Salud y bienestar

La batalla por un estacionamiento reservado en un país que aún normaliza la viveza

En Santiago y en cualquier ciudad chilena, basta caminar por un mall, un centro de salud o un supermercado para ver una escena que se repite con vergonzosa normalidad: autos sin credencial estacionados en espacios reservados para personas con discapacidad. Es una postal tan cotidiana que ya ni sorprende, pero que vuelve a instalarse con fuerza tras la advertencia pública de la Fundación Chilena de la Discapacidad (FCHD), que denunció el aumento sostenido de estas infracciones. El organismo no solo expone un problema cultural, sino una falla estructural del país para garantizar accesibilidad real.

Chile tiene 3.291.602 personas con discapacidad según la Encuesta Nacional de Discapacidad y Dependencia de 2022. Muchas de ellas dependen de estos estacionamientos para desplazarse con autonomía y seguridad. Aun así, su uso indebido se ha convertido en una práctica recurrente. El presidente de la FCHD, Matías Poblete, lo resume sin rodeos. “Estamos recibiendo denuncias de manera constante, y eso que la multa por la mal utilización de estos espacios es bastante cara. Y si hay una reiteración, ese valor se incrementa más”, sostuvo a Diario Usach. La Ley de Tránsito clasifica esta acción como “falta grave”, con sanciones entre 1 y 1,5 UTM, lo que equivale a un rango que supera los 100 mil pesos en casos reiterados.

Las reglas son claras, aunque la calle indique lo contrario. Solo pueden ocupar estos estacionamientos quienes cuenten con la credencial oficial de discapacidad emitida por el Registro Civil, previa inscripción en el Registro Nacional de la Discapacidad. El documento debe exhibirse en el parabrisas, no basta una fotocopia y menos el símbolo de la “cruz de malta”, que —por más tradición que tenga— no posee validez legal. Tampoco está permitido que embarazadas ni adultos mayores utilicen estos espacios. Sin embargo, la realidad muestra que el problema está lejos de resolverse.

Cuando se pregunta por qué esta práctica persiste, surgen teorías que van desde el desconocimiento de la normativa hasta la clásica excusa del “solo será un minuto”. Pero para Poblete, el origen está en una falla institucional más profunda. El informe “Análisis del Cumplimiento de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad en Chile”, publicado recientemente por la FCHD, sostiene que el país “no cumple plenamente el artículo N°8 de la CDPD porque las acciones de sensibilización sobre discapacidad son esporádicas, no forman parte de una política sostenida y carecen de coordinación, evaluación y alcance nacional”. En otras palabras, no existe una estrategia continua que eduque, fiscalice y transforme la conducta social.

A eso se suma una fiscalización que, según los propios afectados, simplemente no alcanza. “Esa labor corresponde principalmente a Carabineros de Chile y a los funcionarios municipales, con calidad de inspectores, habilitados para cursar multas”, señala Poblete. Pero en la práctica, la vigilancia es escasa y el control casi inexistente. El resultado es un ecosistema que normaliza la infracción, donde la falta de consecuencias alimenta la impunidad cotidiana.

Desde la academia también alertan sobre la necesidad de cambiar el enfoque. Américo Ibarra, académico de la Facultad de Arquitectura y Ambiente Construido de la USACH, plantea que mejorar el sistema exige “fortalecimiento de los procesos de fiscalización y del uso de tecnología que permita contar con registros de las infracciones (a través de fotografías); el establecimiento de mecanismos y sanciones ejemplificadoras; el mejoramiento de las campañas de sensibilización (entendiendo que esto se trata de un problema cultural); y la aplicación de estrategias formativas desde el colegio”. Su diagnóstico no solo refleja la urgencia del tema, sino que recuerda que la accesibilidad es también un producto de la educación.

La paradoja se vuelve aún más evidente cuando se contrasta con gestos de solidaridad masiva. La madrugada del 30 de noviembre, Chile celebraba el éxito de la Teletón y la recaudación de $44.253.268.546. Un evento que moviliza al país entero a donar, empatizar y abrazar una causa común. Sin embargo, en la calle, en la vida diaria, ese mismo compromiso parece diluirse. “En el país no existe mucha cultura de los estacionamientos exclusivos. En general, no se respetan ni para los casos de discapacidad, adultos mayores o embarazadas. En muchas ocasiones, el chileno aplica la lógica de la ‘viveza’ y se autoexplica que su accionar se prolongará ‘por un par de minutos’. Así, además, piensa que esta práctica no generará ningún tipo tensión o conflicto”, señala Ibarra, quien además subraya la falta de control y sanción ante esta conducta.

Si Chile es capaz de movilizar millones en nombre de la inclusión, también debería ser capaz de respetar algo tan básico como un estacionamiento reservado. La pregunta ya no es por qué ocurre, sino cuánto tiempo más aceptaremos que este tipo de atropellos sigan formando parte del paisaje urbano sin consecuencias reales.

