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Chiloé apuesta por la cultura como motor de desarrollo local

Mientras gran parte de la conversación sobre desarrollo regional suele concentrarse en infraestructura o turismo, en Chiloé una nueva iniciativa apuesta por otro motor económico y cultural: las industrias creativas. Bajo esa premisa fue presentado oficialmente Avenida Chiloé 2026, el primer mercado de industrias creativas del archipiélago, un proyecto que busca transformar el histórico Barrio Lillo de Castro en un espacio de encuentro para artistas, emprendedores, cultores y organizaciones territoriales.

La presentación se realizó el pasado 6 de junio en la Sede Social Barrio Lillo, reuniendo a vecinos, representantes culturales, emprendedores y medios de comunicación. Más que el lanzamiento de un evento, la jornada marcó el inicio de una propuesta que busca reposicionar uno de los sectores más emblemáticos de la capital chilota, vinculando patrimonio, identidad local y economía creativa en el contexto de las actividades conmemorativas del Bicentenario de Chiloé 2026.

La iniciativa surge en un momento donde distintas ciudades del país buscan revitalizar espacios urbanos a través de la cultura. En ese contexto, Avenida Chiloé pone el foco en Calle Lillo, un lugar profundamente conectado con la memoria colectiva de Castro, históricamente asociado a la actividad portuaria, la gastronomía popular, la artesanía y el comercio tradicional. Para sus organizadores, recuperar este espacio significa también fortalecer el sentido de pertenencia de las nuevas generaciones respecto de su propio territorio.

“Chiloé tiene hoy la necesidad de volver a poner en valor espacios patrimoniales como Barrio Lillo, un sector que forma parte de nuestra historia y de nuestra identidad. Queremos que iniciativas como Avenida Chiloé contribuyan a que los propios habitantes reconozcan y valoren este lugar, entendiendo además que la cultura no solo fortalece el tejido social, sino que también genera trabajo, economía y oportunidades para muchas personas que desarrollan su labor desde el ámbito creativo”, señaló Danilo Pozo, gestor cultural, músico y fundador de la iniciativa.

La primera edición del encuentro se desarrollará los días 5 y 6 de septiembre de 2026 y reunirá una amplia muestra del ecosistema creativo chilote. Durante dos jornadas, el público podrá encontrarse con emprendimientos locales, gastronomía tradicional, artesanía, oficios patrimoniales, música en vivo y diversas expresiones culturales provenientes de distintos puntos de la provincia. La apuesta busca generar una vitrina para el talento local, pero también activar nuevas redes de colaboración entre actores culturales, productivos y comunitarios.

Con el respaldo de la Municipalidad de Castro y del Gobierno Regional de Los Lagos, Avenida Chiloé abrirá oficialmente su convocatoria el próximo 12 de junio para emprendedores, artesanos, productores gastronómicos, organizaciones culturales y representantes territoriales de todo el archipiélago. En tiempos donde las industrias creativas aparecen como una alternativa concreta para diversificar las economías locales, el proyecto busca demostrar que la cultura puede ser mucho más que entretenimiento: una herramienta capaz de activar barrios, fortalecer identidades y proyectar el futuro de Chiloé desde sus propias raíces.

El satélite chileno que quiere convertir el espacio en su laboratorio

Mientras la carrera espacial suele asociarse a gigantes tecnológicos y multimillonarias inversiones internacionales, desde Santiago se está gestando una misión que busca demostrar que la innovación también puede despegar desde el sur del mundo. Se trata de SUCHAI-4, el nuevo nanosatélite desarrollado por el Laboratorio de Exploración Espacial y Planetaria (SPEL) de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, que será lanzado durante julio desde Estados Unidos.

Aunque pesa apenas cinco kilos y ocupa un volumen cercano a los cinco litros, el dispositivo funcionará como un laboratorio científico autónomo capaz de ejecutar cerca de 60 experimentos tecnológicos y científicos en órbita. La misión será enviada a 590 kilómetros de altura en una órbita polar sincronizada con el Sol, continuando el trabajo desarrollado previamente por las misiones SUCHAI, SUCHAI-2, SUCHAI-3 y PlantSat.

