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Pulsar 2025 confirma su sitial como el epicentro de la música en Chile

La Feria Pulsar 2025 bajó el telón con la contundencia de un evento que sabe exactamente lo que representa: una vitrina de industria, un punto de encuentro cultural y un termómetro emocional para entender en qué está la música chilena hoy. En su edición número quince, el encuentro organizado por SCD no solo celebró años, sino también una evolución que se siente en el aire. Este domingo, la jornada final explotó en ritmos que cruzaron generaciones, géneros y memorias colectivas, dejando claro por qué este evento ya es parte del ADN musical del país.

La tarde abrió con uno de esos momentos que solo Pulsar puede articular: Quilapayún, con más de seis décadas de historia, transformó el escenario Santander en un coro transversal donde convivieron adolescentes, adultos jóvenes y veteranos de la canción política. “El pueblo unido” y “La muralla” resonaron con la misma fuerza que en los tiempos duros, pero ahora bajo nuevas lecturas y un público que sigue encontrando refugio y resistencia en esas letras. A esa intensidad le siguió un cierre cargado de luminosidad pop con el regreso de Dënver, quienes retomaron el mando con una puesta en escena precisa, estética y emocionante, repasando hits como “Revista de gimnasia”, “Los adolescentes” y “Los vampiros”, confirmando que su imaginario sigue completamente vigente en la escena local.

Mientras el Santander vibraba en esa dualidad entre historia y futuro, el escenario SCD vivía otro clímax. Ana Tijoux, en una presentación afilada y sobria, reafirmó su poder escénico frente a un público que la recibió como una de las figuras más queridas ─y respetadas─ del panorama nacional. Sus interpretaciones de “1977” y “Sacar la voz” fueron coreadas con fervor, pero el momento que tensó la fibra emocional fue “La rosa de los vientos”, un guiño a Makiza que se sintió como un puente directo entre pasado y presente. Tijoux no solo ofreció un concierto, sino una declaración de estilo, conciencia y oficio.

El cierre dominical, sin embargo, no se limitó a los nombres grandes. Bandas como Electrodomésticos, Yajaira, Niños del Cerro, Chinoy, La Ciencia Simple y Catalina y las Bordonas de Oro entregaron capas esenciales a la narrativa del día, construyendo esa mezcla única entre underground, clásicos de culto y nuevas corrientes. A su alrededor, la feria se movió entre talleres, firmas de discos, paneles y encuentros creativos que convirtieron Espacio Riesco en una ciudad musical por tres días. Actividades como la charla “Del ensayo al escritorio: cómo se graba un Tiny Desk”, protagonizada por parte del equipo detrás del fenómeno de 31 Minutos, o la íntima sesión “Creación de letras con Pedropiedra”, funcionaron como pequeños laboratorios donde se compartieron métodos, experiencias y aprendizajes.

Luego del apagado de escenario y la última salida de público, Rodrigo Osorio, presidente de SCD, destacó el espíritu que atravesó toda la edición. “Estamos realmente felices con lo que vivimos en estos tres días, porque vimos a una industria de la música compenetrada, con ganas de remar juntos y entender mejor los desafíos de este ecosistema que entre todos impulsamos. Pero lo mejor de todo es que la gente también ha entendido de qué se trata este evento, que es mucho más que un cartel digno de un festival. Acá se vive la música en toda su dimensión y la audiencia ha sido parte de eso, tanto los fans habituales de Pulsar, como las nuevas generaciones que en esta edición se integraron”, señaló. Ese cruce intergeneracional se transformó en uno de los sellos más nítidos de la versión 2025.

En total, fueron 37 conciertos los que dieron forma al corazón de esta edición, con nombres tan diversos como Javiera Mena, Saiko, De Saloon, FaceBrooklyn, Joe Vasconcellos, Francisco Victoria y Panico, una línea curatorial que confirmó el estado expansivo de la escena nacional. A eso se sumaron decenas de actividades formativas, lanzamientos, mesas de conversación y la presencia estelar de Humberto Gatica, uno de los productores chilenos más influyentes del circuito global. Con su cierre, Pulsar reafirmó por qué hoy es uno de los hitos culturales y de industria más relevantes del país: una plataforma que contiene pasado, presente y futuro sin perder su identidad colectiva.

La batalla por un estacionamiento reservado en un país que aún normaliza la viveza

En Santiago y en cualquier ciudad chilena, basta caminar por un mall, un centro de salud o un supermercado para ver una escena que se repite con vergonzosa normalidad: autos sin credencial estacionados en espacios reservados para personas con discapacidad. Es una postal tan cotidiana que ya ni sorprende, pero que vuelve a instalarse con fuerza tras la advertencia pública de la Fundación Chilena de la Discapacidad (FCHD), que denunció el aumento sostenido de estas infracciones. El organismo no solo expone un problema cultural, sino una falla estructural del país para garantizar accesibilidad real.