Cómo la ola de calor está afectando nuestra salud mental

Cuando Santiago y gran parte de Chile superan los 30 grados, la ciudad se convierte en una olla a presión emocional. No se trata solo del sol pegando fuerte ni del asfalto ardiendo bajo los pies: el calor modifica nuestras reacciones, altera nuestro humor y nos empuja a una montaña rusa de irritabilidad, cansancio y apatía que puede aparecer en cuestión de minutos. La pregunta que emerge en cada veraneo urbano es simple y brutal: ¿de verdad el calor intenso nos amarga? La ciencia dice que sí, y que el impacto es mucho más profundo de lo que imaginamos.

Un reciente estudio publicado en One Earth reveló que las altas temperaturas afectan negativamente el bienestar emocional en todo el planeta. No se trata únicamente de riesgo físico o caída en la productividad, sino de una alteración diaria en la manera en que sentimos. “No solo amenaza la salud física o la productividad económica, sino que también afecta el estado de ánimo de las personas, a diario, en todo el mundo”, explica Siqi Zheng, uno de los autores principales de la investigación. El calor extremo, según los datos, no solo agota: distorsiona la forma en que transitamos nuestra rutina.

En Chile, esta discusión llega en momentos donde las olas de calor son cada vez más frecuentes. Pedro Chaná, médico cirujano especialista en neurología y académico de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Santiago, confirma que el fenómeno es real y creciente. “Hay bastante evidencia, y de buena calidad, sobre que el calor ambiental tiene efectos significativos en la salud mental y el estado de ánimo. En este último tiempo el aumento de la temperatura se ha asociado con un incremento de los síntomas de ansiedad, irritabilidad y un empeoramiento del bienestar emocional”, señaló en Diario Usach. Y aunque el calor golpea a todos, no lo hace con la misma fuerza. “Sin embargo, hay poblaciones que tienen mayor vulnerabilidad, especialmente aquellas que están previamente afectadas por problemas de salud mental”, precisó.

El nivel socioeconómico, las condiciones de la vivienda, la edad avanzada, los problemas de salud y la capacidad de adaptación al calor se combinan como pequeñas piezas de un rompecabezas que determinan cuán fuerte impacta la temperatura en nuestro ánimo. La experiencia cotidiana lo confirma: cuando la ciudad arde, no todos tienen aire acondicionado, sombra ni infraestructura para resistir el golpe térmico. Para Chaná, estas desigualdades intensifican la carga emocional que trae cada ola de calor.

El mal humor también aparece al volante. Ya en los años 80, investigaciones demostraban que mientras más subía la temperatura, más probable era que los conductores tocaran la bocina. Aquellos con ventanillas abajo y sin aire acondicionado eran especialmente propensos a reaccionar con rabia. Décadas después, las conclusiones siguen vigentes. “Con temperaturas elevadas, entre 26 y 30 grados, se demuestra que aparece una percepción de incomodidad térmica, donde pueden aparecer molestias físicas, como irritación de las mucosas, dolor de cabeza, dificultad para pensar con claridad o concentrarse”, sostuvo el especialista.

El ambiente laboral tampoco queda fuera de esta ecuación. La clásica y eterna pelea por la temperatura ideal del aire acondicionado es apenas la superficie del problema. “Se repercute con una disminución del rendimiento laboral y un aumento de la fatiga y el malestar. Además, en lo social se ha relacionado estos ambientes con conductas disruptivas en el ambiente laboral. Especialmente en temperaturas superiores a los treinta grados y marcadamente sobre los 32 grados”, explicó Chaná. Una oficina caliente no solo incomoda: tensa, desgasta y rompe dinámicas de convivencia.

La ciencia va aún más lejos y revela que el calor actúa como un detonador biológico. “Hay evidencia de que el calor afecta en diferentes niveles, por ejemplo, en el sistema endocrino, inmunológico y metabólico. Por ejemplo, calores superiores a los cuarenta grados elevan el cortisol, activan el eje hipotálamo, el sistema simpático, entre otras cosas. Se habla de estrés térmico. En resumen, podemos decir que el calor actúa como un potente factor fisiológico de estrés que debe ser manejado en todo ambiente”, concluyó el neurólogo. Lo que sentimos no es exageración: es el cuerpo respondiendo a un ambiente que se vuelve hostil.

Mientras Chile enfrenta veranos cada vez más extremos, queda claro que el calor no solo derrite el hielo del freezer. También derrite la paciencia, el equilibrio emocional y la capacidad de transitar el día sin estallar. Entenderlo —y prepararse para ello— parece ser el nuevo desafío urbano en tiempos de crisis climática.

Precauciones urgentes para una Navidad más segura

Cada diciembre, los barrios de Santiago y distintas regiones del país se transforman en un mapa luminoso. Balcones envueltos en guirnaldas LED, fachadas que destellan al ritmo de villancicos electrónicos y árboles que compiten en brillo con cualquier vitrina del centro. Las redes sociales impulsan nuevas tendencias y las familias replican, con orgullo, decoraciones cada vez más elaboradas. Pero mientras Chile se deslumbra con esta estética festiva, un riesgo silencioso crece en paralelo: la seguridad eléctrica de los adornos que se instalan sin mayor revisión ni cuidado técnico.