El proyecto representa uno de los desarrollos espaciales más ambiciosos realizados completamente en Chile. Además de incorporar investigaciones en biología espacial, instrumentación avanzada y telecomunicaciones, busca consolidar la formación de nuevas generaciones de especialistas en un área estratégica para el futuro tecnológico del país. El decano de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, Francisco Martínez, destacó que “en la Facultad seguimos desarrollando esta tecnología con gran éxito e incorporando nuevos desafíos. En este caso, condensación significa que 60 experimentos estarán en este nanosatélite de 5 litros, que incorpora biología espacial, instrumentación nueva que permite relocalización y percepción de partículas, y comunicaciones. Es un conocimiento y una tecnología muy fina, de alta precisión, hecha completamente en Chile, formando nuevos expertos y nuevas generaciones que se renuevan año a año en este conocimiento espacial”.

Uno de los aspectos más innovadores de SUCHAI-4 es su capacidad de orientación precisa en el espacio. Para lograrlo, el equipo desarrolló un sofisticado sistema que combina ruedas de reacción, electroimanes, propulsores de gas frío y propulsores de plasma. Esta arquitectura permitirá apuntar instrumentos con una precisión inédita para una plataforma de este tamaño, abriendo la puerta a pruebas de observación astronómica, comunicaciones ópticas mediante láser y monitoreo científico de partículas presentes en el entorno espacial.

El satélite también funcionará como una plataforma experimental flexible. Incorporará un telescopio capaz de observar desde el espectro ultravioleta hasta el infrarrojo cercano, sensores magnéticos, detectores de partículas y sistemas para evaluar nuevos materiales basados en grafeno. Todo ello será gestionado mediante un software de vuelo reprogramable desarrollado junto a la Universidad de Santiago, permitiendo modificar operaciones incluso después de que el satélite se encuentre orbitando la Tierra.

Para el investigador principal del proyecto, Marcos Díaz, el verdadero salto tecnológico está en la autonomía de la misión. “El gran salto del SUCHAI-4 es que probaremos las capacidades de autonomía del sistema, operando como un laboratorio espacial flexible y que procesa y aprende. Logramos miniaturizar e integrar tecnologías que nos permiten apuntar el satélite con precisión. Esto no solo abre la puerta a diversas aplicaciones en astronomía, geofísica, y comunicaciones, sino que, gracias a nuestro software reprogramable, podemos ajustar y mejorar los sistemas en pleno vuelo”. Una vez desplegado en órbita, comenzará una etapa tan científica como simbólica: radioaficionados y estudiantes de distintas regiones del país intentarán captar las primeras señales emitidas por el satélite. Será el momento en que este pequeño laboratorio chileno confirme que está vivo y listo para comenzar una nueva etapa de exploración espacial hecha desde América Latina.

La música chilena celebró su mejor noche entre leyendas y nuevas voces

La música chilena volvió a tomarse el escenario con una ceremonia que mezcló emoción, diversidad sonora y varias señales sobre hacia dónde se está moviendo la escena local. La duodécima edición de los Premios Pulsar cerró una intensa semana de celebraciones con una gala transmitida desde TVN, donde artistas consagrados y nuevas voces compartieron protagonismo en una de las vitrinas más importantes para la industria musical nacional.

Entre los nombres que marcaron la jornada destacó Mon Laferte, quien desde México se hizo presente con una presentación especialmente preparada en el marco de su gira Femme Fatale. La artista terminó consolidándose como una de las grandes triunfadoras de la edición 2026 tras obtener los reconocimientos a Intérprete Vocal del Año y Mejor Álbum Pop, reafirmando un vínculo creativo con Chile que sigue vigente pese a la distancia geográfica.

Pero la noche también dejó espacio para una nueva generación de proyectos que están redefiniendo los límites de la música nacional. La banda Candelabro confirmó el impacto de su álbum Deseo, Carne y Voluntad, adjudicándose dos de las categorías más relevantes de la ceremonia: Mejor Álbum Rock y Álbum del Año. El reconocimiento consolida a una agrupación que en los últimos años ha ganado notoriedad gracias a una propuesta experimental, intensa y alejada de las fórmulas tradicionales de la industria.

La diversidad de géneros volvió a ser uno de los sellos de los Premios Pulsar. Mientras Camila Moreno fue distinguida como Mejor Cantautora, Chicarica se quedó con el reconocimiento a Mejor Álbum de Música Electrónica y Engrupid Pipol se impuso en la categoría Metal. Por su parte, Alanys Lagos logró una de las victorias más comentadas de la noche al quedarse con el premio a Mejor Álbum Ranchera y también con el galardón de Artista del Público, respaldada por más de 26 mil votos.