Chile tiene 3.291.602 personas con discapacidad según la Encuesta Nacional de Discapacidad y Dependencia de 2022. Muchas de ellas dependen de estos estacionamientos para desplazarse con autonomía y seguridad. Aun así, su uso indebido se ha convertido en una práctica recurrente. El presidente de la FCHD, Matías Poblete, lo resume sin rodeos. “Estamos recibiendo denuncias de manera constante, y eso que la multa por la mal utilización de estos espacios es bastante cara. Y si hay una reiteración, ese valor se incrementa más”, sostuvo a Diario Usach. La Ley de Tránsito clasifica esta acción como “falta grave”, con sanciones entre 1 y 1,5 UTM, lo que equivale a un rango que supera los 100 mil pesos en casos reiterados.

Las reglas son claras, aunque la calle indique lo contrario. Solo pueden ocupar estos estacionamientos quienes cuenten con la credencial oficial de discapacidad emitida por el Registro Civil, previa inscripción en el Registro Nacional de la Discapacidad. El documento debe exhibirse en el parabrisas, no basta una fotocopia y menos el símbolo de la “cruz de malta”, que —por más tradición que tenga— no posee validez legal. Tampoco está permitido que embarazadas ni adultos mayores utilicen estos espacios. Sin embargo, la realidad muestra que el problema está lejos de resolverse.

Cuando se pregunta por qué esta práctica persiste, surgen teorías que van desde el desconocimiento de la normativa hasta la clásica excusa del “solo será un minuto”. Pero para Poblete, el origen está en una falla institucional más profunda. El informe “Análisis del Cumplimiento de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad en Chile”, publicado recientemente por la FCHD, sostiene que el país “no cumple plenamente el artículo N°8 de la CDPD porque las acciones de sensibilización sobre discapacidad son esporádicas, no forman parte de una política sostenida y carecen de coordinación, evaluación y alcance nacional”. En otras palabras, no existe una estrategia continua que eduque, fiscalice y transforme la conducta social.

A eso se suma una fiscalización que, según los propios afectados, simplemente no alcanza. “Esa labor corresponde principalmente a Carabineros de Chile y a los funcionarios municipales, con calidad de inspectores, habilitados para cursar multas”, señala Poblete. Pero en la práctica, la vigilancia es escasa y el control casi inexistente. El resultado es un ecosistema que normaliza la infracción, donde la falta de consecuencias alimenta la impunidad cotidiana.

Desde la academia también alertan sobre la necesidad de cambiar el enfoque. Américo Ibarra, académico de la Facultad de Arquitectura y Ambiente Construido de la USACH, plantea que mejorar el sistema exige “fortalecimiento de los procesos de fiscalización y del uso de tecnología que permita contar con registros de las infracciones (a través de fotografías); el establecimiento de mecanismos y sanciones ejemplificadoras; el mejoramiento de las campañas de sensibilización (entendiendo que esto se trata de un problema cultural); y la aplicación de estrategias formativas desde el colegio”. Su diagnóstico no solo refleja la urgencia del tema, sino que recuerda que la accesibilidad es también un producto de la educación.

La paradoja se vuelve aún más evidente cuando se contrasta con gestos de solidaridad masiva. La madrugada del 30 de noviembre, Chile celebraba el éxito de la Teletón y la recaudación de $44.253.268.546. Un evento que moviliza al país entero a donar, empatizar y abrazar una causa común. Sin embargo, en la calle, en la vida diaria, ese mismo compromiso parece diluirse. “En el país no existe mucha cultura de los estacionamientos exclusivos. En general, no se respetan ni para los casos de discapacidad, adultos mayores o embarazadas. En muchas ocasiones, el chileno aplica la lógica de la ‘viveza’ y se autoexplica que su accionar se prolongará ‘por un par de minutos’. Así, además, piensa que esta práctica no generará ningún tipo tensión o conflicto”, señala Ibarra, quien además subraya la falta de control y sanción ante esta conducta.

Si Chile es capaz de movilizar millones en nombre de la inclusión, también debería ser capaz de respetar algo tan básico como un estacionamiento reservado. La pregunta ya no es por qué ocurre, sino cuánto tiempo más aceptaremos que este tipo de atropellos sigan formando parte del paisaje urbano sin consecuencias reales.

Ciencia chilena abre camino a la primera terapia celular para recuperar la visión

En un país donde miles de personas viven con daño corneal severo sin opciones terapéuticas reales, un proyecto científico chileno comienza a reescribir ese destino. La Universidad de Santiago de Chile, a través de su Facultad de Ciencias Médicas, junto al Centro de Nanociencia y Nanotecnología CEDENNA, está liderando un avance inédito: el cultivo en laboratorio de células totipotenciales y pluripotenciales del limbo corneal capaces de regenerar la superficie del ojo. Es una apuesta que cruza ciencia de frontera, innovación pública y cooperación clínica, respaldada por financiamiento de CORFO y articulada por un ecosistema que rara vez coincide con esta profundidad.

