Articles by: Staff G·LAB

La WWE activa su regreso a Sudamérica con parada en Santiago

La cultura pop global tiene memoria larga, pero también ciclos intensos. Y en ese loop, la WWE acaba de activar uno que golpea directo en la nostalgia de toda una generación que creció entre SmackDown doblado al español y luchas en VHS. Este septiembre, la empresa de wrestling más grande del mundo regresa a Sudamérica con su esperado South America Live Tour, incluyendo una parada clave en Santiago el próximo 12 de septiembre en el Movistar Arena.

El anuncio no es menor. Será el regreso de la WWE a Chile tras siete años de ausencia, un vacío que para muchos fans se sintió eterno. La última vez que la compañía pisó suelo chileno fue en 2019, con shows que mezclaron figuras históricas y talentos emergentes, consolidando una base de seguidores que, hasta hoy, se mantiene activa entre comunidades digitales, coleccionistas y nuevas audiencias que consumen el producto vía streaming.

La gira también incluye fechas en Quito, Bogotá y Buenos Aires, marcando un despliegue regional que no se veía hace años. Pero más allá del recorrido, lo que genera ruido es el roster confirmado. Nombres como Seth Rollins, Becky Lynchy GUNTHER encabezan una cartelera que mezcla experiencia, carisma y potencia física. A ellos se suman talentos como The Usos, Oba Femi y figuras latinas que han ganado protagonismo en la compañía, conectando directamente con el público sudamericano.

Uno de los nombres que más resuena en clave local es el de Stephanie Vaquer, actual Campeona Mundial Femenina, quien se ha convertido en un símbolo del crecimiento latino dentro de la industria. Su presencia no solo representa talento, sino también narrativa: una chilena dominando un escenario históricamente dominado por Estados Unidos y Europa. Junto a ella, el Campeón Intercontinental Penta aporta una cuota de identidad que dialoga con la lucha libre latinoamericana.

El fenómeno WWE en Chile tiene historia. Desde los años 2000, con figuras como Rey Mysterio o John Cena, la marca logró instalarse en la cultura juvenil como algo más que deporte: un espectáculo híbrido entre combate, teatro y narrativa épica. Hoy, ese ADN se mantiene, pero adaptado a una generación que consume highlights en TikTok, sigue storylines en tiempo real y transforma cada evento en contenido.

El regreso de la WWE no es solo un show, es una reactivación cultural. Un punto de encuentro entre fans históricos y nuevos seguidores que ven en el wrestling una mezcla de energía, estética y storytelling sin filtro. Las entradas aún no están liberadas para venta general, pero ya existe un registro para preventa que anticipa alta demanda. Porque si algo queda claro, es que en Chile el ring nunca se olvidó. Solo estaba esperando el momento para volver a encenderse.

Combinación entre Paracetamol y redes sociales preocupa a los expertos

La lógica de internet vuelve a tensionar los límites entre juego y riesgo. Hace algunos días, un nuevo desafío viral comenzó a circular entre adolescentes, encendiendo las alarmas de madres, padres y autoridades sanitarias en Chile. La consigna, tan simple como peligrosa, propone consumir altas dosis de paracetamol con el objetivo de provocar hospitalizaciones, una práctica que rápidamente escaló desde pantallas a conversaciones familiares y protocolos de emergencia.

La reacción no se hizo esperar. Desde el Ministerio de Salud se activó una campaña preventiva para advertir sobre los riesgos de este tipo de conductas, en un escenario donde las redes sociales amplifican dinámicas que, lejos de ser inofensivas, pueden tener consecuencias graves e incluso irreversibles. El fenómeno vuelve a instalar una pregunta incómoda pero urgente sobre el consumo digital adolescente y la forma en que se validan ciertos comportamientos en comunidades online.

En este contexto, entender qué está en juego resulta clave. El paracetamol, uno de los medicamentos más comunes en los hogares, es utilizado habitualmente para tratar el dolor y la fiebre tanto en adultos como en niños. Su accesibilidad y aparente inocuidad lo convierten en un fármaco de uso cotidiano, pero esa misma familiaridad es la que hoy se transforma en un factor de riesgo cuando se pierde la noción de sus límites.

El toxicólogo y académico de la Universidad de Santiago, Leonel Rojo, advierte con claridad sobre el impacto del sobreconsumo. “El principal riesgo es la toxicidad hepática. Este fármaco se transforma químicamente por la acción de las enzimas del hígado en un compuesto altamente tóxico que daña a las células de dicho órgano”, señala. La advertencia no es menor: el hígado, órgano clave en el metabolismo del cuerpo, puede sufrir daños severos que en casos extremos derivan en fallas hepáticas.

Las dosis, en este escenario, dejan de ser un detalle técnico para convertirse en una frontera crítica. Según explica el especialista, “en términos generales llegan hasta 1 gramo cada ocho horas. Ahora, esa norma es muy variable ya que no considera los problemas hepáticos o la variación genética que puedan tener cada uno de los pacientes”. Por eso, insiste en un margen más conservador: “la dosis más sabia es de 3 gramos al día y, desde ahí, detener el consumo e ir a un centro médico para analizar las razones del malestar que pueda estar afectando a una persona”.

