Salud y bienestar

Insomnio y deterioro cognitivo preocupan a la salud pública

El insomnio, presente desde tiempos remotos, ha empeorado significativamente en la era postpandemia. Según datos de 2023, el 40% de la población mundial lo padece, mientras que en Chile cerca del 27% lo sufre de manera crónica. Frente a esta realidad, el uso de medicamentos inductores del sueño se ha masificado, aunque su consumo prolongado ha comenzado a levantar alertas por sus posibles efectos en la salud cerebral.

Un artículo de The Washington Post planteó una posible relación entre el uso prolongado de estos fármacos y el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas. Aunque aún no existe certeza científica sobre si los medicamentos causan demencia o si son usados por personas que ya presentan un deterioro cognitivo incipiente, el vínculo preocupa a los especialistas. Pedro Chaná, neurólogo y académico de la Universidad de Santiago, afirma que la falta crónica de sueño sí tiene un efecto comprobado sobre la salud cognitiva, y que en los casos más severos se evidencian daños en la memoria.

El artículo estadounidense destaca especialmente los fármacos con efecto anticolinérgico, los cuales bloquean un neurotransmisor clave y pueden alterar funciones del sistema nervioso. En Chile, sin embargo, su uso es menor en comparación con las benzodiazepinas, que son más accesibles pero también riesgosas, pues afectan directamente la memoria y pueden generar dependencia. Chaná enfatiza que, aunque tengan diferentes mecanismos, ambos tipos de medicamentos podrían tener impactos negativos si se usan por periodos prolongados, especialmente en personas predispuestas.

El experto advierte que los trastornos del sueño, como el insomnio o la apnea, representan un desafío creciente para la salud pública. Por ello, insiste en la necesidad de estudiar con mayor profundidad sus causas y consecuencias, proponiendo que se prioricen estrategias de tratamiento que aborden el origen del problema y no solo sus síntomas.

Cómo afecta el horario de invierno a la salud mental y física

Este sábado, desde la Región de Arica y Parinacota hasta Los Lagos, los relojes deberán retrasarse una hora para dar paso al horario de invierno, quedando Chile continental (excepto Magallanes) bajo el huso horario UTC-4. Aunque este ajuste busca optimizar la luz solar, también implica efectos en el bienestar físico y mental, especialmente para personas con condiciones como el autismo o el TDAH.

El neurólogo Pablo Salinas, académico de la Universidad de Chile, advierte que el cambio puede alterar los ciclos circadianos, provocando sueño excesivo, menor rendimiento y fatiga en los primeros días. Para mitigar estos efectos, recomienda ordenar gradualmente los horarios de sueño, evitar pantallas antes de dormir y mantener un ambiente oscuro y tranquilo durante la noche.

Más allá de las incomodidades generales, el ajuste horario representa un desafío particular para personas neurodivergentes. Según Marcela Cuevas, académica del Departamento de Psicología de la misma universidad, quienes viven con autismo o TDAH requieren rutinas estructuradas, por lo que este tipo de modificaciones impone mayores exigencias de adaptación y puede afectar directamente su funcionamiento diario.

Salinas coincide, señalando que tanto el espectro autista como el déficit atencional suelen implicar dificultades para adaptarse a cambios en la planificación. Por eso, insiste en preparar el nuevo horario con anticipación, sobre todo en el caso de niñas, niños y adolescentes. La profesora Cuevas agrega que, si bien no sería viable mantener un horario distinto para personas neurodivergentes, sí es necesario pensar políticas que consideren sus necesidades y las de otros grupos sensibles ante este tipo de modificaciones.

El debate sobre mantener o no el horario de verano durante todo el año también sigue abierto. El astrónomo José Maza explicó que, si se mantuviera el horario de invierno, el sol saldría muy temprano en diciembre, desaprovechando horas de luz en la mañana. En cambio, el horario de verano desplaza esa luz hacia la tarde, permitiendo una jornada más iluminada tras la salida del trabajo o clases. Sin embargo, también implica que durante el invierno haya mañanas oscuras, lo que afecta la rutina de muchos, especialmente de los escolares.

