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El sesgo de género que atraviesa las noticias sobre inteligencia artificial

La inteligencia artificial ya ocupa un lugar central en la conversación pública, pero una investigación sobre su cobertura en la prensa chilena plantea una pregunta incómoda: ¿quiénes aparecen como protagonistas cuando hablamos de su futuro? El estudio “Inteligencia artificial y género en la prensa chilena. Autoridad epistémica y lenguaje del prestigio”, publicado en la Revista Iberoamericana de Ciencia, Tecnología y Sociedad, analizó 12.531 noticias publicadas entre 2020 y 2025 en El Mercurio, La Tercera, La Cuarta y Diario Financiero.

La investigación fue liderada por la doctora en sociología Mónica Humeres y Lionel Brossi, académicos de la Facultad de Comunicación e Imagen, junto a Jacqueline Vega-Poblete, de la Pontificia Universidad Católica de Chile, y Matías Valderrama Barragán, de la Universidad Adolfo Ibáñez. El trabajo combinó herramientas computacionales de análisis de texto con una revisión cualitativa de artículos para estudiar cómo los medios construyen liderazgo, experticia y legitimidad en torno a la IA desde una perspectiva de género.

El resultado más visible aparece en las cifras generales. Las categorías asociadas a hombres concentraron cerca del 71% de las menciones, frente a un 29% vinculadas a mujeres. Pero el estudio advierte que la diferencia no se explica únicamente por cantidad de apariciones. Cuando la cobertura aborda liderazgo y poder, las menciones masculinas llegan al 79%, mientras que las femeninas representan el 21%. En las posiciones relacionadas con conocimiento experto, como científicos, académicos e ingenieros, la proporción masculina alcanza el 75,3%, frente al 24,7% femenina.

“Mientras los hombres aparecen cambiando el mundo y dirigiendo el futuro, las mujeres son narradas como resolviendo los problemas que esa transformación deja atrás”, explica Mónica Humeres, investigadora en Futures of Artificial Intelligence Research (FAIR). El estudio identifica así una diferencia en los roles narrativos: los hombres aparecen con mayor frecuencia como innovadores, fundadores, empresarios y estrategas, mientras las mujeres son asociadas con educación, ética, regulación, inclusión y aplicaciones sociales de tecnologías ya desarrolladas.

El fenómeno es abordado por los autores mediante el concepto de “lenguaje del prestigio”, referido a las palabras y estructuras narrativas que relacionan a determinadas personas con acciones como crear, fundar, innovar, dirigir, transformar o influir. “La prensa contribuye a construir quiénes reconocemos como sus protagonistas legítimos, quiénes aparecen autorizados para explicarla y quiénes parecen capaces de conducir su desarrollo. En ese sentido, esta sobrerrepresentación masculina contribuye a consolidar un imaginario de la IA en el que la innovación, la experticia y el liderazgo tecnológico siguen teniendo un rostro principalmente masculino”, argumenta Humeres.

El análisis también detectó diferencias en la forma en que se construye la autoridad de hombres y mujeres. Según los investigadores, las expertas tienden a aparecer acompañadas por una descripción más detallada de sus títulos, premios y credenciales, mientras que los hombres son presentados con mayor frecuencia a partir de aquello que hicieron, crearon o fundaron. En paralelo, el estudio señala que la desigualdad se mantiene incluso después de la expansión de la IA generativa: desde 2022 aumentaron las referencias a ambos géneros, pero las proporciones relativas no cambiaron de manera sustantiva. Para los autores, el desafío no consiste solamente en incorporar más mujeres a las noticias, sino también en diversificar los roles desde los cuales son representadas. “La prensa no solo visibiliza rostros, sino que distribuye jerarquías de prestigio y autoridad. Por ejemplo, si simplemente se aumenta la presencia femenina sin cambiar la narrativa, el sesgo va a seguir persistiendo”, plantea Lionel Brossi.

La IA ya es parte de la vida escolar en Chile

La inteligencia artificial ya dejó de ser una herramienta experimental para convertirse en parte de la rutina escolar de miles de estudiantes chilenos. Los resultados de PISA 2025 muestran que el 51% de los estudiantes en Chile utiliza chatbots de inteligencia artificial para apoyar su aprendizaje al menos una vez por semana, por encima del promedio de 46% registrado entre los países de la OCDE.

El uso de estas herramientas aparece especialmente vinculado a las primeras etapas del aprendizaje. Un 39% de los estudiantes chilenos declaró utilizar IA para realizar investigaciones preliminares sobre nuevos temas, frente al 31% del promedio OCDE. Además, un 33% señaló que recurre a chatbots para resumir textos que debe leer y la misma proporción los utiliza para redactar trabajos escolares. Solo un 6% dijo no utilizar nunca o casi nunca estas herramientas en las actividades escolares consultadas, frente al 14% del promedio OCDE.

