“Yo no pensaba ‘quiero hacer música, quiero ser cantante’. Yo quería ser compositora, y ni siquiera sabía bien lo que eso significaba”. La frase de Julieta Venegas resume buena parte del espíritu de Norteña. Memorias del comienzo, su primer libro, presentado este sábado 15 de agosto en el Centro Cultural La Moneda. Publicado por La Pollera Ediciones y presentado por la cantante chilena Ana Tijoux, el encuentro recorrió los primeros años de una carrera que terminó convirtiéndola en una de las voces más reconocibles de la música en español.
La presentación reunió música, literatura y memoria en una conversación que permitió a Venegas regresar a su infancia y juventud en Tijuana, su relación con Estados Unidos y el entorno familiar que terminó moldeando su sensibilidad artística. Antes de convertirse en solista, la mexicana pasó por bandas como Tijuana No!, mientras desarrollaba una identidad creativa que posteriormente desembocaría en discos fundamentales como Sí (2003) y Limón y sal (2006). Su más reciente álbum, Norteña, publicado en mayo de 2026, nació además en paralelo al proceso literario.
Desde el Centro Cultural La Moneda destacaron precisamente ese cruce entre disciplinas. “Recibir a Julieta Venegas presentando su primer libro es un privilegio para el Centro Cultural La Moneda. Estas instancias nos permiten tejer puentes entre distintas disciplinas, tal como lo hace Norteña, un libro que transita entre la música y la literatura. Abrir nuestros espacios a este tipo de conversaciones, convocando a lectores, fanáticos de la música y también a interesados en la cultura en general, es parte esencial de lo que buscamos, y sobre todo recibir a una cantante internacional de su talla dialoga con el plan de internacionalización que estamos ejecutando”, señaló Alejandra Valenzuela, directora ejecutiva de la institución.
La historia que Venegas reconstruye comienza mucho antes de los escenarios. Creció en una familia marcada por la sensibilidad artística: su padre y su hermana son fotógrafos, mientras que su madre fue una figura fundamental en su relación con la música. “Me inculcaron una cotidianidad con la música, un estar, un cantar todo el tiempo. Siento que mi relación con la música está muy enredada con la manera en cómo se escuchaba música en mi casa”, recordó durante la presentación.
Uno de los recuerdos que permanece con mayor fuerza es la llegada de su primer piano, cuando tenía apenas ocho años. “Entrar a la casa fue como wow, me impresionó. Y cuando me dijeron que era mío y que me lo podía quedar, ese momento nunca lo voy a olvidar”. A partir de ahí comenzó un camino que no estuvo marcado desde el principio por la certeza de convertirse en cantante, sino por la búsqueda de una manera propia de crear canciones.
Esa búsqueda también tuvo momentos de crisis. Venegas contó que durante casi un año escribió y descartó canciones hasta encontrar una respuesta en algo aparentemente cotidiano: la manera espontánea en que su madre cantaba. “Tuve una crisis muy fuerte. Me preguntaba qué tipo de canciones quería hacer, entonces ahí la conclusión fue, quiero generar esa reacción que ella tiene con las canciones cuando las canta sin pensar, así sin complicarse, cantando en el auto o lo que sea. Y entonces dije: esa es la canción que quiero hacer, y ese es el camino hacia donde me fui”.
El salto desde la composición musical hacia las memorias significó enfrentarse a un proceso completamente diferente. Si una canción puede nacer de un impulso y encontrar rápidamente una estructura, un libro exige volver sobre los recuerdos, revisarlos y enfrentarlos desde otra distancia. “Con las canciones escribo la música y la letra en un tiempo. Acá también, pero después lleva muchísimo rigor, mucha revisión. Creo que es 30% impulso, 70% corrección, y eso lo hace muy diferente”, explicó.
La escritura de Norteña se extendió durante aproximadamente dos años y estuvo acompañada por una sensación permanente de incertidumbre. “Sentí mucho vértigo. Todo el tiempo decía ‘me está costando, esto se acabó, no lo voy a poder hacer’”. Sin embargo, ese proceso terminó abriendo conversaciones familiares que hasta entonces habían quedado pendientes. Para Venegas, volver sobre su propia historia no fue solamente un ejercicio literario, sino también una forma de revisar vínculos y recuerdos desde el presente.
La experiencia incluso produjo una reacción inesperada en su hermana gemela. “Me dijo ‘es impresionante, siento que descubrí cosas de ti que no conocía’”. En ese sentido, el libro no funciona únicamente como archivo de una trayectoria musical de más de tres décadas, sino como una reconstrucción personal de los lugares, personas y momentos que precedieron a la artista que el público conoció posteriormente.
El encuentro en Santiago también sirvió para reafirmar el vínculo de Venegas con Chile, país al que dedicó palabras de afecto durante la jornada. El cierre fue musical y conectó directamente las distintas etapas de su carrera: interpretó “Tiempos dorados”, primer adelanto de su nuevo disco, y luego “Eres para mí” junto a Ana Tijoux, recuperando una colaboración que ambas artistas realizaron originalmente en 2006. Así, entre recuerdos, literatura y canciones, Norteñaterminó siendo menos un recuento de éxitos que una mirada hacia la persona que existía antes de ellos.