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El cine entra en su nueva era digital

La inteligencia artificial dejó de ser una promesa futurista para convertirse en un actor con peso propio dentro de la industria audiovisual. La reciente inversión de US$75 millones de Google en el estudio independiente A24, destinada al desarrollo de herramientas de IA para la producción y distribución cinematográfica, marca un nuevo capítulo en una transformación que ya alcanza a directores consagrados, estudios de Hollywood y creadores independientes. Más que una apuesta tecnológica, el movimiento anticipa un cambio en la manera de crear, producir y consumir historias.

La alianza contempla el trabajo conjunto entre especialistas de Google DeepMind y los equipos creativos de A24 para desarrollar herramientas orientadas a fortalecer los procesos narrativos. Mientras tanto, A24 Labs ya experimenta con sistemas de inteligencia artificial capaces de generar guiones gráficos asistidos, consolidando una tendencia que también ha quedado en evidencia con el uso de IA en películas como The Brutalist, el regreso digital del fallecido Val Kilmer y las recientes experiencias de Martin Scorsese durante la preproducción de su próximo proyecto.

Para Leonardo Cabezas, especialista en cine y televisión y académico de la Universidad de Santiago, el fenómeno representa un punto de inflexión para toda la industria. “Creo que estamos presenciando el gran cambio del paradigma estructural en la industria del entretenimiento”, sostiene. A su juicio, que un estudio como A24 trabaje directamente con Google o que cineastas como Scorsese incorporen estas herramientas demuestra que la inteligencia artificial dejó de ser percibida como una amenaza para convertirse en un recurso creativo, tal como ocurrió décadas atrás con el montaje digital o la incorporación del CGI.

Lejos de anunciar el reemplazo de los realizadores, el académico plantea que la IA funcionará como una extensión de los procesos creativos. “La IA no va a reemplazar el cine o la TV; sino que va a optimizar los recursos, el tiempo, la producción y hasta la distribución. Lo veo como algo positivo y excitante”, afirma. Sin embargo, advierte que el equilibrio dependerá de mantener el foco en la creación humana. La tecnología puede automatizar procesos complejos como la edición, el renderizado o la generación de subtítulos, pero la mirada autoral continúa siendo un elemento imposible de replicar.

El impacto también se extiende a la forma en que circulan las historias. Para Cabezas, la inteligencia artificial acelera la democratización de los contenidos al reducir costos y facilitar que nuevos creadores desarrollen producciones dirigidas a comunidades específicas. En una era dominada por plataformas digitales, videos verticales y audiencias hipersegmentadas, la IA permite producir más rápido y adaptar los relatos a los nuevos hábitos de consumo sin depender exclusivamente de los grandes estudios.

Pese al entusiasmo, el académico insiste en que el verdadero desafío será preservar la identidad de quienes crean. “El cine y la televisión siempre han sido reflejo de las sociedades; la IA es el espejo de nuestra era contemporánea y debemos fluir junto a ella en esta cultura audiovisual mutante”, concluye. En ese escenario, el futuro del entretenimiento no parece estar definido por una disputa entre humanos y algoritmos, sino por la capacidad de ambos para convivir en una industria donde la tecnología amplía las posibilidades, pero la creatividad sigue marcando la diferencia.

Cómo la IA se convirtió en asesor futbolero

Aunque Chile quedó fuera de la Copa del Mundo 2026, el torneo sigue ocupando conversaciones, grupos de WhatsApp y oficinas completas. Como ocurre cada cuatro años, miles de personas se han sumado a las tradicionales pollas mundialeras, una práctica que mezcla pasión futbolera, intuición y la esperanza de quedarse con el pozo acumulado. Pero esta vez hay un nuevo jugador en la cancha: la inteligencia artificial.

Herramientas como ChatGPT y Gemini se han transformado en aliados inesperados para quienes buscan una ventaja al momento de pronosticar resultados. Desde analizar estadísticas hasta comparar el rendimiento reciente de las selecciones, estas plataformas están siendo utilizadas por fanáticos experimentados y también por quienes apenas siguen el fútbol durante las grandes citas deportivas. La pregunta es inevitable: ¿realmente pueden ayudar a ganar una polla?