El académico Héctor Chávez, del Departamento de Ingeniería Eléctrica de la Universidad de Santiago, advierte que el principal foco de peligro está en los cables. Según explicó a Diario Usach, detrás de cada instalación navideña se acumulan tensiones, tirones y esfuerzos para los que muchos productos, sobre todo los más económicos, no están diseñados. “Los elementos que van conectando las luces pueden estar sujetos a atracciones mecánicas. La gente los toma, incluso a veces las mascotas son buenas para jugar con esos cables, y esos cables deberían tener una buena resistencia a la atracción mecánica, a que los tiren”, señaló. Su comentario deja al descubierto un problema habitual: cuando la luz deja de funcionar, el cable no necesariamente deja de estar energizado.

El académico agrega que este escenario puede desencadenar accidentes más graves de lo que muchos creen. “Ahí alguien lo toca, o bien puede producirse un arco eléctrico (…) y esos arcos producen la quema, o puede ser que algo, como la rama del árbol de Navidad o un adorno de tela, pueda incendiarse”. La escena, común en celebraciones domésticas, se vuelve todavía más crítica cuando se trata de luces instaladas por niños o ubicadas cerca de materiales inflamables. Lo que comienza como un desperfecto menor puede convertirse en un principio de incendio en segundos.

Otro punto que preocupa a Chávez es la creciente tendencia a instalar decoraciones exteriores inspiradas en modelos internacionales. La presión estética que circula en redes sociales ha llevado a muchas familias a decorar terrazas y balcones con productos que no están diseñados para soportar las condiciones climáticas locales. “Las luces adaptadas para ambientes exteriores soportan el splash de agua, la lluvia, el riego, la acumulación de humedad”, afirma. Cuando esa resistencia no existe, el agua puede ingresar a zonas activas del artefacto, generando cortocircuitos o transmitiendo electricidad directamente a quien toque la estructura.

El académico insiste en que el problema no es simplemente técnico, sino también cultural. En la mayoría de los hogares, no se verifica si el producto es apto para exterior, si viene sellado contra humedad o si cuenta con materiales aislantes. Chávez es claro respecto a la condición ideal: “El artefacto tendría que estar completamente aislado, encapsulado, para que al contacto con el agua esa agua no ingrese”. Sin esa protección, cada adorno se vuelve una lotería de riesgos.

En Chile, la fiscalización de este tipo de artefactos recae en la Superintendencia de Electricidad y Combustibles (SEC), entidad que certifica que cada producto cumpla con los estándares necesarios. Sin embargo, la verificación todavía no es un hábito instalado en la ciudadanía. “Todos los artefactos eléctricos debieran tenerlo (…) es un código QR que uno lo ve en todos los artefactos eléctricos”, recuerda el académico. Esa etiqueta, tantas veces ignorada, es hoy una de las barreras más efectivas para prevenir accidentes, evitar cortocircuitos y asegurar una temporada festiva sin emergencias domésticas.

Mientras los barrios ya brillan anticipando la Navidad, la advertencia es clara: la belleza de las luces no debe eclipsar la seguridad. La instalación responsable, la elección de productos certificados y la atención al uso adecuado pueden marcar la diferencia entre una celebración alegre y un susto mayor.

Jornada pone el VIH al centro de la conversación pública

Santiago vivió este miércoles una de esas jornadas que recuerdan por qué la salud pública necesita salir a la calle. Cerca de 200 personas llegaron al Complejo Universitario VM20 para participar en la jornada gratuita de detección precoz de VIH organizada por la Universidad de Chile en conjunto con profesionales del Hospital Clínico. La iniciativa —abierta a estudiantes, funcionarios y habitantes del sector— buscó reforzar el diagnóstico temprano en un contexto donde el virus sigue siendo un desafío urgente tanto dentro como fuera del país. El llamado es claro: testearse salva vidas y es una herramienta esencial para frenar la transmisión.

El panorama internacional tampoco da respiro. Según ONUSIDA, en 2024, alrededor de 5,3 millones de personas en el mundo no sabían que vivían con VIH, lo que reduce las posibilidades de acceder a tratamiento oportuno y aumenta el riesgo de nuevos contagios. Hoy, 40,8 millones de personas conviven con el virus y solo durante el último año 1,3 millones adquirieron la infección. Las cifras hablan por sí solas y sitúan al testeo como un pilar fundamental en la estrategia global de prevención.

En Chile, la situación también exige acción. Así lo explicó el Dr. Alejandro Afani, director del Centro VIH del Hospital Clínico de la U. de Chile, quien enfatizó que “en Chile hay más de 90 mil personas viviendo con VIH y se estima que al menos 10 mil aún desconocen su diagnóstico. Por eso, el test es fundamental para reducir la brecha entre quienes viven con el virus y aún no lo saben. Por un lado, permite iniciar rápidamente el tratamiento, evitando que la enfermedad progrese, y por otro, una persona que accede a terapia y alcanza una carga viral indetectable no transmite el virus. Por lo tanto, tiene un impacto fundamental en la salud pública, es decir, hoy día tratar es prevenir también”. Su mensaje es categórico: la prevención y el acceso a tratamiento van de la mano.