Así, el cambio de hora no solo es una cuestión técnica, sino que involucra impactos reales en la salud, la vida cotidiana y la inclusión de grupos vulnerables, por lo que sigue siendo motivo de debate público y académico.

Colaciones escolares: expertos recomiendan priorizar alimentos naturales

Con el inicio del año escolar, padres y cuidadores enfrentan el desafío de elegir colaciones saludables para niños y niñas. Los especialistas enfatizan la importancia de preferir alimentos naturales, como frutas, verduras y cereales integrales, por sobre productos procesados.

El pediatra y académico del INTA de la Universidad de Chile, Gerardo Weisstaub, explica que la ingesta calórica infantil varía según la edad, sexo y nivel de actividad física. Un niño de 6 a 12 años debería consumir entre 1400 y 2000 calorías diarias, por lo que es clave distribuir adecuadamente los alimentos. En este sentido, un desayuno debe aportar el 25% de la energía total y el almuerzo un 30%. Además del valor calórico, se debe priorizar la ingesta de nutrientes esenciales como hierro, vitaminas y calcio.

María Elena Herrera, especialista en nutrición infantil, recomienda opciones saludables como frutas bajas en azúcar (excluyendo plátano y uva), frutos secos sin sal ni azúcar, cereales integrales sin endulzantes, lácteos bajos en grasa y pan integral con palta o jamón de pavo. También destaca la importancia de mantener una adecuada hidratación con agua.

Weisstaub subraya que es fundamental evitar productos ultraprocesados y con sellos de advertencia, ya que su alto contenido en sal, azúcar y grasas saturadas aumenta el riesgo de enfermedades como obesidad y diabetes. En su lugar, sugiere alternativas como frutas picadas, palitos de zanahoria y apio, yogur natural o un sándwich con ingredientes frescos como tomate, queso fresco y huevo.

Por su parte, la académica Nelly Bustos indica que, aunque opciones como galletas de arroz pueden ser preferibles a los ultraprocesados, las mejores colaciones seguirán siendo las frutas y verduras frescas. Los expertos coinciden en que promover una alimentación saludable desde la infancia es clave para el bienestar y desarrollo de los niños.

Los riesgos del consumo de bebidas energéticas

Las bebidas energéticas, compuestas principalmente por cafeína, azúcar y otros estimulantes como guaraná y taurina, generan un estado de alerta artificial en el organismo. Según la doctora Ana Claudia Villarroel, diabetóloga y nutrióloga del Hospital Clínico de la Universidad de Chile (HCUCH), la cantidad de cafeína en estas bebidas equivale a cuatro shots de espresso, lo que interfiere con los neurotransmisores responsables de la relajación. “El cuerpo se prepara para descansar, pero estas bebidas lo obligan a mantenerse despierto”, explica.

El alto contenido de azúcar en estas bebidas, además de aportar calorías vacías, estimula el sistema de recompensa del cerebro, generando una sensación de bienestar temporal y favoreciendo la dependencia. Esto puede llevar a una necesidad creciente de consumirlas para obtener el mismo efecto. Además, su combinación con cafeína estimula la liberación de adrenalina y noradrenalina, alterando la respuesta natural del cuerpo al estrés.

El Dr. Alfredo Parra, médico internista del HCUCH, advierte sobre los efectos cardiovasculares del consumo excesivo de estas bebidas, especialmente en personas con antecedentes de enfermedades cardíacas. Pueden causar arritmias, dolor torácico y mareos, además de favorecer la deshidratación cuando se ingieren durante la actividad física. También pueden generar trastornos digestivos como dolor abdominal y diarrea, particularmente en personas con problemas gastrointestinales previos.

Más allá de los efectos físicos, las bebidas energéticas pueden impactar la salud mental, especialmente en adolescentes. En personas vulnerables, su consumo se ha vinculado a síntomas depresivos, crisis de pánico e incluso ideación suicida. Uno de los mayores riesgos es su combinación con alcohol, una práctica común que enmascara los efectos depresores del alcohol y puede llevar a un consumo excesivo. “Se ha demostrado que cuando se mezclan con energéticas, las personas pueden ingerir hasta un 30% más de alcohol sin percibir sus efectos”, advierte el Dr. Parra.