Para Diego Fuentealba, doctor en informática, director del Laboratorio de Inteligencia Artificial del Departamento de Contabilidad y Auditoría y académico de la Facultad de Administración y Economía de la Usach, la respuesta requiere matices. “Puede ser útil como apoyo informativo, pero no como una herramienta que prediga resultados con seguridad. En el fútbol hay muchas variables difíciles de anticipar: lesiones, rotaciones, expulsiones, clima, presión del partido, instancia del torneo y hasta eventos fortuitos”.

La irrupción de estas tecnologías refleja un fenómeno más amplio: la inteligencia artificial ya no es una herramienta reservada para especialistas. Hoy forma parte de la vida cotidiana y se abre paso incluso en espacios tan informales como una apuesta entre amigos. Según Fuentealba, plataformas como ChatGPT permiten organizar información, comparar escenarios y construir análisis más completos. Sin embargo, advierte que la incertidumbre sigue siendo parte esencial del deporte más popular del planeta.

El académico explica que la diferencia entre las distintas plataformas no está necesariamente en cuál es mejor, sino en cómo se utilizan. “ChatGPT puede ser muy bueno para estructurar análisis, comparar escenarios y explicar el razonamiento. Además, ChatGPT puede buscar información actualizada en la web y entregar fuentes cuando la consulta lo requiere”. Sobre Gemini, agrega que también puede ser una herramienta útil gracias a su integración con el ecosistema Google, aunque recuerda que sus propias advertencias reconocen la posibilidad de errores o información incorrecta presentada como verdadera.

La expansión de la IA también está democratizando el acceso al conocimiento futbolístico. Quienes antes participaban en una polla simplemente por diversión ahora pueden acceder rápidamente a datos, rankings, antecedentes históricos y explicaciones sobre conceptos que antes parecían exclusivos de comentaristas deportivos. “Es útil para alguien que sabe poco de este deporte. La IA puede funcionar como una especie de “traductor futbolero” explicando quiénes son los favoritos, cómo llega cada selección, qué significa jugar fase de grupos o eliminación directa, qué tan relevante es el ranking FIFA, o por qué un empate puede ser razonable en ciertos partidos”, sostiene Fuentealba.

Sin embargo, el experto insiste en que el verdadero valor de estas herramientas está en la calidad de las preguntas. En lugar de consultar simplemente quién ganará un partido, recomienda solicitar análisis que incorporen variables como forma reciente, bajas por lesión, enfrentamientos previos, contexto competitivo y probabilidades de empate. Cuanto más específica sea la consulta, más útil será la respuesta. La IA, plantea, funciona mejor cuando se le exige argumentar y fundamentar sus conclusiones.

Mientras el Mundial avanza sin presencia chilena en la cancha, miles de personas seguirán buscando la fórmula perfecta para acertar resultados. Algunos confiarán en la experiencia, otros en la intuición y cada vez más recurrirán a algoritmos capaces de procesar millones de datos en segundos. Pero incluso en la era de la inteligencia artificial, el fútbol mantiene intacta una de sus mayores virtudes: la capacidad de sorprender cuando nadie lo espera.

El debate ético que la IA obliga a enfrentar

En un país donde la conversación tecnológica suele quedar atrapada entre anuncios de innovación y la carrera por subirse a la ola de la Inteligencia Artificial, el Congreso Internacional de Ética y Bioética de la Universidad de Santiago 2025 vino a instalar un punto de freno necesario. Académicos de diversas áreas pusieron sobre la mesa un debate profundo: cómo enfrentar los dilemas morales y técnicos que trae consigo la tecnociencia, y cómo evitar que el entusiasmo por lo digital eclipse la discusión sobre sus riesgos reales. Lo que se discutió en la USACH no fue solo teoría; fue una radiografía del momento crítico que atraviesa Chile y el mundo respecto al uso responsable de la IA.