En Chile, más de 6.000 personas conviven con insuficiencia limbar corneal bilateral, una patología que destruye la capacidad del ojo de renovar su superficie. Las consecuencias son dolor constante, fotofobia extrema y pérdida progresiva de la visión. Actualmente, los tratamientos disponibles solo alivian síntomas, pero no reparan el daño. Por eso, el proyecto no solo representa un avance científico, sino un gesto concreto hacia una deuda histórica en salud visual: ofrecer una terapia con potencial real de reversión.

El corazón tecnológico de la iniciativa está en el laboratorio biomédico de CEDENNA, donde se han implementado las condiciones necesarias para cultivar y diferenciar células del limbo corneal. La idea es replicar su proceso natural de renovación para luego implantarlas en pacientes con daño severo. Si la técnica resulta exitosa, estas células podrían restablecer la capa epitelial de la córnea y devolver funcionalidad visual a personas que hoy no tienen alternativa terapéutica. Se trata de una propuesta que integra biología celular avanzada, nanotecnología aplicada y experiencia clínica de manera coordinada, algo inédito en el país.

El proyecto está liderado por el Dr. Osvaldo Berger (USACH) y la Dra. Patricia Díaz (CEDENNA), quienes han logrado unir capacidades científicas y médicas que tradicionalmente han trabajado en paralelo. La colaboración con la Clínica Pasteur y Fundación Córnea Chile asegura el puente con pacientes y con los escenarios reales donde esta tecnología deberá demostrar resultados. La participación de estas instituciones también refuerza el carácter aplicado del proyecto, una dimensión clave para que la innovación salga del laboratorio y llegue efectivamente a quienes la necesitan.

El financiamiento recibido a través del programa “Crea y Valida” de CORFO consolida este esfuerzo como un ejemplo de cómo la inversión pública puede activar ecosistemas de salud avanzada. Hoy el proyecto se encuentra en fase de estandarización de cultivos, un proceso exigente que definirá la seguridad y eficacia de la terapia. Si los plazos se cumplen, las primeras aplicaciones clínicas podrían comenzar el próximo año, una proyección que sitúa a Chile en un escenario que hace muy poco tiempo parecía irreal: producir terapias celulares de manera autónoma y con estándares internacionales.

De concretarse, esta será la primera terapia celular corneal desarrollada íntegramente en Chile. Su impacto no solo sería clínico, sino estructural: permitiría al país fortalecer su capacidad para producir biomedicina de alto nivel y sentar bases para futuras terapias regenerativas. Estamos ante un proyecto que mezcla rigor científico, visión de futuro y un profundo sentido social. Un recordatorio de que la innovación también puede ser un camino directo hacia una vida más digna para miles de personas.

Rosalía expande el mapa sonoro del pop con LUX y confirma dos noches en Santiago

Rosalía vuelve a mover el eje de la música pop mundial y lo hace con un proyecto que excede cualquier estándar previo. LUX TOUR 2026, su gira más ambiciosa hasta el momento, no solo confirma la potencia comercial y creativa de su nuevo álbum LUX, sino que la posiciona en un territorio reservado para quienes rompen moldes a escala planetaria. El anuncio de sus 42 conciertos en 17 países dejó en claro que el disco no es solo un éxito crítico: es un fenómeno cultural que continúa creciendo sin freno.

La propuesta de LUX ha sido descrita por la crítica como el paso definitivo de Rosalía hacia las grandes ligas de la innovación musical. Rolling Stone la calificó así: «Lux parece ser su propuesta más sorprendente hasta la fecha, repleta de historia y décadas de formación que le permiten combinar sonidos clásicos, referencias operísticas y 14 idiomas diferentes en un magnífico y conmovedor conjunto que se percibe como una obra de arte verdaderamente atemporal». La combinación entre orquesta sinfónica, colaboraciones de culto y producción contemporánea empuja el formato álbum hacia territorios poco explorados en la música mainstream.

El disco, grabado junto a la Orquesta Sinfónica de Londres bajo la dirección de Daníel Bjarnason, evidencia una madurez artística que parece dialogar con la tradición clásica tanto como con las estéticas contemporáneas del pop global. La presencia de Björk, Carminho, Estrella Morente, Silvia Pérez Cruz, Yahritza, Yves Tumor y la Escolania de Montserrat suma capas estéticas que consolidan a Rosalía como una de las pocas artistas capaces de unir mundos aparentemente incompatibles sin perder identidad.

El impacto comercial de LUX también ha sido extraordinario. El álbum debutó en el número uno del Global Top Albums Chart de Spotify, logrando el mayor debut en streaming para una artista femenina en español. En distintos mercados europeos rompió récords históricos y alcanzó su mejor posicionamiento en Estados Unidos, una hazaña que demuestra que su propuesta trasciende la barrera idiomática y expande la presencia del pop en español a nuevos niveles de influencia.

Chile será una de las paradas claves del tour, con dos fechas en el Movistar Arena el 24 y 25 de julio de 2026. La preventa se realizará el 10 de diciembre a través de Puntoticket, mientras que la venta general comenzará al día siguiente. Considerando el historial de convocatorias de Rosalía—que agotó completamente su MOTOMAMI WORLD TOUR—todo indica que estas fechas podrían convertirse en algunas de las más demandadas de la temporada.