Pero el avance de la IA ocurre en paralelo con otra realidad dentro de las salas de clases: la distracción digital. En Chile, el 48% de los estudiantes afirmó que sus compañeros se distraen frecuentemente con dispositivos durante la mayoría o todas las clases de ciencias, una proporción superior al 28% registrado en promedio por la OCDE. El informe, sin embargo, advierte que en Chile no se encontró una asociación estadísticamente significativa entre esta distracción y el rendimiento académico, por lo que los datos no permiten afirmar que el uso de dispositivos haya causado directamente un determinado resultado.

Claudia Vargas, doctora en Didáctica de la Matemática y académica del Departamento de Matemática y Computación de la Universidad de Santiago, vinculó los resultados con una combinación de factores que excede el uso de tecnología. Sobre la caída en los aprendizajes, la académica señaló que “es toda una mezcla. El uso de las pantallas, evidentemente puede ser un factor, los jóvenes en lugar de salir a jugar a las plazas ahora prefieren pasar más tiempo en las pantallas”. Su análisis incorpora además transformaciones en los hábitos de lectura y en la experiencia cotidiana dentro de las aulas.

Para Vargas, el contexto escolar también resulta relevante para entender las dificultades actuales. “tienen una pérdida de interés bastante notoria en la lectura, no lo podemos negar. Por otro lado, el ambiente de la sala de clases no favorece, hay mucho bullying, hay mucho estímulo por la competencia y esto también no favorece la sana convivencia dentro de la sala de clases”. Los resultados de PISA 2025 muestran precisamente que la relación entre aprendizaje, bienestar y entorno escolar es un fenómeno que debe analizarse junto con las condiciones en que estudian los jóvenes.

La pandemia aparece como otro elemento dentro de esta discusión. Los estudiantes evaluados en PISA 2025 atravesaron parte de su trayectoria escolar durante el período de educación remota, experiencia que, según Vargas, tuvo efectos particularmente complejos en la adquisición de aprendizajes fundamentales. “Entonces sí que la pandemia causó una mella en la enseñanza de la matemática, los aprendizajes básicos. Pero no perdamos de vista que no es cuánta matemática saben, sino cómo saben aplicarla”. La evaluación PISA, justamente, busca medir la capacidad de los estudiantes para aplicar conocimientos a problemas y situaciones de la vida real.

Los datos de la OCDE también muestran que la relación entre inteligencia artificial y rendimiento académico no es simple. El organismo señala que los estudiantes que utilizan IA para tareas específicas como resumir textos, investigar o redactar presentan, en promedio, resultados inferiores en ciencias respecto de quienes no la utilizan para esas tareas; sin embargo, esto no demuestra causalidad. En cambio, quienes utilizan IA semanalmente con el propósito general de apoyar su aprendizaje presentan resultados similares a los no usuarios. La OCDE plantea que el desarrollo de habilidades para evaluar críticamente la información generada por IA puede ser clave para que estas herramientas funcionen como apoyo y no simplemente como una forma de obtener respuestas terminadas.

Así, el desafío para las comunidades educativas ya no pasa solamente por decidir si la inteligencia artificial entra o no a la sala de clases. La tecnología ya está presente. La discusión comienza a desplazarse hacia cómo utilizarla, cómo enseñar a verificar sus respuestas y cómo evitar que reemplace procesos esenciales como leer, comprender, investigar y resolver problemas. En Chile, donde más de la mitad de los estudiantes ya recurre semanalmente a chatbots para aprender, esa conversación dejó de ser una cuestión del futuro y forma parte del presente escolar.

La minería chilena entra en una nueva era de automatización

La minería chilena enfrenta un escenario donde producir más ya no depende únicamente de aumentar la capacidad de las faenas. La gestión de activos, la automatización y el uso de inteligencia artificial están tomando un rol cada vez más relevante para mantener la productividad y la continuidad operacional, especialmente frente a desafíos como la disminución de las leyes de los minerales. Ese fue uno de los ejes de la charla “Gestión de activos en minería: desafíos y palancas para excelencia operacional”, realizada en la Universidad de Santiago.

Durante el encuentro, realizado en el Auditorio del Departamento de Ingeniería Industrial, el gerente corporativo de mantenimiento de Codelco, Iván Tobar, abordó los avances tecnológicos de la compañía y los desafíos relacionados con seguridad y manejo de riesgos. Frente a estudiantes y académicos, también recordó el accidente ocurrido hace poco más de un año en la División El Teniente, donde seis trabajadores fallecieron y cuyas causas continúan siendo investigadas.

