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La minería chilena entra en una nueva era de automatización

La minería chilena enfrenta un escenario donde producir más ya no depende únicamente de aumentar la capacidad de las faenas. La gestión de activos, la automatización y el uso de inteligencia artificial están tomando un rol cada vez más relevante para mantener la productividad y la continuidad operacional, especialmente frente a desafíos como la disminución de las leyes de los minerales. Ese fue uno de los ejes de la charla “Gestión de activos en minería: desafíos y palancas para excelencia operacional”, realizada en la Universidad de Santiago.

Durante el encuentro, realizado en el Auditorio del Departamento de Ingeniería Industrial, el gerente corporativo de mantenimiento de Codelco, Iván Tobar, abordó los avances tecnológicos de la compañía y los desafíos relacionados con seguridad y manejo de riesgos. Frente a estudiantes y académicos, también recordó el accidente ocurrido hace poco más de un año en la División El Teniente, donde seis trabajadores fallecieron y cuyas causas continúan siendo investigadas.

Tobar enfatizó que la productividad no puede imponerse sobre la seguridad. El ejecutivo sostuvo que no existe una meta productiva que justifique un accidente y planteó que, aunque Codelco tiene la responsabilidad de producir, no puede hacerlo a cualquier costo. En ese contexto, explicó que actualmente más de 40 camiones y cargadores autónomos operan en El Teniente, mientras parte de estos equipos son controlados de manera remota desde Rancagua, a unos 50 kilómetros del yacimiento. “Lamentablemente los accidentes nos enseñan que hay que aprender, modificar, y mejorar todos los sistemas de seguridad”, insistió.

La incorporación de tecnología también está modificando la forma en que se monitorean los equipos mineros. Según Tobar, Codelco alcanzó un 40% de mejora en la producción mediante el uso de inteligencia artificial y obtuvo más de un 15% de aumento en la recuperación de minerales. La automatización permite además anticiparse a eventuales problemas mecánicos mediante sensores capaces de transmitir datos de manera permanente, reemplazando procesos que antes requerían controles presenciales en terreno.

El avance hacia operaciones autónomas ya se encuentra en etapa de pruebas en prácticamente todas las faenas asociadas a la corporación. Tobar explicó que, al comparar flotas autónomas con aquellas que utilizan operadores, los equipos presentan menores gastos desde el punto de vista mecánico. El cambio no solo implica incorporar máquinas capaces de operar con menor intervención humana, sino también desarrollar sistemas capaces de interpretar grandes cantidades de información y anticipar fallas antes de que estas interrumpan la operación.

La discusión también abordó el futuro de la demanda mundial de cobre, especialmente por el avance de la electrificación y la electromovilidad. Tobar sostuvo que el mundo necesitará 37 millones de toneladas de cobre fino hacia 2050 y recordó que Chile mantiene una posición relevante en el mercado global. “Nosotros como chilenos estamos bien posicionados en el mundo al producir el 24% del cobre mundial y de ese porcentaje un 5% lo produce Codelco”, manifestó.

La transición hacia vehículos eléctricos aparece como uno de los factores que podrían aumentar la presión sobre la disponibilidad del metal rojo. “un auto a combustión interna cuenta con 25 kilos de cobre mientras que los autos eléctricos requieren entre 60 y 70 kilos”, explicó Tobar. Para la Universidad de Santiago, este escenario también abre espacio para una mayor colaboración entre la academia y la industria. El rector Pedro Palominos destacó que el encuentro “que marca un hito importante para conocer de primera fuente las problemáticas y desafíos de Codelco”, planteando que la vinculación entre ambos sectores puede contribuir al desarrollo de soluciones tecnológicas locales frente a los desafíos que enfrenta la minería chilena.

Los sitios de memoria de Chile llegan al mapa digital

El Festival MUDA prepara el lanzamiento de una nueva herramienta digital que busca acercar la memoria y los derechos humanos a las nuevas generaciones. El próximo 11 de septiembre será presentada la App Sitios de Memoria, una plataforma pública y gratuita que permitirá explorar geográficamente lugares vinculados a la historia reciente de Chile y conocer los acontecimientos ocurridos en ellos.

La iniciativa parte de una realidad todavía poco visible. Actualmente, el Estado chileno reconoce 1.132 centros de prisión, tortura y exterminio utilizados durante la dictadura, pero solo 17 reciben financiamiento estatal, equivalente a menos del 1% del total. Frente a esta brecha, la aplicación busca contribuir a la visibilización de estos espacios y del trabajo que realizan las organizaciones dedicadas a preservar sus historias y memorias.

“La memoria también tiene lugares, nombres y coordenadas. Queremos reunirlos en un gran mapa abierto para que cualquier persona pueda encontrarlos y conocer su historia”, señala Marcelo Acevedo, presidente de la Corporación Estadio Nacional Memoria Nacional, organizador del evento y vocero de MUDA. La plataforma utilizará la geolocalización como una forma cotidiana de acceder a información histórica, permitiendo identificar sitios de memoria en distintas ciudades y regiones, junto con antecedentes, fotografías y material visual.

