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Película chilena de dinosaurios llega a festival internacional

Mientras buena parte del contenido inmersivo sigue orbitando entre hype tecnológico y experiencias vacías, Planetario USACH acaba de poner a Chile en una liga mucho más seria. “Dinosaurios: una aventura de otra era”, su película FullDome en formato 360°, fue nominada al premio Janus en el Festival de Jena, Alemania, el reconocimiento más importante del mundo para cine de planetarios y experiencias inmersivas. En simple: el equivalente al Oscar de este formato.

La nominación no es menor. El Festival de Jena, que este año celebra su edición número 20 entre el 15 y 17 de julio, es uno de los espacios más prestigiosos para la exhibición FullDome a nivel global. Que una producción chilena entre en esa conversación no solo valida el nivel técnico del equipo de Planetario USACH, también confirma que desde Santiago se está exportando divulgación científica con estándar internacional y sin necesidad de copiar fórmulas ajenas.

Para Jacqueline Morey, directora ejecutiva del Planetario, el reconocimiento va más allá del premio. “es un nuevo reconocimiento al trabajo de divulgación científica en FullDome. El formato inmersivo en 360 grados es la mejor pizarra para incentivar el interés y valoración de las ciencias en niños y adultos y entregar al mundo el conocimiento que se genera en Chile, de una forma entretenida y con contenidos de calidad”. En un escenario saturado de pantallas, el valor acá no está solo en el espectáculo, sino en cómo se convierte la ciencia en experiencia.

El contexto también tiene algo de historia y simbolismo. El festival se realiza en el Planetario de Jena, considerado el primero del mundo y que este año cumple 100 años. “El Planetario de Jena, donde se realiza el festival, fue el primero del mundo y cumplió 100 años. Era un proyector de marca Zeiss con la capacidad de reproducir con fidelidad la posición de las estrellas en el firmamento. El planetario chileno de la misma empresa alemana es la sexta versión de ese primigenio modelo de proyector, Carl Zeiss VI, y aún está en funcionamiento en la USACH”, explicó Morey. Más que una coincidencia técnica, es una conexión directa entre el origen del formato y su proyección actual desde Chile.

La internacionalización del proyecto tampoco se detiene en Alemania. “Dinosaurios: una aventura de otra era” también fue seleccionada para el Festival FullDome de Brno, en República Checa, consolidando una circulación internacional que instala al Planetario USACH como uno de los polos más activos de producción inmersiva en la región. No se trata solo de exhibir ciencia, sino de construir contenido propio con narrativa, diseño y tecnología exportable.

Y mientras suma nominaciones afuera, la película sigue disponible en casa. “Dinosaurios: una aventura de otra era” se exhibe todos los fines de semana en Santiago, con funciones abiertas al público que permiten ver de cerca por qué una producción hecha en Chile hoy está compitiendo en la primera línea del cine inmersivo global.

Sobregiro ecológico confirma que Chile ya vive en déficit

Chile llegará este 7 de mayo a su sobregiro ecológico, una fecha que en simple significa algo incómodo: el país ya habrá consumido todos los recursos naturales que el planeta puede regenerar en un año. Lo que viene desde ahí en adelante es déficit. Vivir a crédito, pero con ecosistemas. Y no es un dato aislado. Es la séptima vez consecutiva que Chile se convierte en el primer país de Latinoamérica en entrar en números rojos ambientales.

La medición la realiza la Global Footprint Network y funciona como una especie de termómetro del desgaste global. Lo que calcula es cuándo la demanda humana supera la capacidad de regeneración de la Tierra. En el caso chileno, la señal empeoró: este año el sobregiro se adelantó diez días respecto de 2025. Traducido fuera del lenguaje técnico, estamos consumiendo más rápido de lo que el planeta puede reponer.

La dimensión del problema se vuelve más clara con una cifra brutal. Según el WWF, si todo el mundo viviera con el nivel de consumo de Chile, harían falta 2,9 planetas Tierra para sostener ese ritmo. No es solo sobre reciclar más o usar menos plástico. Es una señal estructural sobre cómo producimos, consumimos y agotamos territorio como si no tuviera límite.

Ricardo Bosshard, director de WWF Chile, lo resume sin dramatismo, pero sin margen para romantizar el dato. “indicadores como el sobregiro ecológico no capturan cada detalle de la realidad, pero son una de las aproximaciones más robustas disponibles para entender las tendencias”. Y la tendencia, dice, es clara: “estamos ejerciendo una presión creciente sobre los ecosistemas, en un contexto donde la naturaleza tiene límites”.

