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El calor que no deja apagar la mente

Las noches de verano en Chile se han vuelto un campo de resistencia cotidiana. Cuerpos que giran sin encontrar postura, sábanas abandonadas a mitad de la madrugada, ventiladores funcionando como mantra y termómetros que se niegan a bajar de los 23 grados cuando ya pasó la medianoche. Dormir bien, en este escenario, dejó de ser un hábito automático para transformarse en un desafío de salud pública silencioso, pero persistente.

El problema no es solo la incomodidad. Según explica Daniel Sánchez, médico cirujano y director del Departamento de Promoción Integral de la Salud de la Universidad de Santiago, el descanso nocturno depende de un mecanismo fisiológico clave que el calor extremo interrumpe. “La evidencia científica demuestra que el inicio y mantenimiento del descanso nocturno dependen, en gran parte, de la capacidad del organismo para disminuir su temperatura corporal central, proceso que se ve dificultado cuando el ambiente es demasiado cálido”, advierte.

Desde la medicina, el rango ideal para dormir está claro. En adultos sanos, la temperatura ambiental óptima se sitúa entre los 18 y 22 grados. Fuera de ese margen, el cuerpo entra en conflicto. “En este rango se facilita la termorregulación normal del cuerpo y se favorece un sueño más profundo y continuo. Temperaturas por sobre los 24–25 °C se asocian a mayor número de despertares nocturnos, menor tiempo de sueño profundo y sensación de cansancio al día siguiente”, aclara Sánchez, poniendo cifras a una experiencia que muchos ya conocen en carne propia.

El entorno del dormitorio juega un rol decisivo. Ventilar durante la noche y evitar que el calor se acumule durante el día, usando cortinas o persianas, puede marcar la diferencia. “La utilización de ventiladores puede ayudar a disminuir la sensación térmica al favorecer la evaporación del sudor, siempre evitando el flujo directo sobre el cuerpo. Cuando se dispone de aire acondicionado, su uso moderado y regulado hacia el rango recomendado puede ser beneficioso”, explica el especialista, bajando la ansiedad tecnológica a un uso más consciente.

También hay detalles que suelen pasarse por alto y que influyen directamente en el descanso. “La ropa de cama y el pijama deben ser livianos y de fibras naturales, como algodón o lino, que permiten una mejor transpiración”, señala Sánchez. A eso se suma una práctica simple, pero efectiva: la ducha previa al sueño. “Favorece la vasodilatación periférica y la posterior pérdida de calor, facilitando la conciliación del sueño”, comenta el médico, desmontando el mito de que el agua fría es la única aliada contra el calor.

La alimentación y los hábitos nocturnos completan el mapa. Cenar liviano, idealmente dos o tres horas antes de acostarse, evitar el alcohol, la cafeína y las comidas muy condimentadas no es una recomendación estética, sino fisiológica. “Las comidas abundantes, el alcohol, la cafeína y los alimentos muy condimentados aumentan la activación metabólica y la temperatura corporal, lo que interfiere con el sueño, especialmente en noches calurosas”, detalla el profesional.

En este contexto, la higiene del sueño vuelve a cobrar protagonismo. Horarios regulares, menos pantallas antes de dormir y técnicas simples de relajación ayudan a bajar las revoluciones de un cuerpo que ya viene exigido por el calor. Y si aun así el descanso no llega, la recomendación es clara: consultar con un especialista. Dormir bien no es un lujo estacional, es una necesidad básica para la salud física y mental, especialmente en un país que enfrenta olas de calor cada vez más intensas y prolongadas.

Hacer comunidad a través del relato

La historia de Jephte Jeantelus no se cuenta desde el éxito pulido ni desde la épica fácil. Se arma, más bien, desde la constancia, el acento que no se borra y la urgencia de existir en un país que no siempre está preparado para escuchar. Haitiano, migrante, cantante, estudiante de comunicación audiovisual y fundador de JBC 24, Jephte encarna una de las tantas trayectorias de la diáspora africana en Chile: la de quienes llegan sin idioma, sin red y sin garantías, pero con una convicción clara de no desaparecer.

“Me cuesta mucho hablar español porque cuando llegué a Chile yo no había hablado nada”, dice sin rodeos. Aun así, insiste. “Hasta ahora no hablo perfecto, pero entendí algo. Pero yo creo que Chile me sigue bien”. La frase, sencilla y quebrada, condensa una experiencia compartida por miles de personas afrodescendientes que han hecho de Chile su lugar de residencia, aun cuando ese lugar no siempre devuelva la bienvenida de manera explícita. Para Jephte, el agradecimiento convive con la conciencia del esfuerzo: “El chileno nos ayuda, nos da oportunidad de estudiar, de todo. Gracias, a Chile”.