Además, esta combinación aumenta la posibilidad de conductas de riesgo, como conducir en estado de ebriedad, y potencia los efectos adversos a nivel cardiovascular y hepático. En personas jóvenes y susceptibles, puede desencadenar arritmias, fibrilación auricular, taquicardia e intoxicación hepática.

En una sociedad que promueve la productividad constante y el sacrificio del descanso, los expertos hacen un llamado a la reflexión. “El cuerpo es sabio; si te pide descansar, es por algo. No podemos vivir en un estado de alerta permanente sin consecuencias”, concluye la Dra. Villarroel.

Especialistas explican cómo identificar el estrés y reducirlo

El estrés es una respuesta natural del cuerpo ante situaciones desafiantes o amenazantes. En pequeñas dosis, puede ser beneficioso, pero cuando se prolonga en el tiempo o es excesivo, puede afectar la salud de manera crónica. Según Alfredo Parra, médico internista del Departamento Cardiovascular del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, el estrés constante puede generar problemas físicos y emocionales. Juan Yáñez, académico del Departamento de Psicología de la Universidad de Chile, añade que esta reacción es necesaria cuando enfrentamos eventos que superan nuestra capacidad de respuesta, pero si no se maneja adecuadamente, se acumula y se vuelve perjudicial.

Las causas del estrés varían según la persona, pero algunos factores comunes incluyen problemas laborales, dificultades económicas, conflictos familiares o de pareja, cambios significativos en la vida y el ritmo acelerado de las ciudades. Parra advierte que incluso pequeñas preocupaciones cotidianas pueden acumularse y afectar el bienestar. Para prevenir este impacto negativo, Yáñez recomienda evitar situaciones que entren en conflicto con nuestros valores y aprender a establecer límites en distintos ámbitos de la vida.

Cuando el estrés se acumula sin control, el cuerpo y la mente permanecen en un estado constante de tensión, lo que puede derivar en trastornos crónicos, depresión o enfermedades físicas, incluyendo problemas inmunológicos y dermatológicos. Para reducir sus efectos, los especialistas sugieren diversas técnicas que ayudan a relajar el cuerpo y la mente.

Entre las estrategias más efectivas se encuentran los ejercicios de respiración. Yáñez recomienda la relajación progresiva de Jacobson, basada en la respiración y la concentración. También destaca la importancia de hacer pausas en el día, mirar el horizonte y recordar momentos agradables para reducir la ansiedad. Parra, por su parte, sugiere la respiración diafragmática, que consiste en inhalar profundamente por la nariz, inflando el abdomen, retener el aire unos segundos y exhalarlo lentamente por la boca.

Además, otras actividades pueden contribuir al bienestar, como caminar al aire libre para despejar la mente, practicar ejercicio regularmente para mejorar la salud física y emocional, escuchar música para generar una sensación de calma y buscar momentos de distracción que permitan reducir la tensión. Todas estas acciones pueden ser clave para manejar el estrés y evitar sus consecuencias negativas en el organismo.

Día Mundial del Sueño: La clave de un buen descanso para la salud integral

Según la Organización Mundial de la Salud, el 40% de la población sufre problemas para dormir bien, motivo por el cual cada 14 de marzo se conmemora el Día Mundial del Sueño, una jornada dedicada a educar sobre la importancia del descanso y sus beneficios para la salud física y mental.

Entre las principales causas de insomnio destacan el estrés, las preocupaciones diarias, el uso excesivo de pantallas, el consumo de cafeína y ciertos trastornos médicos como la depresión. El neurólogo Jonathan Wimmer, académico de la Universidad de Santiago de Chile, explica que “el sueño permite al cerebro y al cuerpo descansar y eliminar desechos acumulados durante el día, además de consolidar aprendizajes y regular funciones como la secreción hormonal”.