Entre las intervenciones más comentadas estuvo la de Juan Larraín, director del Instituto de Ética Aplicada de la Pontificia Universidad Católica. El académico lanzó lo que llamó una “provocación” sobre la necesidad urgente de regular el diseño de tecnologías digitales. Su punto fue claro: las herramientas actuales aportan beneficios “enormes” para la humanidad, pero también arrastran daños posibles que, muchas veces, no se originan en fallas técnicas, sino en la intencionalidad detrás de cómo se diseñan. Para ilustrar el dilema, recordó ejemplos históricos y tensos. “Las tecnologías históricamente siempre han tenido aspectos beneficiosos y negativos, como el ejemplo dramático de la bomba atómica”, señaló, subrayando la dimensión ética que nunca puede quedar fuera de la ecuación.

Larraín planteó que un posible camino regulatorio podría inspirarse en los estándares ya utilizados en la evaluación de tecnologías biomédicas y biotecnológicas, donde existen protocolos sólidos para medir riesgos y beneficios. Pero su reflexión fue más allá de la comparación técnica. Para él, el desafío no es únicamente normativo, sino cultural. Es necesario instalar una ética pública que permita que el avance tecnológico y el avance moral crezcan de forma armónica. En sus palabras, la humanidad debe construir una cultura que impulse “un desarrollo virtuoso y armónico entre el progreso de la ética y el progreso tecnológico”.

La discusión también abordó la necesidad de pensar la tecnología desde múltiples disciplinas. Larraín fue categórico al afirmar que los dilemas actuales exigen articular conocimientos provenientes de la filosofía, la sociología, la ingeniería, la informática y la biología. Desde su perspectiva, cualquier intento de regulación o desarrollo responsable de IA que ignore la complejidad humana está condenado a quedar incompleto y sesgado. Esta visión interdisciplinaria se transformó en uno de los ejes centrales del encuentro, reafirmando que la conversación sobre tecnociencia no puede quedar solo en manos de programadores o legisladores.

La segunda parte del congreso profundizó específicamente en la ética de la Inteligencia Artificial. El Dr. Manuel Villalobos, del Departamento de Ingeniería Informática de la USACH, destacó que “la legitimidad ética y social de la Inteligencia Artificial está determinada por cinco Principios Clave de Ética Aplicada; la autonomía, beneficencia, no maleficencia, justicia y responsabilidad, datos vulnerables, reidentificación e impacto predictivo”. Su planteamiento expuso la anatomía del debate ético contemporáneo: cada algoritmo y cada sistema que procesa datos sensibles tiene el poder de beneficiar, pero también de excluir, sesgar o predecir con consecuencias graves para individuos y comunidades.

En el ámbito sanitario, el ingeniero biomédico y académico USACH, Erick Cortez, revisó el largo trayecto de la Historia Clínica del Paciente en Chile. Recordó sus raíces en el Código Sanitario de 1931, la consolidación del Sistema Nacional de Salud en 1952 y la evolución hacia los registros electrónicos actuales. “Actualmente, la ficha clínica es un instrumento obligatorio para integrar la información del paciente en la atención en salud, y debe llevarse en formato digital/electrónico, en papel u otro medio. Esta información es relevante para resguardar los datos y la toma de decisiones en la actividad sanitaria”, explicó. Su análisis dejó claro que la digitalización de datos médicos no es solo una actualización técnica, sino un proceso cargado de implicancias éticas.

Cortez también detalló la información mínima que deben incluir estos registros, desde la identificación del paciente hasta su historial de decisiones, diagnósticos y procedimientos. Pero su crítica final apuntó al corazón del debate: “la Ficha Clínica tiene un enfoque biomédico, lo que deja fuera factores sociales, culturales y espirituales que podrían complementar la atención desde una perspectiva ética y holística”, concluyó. Sus palabras resonaron como un llamado a ampliar la conversación sobre datos sensibles, especialmente en un contexto donde la IA ingresa cada vez más en los sistemas de salud.

El Congreso Internacional de Ética y Bioética 2025 dejó una conclusión transversal: el avance tecnológico ya no puede desvincularse de la reflexión moral. En un momento donde Chile impulsa transformaciones digitales en educación, salud y administración pública, la pregunta que emerge desde la USACH es si el país está preparado para establecer una regulación que combine innovación con responsabilidad. La respuesta aún está en construcción, pero el debate ya comenzó.

