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Chile enfrenta el desafío de detectar a tiempo el cáncer colorrectal

El cáncer colorrectal está dejando de ser visto como una enfermedad asociada únicamente a las personas mayores. Su aumento en menores de 50 años ha encendido alertas en distintos países y vuelve a poner el foco sobre la prevención, el diagnóstico oportuno y las señales que muchas veces pasan inadvertidas. En Chile, el escenario también preocupa: según un informe del Centro de Políticas Públicas e Innovación en Salud de la Universidad del Desarrollo, publicado en agosto de 2026, esta enfermedad representa la segunda causa de muerte oncológica en el país, con 7.965 nuevos casos y 3.794 fallecimientos al año.

Este tipo de cáncer se origina en el revestimiento del colon o del recto, partes del intestino grueso, y generalmente comienza con el crecimiento de pólipos que pueden transformarse en tumores malignos. Uno de sus principales riesgos es que durante las primeras etapas puede avanzar sin síntomas evidentes. “uno de los principales problemas de esta dolencia es que en sus etapas iniciales puede no presentar síntomas, por lo que muchas veces se diagnóstica cuando la enfermedad ya está avanzada”, explicó Macarena Hidalgo, oncóloga y académica de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Santiago.

Sin embargo, existen señales que requieren atención, especialmente cuando se mantienen en el tiempo. La presencia de sangre en las deposiciones, cambios persistentes en el tránsito intestinal —como diarrea o estreñimiento—, dolor abdominal recurrente, pérdida de peso sin explicación y anemia por falta de hierro pueden ser indicios que ameritan evaluación médica. La especialista recuerda que el desarrollo de esta enfermedad suele ser progresivo y que los pólipos pueden detectarse y extirparse antes de que evolucionen hacia un tumor.

El aumento de diagnósticos en adultos jóvenes no tiene una explicación única. Entre los factores que se investigan aparecen los cambios en los hábitos alimentarios, el consumo de alimentos ultraprocesados y carnes, la obesidad, el sedentarismo, el alcohol y el tabaquismo. También existen condiciones genéticas, como el síndrome de Lynch, que elevan el riesgo de desarrollar la enfermedad a edades más tempranas. No obstante, muchos pacientes jóvenes no presentan antecedentes familiares conocidos. La investigación también estudia el posible papel de la microbiota intestinal y su relación con procesos de inflamación crónica.

La detección temprana puede cambiar considerablemente el pronóstico. Entre las herramientas disponibles se encuentran el test inmunoquímico fecal (FIT), que busca rastros de sangre en las deposiciones, y la colonoscopía, que permite examinar el intestino grueso e identificar lesiones. Cuando el cáncer se detecta en etapas iniciales, la cirugía suele ser el tratamiento principal y puede ser curativa en muchos casos. Dependiendo de las características del tumor, también puede requerirse quimioterapia y, para determinados cánceres de recto, radioterapia. En fases metastásicas existen alternativas como terapias dirigidas e inmunoterapia, cuya indicación depende, entre otros factores, de las características moleculares del tumor.

En Chile, el cáncer colorrectal está incorporado a las Garantías Explícitas en Salud (GES) para personas de 15 años o más, tanto en Fonasa como en isapres, con cobertura para diagnóstico, tratamiento y seguimiento. Sin embargo, el acceso efectivo sigue siendo desigual. Hidalgo advierte que en el sistema público la quimioterapia convencional continúa siendo una de las principales alternativas sistémicas, mientras que el acceso a terapias dirigidas es más limitado y depende de criterios específicos de financiamiento, como los contemplados en el Programa de Drogas Oncológicas de Alto Costo (DAC).

“Considero que debemos poner especial atención en la capacidad de respuesta de nuestra red asistencial. No basta con aumentar la detección si no contamos con suficientes colonoscopias, especialistas, equipos multidisciplinarios y acceso oportuno a tratamientos. El desafío es lograr que las oportunidades de tratamientos estén disponibles para todos los pacientes y no dependan de sus posibilidades de acceso al sistema de salud”, concluyó la especialista. El desafío, por tanto, no está únicamente en reconocer los síntomas y promover la detección precoz, sino también en asegurar que el diagnóstico y las distintas alternativas terapéuticas estén disponibles a tiempo, independientemente del sistema de salud al que pertenezca cada persona.