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Playas del litoral central en alerta por fragata portuguesa

El verano en el litoral central volvió a encender las alarmas. Hace un par de días, la Seremi de Salud de Valparaíso anunció la prohibición de baños recreativos en las playas de Cartagena, El Tabo y Santo Domingo debido a la presencia de la fragata portuguesa, un organismo marino altamente peligroso que, aunque suele confundirse con una medusa, no lo es. Su apariencia engañosa —una especie de “vela” azulada flotando en el agua— esconde tentáculos urticantes que pueden alcanzar hasta 20 metros de longitud y que representan un riesgo serio para la salud humana.

La fragata portuguesa no es una desconocida en las costas chilenas. Durante las últimas temporadas estivales, su aparición se ha vuelto recurrente, obligando a las autoridades sanitarias y marítimas a reiterar un mensaje clave: no tocarla bajo ninguna circunstancia. El motivo es claro y contundente. Este organismo es capaz de inyectar un veneno extremadamente doloroso, incluso cuando está varado en la arena y aparentemente inofensivo.

El infectólogo y académico de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Santiago, Ignacio Silva, explicó que “los tentáculos de la fragata portuguesa contienen una toxina que, al tomar contacto con la piel de las personas, genera una reacción inflamatoria y alérgica que se manifiesta con un dolor muy intenso que se puede extender por 20 o 30 minutos y que, en incluso en algunas personas, puede durar varias horas”. Una experiencia que, lejos de ser pasajera para todos, puede requerir atención médica.

Según el especialista, en la mayoría de los casos “las molestias se pasan solas”, aunque advierte que “hay personas que deben recurrir a centros de salud para la administración de analgésicos”. A esto se suman otros efectos que elevan el nivel de gravedad de una picadura. “Este tipo de picaduras también son capaces de generar dificultades en la respiración y lesiones de tipo quemaduras con ampollas, irritación y heridas”, señaló.

Silva también advirtió sobre escenarios menos comunes, pero potencialmente fatales. Algunos pacientes pueden desarrollar reacciones alérgicas severas en toda la piel, de tipo anafiláctica, que derivan en un shock alérgico. “Esto es poco usual, pero podría pasar”, indica el académico, subrayando que, aun así, “normalmente, lo más común es el dolor y la ocurrencia de lesiones”.

Frente a una picadura, el protocolo es claro y va en contra de varios mitos populares. El infectólogo enfatizó que lo primordial es evitar cualquier contacto físico con la fragata portuguesa. En caso de exposición, recomienda lavar la piel con agua salada, incluso utilizando la misma agua del mar. “Otro líquido que he visto, y que funciona como especie de antídoto, es el vinagre”, señaló, advirtiendo además que el uso de supuestos “remedios caseros” puede agravar la lesión. “Hacer limpieza de las zonas afectadas con bebidas, orina, jugos o agua dulce puede afectar, aún más, las lesiones”.

Finalmente, Silva recalcó que la prevención sigue siendo la mejor herramienta. Ante la presencia de fragatas portuguesas en un balneario, es fundamental respetar las advertencias oficiales. “Seguir las instrucciones de las autoridades marítimas y sanitarias” no es solo una sugerencia, sino una medida de autocuidado. “La Seremi de Salud normalmente está avisando los lugares en los que hay presencia de estas especies. Y ahí, la recomendación es no nadar en esas aguas para no exponerse al riesgo”, concluyó.

El calor que no deja apagar la mente

Las noches de verano en Chile se han vuelto un campo de resistencia cotidiana. Cuerpos que giran sin encontrar postura, sábanas abandonadas a mitad de la madrugada, ventiladores funcionando como mantra y termómetros que se niegan a bajar de los 23 grados cuando ya pasó la medianoche. Dormir bien, en este escenario, dejó de ser un hábito automático para transformarse en un desafío de salud pública silencioso, pero persistente.

El problema no es solo la incomodidad. Según explica Daniel Sánchez, médico cirujano y director del Departamento de Promoción Integral de la Salud de la Universidad de Santiago, el descanso nocturno depende de un mecanismo fisiológico clave que el calor extremo interrumpe. “La evidencia científica demuestra que el inicio y mantenimiento del descanso nocturno dependen, en gran parte, de la capacidad del organismo para disminuir su temperatura corporal central, proceso que se ve dificultado cuando el ambiente es demasiado cálido”, advierte.

Desde la medicina, el rango ideal para dormir está claro. En adultos sanos, la temperatura ambiental óptima se sitúa entre los 18 y 22 grados. Fuera de ese margen, el cuerpo entra en conflicto. “En este rango se facilita la termorregulación normal del cuerpo y se favorece un sueño más profundo y continuo. Temperaturas por sobre los 24–25 °C se asocian a mayor número de despertares nocturnos, menor tiempo de sueño profundo y sensación de cansancio al día siguiente”, aclara Sánchez, poniendo cifras a una experiencia que muchos ya conocen en carne propia.

El entorno del dormitorio juega un rol decisivo. Ventilar durante la noche y evitar que el calor se acumule durante el día, usando cortinas o persianas, puede marcar la diferencia. “La utilización de ventiladores puede ayudar a disminuir la sensación térmica al favorecer la evaporación del sudor, siempre evitando el flujo directo sobre el cuerpo. Cuando se dispone de aire acondicionado, su uso moderado y regulado hacia el rango recomendado puede ser beneficioso”, explica el especialista, bajando la ansiedad tecnológica a un uso más consciente.

También hay detalles que suelen pasarse por alto y que influyen directamente en el descanso. “La ropa de cama y el pijama deben ser livianos y de fibras naturales, como algodón o lino, que permiten una mejor transpiración”, señala Sánchez. A eso se suma una práctica simple, pero efectiva: la ducha previa al sueño. “Favorece la vasodilatación periférica y la posterior pérdida de calor, facilitando la conciliación del sueño”, comenta el médico, desmontando el mito de que el agua fría es la única aliada contra el calor.

La alimentación y los hábitos nocturnos completan el mapa. Cenar liviano, idealmente dos o tres horas antes de acostarse, evitar el alcohol, la cafeína y las comidas muy condimentadas no es una recomendación estética, sino fisiológica. “Las comidas abundantes, el alcohol, la cafeína y los alimentos muy condimentados aumentan la activación metabólica y la temperatura corporal, lo que interfiere con el sueño, especialmente en noches calurosas”, detalla el profesional.

En este contexto, la higiene del sueño vuelve a cobrar protagonismo. Horarios regulares, menos pantallas antes de dormir y técnicas simples de relajación ayudan a bajar las revoluciones de un cuerpo que ya viene exigido por el calor. Y si aun así el descanso no llega, la recomendación es clara: consultar con un especialista. Dormir bien no es un lujo estacional, es una necesidad básica para la salud física y mental, especialmente en un país que enfrenta olas de calor cada vez más intensas y prolongadas.