Las presentaciones en vivo funcionaron como una radiografía de la amplitud musical que hoy convive en Chile. Desde el homenaje sinfónico al legado de Víctor Jara interpretado por la Orquesta Clásica y el Coro Sinfónico de la Usach, hasta el cierre urbano de Sinaka, la ceremonia transitó por distintas generaciones y estéticas. También destacaron los shows de De Saloon, que celebró 25 años de carrera, y Javiera Mena, quien adelantó parte del espíritu nostálgico que marcará su próximo gran concierto en el Movistar Arena.

Más allá de los premios, la gala volvió a instalar una idea que se repite año tras año: la música chilena atraviesa un momento de expansión creativa donde conviven el pop, el rock, la electrónica, la música tropical y los sonidos urbanos. Una escena que ya no depende exclusivamente de los grandes circuitos comerciales y que encuentra nuevas audiencias dentro y fuera del país. Como resumió Rodrigo Osorio, presidente de la SCD: “vivimos nuevamente una verdadera fiesta de la música chilena, con shows únicos e irrepetibles, y con ganadores y ganadoras que verdaderamente dan cuenta de lo potente que es nuestra escena en todos sus géneros. Da un orgullo enorme ver a este evento así de grande, consolidado por lejos como la gran ceremonia de nuestra música, y eso es también una responsabilidad para nosotros, que debemos preocuparnos de que los Premios Pulsar se sigan proyectando como un hito ineludible de la música y la cultura en Chile”.

Ventilar, alimentarse mejor y entender el invierno

Con la llegada del invierno y las temperaturas acercándose a sus niveles más bajos del año, las conversaciones sobre resfríos, defensas bajas y remedios caseros vuelven a instalarse en la rutina cotidiana. Sin embargo, detrás de muchas creencias populares existe una explicación científica que ayuda a entender qué ocurre realmente cuando el frío se instala en las ciudades y hogares. Especialistas de la Universidad de Chile advierten que el problema no es únicamente la temperatura, sino la combinación de factores ambientales, hábitos domésticos y condiciones biológicas que terminan favoreciendo la circulación de virus respiratorios.

Una de las ideas más repetidas durante esta época es que el frío enferma. La académica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile e integrante del Núcleo Interdisciplinario de Microbiología, Vivian Luchsinger, aclara que la situación es más compleja. “Lo que sí hace es disminuir la respuesta inmune, innata de las personas. Por ejemplo, disminuye la actividad de los cilios nasales que ayudan a eliminar los virus hacia el exterior y eso altera las mucosas, entonces favorece las infecciones por los virus”. A esto se suma un fenómeno cotidiano: durante el invierno las personas pasan más tiempo en espacios cerrados y reducen la ventilación de las viviendas, aumentando las posibilidades de contagio.

La ventilación aparece precisamente como uno de los factores más importantes para atravesar la temporada fría sin comprometer la salud. Bárbara Rodríguez Droguett, académica de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile, sostiene que abrir las ventanas varias veces al día es una práctica esencial, incluso cuando el frío parece desaconsejarlo. Según explica, la humedad acumulada por duchas, cocinas, calefacción, mascotas e incluso la respiración diaria termina generando condensación en muros y ventanas. Ese exceso de humedad favorece la aparición de moho y microorganismos que afectan la calidad del aire interior.

La especialista advierte que las consecuencias van más allá de una pared manchada. “La exposición al moho intradomiciliario está vinculado al asma, alergias respiratorias y en años recientes incluso se ha vinculado a neuroinflamación que puede empeorar a síntomas de ansiedad y depresión”. Por eso, una práctica tan habitual como secar ropa dentro de la casa durante el invierno puede transformarse en un problema silencioso para la salud de quienes habitan esos espacios.

El invierno también modifica la forma en que nos relacionamos con la comida. La sensación de hambre aumenta porque el cuerpo necesita más energía para mantener su temperatura. Carmen Gloria González, académica del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA), explica que la exposición al frío incrementa el gasto energético basal y estimula el apetito. La recomendación no es comer más ultraprocesados ni caer en el exceso de calorías vacías, sino privilegiar preparaciones nutritivas que aporten energía sostenida, como legumbres, cereales integrales, verduras cocidas, sopas y caldos tradicionales.

