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El humedal de Batuco extiende su escudo para proteger la biodiversidad

La laguna Batuco tendrá otros 30 años de protección frente a la caza y captura de fauna silvestre, una medida que busca resguardar uno de los últimos grandes refugios de biodiversidad de Santiago. La prohibición, vigente desde 1995, fue renovada por el Ministerio de Agricultura mediante el Decreto Exento N° 75/2026, luego de una solicitud impulsada por el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG).

Ubicada entre las comunas de Lampa y Tiltil, la cuenca de Batuco se extiende por más de 18.000 hectáreas y funciona como un punto estratégico para numerosas especies de aves acuáticas, incluyendo aquellas que llegan desde otros territorios durante sus ciclos migratorios. Se estima que cerca de un tercio de las especies de aves descritas para Chile pasa por este ecosistema para nidificar, descansar o alimentarse, convirtiendo al humedal en una pieza clave para la biodiversidad de la Región Metropolitana.

El valor ecológico de Batuco no se limita a su condición de humedal. La zona forma parte de los sitios prioritarios para la conservación de la biodiversidad y el área específica de la laguna cuenta además con la categoría de Santuario de la Naturaleza. En un territorio metropolitano marcado por la expansión urbana, la presión sobre los ecosistemas y la transformación del paisaje, este tipo de espacios se convierten en verdaderos refugios para especies que dependen de ambientes cada vez más fragmentados.

Para el director regional subrogante del SAG Metropolitano, Juan Valenzuela, la renovación de la medida representa un avance significativo para la conservación del sector. “se valoran las gestiones desarrolladas para el adecuado avance del proceso de renovación la declaratoria de esta área como zona prohibida para la caza y captura, lo cual permite fortalecer de manera sustantiva la protección de la laguna Batuco, que actualmente cuenta con la categoría de Santuario de la Naturaleza, constituyéndose en uno de los escasos humedales presentes en el área Metropolitana de Santiago”.

La extensión de esta protección también responde a un trabajo desarrollado junto a organizaciones locales, municipios y agrupaciones dedicadas a la observación y conservación de aves. Valenzuela destacó precisamente ese respaldo ciudadano, señalando que “hoy, gracias al apoyo de la comunidad local, de los alcaldes de las comunas de Lampa y Tiltil, Fundación San Carlos de Maipo, la Red de Observadores de Aves de Chile, Unión de Ornitólogos de Chile UNORCH-Aves Chile , Fundación San Carlos de Maipo 2 , entre otros organismos que existen dentro del área protegida, esta medida se ha convertido en un requerimiento sentido y deseado”.

La prohibición no significa, sin embargo, que toda actividad de captura quede absolutamente descartada bajo cualquier circunstancia. La normativa contempla excepciones vinculadas a investigación científica, programas de conservación o control de especies que puedan representar un riesgo para la biodiversidad. La fiscalización corresponde principalmente al SAG, aunque también pueden intervenir Carabineros de Chile e inspectores de caza ad honorem autorizados por el Servicio.

En tiempos en que los humedales urbanos enfrentan una presión creciente, la renovación de la prohibición en Batuco representa algo más que una extensión administrativa. Es una apuesta por mantener un territorio donde la biodiversidad todavía encuentra espacio dentro de una de las regiones más urbanizadas del país. La medida, además, se conecta con compromisos internacionales asumidos por Chile para proteger especies migratorias y conservar la diversidad biológica, colocando nuevamente a la laguna Batuco en el mapa de los ecosistemas que Santiago no puede darse el lujo de perder.

Los humedales se consolidan como aliados frente a las lluvias extremas

Mientras las intensas lluvias vuelven a poner a prueba distintas zonas del país, los humedales emergen como uno de los ecosistemas más importantes para enfrentar los efectos del cambio climático. Desde el Altiplano hasta la Patagonia, Chile alberga cerca de 40 mil humedales, de acuerdo con el Inventario Nacional del Ministerio del Medio Ambiente, cubriendo una superficie cercana a los 5,6 millones de hectáreas. Más allá de su riqueza en biodiversidad, estos espacios cumplen una función clave al regular el agua, disminuir el riesgo de inundaciones y ayudar a moderar las temperaturas extremas.

Los humedales comprenden una amplia variedad de ecosistemas donde el agua determina la vida vegetal y animal, incluyendo lagos, ríos, marismas, salares, turberas y zonas costeras. Su capacidad para almacenar agua los convierte en un componente estratégico frente a eventos climáticos cada vez más frecuentes e intensos. En ese sentido, el biólogo ambiental y director del Departamento de Gestión Agraria de la Universidad de Santiago, Darío Moreira, explica que durante episodios de precipitaciones intensas estos ecosistemas funcionan como verdaderas barreras naturales para reducir el impacto de las crecidas.