Desde la academia, Juan José Garcés, jefe de carrera de Ingeniería Civil en Territorio y Medio Ambiente de la Universidad de Santiago de Chile, aterriza el concepto. “El sobregiro ecológico corresponde a un cálculo realizado por el Global Footprint Network, que estima la fecha en la cual la demanda de recursos ecológicos supera la regeneración. Es decir, cuando la humanidad está consumiendo todos los recursos que tiene un territorio o un espacio dado”. La lógica no es simbólica: mide el desfase real entre lo que consumimos y lo que el entorno puede sostener.

Chile no está solo en este colapso, pero sí mal posicionado. A nivel continental, solo Canadá y Estados Unidos llegaron antes al sobregiro este año. El resto de América Latina todavía resiste un poco más. Y esa diferencia importa, porque muestra que no se trata solo de desarrollo o crecimiento, sino de cuánto cuesta sostener un modelo que consume como si el planeta tuviera refill infinito.

La ley que incomoda al negocio del suelo

Lo que partió como una discusión por vivienda en Valdivia terminó reabriendo uno de los debates más incómodos del urbanismo chileno: qué se protege primero, el suelo para construir o el ecosistema que todavía sostiene a muchas ciudades. El cruce entre el ministro de Vivienda, Iván Poduje, y el senador Alfonso De Urresti, durante una reunión en Serviu por el proyecto Guacamayo 3, volvió a poner en el centro la Ley de Humedales Urbanos y su rol en la crisis habitacional.

La tensión explotó cuando, en medio de la conversación sobre disponibilidad de suelo, alguien recordó que Valdivia está reconocida como ciudad humedal. La respuesta de Poduje fue inmediata y sin filtro: “esa ley quedó mal hecha. Es por eso que las vecinas tuvieron que esperar 8 años”. La frase no tardó en viralizarse y empujó una discusión que va mucho más allá del timing político: si proteger humedales está frenando viviendas o si el problema es otro y más estructural.

Para Jorge Aranda, académico de la Facultad de Derecho de la Universidad de Santiago de Chile y experto en derecho ambiental, la ley cumple una función básica que por años fue ignorada por la planificación urbana chilena. “es importante, porque en Chile, los instrumentos de ordenamiento territorial, como planos reguladores comunales, planes interseccionales, o planes metropolitanos, han desatendido estás fuentes y reservas de agua dulce, que tienen beneficios para el ecosistema y para el disfrute de un medio ambiente sano de la población”. En otras palabras, el problema no sería la ley, sino haber urbanizado durante décadas como si los humedales no existieran.

Y ese punto no es menor, sobre todo en ciudades como Valdivia. Aranda advierte que “cuidar humedales es muy importante para contener crecidas de ríos, y evitar inundaciones”. No es solo conservación por estética o discurso verde. Es infraestructura natural. Proteger estos espacios significa reducir riesgos climáticos, amortiguar crecidas y mantener servicios ecosistémicos que, aunque no siempre se vean, sostienen la vida urbana mucho más de lo que suele admitir el mercado inmobiliario.

También desarma una de las críticas más repetidas desde el mundo político: que la ley bloquea proyectos. Según Aranda, “esa afirmación es engañosa”. Lo que hace la normativa, explica, no es prohibir construir, sino exigir que los proyectos pasen por evaluación ambiental cuando se emplazan en humedales urbanos. Eso implica más tiempo, más costos y más regulación, sí. Pero no una prohibición automática. El punto no es impedir viviendas, sino evitar que se construyan en zonas que después terminan agravando inundaciones, degradación ambiental y crisis urbanas más caras de corregir.

Para Aranda, culpar a los humedales por el déficit habitacional es una simplificación cómoda. El problema, insiste, también pasa por tasas hipotecarias imposibles, especulación inmobiliaria y abandono de barrios ya existentes. “el déficit de vivienda no pasa por destruir humedales y edificar sobre ellos”. La discusión de fondo, entonces, no es si Chile necesita más viviendas. Es si quiere seguir construyéndolas como en el siglo pasado o empezar, de una vez, a pensar ciudad con algo de futuro.

