Cultura

Rosalía como arquitecta cultural del siglo XXI

Cuando Rosalía anuncia un nuevo proyecto, el impacto ya no se mide solo en cifras, charts o récords de streaming. En los últimos años, su figura se ha convertido en un fenómeno cultural que sintetiza moda, identidad, experimentación y narrativa visual, capaz de desplazar tendencias e instalar discusiones sobre el rumbo de la cultura pop contemporánea. Con la llegada de LUX TOUR 2026, esa influencia alcanza un nuevo nivel, expandiendo el imaginario de la artista hacia territorios aún más ambiciosos.

LUX no es un disco cualquiera: es un artefacto cultural. Desde las colaboraciones con iconos como Björk y la Escolania de Montserrat, hasta la grabación con la Orquesta Sinfónica de Londres, el álbum propone un puente entre lo clásico y lo futurista. Esa mezcla es justamente lo que ha convertido a Rosalía en una artista que actúa más como arquitecta cultural que como simple intérprete.

La expansión de su figura en los últimos años refuerza esta lectura. Tras el éxito de MOTOMAMI, Rosalía no solo conquistó la música: irrumpió con fuerza en la moda global, con apariciones como su imponente look de Balmain en la Gala Met 2025, campañas para Calvin Klein o su rol como embajadora de New Balance. Su debut como actriz en Euphoria (2026) terminó de confirmar que su propuesta estética ya no pertenece únicamente al mundo de la música, sino a una narrativa cultural transversal.

A nivel simbólico, LUX representa el inicio de una nueva etapa en la conversación cultural latinoamericana. Rosalía, española pero profundamente integrada en las estéticas globales que cruzan lo urbano, lo transatlántico y lo experimental, se vuelve un espejo de un momento donde la música en español es parte fundamental de la cultura pop mundial. Su éxito en países históricamente herméticos al idioma confirma que la cultura hispanohablante ya no es periferia: es centro.

Con LUX, Rosalía no solo lanza una gira. Presenta un manifiesto estético que desafía categorías y propone una sensibilidad expansiva, emocional y radicalmente moderna. En un mundo saturado de estímulos, su apuesta por lo monumental y lo íntimo a la vez aparece como un gesto cultural que marca época y redefine cómo pensamos la música, la performance y la identidad global.

Pulsar 2025 confirma su sitial como el epicentro de la música en Chile

La Feria Pulsar 2025 bajó el telón con la contundencia de un evento que sabe exactamente lo que representa: una vitrina de industria, un punto de encuentro cultural y un termómetro emocional para entender en qué está la música chilena hoy. En su edición número quince, el encuentro organizado por SCD no solo celebró años, sino también una evolución que se siente en el aire. Este domingo, la jornada final explotó en ritmos que cruzaron generaciones, géneros y memorias colectivas, dejando claro por qué este evento ya es parte del ADN musical del país.

La tarde abrió con uno de esos momentos que solo Pulsar puede articular: Quilapayún, con más de seis décadas de historia, transformó el escenario Santander en un coro transversal donde convivieron adolescentes, adultos jóvenes y veteranos de la canción política. “El pueblo unido” y “La muralla” resonaron con la misma fuerza que en los tiempos duros, pero ahora bajo nuevas lecturas y un público que sigue encontrando refugio y resistencia en esas letras. A esa intensidad le siguió un cierre cargado de luminosidad pop con el regreso de Dënver, quienes retomaron el mando con una puesta en escena precisa, estética y emocionante, repasando hits como “Revista de gimnasia”, “Los adolescentes” y “Los vampiros”, confirmando que su imaginario sigue completamente vigente en la escena local.

Mientras el Santander vibraba en esa dualidad entre historia y futuro, el escenario SCD vivía otro clímax. Ana Tijoux, en una presentación afilada y sobria, reafirmó su poder escénico frente a un público que la recibió como una de las figuras más queridas ─y respetadas─ del panorama nacional. Sus interpretaciones de “1977” y “Sacar la voz” fueron coreadas con fervor, pero el momento que tensó la fibra emocional fue “La rosa de los vientos”, un guiño a Makiza que se sintió como un puente directo entre pasado y presente. Tijoux no solo ofreció un concierto, sino una declaración de estilo, conciencia y oficio.