Tobar enfatizó que la productividad no puede imponerse sobre la seguridad. El ejecutivo sostuvo que no existe una meta productiva que justifique un accidente y planteó que, aunque Codelco tiene la responsabilidad de producir, no puede hacerlo a cualquier costo. En ese contexto, explicó que actualmente más de 40 camiones y cargadores autónomos operan en El Teniente, mientras parte de estos equipos son controlados de manera remota desde Rancagua, a unos 50 kilómetros del yacimiento. “Lamentablemente los accidentes nos enseñan que hay que aprender, modificar, y mejorar todos los sistemas de seguridad”, insistió.

La incorporación de tecnología también está modificando la forma en que se monitorean los equipos mineros. Según Tobar, Codelco alcanzó un 40% de mejora en la producción mediante el uso de inteligencia artificial y obtuvo más de un 15% de aumento en la recuperación de minerales. La automatización permite además anticiparse a eventuales problemas mecánicos mediante sensores capaces de transmitir datos de manera permanente, reemplazando procesos que antes requerían controles presenciales en terreno.

El avance hacia operaciones autónomas ya se encuentra en etapa de pruebas en prácticamente todas las faenas asociadas a la corporación. Tobar explicó que, al comparar flotas autónomas con aquellas que utilizan operadores, los equipos presentan menores gastos desde el punto de vista mecánico. El cambio no solo implica incorporar máquinas capaces de operar con menor intervención humana, sino también desarrollar sistemas capaces de interpretar grandes cantidades de información y anticipar fallas antes de que estas interrumpan la operación.

La discusión también abordó el futuro de la demanda mundial de cobre, especialmente por el avance de la electrificación y la electromovilidad. Tobar sostuvo que el mundo necesitará 37 millones de toneladas de cobre fino hacia 2050 y recordó que Chile mantiene una posición relevante en el mercado global. “Nosotros como chilenos estamos bien posicionados en el mundo al producir el 24% del cobre mundial y de ese porcentaje un 5% lo produce Codelco”, manifestó.

La transición hacia vehículos eléctricos aparece como uno de los factores que podrían aumentar la presión sobre la disponibilidad del metal rojo. “un auto a combustión interna cuenta con 25 kilos de cobre mientras que los autos eléctricos requieren entre 60 y 70 kilos”, explicó Tobar. Para la Universidad de Santiago, este escenario también abre espacio para una mayor colaboración entre la academia y la industria. El rector Pedro Palominos destacó que el encuentro “que marca un hito importante para conocer de primera fuente las problemáticas y desafíos de Codelco”, planteando que la vinculación entre ambos sectores puede contribuir al desarrollo de soluciones tecnológicas locales frente a los desafíos que enfrenta la minería chilena.

Deepsearch y el lado B de nuestra huella digital

En redes sociales como Instagram y TikTok comenzó a circular una nueva herramienta de inteligencia artificial que promete encontrar prácticamente todo lo que existe sobre una persona en internet. Deepsearch funciona como un agregador de información capaz de rastrear perfiles, registros públicos, fotografías y otros contenidos disponibles en la web para construir, en pocos segundos, una especie de mapa de la huella digital de un individuo. El atractivo es evidente, pero también abre una pregunta incómoda para una generación acostumbrada a vivir buena parte de su identidad online: ¿cuánto sabemos realmente sobre lo que internet puede encontrar de nosotros?

Para Diego Fuentealba, ingeniero en ejecución en computación, ingeniero civil industrial y académico de la Facultad de Administración y Economía de la Universidad de Santiago, la herramienta puede entenderse como “un agregador asistido por IA”. A partir de un nombre o, en algunas versiones, una fotografía, la aplicación rastrea distintas fuentes, cruza resultados y construye perfiles consolidados. El problema es que la información obtenida no necesariamente es completa ni correcta. Michael Miranda, jefe de la Carrera de Ingeniería Civil en Mecatrónica de la Usach, advierte que “el principal punto a considerar es que esta app no necesariamente descubra información secreta. Lo que hace es automatizar la búsqueda, agregación y presentación de datos que continúan accesibles en la web”.

El verdadero riesgo aparece cuando información aparentemente inofensiva comienza a ser combinada. Una fotografía antigua, una dirección que alguna vez fue pública, una noticia, un lugar de trabajo o una cuenta abandonada pueden adquirir una dimensión completamente diferente cuando una herramienta los reúne y los presenta como parte de un mismo perfil. Fuentealba define este fenómeno como “riesgo de agregación”, porque los datos dispersos pueden facilitar prácticas como el doxxing, el acoso, la suplantación de identidad o incluso la confusión entre personas con nombres similares. A esto se suma otro problema: la IA puede equivocarse y atribuir antecedentes de una persona a otra.

La discusión se vuelve todavía más delicada cuando aparecen herramientas de reconocimiento facial, geolocalización a partir de fotografías o sistemas que intentan inferir características personales desde el rostro. Para Fuentealba, ahí aparece una señal de alerta, porque “Eso ya es perfilado biométrico, tratado como dato sensible tanto en el Reglamento General de la Protección de Datos (RGPD) de la Unión Europea como en la nueva ley chilena”. La cuestión ya no sería solamente qué información está disponible en internet, sino quién puede reunirla, con qué propósito y hasta dónde puede llegar su utilización.