JBC 24 nace desde esa necesidad de narrarse. Primero como un proyecto colectivo, luego como una responsabilidad personal. “Al principio nosotros éramos tres… pero los dos se abandonaron la idea y bueno, ahora soy Jephte JBC 24”. Hoy, el nombre significa Jephte Broadcasting Channel y funciona como una plataforma que escribe sobre lo que ocurre en la comunidad haitiana en Chile, visibilizando artistas, procesos y luchas que rara vez entran en la agenda central. Este año, además, el proyecto dio un giro simbólico: pasar de destacar a “el mejor artista” a premiar a “la gente que hace algo bueno en Chile”.

Nada de eso ocurre sin costo. La octava edición del evento —la primera con premiación formal— se levantó sin sponsors, sin animadores y sin equipo completo. “Yo tenía que hacer todo para allá, para acá porque el evento tenía que hacer hoy”, relata. El financiamiento tampoco apareció como promesa cumplida. “Plan A era con los sponsor… no dice nada. Plan B era sacar el dinero en el sitio web… no se alcanza. Entonces plan C: mi plata”. La frase no busca victimizar, sino dejar constancia de una realidad habitual en los proyectos afrodescendientes: autogestión, desgaste y fe. “Gasto todo mi energía en este evento”, resume.

Pero hay heridas más profundas que el cansancio. Ser afrodescendiente en Chile implica, muchas veces, enfrentar el prejuicio directo. Jephte lo recuerda con nitidez. En la universidad, una profesora no le permitió rendir una evaluación práctica por llegar tarde, mientras que a una estudiante chilena sí. “Eso me marcó mucho. Yo me pregunto si por qué soy negro”. Antes, en Las Condes, mientras trabajaba arreglando casas, escuchó a una niña decirle a su madre: “Ay, mamá, ahí viene un perro negro”. No hubo insulto explícito, pero sí una violencia cotidiana que se incrusta. “Eso me quedó mal ese tiempo”, dice, sin dramatizar, pero sin olvidar.

Frente a ese escenario, la respuesta no ha sido el repliegue, sino la comunidad. “Lo más bueno es la unión de la comunidad afro”, afirma. Haitianos, venezolanos, colombianos, afrodescendientes que se reconocen en una historia compartida. “No importa si venimos de Haití, de Venezuela, de Colombia. Tenemos que unirnos, somos misma sangre”. En esa frase se cruza la memoria africana con la experiencia migrante en Chile, y se configura una identidad que no pide permiso para existir.

El cierre de su relato no es ingenuo ni grandilocuente. Es una advertencia y, al mismo tiempo, una invitación. “Si quieres hacer algo, dale todo tu alma y vas para adelante”, dice, recordando a su madre y el miedo de estudiar periodismo en un país donde ejercerlo puede costar la vida. Para las nuevas generaciones afrodescendientes que crecen o migran a Chile, su mensaje es claro: aprender de quienes van delante, insistir incluso cuando el camino se vuelve hostil y no soltar la voz. Porque en un país que todavía está aprendiendo a mirarse diverso, contar la propia historia también es una forma de resistencia.

Corredores humanitarios y la difusa frontera entre control y protección

La propuesta del presidente electo José Antonio Kast de impulsar corredores humanitarios para enfrentar la crisis migratoria que vive Chile volvió a encender un debate que cruza la política, la academia y el terreno social. La idea tomó forma tras su viaje relámpago a Quito, con escala en Lima, y su reunión con el mandatario ecuatoriano Daniel Noboa, donde planteó la necesidad de coordinar a los países de la región para facilitar el retorno de personas migrantes en situación irregular a sus países de origen, principalmente Venezuela.

Antes de regresar a Santiago, Kast fue explícito en el planteamiento. “Lo que hemos planteado en esta gira es ver cómo se puede realizar un corredor humanitario para las personas que están de manera irregular en Chile, en Perú, en Ecuador, puedan volver a su patria”, señaló, agregando que, pese a no reconocer al gobierno venezolano, espera que ese país “reciba a sus connacionales”. El énfasis en la coordinación regional busca instalar la iniciativa como una respuesta ordenada a un fenómeno que ha tensionado las capacidades del Estado chileno.