Lo inquietante es que este tipo de desafíos no operan desde el desconocimiento total, sino desde una mezcla de curiosidad, presión social y validación digital. En ese cruce, el medicamento deja de ser una herramienta terapéutica para transformarse en un instrumento de riesgo. Rojo lo resume con una advertencia que apunta tanto a jóvenes como a su entorno cercano: “el paracetamol resulta un medicamento muy seguro”, pero solo cuando se utiliza correctamente.

El llamado final es directo y apunta a una cultura que ha normalizado la automedicación. “En general, la gente se automedica mucho en Chile y la recomendación es que las personas, si se sienten enfermas o con alguna dolencia, consulten a un médico o a un químico farmacéutico. No usen fármacos por recomendación de amigos o familiares ya que todos los medicamentos, sin las dosis justas, son veneno”, concluye. En tiempos donde un trend puede viralizarse en segundos, recuperar el respeto por los medicamentos no es solo una recomendación médica, sino una urgencia social.

Convivir con gatos y el arte de no estresarlos

En tiempos donde los gatos dominan silenciosamente los hogares —y también los feeds de redes sociales—, la idea de mantenerlos dentro de casa se ha instalado como una práctica cada vez más común en Chile. Pero puertas adentro no significa automáticamente bienestar. Así lo advierte la médica veterinaria Guisela Acuña, especialista en comportamiento felino, quien plantea que el verdadero desafío no es encerrar, sino construir un entorno que dialogue con la naturaleza del animal.

Porque sí, los gatos pueden vivir más seguros dentro del hogar, lejos de peleas, atropellos o enfermedades como la leucemia felina. Pero esa seguridad tiene letra chica. “Dentro de su modelo de prevención de conflictos, la emoción predominante en los gatos es el miedo”, explica la especialista, dejando claro que estos animales siguen funcionando bajo códigos evolutivos que combinan su rol de cazadores con el de potenciales presas. En otras palabras, un gato no deja de ser gato por vivir en un departamento.

Esa tensión constante —entre instinto y entorno— es la que puede convertir un espacio aparentemente cómodo en un lugar hostil si no está bien adaptado. El estrés en los gatos no siempre se nota de inmediato, pero se acumula. Cambios bruscos, falta de refugios o rutinas alteradas pueden gatillar problemas de salud que van desde trastornos conductuales hasta enfermedades físicas. “Lo que ocurre si esto no se cumple es que los gatos se estresan y el estrés se traduce en enfermedades”, advierte Acuña.

Por eso, el concepto de bienestar felino se vuelve clave. No basta con comida, agua y una caja de arena. El hogar debe transformarse en un ecosistema donde el gato pueda trepar, esconderse, observar y, sobre todo, sentir control sobre su entorno. La lógica es simple pero profunda: un gato necesita territorio, aunque ese territorio sea un departamento de 60 metros cuadrados. Y en casas con más de un felino, la ecuación se vuelve aún más exigente, obligando a multiplicar recursos para evitar conflictos silenciosos.

El juego también deja de ser un accesorio y pasa a ser una necesidad biológica. No es solo entretención, es simulación de caza, descarga de energía y regulación emocional. Ignorar esto es desconocer una parte esencial de su comportamiento. A eso se suma el respeto por sus tiempos, su olfato y sus rutinas, aspectos que muchas veces chocan con la dinámica humana, más acelerada y menos predecible.

Pero incluso en espacios controlados, el riesgo no desaparece. El hogar está lleno de amenazas invisibles para un gato. Plantas como los lirios pueden ser letales, al igual que alimentos tan cotidianos como el chocolate o productos con xilitol. “Los lirios son sumamente tóxicos para los gatos. Pueden provocar una falla renal aguda”, advierte la especialista, subrayando que el peligro no siempre está donde uno lo imagina. A eso se suma un error frecuente y crítico: la automedicación. “No recomiendo que automediquen a ningún gato o perro”, recalca, poniendo especial énfasis en el paracetamol, que en felinos es directamente tóxico.

En paralelo, el seguimiento veterinario se vuelve parte del contrato invisible que implica tener un gato. Vacunas al día, esterilización y controles periódicos no son opcionales si se busca calidad de vida. Más aún considerando que un gato indoor puede vivir más de 20 años. Esa longevidad no es casualidad, sino el resultado de cuidados constantes y de una observación atenta a cualquier cambio, por mínimo que parezca.

Al final, tener un gato no es solo sumar un compañero silencioso al hogar, sino aceptar una convivencia con una especie que funciona bajo reglas distintas. En una generación que valora el bienestar, la conciencia y el vínculo emocional con los animales, entender esto no es un lujo, es parte del mínimo ético. Porque cuidar a un gato no es domesticarlo del todo, sino aprender a convivir con su naturaleza.

¿Cómo el cambio climático redefine el calendario de las alergias?

Durante años, la primavera se instaló como la estación oficial de las alergias. Una especie de consenso cultural donde el cambio de estación traía consigo estornudos en cadena, picazón persistente y esa sensación incómoda de vivir con un pañuelo en la mano. Pero ese relato, tan repetido como asumido, hoy comienza a resquebrajarse. El otoño, silencioso y menos mediático, también se ha convertido en un terreno fértil para las crisis alérgicas.

