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Julieta Venegas y Ana Tijoux se reencuentran en Santiago para presentar Norteña

“Yo no pensaba ‘quiero hacer música, quiero ser cantante’. Yo quería ser compositora, y ni siquiera sabía bien lo que eso significaba”. La frase de Julieta Venegas resume buena parte del espíritu de Norteña. Memorias del comienzo, su primer libro, presentado este sábado 15 de agosto en el Centro Cultural La Moneda. Publicado por La Pollera Ediciones y presentado por la cantante chilena Ana Tijoux, el encuentro recorrió los primeros años de una carrera que terminó convirtiéndola en una de las voces más reconocibles de la música en español.

La presentación reunió música, literatura y memoria en una conversación que permitió a Venegas regresar a su infancia y juventud en Tijuana, su relación con Estados Unidos y el entorno familiar que terminó moldeando su sensibilidad artística. Antes de convertirse en solista, la mexicana pasó por bandas como Tijuana No!, mientras desarrollaba una identidad creativa que posteriormente desembocaría en discos fundamentales como Sí (2003) y Limón y sal (2006). Su más reciente álbum, Norteña, publicado en mayo de 2026, nació además en paralelo al proceso literario.

Desde el Centro Cultural La Moneda destacaron precisamente ese cruce entre disciplinas. “Recibir a Julieta Venegas presentando su primer libro es un privilegio para el Centro Cultural La Moneda. Estas instancias nos permiten tejer puentes entre distintas disciplinas, tal como lo hace Norteña, un libro que transita entre la música y la literatura. Abrir nuestros espacios a este tipo de conversaciones, convocando a lectores, fanáticos de la música y también a interesados en la cultura en general, es parte esencial de lo que buscamos, y sobre todo recibir a una cantante internacional de su talla dialoga con el plan de internacionalización que estamos ejecutando”, señaló Alejandra Valenzuela, directora ejecutiva de la institución.

La historia que Venegas reconstruye comienza mucho antes de los escenarios. Creció en una familia marcada por la sensibilidad artística: su padre y su hermana son fotógrafos, mientras que su madre fue una figura fundamental en su relación con la música. “Me inculcaron una cotidianidad con la música, un estar, un cantar todo el tiempo. Siento que mi relación con la música está muy enredada con la manera en cómo se escuchaba música en mi casa”, recordó durante la presentación.

Uno de los recuerdos que permanece con mayor fuerza es la llegada de su primer piano, cuando tenía apenas ocho años. “Entrar a la casa fue como wow, me impresionó. Y cuando me dijeron que era mío y que me lo podía quedar, ese momento nunca lo voy a olvidar”. A partir de ahí comenzó un camino que no estuvo marcado desde el principio por la certeza de convertirse en cantante, sino por la búsqueda de una manera propia de crear canciones.

Esa búsqueda también tuvo momentos de crisis. Venegas contó que durante casi un año escribió y descartó canciones hasta encontrar una respuesta en algo aparentemente cotidiano: la manera espontánea en que su madre cantaba. “Tuve una crisis muy fuerte. Me preguntaba qué tipo de canciones quería hacer, entonces ahí la conclusión fue, quiero generar esa reacción que ella tiene con las canciones cuando las canta sin pensar, así sin complicarse, cantando en el auto o lo que sea. Y entonces dije: esa es la canción que quiero hacer, y ese es el camino hacia donde me fui”.

El salto desde la composición musical hacia las memorias significó enfrentarse a un proceso completamente diferente. Si una canción puede nacer de un impulso y encontrar rápidamente una estructura, un libro exige volver sobre los recuerdos, revisarlos y enfrentarlos desde otra distancia. “Con las canciones escribo la música y la letra en un tiempo. Acá también, pero después lleva muchísimo rigor, mucha revisión. Creo que es 30% impulso, 70% corrección, y eso lo hace muy diferente”, explicó.

La escritura de Norteña se extendió durante aproximadamente dos años y estuvo acompañada por una sensación permanente de incertidumbre. “Sentí mucho vértigo. Todo el tiempo decía ‘me está costando, esto se acabó, no lo voy a poder hacer’”. Sin embargo, ese proceso terminó abriendo conversaciones familiares que hasta entonces habían quedado pendientes. Para Venegas, volver sobre su propia historia no fue solamente un ejercicio literario, sino también una forma de revisar vínculos y recuerdos desde el presente.

La experiencia incluso produjo una reacción inesperada en su hermana gemela. “Me dijo ‘es impresionante, siento que descubrí cosas de ti que no conocía’”. En ese sentido, el libro no funciona únicamente como archivo de una trayectoria musical de más de tres décadas, sino como una reconstrucción personal de los lugares, personas y momentos que precedieron a la artista que el público conoció posteriormente.

El encuentro en Santiago también sirvió para reafirmar el vínculo de Venegas con Chile, país al que dedicó palabras de afecto durante la jornada. El cierre fue musical y conectó directamente las distintas etapas de su carrera: interpretó “Tiempos dorados”, primer adelanto de su nuevo disco, y luego “Eres para mí” junto a Ana Tijoux, recuperando una colaboración que ambas artistas realizaron originalmente en 2006. Así, entre recuerdos, literatura y canciones, Norteñaterminó siendo menos un recuento de éxitos que una mirada hacia la persona que existía antes de ellos.