Sin embargo, la propuesta no tardó en generar reparos desde el mundo académico. En conversación con el programa Línea 1 de Radio Usach y TV Usach, la socióloga Daisy Margarit, directora del Magíster en Ciencias Sociales del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago, puso en duda tanto la viabilidad como el carácter humanitario del concepto aplicado al contexto migratorio latinoamericano.

Desde su análisis, Margarit advierte que hablar de corredores humanitarios en migración puede ser confuso y hasta riesgoso si se importan modelos pensados para otras realidades. “No podemos aplicar medidas que funcionan en Europa de la misma forma que en América Latina. Las geografías, las distancias, las historias y las trayectorias migratorias son completamente distintas”, señaló, recordando recorridos extremos como el cruce del Darién o las caminatas que atraviesan Colombia, Ecuador y Perú rumbo al sur del continente.

Uno de los puntos más críticos, según la académica, es que estos corredores tienden a crear lo que denomina “espacios de la espera”, zonas donde las personas quedan detenidas en un limbo administrativo. “Son espacios que pueden volverse eternos y que también vulneran derechos. Aunque se garantice cierta protección, las personas pierden su derecho a la movilidad, y la movilidad es un derecho humano”, afirmó, marcando distancia con la narrativa de solución rápida que suele acompañar estas iniciativas.

En ese marco, Margarit plantea que estabilizar la migración a través de corredores puede derivar más en una lógica de control que en una respuesta genuinamente humanitaria. “Pensar en ‘tener controladas’ a las personas a través de un corredor migratorio es una medida que requiere un sentido mucho más humanitario y un análisis profundo de sus consecuencias”, sostuvo. La advertencia apunta a un dilema de fondo: cómo enfrentar la crisis migratoria sin vaciar de contenido los principios que dicen defenderse.

Chile revisa su normativa para enfrentar la contaminación acústica

El ruido urbano volvió al centro del debate público. Esta vez no como una molestia pasajera, sino como un problema estructural que impacta directamente en la salud y la calidad de vida en las ciudades chilenas. El Ministerio del Medio Ambiente, en conjunto con el Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones, anunció el inicio del proceso de revisión del Decreto Supremo N°7, la norma que regula la emisión de ruido de vehículos livianos, medianos y motocicletas, con un foco claro en un vacío histórico de la regulación: las motocicletas en circulación.

Desde el Ejecutivo, el diagnóstico es contundente. “El ruido es un contaminante invisible que afecta la salud, el descanso y el bienestar de las personas”, afirmó la ministra del Medio Ambiente, Maisa Rojas, al presentar la iniciativa. Una definición que conecta con una experiencia cotidiana en Santiago y otras grandes urbes del país, donde el tránsito vehicular se ha consolidado como la principal fuente de contaminación acústica.

El ministro de Transportes y Telecomunicaciones, Juan Carlos Muñoz, puso el acento en las limitaciones del marco actual y en la necesidad de avanzar hacia mecanismos de control más efectivos. “Este trabajo busca analizar nuevas maneras para controlar el cumplimiento de los niveles de ruido de un vehículo, especialmente si consideramos que hoy sólo podemos certificar ese aspecto, cuando el vehículo ingresa al país y es homologado”, explicó, subrayando que la revisión abre la puerta a herramientas como controles en plantas de revisión técnica u otras instancias de fiscalización en terreno.

Desde el mundo académico, la advertencia es clara respecto a los efectos del ruido prolongado. “La contaminación acústica puede generar efectos graves en la salud de las personas, desde estrés y trastornos del sueño hasta pérdida auditiva y un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, especialmente cuando existe una exposición prolongada a altos niveles de ruido”, señaló Daniel Arancibia, académico del Departamento de Ingeniería Geoespacial y Ambiental de la Universidad de Santiago. Una realidad que, según el experto, obliga a tratar el ruido con la misma seriedad que otros contaminantes ambientales.

Arancibia enfatiza que la solución no pasa por una única medida, sino por una combinación de acciones coordinadas. “Efectivamente se pueden disminuir los niveles de emisión acústica y existen varios ámbitos de acción”, afirmó, mencionando desde la mantención y fiscalización de los vehículos, hasta la gestión del tránsito, la instalación de pantallas acústicas en sectores sensibles y una transición decidida hacia la electromovilidad como horizonte de largo plazo.