Con LUX TOUR 2026, Rosalía consolida un movimiento musical que redefine los límites del pop contemporáneo. Su obra abraza la complejidad, celebra la tradición y proyecta un futuro donde lo sinfónico y lo urbano, lo culto y lo popular, pueden convivir en un mismo cuerpo creativo. Su nuevo capítulo comienza con la fuerza de un fenómeno global y la sensibilidad de una artista que entiende el sonido como un territorio vivo, expansivo y profundamente emocional.

Kast y Jara elevan tensiones en medio de cuestionamientos a líder republicano

El Debate Archi 2025 dejó en evidencia que la carrera presidencial chilena entró en una fase decisiva. En el auditorio del Campus Oriente de la Universidad Católica, José Antonio Kast y Jeannette Jara protagonizaron uno de los enfrentamientos más ásperos de esta temporada electoral. Interrupciones, tensiones y emplazamientos cruzados marcaron el tono de una instancia donde las diferencias ideológicas quedaron expuestas sin matices y donde cada palabra resonó como un síntoma del clima político del país.

En medio de ese ambiente crispado, las interpretaciones no tardaron en aparecer. En conversación con el programa Línea 1 de Radio Usach y TV Usach, el académico de la Escuela de Publicidad de la Universidad Diego Portales y experto en márketing político, Cristián Leporati, entregó una lectura crítica del desempeño de Kast y advirtió señales preocupantes sobre su preparación y su potencial capacidad para ejercer la Presidencia. Sus observaciones se instalaron rápidamente en el debate público, sumando un punto más a la discusión sobre liderazgo y gobernabilidad que atraviesa a la campaña.

Para Leporati, uno de los elementos más llamativos fue la manera en que Kast evitó responder de forma directa cuando fue consultado sobre temas complejos. “Un candidato que quiere ser presidente de la República tiene que ser capaz de tener respuesta, y no decir ‘depende’”, señaló, apuntando a la necesidad de claridad en un país que enfrenta una situación exigente y polarizada. En ese escenario, sostuvo, se requiere “un liderazgo fuerte” capaz de entregar certezas y conducción, no solo consignas generales.

El académico advirtió que estas vacilaciones podrían anticipar problemas más profundos en caso de que Kast llegue a La Moneda. “Cuando tú gobiernas un país complejo como este (…) debes ser capaz de hacerlo”, subrayó. Sus palabras se alinean con una inquietud que ha ido creciendo entre analistas: la distancia entre la retórica de campaña y las capacidades concretas para sostener decisiones difíciles en contextos de crisis.

En su análisis, Leporati también contrastó el desempeño de Kast con el del actual Presidente. “Uno puede decirle muchas cosas al Presidente Boric, de una mala gestión, pero fue una persona que en su gobierno se fue adaptando a las circunstancias y sacó a un país adelante, que venía de pandemia y del levantamiento social”, afirmó. Más allá de la valoración del gobierno, su argumento apunta al valor de la adaptabilidad como un componente esencial del liderazgo moderno; una habilidad que, según él, Kast no ha demostrado en esta campaña.

Otro punto que destacó fue la brecha discursiva entre Kast y Jara durante el debate. “Si se analiza la retórica de José Antonio Kast, era diferente a la de Jara… pero era demasiado grande la diferencia”, indicó, haciendo referencia a una distancia que no solo es ideológica, sino comunicacional. Para el experto, el republicano repitió el mismo patrón que ha mostrado desde la primera vuelta: “Esencialmente prometía. Era slogan, mucho slogan, pero nada tangible. Se enfoca en ‘qué voy a hacer’, no en ‘cómo voy a hacerlo’”. En una elección donde los votantes buscan certezas más que consignas, ese desbalance podría transformarse en un flanco complejo.

El Debate Archi 2025 se convirtió, así, en un punto de inflexión que no solo tensiona la carrera presidencial, sino que abre una discusión más amplia sobre las habilidades que requiere la conducción del país en tiempos donde la estabilidad parece siempre en riesgo. Entre frases afiladas, omisiones y promesas, lo que quedó en el aire fue una pregunta clave: ¿qué tipo de liderazgo necesita Chile para enfrentar el próximo ciclo?

Cómo la ola de calor está afectando nuestra salud mental

Cuando Santiago y gran parte de Chile superan los 30 grados, la ciudad se convierte en una olla a presión emocional. No se trata solo del sol pegando fuerte ni del asfalto ardiendo bajo los pies: el calor modifica nuestras reacciones, altera nuestro humor y nos empuja a una montaña rusa de irritabilidad, cansancio y apatía que puede aparecer en cuestión de minutos. La pregunta que emerge en cada veraneo urbano es simple y brutal: ¿de verdad el calor intenso nos amarga? La ciencia dice que sí, y que el impacto es mucho más profundo de lo que imaginamos.