La actividad —instalada en el nuevo espacio VM20 que articula vida universitaria y comunidad— también fue una oportunidad para reforzar la educación en salud sexual. La vicerrectora de Asuntos Estudiantiles y Comunitarios, Josiane Bonnefoy, recalcó la importancia del diagnóstico temprano señalando que “cualquier medida preventiva y la promoción del testeo es fundamental para reducir los diagnósticos tardíos. Con los avances de la medicina, el VIH es una condición controlable, si se detecta a tiempo. Además, el testeo permite articular programas de salud sexual y reproductiva, especialmente considerando el aumento de las infecciones de transmisión sexual en los últimos años, en particular entre jóvenes”. Su llamado apunta a vencer el miedo, informarse y asumir una cultura de autocuidado.

El estigma sigue siendo una barrera. Por eso el testimonio de estudiantes como Tomás Medina, de Administración Pública, es una pieza crucial en la conversación. “Estas instancias me parecen muy importantes porque el VIH todavía arrastra mucho estigma. Por eso es clave normalizar y decir que está bien venir a hacerse un examen: no es el fin del mundo y existe tratamiento. A menudo se confunden el SIDA y el VIH, pero no son lo mismo. Hoy contamos con tratamientos eficaces y con seguimiento”, afirmó. La generación joven toma la palabra para desarticular prejuicios que aún persisten en el imaginario social.

Desde el Ministerio de Salud también hubo respaldo directo. El Dr. Leonardo Chanqueo, jefe del Programa Nacional de VIH e ITS, asistió a la actividad y destacó el rol articulador de la Universidad de Chile en el territorio. “Desde el Ministerio de Salud valoramos y felicitamos que se realicen este tipo de instancias de testeo, porque necesitamos visibilizar el VIH. Tenemos que hablar de VIH todos los días, poner el tema sobre la mesa y motivar a que las personas vengan a testearse (…) Trabajar con aliados clave como la Universidad de Chile es fundamental, ya que nos permite llegar a las poblaciones donde queremos estar, especialmente los jóvenes”, afirmó. Una señal potente de que la estrategia preventiva debe ser multisectorial.

La jornada también marcó un hito para la Clínica Universidad de Chile Quilín, que instaló un stand preventivo ofreciendo controles de presión arterial, glicemia, peso y talla, integrando la salud sexual en un enfoque más amplio de bienestar. Esta participación corresponde a su primera acción de extensión bajo una estrategia institucional que busca acercar servicios preventivos a la comunidad y promover una atención más humana, accesible y conectada con las necesidades reales de las personas. Testeo, acompañamiento y educación se unieron en una misma jornada que apuntó directamente a reforzar el cuidado colectivo.

El mapa emocional de las pesadillas

Despertar de golpe, con el corazón desbocado y la sensación de haber estado atrapado en un peligro real, es un momento que muchos prefieren olvidar rápido. Pero las pesadillas, lejos de ser un fenómeno aislado o anecdótico, conviven con millones de personas en todo el mundo. La American Academy of Sleep Medicine estima que entre el 50% y el 85% de la población ha experimentado alguna vez este tipo de sueños vívidos y perturbadores. No importa la edad ni el momento de la vida: el miedo nocturno es un visitante inesperado que aparece cuando quiere y sin pedir permiso.

En Chile, así como en cualquier parte, la pregunta se repite: ¿por qué soñamos cosas tan inquietantes? Para despejar dudas, conversamos con Pedro Chaná, médico cirujano y especialista en neurología de la Universidad de Santiago, quien explica que las pesadillas están directamente ligadas a un proceso fisiológico del sueño. “Para interpretar las pesadillas, tenemos que entender que son parte del proceso fisiológico de dormir, normalmente durante la etapa conocida como de sueño R.E.M. en que hay mayor actividad del cerebro y hay movimientos oculares”, señaló a Diario Usach. En esa fase, el cerebro se enciende, las emociones se mezclan y los recuerdos se reorganizan, dando paso a escenarios intensos que pueden terminar en un despertar abrupto.

Chaná también profundiza sobre el rol emocional de las pesadillas. “Se asocia a la presentación de sueños vívidos y pesadillas, estos fenómenos se explican desde el punto de vista fisiológico, pero también tienen una representación psicológica para estar relacionados con mecanismo de adaptación emocional”. El especialista detalla que este tipo de sueños, cargados de contenido negativo, activan respuestas físicas como la sudoración y la taquicardia. A veces se recuerdan con claridad y a veces no, dependiendo del momento del ciclo en que ocurre el despertar.