El cierre dominical, sin embargo, no se limitó a los nombres grandes. Bandas como Electrodomésticos, Yajaira, Niños del Cerro, Chinoy, La Ciencia Simple y Catalina y las Bordonas de Oro entregaron capas esenciales a la narrativa del día, construyendo esa mezcla única entre underground, clásicos de culto y nuevas corrientes. A su alrededor, la feria se movió entre talleres, firmas de discos, paneles y encuentros creativos que convirtieron Espacio Riesco en una ciudad musical por tres días. Actividades como la charla “Del ensayo al escritorio: cómo se graba un Tiny Desk”, protagonizada por parte del equipo detrás del fenómeno de 31 Minutos, o la íntima sesión “Creación de letras con Pedropiedra”, funcionaron como pequeños laboratorios donde se compartieron métodos, experiencias y aprendizajes.

Luego del apagado de escenario y la última salida de público, Rodrigo Osorio, presidente de SCD, destacó el espíritu que atravesó toda la edición. “Estamos realmente felices con lo que vivimos en estos tres días, porque vimos a una industria de la música compenetrada, con ganas de remar juntos y entender mejor los desafíos de este ecosistema que entre todos impulsamos. Pero lo mejor de todo es que la gente también ha entendido de qué se trata este evento, que es mucho más que un cartel digno de un festival. Acá se vive la música en toda su dimensión y la audiencia ha sido parte de eso, tanto los fans habituales de Pulsar, como las nuevas generaciones que en esta edición se integraron”, señaló. Ese cruce intergeneracional se transformó en uno de los sellos más nítidos de la versión 2025.

En total, fueron 37 conciertos los que dieron forma al corazón de esta edición, con nombres tan diversos como Javiera Mena, Saiko, De Saloon, FaceBrooklyn, Joe Vasconcellos, Francisco Victoria y Panico, una línea curatorial que confirmó el estado expansivo de la escena nacional. A eso se sumaron decenas de actividades formativas, lanzamientos, mesas de conversación y la presencia estelar de Humberto Gatica, uno de los productores chilenos más influyentes del circuito global. Con su cierre, Pulsar reafirmó por qué hoy es uno de los hitos culturales y de industria más relevantes del país: una plataforma que contiene pasado, presente y futuro sin perder su identidad colectiva.

Oro Amargo regresa al norte con gira que convierte el cine en territorio vivo

El cine chileno suele mirar al norte como paisaje, pero pocas veces como comunidad. Oro Amargo, rodada en la Región de Atacama, está desafiando ese patrón con una gira que no solo devuelve la película a los lugares donde nació, sino que instala una ética distinta en torno a cómo se producen y se comparten las imágenes. Impulsada por el Fondo Audiovisual del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, la gira contempla un recorrido amplio por Atacama y Antofagasta, reafirmando una convicción central de la productora Juntos: filmar fuera de la capital no es un gesto estético, sino un compromiso político y cultural.

Felipe Egaña, socio y productor de Juntos, lo sintetiza sin rodeos. “Este proyecto fue pensado para poder llevar la película al norte de Chile con un foco especial en comunas que no tienen acceso a cine, ni en multisalas ni en espacios independientes”. En un país donde la distribución suele ser un lujo metropolitano, esta ruta devuelve algo esencial: la posibilidad de ver cine en territorios que por décadas han quedado excluidos del circuito tradicional. La gira, más que una campaña, es una extensión natural del proyecto.

Durante el rodaje, Juntos ya había hecho un gesto significativo al integrar a un equipo local de Atacama en múltiples áreas técnicas y creativas. Ese cruce entre la experiencia del equipo de Santiago y el conocimiento íntimo del territorio por parte de profesionales de la región no solo fortaleció el proceso de filmación, sino que abrió una relación horizontal, donde el paisaje humano y cultural dejó de ser un telón de fondo para convertirse en una voz activa del proyecto. El resultado fue una producción que entendió, desde dentro, las tensiones, oficios y memorias que atraviesan la pequeña y mediana minería del norte.

