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Deepsearch y el lado B de nuestra huella digital

En redes sociales como Instagram y TikTok comenzó a circular una nueva herramienta de inteligencia artificial que promete encontrar prácticamente todo lo que existe sobre una persona en internet. Deepsearch funciona como un agregador de información capaz de rastrear perfiles, registros públicos, fotografías y otros contenidos disponibles en la web para construir, en pocos segundos, una especie de mapa de la huella digital de un individuo. El atractivo es evidente, pero también abre una pregunta incómoda para una generación acostumbrada a vivir buena parte de su identidad online: ¿cuánto sabemos realmente sobre lo que internet puede encontrar de nosotros?

Para Diego Fuentealba, ingeniero en ejecución en computación, ingeniero civil industrial y académico de la Facultad de Administración y Economía de la Universidad de Santiago, la herramienta puede entenderse como “un agregador asistido por IA”. A partir de un nombre o, en algunas versiones, una fotografía, la aplicación rastrea distintas fuentes, cruza resultados y construye perfiles consolidados. El problema es que la información obtenida no necesariamente es completa ni correcta. Michael Miranda, jefe de la Carrera de Ingeniería Civil en Mecatrónica de la Usach, advierte que “el principal punto a considerar es que esta app no necesariamente descubra información secreta. Lo que hace es automatizar la búsqueda, agregación y presentación de datos que continúan accesibles en la web”.

El verdadero riesgo aparece cuando información aparentemente inofensiva comienza a ser combinada. Una fotografía antigua, una dirección que alguna vez fue pública, una noticia, un lugar de trabajo o una cuenta abandonada pueden adquirir una dimensión completamente diferente cuando una herramienta los reúne y los presenta como parte de un mismo perfil. Fuentealba define este fenómeno como “riesgo de agregación”, porque los datos dispersos pueden facilitar prácticas como el doxxing, el acoso, la suplantación de identidad o incluso la confusión entre personas con nombres similares. A esto se suma otro problema: la IA puede equivocarse y atribuir antecedentes de una persona a otra.

La discusión se vuelve todavía más delicada cuando aparecen herramientas de reconocimiento facial, geolocalización a partir de fotografías o sistemas que intentan inferir características personales desde el rostro. Para Fuentealba, ahí aparece una señal de alerta, porque “Eso ya es perfilado biométrico, tratado como dato sensible tanto en el Reglamento General de la Protección de Datos (RGPD) de la Unión Europea como en la nueva ley chilena”. La cuestión ya no sería solamente qué información está disponible en internet, sino quién puede reunirla, con qué propósito y hasta dónde puede llegar su utilización.

En Chile, además, el escenario regulatorio está cambiando. El académico explica que la legislación vigente contempla excepciones para determinados datos provenientes de fuentes accesibles al público, una situación que ha mantenido a este tipo de servicios en una zona jurídica poco definida. Sin embargo, la entrada en vigencia de la Ley 21.719 modificará ese escenario y establecerá nuevas exigencias para el tratamiento de datos personales. En paralelo, Miranda recuerda que el país ya cuenta con una cultura de búsqueda de información personal a través de servicios como los llamados “rutificadores” y plataformas que permiten consultar antecedentes asociados a patentes. Deepsearch, en ese sentido, no aparece de la nada: lleva a una escala mucho mayor una práctica que internet ya había normalizado.

La pregunta, entonces, no es únicamente si una aplicación puede encontrar nuestros datos, sino qué hacemos nosotros con esa información. Para Fuentealba, una de las formas más responsables de utilizar este tipo de herramientas es revisar la propia huella digital y no convertirlas en instrumentos para vigilar a otras personas. También recomienda evitar subir fotografías de terceros para búsquedas faciales sin consentimiento, verificar los resultados directamente con sus fuentes originales y no tomar decisiones laborales o personales basándose exclusivamente en perfiles generados por IA. Porque mientras buscamos información sobre alguien más, también estamos entregando información sobre nosotros mismos: qué buscamos, con qué frecuencia y desde qué dispositivo.

La discusión sobre Deepsearch termina revelando algo más amplio que una nueva aplicación de moda. En una internet donde cada publicación, fotografía o registro puede permanecer disponible durante años, la privacidad ya no depende solamente de esconder información. Como plantea Miranda, “privacidad no significa solamente mantener información en secreto. También implica conservar cierto control sobre quien utiliza nuestros datos, con qué finalidad, durante cuánto tiempo y con qué otros antecedentes los combina”. Y en un ecosistema donde la inteligencia artificial puede reunir en segundos fragmentos que antes estaban dispersos, la verdadera huella digital quizá no sea lo que publicamos, sino todo aquello que otros pueden reconstruir a partir de nosotros.