Otro mito clásico vincula las pesadillas con lo que comemos antes de dormir. Y aunque suena a consejo que podría dar cualquier abuela, la ciencia ha intentado entender el vínculo. Un estudio de la Universidad MacEwan, publicado en Frontiers in Psychology, consultó a más de mil estudiantes sobre sus hábitos de alimentación y la relación con sus sueños. Los postres, dulces y lácteos fueron percibidos por los propios encuestados como los alimentos que más afectan la calidad del sueño y generan sueños “extraños” o “perturbadores”. El investigador Tore Nielsen afirmó a AFP que “sabemos que las emociones negativas experimentadas en estado de vigilia pueden prolongarse en los sueños. Probablemente ocurre lo mismo con aquellas que emergen a causa de trastornos digestivos ocurridos durante el sueño”.

Chaná coincide parcialmente con esa intuición popular, pero advierte que falta evidencia robusta: “Aunque no hay mucha evidencia científica, la cultura popular plantea la posibilidad de que algunos alimentos induzcan pesadillas, especialmente aquellos que contienen más contenidos grasos y retardan el vaciamiento gástrico o también el comer en forma excesiva”. El especialista agrega que estimulantes como ciertos fármacos o bebidas pueden exacerbar estos episodios, sobre todo cuando hay estrés o ansiedad acumulada.

Una pregunta clave es cuándo una pesadilla pasa de ser normal a convertirse en un problema. Chaná aclara que no se trata de algo “bueno” o “malo”, sino del impacto en la vida cotidiana. Si se hacen recurrentes o generan miedo a la hora de dormir, podrían indicar un trasfondo emocional que vale la pena atender. “En general, esto estaría representando fenómenos psicológicos o emocionales que están activando estos procesos o pesadillas”, puntualiza. Y aunque no existe una fórmula mágica para evitarlas, sí hay caminos para reducir su frecuencia: mejorar la higiene del sueño, bajar las tensiones acumuladas del día y hacerse cargo de las emociones pendientes.

Mientras la ciencia sigue buscando respuestas, la realidad es que las pesadillas nos recuerdan algo básico pero profundo: incluso cuando dormimos, la mente sigue trabajando, procesando lo que a veces no logramos enfrentar despiertos. Y en ese territorio ambiguo entre el descanso y el miedo, todos somos vulnerables.

Segundo peak de influenza golpea tarde, pero fuerte

Con la llegada de la primavera, el aire en Santiago se vuelve más liviano, los parques se llenan y la gente comienza a dejar las mascarillas en casa. Sin embargo, mientras la ciudad florece, los virus respiratorios parecen haber decidido quedarse. Chile enfrenta un comportamiento inusual de estos agentes, que en vez de desaparecer con el invierno, han regresado con fuerza en plena temporada cálida. La influenza y el rinovirus están liderando una ola de contagios que rompe los patrones estacionales conocidos y vuelve a tensionar al sistema de salud.

De acuerdo con los datos más recientes del Instituto de Salud Pública, durante la semana epidemiológica 42 —entre el 12 y el 18 de octubre— la positividad de circulación viral alcanzó un 51%, superando los registros del mismo periodo en 2024. Esto implica que más de la mitad de las muestras analizadas resultaron positivas a algún virus respiratorio, un indicador que en otros años tiende a caer significativamente después del invierno.

“El país ya lleva varias semanas con un aumento significativo de virus respiratorios, alcanzando un nuevo peak que normalmente se da más temprano en el año”, explica el infectólogo Ignacio Silva, académico de la Escuela de Medicina de la Universidad de Santiago de Chile. “Este año, el segundo peak de influenza ha llegado un poco más tardío de lo habitual, comparado con fines de septiembre o principios de octubre”.

El especialista advierte que uno de los factores detrás de este repunte podría ser la pérdida de inmunidad en parte de la población. “La protección de la vacuna contra la influenza dura aproximadamente seis meses”, señala Silva. “Esto significa que muchas personas que no se vacunaron en invierno o que ya han perdido inmunidad podrían enfrentar un mayor riesgo, generando presión en los servicios de urgencia y hospitales”, sostuvo en conversación con Diario Usach.

Para enfrentar este panorama, el infectólogo recomienda mantener medidas básicas de autocuidado, incluso en primavera. “Lavarse las manos regularmente, ventilar los espacios cerrados y preferir actividades al aire libre son acciones simples que reducen el contagio”, explica. También sugiere el uso de mascarillas ante cualquier síntoma respiratorio, recordando que muchas veces es difícil distinguir un cuadro viral de una alergia estacional. “La diferencia principal es que los virus respiratorios suelen generar tos, dolor de garganta y fiebre, mientras que la alergia provoca secreción nasal, picazón ocular y molestias leves sin afectar la energía diaria”.

Silva destaca además que la influenza puede manifestarse con síntomas más intensos y un impacto general mayor en el organismo. “Provoca fatiga y dolores musculares. Ante la duda, es mejor usar mascarilla para proteger a otros y acudir a la atención primaria, como SAP o SAR, evitando sobrecargar los servicios de urgencia que deben concentrarse en casos graves”, concluye. En un país que aún recuerda la vulnerabilidad de los tiempos de pandemia, las palabras del especialista funcionan como una advertencia: los virus no respetan estaciones, y la prevención sigue siendo la mejor herramienta.