El foco inicial de la revisión normativa estará puesto en las motocicletas, un parque vehicular que ha crecido un 40% en apenas cuatro años. Estudios del propio Ministerio del Medio Ambiente revelan diferencias de hasta 20 decibeles entre motocicletas nuevas homologadas y esas mismas unidades en uso, una brecha asociada principalmente a modificaciones irregulares o al deterioro de los sistemas de escape. Hoy, la norma solo controla el ruido al momento de la homologación, dejando sin herramientas efectivas el control posterior.

La publicación del decreto en el Diario Oficial marca el inicio de una etapa técnica y regulatoria que buscará cerrar ese vacío, en un contexto donde cerca del 70% de los niveles de ruido ambiental se concentran en Santiago. Más que un ajuste burocrático, la revisión del Decreto Supremo N°7 aparece como una señal política y sanitaria: el ruido dejó de ser el telón de fondo de la ciudad y pasó a ser un problema que exige respuesta.

El recorte fiscal que tensiona el arranque el gobierno de Kast

La economía asoma como el terreno donde se medirá, desde el primer minuto, la impronta del gobierno del presidente electo José Antonio Kast. Durante los primeros 90 días de administración, el foco estará puesto en un paquete de medidas que promete rebajas de impuestos a las grandes empresas, la eliminación de las contribuciones a la primera vivienda y la reintegración del sistema tributario. Todo esto ocurre mientras las proyecciones del Banco Central de Chile anticipan un escenario de mayor crecimiento para 2026, con un techo cercano al 3%, un dato que abre expectativas, pero también tensiones.

El punto de partida, sin embargo, es menos frágil de lo que muchos imaginan. En conversación con el programa Línea 1 de Radio Usach y TV Usach, el economista y académico de la Facultad de Administración y Economía de la Universidad de Santiago, Gonzalo Martner, planteó que Chile llega al cambio de mando en una posición relativamente sólida. “El crecimiento del año pasado fue de 2,6% del PIB, con un crecimiento del empleo importante y también de las remuneraciones, y estas cifras son bastante parecidas al cerrar el 2025”, señaló, describiendo un desempeño “razonable” que se ha sostenido por dos años consecutivos.

Ese escenario es, según Martner, la consecuencia de un ciclo económico abrupto y cambiante. Desde la recesión pandémica hasta la “súper expansión” de 2021, seguida por la contracción de 2022 y una posterior fase de recuperación, el país parece haber encontrado un ritmo más estable. “Esa recuperación es la que nos tiene con este ritmo ya de 2,5 o 3% de crecimiento y que permite que el próximo gobierno entre en condiciones mucho mejores en términos de crecimiento, producción, empleo e inflación, que está estrictamente bajo control”, afirmó el académico.

La advertencia aparece cuando se mira hacia adelante. Para Martner, el efecto real del programa económico de Kast dependerá de cuán rápido y profundo se implementen sus anuncios. En el corto plazo, el economista prevé un impacto contractivo. “Serían medidas que tenderían más bien a comprimir un poco la economía, porque quieren bajar gastos y bajar impuestos, compensando con una reducción del gasto y no con un aumento de impuestos en otros ámbitos”, explicó, sumando a ese cuadro las propuestas de flexibilización laboral incluidas en el programa.

El punto más sensible del debate es la idea impulsada por Jorge Quiroz, jefe del equipo económico del presidente electo, de reducir el gasto público en 6.000 millones de dólares en apenas 18 meses. Martner no duda en calificarla como “un choque fiscal enorme” y pone en cuestión su real alcance. “Corregir ineficiencias o gastos inútiles siempre es positivo, pero en esa magnitud solo tiene sentido con un giro muy fuerte en la política económica”, sostuvo.

En el trasfondo, según el académico, está la rebaja del impuesto a las empresas, especialmente a las de mayor tamaño. “No estamos hablando de bajar el IVA ni de ampliar el impuesto a la renta, sino de reducir el impuesto a las empresas”, dijo, advirtiendo que, sin un aumento de impuestos a las personas de altos ingresos, el ajuste recaerá inevitablemente en el gasto público. “La única manera de bajar esos 6.000 millones de dólares en 18 meses implica reducir alguna parte del gasto social”, afirmó, apuntando a áreas como pensiones, educación y salud. El dilema, concluye, no es solo técnico, sino profundamente político: cómo equilibrar crecimiento, responsabilidad fiscal y cohesión social en un nuevo ciclo de poder.

