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La IA ya es parte de la vida escolar en Chile

La inteligencia artificial ya dejó de ser una herramienta experimental para convertirse en parte de la rutina escolar de miles de estudiantes chilenos. Los resultados de PISA 2025 muestran que el 51% de los estudiantes en Chile utiliza chatbots de inteligencia artificial para apoyar su aprendizaje al menos una vez por semana, por encima del promedio de 46% registrado entre los países de la OCDE.

El uso de estas herramientas aparece especialmente vinculado a las primeras etapas del aprendizaje. Un 39% de los estudiantes chilenos declaró utilizar IA para realizar investigaciones preliminares sobre nuevos temas, frente al 31% del promedio OCDE. Además, un 33% señaló que recurre a chatbots para resumir textos que debe leer y la misma proporción los utiliza para redactar trabajos escolares. Solo un 6% dijo no utilizar nunca o casi nunca estas herramientas en las actividades escolares consultadas, frente al 14% del promedio OCDE.

Pero el avance de la IA ocurre en paralelo con otra realidad dentro de las salas de clases: la distracción digital. En Chile, el 48% de los estudiantes afirmó que sus compañeros se distraen frecuentemente con dispositivos durante la mayoría o todas las clases de ciencias, una proporción superior al 28% registrado en promedio por la OCDE. El informe, sin embargo, advierte que en Chile no se encontró una asociación estadísticamente significativa entre esta distracción y el rendimiento académico, por lo que los datos no permiten afirmar que el uso de dispositivos haya causado directamente un determinado resultado.

Claudia Vargas, doctora en Didáctica de la Matemática y académica del Departamento de Matemática y Computación de la Universidad de Santiago, vinculó los resultados con una combinación de factores que excede el uso de tecnología. Sobre la caída en los aprendizajes, la académica señaló que “es toda una mezcla. El uso de las pantallas, evidentemente puede ser un factor, los jóvenes en lugar de salir a jugar a las plazas ahora prefieren pasar más tiempo en las pantallas”. Su análisis incorpora además transformaciones en los hábitos de lectura y en la experiencia cotidiana dentro de las aulas.

Para Vargas, el contexto escolar también resulta relevante para entender las dificultades actuales. “tienen una pérdida de interés bastante notoria en la lectura, no lo podemos negar. Por otro lado, el ambiente de la sala de clases no favorece, hay mucho bullying, hay mucho estímulo por la competencia y esto también no favorece la sana convivencia dentro de la sala de clases”. Los resultados de PISA 2025 muestran precisamente que la relación entre aprendizaje, bienestar y entorno escolar es un fenómeno que debe analizarse junto con las condiciones en que estudian los jóvenes.

La pandemia aparece como otro elemento dentro de esta discusión. Los estudiantes evaluados en PISA 2025 atravesaron parte de su trayectoria escolar durante el período de educación remota, experiencia que, según Vargas, tuvo efectos particularmente complejos en la adquisición de aprendizajes fundamentales. “Entonces sí que la pandemia causó una mella en la enseñanza de la matemática, los aprendizajes básicos. Pero no perdamos de vista que no es cuánta matemática saben, sino cómo saben aplicarla”. La evaluación PISA, justamente, busca medir la capacidad de los estudiantes para aplicar conocimientos a problemas y situaciones de la vida real.

Los datos de la OCDE también muestran que la relación entre inteligencia artificial y rendimiento académico no es simple. El organismo señala que los estudiantes que utilizan IA para tareas específicas como resumir textos, investigar o redactar presentan, en promedio, resultados inferiores en ciencias respecto de quienes no la utilizan para esas tareas; sin embargo, esto no demuestra causalidad. En cambio, quienes utilizan IA semanalmente con el propósito general de apoyar su aprendizaje presentan resultados similares a los no usuarios. La OCDE plantea que el desarrollo de habilidades para evaluar críticamente la información generada por IA puede ser clave para que estas herramientas funcionen como apoyo y no simplemente como una forma de obtener respuestas terminadas.

Así, el desafío para las comunidades educativas ya no pasa solamente por decidir si la inteligencia artificial entra o no a la sala de clases. La tecnología ya está presente. La discusión comienza a desplazarse hacia cómo utilizarla, cómo enseñar a verificar sus respuestas y cómo evitar que reemplace procesos esenciales como leer, comprender, investigar y resolver problemas. En Chile, donde más de la mitad de los estudiantes ya recurre semanalmente a chatbots para aprender, esa conversación dejó de ser una cuestión del futuro y forma parte del presente escolar.