En su primera etapa, la aplicación profundizará los contenidos de 12 sitios vinculados directamente a MUDA, incorporando información ampliada y experiencias como tours virtuales. Entre ellos se encuentra el Sitio de Memoria Estadio Nacional Memoria Nacional, además de espacios como Cerro Chena, Ex Tenencia Curacaví, Ex Clínica Santa Lucía, Ex Nido 20, Hornos de Lonquén, Irán 3037 —Ex Venda Sexy—, Casa de Miguel Red Solidaria y el Centro Cultural de Derechos Humanos Salvador Allende de Puente Alto junto al Memorial por la Justicia y la Dignidad, entre otros.

La propuesta busca que la memoria no quede restringida a archivos, museos o espacios que las personas deben conocer previamente para visitar. “La memoria no pertenece solamente a los archivos, también puede habitar las herramientas con las que hoy conocemos y recorremos el mundo. Esta herramienta busca facilitar que las personas puedan descubrir lugares que forman parte de la historia del país y que, en muchos casos, permanecen desconocidos incluso para quienes viven en sus cercanías”, afirma Acevedo.

El proyecto continuará desarrollándose después del lanzamiento. En una segunda etapa contempla incorporar nuevas historias, testimonios y documentos de los sitios de memoria del país, en colaboración con las organizaciones responsables de su preservación. De esta manera, la aplicación permanecerá disponible más allá de la programación del festival y plantea un archivo digital en expansión, donde territorio, tecnología y memoria puedan encontrarse en una misma plataforma.

La presentación de la app se inscribe además en la propuesta del Festival MUDA, que se realizará el sábado 3 y domingo 4 de octubre en el Parque Estadio Nacional. El encuentro reunirá a cerca de 40 artistas nacionales e internacionales, junto con espacios dedicados al pensamiento, las artes escénicas, recorridos por sitios de memoria, gastronomía, emprendimientos y actividades familiares. “Queremos que el legado de MUDA no termine cuando se apaguen los escenarios. Por eso estamos desarrollando una herramienta pública que permita conocer y recorrer todos los sitios de memoria de Chile. El mapa estará disponible desde el comienzo y, en esta primera etapa, profundizaremos especialmente en los doce sitios que son parte de la organización de MUDA, con contenidos y experiencias como tours virtuales. Es un proyecto que queremos seguir enriqueciendo en el tiempo.”, concluye Acevedo.

El Desierto Florido prepara una temporada histórica

El norte de Chile podría volver a convertirse en una gigantesca explosión de color durante los próximos meses. Las intensas lluvias registradas recientemente en las regiones de Coquimbo y Atacama han activado las reservas de semillas y bulbos presentes en los suelos desérticos, elevando las expectativas de cara a una nueva temporada del Desierto Florido, uno de los fenómenos naturales más particulares del país.

Las proyecciones apuntan a una floración de grandes dimensiones. De acuerdo con estimaciones de la Corporación Nacional Forestal (Conaf) citadas por Ladera Sur, el fenómeno podría extenderse por una superficie de hasta 15.000 km². El escenario ha sido comparado por especialistas con el episodio de 1997, considerado uno de los eventos más destacados registrados en las últimas décadas. La floración comenzaría a manifestarse durante septiembre, mientras que su mayor expresión podría concentrarse entre octubre y noviembre.

Darío Moreira, biólogo ambiental, investigador del Instituto de Ecología y Biodiversidad y director del Departamento de Gestión Agraria de la Facultad Tecnológica de la Universidad de Santiago, explicó que las condiciones actuales son especialmente favorables para una floración de gran magnitud. “un fenómeno como el que ocurrió en el año 97 podría también darse ahora, porque hay un banco de semillas importante disponible y también las condiciones de humedad han sido súper favorables”.

Las lluvias también podrían modificar el calendario habitual del fenómeno. Según Moreira, la abundancia de agua registrada en distintas zonas del norte podría retrasar el momento de mayor floración. “la fase temprana va a comenzar la quincena de septiembre para tener los peaks, probablemente la primera a segunda semana de octubre, que podría desfasarse por este tema de las lluvias”. De esta manera, el peak podría concentrarse durante octubre, aunque su evolución dependerá de las condiciones particulares de cada territorio.

La floración podría observarse en distintos sectores de Atacama, incluyendo Huasco, Freirina, Vallenar, Caldera, Copiapó y Chañaral. Entre los lugares destacados por Moreira se encuentran el Parque Nacional Llanos de Challe, ubicado a unos 90 kilómetros al noroeste de Vallenar; el Parque Nacional Desierto Florido, al sur de Copiapó; y el Parque Nacional Pan de Azúcar, en el límite entre las regiones de Atacama y Antofagasta. La distribución de las especies, sin embargo, dependerá de dónde y cuánto llovió, además de las condiciones de humedad de cada sector.

La diversidad que podría aparecer durante esta temporada también es considerable. “entre 800 y 1.000 especies son las que componen más o menos el pool de especies que están en las zonas áridas de la región de Atacama y Antofagasta”, explicó el investigador. De ese conjunto, agregó, “más o menos entre 200, 230 especies, que son las que componen el banco de germoplasma que germina y que florece durante estos eventos”.

