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Combinación entre Paracetamol y redes sociales preocupa a los expertos

La lógica de internet vuelve a tensionar los límites entre juego y riesgo. Hace algunos días, un nuevo desafío viral comenzó a circular entre adolescentes, encendiendo las alarmas de madres, padres y autoridades sanitarias en Chile. La consigna, tan simple como peligrosa, propone consumir altas dosis de paracetamol con el objetivo de provocar hospitalizaciones, una práctica que rápidamente escaló desde pantallas a conversaciones familiares y protocolos de emergencia.

La reacción no se hizo esperar. Desde el Ministerio de Salud se activó una campaña preventiva para advertir sobre los riesgos de este tipo de conductas, en un escenario donde las redes sociales amplifican dinámicas que, lejos de ser inofensivas, pueden tener consecuencias graves e incluso irreversibles. El fenómeno vuelve a instalar una pregunta incómoda pero urgente sobre el consumo digital adolescente y la forma en que se validan ciertos comportamientos en comunidades online.

En este contexto, entender qué está en juego resulta clave. El paracetamol, uno de los medicamentos más comunes en los hogares, es utilizado habitualmente para tratar el dolor y la fiebre tanto en adultos como en niños. Su accesibilidad y aparente inocuidad lo convierten en un fármaco de uso cotidiano, pero esa misma familiaridad es la que hoy se transforma en un factor de riesgo cuando se pierde la noción de sus límites.

El toxicólogo y académico de la Universidad de Santiago, Leonel Rojo, advierte con claridad sobre el impacto del sobreconsumo. “El principal riesgo es la toxicidad hepática. Este fármaco se transforma químicamente por la acción de las enzimas del hígado en un compuesto altamente tóxico que daña a las células de dicho órgano”, señala. La advertencia no es menor: el hígado, órgano clave en el metabolismo del cuerpo, puede sufrir daños severos que en casos extremos derivan en fallas hepáticas.

Las dosis, en este escenario, dejan de ser un detalle técnico para convertirse en una frontera crítica. Según explica el especialista, “en términos generales llegan hasta 1 gramo cada ocho horas. Ahora, esa norma es muy variable ya que no considera los problemas hepáticos o la variación genética que puedan tener cada uno de los pacientes”. Por eso, insiste en un margen más conservador: “la dosis más sabia es de 3 gramos al día y, desde ahí, detener el consumo e ir a un centro médico para analizar las razones del malestar que pueda estar afectando a una persona”.

Lo inquietante es que este tipo de desafíos no operan desde el desconocimiento total, sino desde una mezcla de curiosidad, presión social y validación digital. En ese cruce, el medicamento deja de ser una herramienta terapéutica para transformarse en un instrumento de riesgo. Rojo lo resume con una advertencia que apunta tanto a jóvenes como a su entorno cercano: “el paracetamol resulta un medicamento muy seguro”, pero solo cuando se utiliza correctamente.

El llamado final es directo y apunta a una cultura que ha normalizado la automedicación. “En general, la gente se automedica mucho en Chile y la recomendación es que las personas, si se sienten enfermas o con alguna dolencia, consulten a un médico o a un químico farmacéutico. No usen fármacos por recomendación de amigos o familiares ya que todos los medicamentos, sin las dosis justas, son veneno”, concluye. En tiempos donde un trend puede viralizarse en segundos, recuperar el respeto por los medicamentos no es solo una recomendación médica, sino una urgencia social.

¿Cómo el cambio climático redefine el calendario de las alergias?

Durante años, la primavera se instaló como la estación oficial de las alergias. Una especie de consenso cultural donde el cambio de estación traía consigo estornudos en cadena, picazón persistente y esa sensación incómoda de vivir con un pañuelo en la mano. Pero ese relato, tan repetido como asumido, hoy comienza a resquebrajarse. El otoño, silencioso y menos mediático, también se ha convertido en un terreno fértil para las crisis alérgicas.

El fenómeno no es casual ni aislado. Cambios en las condiciones climáticas han modificado los patrones tradicionales. Hoy, el otoño se presenta más seco que en décadas anteriores, lo que permite que los pólenes —habitualmente asociados a la primavera— extiendan su presencia hasta abril. Este desplazamiento estacional ha generado que personas sensibles continúen experimentando síntomas que antes desaparecían con el fin del verano.

Desde el mundo clínico, el diagnóstico es claro. En esta época, el polvo y el moho toman protagonismo como principales gatillantes. La caída de hojas y el aumento de la humedad generan el escenario perfecto para que estos agentes se acumulen en ambientes cotidianos, especialmente en espacios cerrados. Esto se traduce en congestión nasal, irritación ocular, tos y dolor de garganta, síntomas que muchas veces se confunden con resfríos comunes.