Selfies, paneles y dudas éticas con el holograma de Stan Lee

La Comic Con de Los Ángeles 2025 ya tiene su primera gran polémica antes de abrir sus puertas. El nombre de Stan Lee, la leyenda de Marvel fallecida en 2018, vuelve a estar en boca de todos, esta vez no por una reedición de sus cómics ni por un cameo póstumo, sino por una recreación digital que promete dividir a los fans. Proto Hologram, en alianza con HyperReal y Kartoon Studios, desarrolló un holograma del creador de Spider-Man, Hulk y Iron Man que no solo podrá fotografiarse con los asistentes, sino también conversar con ellos durante tres minutos, a cambio de entre 5 y 20 dólares según la anticipación de la compra.

La experiencia se ha bautizado como Stan Lee Experience, un híbrido entre homenaje y experimento tecnológico que busca medir hasta qué punto los seguidores aceptan la presencia de un ídolo que en realidad ya no está. El holograma no será solo una atracción para selfies: también tendrá apariciones sorpresivas dentro de la convención e incluso podría llegar a moderar paneles de alto nivel. La idea de ver al “Padrino del cómic” caminando por un evento del presente, aunque sea en forma digital, marca un nuevo capítulo en la relación entre cultura pop y tecnología.

El fenómeno, sin embargo, despierta dudas sobre los límites de la memoria y el marketing. José Huichaman, ilustrador y académico de la Usach, expresó que “es una recreación que me responde lo que tal vez, basado en miles y miles de datos, me habría respondido Stan Lee… Creo que hay una especie de valoración, pero también de banalización de lo que es la existencia misma”. Para él, la posibilidad de hablar con alguien que murió rompe con el sentido mismo de la vida y la muerte, y plantea la pregunta de si estamos dispuestos a pagar por sentir la ilusión de un reencuentro.

El debate también se ha trasladado al plano de la ingeniería y la ética tecnológica. John Kern, académico del Departamento de Ingeniería Eléctrica de la Usach, explicó que esta tecnología “permite justamente, a través de una gran base de datos, recrear a la persona viva o fallecida de una manera virtual”. Se trata de una combinación de software —basado en algoritmos de entrenamiento, gemelos digitales y detección de emociones— y de hardware, que consiste en cabinas equipadas con parlantes y micrófonos capaces de decodificar la voz en tiempo real para simular interacciones humanas. “No es que se pueda revivir a la persona, al menos con la tecnología que hay ahora… sí se puede recrear con bastante cercanía a la realidad”, enfatizó Kern.

La frontera que separa el homenaje del espectáculo comercial se difumina en un contexto donde la inteligencia artificial avanza a una velocidad difícil de procesar. Para Huichaman, lo preocupante es que “estamos en una sociedad que lo que hace es dejarnos la menor cantidad de tiempo posible para pensarnos la realidad”. Y en ese vértigo, figuras como Stan Lee —convertido en marca, más que en persona— terminan siendo un producto de consumo tanto o más atractivo que los propios héroes que creó.

La Comic Con, que se extenderá entre el 26 y el 28 de septiembre, será el laboratorio donde este experimento se enfrente a la prueba del público. Lo que para algunos será un homenaje emocionante, para otros podría transformarse en la muestra más radical de cómo la cultura pop, la nostalgia y la inteligencia artificial pueden cruzar líneas invisibles. Si la imagen de Stan Lee vuelve a llenar titulares, será por su capacidad de seguir estando presente, incluso cuando la vida ya no lo acompaña.

Alfabetización en riesgo en la era de la inteligencia artificial

La irrupción de herramientas de inteligencia artificial como ChatGPT ha abierto un debate crucial en el mundo académico. Su capacidad para generar respuestas inmediatas y simplificar tareas promete revolucionar la educación, pero investigadores del Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) de la Universidad de Chile y del Centro Nacional de Inteligencia Artificial (CENIA) advierten que un uso pasivo de estos sistemas podría debilitar la alfabetización y, con ello, los cimientos del pensamiento crítico.

