“Me dio TOC”, “me disocié”, “estoy sobreestimulado” o “eso me da ansiedad”. Expresiones que hace algunos años pertenecían principalmente al lenguaje clínico hoy circulan con naturalidad entre conversaciones, memes y videos de redes sociales. La popularización de estos conceptos ha ayudado a que la salud mental deje de ser un tema tabú, pero también ha instalado una nueva pregunta: ¿cuándo estamos describiendo una experiencia cotidiana y cuándo estamos hablando de una condición que requiere evaluación profesional?
Para Andrea Cruzat, psicóloga del Centro de Atención Psicológica (CAPS) de la Universidad de Chile, que existan más palabras para hablar de lo que sentimos representa un avance. La conversación pública sobre bienestar emocional puede facilitar que las personas comprendan sus experiencias y pierdan el miedo a pedir ayuda. Sin embargo, la especialista advierte que convertir conceptos clínicos complejos en etiquetas de uso cotidiano también puede generar confusión, especialmente cuando el contenido consumido en internet termina reemplazando una evaluación profesional.
“Por un lado, es muy positivo que la gente pueda tener más palabras para pensar sus estados emocionales, cómo se sienten y cómo les afectan las cosas. Eso también facilita que las personas quieran conocer más sobre lo que les ocurre y que hablar de salud mental ya no sea algo tan estigmatizado. Sin embargo, cuando se utilizan términos que son diagnósticamente complejos de forma imprecisa, también aparecen dificultades”, explica Cruzat.
El fenómeno se vuelve particularmente visible cuando ciertas expresiones comienzan a utilizarse como etiquetas identitarias. Decir “tengo TOC” porque una persona es ordenada, afirmar “soy bipolar” después de experimentar cambios de ánimo o atribuir determinadas conductas al espectro autista puede parecer inofensivo, pero simplifica condiciones que tienen criterios clínicos específicos. Según Cruzat, el autodiagnóstico puede incluso modificar la manera en que una persona interpreta sus relaciones, sus dificultades y su propia historia sin contar con las herramientas necesarias para establecer si existe realmente un diagnóstico.
La diferencia tampoco está únicamente en experimentar un síntoma. La intensidad, duración y consecuencias de determinadas experiencias son elementos relevantes para una evaluación clínica. “Una de las características comunes de muchos diagnósticos es que producen un malestar importante y afectan directamente el desarrollo de la vida de las personas, ya sea en lo laboral, social, académico o personal. No son condiciones que puedan tomarse a la ligera solo porque se hayan popularizado en redes sociales”, enfatiza la especialista.
En ese escenario, las redes pueden funcionar como una puerta de entrada, pero no como un sustituto de la atención profesional. La pregunta más útil no necesariamente es “¿tengo este trastorno?”, sino cuánto está interfiriendo ese malestar en la vida cotidiana. Problemas persistentes que afectan el estudio, el trabajo, las relaciones personales o el bienestar general pueden ser una señal para buscar orientación especializada. “Uno no tiene que esperar estar en una situación crítica para acudir a un psicólogo. Muchas personas consultan porque se sienten confundidas, desorientadas o quieren comprender mejor lo que les está pasando. También puede ser una consulta preventiva, antes de que el malestar aumente. Ir a un profesional no significa necesariamente que exista un diagnóstico, sino que también puede ser una forma de entender mejor lo que estamos viviendo”, afirma.
La conversación sobre salud mental, entonces, parece estar entrando en una segunda etapa. El desafío ya no consiste únicamente en conseguir que las personas hablen de ansiedad, depresión, trauma o neurodivergencia, sino en hacerlo con mayor precisión y responsabilidad. En una generación acostumbrada a buscar respuestas inmediatas en TikTok, Instagram o YouTube, reconocer los límites de esa información también forma parte del cuidado. Las redes pueden ponerle nombre a una experiencia y abrir una conversación, pero cuando el malestar comienza a condicionar la vida, la siguiente búsqueda debería conducir hacia un profesional y no solamente hacia otro video.