El fenómeno no es casual ni aislado. Cambios en las condiciones climáticas han modificado los patrones tradicionales. Hoy, el otoño se presenta más seco que en décadas anteriores, lo que permite que los pólenes —habitualmente asociados a la primavera— extiendan su presencia hasta abril. Este desplazamiento estacional ha generado que personas sensibles continúen experimentando síntomas que antes desaparecían con el fin del verano.

Desde el mundo clínico, el diagnóstico es claro. En esta época, el polvo y el moho toman protagonismo como principales gatillantes. La caída de hojas y el aumento de la humedad generan el escenario perfecto para que estos agentes se acumulen en ambientes cotidianos, especialmente en espacios cerrados. Esto se traduce en congestión nasal, irritación ocular, tos y dolor de garganta, síntomas que muchas veces se confunden con resfríos comunes.

La médica broncopulmonar Rosa Roldán, académica de la Universidad de Santiago, advierte que este tipo de alergias “afectan principalmente a los asmáticos y riniticos”. Además, explica que en Chile conviven dos perfiles predominantes: “Los que son polínicos tendrán más crisis en primavera, pero los alérgicos a ácaros (dermatophagoides) y hongos son los que tienen alergias en otoño e invierno”. Es decir, el problema no es la estación, sino el tipo de alérgeno.

A esto se suma un factor estructural que muchas veces pasa desapercibido: la vida indoor. Con la baja de temperaturas, las personas tienden a cerrar ventanas, encender calefacción y pasar más tiempo dentro de sus casas. Este cambio de hábito incrementa la exposición a alérgenos intradomiciliarios como ácaros, polvo acumulado en alfombras o incluso peluches. Roldán lo resume sin rodeos: “Por calefacción, por estar más en su casa con todo cerrado por frío y condiciones como pisos de alfombras, peluches etc.”.

Desde la vereda pediátrica, el broncopulmonar infantil Pedro Estudillo refuerza esta idea y descarta mitos persistentes. “Efectivamente, en el periodo del otoño, hay cuadros alérgicos y han sido siempre comunes y quizá algunos años esto se exacerba un poco”, señala. Y aclara algo clave en medio de la confusión estacional: “las alergias por hongos, y por algunos alérgenos internos de la casa, son frecuentes que tengan aparición en esta época del año”.

El especialista también pone en perspectiva el relato dominante sobre las alergias. “Siempre es más frecuente tener información por los medios de las alergias estacionales de la primavera, porque afectan a una cantidad muy grande de gente, pero es común que veamos alergias en el otoño y esto es algo que ocurre todos los años. Así que las alergias no aparecen en una sola época del año, depende de a qué cosa uno es alérgico”. En otras palabras, el calendario no manda, lo hace la biología.

Frente a este escenario, el llamado es claro y directo. Ante síntomas persistentes, lo recomendable es acudir a un especialista y realizar un diagnóstico completo. Los tratamientos existen y suelen ser efectivos, desde antihistamínicos de uso diario hasta inhaladores nasales que ayudan a desinflamar las vías respiratorias. Pero el punto de partida sigue siendo el mismo: entender que el otoño también respira alergia.

El scroll infinito que reconfigura la mente

La escena es cotidiana y silenciosa, pero profundamente reveladora. Un dedo que se desliza sin pausa sobre la pantalla, un video tras otro, una risa breve, un segundo de sorpresa y luego nada. En esa secuencia aparentemente inofensiva, se esconde una lógica que ya no solo pertenece a los casinos, sino que se instaló con fuerza en el ecosistema digital. Hoy, plataformas como TikTok están replicando mecanismos propios de los juegos de azar, generando una relación cada vez más intensa entre usuario y pantalla.

La explicación no es solo cultural, sino también neurológica. Al igual que las máquinas tragamonedas, el consumo de videos cortos activa el sistema de recompensa del cerebro mediante la dopamina, ese neurotransmisor que regula el placer, la motivación y la satisfacción. La diferencia es que aquí no hay fichas ni luces de neón, sino un algoritmo que aprende, predice y entrega estímulos diseñados para mantenerte enganchado el mayor tiempo posible.

El psicólogo y académico de la Usach, Rodrigo Rojas, lo plantea sin rodeos: “comparten pilares fundamentales como la recompensa variable, la anticipación y la incertidumbre sobre el próximo estímulo”. En ese sentido, el usuario no consume contenido de forma lineal, sino que entra en una dinámica de búsqueda constante de ese “video perfecto” que justifique seguir deslizando. La lógica es simple y efectiva: pequeñas dosis de satisfacción intercaladas con contenido irrelevante, replicando exactamente el patrón de las apuestas.

En esa línea, Rojas profundiza aún más en el comportamiento que se genera: “al igual que en una tragamonedas, el cerebro busca una “victoria” visual (un video que genere risa o sorpresa) entre mucho contenido irrelevante. Aunque no es ludopatía en sentido clínico estricto, la lógica conductual de repetición y uso compulsivo es idéntica”. La comparación no es menor, sobre todo cuando se observa el tiempo que los usuarios dedican diariamente a estas plataformas.