Marcela Peña, investigadora de la Pontificia Universidad Católica y del CENIA, plantea que el problema radica en la “contradicción fundamental” de estas tecnologías. Para desarrollar comprensión lectora y habilidades de escritura se necesita leer y escribir de manera intensiva, pero los modelos de lenguaje ofrecen justamente un atajo que evita ese esfuerzo. “Aquí lo relevante es enseñar a los lectores adolescentes y jóvenes a usar estos sistemas de manera interactiva. Por ejemplo, pedir a ChatGPT: ‘Dame tres opciones de ensayo sobre calentamiento global, y muéstrame las etapas que estás usando para escribir cada sección’”, ejemplifica.

El riesgo, según Ernesto Guerra, investigador del CIAE, es que los estudiantes confundan utilidad con comprensión real. “Estas herramientas, usadas de manera utilitaria, pueden dar la ilusión de que entendemos algo, cuando en realidad no hemos hecho el esfuerzo de leer y procesar el texto”. La lectura, sostienen los expertos, es más que un acceso a la información: funciona como un entrenamiento del cerebro que fortalece el vocabulario, el razonamiento y la reflexión.

Roberto Araya, también del CIAE, advierte que “en lugar de fortalecer los músculos cognitivos que la lectura extensiva desarrolla, el uso excesivo de estas herramientas puede atrofiarlos, ofreciendo atajos que, aunque útiles en lo inmediato, socavan el compromiso profundo con el texto”. Esto preocupa especialmente en niños y niñas que recién aprenden a leer y escribir, ya que allí se construyen las bases de la alfabetización. Una fragilidad en esa etapa puede impactar la capacidad futura de pensamiento crítico y de comprensión profunda.

Aun así, los investigadores reconocen el valor de la inteligencia artificial en la generación de materiales educativos adaptados a distintos contextos culturales y lingüísticos. El problema está en que, sin un acceso equitativo, estas ventajas se concentrarán en los grupos con mayores recursos, ampliando las desigualdades. Además, recuerdan que las brechas educativas no se explican solo por el acceso al lenguaje, sino por factores estructurales como la segregación escolar y la distribución desigual de oportunidades.

En un escenario donde la comunicación se vuelve cada vez más multimodal, con un predominio de lo visual y lo oral, los especialistas llaman a no abandonar la lectura profunda ni la escritura. Ambas prácticas, sostienen, siguen siendo insustituibles en el desarrollo del pensamiento complejo. “El desafío es encontrar un equilibrio: aprovechar los aspectos más productivos o generativos que la tecnología ofrece, pero sin dejar que reemplace el esfuerzo y la disciplina que la lectura y la escritura han fortalecido durante siglos”, concluyen los autores.

Automatización como el lenguaje del futuro laboral

En un escenario donde la tecnología redefine cada aspecto de la vida cotidiana, la automatización industrial se perfila como una de las áreas más estratégicas y con mayor proyección laboral en Chile. La Universidad de Santiago se suma a esta tendencia con la carrera de Tecnología en Automatización Industrial, un programa que combina formación teórica y práctica para preparar profesionales capaces de desenvolverse en sectores clave como la industria alimentaria, la agricultura y la minería, motores históricos de la economía nacional.

El auge de esta disciplina se vincula directamente con la irrupción de la inteligencia artificial y la llamada industria 6.0, caracterizada por su hiperconectividad y capacidad de análisis de datos en tiempo real. Tal como explica el jefe de carrera, Mg. Leandro Ampuero, la IA permite construir modelos predictivos que anticipan comportamientos de máquina a máquina, optimizando la producción y reduciendo errores. “La industria 6.0 analiza los datos en forma centralizada para tomar decisiones. Se puede estimar un crecimiento de producción actual versus producción futura, en función del comportamiento automatizado de las máquinas”, detalla el académico.