El especialista señala que los adultos necesitan en promedio 8 horas de sueño, mientras que los niños requieren al menos 10. Sin embargo, la cantidad adecuada varía según cada persona. Dormir mal o no descansar profundamente puede provocar fatiga diurna y problemas de salud, como ocurre en quienes padecen apnea obstructiva del sueño.

Para mejorar la calidad del descanso, los expertos recomiendan aplicar una correcta “higiene del sueño”, que incluye fijar horarios regulares para acostarse y despertar, evitar el uso de pantallas y la ingesta de cafeína antes de dormir, realizar actividades relajantes previas al descanso y procurar un ambiente oscuro y silencioso.

“Preparar el cuerpo y el entorno antes de dormir es fundamental. Actividades tranquilas con luz tenue, evitar comidas abundantes o grandes cantidades de líquidos antes de acostarse y mantener una rutina estable, ayudan a que el sueño sea reparador y saludable”, concluye Wimmer.

El poder de los antioxidantes: clave para una dieta saludable y la prevención de enfermedades

Cada vez más personas buscan incorporar alimentos saludables en su dieta, y entre ellos, las frutas y verduras juegan un rol clave no solo en la preservación de la salud, sino también en la prevención de enfermedades comunes. Estos beneficios están estrechamente relacionados con la presencia de antioxidantes, compuestos que destacan especialmente en alimentos como los berries, las ciruelas, el pimentón, el cilantro y la albahaca.

Según Hernán Speisky y Jocelyn Fuentes, especialistas del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) de la Universidad de Chile, los antioxidantes son sustancias que contrarrestan la acción dañina de los radicales libres y otras especies pro-oxidantes (ROS), responsables del deterioro celular. Estas moléculas actúan neutralizando los ROS directamente o estimulando la producción de mecanismos naturales de defensa antioxidante en las células.

Los expertos explican que la acción de los antioxidantes es clave para evitar el estrés oxidativo, una condición en la que la producción de ROS supera la capacidad del organismo para eliminarlos. Esta situación aumenta el riesgo de desarrollar enfermedades como patologías cardiovasculares, ciertos tipos de cáncer, diabetes tipo 2 y trastornos neurodegenerativos como el Alzheimer.

Frutas, hortalizas y semillas son una fuente fundamental de antioxidantes naturales, y la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda un consumo mínimo de 400 gramos de frutas y verduras al día en adultos para maximizar sus beneficios.

En sus investigaciones, Speisky y Fuentes destacan que alimentos como los berries (arándanos, frambuesas, frutillas, maqui y calafate), la chirimoya, ciruelas, manzanas, pimentón, cebolla, alcachofa, cilantro, perejil, albahaca, almendras y nueces son especialmente ricos en compuestos antioxidantes, en particular polifenoles.

Finalmente, aunque productos como el té verde, el vino tinto y ciertos chocolates amargos también aportan antioxidantes, su consumo debe ser moderado debido a la presencia de cafeína, alcohol y grasas. Por ello, los especialistas recomiendan priorizar la ingesta de frutas y verduras como la mejor estrategia para incorporar estos compuestos beneficiosos a la dieta diaria.

Cómo afrontar el regreso a la rutina sin estrés tras las vacaciones

Con el término del verano, muchas personas deben retomar sus actividades laborales, estudiantiles y familiares, enfrentando el desafío de volver a la rutina tras un período de descanso. Este proceso, conocido como “estrés postvacacional”, puede generar ansiedad, irritabilidad, alteraciones del sueño e incluso dificultades de concentración, afectando la salud física y mental.

Antonio Letelier, académico de la Escuela de Psicología de la Universidad de Santiago, explica que marzo representa un ajuste significativo en la vida cotidiana, ya que implica reorganizar horarios de sueño, alimentación y actividades familiares. “Este reajuste puede generar síntomas de estrés y ansiedad, como dolores de cabeza, fatiga o alteraciones en el estado de ánimo. Es importante abordarlo con anticipación para minimizar su impacto”, señala el especialista.