El posible regreso de una floración de gran escala también plantea un desafío para quienes quieran presenciarla. El aumento de visitantes puede generar impactos sobre un ecosistema particularmente frágil, especialmente cuando se utilizan vehículos para acceder a zonas de floración. Moreira advirtió que “Estas idas masivas hacia los lugares, sobre todo con vehículos, pueden terminar compactando el suelo, pisoteando la zona y eso hace que la germinación no ocurra, porque se destruyen las plantas y las semillas también”. El espectáculo natural que prepara el desierto para 2026, por tanto, también dependerá de que quienes lleguen hasta Atacama puedan observarlo sin destruir aquello que lo hace posible.

Estrés, pantallas y noches en vela bajo la lupa

Dormir mal alguna vez es parte de la vida. Una semana de mayor carga laboral, preocupaciones personales o un cambio de horario pueden alterar el descanso durante algunos días. La señal de alerta aparece cuando el problema deja de ser ocasional, se vuelve persistente y comienza a afectar la energía, concentración y funcionamiento durante la jornada.

En Chile, este escenario convive con una creciente demanda por estudios especializados del sueño. Uno de los más completos es la polisomnografía, examen que permite observar qué ocurre en el organismo mientras una persona duerme. El procedimiento registra simultáneamente la actividad cerebral y las distintas etapas del sueño, además del flujo y esfuerzo respiratorio, saturación de oxígeno, frecuencia cardíaca y movimientos musculares. En determinados casos también incorpora video para identificar conductas o movimientos que ocurren durante la noche.

La demanda por este tipo de evaluaciones se relaciona, entre otros factores, con una mayor identificación de trastornos como la apnea obstructiva del sueño. Sin embargo, tener dificultades para conciliar el sueño, despertarse varias veces durante la noche o levantarse con la sensación de no haber descansado no significa necesariamente que exista una enfermedad específica. El estrés, la ansiedad y la transformación de los hábitos cotidianos también pueden alterar significativamente el descanso.

“A nivel mundial muchas personas tienen dificultades para quedarse dormidas, despertares frecuentes o un sueño poco reparador”, explicó Mérida Terán, académica de la Universidad de Santiago y coordinadora del Programa de Especialidad de Neurología de la Facultad de Ciencias Médicas. La especialista apunta especialmente a una rutina en la que la jornada parece no terminar nunca, marcada por la conexión permanente a dispositivos, redes sociales y trabajo.

“Creo que uno de los grandes problemas es que hemos ido extendiendo artificialmente nuestro día. Estamos permanentemente conectados mediante el celular, computador, redes sociales, trabajo, mensajes. Muchas personas llegan a la cama, pero mentalmente siguen trabajando”, sostuvo la doctora a Diario Usach. A esto se suman otros hábitos que pueden dificultar el descanso, como el sedentarismo, el estrés, comer muy tarde o en exceso y consumir cafeína durante la tarde.

La diferencia entre una mala noche y un problema que requiere atención está, en buena medida, en su duración y en el impacto que genera durante el día. Cansancio persistente, somnolencia, irritabilidad, dificultades para concentrarse o una disminución del rendimiento pueden ser señales para consultar a un profesional. En paralelo, el aumento de las solicitudes de polisomnografías ha generado listas de espera que pueden extenderse por tres meses o más, tanto en el sistema público como en el privado, dificultando un diagnóstico oportuno en algunos casos.

“Muchas personas piensan que cuando dormimos el cerebro simplemente se apaga, pero en realidad ocurre todo lo contrario. El sueño es un período de intensa actividad cerebral, en el que se producen procesos fundamentales para nuestra salud: se consolida la memoria y el aprendizaje, se regulan las emociones, se reorganizan distintas funciones cerebrales y se favorecen procesos de recuperación del organismo”, comentó Terán.

Ante este escenario, la especialista plantea que el acceso a los estudios debería considerar la prioridad clínica de cada paciente y que, cuando corresponda, pueden utilizarse alternativas como los estudios de sueño domiciliarios. “Es importante que las listas de espera se gestionen con prioridad clínica y que, cuando se pueda, se utilicen alternativas diagnósticas como los estudios de sueño domiciliarios. La polisomnografía sigue siendo fundamental en determinadas situaciones, pero no todos los pacientes necesitan necesariamente el mismo estudio”, sentenció.

Cómo detectar una posible estafa al cargar combustible

Una denuncia realizada por el creador de contenidos Rodrigo Fernández, conocido como “Otakin”, volvió a poner bajo la lupa las posibles irregularidades que pueden ocurrir al momento de cargar combustible. El hecho ocurrió en una estación de servicio Aramco de Hualpén, en la Región del Biobío, donde el afectado aseguró haber pagado $30.000 por una carga que no habría sido suministrada a su vehículo. Tras solicitar la presencia de Carabineros, según su relato, personal policial habría constatado un “proceso irregular de carga”.

Más allá de este caso particular, existen algunas señales que los conductores pueden revisar para detectar eventuales inconsistencias antes de abandonar una estación de servicio. El académico de la Universidad de Santiago y jefe de la carrera de Ingeniería Civil en Mecánica, Matías Pacheco, explica que una de las modalidades consiste en aprovechar el registro de una carga anterior para hacer creer al cliente que el combustible solicitado efectivamente fue suministrado.