Junto con la alimentación, los especialistas recomiendan reforzar hábitos simples que pueden marcar diferencias durante los meses más fríos. Mantener una hidratación adecuada, aunque no exista sensación de sed, consumir fuentes naturales de vitamina C y evitar cambios bruscos de temperatura forman parte de las medidas más efectivas. En una temporada donde las bajas temperaturas suelen dominar la conversación, la evidencia científica apunta a una conclusión clara: el verdadero desafío no es el frío en sí mismo, sino cómo convivimos con él dentro y fuera de nuestras casas.

La batalla por el mar que trasciende la Ley Lafkenche

La discusión sobre el futuro del borde costero chileno volvió al centro de la agenda política tras la Cuenta Pública del Presidente José Antonio Kast. El anuncio de eventuales modificaciones a la Ley Indígena y el avance de conversaciones para reformar la Ley Lafkenche han generado inquietud en comunidades indígenas desde Atacama hasta Los Lagos, que observan con preocupación cómo el debate público se ha concentrado en cuestionar mecanismos de protección territorial sin considerar la experiencia acumulada en los territorios donde ya operan los Espacios Costeros Marinos de Pueblos Originarios (ECMPO).

La controversia se intensificó luego de la visita del subsecretario de Pesca, Osvaldo Urrutia, a Puerto Montt, donde participó en el taller “Diálogo por el futuro del borde costero”. Allí se adelantó que los cambios en estudio podrían abordar aspectos como las solicitudes de ECMPO, la proporcionalidad de las áreas y los criterios para acreditar el uso consuetudinario. Sin embargo, desde distintas comunidades sostienen que la conversación se está desarrollando desde una lógica administrativa y productiva que deja fuera dimensiones culturales, ambientales y sociales fundamentales.

En medio de un escenario marcado por la presión sobre los recursos naturales y la creciente demanda por espacios costeros, dirigentes indígenas insisten en aclarar uno de los puntos que consideran más distorsionados en la discusión pública: los ECMPO no representan privatización del mar ni exclusión de otros usuarios. Desde Carelmapu, la Comunidad Indígena Encura Mapu asegura que estos instrumentos han permitido generar modelos de gobernanza compartida donde conviven la pesca artesanal, actividades productivas y la conservación de los ecosistemas.

“Se ha instalado la idea de que los ECMPO privatizan el mar o frenan el desarrollo, y eso ha generado temor y desinformación en muchos territorios, dificultando el diálogo. Pero nuestra experiencia demuestra todo lo contrario: la gobernanza comunitaria puede convivir con actividades productivas y aportar a modelos de desarrollo más sostenibles, donde exista equilibrio entre economía, ecosistemas y comunidades”, señala José Alberto Molina Hueichán, líder de la Comunidad Indígena Encura Mapu.

Más al sur, en los territorios australes de la Patagonia, la discusión adquiere una dimensión aún más profunda. Para las comunidades Kawésqar, el mar no es únicamente un espacio económico, sino una parte esencial de su historia, identidad y memoria colectiva. “Para nuestra comunidad Kawésqar el mar no es un recurso separado de nuestra vida o nuestra cultura. Es parte de nuestra memoria, de nuestra forma de habitar el territorio y de nuestra identidad. Por eso cuando defendemos estos espacios no lo hacemos desde una discusión técnica o económica, sino desde la experiencia de quienes han vivido históricamente vinculados al mar. La protección territorial no puede quedar subordinada únicamente a intereses industriales”, afirma Leticia Caro, representante de la comunidad Kawésqar Grupos Familiares Nómades del Mar.

Las organizaciones indígenas coinciden en que el debate sobre la Ley Lafkenche trasciende una discusión legal. En regiones como Aysén y La Araucanía, advierten que la conversación pública se ha polarizado y que temas como la protección de ecosistemas, la crisis climática y la participación de las comunidades en la toma de decisiones han quedado relegados. En ese contexto, el llamado es a construir una mirada de largo plazo que permita compatibilizar desarrollo económico, conservación ambiental y derechos territoriales. Como resume Andrea Soledad Reuca Neculman, representante de la Red de Mujeres Originarias por la Defensa del Mar, “Lo que está en discusión no es solo una ley. Lo que está en juego es cómo Chile decide relacionarse con el mar, con los territorios y con las comunidades que históricamente los han cuidado”.