Princesa Alba vuelve al Santiago de los 2000 con “Tus estaciones”

El Metro de Santiago vuelve a convertirse en escenario de una historia de amor. Este jueves 13 de agosto, Princesa Albaestrenó oficialmente “Tus estaciones”, un nuevo sencillo que cruza pop melódico, guiños al indie y ritmos suaves para explorar una etapa más madura de su propuesta musical. El lanzamiento llega acompañado de un videoclip dirigido por Esteban Vargas Roa, donde los vagones, estaciones y trayectos cotidianos de la capital funcionan como territorio emocional.

La canción tiene una historia que se remonta a 2016 y 2017, cuando la artista todavía se trasladaba diariamente como estudiante y comenzaba a escribir algunas de las maquetas que marcarían su carrera, entre ellas “Convéncete”. En ese entonces, los desplazamientos por Santiago terminaron convirtiéndose en un espacio de creación. Lejos del ruido como distracción, las multitudes y los trayectos repetitivos funcionaron como una especie de aislamiento dentro de la ciudad.

“Efectivamente, los espacios de mucho tránsito y horario peak son cuando más me conecto con mi inconsciente, mis sentimientos y mi corazón. Dicen que en esos momentos mecánicos o en piloto automático es cuando más nos encontramos con nuestro universo creativo. Siento que entre más multitudes hay, más conectada estoy conmigo misma; entre las multitudes me hallo mucho”, explica Princesa Alba sobre el origen de la canción.

Esa relación entre ciudad, memoria y música se traslada directamente al videoclip. Bajo la dirección de Esteban Vargas Roa, el Metro aparece no solamente como una locación, sino como el eje narrativo de una historia marcada por recuerdos y pequeños objetos cargados de significado. Entre ellos aparece un teléfono Sony Ericsson, elemento que conecta la estética de comienzos de los 2000 con una época previa a la hiperconectividad permanente de las redes sociales.

Visualmente, “Tus estaciones” también mira hacia atrás. El videoclip recupera códigos del pop de los años 2000 y referencias asociadas a figuras como Julieta Venegas, Belanova y Nelly Furtado, mientras incorpora influencias del cine japonés y secuencias de danza contemporánea que progresivamente llevan el relato hacia un territorio más surrealista e íntimo. El resultado funciona como una cápsula temporal donde Santiago aparece reconocible, pero filtrado por la memoria y la imaginación de la artista.

“Siento que el videoclip retrata muy bien esa sensación de la canción: que no alcanzó a dejarme nunca en su estación porque siempre estuve metida en mi cabeza. Esta canción tiene algo de culpa, de no haber podido dar más en la relación; es un tema super triste y nostálgico que se ve reflejado perfectamente en el video”, agrega la artista. Esa idea atraviesa la canción completa: viajar mientras la cabeza permanece atrapada en otro lugar, convertir un trayecto rutinario en el escenario de una relación que ya terminó.

“Tus estaciones” llega después de “Ella y yo”, publicado el pasado 18 de junio, y continúa una etapa de exploración que posiciona a Princesa Alba desde una sensibilidad pop cada vez más sofisticada. En este nuevo capítulo, el transporte público deja de ser simplemente parte del paisaje santiaguino para transformarse en metáfora: estaciones que se suceden, personas que suben y bajan y recuerdos que permanecen incluso cuando el tren ya está en movimiento.

Deepsearch y el lado B de nuestra huella digital

En redes sociales como Instagram y TikTok comenzó a circular una nueva herramienta de inteligencia artificial que promete encontrar prácticamente todo lo que existe sobre una persona en internet. Deepsearch funciona como un agregador de información capaz de rastrear perfiles, registros públicos, fotografías y otros contenidos disponibles en la web para construir, en pocos segundos, una especie de mapa de la huella digital de un individuo. El atractivo es evidente, pero también abre una pregunta incómoda para una generación acostumbrada a vivir buena parte de su identidad online: ¿cuánto sabemos realmente sobre lo que internet puede encontrar de nosotros?

Para Diego Fuentealba, ingeniero en ejecución en computación, ingeniero civil industrial y académico de la Facultad de Administración y Economía de la Universidad de Santiago, la herramienta puede entenderse como “un agregador asistido por IA”. A partir de un nombre o, en algunas versiones, una fotografía, la aplicación rastrea distintas fuentes, cruza resultados y construye perfiles consolidados. El problema es que la información obtenida no necesariamente es completa ni correcta. Michael Miranda, jefe de la Carrera de Ingeniería Civil en Mecatrónica de la Usach, advierte que “el principal punto a considerar es que esta app no necesariamente descubra información secreta. Lo que hace es automatizar la búsqueda, agregación y presentación de datos que continúan accesibles en la web”.

El verdadero riesgo aparece cuando información aparentemente inofensiva comienza a ser combinada. Una fotografía antigua, una dirección que alguna vez fue pública, una noticia, un lugar de trabajo o una cuenta abandonada pueden adquirir una dimensión completamente diferente cuando una herramienta los reúne y los presenta como parte de un mismo perfil. Fuentealba define este fenómeno como “riesgo de agregación”, porque los datos dispersos pueden facilitar prácticas como el doxxing, el acoso, la suplantación de identidad o incluso la confusión entre personas con nombres similares. A esto se suma otro problema: la IA puede equivocarse y atribuir antecedentes de una persona a otra.

La discusión se vuelve todavía más delicada cuando aparecen herramientas de reconocimiento facial, geolocalización a partir de fotografías o sistemas que intentan inferir características personales desde el rostro. Para Fuentealba, ahí aparece una señal de alerta, porque “Eso ya es perfilado biométrico, tratado como dato sensible tanto en el Reglamento General de la Protección de Datos (RGPD) de la Unión Europea como en la nueva ley chilena”. La cuestión ya no sería solamente qué información está disponible en internet, sino quién puede reunirla, con qué propósito y hasta dónde puede llegar su utilización.