“Los principales métodos de estafa que conozco es que te tratan de engañar con la misma carga de combustible. Esto es que te engañan para creer que cargaste y no fue así”, señala Pacheco. Según explica, una eventual manipulación puede producirse cuando, después de una carga previa, el monto visible en el surtidor es modificado sin iniciar correctamente una nueva operación, manteniendo en pantalla los litros y el valor asociados al cliente anterior.

Por eso, una de las primeras recomendaciones es tan simple como mirar el contador antes de que comience la carga. “Siempre fijarse que el contador de litros de la estación parta de 0 y empiece a subir de a poco”, enfatiza el académico. También resulta útil conocer aproximadamente cuánto combustible necesita habitualmente el vehículo, ya que una referencia sobre los litros que suelen ingresar al estanque permite identificar diferencias entre lo solicitado y lo efectivamente cargado.

Otra situación que requiere atención ocurre cuando el trabajador informa que hubo un error en el monto solicitado y propone completar posteriormente la diferencia. “Uno llega a cargar $40.000 y en la estación le dicen ‘perdón, le había escuchado 20, ahora pongo 20 más’. En ese caso una posibilidad es que los primeros $20.000 hayan hecho lo que comenté anteriormente y luego te cargan solo $20.000 y no los $40.000 originalmente solicitados”, sostiene Pacheco. Ante este tipo de escenarios, recomienda comprobar que el monto final corresponda exactamente a la cantidad de combustible solicitada.

El académico también plantea una medida preventiva poco habitual: evitar, cuando sea posible, montos completamente cerrados. “Otra forma es pedir montos no cerrados, por ejemplo $19.000, así no pueden usar lo anterior”, afirma. La idea es dificultar que un registro previo pueda confundirse con la nueva operación y, al mismo tiempo, mantener un mayor control sobre el monto que aparece en el surtidor.

La boleta, finalmente, puede convertirse en una de las principales herramientas para comprobar que la operación corresponde efectivamente a la carga realizada. Pacheco recomienda revisar la fecha y el horario del documento y conservarlo después del pago. “Que la boleta que le den a uno corresponda a la fecha y horario, incluso los minutos aproximados, para que no sea una anterior del mismo día”, explica. También considera que utilizar la aplicación de la propia estación puede agregar una capa adicional de trazabilidad, aunque advierte que “no es 100% seguro”. En cualquier caso, revisar el contador desde cero, verificar los litros y el monto final y guardar el comprobante permite al conductor tener mayor control sobre una operación que muchas veces ocurre en cuestión de minutos.

Julieta Venegas y Ana Tijoux se reencuentran en Santiago para presentar Norteña

“Yo no pensaba ‘quiero hacer música, quiero ser cantante’. Yo quería ser compositora, y ni siquiera sabía bien lo que eso significaba”. La frase de Julieta Venegas resume buena parte del espíritu de Norteña. Memorias del comienzo, su primer libro, presentado este sábado 15 de agosto en el Centro Cultural La Moneda. Publicado por La Pollera Ediciones y presentado por la cantante chilena Ana Tijoux, el encuentro recorrió los primeros años de una carrera que terminó convirtiéndola en una de las voces más reconocibles de la música en español.

La presentación reunió música, literatura y memoria en una conversación que permitió a Venegas regresar a su infancia y juventud en Tijuana, su relación con Estados Unidos y el entorno familiar que terminó moldeando su sensibilidad artística. Antes de convertirse en solista, la mexicana pasó por bandas como Tijuana No!, mientras desarrollaba una identidad creativa que posteriormente desembocaría en discos fundamentales como Sí (2003) y Limón y sal (2006). Su más reciente álbum, Norteña, publicado en mayo de 2026, nació además en paralelo al proceso literario.

Desde el Centro Cultural La Moneda destacaron precisamente ese cruce entre disciplinas. “Recibir a Julieta Venegas presentando su primer libro es un privilegio para el Centro Cultural La Moneda. Estas instancias nos permiten tejer puentes entre distintas disciplinas, tal como lo hace Norteña, un libro que transita entre la música y la literatura. Abrir nuestros espacios a este tipo de conversaciones, convocando a lectores, fanáticos de la música y también a interesados en la cultura en general, es parte esencial de lo que buscamos, y sobre todo recibir a una cantante internacional de su talla dialoga con el plan de internacionalización que estamos ejecutando”, señaló Alejandra Valenzuela, directora ejecutiva de la institución.

La historia que Venegas reconstruye comienza mucho antes de los escenarios. Creció en una familia marcada por la sensibilidad artística: su padre y su hermana son fotógrafos, mientras que su madre fue una figura fundamental en su relación con la música. “Me inculcaron una cotidianidad con la música, un estar, un cantar todo el tiempo. Siento que mi relación con la música está muy enredada con la manera en cómo se escuchaba música en mi casa”, recordó durante la presentación.

Uno de los recuerdos que permanece con mayor fuerza es la llegada de su primer piano, cuando tenía apenas ocho años. “Entrar a la casa fue como wow, me impresionó. Y cuando me dijeron que era mío y que me lo podía quedar, ese momento nunca lo voy a olvidar”. A partir de ahí comenzó un camino que no estuvo marcado desde el principio por la certeza de convertirse en cantante, sino por la búsqueda de una manera propia de crear canciones.