Los estudiantes de la Usach reciben formación en supervisión de procesos mecanizados, manejo de equipos y sensores, análisis de información y protocolos de comunicación industrial, herramientas que los posicionan en la primera línea del desarrollo tecnológico. A partir del tercer año obtienen el grado de tecnólogo en automatización industrial, con la capacidad de ejecutar y supervisar sistemas de control bajo procedimientos estandarizados. La tasa de empleabilidad habla por sí sola: el 90% de los egresados consigue trabajo, un dato que refleja la alta demanda del sector.

La perspectiva salarial también resulta atractiva. Según Ampuero, un recién egresado puede percibir entre 900 mil y un millón de pesos mensuales, cifra que aumenta con la experiencia y la especialización. Además, existe la posibilidad de continuar estudios y convalidar semestres en programas de Ingeniería Eléctrica o Ingeniería Industrial, lo que amplía aún más las oportunidades de desarrollo profesional.

Más allá de la empleabilidad, la automatización industrial responde a una tendencia empresarial en expansión. Aunque la implementación de equipos sofisticados implica una inversión significativa, los beneficios superan con creces los costos frente a los procedimientos manuales. “Antiguamente estas tareas las realizaban trabajadores de oficios que evaluaban manualmente distintos procesos, con un alto margen de error. Hoy, los sistemas automatizados permiten interconectar maquinarias, programar operaciones y obtener datos generales en poco tiempo”, concluye Ampuero, dejando claro que el futuro de la productividad se juega en la intersección entre educación tecnológica y transformación digital.

Inteligencia artificial chilena se convierte en aliada del océano

El avance de la Inteligencia Artificial está reconfigurando múltiples industrias a nivel global, y Chile no se queda atrás. En un escenario donde la sostenibilidad es clave, la pesca industrial enfrenta un desafío crítico: el descarte, práctica que consiste en devolver al mar especies capturadas incidentalmente y que no corresponden a la especie objetivo. Este fenómeno no solo afecta los ecosistemas marinos, sino que también complica los procesos de fiscalización.

Para abordar este problema, la Universidad de Santiago de Chile presentó un sistema que promete transformar el control de la actividad pesquera. La propuesta, dirigida por la investigadora del Departamento de Ingeniería Informática, Dra. Violeta Chang, utiliza modelos avanzados de Inteligencia Artificial combinados con comunicación satelital para monitorear en tiempo real el descarte en embarcaciones industriales de entre 15 y 18 metros. Este desarrollo busca reemplazar el sistema actual de grabaciones en discos duros, que pueden tardar hasta un año en ser revisadas, lo que limita la acción de las autoridades frente a infracciones.

El proyecto cuenta con financiamiento de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) y se desarrolla en alianza con el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca), encargado de evaluar y recibir la tecnología, además de la empresa IO-SAT Chile, experta en monitoreo y conectividad satelital. La sinergia entre academia, Estado y sector privado marca un precedente en la búsqueda de soluciones tecnológicas para la sustentabilidad oceánica.

La Dra. Chang enfatizó que la iniciativa se apoya en modelos de IA auto supervisados y multimodales, diseñados para integrar datos de video, ubicación y velocidad de navegación, generando alertas automáticas a través de satélites en caso de detectar anomalías. Esta innovación no solo agiliza los procesos de fiscalización, sino que también amplía la capacidad de reacción de las autoridades frente a eventuales irregularidades, reduciendo los vacíos legales que hasta ahora habían dificultado el control efectivo de la pesca industrial.

Desde Sernapesca, su directora nacional, Soledad Tapia, destacó la relevancia del proyecto y lo definió como un paso decisivo hacia una pesca más responsable. “Esta tecnología nos permitirá ser más eficientes y efectivos en la fiscalización del descarte, cuidando los recursos pesqueros y la biodiversidad de nuestros mares”, aseguró. Con la incorporación de estas herramientas, Chile se posiciona como pionero en el uso de inteligencia artificial para preservar la salud de los océanos, combinando innovación tecnológica con políticas públicas orientadas a la sostenibilidad.