Rosalía como arquitecta cultural del siglo XXI

Cuando Rosalía anuncia un nuevo proyecto, el impacto ya no se mide solo en cifras, charts o récords de streaming. En los últimos años, su figura se ha convertido en un fenómeno cultural que sintetiza moda, identidad, experimentación y narrativa visual, capaz de desplazar tendencias e instalar discusiones sobre el rumbo de la cultura pop contemporánea. Con la llegada de LUX TOUR 2026, esa influencia alcanza un nuevo nivel, expandiendo el imaginario de la artista hacia territorios aún más ambiciosos.

LUX no es un disco cualquiera: es un artefacto cultural. Desde las colaboraciones con iconos como Björk y la Escolania de Montserrat, hasta la grabación con la Orquesta Sinfónica de Londres, el álbum propone un puente entre lo clásico y lo futurista. Esa mezcla es justamente lo que ha convertido a Rosalía en una artista que actúa más como arquitecta cultural que como simple intérprete.

La expansión de su figura en los últimos años refuerza esta lectura. Tras el éxito de MOTOMAMI, Rosalía no solo conquistó la música: irrumpió con fuerza en la moda global, con apariciones como su imponente look de Balmain en la Gala Met 2025, campañas para Calvin Klein o su rol como embajadora de New Balance. Su debut como actriz en Euphoria (2026) terminó de confirmar que su propuesta estética ya no pertenece únicamente al mundo de la música, sino a una narrativa cultural transversal.

A nivel simbólico, LUX representa el inicio de una nueva etapa en la conversación cultural latinoamericana. Rosalía, española pero profundamente integrada en las estéticas globales que cruzan lo urbano, lo transatlántico y lo experimental, se vuelve un espejo de un momento donde la música en español es parte fundamental de la cultura pop mundial. Su éxito en países históricamente herméticos al idioma confirma que la cultura hispanohablante ya no es periferia: es centro.

Con LUX, Rosalía no solo lanza una gira. Presenta un manifiesto estético que desafía categorías y propone una sensibilidad expansiva, emocional y radicalmente moderna. En un mundo saturado de estímulos, su apuesta por lo monumental y lo íntimo a la vez aparece como un gesto cultural que marca época y redefine cómo pensamos la música, la performance y la identidad global.

Pantallas bajo la lupa y la infancia en disputa

Mirar un celular antes de dormir, deslizar videos infinitos o responder mensajes hasta que el sueño pierda la batalla se ha vuelto una escena cotidiana en miles de hogares chilenos. Lo que antes parecía una excepción hoy es hábito: la última Encuesta Longitudinal de Primera Infancia 2024 reveló que el 54% de los adolescentes usa redes sociales por más de tres horas diarias y que un 42,7% revisa su smartphone o tablet todas las noches después de acostarse. Una rutina silenciosa que, lejos de ser neutra, empieza a encender alertas sobre sus efectos en la salud mental y el desarrollo.

El debate no es exclusivo de Chile. En Australia, el Estado decidió ir más allá y prohibió por ley el acceso a redes sociales a menores de 16 años, convirtiéndose en el primer país del mundo en aplicar una restricción de ese calibre. En Francia, el presidente Emmanuel Macron ya anunció su intención de seguir el mismo camino a partir de 2026, con advertencias explícitas al momento de ingresar a estas plataformas. El argumento es claro: proteger a niños y adolescentes de una sobreexposición digital que puede dejar huellas profundas.

¿Funcionaría una medida así en Chile? Para Roberto Vera, académico de la Universidad de Santiago de Chile y magíster en Neurociencia, la respuesta no es binaria. “No es una solución mágica, pero sí puede funcionar como barrera de contención del mismo modo que existen límites de edad para el consumo de alcohol, el tabaco o la conducción”, explica. A su juicio, cualquier restricción podría tener efectos protectores “siempre que se acompañe de educación digital, fiscalización real y alternativas de socialización”.

La advertencia tiene base científica. Vera recuerda que “sabemos con bastante certeza que el cerebro adolescente, especialmente la corteza prefrontal (responsable del control inhibitorio, la planificación y la evaluación de riesgos) no alcanza su madurez funcional sino bien entrada la adultez temprana”. El problema es que las redes sociales juegan en desventaja: están diseñadas, dice, “para explotar circuitos dopaminérgicos de recompensa inmediata, comparación social y validación externa”, generando una brecha evidente entre el poder del estímulo y la capacidad de autorregulación de los menores.