Comer bien no siempre cuesta caro

Durante años fue el plato de emergencia, la comida de fin de mes o el comodín universitario. Pero mientras muchos lo siguen mirando como una opción básica, el arroz con huevo está viviendo una inesperada relectura: la ciencia lo está validando como una combinación nutricional mucho más sólida de lo que su fama humilde sugiere. Lo que parecía cocina de supervivencia hoy también entra en la conversación sobre proteína, saciedad y alimentación inteligente.

La lógica detrás no es nostalgia, es bioquímica. Según la FAO, mezclar cereales como el arroz con huevo permite formar una proteína de alto valor biológico, es decir, una que entrega aminoácidos esenciales en proporciones que el cuerpo realmente puede aprovechar. El punto clave está en el equilibrio: el arroz por sí solo no alcanza un perfil proteico completo, pero el huevo compensa justo lo que le falta. El resultado es una mezcla eficiente, accesible y sorprendentemente competitiva frente a otras fuentes animales.

Ahí es donde este plato deja de ser solo costumbre y se convierte en estrategia. Para quienes entrenan, hacen deporte o simplemente necesitan energía sostenida, el combo funciona: el arroz aporta carbohidratos que ayudan a reponer glucógeno, mientras el huevo entrega proteína disponible para recuperación muscular. En términos simples, es energía que dura y proteína que sí hace la pega. Una fórmula simple, pero funcional.

Daniela González, nutricionista y académica de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Santiago de Chile, lo explica sin rodeos. “El arroz es una super buena fuente de energía, porque aportan principalmente carbohidratos, y el huevo viene a complementar con proteína de muy buena calidad, además de vitaminas y minerales. Cuando los juntamos, conseguimos un plato más completo, porque el huevo mejora la calidad de la proteína del arroz, que por sí sola no es tan completa. Por eso es una buena combinación especialmente en contextos donde se necesita comer bien con alimentos accesibles”, aseguró.

Pero el valor no está solo en la proteína. También en cómo responde el cuerpo. “también hay algo importante relacionado con la saciedad, porque cuando agregamos proteína, como el huevo, a una comida basada en carbohidratos, tendemos a sentirnos más satisfechos y esto puede ayudar a regular el apetito y evitar estar picoteando entre comidas”. En otras palabras, no solo alimenta mejor, también ordena mejor. Y si además se suma verdura o una grasa saludable como aceite de oliva, el plato gana estabilidad metabólica y mejora la respuesta de glucosa en sangre.

Más que reemplazar la carne, el arroz con huevo aparece como una alternativa realista, económica y nutricionalmente sólida en tiempos donde comer bien también implica pensar en acceso. González lo resume así: “perfectamente puede ser una alternativa. El huevo aporta proteína de excelente calidad y es una muy buena opción, sobre todo si estamos tratando de reducir el consumo de carnes rojas o procesadas”. A veces, el plato más simple sigue siendo el más subestimado.

Glaciares en riesgo y una alerta que cruza la cordillera

Lo que está pasando en Argentina con sus glaciares no es solo un tema local. Hace unos días, la Cámara de Diputados aprobó una reforma a la Ley de Glaciares impulsada por el gobierno de Javier Milei que podría cambiar el mapa ambiental de la cordillera. El punto más crítico es este: ahora serán las provincias las que podrán redefinir las zonas periglaciares, abriendo espacio para proyectos de minería de litio, cobre y oro en territorios que hasta ahora estaban bajo resguardo.

La señal encendió alertas inmediatas, no solo en Argentina, también en Chile. Jorge Aranda, académico de la Facultad de Derecho de la Universidad de Santiago de Chile y especialista en derecho ambiental, advierte que el problema no está solo en la reforma, sino en quién la ejecuta. “Las leyes en Argentina que dependen de las provincias no siempre tienen una buena aplicación. Por ejemplo, hace ya varios años tienen una ley de presupuestos mínimos para proteger bosques, y no todas las provincias o muy pocas han logrado cumplir la meta y el objetivo social”, acotó.

El riesgo, según Aranda, no es abstracto. Tiene que ver con una posible fragmentación en la protección ambiental, donde cada provincia podría interpretar el resguardo glaciar según sus propios intereses económicos. “si me dicen ahora vamos a tener una ley que le va a asignar competencias provinciales sobre protección de glaciares, yo tendría a pensar que vamos a tener realidades dispares, no necesariamente va a haber una protección quizá adecuada conforme a estos precedentes en otras leyes. Creo que podría haber una desprotección y un retroceso en protección ambiental”.

