La noticia parecía salida de una serie de pandemia: un crucero con pasajeros contagiados, muertes confirmadas y un virus asociado históricamente a zonas rurales del sur de Chile. El brote de hantavirus detectado en el buque holandés MV Hondius volvió a instalar una duda que durante años parecía resuelta: ¿el hanta no se transmitía solo por contacto con el ratón colilargo? La respuesta es sí, pero también no del todo.
En Chile, el hantavirus está asociado principalmente al ratón colilargo, un roedor silvestre que habita sectores rurales y boscosos. Jeannette Dabanch, infectóloga del Hospital Clínico Universidad de Chile, explica que “en Chile el hospedero natural es el ratón colilargo (Oligoryzomys longicaudatus) y las personas se infectan accidentalmente en áreas rurales con presencia del roedor”. El contagio ocurre normalmente al inhalar partículas provenientes de orina, saliva o fecas contaminadas en lugares cerrados y poco ventilados.
Pero el caso del crucero activó las alarmas por otra razón. “Sin embargo, en Chile y Argentina se ha demostrado que la cepa Andes puede transmitirse persona a persona cuando existe un contacto muy estrecho”, aclara Dabanch. Aunque esta vía es poco frecuente, sí existe y ha sido documentada anteriormente. Claudia Cortés, académica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, añade que estos casos suelen darse entre convivientes o personas con cercanía prolongada, como matrimonios o familias que comparten espacios reducidos.
El paciente cero del crucero habría adquirido el virus por contacto con un roedor infectado con la cepa Andes y posteriormente contagió a otros pasajeros mediante contacto estrecho, un mecanismo inusual que explica por qué el caso ha generado tanta atención internacional. “La transmisión del virus hanta es por la inhalación del virus que está presente en la orina, en la saliva y en las deposiciones, exclusivamente, del ratón de cola larga”, enfatiza Cortés, marcando distancia con la idea de que cualquier ratón urbano pueda transmitir la enfermedad.
El problema es que el hantavirus puede evolucionar rápido y de manera grave. Los síntomas iniciales incluyen fiebre, dolor muscular, dolor abdominal, tos y diarrea, pero en algunos casos avanzan hacia un síndrome cardiopulmonar severo que afecta pulmones y corazón. La mortalidad puede llegar hasta un 30%. Además, actualmente no existe un tratamiento antiviral específico. En cuadros graves, los pacientes requieren cuidados intensivos, ventilación mecánica e incluso ECMO, una tecnología que funciona como pulmón artificial.
Pese al impacto del brote, especialistas insisten en que la prevención sigue siendo la herramienta más efectiva, especialmente en zonas rurales del sur de Chile. Ventilar cabañas cerradas por varias horas, limpiar superficies con cloro y evitar acumulación de basura o alimentos expuestos continúa siendo clave. Porque aunque el caso del crucero sea excepcional, el riesgo del hanta en Chile sigue estando donde siempre ha estado: en el contacto accidental con el ratón colilargo y sus secreciones.