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El título ya no garantiza un trabajo acorde a lo que estudiaste

Chile está viviendo una paradoja laboral que golpea especialmente a quienes llegaron al mercado con un título universitario o técnico bajo el brazo. Nunca antes la fuerza de trabajo había tenido un nivel de educación superior tan alto, pero encontrar un empleo que realmente corresponda con esa formación se está volviendo cada vez más difícil. El fenómeno, conocido como “desempleo ilustrado”, combina cesantía, trabajos por debajo de las calificaciones y una economía que no estaría generando suficientes puestos de alta especialización.

Según un informe del Observatorio del Contexto Económico de la Universidad Diego Portales, durante el trimestre abril-junio de 2026 el desempleo entre personas con educación superior completa alcanzó el 8,3%, 0,4 puntos porcentuales más que en el mismo período del año anterior. La cifra acumula diez meses consecutivos de aumentos interanuales, mientras el desempleo general suma cuatro meses de incrementos.

Pero la cifra de desempleo es apenas una parte de la historia. Entre los poco más de cuatro millones de personas con educación superior completa que actualmente tienen trabajo, un 37,7% se encuentra subempleado de acuerdo con sus calificaciones. Es decir, tienen empleo, pero realizan labores que no necesariamente requieren el nivel de formación que adquirieron. Para el economista y académico de la Universidad de Santiago Víctor Silva, reducir este escenario a una supuesta sobreoferta de profesionales sería quedarse en la superficie. “Esto no es un problema de que ‘sobren’ profesionales”, sostuvo.

El cambio estructural de la fuerza laboral chilena ayuda a entender el problema. En 2010, las personas con educación superior completa representaban el 22% de la fuerza de trabajo. En 2026, esa proporción llegó al 42,2%, prácticamente el doble. En el sentido contrario, quienes tenían menos que enseñanza media completa pasaron de representar el 35,2% al 17%. Chile, en poco más de una década, pasó a tener una fuerza laboral considerablemente más educada, pero sin que ese cambio haya sido acompañado por una expansión equivalente de los empleos calificados.

“Chile duplicó la proporción de profesionales en su fuerza laboral en 15 años (…) pero la economía lleva más de una década creciendo poco y generando empleo de baja calidad”, planteó Silva. Según su análisis, el 79,9% de los nuevos puestos de trabajo creados para profesionales corresponde a empleos de subempleo. La paradoja queda así bastante clara: hay más personas preparadas para ocupar puestos especializados, pero una parte importante termina ingresando a trabajos que no utilizan plenamente sus conocimientos.

El problema, además, no afecta por igual a todas las carreras. Humanidades y Servicios Personales presentan mayores niveles de desempleo, mientras que áreas como Derecho, Educación y Medicina Veterinaria muestran tasas inferiores. Para Silva, ambos fenómenos —la sobreoferta en determinadas áreas y la falta de empleos de calidad— pueden coexistir, pero no tienen el mismo peso. “El hecho de que 8 de cada 10 empleos nuevos para profesionales sean subempleo me dice que el problema estructural más grande está del lado de la demanda: aunque cerráramos mañana la sobreoferta en Humanidades, seguiríamos con un problema de calidad del empleo si la economía no acelera su generación de puestos calificados. No le echaría la culpa al alumno de Trabajo Social o Periodismo; le echaría la culpa a una economía que no crece lo suficiente para absorber a la fuerza laboral más calificada de nuestra historia”, comentó.

El escenario también instala una pregunta incómoda para quienes están pensando qué estudiar. Elegir una carrera hoy ya no parece depender solamente de la vocación, sino también de las condiciones que encontrarán sus futuros profesionales en el mercado. Silva advierte sobre el llamado “efecto cicatriz” del desempleo, fenómeno por el cual comenzar la vida laboral durante una etapa económica débil puede generar consecuencias salariales que persisten incluso cuando la economía vuelve a mejorar.