“Técnicamente estamos hablando de su capacidad de regulación del flujo hídrico y, por lo tanto, mitigación de inundaciones. Esta capacidad responde a las propiedades físicas, biogeoquímicas y estructurales de este tipo de ecosistema”, señala el especialista. Según explica, los suelos de los humedales contienen grandes cantidades de materia orgánica acumulada en condiciones de escasez de oxígeno, formando una estructura altamente porosa que retiene enormes volúmenes de agua. A ello se suma la vegetación característica, compuesta por juncos, totoras y otras especies que disminuyen la velocidad de las corrientes, favoreciendo la infiltración del agua hacia las napas subterráneas y reduciendo el riesgo de inundaciones aguas abajo.

Pero su aporte no termina cuando cesan las lluvias. Para Moreira, los humedales también desempeñan un rol decisivo durante los episodios de calor extremo. Debido a la capacidad del agua para absorber grandes cantidades de energía sin elevar rápidamente su temperatura, estos ecosistemas funcionan como reguladores térmicos naturales. “Ante el aumento de calor, ese calor evapora el agua generando un efecto de enfriamiento evaporativo que puede reducir la temperatura ambiental local en varios grados respecto a las zonas urbanas o agrícolas adyacentes”, explica el académico, destacando que este fenómeno contribuye a disminuir los efectos de las islas de calor presentes en muchas ciudades.

Pese a estos beneficios, el especialista advierte que conservar los humedales no significa impedir completamente el acceso de las personas. “Proteger un humedal no implica necesariamente aislarlo de la sociedad, sino gestionar el territorio bajo el principio de capacidad de carga e integridad ecológica”, afirma. Para ello propone controlar el ingreso de nutrientes provenientes de actividades agrícolas y urbanas, mantener el flujo natural del agua, evitar la fragmentación causada por obras de infraestructura y desarrollar espacios de uso público mediante pasarelas elevadas y zonas especialmente destinadas a la educación ambiental, sin afectar los sectores más sensibles del ecosistema.

El investigador sostiene que una gestión adecuada también requiere establecer normas claras para proteger la fauna y la flora que habitan estos espacios. Entre ellas menciona la prohibición del ingreso de mascotas, la reducción del ruido y la restricción de actividades motorizadas que puedan alterar el equilibrio ecológico. En un escenario marcado por el cambio climático y la mayor frecuencia de eventos meteorológicos extremos, los humedales aparecen como una infraestructura natural indispensable para fortalecer la resiliencia ambiental del país y preservar uno de los patrimonios ecológicos más valiosos de Chile.

La apuesta chilena por un sistema integral de salud para los humedales

Los humedales, al igual que los bosques, son considerados pulmones vitales del planeta. Su capacidad para capturar dióxido de carbono, liberar oxígeno, suministrar agua potable y albergar el 40% de las especies terrestres y marinas los convierte en ecosistemas esenciales. Sin embargo, en Chile —donde representan cerca del 5,9% del territorio— enfrentan un futuro incierto. En el último siglo, alrededor del 60% de estos espacios han desaparecido debido al impacto humano, la contaminación y la crisis climática.

Conscientes de esta urgencia, la Universidad de Santiago de Chile impulsa el proyecto Fondef “Investigación y desarrollo de ECO-H”, un módulo de diagnóstico, predicción y visualización en tiempo real de la salud integral de los humedales. Liderado por el Dr. Juan Carlos Travieso, investigador de la Facultad Tecnológica, el plan busca innovar en el monitoreo y generar una herramienta capaz de entregar información útil para la conservación. “Lo que buscaremos desarrollar es una plataforma tecnológica para conocer el estado actual de los humedales, predecir la tendencia futura y generar recomendaciones para su conservación o recuperación”, explica el académico.

La propuesta combina imágenes satelitales históricas, datos ambientales y algoritmos avanzados para realizar diagnósticos ágiles, predicciones confiables y alertas tempranas. Según Travieso, uno de los principales problemas de los sistemas actuales es que los datos recolectados no se convierten en conocimiento práctico. “Actualmente, se realizan estudios ecosistémicos en el contexto de litigios con mineras, empresas o comunidades, y se requieren paneles de expertos que pueden demorar entre tres y seis meses en emitir un informe. En cambio, con esta tecnología queremos entregar diagnósticos ágiles y predictivos, con capacidad de alertar de manera temprana sobre cambios en los ecosistemas”, señala.

El proyecto, que se extenderá por dos años, cuenta con la colaboración de Andes Electrónica, especialista en monitoreo tecnológico, y la Fundación Valle Lo Aguirre, administradora de la Laguna Carén, donde se realizará el piloto inicial. También recibe el respaldo de la Vicerrectoría de Investigación, Innovación y Creación de la Usach, a través del programa Puente DGT. El prototipo se instalará en Laguna Carén, reconocida por su biodiversidad de aves, y se espera escalarlo a nivel nacional, con la ambición de expandirlo a ecosistemas internacionales en una etapa posterior.

Más allá del inventario de humedales ya existente en Chile, ECO-H busca avanzar hacia un sistema integral que permita evaluar la salud de estos espacios, anticipar escenarios críticos y recomendar medidas de restauración o conservación. Con ello, el país podría contar con una herramienta tecnológica única en la región para enfrentar la crisis hídrica y ambiental, transformando la forma en que se protege y gestiona uno de los ecosistemas más valiosos y amenazados del planeta.