En Chile, además, el escenario regulatorio está cambiando. El académico explica que la legislación vigente contempla excepciones para determinados datos provenientes de fuentes accesibles al público, una situación que ha mantenido a este tipo de servicios en una zona jurídica poco definida. Sin embargo, la entrada en vigencia de la Ley 21.719 modificará ese escenario y establecerá nuevas exigencias para el tratamiento de datos personales. En paralelo, Miranda recuerda que el país ya cuenta con una cultura de búsqueda de información personal a través de servicios como los llamados “rutificadores” y plataformas que permiten consultar antecedentes asociados a patentes. Deepsearch, en ese sentido, no aparece de la nada: lleva a una escala mucho mayor una práctica que internet ya había normalizado.

La pregunta, entonces, no es únicamente si una aplicación puede encontrar nuestros datos, sino qué hacemos nosotros con esa información. Para Fuentealba, una de las formas más responsables de utilizar este tipo de herramientas es revisar la propia huella digital y no convertirlas en instrumentos para vigilar a otras personas. También recomienda evitar subir fotografías de terceros para búsquedas faciales sin consentimiento, verificar los resultados directamente con sus fuentes originales y no tomar decisiones laborales o personales basándose exclusivamente en perfiles generados por IA. Porque mientras buscamos información sobre alguien más, también estamos entregando información sobre nosotros mismos: qué buscamos, con qué frecuencia y desde qué dispositivo.

La discusión sobre Deepsearch termina revelando algo más amplio que una nueva aplicación de moda. En una internet donde cada publicación, fotografía o registro puede permanecer disponible durante años, la privacidad ya no depende solamente de esconder información. Como plantea Miranda, “privacidad no significa solamente mantener información en secreto. También implica conservar cierto control sobre quien utiliza nuestros datos, con qué finalidad, durante cuánto tiempo y con qué otros antecedentes los combina”. Y en un ecosistema donde la inteligencia artificial puede reunir en segundos fragmentos que antes estaban dispersos, la verdadera huella digital quizá no sea lo que publicamos, sino todo aquello que otros pueden reconstruir a partir de nosotros.

El cine entra en su nueva era digital

La inteligencia artificial dejó de ser una promesa futurista para convertirse en un actor con peso propio dentro de la industria audiovisual. La reciente inversión de US$75 millones de Google en el estudio independiente A24, destinada al desarrollo de herramientas de IA para la producción y distribución cinematográfica, marca un nuevo capítulo en una transformación que ya alcanza a directores consagrados, estudios de Hollywood y creadores independientes. Más que una apuesta tecnológica, el movimiento anticipa un cambio en la manera de crear, producir y consumir historias.

La alianza contempla el trabajo conjunto entre especialistas de Google DeepMind y los equipos creativos de A24 para desarrollar herramientas orientadas a fortalecer los procesos narrativos. Mientras tanto, A24 Labs ya experimenta con sistemas de inteligencia artificial capaces de generar guiones gráficos asistidos, consolidando una tendencia que también ha quedado en evidencia con el uso de IA en películas como The Brutalist, el regreso digital del fallecido Val Kilmer y las recientes experiencias de Martin Scorsese durante la preproducción de su próximo proyecto.

Para Leonardo Cabezas, especialista en cine y televisión y académico de la Universidad de Santiago, el fenómeno representa un punto de inflexión para toda la industria. “Creo que estamos presenciando el gran cambio del paradigma estructural en la industria del entretenimiento”, sostiene. A su juicio, que un estudio como A24 trabaje directamente con Google o que cineastas como Scorsese incorporen estas herramientas demuestra que la inteligencia artificial dejó de ser percibida como una amenaza para convertirse en un recurso creativo, tal como ocurrió décadas atrás con el montaje digital o la incorporación del CGI.

Lejos de anunciar el reemplazo de los realizadores, el académico plantea que la IA funcionará como una extensión de los procesos creativos. “La IA no va a reemplazar el cine o la TV; sino que va a optimizar los recursos, el tiempo, la producción y hasta la distribución. Lo veo como algo positivo y excitante”, afirma. Sin embargo, advierte que el equilibrio dependerá de mantener el foco en la creación humana. La tecnología puede automatizar procesos complejos como la edición, el renderizado o la generación de subtítulos, pero la mirada autoral continúa siendo un elemento imposible de replicar.

El impacto también se extiende a la forma en que circulan las historias. Para Cabezas, la inteligencia artificial acelera la democratización de los contenidos al reducir costos y facilitar que nuevos creadores desarrollen producciones dirigidas a comunidades específicas. En una era dominada por plataformas digitales, videos verticales y audiencias hipersegmentadas, la IA permite producir más rápido y adaptar los relatos a los nuevos hábitos de consumo sin depender exclusivamente de los grandes estudios.