Esa búsqueda también tuvo momentos de crisis. Venegas contó que durante casi un año escribió y descartó canciones hasta encontrar una respuesta en algo aparentemente cotidiano: la manera espontánea en que su madre cantaba. “Tuve una crisis muy fuerte. Me preguntaba qué tipo de canciones quería hacer, entonces ahí la conclusión fue, quiero generar esa reacción que ella tiene con las canciones cuando las canta sin pensar, así sin complicarse, cantando en el auto o lo que sea. Y entonces dije: esa es la canción que quiero hacer, y ese es el camino hacia donde me fui”.

El salto desde la composición musical hacia las memorias significó enfrentarse a un proceso completamente diferente. Si una canción puede nacer de un impulso y encontrar rápidamente una estructura, un libro exige volver sobre los recuerdos, revisarlos y enfrentarlos desde otra distancia. “Con las canciones escribo la música y la letra en un tiempo. Acá también, pero después lleva muchísimo rigor, mucha revisión. Creo que es 30% impulso, 70% corrección, y eso lo hace muy diferente”, explicó.

La escritura de Norteña se extendió durante aproximadamente dos años y estuvo acompañada por una sensación permanente de incertidumbre. “Sentí mucho vértigo. Todo el tiempo decía ‘me está costando, esto se acabó, no lo voy a poder hacer’”. Sin embargo, ese proceso terminó abriendo conversaciones familiares que hasta entonces habían quedado pendientes. Para Venegas, volver sobre su propia historia no fue solamente un ejercicio literario, sino también una forma de revisar vínculos y recuerdos desde el presente.

La experiencia incluso produjo una reacción inesperada en su hermana gemela. “Me dijo ‘es impresionante, siento que descubrí cosas de ti que no conocía’”. En ese sentido, el libro no funciona únicamente como archivo de una trayectoria musical de más de tres décadas, sino como una reconstrucción personal de los lugares, personas y momentos que precedieron a la artista que el público conoció posteriormente.

El encuentro en Santiago también sirvió para reafirmar el vínculo de Venegas con Chile, país al que dedicó palabras de afecto durante la jornada. El cierre fue musical y conectó directamente las distintas etapas de su carrera: interpretó “Tiempos dorados”, primer adelanto de su nuevo disco, y luego “Eres para mí” junto a Ana Tijoux, recuperando una colaboración que ambas artistas realizaron originalmente en 2006. Así, entre recuerdos, literatura y canciones, Norteñaterminó siendo menos un recuento de éxitos que una mirada hacia la persona que existía antes de ellos.

Princesa Alba vuelve al Santiago de los 2000 con “Tus estaciones”

El Metro de Santiago vuelve a convertirse en escenario de una historia de amor. Este jueves 13 de agosto, Princesa Albaestrenó oficialmente “Tus estaciones”, un nuevo sencillo que cruza pop melódico, guiños al indie y ritmos suaves para explorar una etapa más madura de su propuesta musical. El lanzamiento llega acompañado de un videoclip dirigido por Esteban Vargas Roa, donde los vagones, estaciones y trayectos cotidianos de la capital funcionan como territorio emocional.

La canción tiene una historia que se remonta a 2016 y 2017, cuando la artista todavía se trasladaba diariamente como estudiante y comenzaba a escribir algunas de las maquetas que marcarían su carrera, entre ellas “Convéncete”. En ese entonces, los desplazamientos por Santiago terminaron convirtiéndose en un espacio de creación. Lejos del ruido como distracción, las multitudes y los trayectos repetitivos funcionaron como una especie de aislamiento dentro de la ciudad.

“Efectivamente, los espacios de mucho tránsito y horario peak son cuando más me conecto con mi inconsciente, mis sentimientos y mi corazón. Dicen que en esos momentos mecánicos o en piloto automático es cuando más nos encontramos con nuestro universo creativo. Siento que entre más multitudes hay, más conectada estoy conmigo misma; entre las multitudes me hallo mucho”, explica Princesa Alba sobre el origen de la canción.

Esa relación entre ciudad, memoria y música se traslada directamente al videoclip. Bajo la dirección de Esteban Vargas Roa, el Metro aparece no solamente como una locación, sino como el eje narrativo de una historia marcada por recuerdos y pequeños objetos cargados de significado. Entre ellos aparece un teléfono Sony Ericsson, elemento que conecta la estética de comienzos de los 2000 con una época previa a la hiperconectividad permanente de las redes sociales.

Visualmente, “Tus estaciones” también mira hacia atrás. El videoclip recupera códigos del pop de los años 2000 y referencias asociadas a figuras como Julieta Venegas, Belanova y Nelly Furtado, mientras incorpora influencias del cine japonés y secuencias de danza contemporánea que progresivamente llevan el relato hacia un territorio más surrealista e íntimo. El resultado funciona como una cápsula temporal donde Santiago aparece reconocible, pero filtrado por la memoria y la imaginación de la artista.