La médica broncopulmonar Rosa Roldán, académica de la Universidad de Santiago, advierte que este tipo de alergias “afectan principalmente a los asmáticos y riniticos”. Además, explica que en Chile conviven dos perfiles predominantes: “Los que son polínicos tendrán más crisis en primavera, pero los alérgicos a ácaros (dermatophagoides) y hongos son los que tienen alergias en otoño e invierno”. Es decir, el problema no es la estación, sino el tipo de alérgeno.

A esto se suma un factor estructural que muchas veces pasa desapercibido: la vida indoor. Con la baja de temperaturas, las personas tienden a cerrar ventanas, encender calefacción y pasar más tiempo dentro de sus casas. Este cambio de hábito incrementa la exposición a alérgenos intradomiciliarios como ácaros, polvo acumulado en alfombras o incluso peluches. Roldán lo resume sin rodeos: “Por calefacción, por estar más en su casa con todo cerrado por frío y condiciones como pisos de alfombras, peluches etc.”.

Desde la vereda pediátrica, el broncopulmonar infantil Pedro Estudillo refuerza esta idea y descarta mitos persistentes. “Efectivamente, en el periodo del otoño, hay cuadros alérgicos y han sido siempre comunes y quizá algunos años esto se exacerba un poco”, señala. Y aclara algo clave en medio de la confusión estacional: “las alergias por hongos, y por algunos alérgenos internos de la casa, son frecuentes que tengan aparición en esta época del año”.

El especialista también pone en perspectiva el relato dominante sobre las alergias. “Siempre es más frecuente tener información por los medios de las alergias estacionales de la primavera, porque afectan a una cantidad muy grande de gente, pero es común que veamos alergias en el otoño y esto es algo que ocurre todos los años. Así que las alergias no aparecen en una sola época del año, depende de a qué cosa uno es alérgico”. En otras palabras, el calendario no manda, lo hace la biología.

Frente a este escenario, el llamado es claro y directo. Ante síntomas persistentes, lo recomendable es acudir a un especialista y realizar un diagnóstico completo. Los tratamientos existen y suelen ser efectivos, desde antihistamínicos de uso diario hasta inhaladores nasales que ayudan a desinflamar las vías respiratorias. Pero el punto de partida sigue siendo el mismo: entender que el otoño también respira alergia.

El calor que no deja apagar la mente

Las noches de verano en Chile se han vuelto un campo de resistencia cotidiana. Cuerpos que giran sin encontrar postura, sábanas abandonadas a mitad de la madrugada, ventiladores funcionando como mantra y termómetros que se niegan a bajar de los 23 grados cuando ya pasó la medianoche. Dormir bien, en este escenario, dejó de ser un hábito automático para transformarse en un desafío de salud pública silencioso, pero persistente.

El problema no es solo la incomodidad. Según explica Daniel Sánchez, médico cirujano y director del Departamento de Promoción Integral de la Salud de la Universidad de Santiago, el descanso nocturno depende de un mecanismo fisiológico clave que el calor extremo interrumpe. “La evidencia científica demuestra que el inicio y mantenimiento del descanso nocturno dependen, en gran parte, de la capacidad del organismo para disminuir su temperatura corporal central, proceso que se ve dificultado cuando el ambiente es demasiado cálido”, advierte.

Desde la medicina, el rango ideal para dormir está claro. En adultos sanos, la temperatura ambiental óptima se sitúa entre los 18 y 22 grados. Fuera de ese margen, el cuerpo entra en conflicto. “En este rango se facilita la termorregulación normal del cuerpo y se favorece un sueño más profundo y continuo. Temperaturas por sobre los 24–25 °C se asocian a mayor número de despertares nocturnos, menor tiempo de sueño profundo y sensación de cansancio al día siguiente”, aclara Sánchez, poniendo cifras a una experiencia que muchos ya conocen en carne propia.

El entorno del dormitorio juega un rol decisivo. Ventilar durante la noche y evitar que el calor se acumule durante el día, usando cortinas o persianas, puede marcar la diferencia. “La utilización de ventiladores puede ayudar a disminuir la sensación térmica al favorecer la evaporación del sudor, siempre evitando el flujo directo sobre el cuerpo. Cuando se dispone de aire acondicionado, su uso moderado y regulado hacia el rango recomendado puede ser beneficioso”, explica el especialista, bajando la ansiedad tecnológica a un uso más consciente.

