La abrupta captura de Nicolás Maduro alteró de golpe el ya frágil equilibrio político venezolano. En cuestión de horas, el rostro del chavismo cambió y la continuidad del poder quedó en manos de Delcy Rodríguez, quien asumió la presidencia tras jurar ante la Asamblea Nacional. Abogada formada en la Universidad Central de Venezuela y con especialización en Derecho Laboral en París, Rodríguez se convirtió en la figura clave de un régimen que busca demostrar control institucional en uno de los momentos más críticos de su historia reciente.
Durante su juramento, la nueva mandataria marcó el tono de su administración con un discurso que apeló al agravio externo y al dolor social. “Vengo con dolor por el sufrimiento que se le ha causado al pueblo venezolano luego de una agresión militar ilegítima”, afirmó, en una señal clara de que el relato oficial seguirá anclado en la denuncia de la intervención extranjera. La escena no fue menor: su hermano renovó simultáneamente su cargo al frente del Parlamento, reforzando la imagen de cohesión interna del chavismo.
Horas antes, Rodríguez ya había dado una señal de mando efectivo. La noche del domingo encabezó su primer Consejo de Ministros desde el Palacio de Miraflores, acompañada por Diosdado Cabello, considerado el número dos del oficialismo, y por el jefe de la Defensa Nacional, Vladimir Padrino López. El mensaje fue directo: el aparato político y militar sigue alineado y operativo.
Mientras tanto, al norte del continente, el propio Maduro y su esposa, Cilia Flores, comparecieron ante el tribunal del Distrito Sur de Nueva York, donde se declararon no culpables de todos los cargos. “Soy inocente. No soy culpable. Soy un hombre decente”, declaró el exmandatario. El contraste entre la escena judicial en Estados Unidos y la reorganización del poder en Caracas alimenta la sensación de estar frente a un conflicto que se juega en varios tableros a la vez.
Para el analista internacional y académico del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago, Fernando Estenssoro, el escenario está marcado por una “gran incertidumbre”. Sin embargo, su lectura es clara respecto a la continuidad del régimen. “Venezuela sigue con su gobierno constitucional. O sea, salió Maduro, que fue secuestrado, pero asumió su vicepresidenta. Por lo tanto, el régimen del Partido Socialista Unificado, que es el régimen que gobierna Venezuela, está intacto y está funcionando”, indicó a Diario Usach.
En ese marco, el rol de la oposición aparece severamente limitado. Estenssoro fue tajante al evaluar las posibilidades de figuras como María Corina Machado o Edmundo González. “Más allá de movilizarse, si el régimen de Maduro llega a un acuerdo con el régimen de Trump, donde los Estados Unidos se les garantice que van a tener lo que ellos quieren, no va a haber cambio político en Venezuela”, sostuvo. A su juicio, la oposición “no tiene ninguna capacidad de nada” y solo existe por el apoyo internacional y la visibilidad mediática.
La figura de Donald Trump aparece como un actor central en esta nueva etapa. Según el académico, el mandatario estadounidense busca una transición sin sobresaltos que garantice estabilidad y acceso a recursos. “Necesita una Venezuela que no le dé gastos, que no los obligue a movilizarse, una Venezuela donde ellos puedan obtener el petróleo venezolano sin más gastos para Estados Unidos”, afirmó, subrayando que, en ese esquema, el régimen actual es el único capaz de asegurar orden social y político.
La advertencia sobre un eventual gobierno opositor es aún más cruda. Estenssoro sostuvo que un escenario encabezado por Machado podría derivar en confrontaciones armadas e incluso en una guerra civil, lo que forzaría a Estados Unidos a una ocupación militar costosa y políticamente inviable. En ese contexto, la figura de Delcy Rodríguez adquiere un peso estratégico: “Ella va a tratar de defender los intereses venezolanos. Trump va a tratar de imponer sus criterios, pero hay un espacio de que puedan o no puedan llegar a un acuerdo. Eso no lo sabemos”.
El petróleo, como casi siempre en la historia venezolana, vuelve a ser el centro de gravedad. Tras el arresto de Maduro, Trump declaró que uno de los objetivos de la operación militar era poner el sector petrolero bajo control estadounidense. Para Estenssoro, este tipo de afirmaciones responden más a una lógica comunicacional que a un plan cerrado. “Estamos recién en el proceso de negociaciones y vamos a ver una cantidad de declaraciones rimbombantes, espectaculares, porque Donald Trump nunca pierde”, explicó, recordando que la guerra mediática es parte esencial de su estrategia interna.
En esa línea, el académico fue categórico al descartar que la democracia o los derechos humanos sean prioridades reales para Washington o Bruselas. “Ni la Unión Europea ni Estados Unidos están preocupados por la democracia”, señaló, agregando que el objetivo es asegurar el acceso al crudo venezolano. “De lo que estamos hablando es de recursos naturales, no de democracia”, concluyó. Así, Venezuela entra en una nueva fase donde el poder cambia de manos, pero las reglas del juego —marcadas por el petróleo y la geopolítica— parecen mantenerse intactas.