Por eso, la decisión educativa debería considerar más variables que la empleabilidad inmediata. “Elegir carrera es, en el fondo, una decisión de inversión bajo incertidumbre”, explicó el economista. La vocación continúa siendo relevante, pero también lo son las perspectivas laborales, el riesgo y el horizonte de largo plazo. En un mercado donde las carreras de hoy pueden enfrentar escenarios muy distintos mañana, elegir únicamente según el ranking o el titular de turno puede ser otra forma de equivocarse.

El desafío, finalmente, no parece estar solo en cuántos profesionales forma Chile, sino en qué tipo de economía está construyendo para recibirlos. Una generación cada vez más educada está entrando a un mercado donde conseguir trabajo no necesariamente significa encontrar el trabajo para el que estudió. Y esa distancia entre formación y oportunidades podría convertirse en uno de los principales debates laborales de los próximos años.

Chile completa 42 meses con una desocupación superior al 8%

El mercado laboral chileno continúa mostrando señales de fragilidad. El Instituto Nacional de Estadísticas (INE) informó que la tasa de desocupación alcanzó un 9,4% durante el trimestre abril-junio de 2026, manteniéndose sin cambios respecto del trimestre móvil anterior, pero aumentando 0,5 puntos porcentuales en comparación con igual período del año pasado. Con este resultado, el país acumula 42 meses consecutivos con un desempleo igual o superior al 8%, un escenario que refleja las dificultades para generar nuevos puestos de trabajo al ritmo que exige la economía.

Las cifras muestran que el crecimiento de la fuerza laboral continúa superando la capacidad del mercado para absorber nuevos trabajadores. Mientras las personas que buscan empleo aumentaron un 1,5% en doce meses, el número de ocupados solo creció un 0,9%. En paralelo, la cantidad de personas desocupadas se incrementó un 7,7%, consolidando una tendencia que mantiene la incertidumbre sobre la recuperación del empleo formal.

Para Víctor Silva, economista y académico de la Facultad de Administración y Economía de la Universidad de Santiago, la explicación inmediata es clara. “La fuerza laboral, que es la gente que busca trabajo, creció más rápido que los puestos disponibles”. Sin embargo, advierte que el fenómeno responde a factores mucho más profundos que van más allá de las cifras coyunturales. A su juicio, el deterioro del escenario internacional, el aumento de los costos empresariales y una desaceleración sostenida de la actividad económica están configurando un entorno complejo para la contratación.

El especialista sostiene que uno de los principales detonantes proviene del contexto global. “El origen real tiene al menos tres capas”, afirmó, haciendo referencia al impacto del conflicto en Medio Oriente y al bloqueo del Estrecho de Ormuz sobre el mercado energético. Según explica, el aumento del precio internacional del petróleo elevó significativamente el costo de los combustibles en Chile, afectando tanto a los hogares como a las empresas. “Eso golpeó directamente el bolsillo. La bencina acumula un alza cercana al 27% en lo que va del año y el diésel sobre el 42%. El mecanismo que debería amortiguar ese golpe colapsó en marzo y produjo el mayor ajuste de combustibles desde 1973. Ese shock de costos se traduce en inflación importada, que en 12 meses ya llega a 4,3%”, explicó Silva.

A este escenario internacional se suman presiones internas que, según el académico, han elevado progresivamente el costo de operar para las empresas. Entre ellas menciona la aplicación del IVA a los servicios y el incremento gradual de la cotización adicional contemplada en la reforma previsional. “Desde 2023 rige en régimen la extensión del IVA a los servicios, una reforma que fue encareciendo de forma silenciosa buena parte del consumo de los hogares. Y desde agosto de 2025 comenzó a regir la cotización adicional de cargo del empleador de la reforma previsional”, señaló. En ese contexto, recuerda que el aporte patronal continuará aumentando en los próximos años, elevando el costo de contratar nuevos trabajadores.