Ahora, con la película terminada, la gira quiere activar algo más profundo que el simple visionado. Egaña lo explica así: “Llevar la película de vuelta es devolver la mano. Que puedan ver su entorno, su espacio, sus tradiciones desde una mirada cinematográfica”. El impacto no es menor: para muchas personas, será la primera vez que vean su propio territorio proyectado en una pantalla con la complejidad y dignidad que entrega un largometraje. Es un ejercicio de reconocimiento colectivo y también un gesto político en tiempos donde el acceso cultural sigue marcado por desigualdades persistentes.

La ruta incluye doce comunas de Atacama y Antofagasta, desde zonas donde se filmó —como Caldera, Huasco y Copiapó— hasta lugares más remotos como Pica, Camiña y Tocopilla. El equipo viajará acompañado de parte del elenco y del equipo técnico, incluyendo a la actriz Kat Sánchez, protagonista de Oro Amargo. Ese encuentro directo con las audiencias no solo permite conversar sobre el proceso creativo, sino también estimular la formación de público en territorios históricamente relegados del mapa audiovisual.

Quizás lo más relevante es que esta iniciativa no pretende ser un hecho aislado. Juntos quiere consolidar este modelo como una política interna que atraviese todas sus producciones. “Pronto vamos a filmar otra película en la Región de Coquimbo y en el Biobío, y esperamos volver a esos lugares cuando la película esté terminada”, adelanta Egaña. En un ecosistema cultural donde el centralismo todavía define qué historias se ven y dónde se ven, Oro Amargo abre una grieta luminosa: la de un cine que retorna al origen no como postal turística, sino como diálogo vivo entre quienes filman y quienes habitan el territorio.

El bar temático que se consolida como el hotspot del año

Santiago ya tiene su portal interdimensional oficial para esta temporada primavera-verano, y está escondido a plena vista: Nowas Cantina, el bar temático que desde su apertura viene empujando los límites de lo experiencial y que ahora expande su universo con nuevas aventuras, más inmersión y una carta que, literalmente, parece venir de otra galaxia. Mientras la ciudad se recalienta y los días se alargan, el hotspot galáctico promete convertirse en el refugio perfecto para quienes buscan mezclas de sabor, fantasía y espectáculos que rompen con la rutina terrestre.

Clasificado entre los mejores destinos temáticos del mundo, el restaurante vuelve a encender motores para entregar una experiencia prácticamente cinematográfica. Al cruzar su entrada, la atmósfera cambia: luces vibrantes surcan el espacio, hologramas flotan como si tuvieran vida propia y una nave lista para despegar domina el paisaje interior. Cada rincón rinde homenaje a la saga más legendaria del cine, y el icónico bar circular vuelve a posicionarse como el centro gravitacional de la diversión veraniega. Todo sucede mientras personajes temáticos recorren el recinto, moviéndose entre mesas y visitantes como si fueran parte de la historia oficial.

La gran novedad de esta temporada son las Nowas Nights, un formato after office pensado para quienes necesitan desconectar del día laboral sin perder el espíritu aventurero. Aquí es donde la cantina despliega lo mejor de su arsenal creativo. “Van a encontrar un restaurante lleno de sorpresas, con una carta diseñada para trasladarlos a otra galaxia y personajes temáticos por todo el recinto, pero cuidado con ellos, porque ¡a veces buscan hacer negocios de cazarrecompensas!”, bromea Sergio Carrizo, gerente de marketing de Nowas Cantina. Su advertencia no es solo un guiño: es parte del juego que convierte cada visita en un mini relato espacial.

Las Nowas Nights abrirán de lunes a viernes desde las 18:00 horas e incorporan una carta completamente renovada. Tablas para compartir, nuevos cocktails y mocktails inspirados en planetas desconocidos, shows en vivo, DJ’s que marcan el pulso interestelar, performers interactivos y recorridos por la tienda oficial—sí, con merchandising auténtico de la saga. Para quienes planifican con anticipación, hay un beneficio extra: un 20% de descuento en el total de la cuenta al reservar previamente. “La demanda es muy alta, por lo que les recomiendo reservar, así evitan la fila de la entrada y disfrutan del beneficio”, aconseja Carrizo. Y sí, también es el lugar perfecto para celebraciones corporativas épicas de fin de año.