En Chile, además, el escenario regulatorio está cambiando. El académico explica que la legislación vigente contempla excepciones para determinados datos provenientes de fuentes accesibles al público, una situación que ha mantenido a este tipo de servicios en una zona jurídica poco definida. Sin embargo, la entrada en vigencia de la Ley 21.719 modificará ese escenario y establecerá nuevas exigencias para el tratamiento de datos personales. En paralelo, Miranda recuerda que el país ya cuenta con una cultura de búsqueda de información personal a través de servicios como los llamados “rutificadores” y plataformas que permiten consultar antecedentes asociados a patentes. Deepsearch, en ese sentido, no aparece de la nada: lleva a una escala mucho mayor una práctica que internet ya había normalizado.

La pregunta, entonces, no es únicamente si una aplicación puede encontrar nuestros datos, sino qué hacemos nosotros con esa información. Para Fuentealba, una de las formas más responsables de utilizar este tipo de herramientas es revisar la propia huella digital y no convertirlas en instrumentos para vigilar a otras personas. También recomienda evitar subir fotografías de terceros para búsquedas faciales sin consentimiento, verificar los resultados directamente con sus fuentes originales y no tomar decisiones laborales o personales basándose exclusivamente en perfiles generados por IA. Porque mientras buscamos información sobre alguien más, también estamos entregando información sobre nosotros mismos: qué buscamos, con qué frecuencia y desde qué dispositivo.

La discusión sobre Deepsearch termina revelando algo más amplio que una nueva aplicación de moda. En una internet donde cada publicación, fotografía o registro puede permanecer disponible durante años, la privacidad ya no depende solamente de esconder información. Como plantea Miranda, “privacidad no significa solamente mantener información en secreto. También implica conservar cierto control sobre quien utiliza nuestros datos, con qué finalidad, durante cuánto tiempo y con qué otros antecedentes los combina”. Y en un ecosistema donde la inteligencia artificial puede reunir en segundos fragmentos que antes estaban dispersos, la verdadera huella digital quizá no sea lo que publicamos, sino todo aquello que otros pueden reconstruir a partir de nosotros.

El terremoto que obligó a Chile a aprender a convivir con los sismos

A las 19:55 horas del 16 de agosto de 1906, la tierra comenzó a moverse frente a las costas de Valparaíso. El terremoto, cuya magnitud se estima entre 8,2 y 8,6 Mw, se prolongó durante varios minutos y fue seguido por un segundo movimiento de gran intensidad. La ciudad puerto quedó devastada: entre el 60% y el 80% de sus edificaciones resultaron destruidas, mientras un tsunami, incendios y una posterior crisis sanitaria profundizaron una tragedia que dejó entre tres mil y cuatro mil personas fallecidas. Pero el desastre también terminó convirtiéndose en uno de los puntos de inflexión más importantes para la ciencia, la ingeniería y las políticas públicas chilenas.

El terremoto se sintió desde Tacna hasta Puerto Montt y afectó también a ciudades como Viña del Mar, Illapel y Talca. En una época en que la sismología todavía estaba lejos de contar con las herramientas actuales, la magnitud de la destrucción obligó al Estado a cambiar su manera de entender los terremotos. “En apenas doce meses, el planeta registró al menos seis terremotos de magnitud cercana o superior a 8,0 en lugares tan distintos como Ecuador, Alaska, Chile, Nueva Guinea, China y California, además de un evento 7,4 en Japón, que ocurrieron cuando la sismología era todavía una disciplina en una etapa de desarrollo inicial, con redes de instrumentación escasas y que tendían a sobreestimar las magnitudes”, explica Gabriela Herrera, investigadora del Programa Riesgo Sísmico de la Universidad de Chile.

La respuesta institucional comenzó a tomar forma cuando el gobierno de Pedro Montt impulsó la creación de un organismo dedicado al estudio de los terremotos. El 1 de mayo de 1908 nació el Servicio Sismológico de Chile, antecedente directo del actual Centro Sismológico Nacional, que hoy funciona en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile. Para Sergio Barrientos, director del CSN, el terremoto de Valparaíso “hizo que las autoridades de la época entendieran la importancia de estudiar los sismos que ocurrían en Chile, así como sus efectos”. La llegada del especialista Fernand Montessus de Ballore y la instalación de estaciones de monitoreo en distintos puntos del país marcaron el inicio de una institucionalidad científica que terminaría convirtiendo a Chile en referente internacional en materia sísmica.

Pero la tragedia también cambió la manera de construir. La destrucción dejó en evidencia que algunos sistemas estructurales resistían mejor que otros, impulsando el uso de hormigón armado, muros cortafuegos y estructuras metálicas en reemplazo de parte de las construcciones de adobe y albañilería simple. El académico Rubén Boroschek explica que “La necesidad de masificar el conocimiento de aquello que aprendemos en cada terremoto, en particular Valparaíso 1906 y Talca 1928, llevó a que las primeras regulaciones del diseño sísmico aparecieran a mediados de los años 1930”. Con los terremotos posteriores, Chile fue acumulando datos y experiencia para perfeccionar sus normas, un proceso en el que la Universidad de Chile tuvo un papel central y que actualmente es observado incluso por países como Turquía y Nueva Zelanda.

