferencias que existen dentro del propio feminismo respecto a este tema, alejándose de la idea de que existe una única postura. “Mi interés también ha sido mostrar que dentro del feminismo hay diferentes posiciones, no hay un feminismo, hay varios feminismos, y en esta variedad también hay diferentes posiciones sobre el debate”. Con un proyecto legislativo que permanece estancado desde hace más de una década en Chile, la investigación busca aportar nuevos elementos para una conversación que continúa abierta y que cruza derechos humanos, igualdad, autonomía y justicia social.

La ciencia explica por qué la sopa de pollo ayuda cuando estás resfriado

Cada invierno reaparece como una de las recetas más recomendadas cuando llegan los resfríos, la influenza y otros virus respiratorios. La sopa de pollo ocupa un lugar casi obligatorio en los hogares chilenos, aunque la ciencia aclara que su principal aporte no está en curar enfermedades ni en prevenir contagios, sino en ayudar al organismo a sobrellevar mejor los síntomas propios de esta época del año.

Con el aumento de cuadros respiratorios durante los meses más fríos, la nutricionista del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) de la Universidad de Chile, Consuelo Burgos, explica que esta preparación puede transformarse en un buen complemento durante la recuperación gracias a su alto contenido de líquido, su temperatura y la posibilidad de incorporar ingredientes nutritivos cuando el apetito disminuye. Sin embargo, advierte que no debe entenderse como un tratamiento médico. “No existe evidencia científica convincente que asocie el consumo de sopa de pollo con la reducción del riesgo de contraer virus respiratorios. Desde el punto de vista metodológico, no se puede afirmar que prevenga el contagio”, explica.

Uno de los mayores beneficios de esta preparación está relacionado con la hidratación, un aspecto fundamental durante un resfrío o una influenza. Al tratarse de un alimento principalmente líquido y consumido caliente, favorece la fluidificación de la mucosidad y contribuye a aliviar la congestión nasal. “En un cuadro respiratorio, lo que tenemos que resguardar es, efectivamente, la hidratación, ya que nos ayudará mucho a eliminar la mucosidad propia de estos procesos infecciosos”, señala Burgos.

El vapor que desprende la sopa también genera un alivio temporal en las vías respiratorias, similar al efecto que produce una ducha caliente. A eso se suma que es una preparación de fácil digestión, ideal para personas que presentan decaimiento o poco apetito durante la enfermedad. En ese sentido, los especialistas coinciden en que su utilidad está asociada al confort que entrega al organismo mientras este enfrenta el proceso infeccioso.

La nutricionista recomienda privilegiar siempre las preparaciones caseras por sobre las sopas instantáneas, ya que permiten controlar la cantidad de sodio y evitar aditivos presentes en muchos productos procesados. Para obtener un mejor resultado aconseja utilizar pollo sin piel, incorporar verduras como cebolla, ajo y zanahoria, mantener una consistencia más líquida y moderar el uso de sal. En personas con diabetes, además, llama a controlar la cantidad de carbohidratos presentes en ingredientes como arroz, fideos o papas.

Más allá de este tradicional plato, Burgos recuerda que la recuperación frente a enfermedades respiratorias también depende de mantener una alimentación equilibrada, una buena hidratación y el consumo de frutas y verduras frescas que aporten vitaminas, fibra y otros nutrientes esenciales. Así, la sopa de pollo mantiene su lugar como un clásico del invierno, no como una cura milagrosa, sino como un aliado que ayuda a hacer más llevaderos los días de enfermedad.

BTS reabre el debate sobre si el Estadio Nacional puede soportar un show de esta magnitud

Los tres conciertos que BTS agendó para el 14, 16 y 17 de octubre de 2026 en Santiago no solo marcaron el esperado regreso del fenómeno global del K-pop a Chile. Con todas las entradas agotadas para el coliseo central del Estadio Nacional, el montaje de la gira también abrió una intensa discusión sobre los límites de la infraestructura deportiva del principal recinto del país y si realmente está preparado para recibir un espectáculo de semejante escala.

La polémica comenzó luego de que la ministra del Deporte, Natalia Duco, manifestara reparos al uso del estadio debido al impacto que tendría un escenario en formato 360°, cuyo peso bordea las 600 toneladas, sobre el césped híbrido y el sistema de la cancha. La decisión provocó la reacción inmediata de las ARMY chilenas, quienes realizaron manifestaciones tanto en las inmediaciones del Estadio Nacional como frente al Palacio de La Moneda. Mientras tanto, la productora DG Medios defendió que el evento fue planificado respetando todos los protocolos técnicos establecidos.

En ese escenario, Fernando Ibáñez, ingeniero civil en Obras Civiles y académico de la Universidad de Santiago, sostuvo que el verdadero problema no radica únicamente en el césped, sino en la capacidad estructural del terreno. “El recinto no está capacitado para un montaje de las características que tiene la actual gira de BTS, principalmente porque su carpeta protectora actual no es removible (como sí lo es el sistema Portagrass Sport Turf)”. El especialista recordó además el histórico concierto de U2 en 2011, cuando el escenario “La Garra”, de unas 1.200 toneladas, dejó importantes daños estructurales en la cancha del recinto deportivo.