Más allá del after office, Nowas Cantina se ha consolidado como un espacio versátil para eventos privados. La propuesta no solo ofrece inmersión, sino la posibilidad de adaptar la ambientación a la identidad de cada empresa o celebración. “Queremos que nuestros clientes vivan una experiencia única, inmersiva e inolvidable, en un lugar que es considerado a nivel mundial como uno de los mejores restaurantes temáticos”, afirma Carrizo. La cantina recibe desde cenas ejecutivas hasta lanzamientos creativos, sin olvidar los cumpleaños temáticos, que, según el equipo, son uno de los momentos más celebrados del año. “Nuestros cumpleaños son los mejores: los realizamos todo el año, con sorpresas temáticas que hacen que ese día sea realmente especial”, añade el ejecutivo.

Para eventos de gran escala, el espacio permite recibir hasta 200 personas con horarios flexibles, y su equipo culinario está preparado para construir menús personalizados que se ajusten a cada necesidad, incluyendo alternativas completamente veganas. En tiempos donde las experiencias importan tanto como los sabores, Nowas Cantina se posiciona nuevamente como un híbrido perfecto: un restaurante, un set de película y un punto de encuentro que desafía la monotonía del día a día en la ciudad.

Textiles africanos y memoria colectiva en la Bienal de Arte Textil 2025

El pasado jueves 2 de octubre se inauguró en el Centro Cultural La Moneda la segunda Bienal de Arte Textil (BAT), un encuentro que, desde su primera edición en 2019, ha buscado expandir los límites del arte contemporáneo al diálogo con la tradición, la memoria y los oficios manuales. En esta ocasión, la muestra Abolir el desierto abre una ventana hacia el continente africano, reuniendo 25 piezas textiles de países como Ghana, Nigeria, Malí, Sudáfrica o Camerún. Bajo la curaduría de Matías Allende Contador, la exposición propone un recorrido por los lenguajes simbólicos del textil como herramientas de resistencia, identidad y vínculo comunitario.

El valor de esta muestra no solo reside en su riqueza estética, sino en la forma en que los tejidos narran procesos políticos y sociales. Desde el kente de Ghana —antiguamente reservado a la realeza Ashanti— hasta los bogolan de Malí, teñidos con barro y cargados de significados espirituales, cada tela habla del paso del tiempo, de las manos anónimas que la crearon y de las comunidades que encontraron en el arte textil una forma de preservar su historia frente al colonialismo. En ese sentido, Abolir el desierto busca restituir una mirada justa y plural sobre África, reconociendo la modernidad técnica y la potencia cultural que sus saberes han aportado al mundo.

“Estos textiles, que hoy visten la Galería de Patrimonio del Centro Cultural La Moneda, también ponen en valor a aquellas personas anónimas que los crearon”, explica Regina Rodríguez Covarrubias, directora ejecutiva del espacio. “Son resultado de saberes colectivos que se traspasan de generación en generación, y con esto se subraya la fuerza del patrimonio inmaterial como memoria colectiva y comunitaria”. Sus palabras conectan con la esencia del proyecto: rescatar la herencia africana como parte del tejido simbólico que une a distintas culturas, incluida la latinoamericana.

El curador, Matías Allende Contador, plantea que la muestra busca “desmontar las jerarquías entre las artes y la artesanía, proyectando estos textiles como referencias para creadores contemporáneos”. Su visión no se limita al rescate patrimonial, sino a abrir un horizonte político y cultural que entienda los oficios textiles como un espacio de emancipación y solidaridad entre pueblos. Allende incluso vincula las raíces africanas con expresiones culturales de nuestro continente, recordando cómo ritmos y tradiciones como la cueca, la chacarera o el reggaetón son también herencias vivas de la diáspora africana.

La exposición forma parte de la colección Textiles del Mundo, una de las más completas de América Latina, donada en 2018 a la Universidad de Talca por el coleccionista estadounidense Edward Shaw y la artista chilena Bernardita Zegers. Esta iniciativa, según Zegers, responde al deseo de que los textiles “no quedaran encapsulados”, sino que pudieran itinerar y descentralizar la cultura desde regiones como el Maule hacia el resto del país. La colaboración entre la universidad y el Centro Cultural La Moneda refuerza esa visión: abrir espacios donde el arte, la historia y la memoria viajen más allá de los límites institucionales o geográficos.