También hay detalles que suelen pasarse por alto y que influyen directamente en el descanso. “La ropa de cama y el pijama deben ser livianos y de fibras naturales, como algodón o lino, que permiten una mejor transpiración”, señala Sánchez. A eso se suma una práctica simple, pero efectiva: la ducha previa al sueño. “Favorece la vasodilatación periférica y la posterior pérdida de calor, facilitando la conciliación del sueño”, comenta el médico, desmontando el mito de que el agua fría es la única aliada contra el calor.

La alimentación y los hábitos nocturnos completan el mapa. Cenar liviano, idealmente dos o tres horas antes de acostarse, evitar el alcohol, la cafeína y las comidas muy condimentadas no es una recomendación estética, sino fisiológica. “Las comidas abundantes, el alcohol, la cafeína y los alimentos muy condimentados aumentan la activación metabólica y la temperatura corporal, lo que interfiere con el sueño, especialmente en noches calurosas”, detalla el profesional.

En este contexto, la higiene del sueño vuelve a cobrar protagonismo. Horarios regulares, menos pantallas antes de dormir y técnicas simples de relajación ayudan a bajar las revoluciones de un cuerpo que ya viene exigido por el calor. Y si aun así el descanso no llega, la recomendación es clara: consultar con un especialista. Dormir bien no es un lujo estacional, es una necesidad básica para la salud física y mental, especialmente en un país que enfrenta olas de calor cada vez más intensas y prolongadas.

Cómo enfrentar la acidez sin arruinar las celebraciones patrias

En Chile, septiembre siempre llega cargado de asados, empanadas, anticuchos, terremotos y fondas interminables. Las Fiestas Patrias son un momento de identidad y encuentro, pero también una prueba de fuego para el estómago. La acidez, ese ardor incómodo en la boca del estómago que puede arruinar la celebración, se vuelve tan común como la cueca o el volantín. Millones de personas lo sufren y, según especialistas, muchas veces la automedicación es la primera reacción frente al malestar.

El profesor Mario Rivera Meza, académico del Departamento de Química Farmacológica y Toxicológica de la Universidad de Chile, lo explica sin rodeos: “En general, son sustancias que uno les llama bases. Estas sustancias básicas al combinarse con el ácido se neutralizan entre ellas y con eso se calma y disminuye esa sensación de ardor”. Con esto se refiere a los antiácidos, medicamentos de venta libre que lideran la estrategia contra la acidez durante los días de celebraciones.

Estos antiácidos suelen estar compuestos por sales de magnesio y aluminio, y se comercializan principalmente en tabletas masticables o para tragar con agua. Su función es rápida y concreta: neutralizar el exceso de ácido en el estómago. Algunos formatos incluyen alginato, una sustancia que aumenta la densidad del moco gástrico, ayudando a proteger los tejidos del estómago y el esófago de la irritación. Otros suman simeticona, un compuesto que reduce la flatulencia y los gases intestinales, una ayuda no menor tras varias horas de chicha y choripanes.

Las versiones líquidas de estos medicamentos son otro recurso común, ya que actúan de manera más rápida, aunque requieren agitarse antes de usarse. En el imaginario popular chileno, la sal de fruta también ocupa un lugar protagonista. Este preparado combina bicarbonato de sodio y ácido cítrico: el primero neutraliza el ácido, mientras el segundo genera las clásicas burbujas que hacen más refrescante su consumo. “Se recomienda colocar el agua primero y después poner la sal de fruta, porque si no se sube. La sal de fruta tiene algunas contraindicaciones porque tiene alto contenido de sodio”, advierte Rivera, recalcando que quienes sufren de hipertensión arterial deben consumirla con especial cuidado.

El especialista también apunta a un factor clave: los antiácidos no deben convertirse en un hábito constante. Funcionan para episodios puntuales, pero en casos de molestias crónicas lo indicado es acudir a un médico, ya que existen medicamentos más específicos para problemas como úlceras, que solo se adquieren con receta. Además, los antiácidos pueden alterar la absorción de otros fármacos, un riesgo muchas veces ignorado en la automedicación. Pese a esto, se consideran seguros incluso durante el embarazo, lo que los convierte en una opción versátil para muchas personas.

En tiempos donde la sobremesa y los brindis parecen no tener fin, hablar de acidez estomacal es casi tan realista como hablar de cuecas improvisadas. La recomendación es clara: moderar el consumo, escuchar al cuerpo y, en caso de dudas, consultar a un químico farmacéutico. Porque más allá del folclor y la fiesta, cuidar la salud digestiva es también parte de celebrar con responsabilidad.