Los “hermanos riñones” que conquistaron TikTok

En TikTok, donde los trends van y vienen al ritmo de los algoritmos, un video protagonizado por dos personajes disfrazados de riñones rompió la barrera del simple entretenimiento. Con humor y ternura, los llamados “hermanos riñones” lograron explicar de manera directa por qué beber agua no es solo un acto reflejo de sed, sino una necesidad vital para mantener el equilibrio del cuerpo. El clip, que muestra a ambos órganos intentando compensarse hasta colapsar por deshidratación, deja una moraleja clara y urgente: sin agua, el cuerpo no puede sostenerse.

El impacto fue inmediato. En cuestión de días, miles de usuarios y usuarias comentaron que habían cambiado su relación con el agua. Algunos reemplazaron las bebidas azucaradas por botellas reutilizables, otros instalaron recordatorios para hidratarse a lo largo del día. Lo que comenzó como una pieza lúdica terminó generando un cambio conductual real en un público joven que suele informarse y educarse a través de las redes. En tiempos de infoxicación, donde la desinformación circula con la misma velocidad que los memes, este tipo de contenido se vuelve un puente entre el conocimiento científico y el lenguaje cotidiano.

La nutricionista Daniela González, académica de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Santiago, valora este tipo de iniciativas digitales: “Ilustran la importancia de algunos hábitos”, señala, aunque también advierte que “a veces se corre el riesgo de decir cualquier cosa detrás de un personaje sin evidencia científica”. Su llamado es claro: el humor y la pedagogía pueden coexistir, pero deben hacerlo con responsabilidad. La línea que separa el dato útil de la pseudociencia es delgada, especialmente en plataformas donde lo viral pesa más que lo verificado.

Desde el punto de vista médico, González aclara que la recomendación general es consumir alrededor de dos litros de agua al día —unos ocho vasos—, aunque la cifra no es una fórmula rígida. “Dependerá de las circunstancias de cada persona. Si realiza actividad física intensa, vive en un clima seco o tiene una dieta alta en proteína y fibra, probablemente necesitará más agua. Lo mismo si presenta fiebre, vómitos o diarrea, porque el cuerpo pierde líquido más rápido”, explica. En resumen, no hay un número mágico: el cuerpo avisa, y hay que aprender a escucharlo.

Entre las señales que indican falta de agua, la especialista menciona la sed, la boca seca, la reducción de la orina o su color oscuro. “Algunas veces se puede sentir cansancio, debilidad o dolores de cabeza, porque la falta de agua reduce el rendimiento físico y mental”, agrega. Son signos simples pero decisivos que, como muestran los “hermanos riñones”, pueden pasar desapercibidos hasta que el organismo empieza a resentirse.

Más allá de la moda del “agua challenge”, los expertos recuerdan que este líquido no solo hidrata, sino que es el motor de la vida. Cerca del 65% de nuestro peso corporal es agua, y cada célula depende de ella para funcionar. “Tiene un rol súper importante en la regulación de la temperatura corporal, a través del sudor. También actúa como lubricante de las articulaciones, protege órganos y tejidos sensibles, y mantiene la estructura de las células”, detalla González. No beber agua puede llegar incluso a ser incompatible con la vida, advierte, porque el agua participa en todos los procesos vitales, desde la eliminación de toxinas hasta la protección de los órganos internos.

El viral de los “hermanos riñones” no solo entretuvo: recordó, entre risas y drama, una verdad que a menudo olvidamos. En una era saturada de información y estímulos, a veces basta una historia simple, dos trajes de felpa y un mensaje honesto para que millones recuerden lo esencial. Beber agua no es una moda. Es supervivencia.

La detección oportuna del cáncer de mama aún enfrenta barreras invisibles

Octubre tiñe el mundo de rosa y recuerda la urgencia de hablar sobre el cáncer de mama, una enfermedad que sigue siendo la principal causa de muerte oncológica en mujeres chilenas. Aunque la medicina ha avanzado en diagnóstico y tratamiento, las brechas de acceso, el miedo y la desinformación siguen levantando muros entre las mujeres y una detección a tiempo. Lo más alarmante es que más del 85% de los casos en Chile aparecen en mujeres sin antecedentes familiares, lo que deja claro que la prevención no puede depender solo del azar genético o de un mes simbólico.

Detectar a tiempo marca la diferencia entre vivir y no hacerlo. La matrona Estefanía de la Peña, del Centro de Salud Usach, subraya que cuando el cáncer se identifica en etapas iniciales, la sobrevida supera el 90%. Pero si se llega tarde, las probabilidades se desploman. “La detección precoz permite diagnosticar el cáncer de mama en etapas iniciales, con tratamientos más efectivos y menos invasivos, reduciendo la mortalidad y mejorando la calidad de vida al evitar cirugías radicales y terapias agresivas”, comentó la especialista a Diario Usach. Su mensaje es directo: no se trata solo de salvar vidas, sino de evitar sufrimientos innecesarios.