En paralelo, la BAT impulsa una serie de actividades de mediación y educación que expanden la experiencia más allá de la galería. Habrá recorridos guiados con comunidades afrodescendientes e indígenas, visitas para personas mayores, talleres de escritura poética y de telar, además de una jornada de música y danza para cerrar el ciclo. Como señala Rodríguez Covarrubias, “el arte es un derecho, y nuestro trabajo busca construir un espacio plural, inclusivo y sostenible, donde la cultura sea parte de la vida cotidiana y donde el tejido comunitario sea tan fuerte y diverso como estas telas”.

La Bienal de Arte Textil, en su segunda edición, confirma que el arte textil no es un oficio menor ni una expresión del pasado, sino un lenguaje vivo, político y universal. Abolir el desierto lo demuestra con creces: las fibras, los hilos y los colores son hoy metáforas de memoria y resistencia, un recordatorio de que las historias no se escriben solo en papel, sino también en tela.

Lollapalooza Chile 2026 revela su line up diario con sorpresas internacionales y nacionales

La espera terminó. Lollapalooza Chile oficializó sus presentaciones por día para la edición 2026 y, con ello, activó la venta de pases diarios a través de Ticketmaster. El festival más grande del país volverá al Parque O’Higgins los días 13, 14 y 15 de marzo, con un cartel que combina figuras globales, íconos del rock alternativo, leyendas del hip hop y artistas nacionales en ascenso, consolidando una vez más su reputación como vitrina multicultural y transversal.

El viernes 13 abrirá con la fuerza de Sabrina Carpenter, la estrella pop norteamericana que en pocos años se transformó en fenómeno global. La acompañarán Deftones, liderados por “Chino” Moreno, quienes aterrizan con su nuevo disco Private Music (2026) y un setlist cargado de clásicos de los 2000. En la misma jornada se presentará Doechii, la voz disruptiva del rap y el R&B que está reconfigurando el mainstream desde Tampa, además de nombres como Interpol, Kygo, Tom Morello, Young Cister, Men I Trust, Gepe y los siempre irreverentes 31 Minutos.

El sábado 14 llega con uno de los momentos más esperados: la primera visita de Tyler, The Creator a Chile. El artista de California, dueño de un estilo que mezcla hip hop, soul y pop experimental, aterriza con Don’t Tap The Glass (2025), su último trabajo alabado por la crítica. Ese mismo día, Lorde traerá de vuelta himnos como “Green Light” y “Tennis Court”, junto con canciones frescas de Virgin (2025). Turnstile promete desatar el caos con su hardcore moderno y enérgico, mientras Los Bunkers reafirman su rol de banda icónica en la memoria colectiva chilena. A ellos se suman la DJ surcoreana Peggy Gou, Katseye, Orishas, Royel Otis y Judeline, en un line up tan diverso como explosivo.

El domingo 15 será un cierre de alto impacto con la nueva reina del pop queer Chappell Roan, la potencia electrónica de Skrillex y la voz intensa de Lewis Capaldi. Tres shows que prometen marcar el clímax del festival y cerrar con un broche de oro la edición 2026. La jornada también contará con la presencia de Addison Rae, Brutalismus 3000, Akriila y Bandalos Chinos, entre otros nombres que redondean un cartel pensado para diferentes generaciones y estilos.

La producción anunció que ya está habilitada la venta de pases diarios en Ticketmaster, con beneficios para quienes compren con anticipación. Cenco Malls ofrece un 20% de descuento descargando un código en su app Mi Mall, mientras Banco de Chile pone a disposición rebajas similares para sus clientes, con la posibilidad de pagar en cuotas sin interés y usar dólares premio. Ambos beneficios tienen stock limitado y permiten adquirir hasta cuatro entradas por persona.