Ciencia made in Chile busca revolucionar las baterías de litio

La promesa de una tecnología más limpia y eficiente depende, en gran medida, de algo que la mayoría de las personas lleva todos los días en el bolsillo: las baterías de ion-litio. Desde smartphones y computadores hasta vehículos eléctricos, estos dispositivos se han convertido en la columna vertebral de la transición energética. Sin embargo, uno de sus principales problemas sigue siendo el mismo: con el tiempo pierden capacidad, se degradan y almacenan cada vez menos energía.

En ese escenario, un equipo de investigadores de la Universidad de Santiago de Chile está trabajando en una solución que podría cambiar las reglas del juego. El doctor Rudy Martín, académico de la Facultad de Química y Biología de la Usach, lidera un proyecto Fondecyt Regular que busca desarrollar materiales capaces de aumentar la capacidad de almacenamiento y mejorar la estabilidad de las baterías de ion-litio, permitiendo que duren más tiempo sin sacrificar rendimiento.

La investigación pone el foco en uno de los componentes más importantes de una batería: el ánodo. Actualmente, este elemento está fabricado principalmente con grafito, un material confiable pero limitado en términos de capacidad energética. El silicio aparece como una alternativa altamente atractiva porque puede almacenar hasta diez veces más energía que el carbono. El problema es que, durante los ciclos de carga y descarga, su estructura se expande y contrae de manera extrema, provocando un rápido deterioro.

“Las baterías tienen varias partes: un ánodo, un cátodo, una membrana y un electrolito. Cada componente es imprescindible y en el caso del ánodo porque es donde se almacena la energía una vez que se carga la batería. Hoy ese ánodo es de carbono, pero hay un material mucho más prometedor, que es el silicio, porque puede almacenar mucha más energía por unidad de masa. El problema es que, cuando el litio forma aleación con el silicio durante la carga, este cambia mucho su volumen, se expande y eso hace que el material se deteriore”, menciona el académico Martín.

Para enfrentar este desafío, el equipo desarrollará un innovador polímero que actuará como un aglutinante, una especie de pegamento inteligente encargado de mantener unidos los materiales activos del ánodo. La apuesta es que este material tenga la capacidad de autorrepararse frente al desgaste provocado por cientos o incluso miles de ciclos de carga. “Todas las baterías tienen un polímero, que corresponde a entre un 5% y un 10% de su masa total, que se llama aglutinante, este actúa como un pegamento, ya que mantiene unidos los materiales activos del electrodo (donde se almacena la energía), que en realidad son partículas, fijándolos a un conductor electrónico. Para que funcione bien, este material tiene que ser capaz de auto-repararse con los sucesivos ciclos de carga y descarga, y que pueda ciclar de cien a mil veces sin perder tanta capacidad”, explica el Dr. Rudy Martín.

Durante los próximos cuatro años, los investigadores construirán y probarán baterías experimentales para evaluar el comportamiento de estos nuevos materiales en condiciones reales. Más allá del laboratorio, el proyecto también busca una aplicación concreta en la industria. A diferencia de otras propuestas tecnológicas que requieren procesos costosos o materiales difíciles de escalar, esta solución podría incorporarse a las cadenas de producción actuales sin aumentar significativamente los costos. En un mundo cada vez más dependiente de la energía portátil y la electromovilidad, una batería capaz de almacenar más energía y resistir mejor el paso del tiempo podría convertirse en una de las piezas clave de la próxima generación tecnológica.

Calor, plástico y salud infantil bajo la lupa de la ciencia chilena

El plástico está en prácticamente todos los rincones de la vida cotidiana. Desde envases y botellas hasta juguetes y utensilios para bebés, su presencia parece inevitable. Sin embargo, mientras la ciencia continúa descubriendo los efectos que algunos de sus componentes pueden tener sobre la salud humana, una nueva investigación chilena busca responder una pregunta que preocupa especialmente a madres, padres y cuidadores: ¿qué ocurre realmente cuando una mamadera se expone al calor de forma repetida?