Pese al entusiasmo, el académico insiste en que el verdadero desafío será preservar la identidad de quienes crean. “El cine y la televisión siempre han sido reflejo de las sociedades; la IA es el espejo de nuestra era contemporánea y debemos fluir junto a ella en esta cultura audiovisual mutante”, concluye. En ese escenario, el futuro del entretenimiento no parece estar definido por una disputa entre humanos y algoritmos, sino por la capacidad de ambos para convivir en una industria donde la tecnología amplía las posibilidades, pero la creatividad sigue marcando la diferencia.

Cómo la IA se convirtió en asesor futbolero

Aunque Chile quedó fuera de la Copa del Mundo 2026, el torneo sigue ocupando conversaciones, grupos de WhatsApp y oficinas completas. Como ocurre cada cuatro años, miles de personas se han sumado a las tradicionales pollas mundialeras, una práctica que mezcla pasión futbolera, intuición y la esperanza de quedarse con el pozo acumulado. Pero esta vez hay un nuevo jugador en la cancha: la inteligencia artificial.

Herramientas como ChatGPT y Gemini se han transformado en aliados inesperados para quienes buscan una ventaja al momento de pronosticar resultados. Desde analizar estadísticas hasta comparar el rendimiento reciente de las selecciones, estas plataformas están siendo utilizadas por fanáticos experimentados y también por quienes apenas siguen el fútbol durante las grandes citas deportivas. La pregunta es inevitable: ¿realmente pueden ayudar a ganar una polla?

Para Diego Fuentealba, doctor en informática, director del Laboratorio de Inteligencia Artificial del Departamento de Contabilidad y Auditoría y académico de la Facultad de Administración y Economía de la Usach, la respuesta requiere matices. “Puede ser útil como apoyo informativo, pero no como una herramienta que prediga resultados con seguridad. En el fútbol hay muchas variables difíciles de anticipar: lesiones, rotaciones, expulsiones, clima, presión del partido, instancia del torneo y hasta eventos fortuitos”.

La irrupción de estas tecnologías refleja un fenómeno más amplio: la inteligencia artificial ya no es una herramienta reservada para especialistas. Hoy forma parte de la vida cotidiana y se abre paso incluso en espacios tan informales como una apuesta entre amigos. Según Fuentealba, plataformas como ChatGPT permiten organizar información, comparar escenarios y construir análisis más completos. Sin embargo, advierte que la incertidumbre sigue siendo parte esencial del deporte más popular del planeta.

El académico explica que la diferencia entre las distintas plataformas no está necesariamente en cuál es mejor, sino en cómo se utilizan. “ChatGPT puede ser muy bueno para estructurar análisis, comparar escenarios y explicar el razonamiento. Además, ChatGPT puede buscar información actualizada en la web y entregar fuentes cuando la consulta lo requiere”. Sobre Gemini, agrega que también puede ser una herramienta útil gracias a su integración con el ecosistema Google, aunque recuerda que sus propias advertencias reconocen la posibilidad de errores o información incorrecta presentada como verdadera.

La expansión de la IA también está democratizando el acceso al conocimiento futbolístico. Quienes antes participaban en una polla simplemente por diversión ahora pueden acceder rápidamente a datos, rankings, antecedentes históricos y explicaciones sobre conceptos que antes parecían exclusivos de comentaristas deportivos. “Es útil para alguien que sabe poco de este deporte. La IA puede funcionar como una especie de “traductor futbolero” explicando quiénes son los favoritos, cómo llega cada selección, qué significa jugar fase de grupos o eliminación directa, qué tan relevante es el ranking FIFA, o por qué un empate puede ser razonable en ciertos partidos”, sostiene Fuentealba.

Sin embargo, el experto insiste en que el verdadero valor de estas herramientas está en la calidad de las preguntas. En lugar de consultar simplemente quién ganará un partido, recomienda solicitar análisis que incorporen variables como forma reciente, bajas por lesión, enfrentamientos previos, contexto competitivo y probabilidades de empate. Cuanto más específica sea la consulta, más útil será la respuesta. La IA, plantea, funciona mejor cuando se le exige argumentar y fundamentar sus conclusiones.

Mientras el Mundial avanza sin presencia chilena en la cancha, miles de personas seguirán buscando la fórmula perfecta para acertar resultados. Algunos confiarán en la experiencia, otros en la intuición y cada vez más recurrirán a algoritmos capaces de procesar millones de datos en segundos. Pero incluso en la era de la inteligencia artificial, el fútbol mantiene intacta una de sus mayores virtudes: la capacidad de sorprender cuando nadie lo espera.