En Chile, el sistema GES garantiza una mamografía gratuita cada tres años para mujeres entre 50 y 69 años. Sin embargo, muchos expertos recomiendan comenzar antes. “Se sugiere comenzar desde los 40 años con controles mamográficos anuales, sobre todo si existen factores de riesgo como antecedentes familiares de cáncer de mama. Una técnica para no olvidar la toma de mamografía anual es asociarla al día de tu cumpleaños y ‘regalarte una mamografía’”, agrega de la Peña. La idea es simple, pero potente: transformar la prevención en un hábito personal, en un gesto de autocuidado y amor propio.

La Fundación Arturo López Pérez (FALP) ha demostrado que el acceso puede cambiarlo todo. Sus clínicas móviles han recorrido el país llevando mamógrafos a zonas rurales y comunas donde no hay infraestructura médica suficiente. “Desde su inicio, el programa ha realizado más de 420.000 mamografías, y solo en 2024 hicimos alrededor de 50.000. Eso representa cerca del 10% de todas las mamografías realizadas en el país ese año”, explicó el Dr. José Miguel Bernucci, director de Prevención y Detección Precoz del Cáncer de FALP. De esas 50.000 pruebas, 350 mujeres fueron derivadas por resultados alterados, lo que significa que sin este programa, probablemente muchas de ellas no habrían sido diagnosticadas a tiempo.

Pero el problema de fondo sigue siendo estructural. La cobertura nacional de mamografías apenas alcanza el 40% en el grupo objetivo, muy por debajo del mínimo del 70% recomendado por la OMS. “El problema no es solo de tiempo o dinero. Muchas mujeres ni siquiera saben que deben hacerse la mamografía”, advierte Bernucci. El desafío, dice, no está solo en los hospitales, sino en la conciencia colectiva: aumentar el presupuesto, mejorar la comunicación y acercar los servicios al entorno laboral o familiar podría marcar un punto de inflexión.

En los últimos años, el país ha avanzado en políticas públicas. La Ley Nacional del Cáncer, promulgada en 2020, busca equidad en el acceso y financia investigación. Desde 2023, las trabajadoras mayores de 40 años pueden tomarse medio día laboral para realizarse una mamografía, y ya no se necesita orden médica para mujeres de 50 a 59 años. Además, desde 2025, se incorporó un tratamiento gratuito para el cáncer de mama triple negativo, uno de los más agresivos. Sin embargo, los expertos coinciden en que sin educación y voluntad política, las leyes pierden fuerza.

Desde FALP proyectan que si la cobertura de mamografías aumentara, la mortalidad podría reducirse hasta en un 30%. Eso requiere más que recursos: requiere conciencia. Alimentación equilibrada, actividad física, reducción del consumo de alcohol y tabaco son también parte de la ecuación. Porque la prevención empieza mucho antes de un diagnóstico. Octubre puede ser el mes de la visibilización, pero la lucha debe ser permanente. Nueve de cada diez mujeres podrían sobrevivir al cáncer de mama si se detecta a tiempo. Esa estadística debería bastar para entender que la detección oportuna no es solo una recomendación médica: es un derecho que aún necesita ser garantizado.

Expertos desmienten vínculo entre paracetamol y autismo en embarazadas

Las recientes declaraciones del expresidente estadounidense Donald Trump advirtiendo sobre los supuestos riesgos del paracetamol durante el embarazo y su vinculación con el autismo encendieron la polémica en redes y medios globales. Según Trump, las mujeres deberían limitar el uso de Tylenol a menos que fuese estrictamente necesario, asegurando que su consumo podría “estar asociado con un riesgo muy elevado de autismo”. Sin embargo, especialistas y organismos científicos han salido rápidamente a desmentir estas afirmaciones, calificándolas de infundadas y peligrosas.

Leonel Rojo, toxicólogo y académico de la Facultad de Química y Biología de la Universidad de Santiago, sostuvo que “los estudios epidemiológicos ni los basados en meta análisis permiten concluir la existencia de una relación entre el autismo y el paracetamol”. El especialista enfatizó que este medicamento “tiene buenas propiedades analgésicas, antipiréticas y es muy seguro”, y que las declaraciones de Trump deben tomarse “con bastante calma”. Rojo aclaró además que las investigaciones que han intentado vincular el analgésico con autismo consideraron dosis extremadamente altas, muy alejadas del consumo habitual en mujeres embarazadas.

En la misma línea, Pablo Salinas, neurólogo de la Clínica Universidad de Chile Quilín, destacó que “la evidencia científica ha desmentido categóricamente la asociación entre uso de paracetamol en el embarazo y la aparición de neurodivergencia en recién nacido”. Salinas advirtió sobre la irresponsabilidad de difundir afirmaciones de este tipo: “A mí manera de ver es una falta de respeto para las personas neurodivergentes y su familia, lo que habla claramente de la altura moral de las personas que dicen esas mentiras, sobre todo quienes son líderes de opinión”.