Para Silva, estas condiciones generan un efecto directo sobre las decisiones de inversión y contratación de las empresas, especialmente en un escenario de menor dinamismo económico. “Es dinero que no toca el sueldo líquido del trabajador, pero sí encarece el costo de contratar, justo cuando las empresas ya venían conteniendo la contratación”, afirmó. De esta manera, el mercado laboral enfrenta el desafío de recuperar la creación de empleo en un contexto marcado por mayores costos, inflación persistente y un escenario internacional que continúa presionando la economía chilena.

El empleo para toda la vida pierde terreno entre los jóvenes

La idea de permanecer años en una misma empresa parece cada vez más lejana para la Generación Z. Mientras generaciones anteriores construían carreras profesionales a largo plazo dentro de una organización, los Centennials están optando por trayectorias mucho más dinámicas, impulsadas por la búsqueda de aprendizaje, desarrollo y experiencias alineadas con sus valores personales. Así lo revela el informe global “Generación Z en el mundo laboral: enfocados en el futuro, moviéndose rápidamente”, elaborado por Randstad a partir de una encuesta a 11.250 trabajadores y del análisis de más de 126 millones de ofertas de empleo en todo el mundo.

Los datos muestran una generación que no teme moverse. Uno de cada tres jóvenes de la Generación Z planea cambiar de trabajo durante el próximo año, una cifra que supera ampliamente a Millennials, Generación X y Baby Boomers. Al mismo tiempo, apenas un 11% de estos trabajadores visualiza permanecer indefinidamente en su empleo actual. Lejos de interpretarse como una falta de compromiso, la tendencia responde a una nueva forma de entender el desarrollo profesional, donde el crecimiento constante pesa más que la estabilidad tradicional.

La velocidad con la que los Centennials construyen sus carreras también queda reflejada en el tiempo promedio que permanecen en un puesto durante sus primeros años laborales. Según el estudio, la permanencia promedio alcanza apenas 1,1 años, muy por debajo de las generaciones anteriores. La principal razón detrás de estos cambios, excluyendo el salario, es la falta de oportunidades de desarrollo profesional, un factor que se ha convertido en una prioridad para quienes buscan construir una carrera con propósito y posibilidades reales de crecimiento.

“Los datos muestran que esta mayor movilidad laboral de la Generación Z plantea desafíos adicionales a las organizaciones a la hora de atraer y retener talento. Esta nueva realidad nos interpela para repensar cómo construimos trayectorias profesionales atractivas, con aprendizaje continuo y oportunidades de impacto real que satisfagan los deseos y necesidades de los trabajadores más jóvenes”, señaló Andrea Avila, CEO de Randstad para Argentina, Chile, Uruguay y México.

El fenómeno ocurre además en un contexto laboral complejo. El análisis de Randstad detectó una caída del 29% en las ofertas de empleo para cargos de nivel inicial desde enero de 2024, reduciendo las oportunidades para quienes recién ingresan al mercado laboral. Frente a este escenario, muchos jóvenes están diversificando sus estrategias: solo el 45% ocupa actualmente empleos tradicionales a tiempo completo y una parte importante busca complementar sus ingresos y experiencia mediante trabajos paralelos. Más de la mitad se encuentra activamente explorando nuevas oportunidades laborales.

“Si bien los Z ingresaron al mercado laboral en un contexto de cambios profundos y alta incertidumbre, confían en sus habilidades y tienen ambición de futuro. Frente a esta realidad, los empleadores pueden solo prejuzgar que la movilidad es producto de un menor nivel de compromiso y atenerse a una profundización de la escasez de talento, o, por el contrario, asimilar la necesidad de trabajar colaborativamente con esta generación para definir trayectorias profesionales inspiradoras y ámbitos laborales más alineados con sus expectativas. Retener a los jóvenes no se trata solo de ofrecer un salario competitivo, sino de crear entornos donde puedan ver su crecimiento, sentirse escuchados y alinear su trabajo con sus valores y propósito personales”, agregó Avila. En un mercado laboral cada vez más competitivo, la Generación Z parece tener claro que el trabajo ya no es solo una fuente de ingresos: también es una herramienta para construir identidad, propósito y futuro.