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Más de 2.700 millones de personas expuestas al humo ajeno según cifras globales

Decir “yo no fumo” no significa estar libre de los riesgos asociados al tabaco. El humo que queda en el ambiente puede afectar a quienes comparten espacios con personas fumadoras, incluso si nunca han encendido un cigarrillo. Según cifras atribuidas al estudio Global Burden of Disease (GBD) en el comunicado, más de 2.700 millones de personas estarían expuestas al humo de segunda mano en el mundo, mientras que más de 1,66 millones de muertes se habrían asociado a esta realidad.

El llamado tabaquismo pasivo ocurre cuando una persona inhala el humo producido por la combustión del cigarrillo y el que exhala quien fuma. La exposición puede darse en el hogar, en espacios compartidos o en otros lugares donde el humo del tabaco permanece en el aire. Felipe Rivera, cirujano especializado en enfermedades respiratorias y académico asociado de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, explica que entre las personas expuestas pueden estar las parejas y los niños que pasan varias horas al día cerca de alguien que fuma.

El problema está en los componentes del humo, que incluyen nicotina, monóxido de carbono y distintas sustancias irritantes y carcinogénicas. Javier Bravo, pediatra y académico de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Santiago de Chile (Usach), subraya que quienes respiran este aire no eligen exponerse a sus componentes. “De esa manera, ellos se ven enfrentados a compuestos como la nicotina y el monóxido de carbono, y también, a una serie de otras moléculas de distinto nombre y calibre, que tienen funciones irritantes y moléculas carcinogénicas”, señala.

Los efectos no son iguales para todas las personas. La duración y la intensidad de la exposición, junto con factores individuales y enfermedades preexistentes, pueden influir en el impacto sobre la salud. Rivera advierte que el humo del tabaco puede agravar problemas respiratorios como el asma, la bronquitis y la rinitis, además de provocar inflamación en las vías respiratorias. La exposición también se relaciona con un mayor riesgo de cáncer pulmonar, por lo que no se trata únicamente de una molestia pasajera causada por el olor del cigarrillo.

En la infancia, los riesgos son especialmente relevantes porque los pulmones todavía están en desarrollo. Bravo explica que la exposición al humo puede aumentar la frecuencia y gravedad de las infecciones respiratorias y favorecer las exacerbaciones de asma y bronquitis. “aquí definitivamente estamos hablamos sobre uno de los grandes antagonistas de cualquier pediatra. Los niños tienen un pulmón que está en desarrollo, que es más pequeño y que es más susceptible a la agresión de todos los gases irritantes del tabaco. Asimismo tenemos amplia información respecto a que la exposición a un ambiente tabáquico genera infecciones respiratorias mucho más graves, mayor frecuencia de exacerbaciones de bronquitis o de asma”.

La exposición durante el embarazo y los primeros años de vida también preocupa a los especialistas por sus posibles consecuencias a largo plazo. Rivera señala que existen asociaciones entre el contacto con el humo del tabaco, las enfermedades respiratorias infantiles y el desarrollo pulmonar. En personas con asma u otras patologías crónicas, además, la recuperación frente a infecciones respiratorias puede ser más difícil y prolongada. Por eso, mantener ambientes libres de humo es una medida preventiva relevante, especialmente en hogares donde viven niños, personas mayores o pacientes con enfermedades respiratorias.

Las cifras internacionales mencionadas en el comunicado refuerzan la importancia de abordar el tabaquismo pasivo como un asunto de salud pública. Evitar fumar en espacios compartidos y proteger los ambientes interiores de la exposición al humo ayuda a reducir un riesgo que afecta también a quienes no consumen tabaco. En palabras de Bravo, las cifras del GBD son “alarmantes e importantes desde el punto de vista de la salud pública”. La idea es simple: no fumar es una decisión personal, pero respirar humo ajeno puede convertirse en un problema para toda la gente que comparte el mismo espacio.

Qué hacer (y qué no) cuando el smog te persigue al entrenar

Santiago vive una nueva temporada de preemergencias ambientales mientras espera un sistema frontal que podría traer alivio a la zona centro-sur del país. Sin embargo, la mala calidad del aire no solo implica restricciones vehiculares o cielos cubiertos: también impacta directamente en la salud, especialmente si decides entrenar al aire libre. Médicos y expertos de la Universidad de Chile advierten que hacer ejercicio en días con altos niveles de contaminación puede amplificar el daño de las partículas tóxicas que respiramos, incrementando el riesgo de enfermedades respiratorias y cardiovasculares.

El doctor Felipe Rivera, broncopulmonar del Hospital Clínico de la U. de Chile, explica que al hacer ejercicio se respira más rápido y profundamente, lo que arrastra contaminantes como metales pesados, hidrocarburos y partículas PM2.5 hacia los pulmones y eventualmente al torrente sanguíneo. Esto eleva significativamente la probabilidad de inflamación, daño pulmonar y problemas cardíacos, sobre todo en personas con asma o enfermedades crónicas. El pediatra Guillermo Zepeda añade que durante la actividad física solemos respirar por la boca, lo que anula el filtro natural de la nariz, dejando entrar aire frío, seco y sucio directamente a los pulmones, lo cual puede ser especialmente peligroso en menores y adultos mayores.

Para no frenar el movimiento pero sí cuidar el cuerpo, el kinesiólogo Edgardo Opazo propone adaptar las rutinas de ejercicio en días de preemergencia. Recomienda entrenamientos de fuerza con el peso del cuerpo como planchas, sentadillas o abdominales, además de prácticas más suaves como yoga o pilates. La clave está en mantener la intensidad baja y evitar esfuerzos aeróbicos que demanden una respiración agitada. ¿El mejor lugar? Espacios cerrados, bien ventilados y libres de contaminación. Si no queda otra que salir, hazlo muy temprano o al atardecer, alejándote del tráfico y de fuentes de humo. Cuidar tu salud también es parte del entrenamiento.