“Siento que el videoclip retrata muy bien esa sensación de la canción: que no alcanzó a dejarme nunca en su estación porque siempre estuve metida en mi cabeza. Esta canción tiene algo de culpa, de no haber podido dar más en la relación; es un tema super triste y nostálgico que se ve reflejado perfectamente en el video”, agrega la artista. Esa idea atraviesa la canción completa: viajar mientras la cabeza permanece atrapada en otro lugar, convertir un trayecto rutinario en el escenario de una relación que ya terminó.

“Tus estaciones” llega después de “Ella y yo”, publicado el pasado 18 de junio, y continúa una etapa de exploración que posiciona a Princesa Alba desde una sensibilidad pop cada vez más sofisticada. En este nuevo capítulo, el transporte público deja de ser simplemente parte del paisaje santiaguino para transformarse en metáfora: estaciones que se suceden, personas que suben y bajan y recuerdos que permanecen incluso cuando el tren ya está en movimiento.

Deepsearch y el lado B de nuestra huella digital

En redes sociales como Instagram y TikTok comenzó a circular una nueva herramienta de inteligencia artificial que promete encontrar prácticamente todo lo que existe sobre una persona en internet. Deepsearch funciona como un agregador de información capaz de rastrear perfiles, registros públicos, fotografías y otros contenidos disponibles en la web para construir, en pocos segundos, una especie de mapa de la huella digital de un individuo. El atractivo es evidente, pero también abre una pregunta incómoda para una generación acostumbrada a vivir buena parte de su identidad online: ¿cuánto sabemos realmente sobre lo que internet puede encontrar de nosotros?

Para Diego Fuentealba, ingeniero en ejecución en computación, ingeniero civil industrial y académico de la Facultad de Administración y Economía de la Universidad de Santiago, la herramienta puede entenderse como “un agregador asistido por IA”. A partir de un nombre o, en algunas versiones, una fotografía, la aplicación rastrea distintas fuentes, cruza resultados y construye perfiles consolidados. El problema es que la información obtenida no necesariamente es completa ni correcta. Michael Miranda, jefe de la Carrera de Ingeniería Civil en Mecatrónica de la Usach, advierte que “el principal punto a considerar es que esta app no necesariamente descubra información secreta. Lo que hace es automatizar la búsqueda, agregación y presentación de datos que continúan accesibles en la web”.

El verdadero riesgo aparece cuando información aparentemente inofensiva comienza a ser combinada. Una fotografía antigua, una dirección que alguna vez fue pública, una noticia, un lugar de trabajo o una cuenta abandonada pueden adquirir una dimensión completamente diferente cuando una herramienta los reúne y los presenta como parte de un mismo perfil. Fuentealba define este fenómeno como “riesgo de agregación”, porque los datos dispersos pueden facilitar prácticas como el doxxing, el acoso, la suplantación de identidad o incluso la confusión entre personas con nombres similares. A esto se suma otro problema: la IA puede equivocarse y atribuir antecedentes de una persona a otra.

La discusión se vuelve todavía más delicada cuando aparecen herramientas de reconocimiento facial, geolocalización a partir de fotografías o sistemas que intentan inferir características personales desde el rostro. Para Fuentealba, ahí aparece una señal de alerta, porque “Eso ya es perfilado biométrico, tratado como dato sensible tanto en el Reglamento General de la Protección de Datos (RGPD) de la Unión Europea como en la nueva ley chilena”. La cuestión ya no sería solamente qué información está disponible en internet, sino quién puede reunirla, con qué propósito y hasta dónde puede llegar su utilización.

En Chile, además, el escenario regulatorio está cambiando. El académico explica que la legislación vigente contempla excepciones para determinados datos provenientes de fuentes accesibles al público, una situación que ha mantenido a este tipo de servicios en una zona jurídica poco definida. Sin embargo, la entrada en vigencia de la Ley 21.719 modificará ese escenario y establecerá nuevas exigencias para el tratamiento de datos personales. En paralelo, Miranda recuerda que el país ya cuenta con una cultura de búsqueda de información personal a través de servicios como los llamados “rutificadores” y plataformas que permiten consultar antecedentes asociados a patentes. Deepsearch, en ese sentido, no aparece de la nada: lleva a una escala mucho mayor una práctica que internet ya había normalizado.

La pregunta, entonces, no es únicamente si una aplicación puede encontrar nuestros datos, sino qué hacemos nosotros con esa información. Para Fuentealba, una de las formas más responsables de utilizar este tipo de herramientas es revisar la propia huella digital y no convertirlas en instrumentos para vigilar a otras personas. También recomienda evitar subir fotografías de terceros para búsquedas faciales sin consentimiento, verificar los resultados directamente con sus fuentes originales y no tomar decisiones laborales o personales basándose exclusivamente en perfiles generados por IA. Porque mientras buscamos información sobre alguien más, también estamos entregando información sobre nosotros mismos: qué buscamos, con qué frecuencia y desde qué dispositivo.

La discusión sobre Deepsearch termina revelando algo más amplio que una nueva aplicación de moda. En una internet donde cada publicación, fotografía o registro puede permanecer disponible durante años, la privacidad ya no depende solamente de esconder información. Como plantea Miranda, “privacidad no significa solamente mantener información en secreto. También implica conservar cierto control sobre quien utiliza nuestros datos, con qué finalidad, durante cuánto tiempo y con qué otros antecedentes los combina”. Y en un ecosistema donde la inteligencia artificial puede reunir en segundos fragmentos que antes estaban dispersos, la verdadera huella digital quizá no sea lo que publicamos, sino todo aquello que otros pueden reconstruir a partir de nosotros.

