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Santiago Centro cambia de rostro y deja atrás su pasado financiero

Durante años, el centro de Santiago estuvo dominado por bancos, oficinas y servicios financieros que marcaban el ritmo de la ciudad. Hoy, ese paisaje comienza a transformarse. Restaurantes, cafeterías, farmacias, ópticas, centros de salud, locales de cuidado personal y tiendas de vestuario están ocupando cada vez más espacio en el casco histórico, reflejando un cambio en la forma en que las personas viven y utilizan el corazón de la capital.

La tendencia fue identificada por el informe “High Street Santiago Centro 1S 2026”, elaborado por la consultora inmobiliaria CBRE, que evidencia una recuperación paulatina del comercio a nivel de calle. El estudio muestra que la tasa de desocupación de locales comerciales alcanzó un 12,48%, completando tres semestres consecutivos de descenso, una señal de reactivación que comienza a modificar la identidad urbana del sector.

Para Américo Ibarra, académico de la Universidad de Santiago y director del Instituto de Ambiente Construido de la misma casa de estudios, esta transformación responde a cambios estructurales que se aceleraron tras el estallido social y la pandemia. “La dinámica estructural de la actividad comercial actual, con menos bancos y más restaurantes, cafeterías, servicios de salud y comercio, refleja de manera evidente un cambio en la manera en que se habita el centro de Santiago”, sostuvo.

El especialista explica que el centro dejó de funcionar exclusivamente como un lugar destinado a realizar trámites para convertirse en un espacio donde convergen trabajadores, estudiantes, turistas y nuevos residentes que demandan servicios cotidianos. Según el académico, este fenómeno también se relaciona con el crecimiento de viviendas en algunos sectores, lo que impulsa una mayor necesidad de comercio, alimentación y atención de salud en el día a día. “El espacio deja de ser principalmente un lugar de trámites y servicios financieros para convertirse en un entorno de consumo, encuentro y vida diaria. Esto sugiere que el centro está transitando hacia un modelo más vinculado a la experiencia urbana”, afirmó.

Sin embargo, la recuperación no ocurre de manera uniforme. Mientras barrios como Lastarria, Bellas Artes y el entorno de Plaza de Armas muestran una revitalización impulsada por la gastronomía, la cultura y el turismo, otros sectores continúan enfrentando importantes dificultades. Problemas como la inseguridad, el comercio informal y la falta de inversión siguen afectando zonas como barrio Mapocho y algunos tramos de la Alameda, donde el flujo de peatones y la llegada de nuevos negocios todavía no logra consolidarse.

Pensando en el futuro, Ibarra sostiene que uno de los grandes desafíos será extender la vida del centro más allá del horario laboral. “Sería deseable que las condiciones ambientales y de seguridad que ofrece el centro de Santiago permitan modificar sus horarios de funcionamiento, de modo que sea posible recuperar los tradicionales funcionamientos de restaurantes y cafeterías con actividad en la tarde y noche”, señaló. Para el académico, fortalecer la seguridad y recuperar la actividad nocturna será clave para consolidar un centro más dinámico, diverso y conectado con las nuevas formas de habitar la ciudad.

El paseo Bandera deja de ser peatonal y se abre a la locomoción colectiva

Tras más de diez años convertido en uno de los pocos corredores peatonales icónicos de la capital, el paseo Bandera dejará de ser exclusivamente para la gente. La Municipalidad de Santiago confirmó que la arteria volverá a recibir transporte público, en una jugada que busca reconectar el centro con un trazado pensado solo para buses RED, la mayoría eléctricos. La decisión, tomada junto al Ministerio de Transportes y el Serviu Metropolitano, implica una inversión de $1.600 millones y una transformación que ya genera debate entre ciudadanos, urbanistas y autoridades.

El rediseño contempla una pista de 3,5 metros de ancho, con límite de velocidad de 30 km/h y un trazado en zigzag en algunos tramos para compatibilizar la circulación de buses con terrazas gastronómicas, mobiliario urbano y espacios peatonales. Según el alcalde Felipe Alessandri Desbordes, “vamos a reconectar Bandera, manteniendo el 90% del espacio para uso peatonal y destinando solo 3,5 metros para locomoción colectiva de primer nivel. No habrá autos ni camiones en esta vía”.

Para algunos expertos, el cambio abre una puerta a mejorar la movilidad en el centro. Carlos Muñoz, académico de la Facultad de Arquitectura y Ambiente Construido de la Usach, sostuvo que la medida es comparable con experiencias internacionales. “Es una oportunidad para mejorar aún más el transporte público y desincentivar el uso de los vehículos motorizados. La experiencia efectivamente demuestra que en otras partes ha funcionado. El tema es acostumbrar a la ciudadanía a que esto pudiera ocurrir”, señaló. Muñoz incluso arriesga un pronóstico: “Tiene más posibilidades de éxito que de error, diría un 65% de éxito”.

Sin embargo, otros especialistas miran la decisión con preocupación. Américo Ibarra, académico de la Usach e integrante del Centro de Políticas Públicas del Territorio, plantea que más que una visión de ciudad, se trata de una respuesta táctica. “Desde la perspectiva de la planificación urbana y la gobernanza territorial, la decisión de reabrir el paseo Bandera al transporte público podría entenderse como una respuesta funcional a necesidades inmediatas. Pero es difícil considerarla como una política positiva en el largo plazo, si se evalúa desde la perspectiva de la recuperación del espacio público”, indicó.

Para Ibarra, la pérdida va más allá de los metros cuadrados. “Bandera había logrado consolidarse como un referente del urbanismo táctico, donde la ciudadanía se había apropiado de ese espacio y donde se comenzaban a desarrollar actividades culturales en centro de Santiago. Resignificaba ese espacio público de una manera positiva. Es la pérdida de un espacio simbólico que había sido ganado en el centro de Santiago, debilita la experiencia urbana que ha sido gratamente aplaudida por la comunidad. Es un retroceso en la política de recuperación del centro como lugar de encuentro ciudadano”, advirtió.

En el fondo, lo que está en juego no es solo si circulan o no buses eléctricos, sino qué modelo de ciudad quiere construir Santiago en su corazón. El paseo Bandera era un símbolo del derecho a caminar, a encontrarse y a ocupar la calle como escenario cultural. Ahora será también una vía de transporte, con la promesa de compatibilizar ambos mundos. Lo que ocurra en los próximos meses será clave para ver si este experimento logra equilibrar movilidad, espacio público y vida urbana o si, como temen algunos, será recordado como una oportunidad perdida.