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Cómo empezar a correr sin lesionarte en el intento

La última Maratón de Santiago reunió a más de 35 mil personas en sus distintas distancias —10K, 21K y 42K— consolidando no solo un evento deportivo masivo, sino también una fotografía clara de cómo el running dejó de ser una disciplina exclusiva de élites o atletas para convertirse en una práctica transversal. En Chile, correr ya no es solo deporte: es identidad, rutina urbana y también mercado.

Ese crecimiento se ve en la calle y en la vitrina. Marcas deportivas, suplementos, apps de entrenamiento y todo un ecosistema de productos se han instalado alrededor de este “boom del jogging”, que promete salud, rendimiento y desconexión en medio de ciudades cada vez más aceleradas. Pero detrás de esa expansión aparece una pregunta que muchos nuevos corredores se hacen tarde o temprano: ¿cómo se empieza a correr sin romperse en el intento?

El académico de la Escuela de Ciencias de la Actividad Física, el Deporte y la Salud de la Universidad de Santiago, Alonso Peña, es claro al respecto. “técnicamente, las personas pueden comenzar con este tipo de acciones de un día para otro, pero deben tener en cuenta que es muy probable que se vayan a lesionar”. La advertencia no apunta a frenar el entusiasmo, sino a entender que el cuerpo no siempre sigue el ritmo de la motivación.

Peña explica que uno de los errores más comunes en quienes se inician es subestimar la adaptación física. “Principalmente es el de los tejidos blandos y las articulaciones, ya que el sistema cardiovascular se adapta, relativamente rápido, al esfuerzo”, dice el especialista. Es decir, el corazón responde antes que las rodillas, los tendones o los músculos, y ahí es donde aparecen las lesiones típicas del principiante.

La recomendación base es bajar la intensidad del impulso inicial. “Lo más recomendable es comenzar de a poco. Más que correr, lo ideal es salir a caminar rápido, y cuando ya ha pasado un par de semanas o meses, comenzar a realizar un trote más rápido. Con ese lapso de tiempo, el cuerpo va a empezar a resistir de acuerdo con la progresión de los ejercicios”, agrega Peña, instalando la idea de que el running es más una construcción que un salto.

A esto se suma una advertencia que muchos pasan por alto: el chequeo médico. “siempre es recomendable”, señala el académico. “Cuando uno es más joven podemos salir a correr sin preocupaciones debido a que nos podemos recuperar más rápido. Pero desde los 35 años hay que ir donde un doctor y hacerse un chequeo. Y si alguien quiere realizar un trabajo técnico especializado, sí o sí hay que consultarle a un profesional”. La lógica es simple: correr no es inocuo, aunque parezca lo contrario.

En el caso de quienes buscan bajar de peso, el foco no está en correr más rápido, sino en sostener el movimiento en el tiempo. “lo ideal es mantener caminatas largas y que, de a poco, se vayan volviendo más intensas”, explica Peña. La estructura del entrenamiento también importa: calentamiento, trote progresivo y retorno a la calma, idealmente tres veces por semana para evitar sobrecargas.

El entorno también juega un rol clave. Zapatillas con buena amortiguación, superficies adecuadas y una hidratación constante pueden marcar la diferencia entre una rutina sostenible o una lesión temprana. “Lo más perjudicial es hacerlo en la arena. Ese es un terreno suave para las articulaciones pero que exige bastante esfuerzo para los músculos”, advierte el académico, poniendo énfasis en decisiones que parecen menores pero no lo son.

Más allá de la técnica, el running también se vuelve una experiencia social. Entrenar en grupo, medir progresos y compartir rutas ayuda no solo a la motivación, sino también a la constancia. “Y la idea es que no se frustren si quedan demasiado doloridos o cansados”, concluye Peña, recordando que en este deporte —como en pocos— el progreso no es inmediato, pero sí acumulativo.

En un país donde cada vez más personas se suman a las calles con zapatillas y cronómetro en mano, el desafío ya no es solo correr más rápido, sino aprender a correr mejor.

Maratón de Santiago convierte las calles en una fiesta colectiva del cuerpo y la resistencia

Este domingo, la ciudad de Santiago dejará de ser solo una capital para convertirse en una pista compartida por miles de cuerpos en movimiento. La Maratón de Santiago celebra su versión número 17 con tres recorridos; 10k, 21k y 42k, y una participación que se extiende desde corredores debutantes hasta atletas experimentados, pasando también por personas en situación de discapacidad. Más que una simple competencia, la jornada es una manifestación masiva del deseo de moverse, de encontrarse con otros y de pertenecer a una comunidad activa.

La carrera, organizada por tramos etarios que van desde los 18 hasta los 64 años en distintas subcategorías, ha logrado consolidarse como un evento que no solo celebra la velocidad o la resistencia, sino también el compromiso personal y colectivo con el bienestar. Según expertos de la Escuela de Ciencias de la Actividad Física, el Deporte y la Salud de la Universidad de Santiago, correr no es solamente moverse; es también un acto de cuidado y de conexión con otros. Para ellos, la maratón es una metáfora viva de una sociedad que avanza, que enfrenta desafíos y que se reconoce en el otro.

Participar en una maratón no es un gesto impulsivo ni improvisado. Es el resultado de semanas, incluso meses, de preparación física, mental y emocional. Los académicos Alonso Peña, Carlos Poblete, Daniela González y Tito Pizarro han entregado una serie de recomendaciones para que quienes participen por primera vez disfruten la experiencia sin poner en riesgo su salud.

Dormir bien en los días previos, alimentarse de manera equilibrada y mantener un ritmo constante durante la carrera son claves fundamentales. El descanso previo, más allá de la noche anterior, mejora la concentración, regula la ansiedad y favorece la recuperación. Un sueño reparador de al menos ocho horas puede marcar la diferencia entre una jornada satisfactoria y un desempeño frustrante. En paralelo, desconectarse de las pantallas, evitar las comidas pesadas antes de dormir y bajar el ritmo ayudan a preparar cuerpo y mente.

La alimentación también juega un papel protagónico. Comer carbohidratos complejos como pastas, papas o legumbres, y mantenerse bien hidratado; idealmente entre 2 y 3 litros de agua por día, permite enfrentar el esfuerzo físico con reservas energéticas suficientes y reduce el riesgo de molestias gastrointestinales. Tras cruzar la meta, la recuperación de líquidos y sales es esencial.

El calentamiento previo es otro ritual que no debe pasarse por alto. Subir de forma gradual la temperatura corporal y activar la musculatura no solo optimiza el uso del oxígeno, también previene lesiones. Estirar después de correr, en tanto, aunque no elimina del todo el dolor muscular tardío, ayuda a relajar y reconectar con el cuerpo tras el esfuerzo.

Saber dosificarse durante el recorrido es una estrategia clave. Si puedes hablar en frases cortas mientras corres, probablemente estás en una zona de intensidad aeróbica segura. Si estás sin aliento, es probable que estés excediendo tus límites.

Pero lo más importante es entender que la maratón no termina con la meta. Al compartir con otros corredores; en la llegada, en redes sociales o en entrenamientos posteriores, se construye una red de apoyo y motivación que potencia la continuidad del movimiento. La maratón es también un espacio para que florezca una ética del cuidado mutuo, del desafío compartido, de la transformación colectiva.

Santiago, por unas horas, será menos ciudad y más cuerpo. Menos ruido y más respiración. Más comunidad que individuo. Una fiesta del movimiento donde correr se convierte en una forma de estar juntos y avanzar.