Ese es el desafío que lidera el doctor Jaime Pizarro, investigador de la Facultad de Química y Biología de la Universidad de Santiago de Chile, quien encabeza un proyecto Fondecyt Regular orientado a estudiar la migración de compuestos químicos desde distintos tipos de plásticos hacia la leche o el agua que consumen niños y niñas. El estudio surge en un contexto donde el bisfenol A (BPA), uno de los disruptores endocrinos más conocidos, ya fue restringido en diversos países debido a sus posibles efectos sobre los sistemas inmunológico, neurológico y hormonal.

Aunque muchas mamaderas actuales se comercializan como libres de BPA, la comunidad científica todavía busca comprender qué sucede con otros compuestos presentes en los materiales plásticos. “Hoy en día, el punto es que no sabemos si al calentar una mamadera, incluso aquellas que se comercializan como libres de BPA, se pueden generar compuestos derivados del propio plástico que, con el tiempo, migren hacia el contenido nutricional, como la leche o el agua. En ese sentido, existe consenso en que la exposición a disruptores endocrinos presentes en productos plásticos podría afectar el desarrollo”, explica el Dr. Jaime Pizarro.

La investigación analizará cómo variables tan comunes como la temperatura, la exposición a la luz y el tiempo de uso pueden favorecer la liberación de sustancias químicas desde los plásticos. Se trata de un fenómeno poco estudiado de manera integral, pese a que forma parte de rutinas domésticas diarias. “Hasta la fecha no ha habido un estudio sistemático que aborde el efecto conjunto de factores como la temperatura, la luz y el tiempo de almacenamiento en una mamadera, especialmente considerando su uso cotidiano, como el calentamiento repetido a lo largo del día y su uso prolongado en el tiempo. Tampoco se ha evaluado con precisión su capacidad de generar compuestos que migren hacia la leche o el agua”, explica el investigador.

Para avanzar en estas respuestas, el equipo desarrollará sensores electroquímicos capaces de detectar sustancias como el nonilfenol y el ftalato de dibutilo, compuestos presentes en diferentes tipos de plásticos y que también son considerados potenciales disruptores endocrinos. La apuesta tecnológica busca ofrecer una alternativa más accesible y eficiente para monitorear la presencia de estas sustancias, validando posteriormente los resultados mediante técnicas cromatográficas de alta precisión.

Con una duración proyectada de cuatro años, el estudio no solo busca generar evidencia científica inédita en Chile, sino también abrir una conversación más amplia sobre el uso cotidiano del plástico en contextos sensibles como la alimentación infantil. “Si bien este tipo de investigación tiene un alto potencial de impacto, también es fundamental avanzar en la concientización sobre el uso de estos materiales. Hoy es difícil prescindir del plástico, pero sí es posible promover un uso más informado, especialmente en contextos sensibles como la alimentación infantil. Generar ese conocimiento y ponerlo a disposición de la sociedad es, finalmente, uno de los principales objetivos de este proyecto”, concluye el Dr. Jaime Pizarro.

Javiera Mena lleva al Movistar el álbum que marcó una generación

Hace dos décadas, cuando las redes sociales apenas comenzaban a moldear la cultura digital y la música independiente sobrevivía gracias al boca a boca, Javiera Mena lanzó un disco que terminaría convirtiéndose en una pieza fundamental del pop latinoamericano. Hoy, veinte años después de la publicación de Esquemas Juveniles, la artista chilena anuncia el concierto más grande de su trayectoria: su primer show en solitario en el Movistar Arena, programado para el próximo 9 de diciembre.

La presentación no solo marca un nuevo hito para una de las figuras más influyentes de la música hispana contemporánea, sino que también funciona como una celebración de un álbum que redefinió las reglas del pop independiente en Chile. Publicado desde la autogestión y construido junto al productor Cristian Heyne, Esquemas Juveniles nació en una época donde los discos se vendían físicamente en espacios emblemáticos como Sonik o durante conciertos en el desaparecido Cine Arte Alameda. Desde ahí comenzó una historia que terminaría influyendo a toda una generación de artistas.

La dimensión simbólica del concierto no pasa desapercibida para la propia cantante. “Hacer un Movistar Arena sola con Esquemas Juveniles se siente como cerrar un círculo hermoso y gigante. Cuando yo compuse esas canciones, mi universo era diminuto y todo nacía desde un teclado Casio. Pensar que ese minimalismo hoy nos va a llevar a un escenario tan grande como el Movistar es muy fuerte”, reflexiona Javiera Mena sobre este momento clave de su carrera.