El desastre también expuso una dimensión menos visible de los terremotos: la crisis sanitaria que aparece cuando colapsan las condiciones básicas de una ciudad. La falta de agua potable, el hacinamiento, los escombros y los cadáveres generaron un escenario propicio para enfermedades como la viruela y el tifus. “El terremoto de 1906 en Valparaíso desnudó la determinación social de la salud: el hacinamiento y la falta de agua potable convirtieron el desastre en una letal crisis de viruela y tifus”, explica Viviana Ulloa Pino, subdirectora del CITRID y académica de la Facultad de Medicina. La instalación de puestos médicos, brigadas sanitarias y espacios de atención de emergencia terminó acelerando procesos que posteriormente contribuirían a la profesionalización de la salud y a la creación de nuevas políticas sanitarias.

En medio de esa emergencia también aparecieron los estudiantes de la Universidad de Chile. Jóvenes que participaron en labores de apoyo, curación y asistencia a las comunidades afectadas comenzaron a construir una tradición de organización estudiantil vinculada con las necesidades del país. Javier Concha, secretario general de la FECh, recuerda que “hace 120 años, frente al terremoto de Valparaíso, los estudiantes de la Universidad de Chile se organizaron para responder a las necesidades de las comunidades afectadas. Ese impulso de organización y de solidaridad fue parte del contexto que dio origen a la FECh en 1906 y que ha marcado desde sus inicios una forma de entender el rol de los estudiantes de la Universidad de Chile dentro de la sociedad”. Esa tradición terminaría proyectándose décadas después en los conocidos trabajos voluntarios.

Hoy, 120 años después, Chile cuenta con una arquitectura institucional, científica y normativa muy distinta a la de 1906. El Centro Sismológico Nacional, SENAPRED, el SHOA, universidades y organismos públicos trabajan sobre una lógica que ya no se limita a responder cuando ocurre el desastre, sino que busca anticiparse a sus consecuencias. El aprendizaje también se amplió hacia una mirada de multiamenaza, donde terremotos, tsunamis, incendios, remociones en masa y eventos asociados al cambio climático forman parte de un mismo desafío. La historia de Valparaíso demuestra que un desastre puede destruir una ciudad, pero también puede obligar a un país a aprender. Y en Chile, buena parte de esa transformación comenzó aquella noche de agosto de 1906.

El título ya no garantiza un trabajo acorde a lo que estudiaste

Chile está viviendo una paradoja laboral que golpea especialmente a quienes llegaron al mercado con un título universitario o técnico bajo el brazo. Nunca antes la fuerza de trabajo había tenido un nivel de educación superior tan alto, pero encontrar un empleo que realmente corresponda con esa formación se está volviendo cada vez más difícil. El fenómeno, conocido como “desempleo ilustrado”, combina cesantía, trabajos por debajo de las calificaciones y una economía que no estaría generando suficientes puestos de alta especialización.

Según un informe del Observatorio del Contexto Económico de la Universidad Diego Portales, durante el trimestre abril-junio de 2026 el desempleo entre personas con educación superior completa alcanzó el 8,3%, 0,4 puntos porcentuales más que en el mismo período del año anterior. La cifra acumula diez meses consecutivos de aumentos interanuales, mientras el desempleo general suma cuatro meses de incrementos.

Pero la cifra de desempleo es apenas una parte de la historia. Entre los poco más de cuatro millones de personas con educación superior completa que actualmente tienen trabajo, un 37,7% se encuentra subempleado de acuerdo con sus calificaciones. Es decir, tienen empleo, pero realizan labores que no necesariamente requieren el nivel de formación que adquirieron. Para el economista y académico de la Universidad de Santiago Víctor Silva, reducir este escenario a una supuesta sobreoferta de profesionales sería quedarse en la superficie. “Esto no es un problema de que ‘sobren’ profesionales”, sostuvo.

El cambio estructural de la fuerza laboral chilena ayuda a entender el problema. En 2010, las personas con educación superior completa representaban el 22% de la fuerza de trabajo. En 2026, esa proporción llegó al 42,2%, prácticamente el doble. En el sentido contrario, quienes tenían menos que enseñanza media completa pasaron de representar el 35,2% al 17%. Chile, en poco más de una década, pasó a tener una fuerza laboral considerablemente más educada, pero sin que ese cambio haya sido acompañado por una expansión equivalente de los empleos calificados.

“Chile duplicó la proporción de profesionales en su fuerza laboral en 15 años (…) pero la economía lleva más de una década creciendo poco y generando empleo de baja calidad”, planteó Silva. Según su análisis, el 79,9% de los nuevos puestos de trabajo creados para profesionales corresponde a empleos de subempleo. La paradoja queda así bastante clara: hay más personas preparadas para ocupar puestos especializados, pero una parte importante termina ingresando a trabajos que no utilizan plenamente sus conocimientos.

El problema, además, no afecta por igual a todas las carreras. Humanidades y Servicios Personales presentan mayores niveles de desempleo, mientras que áreas como Derecho, Educación y Medicina Veterinaria muestran tasas inferiores. Para Silva, ambos fenómenos —la sobreoferta en determinadas áreas y la falta de empleos de calidad— pueden coexistir, pero no tienen el mismo peso. “El hecho de que 8 de cada 10 empleos nuevos para profesionales sean subempleo me dice que el problema estructural más grande está del lado de la demanda: aunque cerráramos mañana la sobreoferta en Humanidades, seguiríamos con un problema de calidad del empleo si la economía no acelera su generación de puestos calificados. No le echaría la culpa al alumno de Trabajo Social o Periodismo; le echaría la culpa a una economía que no crece lo suficiente para absorber a la fuerza laboral más calificada de nuestra historia”, comentó.