Según el académico, el riesgo más importante se encuentra bajo la superficie. “El pasto, en sí mismo, no es el problema. Aquí la dificultad radica en la capacidad del soporte del suelo. Ningún terreno de juego está diseñado de forma natural para resistir cargas industriales concentradas durante varios días”, explicó. Incluso utilizando carpetas protectoras para distribuir el peso, advirtió que la ausencia de luz, oxígeno y la presión constante terminan deteriorando el césped y afectando el sistema de drenaje, dejando la cancha temporalmente inutilizable para la actividad deportiva.

Para reducir ese impacto, el especialista sostiene que la organización debe contemplar una logística extremadamente rigurosa, considerando estudios previos de carga, distribución uniforme del peso mediante estructuras especiales, rutas exclusivas para el ingreso de maquinaria pesada, desmontajes escalonados y una recuperación agronómica inmediata del terreno una vez finalizados los conciertos. Todo ello busca minimizar el daño sobre una superficie que fue diseñada prioritariamente para la práctica del fútbol profesional.

Ibáñez advierte que el factor tiempo será determinante para el futuro del recinto. “El tiempo total de permanencia del escenario (contando la logística completa del montaje, shows y desmontaje) debe ser, máximo, de 3 a 4 días. Superar este plazo garantiza daños severos e irreversibles en el ecosistema del campo de juego, lo que obligaría a una resiembra total y al cierre prolongado del estadio”. Así, mientras miles de fanáticos esperan volver a ver a BTS en Chile, el debate también pone sobre la mesa cómo compatibilizar espectáculos de talla mundial con la conservación de una de las infraestructuras deportivas más importantes del país.

El MAC abre una ventana a 50 años de imágenes que marcaron época

La fotografía chilena vuelve a ocupar el centro de la conversación cultural. El Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile conmemora los 50 años de la creación de su histórica fototeca con “Colección MAC: Modulaciones de la imagen fotográfica”, una exposición que se despliega en sus sedes de Parque Forestal y Quinta Normal, reuniendo 175 obras que revisan la transformación del lenguaje fotográfico desde la segunda mitad del siglo XX hasta la actualidad. La muestra abrió al público este 11 de julio y estará hasta el 11 de octubre de 2026 con entrada gratuita.

La conmemoración pone en valor un hito ocurrido en 1976, cuando el fotógrafo y académico Bob Borowicz impulsó la donación de más de un centenar de fotografías que dieron origen a la primera colección pública de fotografía en un museo de arte chileno. Para el director del MAC y co-curador de la exhibición, Daniel Cruz, “Este proyecto busca relevar lo acontecido en 1976, cuando el fotógrafo y profesor de la cátedra de fotografía de la Escuela de Bellas Artes, Bob Borowicz (Polonia, 1922 – Chile, 2009), lideró la donación de más de un centenar de fotos de diversos actores de la época, lo que dio comienzo a la Fototeca del Museo de Arte Contemporáneo”. El académico sostiene que este acontecimiento abrió nuevas preguntas sobre el rol de la fotografía y su desarrollo dentro del arte contemporáneo.

La exposición reúne 144 piezas pertenecientes a la Colección MAC y 31 obras invitadas, integrando el trabajo de 80 artistas nacionales e internacionales. Entre ellos destacan Alfredo Jaar, Paz Errázuriz, Lotty Rosenfeld, Bernardo Oyarzún, Jorge Brantmayer, Julia Toro, Marcelo Montecino, Bob Borowicz y Juan Pablo Langlois, junto a creadores extranjeros como George Rousse, Aldo Sessa, Selina Ou y Jesús Ruiz Nestosa. El recorrido permite observar cómo la fotografía ha transitado desde el registro documental hacia propuestas experimentales, performáticas, instalativas e incluso obras desarrolladas con inteligencia artificial.

La encargada editorial del MAC y co-curadora de la muestra, Paulina González, explica que “esta fototeca fue la primera colección pública de fotografía en un museo de arte en Chile, y su creación respondió a una política que buscó integrar institucionalmente esta disciplina como obra de arte”. Bajo esa mirada, la exhibición se organiza en tres grandes ejes curatoriales: el canon fotográfico, la experimentación y desplazamiento del medio, y la denominada postfotografía, donde las imágenes dialogan con tecnologías digitales, ficciones e inteligencia artificial.

Más allá de las salas de exhibición, el proyecto incorpora un programa educativo que invita a experimentar con los procesos fotográficos. En Quinta Normal, los visitantes podrán recorrer espacios dedicados a la fotografía análoga, vivir la experiencia de una cámara oscura y reflexionar sobre cómo el teléfono celular, los algoritmos y la producción masiva de imágenes han transformado la relación entre fotografía, memoria y tecnología.

La muestra también se integra a la conmemoración internacional por los 200 años de la primera fotografía permanente realizada por Nicéphore Niépce y reafirma el compromiso del MAC con la preservación del patrimonio visual chileno. “Colección MAC: Modulaciones de la imagen fotográfica” podrá visitarse gratuitamente de martes a domingo en ambas sedes del museo, consolidándose como una de las exposiciones más relevantes del calendario artístico de este 2026.