Chile avanza hacia una ley de inteligencia artificial con respaldo del ecosistema digital

El Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación de Chile sostuvo un nuevo encuentro para avanzar en la construcción del proyecto de Ley de Inteligencia Artificial, esta vez con la participación de gremios tecnológicos y actores del sector privado. La reunión, realizada en el Salón de Conferencias del Ministerio de Relaciones Exteriores, marcó el primer acercamiento del nuevo ministro Aldo Valle al ecosistema digital, reforzando la continuidad institucional en el desarrollo de políticas públicas que resguarden derechos fundamentales sin frenar el progreso tecnológico.

El ministro Valle destacó que el propósito central fue recoger observaciones de la industria al proyecto de ley actualmente en discusión en la Cámara de Diputadas y Diputados. La iniciativa, presentada por el Ejecutivo en mayo y fusionada con una moción parlamentaria, busca establecer un marco regulatorio exigible y proporcional para el uso de la IA en contextos que puedan afectar a personas, especialmente en áreas sensibles como salud, justicia o educación. La propuesta surge de un proceso participativo amplio, que incluyó más de 60 reuniones técnicas con actores de múltiples sectores.

Chile se posiciona como uno de los primeros países de América Latina en avanzar hacia una regulación integral de la IA, superando los marcos voluntarios y proponiendo estándares claros basados en el nivel de riesgo de cada sistema. Esta diferenciación permite resguardar los derechos de las personas sin imponer trabas innecesarias a la innovación.

Desde el sector privado, Víctor Grimalt, de la Asociación de la Industria Eléctrica, Electrónica y Automatización (AIE), valoró la oportunidad de ser escuchados, subrayando la necesidad de una regulación que permita retomar el protagonismo de Chile en el ámbito tecnológico global. Por su parte, Bruno Villalobos, presidente de ACHIA-DS, resaltó el carácter descentralizador del proceso y la importancia de que organizaciones regionales estén incluidas en este debate nacional.

El ministro Valle cerró el encuentro agradeciendo la participación activa de los asistentes y reafirmando el compromiso del gobierno con una tramitación abierta al perfeccionamiento, sustentada en el diálogo y centrada en el desarrollo tecnológico como motor de futuro para el país.

El dilema ecológico de ser amable con un chatbot

Saludar, decir “por favor” o terminar con un “gracias” parece una cortesía mínima, casi automática, en cualquier conversación. Pero cuando estas palabras son dirigidas a una inteligencia artificial como ChatGPT, podrían tener un efecto inesperado: mejorar la calidad de las respuestas. Al menos eso sugieren investigadores y especialistas en tecnología del lenguaje, que observan cómo la forma en que se formula una consulta; el llamado prompt, puede influir en la precisión y profundidad de la respuesta generada por un modelo de lenguaje.

Según Gustavo Alcántara, académico en Telecomunicaciones y Aplicaciones de la Universidad de Santiago, estudios recientes muestran que un tono más cordial y emocional puede generar mejores resultados. Cita una investigación de la Universidad de Waseda, que demuestra cómo la cortesía al interactuar con modelos LLM (Large Language Models) no solo mejora la interacción, sino que reduce la tasa de errores. Estos sistemas, como ChatGPT, operan a partir de complejos procesos de aprendizaje profundo que dependen de matices lingüísticos para entender lo que se les pide. Y ahí es donde las fórmulas amables parecen marcar una diferencia.

Esta hipótesis; casi contraintuitiva, sugiere que las emociones humanas no solo hacen más llevaderas las conversaciones con máquinas, sino que también pueden afinar sus capacidades cognitivas artificiales. Decir “¿Podrías explicarme, por favor?” no es solo un gesto de buena educación: es también una estrategia que puede sacar lo mejor del algoritmo.

Pero esta amabilidad no es gratis. O, mejor dicho, tiene un costo invisible que va más allá del tiempo o el estilo. Como advierte Alcántara, esta manera más personalizada y emocional de interactuar con sistemas como ChatGPT podría implicar un mayor consumo energético. “Cada vez que el sistema tiene que analizar más profundamente un mensaje cargado de matices emocionales o personalizados, se intensifica su procesamiento, lo que puede elevar el uso de energía”, explica.