El escenario también instala una pregunta incómoda para quienes están pensando qué estudiar. Elegir una carrera hoy ya no parece depender solamente de la vocación, sino también de las condiciones que encontrarán sus futuros profesionales en el mercado. Silva advierte sobre el llamado “efecto cicatriz” del desempleo, fenómeno por el cual comenzar la vida laboral durante una etapa económica débil puede generar consecuencias salariales que persisten incluso cuando la economía vuelve a mejorar.

Por eso, la decisión educativa debería considerar más variables que la empleabilidad inmediata. “Elegir carrera es, en el fondo, una decisión de inversión bajo incertidumbre”, explicó el economista. La vocación continúa siendo relevante, pero también lo son las perspectivas laborales, el riesgo y el horizonte de largo plazo. En un mercado donde las carreras de hoy pueden enfrentar escenarios muy distintos mañana, elegir únicamente según el ranking o el titular de turno puede ser otra forma de equivocarse.

El desafío, finalmente, no parece estar solo en cuántos profesionales forma Chile, sino en qué tipo de economía está construyendo para recibirlos. Una generación cada vez más educada está entrando a un mercado donde conseguir trabajo no necesariamente significa encontrar el trabajo para el que estudió. Y esa distancia entre formación y oportunidades podría convertirse en uno de los principales debates laborales de los próximos años.

¿Siempre tienes las manos frías? Esto es lo que explica un especialista

Tener las manos o los pies helados durante el invierno parece parte del paisaje. Sin embargo, cuando esa sensación aparece incluso con temperaturas cálidas, se repite con frecuencia o tarda demasiado en desaparecer, puede convertirse en una señal que vale la pena observar. Aunque en la mayoría de los casos responde a un mecanismo normal del organismo, existen algunas condiciones de salud que pueden estar detrás de este fenómeno.

El académico de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Santiago, doctor Tito Pizarro, explica que una de las principales razones es la vasoconstricción, proceso mediante el cual los vasos sanguíneos se estrechan temporalmente y reducen el flujo de sangre hacia las extremidades. “Hay muchas personas que sufren de esto, que las manos y los pies se les ponen frías incluso cuando hace calor y tratan de abrigarse. A veces se demora harto en sentir que las manos y pies están calientes”, señaló a Diario Usach.

En términos simples, el cuerpo redistribuye el flujo sanguíneo como una forma de responder a determinadas condiciones ambientales o internas. “Los vasos que hacen la circulación producen una vasoconstricción, se cierran los vasitos y es una sensación de frío que uno tiene en los dedos de las manos y sobre todo en los pies, incluso con temperaturas ambientales cálidas”, explicó Pizarro. Si el episodio es ocasional y desaparece por sí solo, generalmente no significa que exista una enfermedad.

La situación cambia cuando el frío se vuelve recurrente o prácticamente permanente. En esos casos, el especialista recomienda consultar a un profesional para descartar otras causas. “Si esto pasa muchas veces y uno siente que esto está permanentemente ocurriendo en esos fenómenos de vasoconstricción, uno debe consultar a un médico para descartar otras causas que ya no son normales”, advirtió.

Una de las posibilidades es el fenómeno de Raynaud, una respuesta exagerada de los vasos sanguíneos que puede activarse frente al frío o el estrés. Además de la sensación de frío, puede provocar hormigueo, dolor y cambios de coloración en los dedos, que incluso pueden adquirir tonalidades azuladas. “El fenómeno de Raynaud es una vasoconstricción también, sobre todo en las manos, pero a veces ocurre también en los dedos de los pies y ocurre frente al frío, frente al estrés”, indicó el académico.

El Raynaud puede aparecer sin una causa identificable, pero también estar relacionado con otras enfermedades, por lo que una evaluación médica resulta importante cuando los episodios son frecuentes o intensos. El abordaje dependerá de su origen y puede incluir medidas destinadas a evitar el frío y controlar factores desencadenantes como el estrés.

Otra condición que puede estar detrás de una mayor sensibilidad al frío es el hipotiroidismo. Cuando la tiroides produce una cantidad insuficiente de hormonas, pueden aparecer distintos síntomas, entre ellos una mayor intolerancia a las bajas temperaturas. “Otro cuadro que hay que siempre estar atento cuando hay gente que tiene frío es un hipotiroidismo. La disminución de la función de la hormona tiroidea hace que las personas tengan intolerancia al frío”, explicó Pizarro.

Por eso, si la sensación de frío aparece de manera persistente, se presenta incluso en ambientes cálidos o viene acompañada de otros síntomas, consultar puede ayudar a identificar si existe una alteración de la función tiroidea, un trastorno vascular u otra condición que requiera atención. La clave está en observar la frecuencia y la intensidad, más que entrar en pánico frente a un episodio aislado.

De todos modos, el mensaje del especialista también apunta a bajar la alarma innecesaria. Sentir ocasionalmente las manos o los pies fríos es una experiencia bastante común y forma parte de las respuestas normales del organismo. Como enfatiza Pizarro, “Siempre recordar que esa sensación de frío que uno tiene y que siente que las manos están frías, que los pies están fríos, suelen ser muy normales. Mucha gente lo tiene y no hay que asustarse”.

Jack Johnson lidera el regreso de Surfestival a Pichilemu

El verano de 2027 ya tiene uno de sus primeros grandes encuentros marcados en el calendario. Surfestival confirmó su regreso a Pichilemu con un cartel que cruza surf, reggae, hip hop, funk, cumbia y sonidos vinculados a la cultura costera. Jack Johnson lidera una edición que también reunirá a Donavon Frankenreiter, Los Cafres, Movimiento Original, Amigo de Artistas, Bruno Borlone & La Funky Fantástica Orquesta, Hendrix Frankenreiter y Haumoana.