El espectáculo estará centrado en rescatar la esencia original del álbum, devolviendo al escenario canciones que marcaron una época para la música independiente chilena. Temas como Sol de Invierno o Al Siguiente Nivel volverán a sonar con el espíritu que los convirtió en himnos generacionales, pero acompañados de una puesta en escena de gran formato que promete combinar tecnología, visuales y una narrativa especialmente diseñada para la ocasión.

Más que un concierto retrospectivo, la artista plantea esta fecha como un recorrido por las distintas etapas de su universo creativo. “El concierto va a ser un viaje fluido. Vamos a pasar de mi pequeña pieza con mi computador a muchos universos diferentes, en donde exploraré desde la ternura de las baladas hasta la apertura de la electrónica. Mi carrera siempre ha sido transitar entre esos dos mundos: la melancolía y la pista de baile”, adelanta.

La cita también contará con invitados especiales y colaboraciones que buscan rendir homenaje a la escena independiente que acompañó el surgimiento de Javiera Mena durante los años 2000. En una industria cada vez más acelerada y dominada por tendencias efímeras, el regreso a Esquemas Juveniles aparece como una oportunidad para revisitar uno de los discos más influyentes del pop chileno y confirmar que algunas canciones, lejos de envejecer, siguen encontrando nuevas generaciones dispuestas a hacerlas propias.

El empleo para toda la vida pierde terreno entre los jóvenes

La idea de permanecer años en una misma empresa parece cada vez más lejana para la Generación Z. Mientras generaciones anteriores construían carreras profesionales a largo plazo dentro de una organización, los Centennials están optando por trayectorias mucho más dinámicas, impulsadas por la búsqueda de aprendizaje, desarrollo y experiencias alineadas con sus valores personales. Así lo revela el informe global “Generación Z en el mundo laboral: enfocados en el futuro, moviéndose rápidamente”, elaborado por Randstad a partir de una encuesta a 11.250 trabajadores y del análisis de más de 126 millones de ofertas de empleo en todo el mundo.

Los datos muestran una generación que no teme moverse. Uno de cada tres jóvenes de la Generación Z planea cambiar de trabajo durante el próximo año, una cifra que supera ampliamente a Millennials, Generación X y Baby Boomers. Al mismo tiempo, apenas un 11% de estos trabajadores visualiza permanecer indefinidamente en su empleo actual. Lejos de interpretarse como una falta de compromiso, la tendencia responde a una nueva forma de entender el desarrollo profesional, donde el crecimiento constante pesa más que la estabilidad tradicional.

La velocidad con la que los Centennials construyen sus carreras también queda reflejada en el tiempo promedio que permanecen en un puesto durante sus primeros años laborales. Según el estudio, la permanencia promedio alcanza apenas 1,1 años, muy por debajo de las generaciones anteriores. La principal razón detrás de estos cambios, excluyendo el salario, es la falta de oportunidades de desarrollo profesional, un factor que se ha convertido en una prioridad para quienes buscan construir una carrera con propósito y posibilidades reales de crecimiento.

“Los datos muestran que esta mayor movilidad laboral de la Generación Z plantea desafíos adicionales a las organizaciones a la hora de atraer y retener talento. Esta nueva realidad nos interpela para repensar cómo construimos trayectorias profesionales atractivas, con aprendizaje continuo y oportunidades de impacto real que satisfagan los deseos y necesidades de los trabajadores más jóvenes”, señaló Andrea Avila, CEO de Randstad para Argentina, Chile, Uruguay y México.

El fenómeno ocurre además en un contexto laboral complejo. El análisis de Randstad detectó una caída del 29% en las ofertas de empleo para cargos de nivel inicial desde enero de 2024, reduciendo las oportunidades para quienes recién ingresan al mercado laboral. Frente a este escenario, muchos jóvenes están diversificando sus estrategias: solo el 45% ocupa actualmente empleos tradicionales a tiempo completo y una parte importante busca complementar sus ingresos y experiencia mediante trabajos paralelos. Más de la mitad se encuentra activamente explorando nuevas oportunidades laborales.