Una planificación adecuada es clave para reducir estos efectos. Letelier recomienda restablecer progresivamente los horarios de sueño y alimentación antes del regreso a la rutina, además de organizar con tiempo las compras necesarias, como útiles escolares o implementos de trabajo. Asimismo, sugiere establecer prioridades y definir un calendario con las actividades más relevantes del mes, evitando la sobrecarga de tareas en los primeros días.

Según un estudio de la Asociación Chilena de Seguridad (ACHS), el 40% de los trabajadores en Chile reporta niveles elevados de estrés, una cifra que podría aumentar con el fin de las vacaciones. El académico advierte que quienes no tuvieron un descanso adecuado o enfrentan ambientes laborales exigentes son más propensos a experimentar estos síntomas. “Es fundamental identificar señales de agotamiento y, si es necesario, buscar apoyo profesional para manejar mejor la transición”, indica Letelier.

Enfrentar marzo con una estrategia clara y medidas de autocuidado puede hacer que el regreso a la rutina sea más llevadero, permitiendo adaptarse de manera saludable a las exigencias del nuevo año.

Recomendaciones para enfrentar el calor extremo

Las altas temperaturas, que en algunos días superan los 30°C, seguirán marcando la temporada de verano en Chile. Ante esto, especialistas de la Universidad de Chile entregan consejos para sobrellevar el calor y evitar sus efectos adversos en la salud.

La clave para enfrentar el calor es mantenerse hidratado. “Se recomienda beber al menos dos litros de agua al día y evitar la exposición directa al sol”, explica el doctor César Cortés, jefe de Urgencia del Hospital Clínico de la Universidad de Chile. Infusiones o tés también pueden contribuir a la hidratación.

La alimentación también influye en la regulación térmica del cuerpo. Carmen Gloria González, nutricionista del INTA, recomienda preferir frutas y verduras frescas, ya que su alto contenido de agua ayuda a refrescar el organismo. En Chile, frutas como sandía, melón y uvas son opciones ideales. También se sugiere evitar comidas altas en grasas, ya que pueden aumentar la sensación de calor.

Un golpe de calor se produce cuando el cuerpo no puede regular su temperatura, provocando mareos, náuseas y, en casos graves, desmayos o bajas de presión. Los grupos más vulnerables son bebés, niños, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas.

“El golpe de calor en bebés puede ser mortal, ya que no manifiestan su malestar. Es fundamental no exponerlos directamente al sol”, advierte el doctor Cortés. Para los adultos, recomienda mantenerse a la sombra, usar ropa ligera y beber líquidos de forma constante, sin esperar a sentir sed.

Con estas medidas, se puede reducir el impacto del calor extremo y disfrutar de manera más segura la temporada estival.

El cortisol: la hormona del estrés y su impacto en la salud

En las últimas semanas, las redes sociales han popularizado el tema del cortisol, relacionándolo con el estrés y promoviendo distintos métodos para reducirlo. Pero, ¿qué es realmente esta hormona y cómo afecta nuestro organismo?

El cortisol es el principal glucocorticoide secretado por las glándulas suprarrenales en respuesta al estrés. Regula funciones vitales como el metabolismo, la inflamación y la respuesta inmune. Según el médico Carlos Alarcón, del Hospital Dr. Franco Ravera Zunino, su papel es crucial desde el nacimiento, ya que su liberación en el bebé permite el inicio del parto. Además, sigue un ciclo natural, alcanzando su punto máximo al despertar, lo que lo convierte en la “hormona de la alerta”.

El neurofisiólogo Fernando Ortiz, de la Universidad de Santiago, explica que el cortisol facilita una respuesta adaptativa ante el estrés, mejorando el funcionamiento neuronal al elevar la glucosa en sangre. Esto permite reaccionar con rapidez en situaciones de peligro, activando los reflejos de “lucha o huida”.

Sin embargo, cuando el estrés se vuelve crónico, los niveles de cortisol permanecen elevados, lo que puede derivar en problemas metabólicos como aumento de azúcar y grasa en el cuerpo. Esto, a su vez, afecta el sistema nervioso y puede generar desequilibrios en la salud.

Mantener un control adecuado del estrés es fundamental para evitar estos efectos negativos y permitir que el cortisol cumpla su función de manera equilibrada.