Los datos son contundentes y reflejan una transformación en los hábitos digitales. En Chile, el consumo de pantallas alcanza cerca de nueve horas diarias, con casi cinco horas desde smartphones y más de tres horas exclusivamente en redes sociales. En ese escenario, TikTok lidera la retención con un promedio mensual que supera las 45 horas por usuario. No es solo una app más, es un sistema diseñado para capturar atención de forma sostenida.

El problema no radica únicamente en el tiempo invertido, sino en cómo ese tiempo se experimenta. La ausencia de pausas naturales, como capítulos o finales definidos, genera una sensación de continuidad infinita que desdibuja la percepción del tiempo. Rojas advierte que “la arquitectura de estas apps prioriza la retención sobre la utilidad, manipulando la atención y reduciendo activamente la autonomía de la persona para dificultar su salida del sistema”. En otras palabras, no se trata solo de consumir contenido, sino de permanecer dentro de una estructura que hace cada vez más difícil salir.

Cuando se intenta cortar este ciclo, el impacto también es evidente. El cerebro, acostumbrado a estímulos rápidos y constantes, entra en un proceso de desajuste. “Se produce un desajuste temporal en el sistema de atención y recompensa. El individuo suele experimentar aburrimiento, inquietud y un deseo intenso o craving por volver a conectar. Además, se observa una baja tolerancia hacia cualquier tarea que requiera un ritmo lento o esfuerzo sostenido”, explica el académico. Lo que parece una simple pausa digital, en realidad, expone una dependencia más profunda de lo que muchos están dispuestos a admitir.

En un contexto donde casi la mitad de los jóvenes reconoce haber tenido problemas con el uso de internet sin lograr reducir su consumo, la discusión deja de ser anecdótica y se vuelve estructural. El scroll infinito ya no es solo una función, es un síntoma de una economía de la atención que compite por cada segundo disponible. Y en esa competencia, el usuario muchas veces deja de ser protagonista para convertirse en parte del mecanismo.

La fruta viral que divide entre salud real y marketing

En el ecosistema de la alimentación saludable —ese mismo que vive entre reels, bowls fotogénicos y etiquetas clean— hay un nuevo protagonista que se instaló con fuerza en Chile: el açaí. Esta baya morada, originaria del Amazonas, dejó de ser un secreto regional para convertirse en un símbolo global del wellness. Hoy aparece en cafeterías, gimnasios y cocinas domésticas, pero su popularidad también abre una pregunta incómoda: ¿es realmente tan saludable como parece o estamos frente a otro fenómeno impulsado por el marketing?

Su expansión local tiene lógica. El açaí casi no se consume fresco en Chile debido a su rápida descomposición, pero encontró su lugar en formatos más prácticos como la pulpa congelada sin azúcar y el polvo liofilizado. Desde ahí, se transforma en jugos, helados y especialmente en los ya icónicos bowls, donde cada persona construye su versión con toppings que pueden ir desde fruta fresca hasta granolas ultra procesadas. Esa versatilidad es precisamente la que lo posiciona como tendencia, pero también la que puede distorsionar su valor nutricional.

Desde la vereda científica, hay razones para su fama. Daniela González, nutricionista y académica de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Santiago de Chile, explica que este alimento “se destaca por su alta concentración de compuestos bioactivos, fibra y minerales”. A eso suma su narrativa más conocida: “se dice que es un ‘superalimento’ por su alta capacidad antioxidante y antiinflamatoria, lo que a su vez se asocia a posibles beneficios para el perfil cardiometabólico, a la reducción del estrés oxidativo y al apoyo a la salud cerebral e intestinal”.

Pero el mismo concepto que lo posicionó también lo pone en duda. “el concepto “superalimento es más comercial que científico”, advierte González, desmontando una etiqueta que suele instalar expectativas poco realistas. En un contexto donde lo saludable muchas veces se mide por tendencias y no por evidencia, el açaí se mueve en esa zona gris donde conviven beneficios reales con sobrepromesas.

El problema no siempre está en la fruta, sino en lo que la rodea. “Comer açai en batidos (uno de sus formatos más populares) puede ser saludable o no dependiendo de los ‘topping’, es decir, de lo que se le agregue”, indica la especialista. En su versión más equilibrada, mezclado con fruta natural, avena o yogurt, puede ser un aporte interesante. Pero cuando se carga con jarabes, azúcares añadidos o granolas excesivamente dulces, la ecuación cambia por completo. “un ‘açai bowl” puede transformarse fácilmente en un postre con altos niveles de azúcar, y por lo mismo, terminar aumentando la respuesta a la insulina”.

La discusión entonces se traslada a la cantidad. Viviana Carrasco, también nutricionista de la Usach, sostiene que “en la actualidad no hay evidencia establecida sobre una cantidad específica de açai, por lo que se recomienda su consumo en cantidades moderadas, dentro de una alimentación equilibrada e, idealmente, sin acompañamiento de ingredientes que aporten azúcares”. En esa línea, la referencia más clara sigue siendo práctica. “Una porción adecuada y segura bordea los 200 gramos de pulpa o 200 mililitros de jugo al día”, complementa González.