Y Chile no está fuera de ese radar. Compartir cordillera también significa compartir riesgos. Sobre un posible impacto en cuencas hídricas transfronterizas, Aranda fue claro: “podría haber afectación”. En ese escenario, el académico plantea que Chile no puede mirar desde lejos. “correspondería a la Dirección Nacional de Fronteras y Límites del Estado (DIFROL), que es un organismo técnico del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, evaluar cuáles podrían ser las acciones que tomaría cada provincia en el caso y activar los mecanismos que tiene para evitar impactos transfronterizos aplicando estos tratados internacionales que Chile ha suscrito previamente con Argentina”.

La preocupación no es solo jurídica. También es ecológica. Un informe técnico elaborado por organizaciones como Aves Argentinas, Fundación Vida Silvestre Argentina y WCS Argentina advierte que debilitar la protección glaciar podría desencadenar impactos profundos sobre biodiversidad, disponibilidad hídrica y equilibrio climático. El dato más duro es también el más simple: más de la mitad de las especies evaluadas en Argentina vive en regiones alimentadas por agua de glaciares.

Ahí es donde el debate deja de ser técnico y se vuelve urgente. El informe advierte que el 56% de las especies evaluadas depende de ecosistemas sostenidos por agua glaciar, una cifra que escala al 86% en mamíferos y al 83% en anfibios amenazados. En otras palabras, intervenir glaciares no solo habilita minería: también reconfigura ecosistemas completos. Y cuando el agua cruza fronteras, el impacto también.

El agua se vuelve urgente y América Latina aún no logra ponerse al día

Mientras el discurso global habla de sostenibilidad como si fuera tendencia, en América Latina el acceso al agua sigue siendo una deuda estructural. En la novena reunión del Foro de los Países de América Latina y el Caribe sobre el Desarrollo Sostenible, organizada por la CEPAL, el foco se puso en el Objetivo de Desarrollo Sostenible 6, ese que apunta a garantizar agua limpia y saneamiento. Lo que salió de esa mesa no fue optimismo, sino una alerta: el ritmo actual no alcanza.

Rene Orellana Halkyer, representante regional de la FAO, lo planteó sin rodeos. “En relación con el ODS 6, si bien se observan avances en la región, estos siguen siendo insuficientes para alcanzar las metas al 2030 y reflejan persistentes desigualdades. El 20% de la población con menores ingresos destina proporcionalmente 1,6 veces más de sus recursos a agua y saneamiento que el 20% con mayores ingresos, con rezagos más pronunciados en hogares vulnerables, comunidades indígenas y afrodescendientes, mujeres y territorios rurales y periféricos”. La brecha no es solo hídrica, es social.

Las cifras refuerzan el diagnóstico. “Al ritmo actual, solo el 19% de las metas del ODS 6 se alcanzaría, mientras el 42% avanza lentamente y el 39% se mantiene estancado o en retroceso”, advirtió Orellana Halkyer. El dato más crítico conecta directamente con la producción de alimentos: la agricultura consume cerca del 72% del agua dulce disponible a nivel mundial. En ese escenario, hablar de desarrollo sostenible sin transformar los sistemas agroalimentarios es, básicamente, un discurso vacío.

El debate también aterrizó en experiencias concretas. Desde Colombia, Ruth Quevedo expuso que la mayoría de los conflictos en la región están vinculados al agua, empujando a repensar la gestión desde la equidad más que desde la escasez. La idea es clara: el problema no es solo cuánto recurso hay, sino cómo se distribuye. En Paraguay, David Fariña apuntó a la presión creciente sobre las aguas subterráneas y a la necesidad de construir sistemas de monitoreo en tiempo real que superen las fronteras políticas, especialmente en ecosistemas compartidos como el acuífero Guaraní.

Chile también apareció en la conversación desde la innovación aplicada. Hernán Chiriboga, del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura, mostró avances que mezclan tecnología y sentido práctico, desde sistemas de captación de agua hasta técnicas de riego que reducen en casi un 50% el uso hídrico en cultivos como el arroz. Incluso soluciones más simples, como huertas con vasijas porosas enterradas, están demostrando que la eficiencia no siempre depende de grandes infraestructuras, sino de creatividad aplicada al territorio.

Desde la academia, James McPhee, de la Universidad de Chile, puso el foco en el rol del conocimiento. La ciencia, dijo, tiene que ser útil, traducible y precisa para quienes toman decisiones. Hoy, con herramientas que permiten monitorear el planeta desde el espacio y entender mejor la variabilidad climática, el problema ya no es la falta de información. Es qué se hace con ella.