A eso se suma un diseño algorítmico optimizado para maximizar el tiempo de permanencia y la activación emocional, no necesariamente el bienestar. “Desde las neurociencias, resulta difícil no concluir en la existencia de responsabilidades morales, y potencialmente jurídicas, de las plataformas”, afirma Vera, subrayando que la evidencia sobre los efectos en cerebros en desarrollo es conocida. En ese contexto, insiste en que “la regulación estatal no es una censura, sino una protección a una población vulnerable, un principio básico de la ética pública”.

La discusión se cruza además con el aula. La eventual prohibición del uso de celulares en colegios a partir de 2026 podría ayudar, según el especialista, siempre que se aplique “con criterio pedagógico”. “El aula es uno de los pocos espacios donde el cerebro joven puede entrenar la atención sostenida, la interacción social cara a cara y la tolerancia a la frustración”, habilidades que se erosionan cuando la pantalla está siempre presente. Pero advierte que la medida debe ir acompañada de formación docente, uso pedagógico planificado de tecnología y una explicación clara a estudiantes y familias.

El cierre del debate no es complaciente. “Cuando existe evidencia robusta del daño potencial en población vulnerable, la inacción también es una forma de negligencia”, concluye Vera. Regular, en este escenario, no sería retroceder, sino asumir que el mundo digital también necesita límites cuando lo que está en juego es el desarrollo de las próximas generaciones.

El invierno europeo vuelve a encender las alertas sanitarias

El cierre temporal de escuelas, el uso voluntario de mascarillas y el refuerzo de recomendaciones preventivas en Reino Unido activaron una memoria colectiva todavía fresca. Para muchos, las imágenes que llegan desde Europa remiten de inmediato a la experiencia del Covid-19. Sin embargo, el brote que hoy tensiona a los sistemas de salud no es nuevo: se trata de una variante de la gripe A, conocida como influenza H3N2, que ya está golpeando con fuerza a países como Inglaterra, Alemania, Francia, Italia y España.

Según informó la BBC, varios establecimientos educacionales en Reino Unido han debido suspender sus actividades de manera preventiva, mientras que datos publicados por The Guardian revelan que los ingresos hospitalarios por gripe en Inglaterra alcanzan un promedio diario de 1.717 personas, con 69 pacientes en cuidados intensivos. Son cifras récord para el periodo invernal y, aunque el riesgo individual de desarrollar cuadros graves no ha aumentado de forma significativa, la magnitud del brote está generando una presión considerable sobre la red hospitalaria.

La pregunta es inevitable: ¿estamos frente a un nuevo virus? Para el infectólogo y académico de la Facultad de Ciencias Médicas de la Usach, Ignacio Silva, la respuesta es clara. En conversación con Diario Usach, explicó que “es muy importante destacar que no estamos ante un virus nuevo, este es el virus de la influenza que conocemos bien y que nos afecta todos los años”. Una aclaración clave en un contexto donde la comparación con la pandemia aparece casi de manera automática.

Silva detalló que las principales variantes que circulan a nivel global son la influenza H1N1 y la influenza H3N2, responsables de la mayoría de las campañas de invierno. “Ya lo vivimos en nuestro país en el invierno recién pasado que tuvimos un peak importante de influenza H1N1 y este segundo peak que vivimos en Chile en este último periodo, ahora en primavera, que fue justamente por influenza H3N2”, señaló. Para el especialista, lo que ocurre hoy en Europa responde a una lógica similar.

El fenómeno, explicó, tiene que ver con un adelantamiento en el inicio del aumento de los casos respiratorios. “Un adelantamiento en la fecha de inicio del ascenso de los casos de infección respiratoria. Muy similar a lo que vimos en Chile, donde se adelantó el inicio de la campaña de invierno y tuvimos un peak de casos más precoces que en años previos. Esto mismo se está viendo ahora en Europa”, afirmó el académico, subrayando que no se trata de un escenario excepcional, sino de una variación en los tiempos epidemiológicos.

Respecto a la variante específica que circula en el hemisferio norte, Silva explicó que la diferencia está en el subtipo. “La principal diferencia está en que el subtipo, la variante de H3N2 que está afectando a Europa, es una variante diferente a la que habitualmente nos afecta, que es esta famosa variante o subclado K, por lo que podría tener una respuesta un poco más agresiva que la H3N2 que circula habitualmente”. Esto podría traducirse en cuadros algo más graves o en una mayor capacidad de contagio, pero lejos de un escenario pandémico.