Cómo enfrentar el cambio de hora y minimizar sus consecuencias

Este domingo, gran parte de Chile adelantará sus relojes para dar inicio al horario de verano. A las 23:59 horas deberán ajustarse a la 01:00 del domingo, en una medida que se aplica en casi todo el país, salvo en la Región de Magallanes, la Antártica Chilena y Aysén. Aunque esta práctica lleva años implementándose, sigue generando debate por su impacto en la salud, particularmente en el sueño.

El neurólogo del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, Gabriel Abudinén, explica que este tipo de modificaciones desregula nuestro sistema interno de tiempo. “Biológicamente hablando nosotros también tenemos un reloj, es un reloj biológico que está en el centro de nuestro cerebro que se llama núcleo supraquiasmático y que ordena nuestras transiciones para el despertar y para el dormir para que funcione perfectamente y no despertemos con fatiga y no nos cueste conciliar mucho el sueño”, señala.

Según Abudinén, esta alteración puede generar insomnio y sensación de fatiga prolongada. Algo que complementa el neurólogo Pablo Salinas, también académico de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, quien detalla que el problema radica en que “cambia el esquema de sincronización que hay con el consenso social que tenemos respecto al concepto tiempo, hora, con los ciclos de luz y oscuridad que tiene el medio ambiente, que son por la rotación del planeta”. Para Salinas, la adaptación a este cambio puede tomar entre tres y cuatro días, tiempo en el que el cuerpo se ajusta a la nueva relación entre la hora oficial y los ciclos naturales de luz.

No todos los especialistas, sin embargo, apoyan esta medida. Margarita Bórquez, académica del Departamento de Psicología de la Universidad de Chile, plantea que lo más recomendable sería eliminar definitivamente el cambio de hora. “La primera recomendación sería no cambiar el horario en lo absoluto. Eso posibilitaría tener luz más temprano en la mañana, coincidente con el horario de despertar y, por tanto, favoreciendo una sincronización circadiana del ambiente con nuestro reloj interno (endógeno)”, argumenta.

En paralelo, Bórquez entrega una serie de consejos para enfrentar el ajuste horario y mitigar sus efectos. Destaca la importancia de mantener horarios regulares de sueño, alimentación y ejercicio, evitar el consumo excesivo de cafeína, reducir el uso de pantallas antes de dormir y procurar ambientes adecuados para el descanso, con temperaturas que oscilen entre los 18 y 21 grados. Además, recomienda adelantar gradualmente los horarios de acostarse en los días previos al cambio, para suavizar el impacto en el organismo.

Más allá de las diferencias en la opinión académica, el cambio al horario de verano sigue siendo una medida que, año tras año, abre la discusión entre sus posibles beneficios energéticos y los costos que implica para la salud de las personas.

Crean exoesqueleto robótico para la rehabilitación motora post accidente cerebro vascular

Un exoesqueleto, por definición, es una estructura en forma de esqueleto externo que recubre, protege y soporta el cuerpo de un ser vivo. El doctor kinesiólogo Pablo Burgos, académico de los Departamentos de Neurociencias y Kinesiología de la Facultad de Medicina, explicó que: “un exoesqueleto, al ser una estructura que va por fuera del esqueleto natural, no forma parte de los mamíferos, pero sí de los insectos”.

De acuerdo a esta premisa, es que el profesor Burgos, junto con un diverso equipo de trabajo de académicos del ICBM e ingenieros externos, desarrollaron un exoesqueleto robótico que sigue la siguiente lógica: “Lo que nosotros hacemos es usar el concepto de exoesqueleto, y complementar el esqueleto natural del ser humano que bien sabemos va por dentro con piezas que van por fuera, con el propósito de movilizar de forma específica las articulaciones de la extremidad superior”, destacó el doctor Pablo Burgos.

Lo particular de este FONDEF es que, de acuerdo a lo descrito por el doctor Burgos, este pseudo-robot está siendo motorizado de forma distinta a otros similares: “Los exoesqueletos comunes suelen mover cada articulación con un motor particular, es decir, cada eje de movimiento posee un motor. En cambio, lo que nosotros estamos haciendo con el nuestro, se llama “robótica basada en tendones”, que en el fondo es que, tú enganchas el segmento final del brazo con una cuerda, y esa cuerda lleva un motor. Entonces, esa cuerda sube y baja, quitándole peso a la persona, además de permitir bloquear el resto de segmentos, excluyendo aquel en el cual se quiera trabajar”, explicó.