Un reciente estudio publicado en One Earth reveló que las altas temperaturas afectan negativamente el bienestar emocional en todo el planeta. No se trata únicamente de riesgo físico o caída en la productividad, sino de una alteración diaria en la manera en que sentimos. “No solo amenaza la salud física o la productividad económica, sino que también afecta el estado de ánimo de las personas, a diario, en todo el mundo”, explica Siqi Zheng, uno de los autores principales de la investigación. El calor extremo, según los datos, no solo agota: distorsiona la forma en que transitamos nuestra rutina.

En Chile, esta discusión llega en momentos donde las olas de calor son cada vez más frecuentes. Pedro Chaná, médico cirujano especialista en neurología y académico de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Santiago, confirma que el fenómeno es real y creciente. “Hay bastante evidencia, y de buena calidad, sobre que el calor ambiental tiene efectos significativos en la salud mental y el estado de ánimo. En este último tiempo el aumento de la temperatura se ha asociado con un incremento de los síntomas de ansiedad, irritabilidad y un empeoramiento del bienestar emocional”, señaló en Diario Usach. Y aunque el calor golpea a todos, no lo hace con la misma fuerza. “Sin embargo, hay poblaciones que tienen mayor vulnerabilidad, especialmente aquellas que están previamente afectadas por problemas de salud mental”, precisó.

El nivel socioeconómico, las condiciones de la vivienda, la edad avanzada, los problemas de salud y la capacidad de adaptación al calor se combinan como pequeñas piezas de un rompecabezas que determinan cuán fuerte impacta la temperatura en nuestro ánimo. La experiencia cotidiana lo confirma: cuando la ciudad arde, no todos tienen aire acondicionado, sombra ni infraestructura para resistir el golpe térmico. Para Chaná, estas desigualdades intensifican la carga emocional que trae cada ola de calor.

El mal humor también aparece al volante. Ya en los años 80, investigaciones demostraban que mientras más subía la temperatura, más probable era que los conductores tocaran la bocina. Aquellos con ventanillas abajo y sin aire acondicionado eran especialmente propensos a reaccionar con rabia. Décadas después, las conclusiones siguen vigentes. “Con temperaturas elevadas, entre 26 y 30 grados, se demuestra que aparece una percepción de incomodidad térmica, donde pueden aparecer molestias físicas, como irritación de las mucosas, dolor de cabeza, dificultad para pensar con claridad o concentrarse”, sostuvo el especialista.

El ambiente laboral tampoco queda fuera de esta ecuación. La clásica y eterna pelea por la temperatura ideal del aire acondicionado es apenas la superficie del problema. “Se repercute con una disminución del rendimiento laboral y un aumento de la fatiga y el malestar. Además, en lo social se ha relacionado estos ambientes con conductas disruptivas en el ambiente laboral. Especialmente en temperaturas superiores a los treinta grados y marcadamente sobre los 32 grados”, explicó Chaná. Una oficina caliente no solo incomoda: tensa, desgasta y rompe dinámicas de convivencia.

La ciencia va aún más lejos y revela que el calor actúa como un detonador biológico. “Hay evidencia de que el calor afecta en diferentes niveles, por ejemplo, en el sistema endocrino, inmunológico y metabólico. Por ejemplo, calores superiores a los cuarenta grados elevan el cortisol, activan el eje hipotálamo, el sistema simpático, entre otras cosas. Se habla de estrés térmico. En resumen, podemos decir que el calor actúa como un potente factor fisiológico de estrés que debe ser manejado en todo ambiente”, concluyó el neurólogo. Lo que sentimos no es exageración: es el cuerpo respondiendo a un ambiente que se vuelve hostil.

Mientras Chile enfrenta veranos cada vez más extremos, queda claro que el calor no solo derrite el hielo del freezer. También derrite la paciencia, el equilibrio emocional y la capacidad de transitar el día sin estallar. Entenderlo —y prepararse para ello— parece ser el nuevo desafío urbano en tiempos de crisis climática.

Álbum de laminas enciende la previa del Mundial 2026

Mientras el mundo del fútbol empieza a latir más rápido de cara al Sorteo Final del FIFA World Cup 2026, Panini America acaba de soltar una bomba que acelera la ansiedad colectiva. La marca presentó una nueva portada Canadá–Estados Unidos para su icónico álbum de láminas, un gesto que vuelve a encender el ritual global que atraviesa generaciones. No es solo un objeto de colección: es una ceremonia previa al torneo más grande de la historia, un guiño a miles de millones de fans que ya están calentando motores antes del primer pitazo.

Durante más de medio siglo, la colección de láminas de Panini ha sido parte del ADN cultural del fútbol. Un lenguaje propio que va desde álbumes gastados por el uso hasta partidas eternas de intercambio en colegios, ferias y plazas. Pero la edición de 2026 no está jugando pequeño. Con 48 selecciones compitiendo en Canadá, México y Estados Unidos, este será el álbum más ambicioso jamás producido por Panini. La magnitud del torneo está reescribiendo la escala del producto y Panini responde elevando el nivel en cada página.