Al cierre, la conclusión fue incómoda pero honesta. América Latina tiene conocimiento, тәжіencia y soluciones para avanzar en el ODS 6. El freno no es técnico. Es político, institucional y de escala. Porque en un contexto donde el cambio climático ya no es futuro sino presente, el agua dejó de ser un recurso más. Es el eje donde se juega todo.

Overdous y el sonido oscuro que mezcla fe y distorsión

En la intersección entre lo espiritual y lo urbano, donde la estética pesa tanto como el sonido, aparece Overdous, un proyecto que no se define como banda sino como una especie de culto creativo. Impulsado por Ben Bulgari, este colectivo se presenta como una “legión colaborativa” donde cada integrante cumple un rol dentro de un ritual en constante mutación. Más que música, lo que proponen es una experiencia: una narrativa que se construye desde la tensión, sin respeto por los límites tradicionales de los géneros.

Su lenguaje es el rage, pero no en su versión más pura, sino como un híbrido que empuja el sonido hacia terrenos menos explorados. Overdous cruza la agresividad del trap con la herencia del nü metal y suma capas melódicas del reggaetón, generando una mezcla que no busca encajar, sino incomodar. En ese cruce, el proyecto se instala como una anomalía dentro de la escena urbana, una que dialoga tanto con el caos como con la precisión estética.

El primer manifiesto de esta doctrina es ‘Dime que sí’, un single que funciona como portal de entrada a su universo. La canción transita entre la brutalidad del metal, la sensualidad rítmica del trap y una narrativa que mezcla terror psicológico con simbolismo religioso. Aquí no hay medias tintas: Overdous construye un relato donde lo sagrado y lo profano conviven, tensionados por conceptos como la culpa, el deseo y la transformación.

Detrás del proyecto aparece una identidad fragmentada pero coherente. Bel Viso —alter ego de Bulgari— lidera este viaje acompañado por Faccia Muta, Volto Nero y Nome Negato, nombres que refuerzan la lógica de anonimato y personaje. Todo orbita en torno a “Doctrina 17”, un primer álbum conceptual inspirado en la hora 17:17, asociada a la comunicación entre planos y entidades. La música, en este caso, funciona como canal.

El despliegue no es solo sonoro, también es visual y técnico. “Esta canción es la introducción al mundo sonoro, y audiovisual de Overdous. El video fue registrado en tres ciudades de Italia por el director Daniel Roa. El proceso de mezcla estuvo a cargo del nominado a múltiples Grammy, Amir Derakh –guitarrista de Orgy, productor de Linkin Park, Coal Chamber, entre otros–. El master es de Mike Marsh, que ha trabajado con N.W.A, Depeche Mode, Bob Marley, Oasis, Prodigy, Björk, y más”, detallan. Una carta de presentación que cruza escena local con estándares globales.

Con referencias que van desde el metal de Korn y Deftones hasta el caos digital de Playboi Carti y la sensibilidad urbana de Bad Bunny, Overdous propone algo más que una suma de influencias. ‘Dime que sí’ no solo marca un debut, sino el inicio de una narrativa donde el oyente no es espectador, sino parte de un acuerdo. Uno que, como su propia doctrina sugiere, no tiene vuelta atrás.

La WWE activa su regreso a Sudamérica con parada en Santiago

La cultura pop global tiene memoria larga, pero también ciclos intensos. Y en ese loop, la WWE acaba de activar uno que golpea directo en la nostalgia de toda una generación que creció entre SmackDown doblado al español y luchas en VHS. Este septiembre, la empresa de wrestling más grande del mundo regresa a Sudamérica con su esperado South America Live Tour, incluyendo una parada clave en Santiago el próximo 12 de septiembre en el Movistar Arena.

El anuncio no es menor. Será el regreso de la WWE a Chile tras siete años de ausencia, un vacío que para muchos fans se sintió eterno. La última vez que la compañía pisó suelo chileno fue en 2019, con shows que mezclaron figuras históricas y talentos emergentes, consolidando una base de seguidores que, hasta hoy, se mantiene activa entre comunidades digitales, coleccionistas y nuevas audiencias que consumen el producto vía streaming.