La venta de entradas comenzó este 10 de agosto a través de Ticketplus, con una serie de preventas y descuentos destinados a quienes se inscribieron previamente y clientes Santander. La primera etapa contempla un 30% de descuento durante 48 horas o hasta agotar stock, mientras que posteriormente se habilitará una preventa con 20% de descuento para clientes del banco y otro 20% para quienes realizaron la preinscripción. La venta general comenzará el miércoles 12 de agosto.

Entre los nombres más esperados aparece Jack Johnson, músico, cineasta y exsurfista profesional cuya carrera ha estado estrechamente vinculada a la cultura del océano y la vida al aire libre. Su presencia conecta directamente con la identidad que Surfestival ha construido durante más de dos décadas, combinando música, surf, naturaleza y una preocupación permanente por el cuidado del medioambiente.

Otro de los protagonistas será Donavon Frankenreiter, referente del surf rock y amigo cercano de Johnson. Su relación comenzó en Hawái y terminó también cruzándose con la música: Johnson produjo su primer disco a través de Brushfire Records. En Pichilemu, Frankenreiter llegará con su Ask Me Anything Tour, propuesta que apuesta por una relación más directa e interactiva con el público.

Desde Argentina aterrizarán Los Cafres, una de las agrupaciones fundamentales del reggae latinoamericano. Formados en Buenos Aires en 1987, fueron pioneros en llevar el reggae roots al español y llegarán con un repertorio construido a lo largo de 14 discos. Chile también tendrá una fuerte representación con Movimiento Original, banda que lleva dos décadas fusionando hip hop y reggae y que se ha convertido en uno de los nombres más reconocibles de la música urbana nacional.

La nueva cumbia chilena estará representada por Amigo de Artistas, mientras que Bruno Borlone & La Funky Fantástica Orquesta llevará al escenario una mezcla de funk, disco, hip hop, soul, electrónica y música latina. El cartel también incorpora una conexión generacional dentro de la propia cultura surf: Hendrix Frankenreiter, hijo de Donavon, llegará desde Hawái como representante de una nueva camada de músicos vinculados al océano y a los sonidos de la isla.

Desde Rapa Nui llegará Haumoana, cantante, músico y surfista que combina elementos de la música de sus raíces con reggae, R&B y soul. Su participación suma una dimensión territorial al festival, conectando la cultura insular del Pacífico con el circuito musical y surfista que durante años ha encontrado en Pichilemu uno de sus principales puntos de encuentro en Chile.

Con dos décadas de historia, Surfestival se ha convertido en algo más que un festival musical. Su propuesta busca reunir una comunidad alrededor del surf y la vida al aire libre, incorporando además la protección del borde costero, el cuidado del medioambiente y la conexión con la naturaleza como parte de su identidad. En 2027, esa fórmula volverá a encontrarse con una nueva generación de público en las playas de Pichilemu.

El jurel escaseó y la caballa encontró su lugar en las mesas chilenas

Durante años, pocas preparaciones han sido tan reconocibles en la mesa chilena como una mezcla de jurel en conserva, cebolla, cilantro, limón y aceite, acompañada por una marraqueta y, para quienes no le temen a la mayo, una dosis generosa de mayonesa. Pero este clásico del picoteo y de la once comenzó a desaparecer de los supermercados durante el primer semestre, empujado por una menor disponibilidad del recurso. Ahora, la industria asegura que el jurel está reapareciendo en las costas del sur, aunque las capturas todavía permanecen por debajo de un año normal.

La menor presencia del pescado en las góndolas estaría relacionada con las condiciones oceanográficas asociadas al fenómeno de El Niño. El aumento de la temperatura del mar habría modificado la distribución del jurel y dificultado su captura habitual. Con las embarcaciones retomando sus operaciones y el recurso nuevamente localizado frente a las costas del sur de Chile, la situación comienza lentamente a normalizarse, aunque todavía no permite hablar de un regreso completo a los niveles habituales de abastecimiento.

Mientras el jurel escaseaba, otro pescado comenzó a ocupar su lugar en los supermercados: la caballa. Aunque pertenecen a familias biológicas diferentes, ambos son pescados azules y comparten una característica clave para la alimentación: un importante aporte de proteínas y ácidos grasos omega-3. Para Marcela Zamorano, académica de la Facultad Tecnológica de la Universidad de Santiago y especialista en análisis y composición química de los alimentos, la principal diferencia está precisamente en la cantidad de grasa. “Son pescados con una alta cantidad de proteína, donde el contenido de proteína de ambos es cerca de un 20%, pero la gran diferencia radica en el contenido de grasa. La caballa tiene aproximadamente el doble contenido de materia grasa que el jurel”.

Ese mayor contenido graso también modifica el aporte energético. “El jurel tiene alrededor de un 5,6% y la caballa tiene alrededor de un 13 a un 14%. Y por lo tanto esto hace que su aporte energético, las calorías que aportan sean más altas, alrededor de un 30, 40% más y en el contenido de proteínas ambas son iguales, no hay gran diferencia”, explica Zamorano. En otras palabras, si el objetivo es obtener proteínas, ambos pescados cumplen prácticamente la misma función, mientras que la caballa entrega una mayor cantidad de grasa y, por consecuencia, más calorías.