Usualmente, “cuando uno ve un robot en la televisión, lo que hacen estas máquinas es ocupar exoesqueletos, con piezas rígidas por fuera, que movilizan articulaciones con el propósito de que la gente se mueva por completo”, señaló el doctor Pablo Burgos.

Pero, a diferencia de lo anterior, “con este proyecto estamos haciendo justamente lo contrario. Nosotros ponemos las piezas de este robot, que va por fuera de la extremidad superior brazo y mano, con el objetivo de que la gente no se mueva por completo, sino que mueva un segmento a la vez”, explicó.Por ejemplo, en el caso de la articulación del hombro, “existen tres posibilidades: separar, avanzar o rotar. Lo que hacemos, mediante nuestro exoesqueleto robótico, es restringir estas tres opciones a una sola, que es la que queremos trabajar en específico”. Por lo que, “si queremos trabajar la rotación del hombro, liberamos solo ese movimiento para que la persona se enfoque únicamente en ello, y no dejamos que la persona avance ni se separe, para que así pueda entrenar selectivamente. Así se hace con cada articulación del brazo”, recalcó el profesor.

Los participantes del FONDEF son pacientes que provienen del Hospital Clínico de la Universidad de Chile (HCUCH), del Hospital San José y del Hospital del Salvador, y que, posterior a un ACV, presentaron problemas de movilidad en la extremidad superior, con un predictor de la recuperación positivo de contracción mínima palpable.

Estos pacientes comienzan con la terapia de grados de libertad entre la primera y segunda semana posterior al accidente cerebro vascular, y realizan el entrenamiento de forma constante durante un mes.

El profesor Pablo Burgos comentó que, al recibir a un paciente que haya sufrido un ACV, primeramente “lo evaluamos en función de que no todos los pacientes son iguales. Algunos usuarios van a tener, por ejemplo, afectados solo los dedos, y no el codo ni el hombro. Entonces, bajo la premisa de nuestra investigación, esa persona recibe entrenamiento intenso únicamente de los movimientos que tiene afectados, no del brazo completo”, respondió.

Esto último implica tomar otra deriva a la del tratamiento convencional que se utiliza en la actualidad: “Hoy en día, el paradigma de que hay que entrenar la tarea completa en su conjunto alcanzar una manzana, peinarse, tomar una taza de té está tan arraigada, que sacar esa idea de la comunidad científica es sumamente difícil, porque lo que nosotros estamos haciendo ahora, lo perciben como un retroceso”.

La terapia convencional apunta a restaurar las tareas funcionales cotidianas utilizando la extremidad superior en su conjunto. Pero “ahora, con más tecnología y evidencia, sabemos que el problema de ese tipo de enfoque es que el paciente compensa la ausencia de habilidades básicas que perdió por ACV con los movimientos que no se vieron afectados, y a largo plazo, esto es sumamente crítico”, enfatizó el profesor.Esta compensación se produce porque “cuando el cerebro compara entre la mano derecha y la izquierda, y ve que es muy difícil ocupar una de las dos, lo que hace es quedarse con una de las dos manos, y la otra la deja de usar, lo que es sumamente dramático”, afirmó.

Respecto de esto, el doctor afirmó que “hay pacientes que solo mueven la mano afectada durante las terapias. Mientras que, en la casa, lo que hace el cerebro de ese paciente, de manera espontánea, y dada la dificultad de controlar el segmento, es dejar de usar esa mano”.Lo anterior constituye “la peor de las posibilidades que pueden ocurrir dentro de los primeros 6 meses posterior al ACV, ya que esa es la etapa crítica en que el cerebro es capaz de recuperar la mano dañada con el tratamiento adecuado”, aseveró.

Para solucionar el tema, “lo que nosotros hacemos es dar un paso hacia atrás, y comenzar con lo básico para recuperar la funcionalidad desde su inicio, y ya después comenzar con la terapia basada en tareas cotidianas. Así, le damos una chance al cerebro para que, durante los primeros 6 meses posteriores al ACV, logre equilibrar la funcionalidad entre la extremidad superior izquierda y la derecha, y que así diga «ok, mi mano izquierda y derecha están funcionando más o menos parecido, así que mejor ocupo las dos»”, concluyó.

Actualmente, el exoesqueleto se encuentra en proceso de ser patentado por la Vicerrectoría de Investigación, mientras que el proyecto FONDEF está en la etapa de desarrollo del prototipo N.º 2, el cual tuvo la primera prueba de integración el pasado 23 de marzo, junto a los tres equipos de trabajo que componen el FONDEF: el equipo de mecánica del exoesqueleto; el grupo dedicado al desarrollo del videojuego; y el tercer equipo encargado del motor y sensores.