La gira también incluye fechas en Quito, Bogotá y Buenos Aires, marcando un despliegue regional que no se veía hace años. Pero más allá del recorrido, lo que genera ruido es el roster confirmado. Nombres como Seth Rollins, Becky Lynchy GUNTHER encabezan una cartelera que mezcla experiencia, carisma y potencia física. A ellos se suman talentos como The Usos, Oba Femi y figuras latinas que han ganado protagonismo en la compañía, conectando directamente con el público sudamericano.

Uno de los nombres que más resuena en clave local es el de Stephanie Vaquer, actual Campeona Mundial Femenina, quien se ha convertido en un símbolo del crecimiento latino dentro de la industria. Su presencia no solo representa talento, sino también narrativa: una chilena dominando un escenario históricamente dominado por Estados Unidos y Europa. Junto a ella, el Campeón Intercontinental Penta aporta una cuota de identidad que dialoga con la lucha libre latinoamericana.

El fenómeno WWE en Chile tiene historia. Desde los años 2000, con figuras como Rey Mysterio o John Cena, la marca logró instalarse en la cultura juvenil como algo más que deporte: un espectáculo híbrido entre combate, teatro y narrativa épica. Hoy, ese ADN se mantiene, pero adaptado a una generación que consume highlights en TikTok, sigue storylines en tiempo real y transforma cada evento en contenido.

El regreso de la WWE no es solo un show, es una reactivación cultural. Un punto de encuentro entre fans históricos y nuevos seguidores que ven en el wrestling una mezcla de energía, estética y storytelling sin filtro. Las entradas aún no están liberadas para venta general, pero ya existe un registro para preventa que anticipa alta demanda. Porque si algo queda claro, es que en Chile el ring nunca se olvidó. Solo estaba esperando el momento para volver a encenderse.

Combinación entre Paracetamol y redes sociales preocupa a los expertos

La lógica de internet vuelve a tensionar los límites entre juego y riesgo. Hace algunos días, un nuevo desafío viral comenzó a circular entre adolescentes, encendiendo las alarmas de madres, padres y autoridades sanitarias en Chile. La consigna, tan simple como peligrosa, propone consumir altas dosis de paracetamol con el objetivo de provocar hospitalizaciones, una práctica que rápidamente escaló desde pantallas a conversaciones familiares y protocolos de emergencia.

La reacción no se hizo esperar. Desde el Ministerio de Salud se activó una campaña preventiva para advertir sobre los riesgos de este tipo de conductas, en un escenario donde las redes sociales amplifican dinámicas que, lejos de ser inofensivas, pueden tener consecuencias graves e incluso irreversibles. El fenómeno vuelve a instalar una pregunta incómoda pero urgente sobre el consumo digital adolescente y la forma en que se validan ciertos comportamientos en comunidades online.

En este contexto, entender qué está en juego resulta clave. El paracetamol, uno de los medicamentos más comunes en los hogares, es utilizado habitualmente para tratar el dolor y la fiebre tanto en adultos como en niños. Su accesibilidad y aparente inocuidad lo convierten en un fármaco de uso cotidiano, pero esa misma familiaridad es la que hoy se transforma en un factor de riesgo cuando se pierde la noción de sus límites.

El toxicólogo y académico de la Universidad de Santiago, Leonel Rojo, advierte con claridad sobre el impacto del sobreconsumo. “El principal riesgo es la toxicidad hepática. Este fármaco se transforma químicamente por la acción de las enzimas del hígado en un compuesto altamente tóxico que daña a las células de dicho órgano”, señala. La advertencia no es menor: el hígado, órgano clave en el metabolismo del cuerpo, puede sufrir daños severos que en casos extremos derivan en fallas hepáticas.

Las dosis, en este escenario, dejan de ser un detalle técnico para convertirse en una frontera crítica. Según explica el especialista, “en términos generales llegan hasta 1 gramo cada ocho horas. Ahora, esa norma es muy variable ya que no considera los problemas hepáticos o la variación genética que puedan tener cada uno de los pacientes”. Por eso, insiste en un margen más conservador: “la dosis más sabia es de 3 gramos al día y, desde ahí, detener el consumo e ir a un centro médico para analizar las razones del malestar que pueda estar afectando a una persona”.

Lo inquietante es que este tipo de desafíos no operan desde el desconocimiento total, sino desde una mezcla de curiosidad, presión social y validación digital. En ese cruce, el medicamento deja de ser una herramienta terapéutica para transformarse en un instrumento de riesgo. Rojo lo resume con una advertencia que apunta tanto a jóvenes como a su entorno cercano: “el paracetamol resulta un medicamento muy seguro”, pero solo cuando se utiliza correctamente.