El infectólogo fue enfático en marcar esa distancia. “Podría causar cuadros de un poco mayor gravedad, podría ser más contagiosa y podría evadir de cierta manera al sistema inmune y la respuesta a las vacunas, pero esto no significa que estemos expuestos a una situación similar a la pandemia del Covid-19, porque el Sars-Cov-2, el virus que causó la pandemia, era un virus absolutamente nuevo para el cual no teníamos ni vacunas ni una respuesta inmune propia capaz de defendernos de esta enfermedad”. En la misma línea, recalcó que “bajo ninguna circunstancia estaríamos en una situación de vulnerabilidad como la que vivimos para la pandemia del Covid-19”.

De cara a Chile, el escenario no es ajeno. Silva advirtió que “por supuesto que podría afectar a Chile en nuestro próximo invierno”, considerando que el país suele replicar los patrones de circulación viral del hemisferio norte. Frente a ese panorama, el llamado vuelve a ser uno conocido, pero no menos urgente: reforzar las medidas de prevención y, sobre todo, la vacunación. “Contamos a nivel mundial con una amplia disponibilidad de vacunas contra la influenza que siguen siendo tremendamente útiles para prevenir particularmente los cuadros graves de influenza”, sostuvo, recordando que la experiencia acumulada sigue siendo una de las principales herramientas para enfrentar lo que viene.

Responsabilidad parental en cifras

A poco más de tres años de la entrada en vigencia del Registro Nacional de Deudores de Pensiones de Alimentos, el balance que entrega el gobierno es claro: una política pública que incomodó, tensionó y finalmente empezó a mover una estructura cultural profundamente arraigada. Así lo sostuvo la ministra de la Mujer y la Equidad de Género, Antonia Orellana, en el programa Línea 1 de Radio Usach y TV Usach, donde abordó los impactos concretos de una herramienta que ha permitido identificar deudores, forzar pagos y transferir recursos directamente a niños, niñas y adolescentes.

La Ley 21.389, que comenzó a regir el 21 de noviembre de 2022, creó un sistema electrónico gratuito administrado por el Registro Civil, destinado a inscribir a quienes adeudan pensiones de alimentos por tres meses continuos o cinco discontinuos, siempre que exista una causa en tribunales de familia. Su alcance no es menor: el registro puede ser consultado por instituciones públicas y privadas obligadas por ley, como tribunales, bancos, notarías, municipalidades y servicios financieros, cerrando espacios históricos de evasión.

Las consecuencias de figurar en este registro no pasan desapercibidas. Retención de devoluciones de impuestos, imposibilidad de obtener o renovar licencia de conducir o pasaporte, y bloqueo de operaciones de crédito desde las 50 UF son parte de las sanciones. Para la ministra, estas medidas dialogan directamente con una normalización cultural del incumplimiento. “Es un fenómeno que está muy arraigado en la cultura de nuestro país. Incluso desde la cultura popular, ‘papito corazón’ para algunos sigue siendo un nombre gracioso, asociado a la pillería de esconderse para no responder ante la justicia”, señaló Orellana.

Las cifras respaldan el impacto. Desde noviembre de 2022 se han inscrito 331.787 deudas, de las cuales 226.680 fueron canceladas o llegaron a acuerdo de pago, lo que equivale a una tasa de resolución del 68,32%. En términos simples, siete de cada diez inscripciones terminan resolviéndose. Hoy existen 295.263 deudores vigentes, de los cuales el 95,3% son hombres y el 4,7% mujeres, un dato que vuelve a poner sobre la mesa la dimensión de género del problema.

La ministra también reconoció que el camino no estuvo exento de ajustes. “Cuando se aprobó la ley durante el gobierno del Presidente Piñera, el registro no permitía salir una vez inscrito. Era como un Dicom histórico. Nosotras lo pusimos en marcha, pese a que no traía recursos, y rápidamente identificamos ese problema”, relató, destacando el rol del Registro Civil para corregir una falla estructural que podía transformar una herramienta de cumplimiento en un castigo permanente.

El verdadero punto de inflexión llegó en mayo de 2023 con la entrada en vigencia de la Ley 21.484 de Responsabilidad Parental y Pago Efectivo, conocida como Ley Papito Corazón. Esta normativa habilitó a los tribunales para ordenar de oficio el pago de las deudas desde cuentas bancarias, instrumentos financieros, APV e incluso, en ciertos casos, desde los fondos previsionales obligatorios del deudor. A noviembre de 2025, el Poder Judicial ha ordenado pagos por más de 2,9 billones de pesos, equivalentes a más de 62 teletones, beneficiando a más de 322 mil familias en todo el país.