OpenAI, la empresa detrás de ChatGPT, estima que el entrenamiento de su modelo GPT-3 demandó más de 1.287 MWh, una cifra significativa si se considera el volumen masivo de usuarios que interactúan con el sistema a diario. Y aunque una simple pregunta parezca inofensiva en términos ambientales, cuando millones de personas lo hacen constantemente, y de forma extensa o emocional, el impacto acumulativo se vuelve más preocupante.

Además, este procesamiento intensivo requiere sistemas de refrigeración de alto consumo hídrico en los centros de datos, lo que suma otra capa de tensión ambiental. En un contexto global de crisis climática y escasez de agua, esta huella ecológica no puede pasarse por alto.

Así, la paradoja queda planteada: ser amable con la inteligencia artificial mejora la interacción, pero también puede contribuir a una carga ambiental más pesada. ¿Estamos dispuestos a asumir ese costo por una respuesta mejor formulada? ¿O deberíamos repensar cómo y cuándo usamos estos recursos tecnológicos?

La relación entre humanos e inteligencias artificiales está lejos de ser neutral. Hasta un “hola” bienintencionado puede tener consecuencias insospechadas.

Uso ético y responsable de la IA marca la nueva agenda en la educación universitaria

Desde 2015, la Universidad de Chile realiza la Encuesta Única de Admisión, un estudio anual que recoge información clave sobre las primeras experiencias y preocupaciones de quienes ingresan a la casa de estudios. Para su versión 2025, esta encuesta incorporó un enfoque novedoso: preguntas sobre el uso y las percepciones de la inteligencia artificial (IA), reflejando cómo esta tecnología se ha ido integrando con rapidez en la educación superior y en la sala de clases.

Leonor Armanet, directora de Pregrado, explica que la IA está cada vez más presente en la vida académica de las y los estudiantes, y que desde el Departamento de Pregrado se ha trabajado en abrir debates sobre su uso ético y responsable, así como en compartir buenas prácticas y ofrecer formación para su integración pedagógica. Esta encuesta no solo permite conocer el panorama actual, sino que también ofrece datos fundamentales para tomar decisiones que potencien el aprendizaje y la formación universitaria.

El informe, que entrega datos tanto a nivel institucional como segmentados por facultades y carreras, es una herramienta para quienes diseñan políticas y estrategias educativas. Anita Rojas, subdirectora de Pregrado, subraya que la IA lleva tiempo en la agenda de la universidad, mencionando incluso proyectos previos de exploración pedagógica en esta área. Alejandro Sevilla, coordinador de la Unidad de Estudios, destaca que la encuesta incluyó preguntas específicas sobre el uso de IA generativa para contar con información fresca que guíe la creación de lineamientos en la formación de primer año.

Los resultados revelan que un 81% de la generación mechona del 2025 ha utilizado herramientas de inteligencia artificial, con una diferencia notable entre hombres y mujeres (85% versus 78%). La función principal de estas tecnologías es ayudar a resolver dudas sobre contenidos específicos, reportado por el 91% de los encuestados, siendo ChatGPT la IA más popular con un 94% de uso.

Aunque la mayoría aprueba el uso de IA para actividades recreativas, búsqueda de información, tutorías personales y resúmenes de estudio, existe un rechazo importante hacia su uso en la realización de trabajos o tareas: un 54% está en desacuerdo con esta práctica. Las mujeres, en particular, muestran mayor resistencia a emplear la IA para estas labores, además de un mayor porcentaje de indecisión en el total de estudiantes.

Estos hallazgos son esenciales para que la Universidad de Chile continúe ajustando sus estrategias en docencia, fomentando un uso ético, crítico y pedagógico de la IA que responda a las necesidades y realidades de esta nueva generación universitaria.

La Encuesta Única de Admisión, con su alta tasa de respuesta del 78%, se convierte así en una herramienta estratégica para la toma de decisiones basadas en evidencia. Sus resultados alimentan procesos como la formación docente, las tutorías, la inducción universitaria y la orientación estudiantil, fortaleciendo la experiencia académica desde el primer día.