Con más de tres décadas de historia, Lollapalooza sigue siendo un fenómeno cultural global. Desde su creación por Perry Farrell en 1991, el festival ha marcado pauta no solo en música, sino también en sostenibilidad, activismo y diversidad artística. En Chile, desde su llegada en 2011, el evento ha mutado en una tradición urbana que conecta generaciones y convierte al Parque O’Higgins en un epicentro cultural que trasciende fronteras. La edición 2026 reafirma esa visión con un cartel que mezcla mainstream, vanguardia y memoria, en un espacio donde la música y la cultura se viven como experiencia total.

El Planetario Usach se suma a la Noche de Museos con entradas gratuitas

El Planetario Usach fue el escenario elegido para dar inicio a la nueva versión de Noche de Museos, una de las citas culturales más esperadas del año y que el próximo 24 de octubre transformará a Santiago y otras ciudades del país en un recorrido abierto y gratuito por museos, centros culturales y espacios patrimoniales. La iniciativa, organizada por el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, busca que la ciudadanía habite la ciudad desde otro lugar: caminar entre luces y sombras, dejarse llevar por la música, el cine y el teatro, y reconectar con esos rincones que muchas veces pasan inadvertidos en la rutina diaria.

Este 2025, la jornada adquiere un brillo especial al coincidir con los 40 años del Planetario Usach, que se suma con una programación diversa y de alto nivel, mezclando espectáculos artísticos y experiencias inmersivas que invitan a mirar el universo desde la ciencia y el arte al mismo tiempo.

La ministra Carolina Arredondo Marzán destacó la relevancia de extender los horarios de estos espacios y abrirlos a públicos que no siempre tienen acceso. “Es una invitación para que espacios como Planetario ofrezcan un horario extendido, y llamó a las familias a organizarse para disfrutar de las actividades, agendar dicha fecha y acceder a recintos que por distintas razones no han podido visitar”, afirmó. La jornada no solo será una fiesta cultural, sino también un ejercicio de democratización del acceso a la cultura y la memoria.

Desde la Universidad de Santiago, la vicerrectora de Vinculación con el Medio, Ana María Fernández, recalcó la importancia de que las universidades públicas participen activamente en este tipo de instancias. “Es fundamental participar en la discusión sobre los espacios museográficos, que no solo resguardan la memoria y el patrimonio, sino que también generan experiencias de aprendizaje, identidad y encuentro ciudadano”, señaló. Con esto, la Noche de Museos se posiciona no solo como un evento artístico, sino también como un catalizador de ciudadanía.

La directora del Planetario Usach, Jaqueline Morey, también reforzó el llamado a visitar este espacio icónico de Santiago, que además de sus proyecciones astronómicas ofrece un entorno propicio para pasar el día completo en familia. “Contamos con estacionamiento gratuito, ambiente seguro y con un parque maravilloso donde pueden venir a hacer su picnic y pasar todo el día acá”, comentó. Así, la propuesta va más allá del espectáculo nocturno: se transforma en una experiencia integral.

El lanzamiento oficial contó con autoridades como la subsecretaria del Patrimonio Cultural, Carolina Pérez, y la directora del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, Nélida Pozo, además de directores de museos públicos y privados. También se hizo un llamado a todas las instituciones culturales del país a inscribir sus actividades en el sitio oficial de la Noche de Museos, cuyo registro estará abierto hasta el 21 de octubre. La invitación es clara: salir de casa, recorrer la ciudad y hacer de la cultura un punto de encuentro ciudadano.

El regreso de Isabel Allende a Chile marcado por memoria, literatura y libertad

sabel Allende volvió a Chile después de seis años para protagonizar una jornada cargada de simbolismo y afecto. La escritora viva más leída en español fue homenajeada en la Casa Central de la Universidad de Chile con la Medalla Rectoral, un reconocimiento a su trayectoria, su aporte a la literatura y su voz siempre lúcida en torno a la memoria, la democracia y la igualdad de género. Con 28 libros traducidos a más de 40 idiomas y millones de lectores en el mundo, Allende no solo ha construido una obra que trasciende fronteras, sino que además ha convertido su pluma en una herramienta de resistencia cultural.