El llamado final es directo y apunta a una cultura que ha normalizado la automedicación. “En general, la gente se automedica mucho en Chile y la recomendación es que las personas, si se sienten enfermas o con alguna dolencia, consulten a un médico o a un químico farmacéutico. No usen fármacos por recomendación de amigos o familiares ya que todos los medicamentos, sin las dosis justas, son veneno”, concluye. En tiempos donde un trend puede viralizarse en segundos, recuperar el respeto por los medicamentos no es solo una recomendación médica, sino una urgencia social.

Convivir con gatos y el arte de no estresarlos

En tiempos donde los gatos dominan silenciosamente los hogares —y también los feeds de redes sociales—, la idea de mantenerlos dentro de casa se ha instalado como una práctica cada vez más común en Chile. Pero puertas adentro no significa automáticamente bienestar. Así lo advierte la médica veterinaria Guisela Acuña, especialista en comportamiento felino, quien plantea que el verdadero desafío no es encerrar, sino construir un entorno que dialogue con la naturaleza del animal.

Porque sí, los gatos pueden vivir más seguros dentro del hogar, lejos de peleas, atropellos o enfermedades como la leucemia felina. Pero esa seguridad tiene letra chica. “Dentro de su modelo de prevención de conflictos, la emoción predominante en los gatos es el miedo”, explica la especialista, dejando claro que estos animales siguen funcionando bajo códigos evolutivos que combinan su rol de cazadores con el de potenciales presas. En otras palabras, un gato no deja de ser gato por vivir en un departamento.

Esa tensión constante —entre instinto y entorno— es la que puede convertir un espacio aparentemente cómodo en un lugar hostil si no está bien adaptado. El estrés en los gatos no siempre se nota de inmediato, pero se acumula. Cambios bruscos, falta de refugios o rutinas alteradas pueden gatillar problemas de salud que van desde trastornos conductuales hasta enfermedades físicas. “Lo que ocurre si esto no se cumple es que los gatos se estresan y el estrés se traduce en enfermedades”, advierte Acuña.

Por eso, el concepto de bienestar felino se vuelve clave. No basta con comida, agua y una caja de arena. El hogar debe transformarse en un ecosistema donde el gato pueda trepar, esconderse, observar y, sobre todo, sentir control sobre su entorno. La lógica es simple pero profunda: un gato necesita territorio, aunque ese territorio sea un departamento de 60 metros cuadrados. Y en casas con más de un felino, la ecuación se vuelve aún más exigente, obligando a multiplicar recursos para evitar conflictos silenciosos.

El juego también deja de ser un accesorio y pasa a ser una necesidad biológica. No es solo entretención, es simulación de caza, descarga de energía y regulación emocional. Ignorar esto es desconocer una parte esencial de su comportamiento. A eso se suma el respeto por sus tiempos, su olfato y sus rutinas, aspectos que muchas veces chocan con la dinámica humana, más acelerada y menos predecible.

Pero incluso en espacios controlados, el riesgo no desaparece. El hogar está lleno de amenazas invisibles para un gato. Plantas como los lirios pueden ser letales, al igual que alimentos tan cotidianos como el chocolate o productos con xilitol. “Los lirios son sumamente tóxicos para los gatos. Pueden provocar una falla renal aguda”, advierte la especialista, subrayando que el peligro no siempre está donde uno lo imagina. A eso se suma un error frecuente y crítico: la automedicación. “No recomiendo que automediquen a ningún gato o perro”, recalca, poniendo especial énfasis en el paracetamol, que en felinos es directamente tóxico.

En paralelo, el seguimiento veterinario se vuelve parte del contrato invisible que implica tener un gato. Vacunas al día, esterilización y controles periódicos no son opcionales si se busca calidad de vida. Más aún considerando que un gato indoor puede vivir más de 20 años. Esa longevidad no es casualidad, sino el resultado de cuidados constantes y de una observación atenta a cualquier cambio, por mínimo que parezca.

Al final, tener un gato no es solo sumar un compañero silencioso al hogar, sino aceptar una convivencia con una especie que funciona bajo reglas distintas. En una generación que valora el bienestar, la conciencia y el vínculo emocional con los animales, entender esto no es un lujo, es parte del mínimo ético. Porque cuidar a un gato no es domesticarlo del todo, sino aprender a convivir con su naturaleza.