“Gracias a este mecanismo, los tribunales han logrado que el pago se ejecute efectivamente. ¿A dónde van estos recursos? A la cuenta de los niños y niñas a quienes se les debía la pensión”, subrayó Orellana. Sin embargo, el desafío persiste: un 26,33% de quienes cancelaron reincidió y volvió a ingresar al registro. Con la mayor concentración de deudores en la Región Metropolitana, seguida por Valparaíso y Biobío, el mensaje del gobierno apunta a consolidar lo avanzado. “Siete de cada diez casos se resuelven. Eso muestra que las herramientas funcionan, pero también que debemos seguir reforzando el cambio cultural y el cumplimiento efectivo de las responsabilidades parentales”, concluyó la ministra.

Una plataforma nacional para anticipar el clima espacial

En un país donde el transporte, la minería, la logística, la pesca y la agricultura dependen cada vez más de sistemas de posicionamiento satelital y redes de conectividad, el clima espacial dejó de ser un asunto lejano. Las tormentas solares y perturbaciones geomagnéticas pueden alterar la precisión del GNSS, provocar interrupciones en las comunicaciones y afectar sistemas críticos. El problema es conocido por la comunidad científica local, pero hasta ahora Chile no contaba con una tecnología propia capaz de anticipar estos eventos y mitigar sus efectos en tiempo real.

Ese vacío es el que busca abordar el proyecto Fondef “Desarrollo e Implementación de Plataforma de Meteorología Espacial en Chile”, que se desarrolla con participación de la Universidad de Santiago de Chile, la Universidad Adventista de Chile como institución principal, la Universidad de Chile y la Dirección Meteorológica de Chile como entidad asociada. La iniciativa cuenta además con el apoyo institucional de la Vicerrectoría de Investigación, Innovación y Creación de la Usach, a través de su Dirección de Gestión Tecnológica.

La meta es concreta: levantar una plataforma piloto que permita monitorear en tiempo real el clima espacial, generar alertas tempranas y ofrecer una base de datos abierta tanto para la comunidad científica como para organismos públicos y privados. A través de este sistema, los usuarios podrán acceder a reportes sobre eventos solares, tormentas geomagnéticas, impactos esperados y recomendaciones de mitigación, integrando ciencia dura con aplicaciones prácticas.

El proyecto articula capacidades que hasta ahora estaban dispersas. “Nuestro aporte como equipo Usach estará centrado en el estudio del viento solar y la magnetósfera, mientras que el Dr. Manuel Bravo, investigador de la Universidad Adventista de Chile y director del proyecto, contribuirá con su experiencia en investigación de la ionósfera, área en la cual es uno de los mayores expertos a nivel latinoamericano”, señala la Dra. Marina Stepanova, directora alterna de la iniciativa. A esto se suma el fortalecimiento de la instrumentación científica local, con repositorios de datos y desarrollo de sensores que permitirán robustecer la observación espacial desde Chile.

Más allá del despliegue tecnológico, el impacto esperado apunta a la autonomía. “Este tipo de proyectos nos permite avanzar desde la ciencia básica hacia soluciones aplicadas con impacto directo en la sociedad. Queremos generar una herramienta que no solo aporte al conocimiento científico, sino que también al desarrollo y la seguridad tecnológica del país”, añade el Dr. Víctor Pinto. En la práctica, la plataforma permitiría reducir la dependencia de mediciones provenientes de Estados Unidos y Europa, y aportar datos propios a las redes globales para mejorar la precisión de las predicciones.

La proyección es multisectorial y de largo plazo. Sectores como el marítimo y aeronáutico podrían anticipar disrupciones en navegación y comunicaciones, mientras que industrias que dependen de la geolocalización tendrían margen para prever errores operativos. Al mismo tiempo, el proyecto fortalece la formación de capital humano avanzado, integrando a estudiantes de pre y postgrado en el desarrollo de modelos científicos. Si todo avanza según lo previsto, el sistema podría operar en conjunto con la Dirección Meteorológica de Chile, marcando un punto de inflexión en la capacidad del país para anticipar riesgos, reducir vulnerabilidades y leer —con mayor precisión— lo que ocurre más allá de la atmósfera.