La diferencia también juega a favor de la caballa cuando se habla de omega-3. Estos ácidos grasos están asociados a beneficios cardiovasculares y participan en funciones relacionadas con el cerebro y la visión. Según la académica, “obviamente la caballa tiene más, por tener mayor cantidad de materia grasa en el filete por así decirlo”. En términos aproximados, agrega que “generalmente la caballa presenta de 2 a 3 gramos de omega 3 por 100 gramos (de filete crudo), y el jurel alrededor de 1,5 a 2 gramos de omega 3 por 100 gramos”.

Entonces, ¿puede la caballa reemplazar al jurel en la cocina chilena? Para Zamorano, sí. La diferencia estará principalmente en el sabor, la textura y el aporte calórico. La especialista considera que es un “buen reemplazo, salvo que hay que considerar que como tiene más materia grasa siempre va a producir algo más de calorías”. Además, ambos pescados aportan vitamina D y vitamina B12, nutrientes habituales en alimentos de origen animal. En la práctica, la caballa puede ocupar perfectamente el lugar del jurel en ensaladas, preparaciones frías, sándwiches o el clásico plato con cebolla y limón.

El cambio también se nota en el paladar. Al tener más grasa, la caballa presenta un sabor más intenso y una textura diferente. “Se siente un poco más graso, mientras que el jurel presenta un sabor menos intenso y una textura un poquito más firme”, señala la académica. Para quienes están acostumbrados al sabor más suave del jurel, la diferencia puede ser evidente, pero no necesariamente significa renunciar a una preparación tradicional.

También está la discusión sobre el agua o el aceite. Las conservas en aceite suelen tener un sabor más intenso, mientras que las versiones en agua permiten reducir el aporte calórico. Zamorano explica que “el gusto de las conservas en agua es un poco menos sabroso, pero si uno está buscando una dieta o alimentos en baja caloría, obviamente debiera preferir las conservas en agua”. Las alternativas en aceite de oliva también pueden ser una opción, ya que incorporan ácidos grasos monoinsaturados.

Por ahora, el jurel parece comenzar su regreso, pero la caballa ya encontró un espacio propio en la despensa chilena. Más que una sustitución obligada por la escasez, puede convertirse en otra alternativa accesible para incorporar pescado a la alimentación cotidiana. Como resume Zamorano, “la caballa es una alternativa, porque es un pescado que no tiene un gran precio, especialmente lo que se vende en conserva. Y por lo tanto, para utilizarla en distintas preparaciones, es un pescado importante, porque además tiene un alto aporte de omega-3”.

Por qué algunas casas gastan más energía y siguen estando frías

Cada invierno, miles de hogares chilenos enfrentan la misma paradoja: gastar cada vez más en luz, gas, leña o parafina y, aun así, seguir viviendo en casas frías. El problema no estaría únicamente en el precio de los combustibles, sino también en una infraestructura habitacional que, en muchos casos, deja escapar rápidamente el calor. Un nuevo análisis de la Universidad de Chile plantea que mejorar la aislación térmica de las viviendas debería ser parte central de las políticas contra la pobreza energética.

El Policy Paper “Vivienda y pobreza energética en Chile: hacia una política integral de habitabilidad”, elaborado por la Red de Pobreza Energética y publicado por la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo de la Universidad de Chile, propone mirar el problema desde una perspectiva más amplia. El documento, desarrollado por 18 investigadores y especialistas, plantea que las políticas de vivienda y energía no pueden continuar funcionando como agendas separadas, ya que las condiciones de una vivienda determinan cuánto deben gastar las familias para alcanzar niveles mínimos de confort térmico.

Pero ¿qué significa exactamente pobreza energética? Paz Araya, investigadora de la Red de Pobreza Energética, explica que “Según la definición coconstruida desde la Red de Pobreza Energética, un hogar se encuentra en situación de pobreza energética cuando no tiene acceso equitativo a servicios energéticos de alta calidad, es decir, que sean adecuados, confiables, seguros y no contaminantes, para cubrir las necesidades de energía que le permiten sostener el desarrollo humano y económico de sus integrantes”. El concepto, por tanto, no se reduce a no poder pagar una cuenta: también considera la posibilidad real de vivir en condiciones adecuadas.

El problema comienza en las paredes, techos y ventanas. Una parte importante del parque habitacional chileno fue construida bajo estándares térmicos insuficientes o antes de que existieran exigencias relevantes en esta materia. Como consecuencia, buena parte del calor producido por una estufa termina escapando rápidamente hacia el exterior. Para las familias, esto significa mantener los sistemas de calefacción funcionando durante más tiempo, elevar el gasto mensual y, en algunos casos, reducir el consumo hasta niveles que afectan directamente el confort y la salud.

La situación tampoco termina en el bolsillo. Araya advierte que “la incapacidad de satisfacer adecuadamente necesidades humanas básicas y fundamentales tiene implicancias en la salud física, como enfermedades cardiovasculares y respiratorias asociadas al frío, y contaminación intradomiciliaria por combustión a leña; afectaciones psicológicas provocadas por el estrés crónico, la precariedad y la incertidumbre energética; impactos socioemocionales en las relaciones personales y en el clima familiar, y también efectos en las oportunidades educativas y laborales, como la imposibilidad de estudiar de noche por falta de luz o calefacción y la postergación de la atención médica debido a la reasignación del presupuesto, por ejemplo”.

