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Tierras raras, fuego y poder en disputa en Penco

Un video viral bastó para reactivar una polémica que en Penco nunca ha estado realmente apagada. En las últimas semanas, una grabación del excandidato presidencial Joaquín Lavín recorrió redes sociales destacando las virtudes del yacimiento de tierras raras ubicado en la comuna del Biobío. “Aquí hay un yacimiento de tierras raras, que son hoy día muy valiosas en el mundo, porque son imanes, tienen propiedades magnéticas y permiten crear magnetos permanentes que sirven para los motores eléctricos, sirven para las torres eólicas (…)”, señalaba el exalcalde de Las Condes. El registro no apareció en el vacío: Lavín se ha transformado en uno de los principales promotores del proyecto minero impulsado por Aclara Resources, una iniciativa de US$130 millones que busca explotar estos minerales estratégicos en la zona.

La difusión del video coincidió con un momento especialmente sensible para la comuna. Los incendios forestales que golpean con fuerza a la Región del Biobío, y que han afectado directamente a Penco, reabrieron una disputa de larga data entre las comunidades locales y la empresa minera. En el centro del conflicto están las llamadas tierras raras, un grupo de 17 elementos químicos fundamentales para la tecnología contemporánea, desde smartphones y baterías para vehículos eléctricos hasta aerogeneradores y equipamiento militar, claves para la transición energética y digital que empuja la economía global.

La tensión escaló cuando la Corporación Parque para Penco alertó, a través de Instagram, que los incendios alcanzaron sectores del Fundo Coihueco, incluyendo áreas donde se proyecta instalar la minera. La organización difundió un mapa con el avance de las llamas y precisó que, si bien no todo el recinto fue consumido por el fuego, sí se registraron afectaciones relevantes. La publicación encendió suspicacias y reactivó cuestionamientos sobre el futuro del territorio en un escenario de catástrofe ambiental.

Desde la empresa Aclara Resources respondieron con dureza a los rumores que vinculan el proyecto con el origen de los incendios. En una declaración pública, la compañía sostuvo que “somos claros y categóricos en señalar que se trata de afirmaciones falsas, irresponsables y malintencionadas. Por el contrario, también hemos sido directamente afectados por esta catástrofe”. La firma agregó que “confiamos plenamente en el trabajo de las autoridades competentes que están investigando las causas de la emergencia y no dudaremos en sumarnos o ejercer las acciones que correspondan para perseguir a quienes resulten responsables”.

El proyecto, sin embargo, sigue bajo escrutinio institucional. La iniciativa se encuentra en revisión por el Servicio de Evaluación Ambiental desde junio de 2024, tras una reformulación, y enfrenta una férrea oposición local. El alcalde Rodrigo Vera y el Concejo Municipal de Penco han manifestado su rechazo, presentando en octubre de 2025 un pronunciamiento formal ante el SEA donde cuestionan la legalidad, los impactos ecológicos y la compatibilidad territorial del proyecto, solicitando una reevaluación integral.

Para entender la magnitud de lo que está en juego, Diario Usach conversó con Ayaz Alam, geógrafo y académico de la DIGEA Usach, y con Pedro Orrego, ingeniero civil metalurgista y académico del Departamento de Metalurgia de la misma universidad. Alam explicó que “las tierras raras son los elementos estratégicos para la transición energética y también para diferentes tecnologías modernas porque son necesarios para fabricar imanes para armamentos que se ocupan, por ejemplo, en la turbina eólica y vehículos eléctricos, pantallas LED, láser, diferentes tipos de dispositivos electrónicos y también los equipos militares. Entonces son bastante importantes”. El académico también matizó el concepto: “aunque lo digamos como tierras raras, no son tan raras. Están distribuidos a lo largo de la corteza, pero en una concentración muy baja. Entonces lo que hay que encontrar es dónde hay mayor concentración de estos elementos que se puede extraer. Otro desafío es ver cómo hay que separarlo y procesarlo”.

Desde la mirada técnica, Pedro Orrego detalló que el proyecto cuestionado “se conoce como Módulo Penco y se ubica en la Región del Biobío”, y que contempla “la explotación de tres zonas de extracción de arcillas con tierras raras, una planta con capacidad para procesar 320 toneladas por hora y la intervención de más de 153 hectáreas”. Una escala que explica tanto el interés económico como la preocupación ambiental que despierta la iniciativa.

El impacto de los incendios sobre los suelos donde se ubican estos minerales abre otra arista crítica. Orrego planteó que “a mi entender los incendios afectan la flora y fauna de la zona donde está ubicado el Módulo Penco, es posible que la empresa, ante este escenario, intente un cambio de uso de suelo para favorecer el desarrollo del proyecto”. Alam, por su parte, fue claro en advertir que “los incendios sí van a afectar los suelos donde tenemos obviamente la presencia de tierra rara, pero el tema es que cómo va a ser afectado por la distribución o la concentración de la tierra rara, eso obviamente depende del grado y la temperatura que se alcanza durante estos incendios”. Según explicó, “afectará evidentemente la distribución de los minerales, en este caso la tierra rara que se encuentra en estos suelos”, aunque precisó que solo temperaturas extremadamente elevadas podrían alterar su estructura química, algo que calificó como poco probable.

El geógrafo también advirtió que las cenizas y los cambios en la química del suelo tendrán efectos duraderos en el territorio y fue tajante frente a la posibilidad de que estos escenarios sean aprovechados por la empresa. Señaló que sería “ilegal e inmoral”, recordando además que “en nuestro país los incendios forestales obviamente no modifican la propiedad de la tierra ni la construcción minera, entonces cualquier proyecto minero tiene que seguir los procedimientos legales y ambientales establecidos”.

Entre el fuego que arrasa cerros, la urgencia climática y el apetito global por minerales estratégicos, Penco se ha convertido en un punto de fricción donde confluyen poder político, intereses económicos y resistencia territorial. Un conflicto que, lejos de apagarse, parece alimentarse de cada nueva chispa.