El Salón de Honor de la Casa Central fue el epicentro de la ceremonia, presidida por la rectora Rosa Devés y marcada por la presencia de autoridades universitarias, representantes del mundo judicial, ministros, senadores y miembros del cuerpo diplomático. La rectora destacó la dimensión política y humanista de la obra de Allende, subrayando que “su escritura, donde las mujeres nunca dejamos de ser protagonistas y donde la imaginación y la creatividad vuelven trascendente lo cotidiano, es un antídoto frente a la tentación de guardar silencio”. En un país que conmemora los 50 años del golpe de Estado, la U. de Chile buscó relevar cómo la literatura puede ser también memoria activa y defensa de los derechos humanos.

Allende, emocionada, agradeció la distinción y se permitió reflexionar con ironía sobre el sentido de la escritura. “Si yo fuera panadera, a nadie le importaría por qué hago pan. ¿Por qué escribo? Porque si no escribo, se me seca el alma y me muero. Porque la materia prima es infinita y gratis: el aire está lleno de historias”, dijo, arrancando aplausos en un auditorio donde la literatura fue entendida no como un lujo, sino como un acto vital.

La académica Carolina Brncic, encargada de presentarla, destacó que el legado literario de Allende es inseparable de los procesos sociales de América Latina. Su obra, explicó, “se ha convertido en expresión de las desigualdades sociales de nuestro continente, de las atrocidades cometidas por las dictaduras del Cono Sur y del drama del exilio”. A través de la ficción y la memoria personal, Allende ha sabido reconstruir historias colectivas, visibilizar identidades marginalizadas y desafiar los límites de la historiografía oficial.

Durante la ceremonia, la autora repasó también los hitos de su carrera, desde sus inicios en la revista Paula con la columna “Civilice a su troglodita”, hasta la escritura de La Casa de los Espíritus, que comenzó como una carta a su abuelo y terminó convirtiéndose en una novela fundacional del realismo mágico latinoamericano. “Nunca más he vuelto a tener esa sensación de absoluta libertad”, confesó sobre ese proceso, describiendo cómo el azar, la memoria y la imaginación se entrelazan en su práctica creativa.

Fiel a su estilo, Allende no eludió los momentos más oscuros de su vida: el exilio, las pérdidas y las reinvenciones constantes. Para ella, narrar su propia historia es también un acto de ficción. “El hecho de escoger cómo voy a contar mi vida, qué voy a destacar y qué voy a omitir es una forma de ficción”, señaló. Hoy, a sus 82 años, asegura que seguirá escribiendo “mientras tenga memoria y capacidad de atención”. Actualmente trabaja en un nuevo libro de memorias, con la intención de convertir un divorcio en aventura y el acecho de la vejez en liberación. “Escribir para vivir, vivir para escribir y escribir hasta el final”, cerró ante una ovación.

El regreso de Allende a Chile incluye además la presentación de su más reciente novela, Mi nombre es Emilia del Valle, en el Teatro Oriente de Providencia. Las entradas, gratuitas, se agotaron en menos de un minuto, confirmando que la escritora mantiene intacta su capacidad de convocar multitudes y de conectar con un público diverso. Una vez más, Isabel Allende demostró que su obra no pertenece solo a la literatura: pertenece a la memoria, a la historia y a la vida cotidiana de toda América Latina.

La Yein Fonda celebra la tradición dieciochera con música y juegos

La segunda jornada de La Yein Fonda volvió a confirmar que este encuentro no es solo un evento dieciochero, sino un rito que cruza generaciones y barrios enteros. Desde las primeras horas de la tarde, las batucadas de Villa Lobito marcaron el pulso y el Perro Chocolo, acompañado de su banda, prendió el recinto con canciones que mezclaron colores, alegría y un ambiente pensado para toda la familia. Entre risas de niños, aplausos de padres y coreografías espontáneas, la fonda instaló un espacio donde tradición y modernidad se encuentran.

El espíritu comunitario se fortaleció con uno de los clásicos que nunca falla: el Bingo, comandado por el Gran Maestro del Bingo, quien se lució en tres horarios distintos. Los asistentes se movían entre las mesas con la ansiedad de cantar “línea” o “cartón lleno”, demostrando que este juego simple pero cargado de adrenalina sigue siendo un ritual transversal en cualquier fonda.