Aunque su consumo es considerado seguro, tampoco está exento de matices. Carrasco advierte que, en comparación con otras frutas, el açaí tiene un mayor aporte energético debido a sus grasas saludables. Y hay un detalle menos visible, pero relevante: “no todo el mundo sabe que el açai tiene un alto contenido de manganeso. Y si una persona lo consume todos los días, y en grandes cantidades, podría presentar problemas con la absorción de hierro. Por lo mismo, la clave está en la moderación”, concluye González.

En una era donde comer sano también puede transformarse en una performance, el açaí refleja esa tensión entre lo que parece saludable y lo que realmente lo es. No es un enemigo ni un milagro. Es, más bien, un recordatorio de que incluso las tendencias más “fit” necesitan contexto, criterio y algo que el algoritmo no suele recomendar tanto como debería: equilibrio.

El CAE se desmorona entre morosos y promesas incumplidas

En Chile, la deuda universitaria dejó de ser solo un problema financiero para convertirse en un síntoma estructural. Un nuevo estudio sobre el Crédito con Aval del Estado (CAE) revela una postal incómoda: las comunas más vulnerables concentran los mayores niveles de mora, pero el incumplimiento no distingue clase social. Incluso en sectores acomodados de Santiago, como Vitacura o Las Condes, el pago apenas supera el 50%, tensionando el relato meritocrático que históricamente ha sostenido este sistema.

El informe, titulado “Beneficiarios CAE: Egresos, Pagos y Sostenibilidad del Sistema”, fue desarrollado por académicos de la Universidad de Santiago de Chile y se basa en datos de la Comisión Ingresa correspondientes a 2023. La muestra abarca a más de 635 mil beneficiarios, lo que representa el 78% del total de deudores. De ellos, poco más de 507 mil lograron egresar, mientras que cerca de 128 mil abandonaron sus estudios. Pero el dato más duro aparece después: solo un 43% de los egresados está al día o ha saldado su deuda, mientras que un 40% ya cayó en garantía ejecutada, es decir, el Estado tuvo que pagar por ellos tras reiterados incumplimientos.

El mapa de la deuda dibuja una concentración clara. La Región Metropolitana lidera con un 42% de los casos de garantía ejecutada, seguida por Biobío y Valparaíso. Juntas, estas tres regiones acumulan el 68% del total. A nivel comunal, el patrón se intensifica en territorios históricamente golpeados por la desigualdad: La Pintana encabeza con un 43%, seguida por comunas como Cerro Navia, Lo Espejo o San Ramón. Sin embargo, el fenómeno también alcanza a zonas de mayores ingresos, donde Ñuñoa y Providencia registran un 33% de deuda asumida por el Estado, mientras que Lo Barnechea, Las Condes y Vitacura tampoco quedan fuera del problema.

El diagnóstico es directo y cuestiona uno de los pilares del modelo educativo chileno. “Se podría afirmar preliminarmente que, para los quintiles de menores ingresos, el crédito CAE puede no haber sido un mecanismo efectivo de movilidad social”, advierten los autores del estudio. La promesa de ascenso social a través de la educación superior, financiada vía deuda, parece haberse fracturado en la práctica.

El contexto político le agrega presión al debate. El Presidente José Antonio Kast anunció la reactivación de los cobros del CAE, buscando reforzar la responsabilidad de pago en un sistema que lleva años acumulando tensiones. Desde el Ejecutivo, el diagnóstico es autocrítico. “Desde 2017 no se han iniciado acciones de recuperación”, afirmó el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz. El resultado es explosivo: la morosidad pasó de $500 mil millones en 2017 a cerca de $4 billones en la actualidad.

Desde el mundo académico, la discusión ya no es solo técnica, sino estructural. Víctor Salas, economista de la Usach y uno de los autores del estudio, plantea sin rodeos: “Nosotros estamos permanentemente trabajando con estos datos hace un par de años y los hemos ido actualizando. Partimos el 2023 revisando la situación del CAE, cuando ya comenzaba a discutirse una propuesta desde el gobierno. Fuimos invitados al Ministerio de Educación a analizar alternativas como el FES, y desde entonces los datos nos han mostrado que la situación del CAE es insostenible. Yo creo que hay que cerrarlo”.

La crisis, sin embargo, no se limita a quienes no pueden pagar. También alcanza a quienes sí podrían hacerlo, pero no lo hacen. “Hay personas con capacidad de pago que se acogieron a la expectativa de condonación que existía hace algunos años, lo que generó una respuesta negativa en términos de cumplimiento”, sostiene Salas. En paralelo, el académico Mario Sobarzo va más allá y cuestiona la raíz del sistema: “El sistema no es bueno, siempre ha sido malo, tiene un costo muy alto para el país, las familias y además genera un gasto. Y la verdad es que el FES también era una solución bastante parche porque no abordaba las problemáticas de fondo de lo que era el sistema de financiamiento de la educación pública en Chile”.

Lo que queda es una sensación transversal de agotamiento. El CAE ya no solo arrastra cifras rojas, sino también una crisis de legitimidad. Entre deudas impagas, expectativas incumplidas y un modelo que no logra sostenerse, la pregunta ya no es si el sistema necesita cambios, sino cuánto tiempo más puede seguir funcionando antes de colapsar definitivamente.