El terremoto que obligó a Chile a aprender a convivir con los sismos

A las 19:55 horas del 16 de agosto de 1906, la tierra comenzó a moverse frente a las costas de Valparaíso. El terremoto, cuya magnitud se estima entre 8,2 y 8,6 Mw, se prolongó durante varios minutos y fue seguido por un segundo movimiento de gran intensidad. La ciudad puerto quedó devastada: entre el 60% y el 80% de sus edificaciones resultaron destruidas, mientras un tsunami, incendios y una posterior crisis sanitaria profundizaron una tragedia que dejó entre tres mil y cuatro mil personas fallecidas. Pero el desastre también terminó convirtiéndose en uno de los puntos de inflexión más importantes para la ciencia, la ingeniería y las políticas públicas chilenas.

El terremoto se sintió desde Tacna hasta Puerto Montt y afectó también a ciudades como Viña del Mar, Illapel y Talca. En una época en que la sismología todavía estaba lejos de contar con las herramientas actuales, la magnitud de la destrucción obligó al Estado a cambiar su manera de entender los terremotos. “En apenas doce meses, el planeta registró al menos seis terremotos de magnitud cercana o superior a 8,0 en lugares tan distintos como Ecuador, Alaska, Chile, Nueva Guinea, China y California, además de un evento 7,4 en Japón, que ocurrieron cuando la sismología era todavía una disciplina en una etapa de desarrollo inicial, con redes de instrumentación escasas y que tendían a sobreestimar las magnitudes”, explica Gabriela Herrera, investigadora del Programa Riesgo Sísmico de la Universidad de Chile.

La respuesta institucional comenzó a tomar forma cuando el gobierno de Pedro Montt impulsó la creación de un organismo dedicado al estudio de los terremotos. El 1 de mayo de 1908 nació el Servicio Sismológico de Chile, antecedente directo del actual Centro Sismológico Nacional, que hoy funciona en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile. Para Sergio Barrientos, director del CSN, el terremoto de Valparaíso “hizo que las autoridades de la época entendieran la importancia de estudiar los sismos que ocurrían en Chile, así como sus efectos”. La llegada del especialista Fernand Montessus de Ballore y la instalación de estaciones de monitoreo en distintos puntos del país marcaron el inicio de una institucionalidad científica que terminaría convirtiendo a Chile en referente internacional en materia sísmica.

Pero la tragedia también cambió la manera de construir. La destrucción dejó en evidencia que algunos sistemas estructurales resistían mejor que otros, impulsando el uso de hormigón armado, muros cortafuegos y estructuras metálicas en reemplazo de parte de las construcciones de adobe y albañilería simple. El académico Rubén Boroschek explica que “La necesidad de masificar el conocimiento de aquello que aprendemos en cada terremoto, en particular Valparaíso 1906 y Talca 1928, llevó a que las primeras regulaciones del diseño sísmico aparecieran a mediados de los años 1930”. Con los terremotos posteriores, Chile fue acumulando datos y experiencia para perfeccionar sus normas, un proceso en el que la Universidad de Chile tuvo un papel central y que actualmente es observado incluso por países como Turquía y Nueva Zelanda.

El desastre también expuso una dimensión menos visible de los terremotos: la crisis sanitaria que aparece cuando colapsan las condiciones básicas de una ciudad. La falta de agua potable, el hacinamiento, los escombros y los cadáveres generaron un escenario propicio para enfermedades como la viruela y el tifus. “El terremoto de 1906 en Valparaíso desnudó la determinación social de la salud: el hacinamiento y la falta de agua potable convirtieron el desastre en una letal crisis de viruela y tifus”, explica Viviana Ulloa Pino, subdirectora del CITRID y académica de la Facultad de Medicina. La instalación de puestos médicos, brigadas sanitarias y espacios de atención de emergencia terminó acelerando procesos que posteriormente contribuirían a la profesionalización de la salud y a la creación de nuevas políticas sanitarias.

En medio de esa emergencia también aparecieron los estudiantes de la Universidad de Chile. Jóvenes que participaron en labores de apoyo, curación y asistencia a las comunidades afectadas comenzaron a construir una tradición de organización estudiantil vinculada con las necesidades del país. Javier Concha, secretario general de la FECh, recuerda que “hace 120 años, frente al terremoto de Valparaíso, los estudiantes de la Universidad de Chile se organizaron para responder a las necesidades de las comunidades afectadas. Ese impulso de organización y de solidaridad fue parte del contexto que dio origen a la FECh en 1906 y que ha marcado desde sus inicios una forma de entender el rol de los estudiantes de la Universidad de Chile dentro de la sociedad”. Esa tradición terminaría proyectándose décadas después en los conocidos trabajos voluntarios.