La compañía anunció que la portada global del álbum se dará a conocer en los próximos meses, a medida que Norteamérica se prepara para recibir el Mundial más extenso de su historia. México, además, tendrá una edición especial con su propia portada. Es un quiebre con la tradición: por primera vez, Panini lanza una cubierta dedicada específicamente a una región anfitriona del certamen. Este lanzamiento también abre un periodo de preventa limitada a través de Amazon, un movimiento pensado para que los coleccionistas aseguren su ejemplar antes de que la fiebre se desate.

Romy Gai, Chief Business Officer de FIFA, lo resumió en una declaración que confirma el estatus mítico del álbum: “Al igual que la Copa Mundial de la FIFA, el álbum de láminas Panini es una de las tradiciones más icónicas y duraderas de la cultura del fútbol global. Durante generaciones, ha reunido a los aficionados, ha despertado entusiasmo en todo el mundo y ha creado recuerdos y recuerdos materiales que perduran mucho después del pitazo final.”

La portada Canadá–Estados Unidos juega con la estética vibrante del Mundial 2026. Incluye el emblema oficial del torneo, el trofeo de la Copa del Mundo y la icónica silueta de la “chilena” basada en el exfutbolista italiano Carlo Parola, símbolo que Panini adoptó en 1965. El resultado es una mezcla que respira memoria y futuro, un puente visual perfecto para una comunidad que se renueva pero nunca pierde el rito.

Mark Warsop, CEO de Panini America, reforzó ese peso emocional al presentar el diseño. Para Warsop, este lanzamiento es solo el punto de partida. “Nuestra colección de láminas Panini de la Copa Mundial de la FIFA ha cautivado a personas de todo el mundo durante generaciones, y estamos orgullosos de presentar esta histórica portada Canadá–Estados Unidos para nuestra edición 2026.” Warsop agregó: “Esta portada especial es el paso inicial de cómo planeamos celebrar nuestros productos y colaboraciones durante toda la Copa Mundial de la FIFA 2026, lo que incluirá las láminas y las tarjetas coleccionables, y creemos que los aficionados y coleccionistas estarán muy entusiasmados.”

La revelación se realizó en Nueva York–Nueva Jersey, la misma sede donde se jugará la final del Mundial el próximo julio. No es casualidad: presentar el álbum en el futuro epicentro del torneo es una forma de marcar territorio desde ya. Panini, socio exclusivo de FIFA en láminas, cartas coleccionables y productos digitales, mantiene así un legado que comenzó en 1970 en México. Más de 50 años después, el ritual vuelve más global, más masivo y más eléctrico que nunca.

Oro Amargo regresa al norte con gira que convierte el cine en territorio vivo

El cine chileno suele mirar al norte como paisaje, pero pocas veces como comunidad. Oro Amargo, rodada en la Región de Atacama, está desafiando ese patrón con una gira que no solo devuelve la película a los lugares donde nació, sino que instala una ética distinta en torno a cómo se producen y se comparten las imágenes. Impulsada por el Fondo Audiovisual del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, la gira contempla un recorrido amplio por Atacama y Antofagasta, reafirmando una convicción central de la productora Juntos: filmar fuera de la capital no es un gesto estético, sino un compromiso político y cultural.

Felipe Egaña, socio y productor de Juntos, lo sintetiza sin rodeos. “Este proyecto fue pensado para poder llevar la película al norte de Chile con un foco especial en comunas que no tienen acceso a cine, ni en multisalas ni en espacios independientes”. En un país donde la distribución suele ser un lujo metropolitano, esta ruta devuelve algo esencial: la posibilidad de ver cine en territorios que por décadas han quedado excluidos del circuito tradicional. La gira, más que una campaña, es una extensión natural del proyecto.

Durante el rodaje, Juntos ya había hecho un gesto significativo al integrar a un equipo local de Atacama en múltiples áreas técnicas y creativas. Ese cruce entre la experiencia del equipo de Santiago y el conocimiento íntimo del territorio por parte de profesionales de la región no solo fortaleció el proceso de filmación, sino que abrió una relación horizontal, donde el paisaje humano y cultural dejó de ser un telón de fondo para convertirse en una voz activa del proyecto. El resultado fue una producción que entendió, desde dentro, las tensiones, oficios y memorias que atraviesan la pequeña y mediana minería del norte.

Ahora, con la película terminada, la gira quiere activar algo más profundo que el simple visionado. Egaña lo explica así: “Llevar la película de vuelta es devolver la mano. Que puedan ver su entorno, su espacio, sus tradiciones desde una mirada cinematográfica”. El impacto no es menor: para muchas personas, será la primera vez que vean su propio territorio proyectado en una pantalla con la complejidad y dignidad que entrega un largometraje. Es un ejercicio de reconocimiento colectivo y también un gesto político en tiempos donde el acceso cultural sigue marcado por desigualdades persistentes.