Desabastecimiento de antipsicótico enciende alertas por continuidad de tratamiento

El retiro de lotes del medicamento Modecate encendió una señal de alerta en el sistema de salud chileno. La medida se adoptó luego de detectarse partículas en suspensión en el fármaco durante febrero, situación que motivó una advertencia del Instituto de Salud Pública y el posterior retiro del producto elaborado por la empresa Ethon Pharmaceuticals SpA. El resultado inmediato fue un desabastecimiento que podría extenderse hasta junio, afectando a pacientes que dependen del medicamento para el tratamiento de la esquizofrenia y otros trastornos psicóticos crónicos.

El impacto se vuelve más sensible considerando el tipo de fármaco involucrado. El psiquiatra y académico de la Universidad de Santiago de Chile, Pedro Lucero, explicó que “el Modecate es un antipsicótico inyectable, de acción prolongada, y cuyo principio activo es la flufenazina. Se utiliza principalmente en personas con esquizofrenia u otros trastornos psicóticos, especialmente cuando se quiere asegurar una buena adherencia al tratamiento”. Al tratarse de un medicamento de depósito, su administración permite mantener niveles estables durante varias semanas, reduciendo el riesgo de recaídas y descompensaciones clínicas.

El especialista subraya que su uso no se limita únicamente a la esquizofrenia. “También, puede utilizarse en otros trastornos psicóticos crónicos, como algunos de características delirantes o con síntomas psicóticos persistentes, siempre bajo supervisión médica”. En Chile, este tratamiento forma parte de las prestaciones cubiertas por el sistema de Garantías Explícitas en Salud, lo que amplía su alcance dentro de la red pública. Por eso, el quiebre de stock genera preocupación entre equipos médicos y pacientes que dependen de su aplicación periódica.

La falta del medicamento no es un problema menor. Lucero advierte que la interrupción del tratamiento puede desencadenar la reaparición de síntomas. “la reaparición de síntomas como ideas delirantes, alucinaciones o la desorganización del pensamiento”. El especialista agrega que estas situaciones pueden escalar rápidamente. “Esto puede traducirse en una descompensación clínica, que en algunos casos puede requerir de atenciones de urgencia o, incluso, hospitalización”. Considerando que el efecto del fármaco se prolonga entre 21 y 28 días, cualquier retraso en su aplicación aumenta la vulnerabilidad de los pacientes.

A pesar del escenario, el experto llama a la calma y señala que existen alternativas terapéuticas disponibles. “hoy contamos con alternativas terapéuticas y los esfuerzos de la red de salud están enfocados en evitar vacíos de tratamiento y mantener a los pacientes estables”. Estos reemplazos corresponden a antipsicóticos de acción prolongada que cumplen una función similar y permiten sostener la estabilidad clínica mientras se normaliza el abastecimiento. “Desde el Ministerio de Salud se han definido opciones terapéuticas disponibles para el remplazo mientras se normaliza el abastecimiento”, sostuvo el académico.

El origen del desabastecimiento también refleja una fragilidad estructural del sistema farmacéutico. Lucero explica que la producción del medicamento depende de pocos fabricantes a nivel internacional. “esto se debe a una combinación de factores. Por un lado, se trata de un fármaco antiguo y de bajo costo, por lo que su producción es realizada por pocos laboratorios a nivel internacional. Y esto hace que el sistema se haga más vulnerable, ya que si uno de los proveedores tiene un problema, el impacto se sentirá más rápido”. La dependencia de un número limitado de proveedores aumenta el riesgo de interrupciones en tratamientos sensibles.

El especialista insiste en que el principal riesgo surge cuando los pacientes intentan reemplazar el medicamento por cuenta propia. “Estos procedimientos deben ajustarse de manera individual, considerando dosis, tiempos y posibles efectos adversos”. La automedicación, advierte, puede agravar el escenario clínico. “Si alguien intenta hacer un reemplazo del remedio sin supervisión médica puede exponerse a una falta de efecto, a una descompensación o a efectos secundarios innecesarios”.

En ese contexto, la recomendación es mantener contacto con los equipos de salud para evaluar alternativas seguras. “ya que existen alternativas seguras y una indicación definida para hacer cambios de manera adecuada”. Mientras el abastecimiento se normaliza, la continuidad terapéutica dependerá de la coordinación entre especialistas, centros de salud y pacientes que requieren este tipo de tratamientos de larga duración.

Tierras raras abren debate entre geopolítica soberana y medio ambiente

El reciente acuerdo entre Chile y Estados Unidos para fortalecer la cooperación en minerales críticos y tierras raras instaló un debate que va más allá de la minería. En juego no solo está el acceso a recursos estratégicos para la transición energética y la industria tecnológica, sino también la posición geopolítica del país y la presión sobre sus ecosistemas. La discusión se abre en un momento donde estos elementos se han vuelto indispensables para vehículos eléctricos, turbinas eólicas, sistemas electrónicos y también para la industria de defensa.