El debate ético que la IA obliga a enfrentar

En un país donde la conversación tecnológica suele quedar atrapada entre anuncios de innovación y la carrera por subirse a la ola de la Inteligencia Artificial, el Congreso Internacional de Ética y Bioética de la Universidad de Santiago 2025 vino a instalar un punto de freno necesario. Académicos de diversas áreas pusieron sobre la mesa un debate profundo: cómo enfrentar los dilemas morales y técnicos que trae consigo la tecnociencia, y cómo evitar que el entusiasmo por lo digital eclipse la discusión sobre sus riesgos reales. Lo que se discutió en la USACH no fue solo teoría; fue una radiografía del momento crítico que atraviesa Chile y el mundo respecto al uso responsable de la IA.

Entre las intervenciones más comentadas estuvo la de Juan Larraín, director del Instituto de Ética Aplicada de la Pontificia Universidad Católica. El académico lanzó lo que llamó una “provocación” sobre la necesidad urgente de regular el diseño de tecnologías digitales. Su punto fue claro: las herramientas actuales aportan beneficios “enormes” para la humanidad, pero también arrastran daños posibles que, muchas veces, no se originan en fallas técnicas, sino en la intencionalidad detrás de cómo se diseñan. Para ilustrar el dilema, recordó ejemplos históricos y tensos. “Las tecnologías históricamente siempre han tenido aspectos beneficiosos y negativos, como el ejemplo dramático de la bomba atómica”, señaló, subrayando la dimensión ética que nunca puede quedar fuera de la ecuación.

Larraín planteó que un posible camino regulatorio podría inspirarse en los estándares ya utilizados en la evaluación de tecnologías biomédicas y biotecnológicas, donde existen protocolos sólidos para medir riesgos y beneficios. Pero su reflexión fue más allá de la comparación técnica. Para él, el desafío no es únicamente normativo, sino cultural. Es necesario instalar una ética pública que permita que el avance tecnológico y el avance moral crezcan de forma armónica. En sus palabras, la humanidad debe construir una cultura que impulse “un desarrollo virtuoso y armónico entre el progreso de la ética y el progreso tecnológico”.

La discusión también abordó la necesidad de pensar la tecnología desde múltiples disciplinas. Larraín fue categórico al afirmar que los dilemas actuales exigen articular conocimientos provenientes de la filosofía, la sociología, la ingeniería, la informática y la biología. Desde su perspectiva, cualquier intento de regulación o desarrollo responsable de IA que ignore la complejidad humana está condenado a quedar incompleto y sesgado. Esta visión interdisciplinaria se transformó en uno de los ejes centrales del encuentro, reafirmando que la conversación sobre tecnociencia no puede quedar solo en manos de programadores o legisladores.

La segunda parte del congreso profundizó específicamente en la ética de la Inteligencia Artificial. El Dr. Manuel Villalobos, del Departamento de Ingeniería Informática de la USACH, destacó que “la legitimidad ética y social de la Inteligencia Artificial está determinada por cinco Principios Clave de Ética Aplicada; la autonomía, beneficencia, no maleficencia, justicia y responsabilidad, datos vulnerables, reidentificación e impacto predictivo”. Su planteamiento expuso la anatomía del debate ético contemporáneo: cada algoritmo y cada sistema que procesa datos sensibles tiene el poder de beneficiar, pero también de excluir, sesgar o predecir con consecuencias graves para individuos y comunidades.

En el ámbito sanitario, el ingeniero biomédico y académico USACH, Erick Cortez, revisó el largo trayecto de la Historia Clínica del Paciente en Chile. Recordó sus raíces en el Código Sanitario de 1931, la consolidación del Sistema Nacional de Salud en 1952 y la evolución hacia los registros electrónicos actuales. “Actualmente, la ficha clínica es un instrumento obligatorio para integrar la información del paciente en la atención en salud, y debe llevarse en formato digital/electrónico, en papel u otro medio. Esta información es relevante para resguardar los datos y la toma de decisiones en la actividad sanitaria”, explicó. Su análisis dejó claro que la digitalización de datos médicos no es solo una actualización técnica, sino un proceso cargado de implicancias éticas.

Cortez también detalló la información mínima que deben incluir estos registros, desde la identificación del paciente hasta su historial de decisiones, diagnósticos y procedimientos. Pero su crítica final apuntó al corazón del debate: “la Ficha Clínica tiene un enfoque biomédico, lo que deja fuera factores sociales, culturales y espirituales que podrían complementar la atención desde una perspectiva ética y holística”, concluyó. Sus palabras resonaron como un llamado a ampliar la conversación sobre datos sensibles, especialmente en un contexto donde la IA ingresa cada vez más en los sistemas de salud.