La ruta incluye doce comunas de Atacama y Antofagasta, desde zonas donde se filmó —como Caldera, Huasco y Copiapó— hasta lugares más remotos como Pica, Camiña y Tocopilla. El equipo viajará acompañado de parte del elenco y del equipo técnico, incluyendo a la actriz Kat Sánchez, protagonista de Oro Amargo. Ese encuentro directo con las audiencias no solo permite conversar sobre el proceso creativo, sino también estimular la formación de público en territorios históricamente relegados del mapa audiovisual.

Quizás lo más relevante es que esta iniciativa no pretende ser un hecho aislado. Juntos quiere consolidar este modelo como una política interna que atraviese todas sus producciones. “Pronto vamos a filmar otra película en la Región de Coquimbo y en el Biobío, y esperamos volver a esos lugares cuando la película esté terminada”, adelanta Egaña. En un ecosistema cultural donde el centralismo todavía define qué historias se ven y dónde se ven, Oro Amargo abre una grieta luminosa: la de un cine que retorna al origen no como postal turística, sino como diálogo vivo entre quienes filman y quienes habitan el territorio.

Precauciones urgentes para una Navidad más segura

Cada diciembre, los barrios de Santiago y distintas regiones del país se transforman en un mapa luminoso. Balcones envueltos en guirnaldas LED, fachadas que destellan al ritmo de villancicos electrónicos y árboles que compiten en brillo con cualquier vitrina del centro. Las redes sociales impulsan nuevas tendencias y las familias replican, con orgullo, decoraciones cada vez más elaboradas. Pero mientras Chile se deslumbra con esta estética festiva, un riesgo silencioso crece en paralelo: la seguridad eléctrica de los adornos que se instalan sin mayor revisión ni cuidado técnico.

El académico Héctor Chávez, del Departamento de Ingeniería Eléctrica de la Universidad de Santiago, advierte que el principal foco de peligro está en los cables. Según explicó a Diario Usach, detrás de cada instalación navideña se acumulan tensiones, tirones y esfuerzos para los que muchos productos, sobre todo los más económicos, no están diseñados. “Los elementos que van conectando las luces pueden estar sujetos a atracciones mecánicas. La gente los toma, incluso a veces las mascotas son buenas para jugar con esos cables, y esos cables deberían tener una buena resistencia a la atracción mecánica, a que los tiren”, señaló. Su comentario deja al descubierto un problema habitual: cuando la luz deja de funcionar, el cable no necesariamente deja de estar energizado.

El académico agrega que este escenario puede desencadenar accidentes más graves de lo que muchos creen. “Ahí alguien lo toca, o bien puede producirse un arco eléctrico (…) y esos arcos producen la quema, o puede ser que algo, como la rama del árbol de Navidad o un adorno de tela, pueda incendiarse”. La escena, común en celebraciones domésticas, se vuelve todavía más crítica cuando se trata de luces instaladas por niños o ubicadas cerca de materiales inflamables. Lo que comienza como un desperfecto menor puede convertirse en un principio de incendio en segundos.

Otro punto que preocupa a Chávez es la creciente tendencia a instalar decoraciones exteriores inspiradas en modelos internacionales. La presión estética que circula en redes sociales ha llevado a muchas familias a decorar terrazas y balcones con productos que no están diseñados para soportar las condiciones climáticas locales. “Las luces adaptadas para ambientes exteriores soportan el splash de agua, la lluvia, el riego, la acumulación de humedad”, afirma. Cuando esa resistencia no existe, el agua puede ingresar a zonas activas del artefacto, generando cortocircuitos o transmitiendo electricidad directamente a quien toque la estructura.

El académico insiste en que el problema no es simplemente técnico, sino también cultural. En la mayoría de los hogares, no se verifica si el producto es apto para exterior, si viene sellado contra humedad o si cuenta con materiales aislantes. Chávez es claro respecto a la condición ideal: “El artefacto tendría que estar completamente aislado, encapsulado, para que al contacto con el agua esa agua no ingrese”. Sin esa protección, cada adorno se vuelve una lotería de riesgos.

En Chile, la fiscalización de este tipo de artefactos recae en la Superintendencia de Electricidad y Combustibles (SEC), entidad que certifica que cada producto cumpla con los estándares necesarios. Sin embargo, la verificación todavía no es un hábito instalado en la ciudadanía. “Todos los artefactos eléctricos debieran tenerlo (…) es un código QR que uno lo ve en todos los artefactos eléctricos”, recuerda el académico. Esa etiqueta, tantas veces ignorada, es hoy una de las barreras más efectivas para prevenir accidentes, evitar cortocircuitos y asegurar una temporada festiva sin emergencias domésticas.

Mientras los barrios ya brillan anticipando la Navidad, la advertencia es clara: la belleza de las luces no debe eclipsar la seguridad. La instalación responsable, la elección de productos certificados y la atención al uso adecuado pueden marcar la diferencia entre una celebración alegre y un susto mayor.