El Dr. Alberto Monsalve, académico del Departamento de Ingeniería Metalúrgica de la Universidad de Santiago de Chile, explicó que el acuerdo contempla coordinación técnica permanente y exploración de inversiones conjuntas. Según señaló, “establece llevar a cabo consultas técnicas periódicas entre ambos países; exploración de financiamiento público y privado para nuevas inversiones en este rubro; identificación de proyectos conjuntos en minería y procesos metalúrgicos; el fortalecimiento del reciclaje de materiales críticos y asegurar las cadenas de suministro. Chile queda así posicionado como actor fundamental en la competencia global por los recursos naturales”. El académico advierte que el escenario es abiertamente geopolítico y que las potencias compiten por asegurar estos insumos estratégicos, por lo que “lo importante es que nuestro país encuentre la posición más ventajosa en esta lucha por estos recursos”.

La economista Marcela Vera, académica de la Facultad de Administración y Economía de la Universidad de Santiago, plantea una lectura distinta y advierte riesgos en materia de soberanía. “Este acuerdo implica que se desarrollarán consultas a Estados Unidos cuando se produzcan modificaciones en el sector minero relacionado con minerales críticos y tierras raras. Este aspecto, sin duda, limita la soberanía nacional, pero también genera una señal internacional en la que el gobierno de Chile se alinea con Estados Unidos para abrir la posibilidad de una provisión de recursos esenciales que son utilizados para la elaboración de misiles, en el marco de la guerra que desarrollan Estados Unidos e Israel contra Irán”, comentó. La académica agregó que el contexto internacional vuelve este acuerdo particularmente sensible, señalando que para Estados Unidos “le quedan solo dos meses de reservas de tierras raras, elementos fundamentales para la elaboración de los misiles que utiliza en esta guerra, la cual ha adquirido connotaciones globales”.

El movimiento también tensiona la relación con China, principal socio comercial de Chile desde 2010 y destino de cerca del 40% de las exportaciones nacionales. Monsalve reconoce que el acercamiento con Washington será interpretado como un alineamiento estratégico. “sin duda este acercamiento de nuestro país con EEUU será visto e interpretado por China como un alineamiento estratégico con Norteamérica, con la consiguiente reducción potencial de China a nuestros recursos naturales”. Aun así, el académico considera que diversificar mercados puede ser una estrategia económica razonable. “Chile posee sólidos vínculos con China, siendo este país un socio clave en la economía nacional. De hecho, China es el principal comprador de cobre habiendo realizado variadas inversiones en el mundo minero, especialmente en la industria del litio. Creo que es una sana política económica diversificar nuestros compradores para evitar una dependencia con pocos de ellos, lo cual puede ser riesgoso”.

Desde una mirada crítica, Vera advierte que el equilibrio diplomático podría verse afectado. “Sin lugar a duda, las relaciones entre Chile y China se pueden ver afectadas como producto de la resolución que tome el actual gobierno respecto del cable, pero también respecto de la provisión que Chile puede establecer hacia Estados Unidos en relación con estos minerales críticos que se utilizan como insumos para la actual guerra”. La economista sostiene que el país podría comprometer su posición internacional si no ajusta la estrategia. “Esto es tremendamente peligroso si no se corrige oportunamente, dado que el país no solo no estaría considerando su posición neutral respecto de la guerra, sino que, además, estaría perjudicando a su principal socio comercial. Pensar que esto no va a tener consecuencias es poco profesional. El Gobierno aún está a tiempo de corregir este rumbo y de restablecer adecuadamente los acuerdos que requiere nuestro país para diversificar su tecnología y su infraestructura”.

El debate también alcanza la sostenibilidad de los recursos. Vera advierte que el aumento de la producción puede reducir las reservas nacionales de minerales estratégicos. “Nos quedan 20 años de explotación del mineral rojo y solo 30 años de explotación del litio, también llamado oro blanco. Si nosotros aumentamos la producción en estos años, disminuimos las reservas que tenemos para nuestro país y para las generaciones futuras; pero, además, dado el poder de mercado que tiene Chile respecto de estos dos minerales, el precio de hoy también baja”. Monsalve coincide en la necesidad de regulación, señalando que la fiscalización es clave para evitar impactos irreversibles. “Cuando se trata de minerales críticos y tierras raras no sólo es recomendable un mayor control sobre nuestros recursos naturales, más que eso: es estrictamente necesario. Esto debido a la importancia capital que poseen los minerales estratégicos y las tierras raras en la economía mundial: armas, sistemas electrónicos y digitales, motores de aviación y un largo etcétera”.

Las implicancias ambientales también forman parte del debate. La científica Cristina Dorador advierte que el desarrollo de esta industria debe considerar estándares estrictos y participación territorial. Para la ecóloga microbiana, la alianza debe realizarse “bajo todos los lineamientos ambientales existentes en el país, dando pie a la participación ciudadana y, por supuesto, también a la participación de los pueblos originarios. Lamentablemente no tenemos un grado de maduración tan alto en el ámbito del conocimiento de las tierras raras y también en general de los minerales”. La investigadora agrega que el país debiese priorizar una mirada de largo plazo. “Chile debiese tener una actitud más protectora, sobre todo pensando en las futuras generaciones y también pensando en la salud de los ecosistemas”.