Por eso, el documento plantea que la respuesta no debería concentrarse exclusivamente en subsidiar combustibles o reemplazar estufas. Si una vivienda pierde calor por sus muros, techos y ventanas, cualquier sistema de calefacción tendrá que trabajar más para mantener una temperatura confortable. La alternativa propuesta pasa por avanzar hacia un mejoramiento térmico masivo de las viviendas existentes, mediante aislación de muros y techos, sellado de ventanas y programas de reacondicionamiento que permitan elevar la calidad del parque habitacional que ya está construido.

La discusión también apunta hacia las viviendas que todavía no existen. El estudio propone estándares de construcción más exigentes que permitan garantizar condiciones mínimas de temperatura, eficiencia energética y ventilación desde el momento en que se diseña una nueva vivienda. Para lograrlo, los investigadores plantean una mayor coordinación entre organismos como los ministerios de Vivienda y Urbanismo y de Energía, entendiendo que la habitabilidad térmica forma parte de una política de vivienda adecuada y no simplemente de una decisión individual sobre cómo calefaccionar.

Y el desafío no termina cuando llega septiembre. En un contexto marcado por eventos climáticos cada vez más extremos, mejorar la vivienda significa prepararla tanto para el frío como para el calor. Araya sostiene que “Las mejoras en habitabilidad implican abordar la pobreza energética considerando sus impactos en hogares que no están preparados para las bajas temperaturas, como las del invierno en la zona centro y sur del país, pero también los impactos de las olas de calor durante el verano”. La casa del futuro, plantea el informe, no debería ser solamente aquella que consuma menos energía, sino aquella capaz de proteger a quienes viven dentro de ella.

Cuando TikTok empieza a diagnosticar nuestras emociones

“Me dio TOC”, “me disocié”, “estoy sobreestimulado” o “eso me da ansiedad”. Expresiones que hace algunos años pertenecían principalmente al lenguaje clínico hoy circulan con naturalidad entre conversaciones, memes y videos de redes sociales. La popularización de estos conceptos ha ayudado a que la salud mental deje de ser un tema tabú, pero también ha instalado una nueva pregunta: ¿cuándo estamos describiendo una experiencia cotidiana y cuándo estamos hablando de una condición que requiere evaluación profesional?

Para Andrea Cruzat, psicóloga del Centro de Atención Psicológica (CAPS) de la Universidad de Chile, que existan más palabras para hablar de lo que sentimos representa un avance. La conversación pública sobre bienestar emocional puede facilitar que las personas comprendan sus experiencias y pierdan el miedo a pedir ayuda. Sin embargo, la especialista advierte que convertir conceptos clínicos complejos en etiquetas de uso cotidiano también puede generar confusión, especialmente cuando el contenido consumido en internet termina reemplazando una evaluación profesional.

“Por un lado, es muy positivo que la gente pueda tener más palabras para pensar sus estados emocionales, cómo se sienten y cómo les afectan las cosas. Eso también facilita que las personas quieran conocer más sobre lo que les ocurre y que hablar de salud mental ya no sea algo tan estigmatizado. Sin embargo, cuando se utilizan términos que son diagnósticamente complejos de forma imprecisa, también aparecen dificultades”, explica Cruzat.

El fenómeno se vuelve particularmente visible cuando ciertas expresiones comienzan a utilizarse como etiquetas identitarias. Decir “tengo TOC” porque una persona es ordenada, afirmar “soy bipolar” después de experimentar cambios de ánimo o atribuir determinadas conductas al espectro autista puede parecer inofensivo, pero simplifica condiciones que tienen criterios clínicos específicos. Según Cruzat, el autodiagnóstico puede incluso modificar la manera en que una persona interpreta sus relaciones, sus dificultades y su propia historia sin contar con las herramientas necesarias para establecer si existe realmente un diagnóstico.

La diferencia tampoco está únicamente en experimentar un síntoma. La intensidad, duración y consecuencias de determinadas experiencias son elementos relevantes para una evaluación clínica. “Una de las características comunes de muchos diagnósticos es que producen un malestar importante y afectan directamente el desarrollo de la vida de las personas, ya sea en lo laboral, social, académico o personal. No son condiciones que puedan tomarse a la ligera solo porque se hayan popularizado en redes sociales”, enfatiza la especialista.

En ese escenario, las redes pueden funcionar como una puerta de entrada, pero no como un sustituto de la atención profesional. La pregunta más útil no necesariamente es “¿tengo este trastorno?”, sino cuánto está interfiriendo ese malestar en la vida cotidiana. Problemas persistentes que afectan el estudio, el trabajo, las relaciones personales o el bienestar general pueden ser una señal para buscar orientación especializada. “Uno no tiene que esperar estar en una situación crítica para acudir a un psicólogo. Muchas personas consultan porque se sienten confundidas, desorientadas o quieren comprender mejor lo que les está pasando. También puede ser una consulta preventiva, antes de que el malestar aumente. Ir a un profesional no significa necesariamente que exista un diagnóstico, sino que también puede ser una forma de entender mejor lo que estamos viviendo”, afirma.

La conversación sobre salud mental, entonces, parece estar entrando en una segunda etapa. El desafío ya no consiste únicamente en conseguir que las personas hablen de ansiedad, depresión, trauma o neurodivergencia, sino en hacerlo con mayor precisión y responsabilidad. En una generación acostumbrada a buscar respuestas inmediatas en TikTok, Instagram o YouTube, reconocer los límites de esa información también forma parte del cuidado. Las redes pueden ponerle nombre a una experiencia y abrir una conversación, pero cuando el malestar comienza a condicionar la vida, la siguiente búsqueda debería conducir hacia un profesional y no solamente hacia otro video.