El debate ético que la IA obliga a enfrentar

En un país donde la conversación tecnológica suele quedar atrapada entre anuncios de innovación y la carrera por subirse a la ola de la Inteligencia Artificial, el Congreso Internacional de Ética y Bioética de la Universidad de Santiago 2025 vino a instalar un punto de freno necesario. Académicos de diversas áreas pusieron sobre la mesa un debate profundo: cómo enfrentar los dilemas morales y técnicos que trae consigo la tecnociencia, y cómo evitar que el entusiasmo por lo digital eclipse la discusión sobre sus riesgos reales. Lo que se discutió en la USACH no fue solo teoría; fue una radiografía del momento crítico que atraviesa Chile y el mundo respecto al uso responsable de la IA.

Entre las intervenciones más comentadas estuvo la de Juan Larraín, director del Instituto de Ética Aplicada de la Pontificia Universidad Católica. El académico lanzó lo que llamó una “provocación” sobre la necesidad urgente de regular el diseño de tecnologías digitales. Su punto fue claro: las herramientas actuales aportan beneficios “enormes” para la humanidad, pero también arrastran daños posibles que, muchas veces, no se originan en fallas técnicas, sino en la intencionalidad detrás de cómo se diseñan. Para ilustrar el dilema, recordó ejemplos históricos y tensos. “Las tecnologías históricamente siempre han tenido aspectos beneficiosos y negativos, como el ejemplo dramático de la bomba atómica”, señaló, subrayando la dimensión ética que nunca puede quedar fuera de la ecuación.

Larraín planteó que un posible camino regulatorio podría inspirarse en los estándares ya utilizados en la evaluación de tecnologías biomédicas y biotecnológicas, donde existen protocolos sólidos para medir riesgos y beneficios. Pero su reflexión fue más allá de la comparación técnica. Para él, el desafío no es únicamente normativo, sino cultural. Es necesario instalar una ética pública que permita que el avance tecnológico y el avance moral crezcan de forma armónica. En sus palabras, la humanidad debe construir una cultura que impulse “un desarrollo virtuoso y armónico entre el progreso de la ética y el progreso tecnológico”.

La discusión también abordó la necesidad de pensar la tecnología desde múltiples disciplinas. Larraín fue categórico al afirmar que los dilemas actuales exigen articular conocimientos provenientes de la filosofía, la sociología, la ingeniería, la informática y la biología. Desde su perspectiva, cualquier intento de regulación o desarrollo responsable de IA que ignore la complejidad humana está condenado a quedar incompleto y sesgado. Esta visión interdisciplinaria se transformó en uno de los ejes centrales del encuentro, reafirmando que la conversación sobre tecnociencia no puede quedar solo en manos de programadores o legisladores.

La segunda parte del congreso profundizó específicamente en la ética de la Inteligencia Artificial. El Dr. Manuel Villalobos, del Departamento de Ingeniería Informática de la USACH, destacó que “la legitimidad ética y social de la Inteligencia Artificial está determinada por cinco Principios Clave de Ética Aplicada; la autonomía, beneficencia, no maleficencia, justicia y responsabilidad, datos vulnerables, reidentificación e impacto predictivo”. Su planteamiento expuso la anatomía del debate ético contemporáneo: cada algoritmo y cada sistema que procesa datos sensibles tiene el poder de beneficiar, pero también de excluir, sesgar o predecir con consecuencias graves para individuos y comunidades.

En el ámbito sanitario, el ingeniero biomédico y académico USACH, Erick Cortez, revisó el largo trayecto de la Historia Clínica del Paciente en Chile. Recordó sus raíces en el Código Sanitario de 1931, la consolidación del Sistema Nacional de Salud en 1952 y la evolución hacia los registros electrónicos actuales. “Actualmente, la ficha clínica es un instrumento obligatorio para integrar la información del paciente en la atención en salud, y debe llevarse en formato digital/electrónico, en papel u otro medio. Esta información es relevante para resguardar los datos y la toma de decisiones en la actividad sanitaria”, explicó. Su análisis dejó claro que la digitalización de datos médicos no es solo una actualización técnica, sino un proceso cargado de implicancias éticas.

Cortez también detalló la información mínima que deben incluir estos registros, desde la identificación del paciente hasta su historial de decisiones, diagnósticos y procedimientos. Pero su crítica final apuntó al corazón del debate: “la Ficha Clínica tiene un enfoque biomédico, lo que deja fuera factores sociales, culturales y espirituales que podrían complementar la atención desde una perspectiva ética y holística”, concluyó. Sus palabras resonaron como un llamado a ampliar la conversación sobre datos sensibles, especialmente en un contexto donde la IA ingresa cada vez más en los sistemas de salud.

El Congreso Internacional de Ética y Bioética 2025 dejó una conclusión transversal: el avance tecnológico ya no puede desvincularse de la reflexión moral. En un momento donde Chile impulsa transformaciones digitales en educación, salud y administración pública, la pregunta que emerge desde la USACH es si el país está preparado para establecer una regulación que combine innovación con responsabilidad. La respuesta aún está en construcción, pero el debate ya comenzó.