El Congreso Internacional de Ética y Bioética 2025 dejó una conclusión transversal: el avance tecnológico ya no puede desvincularse de la reflexión moral. En un momento donde Chile impulsa transformaciones digitales en educación, salud y administración pública, la pregunta que emerge desde la USACH es si el país está preparado para establecer una regulación que combine innovación con responsabilidad. La respuesta aún está en construcción, pero el debate ya comenzó.

Selfies, paneles y dudas éticas con el holograma de Stan Lee

La Comic Con de Los Ángeles 2025 ya tiene su primera gran polémica antes de abrir sus puertas. El nombre de Stan Lee, la leyenda de Marvel fallecida en 2018, vuelve a estar en boca de todos, esta vez no por una reedición de sus cómics ni por un cameo póstumo, sino por una recreación digital que promete dividir a los fans. Proto Hologram, en alianza con HyperReal y Kartoon Studios, desarrolló un holograma del creador de Spider-Man, Hulk y Iron Man que no solo podrá fotografiarse con los asistentes, sino también conversar con ellos durante tres minutos, a cambio de entre 5 y 20 dólares según la anticipación de la compra.

La experiencia se ha bautizado como Stan Lee Experience, un híbrido entre homenaje y experimento tecnológico que busca medir hasta qué punto los seguidores aceptan la presencia de un ídolo que en realidad ya no está. El holograma no será solo una atracción para selfies: también tendrá apariciones sorpresivas dentro de la convención e incluso podría llegar a moderar paneles de alto nivel. La idea de ver al “Padrino del cómic” caminando por un evento del presente, aunque sea en forma digital, marca un nuevo capítulo en la relación entre cultura pop y tecnología.

El fenómeno, sin embargo, despierta dudas sobre los límites de la memoria y el marketing. José Huichaman, ilustrador y académico de la Usach, expresó que “es una recreación que me responde lo que tal vez, basado en miles y miles de datos, me habría respondido Stan Lee… Creo que hay una especie de valoración, pero también de banalización de lo que es la existencia misma”. Para él, la posibilidad de hablar con alguien que murió rompe con el sentido mismo de la vida y la muerte, y plantea la pregunta de si estamos dispuestos a pagar por sentir la ilusión de un reencuentro.

El debate también se ha trasladado al plano de la ingeniería y la ética tecnológica. John Kern, académico del Departamento de Ingeniería Eléctrica de la Usach, explicó que esta tecnología “permite justamente, a través de una gran base de datos, recrear a la persona viva o fallecida de una manera virtual”. Se trata de una combinación de software —basado en algoritmos de entrenamiento, gemelos digitales y detección de emociones— y de hardware, que consiste en cabinas equipadas con parlantes y micrófonos capaces de decodificar la voz en tiempo real para simular interacciones humanas. “No es que se pueda revivir a la persona, al menos con la tecnología que hay ahora… sí se puede recrear con bastante cercanía a la realidad”, enfatizó Kern.

La frontera que separa el homenaje del espectáculo comercial se difumina en un contexto donde la inteligencia artificial avanza a una velocidad difícil de procesar. Para Huichaman, lo preocupante es que “estamos en una sociedad que lo que hace es dejarnos la menor cantidad de tiempo posible para pensarnos la realidad”. Y en ese vértigo, figuras como Stan Lee —convertido en marca, más que en persona— terminan siendo un producto de consumo tanto o más atractivo que los propios héroes que creó.

La Comic Con, que se extenderá entre el 26 y el 28 de septiembre, será el laboratorio donde este experimento se enfrente a la prueba del público. Lo que para algunos será un homenaje emocionante, para otros podría transformarse en la muestra más radical de cómo la cultura pop, la nostalgia y la inteligencia artificial pueden cruzar líneas invisibles. Si la imagen de Stan Lee vuelve a llenar titulares, será por su capacidad de seguir estando presente, incluso cuando la vida ya no lo acompaña.

Alfabetización en riesgo en la era de la inteligencia artificial

La irrupción de herramientas de inteligencia artificial como ChatGPT ha abierto un debate crucial en el mundo académico. Su capacidad para generar respuestas inmediatas y simplificar tareas promete revolucionar la educación, pero investigadores del Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) de la Universidad de Chile y del Centro Nacional de Inteligencia Artificial (CENIA) advierten que un uso pasivo de estos sistemas podría debilitar la alfabetización y, con ello, los cimientos del pensamiento crítico.

Marcela Peña, investigadora de la Pontificia Universidad Católica y del CENIA, plantea que el problema radica en la “contradicción fundamental” de estas tecnologías. Para desarrollar comprensión lectora y habilidades de escritura se necesita leer y escribir de manera intensiva, pero los modelos de lenguaje ofrecen justamente un atajo que evita ese esfuerzo. “Aquí lo relevante es enseñar a los lectores adolescentes y jóvenes a usar estos sistemas de manera interactiva. Por ejemplo, pedir a ChatGPT: ‘Dame tres opciones de ensayo sobre calentamiento global, y muéstrame las etapas que estás usando para escribir cada sección’”, ejemplifica.