Dorador también advierte sobre los efectos de los métodos extractivos. “cualquier tipo de intervención en el país, en la geografía del país, en los distintos hábitats que existen, genera daños posiblemente irreparables. Todo es naturaleza, incluyendo estos minerales”. La científica subraya que la alta demanda global incentiva procesos intensivos que alteran ciclos ecológicos. “Actualmente muchas veces se ofrecen métodos extractivos entre comillas sustentables, eficientes, etcétera, pero que no se conocen los alcances, ya que eso es información que lo tiene generalmente el mundo privado. Por otro lado, como hay tanta demanda mundial, se busca maximizar ciertos los envíos y obtener lo que más se pueda en corto plazo, y esto genera aún más daño a la naturaleza, porque evita los ciclos regenerativos, perturba también los ciclos normales del agua, porque todo esto requiere agua, entre otros aspectos”.

En ese contexto, la discusión sobre minerales críticos deja de ser solo técnica y se transforma en una decisión estratégica para el país. Entre la competencia global, la presión económica y los impactos ambientales, Chile aparece como un territorio clave en la transición energética mundial, pero también como un espacio donde cada decisión puede redefinir su posición geopolítica y el futuro de sus ecosistemas.

Un reptil marino descubierto en Atacama reescribe la historia de los plesiosaurios

Durante años, la presencia de plesiosaurios del Jurásico en Chile era apenas una hipótesis sostenida por restos fragmentarios. Ese escenario cambió con el hallazgo de Gondwananectes osvaldoi, la primera especie identificada con claridad para ese período en el país. El descubrimiento, publicado en la revista científica Papers in Palaeontology, abre una nueva lectura sobre la evolución de estos reptiles marinos y posiciona al norte chileno como un territorio clave para comprender la historia temprana del grupo.

La investigación fue desarrollada por científicos de la Red Paleontológica de la Universidad de Chile, integrada por Rodrigo Otero, Sergio Soto, Alexander Vargas, Héctor Ortiz y Guillermo Aguirrezabala, en colaboración con Jennyfer Rojas, del Museo de Historia Natural del Desierto de Atacama. El estudio no solo describe una nueva especie, sino que también propone un cambio en la comprensión del origen de Cryptoclidia, uno de los linajes más exitosos de plesiosaurios que sobrevivió hasta la gran extinción de finales del Cretácico.

El fósil fue descubierto en 2014 por Osvaldo Rojas en la localidad de Ojo Pache, en el actual Desierto de Atacama. A partir de ese momento, distintas campañas permitieron recuperar bloques de roca con restos visibles, pero no fue hasta el período entre 2024 y 2025 cuando se realizó una preparación exhaustiva del material, exponiendo gran parte del esqueleto. El resultado fue la identificación de un espécimen parcial articulado perteneciente a un pequeño plesiosaurio de entre 1,5 y 2 metros de largo que habitó antiguas cuencas marinas en una zona que hoy es completamente árida.

El ecosistema donde vivió este reptil marino estaba lejos del paisaje actual. En ese ambiente convivían ammonites, ictiosaurios, peces óseos y posiblemente cocodrilos marinos, configurando una biodiversidad marina propia del Jurásico Medio. La importancia del hallazgo no radica solo en la presencia del animal, sino en su estado de conservación, que permitió a los investigadores definir con claridad su identidad taxonómica. “Este espécimen nos permitió reconocer que se trataba de una forma nueva para la ciencia, un género y una especie nuevos que fueron bautizados como Gondwananectes osvaldoi”, explica el investigador Rodrigo Otero.

El nombre de la especie conecta geología y memoria. Gondwananectes hace referencia a Gondwana, el antiguo supercontinente que incluía a Sudamérica, mientras que osvaldoi homenajea a Osvaldo Rojas, descubridor del fósil y figura clave en la preservación del patrimonio natural y cultural de Calama. Con una antigüedad cercana a los 170 millones de años, correspondiente al Jurásico Medio, este ejemplar se convierte en una pieza única dentro del registro paleontológico sudamericano.

El impacto del descubrimiento también se extiende al campo evolutivo. Durante el Jurásico, los plesiosaurios alcanzaron una gran diversidad, pero solo algunos linajes lograron persistir hasta el Cretácico. Entre ellos se encuentra Cryptoclidia, grupo que sobrevivió hasta la extinción masiva ocurrida hace 66 millones de años. Hasta ahora, la evidencia sugería un origen europeo para este linaje, pero la aparición de Gondwananectes osvaldoi introduce un escenario distinto, donde el hemisferio sur adquiere un rol más relevante en la historia evolutiva del grupo.

Una de las claves para esta reinterpretación estuvo en la anatomía del fósil. “La presencia de una única articulación para la costilla en cada una de las vértebras del cuerpo es tremendamente relevante para entender la taxonomía de este animal”, señaló Rodrigo Otero. Esta característica permitió descartar que se tratara de un pliosaurio y ubicarlo dentro de una línea evolutiva con proyección hacia los plesiosaurios más exitosos del Cretácico.

El hallazgo también abre nuevas perspectivas para la paleontología chilena. La presencia de rocas más antiguas en el norte del país y la existencia de restos fragmentarios previamente registrados sugieren que el territorio podría albergar más especies aún no descritas. En ese contexto, el Desierto de Atacama deja de ser solo un paisaje extremo para convertirse en una ventana hacia mares desaparecidos y una pieza clave para reconstruir la evolución de los reptiles marinos del Jurásico.