“Si bien los Z ingresaron al mercado laboral en un contexto de cambios profundos y alta incertidumbre, confían en sus habilidades y tienen ambición de futuro. Frente a esta realidad, los empleadores pueden solo prejuzgar que la movilidad es producto de un menor nivel de compromiso y atenerse a una profundización de la escasez de talento, o, por el contrario, asimilar la necesidad de trabajar colaborativamente con esta generación para definir trayectorias profesionales inspiradoras y ámbitos laborales más alineados con sus expectativas. Retener a los jóvenes no se trata solo de ofrecer un salario competitivo, sino de crear entornos donde puedan ver su crecimiento, sentirse escuchados y alinear su trabajo con sus valores y propósito personales”, agregó Avila. En un mercado laboral cada vez más competitivo, la Generación Z parece tener claro que el trabajo ya no es solo una fuente de ingresos: también es una herramienta para construir identidad, propósito y futuro.

El hallazgo chileno que podría cambiar las cirugías de cáncer de mama

Durante años, la grasa mamaria fue vista como un simple “relleno” biológico alrededor de los tumores. Pero una investigación liderada por la doctora Lobos-González está cambiando esa idea y abriendo una nueva discusión dentro de la ciencia oncológica chilena. El foco ya no está solo en las células cancerígenas, sino también en cómo el propio tejido adiposo podría ayudar al cáncer de mama a expandirse, reaparecer e incluso generar metástasis años después de una cirugía aparentemente exitosa.

La clave de esta investigación está en la lactadherina, una proteína presente normalmente en la leche materna, pero que en pacientes con cáncer de mama aumenta de manera agresiva. Según explica el equipo científico, esta molécula tendría un rol importante en la progresión tumoral y en la capacidad del cáncer para diseminarse. “Estamos abriendo el camino a un área desconocida, pero que, de lograr comprender mejor estos adipocitos asociados al cáncer, podríamos impactar rápidamente en nuestras pacientes que sufren y se angustian por no saber qué se viene en su evolución clínica. Estamos peleando contra ese miedo con herramientas de biología celular y molecular”, señala la doctora Lobos-González.

Para enfrentar este fenómeno, las investigadoras desarrollaron LacApta, un aptámero —una especie de “capturador molecular”— diseñado para bloquear la lactadherina. La idea es que este biofármaco pueda utilizarse durante las cirugías de cáncer de mama para limpiar el tejido intervenido y evitar que queden rastros moleculares capaces de provocar futuras recurrencias. El proyecto apunta incluso a que las pacientes puedan continuar el tratamiento posteriormente, frenando células con potencial metastásico antes de que se expandan a órganos como pulmones o cerebro.

Uno de los hallazgos más inquietantes del estudio tiene relación con los adipocitos asociados al cáncer. El equipo descubrió que las células tumorales son capaces de “reprogramar” las células grasas de la mama, transformándolas en estructuras que favorecen la propagación del cáncer. “Lo hemos visto in vitro; si a adipocitos les ponemos células tumorales mamarias cerca, o la secreción de estas células tumorales, el adipocito cambia, se adelgaza y alarga, secreta ácido palmítico y luego se queda tal cual, casi eterno”, explica la académica. Según la investigación, estas células modificadas podrían permanecer durante años en el tejido cicatricial después de una mastectomía.

El estudio también pone bajo la lupa un procedimiento ampliamente utilizado en reconstrucción mamaria: usar grasa de la propia paciente para reconstruir la mama tras la cirugía. El equipo científico sospecha que, si quedan adipocitos alterados en la zona operada, estas nuevas células grasas podrían volver a transformarse y generar un ambiente favorable para el regreso del cáncer. La hipótesis todavía está en desarrollo, pero ya abrió conversaciones con cirujanos y oncólogos respecto a posibles cambios futuros en protocolos médicos.

Con modelos celulares avanzados y pruebas en sistemas experimentales, la investigación chilena busca entender cómo el microentorno del cáncer influye en su agresividad. Y aunque todavía falta camino para trasladar estos hallazgos a tratamientos masivos, el proyecto ya está instalando una pregunta incómoda dentro de la medicina moderna: ¿qué pasa si el cáncer no desaparece del todo porque ciertas células del propio cuerpo siguen ayudándolo a sobrevivir en silencio?