El riesgo, según Ernesto Guerra, investigador del CIAE, es que los estudiantes confundan utilidad con comprensión real. “Estas herramientas, usadas de manera utilitaria, pueden dar la ilusión de que entendemos algo, cuando en realidad no hemos hecho el esfuerzo de leer y procesar el texto”. La lectura, sostienen los expertos, es más que un acceso a la información: funciona como un entrenamiento del cerebro que fortalece el vocabulario, el razonamiento y la reflexión.

Roberto Araya, también del CIAE, advierte que “en lugar de fortalecer los músculos cognitivos que la lectura extensiva desarrolla, el uso excesivo de estas herramientas puede atrofiarlos, ofreciendo atajos que, aunque útiles en lo inmediato, socavan el compromiso profundo con el texto”. Esto preocupa especialmente en niños y niñas que recién aprenden a leer y escribir, ya que allí se construyen las bases de la alfabetización. Una fragilidad en esa etapa puede impactar la capacidad futura de pensamiento crítico y de comprensión profunda.

Aun así, los investigadores reconocen el valor de la inteligencia artificial en la generación de materiales educativos adaptados a distintos contextos culturales y lingüísticos. El problema está en que, sin un acceso equitativo, estas ventajas se concentrarán en los grupos con mayores recursos, ampliando las desigualdades. Además, recuerdan que las brechas educativas no se explican solo por el acceso al lenguaje, sino por factores estructurales como la segregación escolar y la distribución desigual de oportunidades.

En un escenario donde la comunicación se vuelve cada vez más multimodal, con un predominio de lo visual y lo oral, los especialistas llaman a no abandonar la lectura profunda ni la escritura. Ambas prácticas, sostienen, siguen siendo insustituibles en el desarrollo del pensamiento complejo. “El desafío es encontrar un equilibrio: aprovechar los aspectos más productivos o generativos que la tecnología ofrece, pero sin dejar que reemplace el esfuerzo y la disciplina que la lectura y la escritura han fortalecido durante siglos”, concluyen los autores.

Automatización como el lenguaje del futuro laboral

En un escenario donde la tecnología redefine cada aspecto de la vida cotidiana, la automatización industrial se perfila como una de las áreas más estratégicas y con mayor proyección laboral en Chile. La Universidad de Santiago se suma a esta tendencia con la carrera de Tecnología en Automatización Industrial, un programa que combina formación teórica y práctica para preparar profesionales capaces de desenvolverse en sectores clave como la industria alimentaria, la agricultura y la minería, motores históricos de la economía nacional.

El auge de esta disciplina se vincula directamente con la irrupción de la inteligencia artificial y la llamada industria 6.0, caracterizada por su hiperconectividad y capacidad de análisis de datos en tiempo real. Tal como explica el jefe de carrera, Mg. Leandro Ampuero, la IA permite construir modelos predictivos que anticipan comportamientos de máquina a máquina, optimizando la producción y reduciendo errores. “La industria 6.0 analiza los datos en forma centralizada para tomar decisiones. Se puede estimar un crecimiento de producción actual versus producción futura, en función del comportamiento automatizado de las máquinas”, detalla el académico.

Los estudiantes de la Usach reciben formación en supervisión de procesos mecanizados, manejo de equipos y sensores, análisis de información y protocolos de comunicación industrial, herramientas que los posicionan en la primera línea del desarrollo tecnológico. A partir del tercer año obtienen el grado de tecnólogo en automatización industrial, con la capacidad de ejecutar y supervisar sistemas de control bajo procedimientos estandarizados. La tasa de empleabilidad habla por sí sola: el 90% de los egresados consigue trabajo, un dato que refleja la alta demanda del sector.

La perspectiva salarial también resulta atractiva. Según Ampuero, un recién egresado puede percibir entre 900 mil y un millón de pesos mensuales, cifra que aumenta con la experiencia y la especialización. Además, existe la posibilidad de continuar estudios y convalidar semestres en programas de Ingeniería Eléctrica o Ingeniería Industrial, lo que amplía aún más las oportunidades de desarrollo profesional.

Más allá de la empleabilidad, la automatización industrial responde a una tendencia empresarial en expansión. Aunque la implementación de equipos sofisticados implica una inversión significativa, los beneficios superan con creces los costos frente a los procedimientos manuales. “Antiguamente estas tareas las realizaban trabajadores de oficios que evaluaban manualmente distintos procesos, con un alto margen de error. Hoy, los sistemas automatizados permiten interconectar maquinarias, programar operaciones y obtener datos generales en poco tiempo”, concluye Ampuero, dejando claro que el futuro de la productividad se juega en la intersección entre educación tecnológica y transformación digital.