Organismos internacionales respaldan esta postura. La Agencia Europea de Medicamentos (EMA) afirmó que “no existe evidencia que vincule una exposición al paracetamol en el útero con el desarrollo de trastornos del desarrollo neurológico, como el autismo”. Steffen Thirstrup, director médico de la EMA, recalcó que el paracetamol “sigue siendo una opción importante para tratar el dolor o la fiebre en mujeres embarazadas” y que sus conclusiones se basan en “una evaluación rigurosa de los datos científicos disponibles”. De manera similar, la Organización Mundial de la Salud (OMS) pidió “prudencia antes de concluir que existe una relación causal” entre el paracetamol y el autismo.

La controversia se intensificó debido a que Trump mencionó que su equipo implementaría un sistema llamado “Gold Standard Science” para abordar el aumento de los casos de autismo en Estados Unidos, incluyendo la modificación de la etiqueta de seguridad del medicamento en ese país. Sin embargo, la comunidad científica coincide en que estas medidas carecen de sustento científico y podrían generar alarma innecesaria entre mujeres embarazadas que utilizan este fármaco de manera responsable.

Ante la confusión, los expertos coinciden en que el paracetamol sigue siendo un analgésico seguro y eficaz cuando se administra de acuerdo al peso y la condición fisiológica de la paciente. Rojo subraya que este medicamento representa una de las opciones más confiables para controlar fiebre y dolor durante la gestación, mientras que Salinas insiste en que “es absolutamente falso que haya una asociación entre paracetamol y autismo”. La recomendación general es mantener la calma, consultar siempre con un profesional de salud y no dejarse llevar por afirmaciones sin evidencia científica.

Cómo enfrentar la acidez sin arruinar las celebraciones patrias

En Chile, septiembre siempre llega cargado de asados, empanadas, anticuchos, terremotos y fondas interminables. Las Fiestas Patrias son un momento de identidad y encuentro, pero también una prueba de fuego para el estómago. La acidez, ese ardor incómodo en la boca del estómago que puede arruinar la celebración, se vuelve tan común como la cueca o el volantín. Millones de personas lo sufren y, según especialistas, muchas veces la automedicación es la primera reacción frente al malestar.

El profesor Mario Rivera Meza, académico del Departamento de Química Farmacológica y Toxicológica de la Universidad de Chile, lo explica sin rodeos: “En general, son sustancias que uno les llama bases. Estas sustancias básicas al combinarse con el ácido se neutralizan entre ellas y con eso se calma y disminuye esa sensación de ardor”. Con esto se refiere a los antiácidos, medicamentos de venta libre que lideran la estrategia contra la acidez durante los días de celebraciones.

Estos antiácidos suelen estar compuestos por sales de magnesio y aluminio, y se comercializan principalmente en tabletas masticables o para tragar con agua. Su función es rápida y concreta: neutralizar el exceso de ácido en el estómago. Algunos formatos incluyen alginato, una sustancia que aumenta la densidad del moco gástrico, ayudando a proteger los tejidos del estómago y el esófago de la irritación. Otros suman simeticona, un compuesto que reduce la flatulencia y los gases intestinales, una ayuda no menor tras varias horas de chicha y choripanes.

Las versiones líquidas de estos medicamentos son otro recurso común, ya que actúan de manera más rápida, aunque requieren agitarse antes de usarse. En el imaginario popular chileno, la sal de fruta también ocupa un lugar protagonista. Este preparado combina bicarbonato de sodio y ácido cítrico: el primero neutraliza el ácido, mientras el segundo genera las clásicas burbujas que hacen más refrescante su consumo. “Se recomienda colocar el agua primero y después poner la sal de fruta, porque si no se sube. La sal de fruta tiene algunas contraindicaciones porque tiene alto contenido de sodio”, advierte Rivera, recalcando que quienes sufren de hipertensión arterial deben consumirla con especial cuidado.

El especialista también apunta a un factor clave: los antiácidos no deben convertirse en un hábito constante. Funcionan para episodios puntuales, pero en casos de molestias crónicas lo indicado es acudir a un médico, ya que existen medicamentos más específicos para problemas como úlceras, que solo se adquieren con receta. Además, los antiácidos pueden alterar la absorción de otros fármacos, un riesgo muchas veces ignorado en la automedicación. Pese a esto, se consideran seguros incluso durante el embarazo, lo que los convierte en una opción versátil para muchas personas.

En tiempos donde la sobremesa y los brindis parecen no tener fin, hablar de acidez estomacal es casi tan realista como hablar de cuecas improvisadas. La recomendación es clara: moderar el consumo, escuchar al cuerpo y, en caso de dudas, consultar a un químico farmacéutico. Porque más allá del folclor y la fiesta, cuidar la salud digestiva es también parte de celebrar con responsabilidad.