Fundada por Los Tres hace casi tres décadas, La Yein Fonda se ha transformado en un referente que redefine la manera en que Chile celebra septiembre. Desde sus orígenes, el evento rompió con la solemnidad de las fondas tradicionales para dar paso a un encuentro popular, urbano y abierto a nuevas expresiones. Y lo cierto es que, a pesar del paso del tiempo, la fórmula sigue intacta: buena música, comida sabrosa y un ambiente en el que se mezclan generaciones enteras.

Las cocinerías y foodtrucks fueron otro de los puntos altos de la jornada. Desde los platos típicos como las empanadas de Don Guille –que este año ganaron el primer lugar según el Círculo de Cronistas Gastronómicos– hasta propuestas internacionales, la oferta culinaria reflejó la diversidad cultural que hoy define a Santiago. Todo acompañado por una barra abastecida, que mantuvo la tradición del terremoto y la chicha, pero también sumó tragos de autor para un público más joven. Familias completas llegaron gracias a los buses de acercamiento y a los recorridos de Red Movilidad que facilitaron el acceso, transformando el Parque en un verdadero cruce de sabores y sonidos.

Los niños tampoco quedaron fuera de la fiesta. Un carrusel, juegos inflables y zonas de descanso permitieron que la jornada se disfrutara con calma, mientras una feria artesanal y el stand oficial de merchandising ofrecían desde objetos únicos hasta diseños exclusivos de La Yein Fonda. Este detalle confirma que la experiencia no se queda solo en la música, sino que se expande a la construcción de un ecosistema cultural que combina identidad, consumo y memoria colectiva.

Chile y México celebran su hermandad literaria en Estravagario

La escritura nacional vuelve a tomar protagonismo en la escena internacional gracias a Estravagario La literatura chilena en México, una coproducción entre TV UNAM y UCHILETV que se estrenará el 25 de agosto en México y el 26 de agosto en Chile, con acceso gratuito en ambas señales y disponible posteriormente en plataformas digitales. Esta realización audiovisual busca releer la huella que escritores chilenos han dejado en el panorama cultural mexicano y latinoamericano desde mediados del siglo XX hasta nuestros días.

El documental se enmarca en la VII Feria Internacional del Libro de las Universitarias y los Universitarios (FILUNI), organizada por la Universidad Autónoma de México, que este 2025 tiene como invitada de honor a la Universidad de Chile. La colaboración entre ambos canales universitarios busca subrayar las conexiones históricas y artísticas que han tejido la literatura y la vida cultural de los dos países. Con una narrativa testimonial y un enfoque sensible, Estravagario reconstruye la memoria de cómo la creación chilena dialogó con México en distintos momentos de su historia contemporánea.

En palabras de la historiadora Carla Ulloa, la tradición literaria chilena tiene raíces profundas que explican su proyección internacional: “Chile es un país pequeño, con 18 millones de habitantes, pero con una enorme influencia en la literatura del continente. Esto se debe, en gran parte, a la tradición oral del pueblo mapuche, donde la palabra y la poética son sustento espiritual y cultural de nuestra identidad”. Esa visión se cruza con las lecturas de académicos, críticos y poetas que suman sus voces al documental, conformando un mosaico diverso y enriquecido.

La dirección estuvo a cargo de Iván Trujillo (México) y Alicia Scherson (Chile), quienes trazan un recorrido que va desde los universales Gabriela Mistral, Pablo Neruda e Isabel Allende, hasta autores contemporáneos como Alejandra Moffat y figuras clave como Nicanor Parra y Roberto Bolaño. Junto a ellos, se escuchan aportes de especialistas como Soledad Bianchi, Myriam Moscona, Sandra Ivette González, Hernán Bravo, Alicia Salomone y Kemy Oyarzún, consolidando una mirada múltiple sobre el legado literario y su impacto transnacional.

Más allá de la revisión histórica, el documental abre espacio a testimonios íntimos, como el de Alejandra Moffat, quien recuerda su estadía en México: “En el 2014 viajé para allá y terminé viviendo casi nueve años. En ese proceso escribí mi novela Mambo y tuve la suerte de publicarla en el lugar donde nació”. Palabras que reflejan el espíritu de esta producción audiovisual: la literatura como puente, como territorio compartido y como un espacio de encuentro entre Chile, México y el mundo.