Hoy, 120 años después, Chile cuenta con una arquitectura institucional, científica y normativa muy distinta a la de 1906. El Centro Sismológico Nacional, SENAPRED, el SHOA, universidades y organismos públicos trabajan sobre una lógica que ya no se limita a responder cuando ocurre el desastre, sino que busca anticiparse a sus consecuencias. El aprendizaje también se amplió hacia una mirada de multiamenaza, donde terremotos, tsunamis, incendios, remociones en masa y eventos asociados al cambio climático forman parte de un mismo desafío. La historia de Valparaíso demuestra que un desastre puede destruir una ciudad, pero también puede obligar a un país a aprender. Y en Chile, buena parte de esa transformación comenzó aquella noche de agosto de 1906.

El título ya no garantiza un trabajo acorde a lo que estudiaste

Chile está viviendo una paradoja laboral que golpea especialmente a quienes llegaron al mercado con un título universitario o técnico bajo el brazo. Nunca antes la fuerza de trabajo había tenido un nivel de educación superior tan alto, pero encontrar un empleo que realmente corresponda con esa formación se está volviendo cada vez más difícil. El fenómeno, conocido como “desempleo ilustrado”, combina cesantía, trabajos por debajo de las calificaciones y una economía que no estaría generando suficientes puestos de alta especialización.

Según un informe del Observatorio del Contexto Económico de la Universidad Diego Portales, durante el trimestre abril-junio de 2026 el desempleo entre personas con educación superior completa alcanzó el 8,3%, 0,4 puntos porcentuales más que en el mismo período del año anterior. La cifra acumula diez meses consecutivos de aumentos interanuales, mientras el desempleo general suma cuatro meses de incrementos.

Pero la cifra de desempleo es apenas una parte de la historia. Entre los poco más de cuatro millones de personas con educación superior completa que actualmente tienen trabajo, un 37,7% se encuentra subempleado de acuerdo con sus calificaciones. Es decir, tienen empleo, pero realizan labores que no necesariamente requieren el nivel de formación que adquirieron. Para el economista y académico de la Universidad de Santiago Víctor Silva, reducir este escenario a una supuesta sobreoferta de profesionales sería quedarse en la superficie. “Esto no es un problema de que ‘sobren’ profesionales”, sostuvo.

El cambio estructural de la fuerza laboral chilena ayuda a entender el problema. En 2010, las personas con educación superior completa representaban el 22% de la fuerza de trabajo. En 2026, esa proporción llegó al 42,2%, prácticamente el doble. En el sentido contrario, quienes tenían menos que enseñanza media completa pasaron de representar el 35,2% al 17%. Chile, en poco más de una década, pasó a tener una fuerza laboral considerablemente más educada, pero sin que ese cambio haya sido acompañado por una expansión equivalente de los empleos calificados.

“Chile duplicó la proporción de profesionales en su fuerza laboral en 15 años (…) pero la economía lleva más de una década creciendo poco y generando empleo de baja calidad”, planteó Silva. Según su análisis, el 79,9% de los nuevos puestos de trabajo creados para profesionales corresponde a empleos de subempleo. La paradoja queda así bastante clara: hay más personas preparadas para ocupar puestos especializados, pero una parte importante termina ingresando a trabajos que no utilizan plenamente sus conocimientos.

El problema, además, no afecta por igual a todas las carreras. Humanidades y Servicios Personales presentan mayores niveles de desempleo, mientras que áreas como Derecho, Educación y Medicina Veterinaria muestran tasas inferiores. Para Silva, ambos fenómenos —la sobreoferta en determinadas áreas y la falta de empleos de calidad— pueden coexistir, pero no tienen el mismo peso. “El hecho de que 8 de cada 10 empleos nuevos para profesionales sean subempleo me dice que el problema estructural más grande está del lado de la demanda: aunque cerráramos mañana la sobreoferta en Humanidades, seguiríamos con un problema de calidad del empleo si la economía no acelera su generación de puestos calificados. No le echaría la culpa al alumno de Trabajo Social o Periodismo; le echaría la culpa a una economía que no crece lo suficiente para absorber a la fuerza laboral más calificada de nuestra historia”, comentó.

El escenario también instala una pregunta incómoda para quienes están pensando qué estudiar. Elegir una carrera hoy ya no parece depender solamente de la vocación, sino también de las condiciones que encontrarán sus futuros profesionales en el mercado. Silva advierte sobre el llamado “efecto cicatriz” del desempleo, fenómeno por el cual comenzar la vida laboral durante una etapa económica débil puede generar consecuencias salariales que persisten incluso cuando la economía vuelve a mejorar.

Por eso, la decisión educativa debería considerar más variables que la empleabilidad inmediata. “Elegir carrera es, en el fondo, una decisión de inversión bajo incertidumbre”, explicó el economista. La vocación continúa siendo relevante, pero también lo son las perspectivas laborales, el riesgo y el horizonte de largo plazo. En un mercado donde las carreras de hoy pueden enfrentar escenarios muy distintos mañana, elegir únicamente según el ranking o el titular de turno puede ser otra forma de equivocarse.

El desafío, finalmente, no parece estar solo en cuántos profesionales forma Chile, sino en qué tipo de economía está construyendo para recibirlos. Una generación cada vez más educada está entrando a un mercado donde conseguir trabajo no necesariamente significa encontrar el trabajo para el que estudió. Y esa distancia entre formación y oportunidades podría convertirse en uno de los principales debates laborales de los próximos años.