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Hablar de diversidad también es hablar de prevención

Cada vez más personas hablan de diversidad sexual con mayor libertad, pero cuando la conversación gira hacia salud sexual todavía persisten vacíos de información. En Chile, especialistas advierten que la prevención no puede seguir enfocándose únicamente en evitar embarazos no planificados, sino que debe incorporar una mirada más amplia, donde la educación sexual, la prevención de infecciones de transmisión sexual (ITS), la vacunación y el acceso a métodos de protección respondan a las distintas realidades de la comunidad LGBT+.

Las cifras reflejan este cambio. A nivel mundial, cerca del 9% de la población se identifica como parte de la comunidad LGBT+, porcentaje que aumenta hasta el 17% entre integrantes de la Generación Z. En Chile, alrededor del 11% de los adultos se reconoce como parte de la diversidad sexual y, según el Censo 2024, más de 45 mil personas mayores de 18 años se declararon trans y más de 15 mil se identifican como no binarias. El desafío, sostienen expertos, es que las políticas y campañas de prevención evolucionen al mismo ritmo que esa realidad.

“La salud sexual no puede reducirse únicamente a evitar un embarazo. Cuando hablamos de la comunidad LGBT+, es fundamental abordar también la prevención de infecciones de transmisión sexual, el acceso a información basada en evidencia y el conocimiento de todas las alternativas de protección disponibles”, explica Victoria Cáncino, matrona de DKT South America. La especialista agrega que durante años el discurso preventivo se ha concentrado casi exclusivamente en el preservativo masculino, dejando en segundo plano otras herramientas como el preservativo femenino o las barreras de látex para prácticas de sexo oral, que continúan siendo poco conocidas y de difícil acceso.

La vacunación también aparece como uno de los grandes pendientes. Los especialistas recomiendan reforzar la inmunización contra el Virus del Papiloma Humano (VPH) y las hepatitis, además de promover controles periódicos de salud sexual sin importar la orientación sexual, la identidad de género o el tipo de relación. “Muchas personas adultas desconocen que aún pueden beneficiarse de la vacunación contra el VPH. Hoy sabemos que incluso quienes ya han estado expuestos al virus pueden obtener protección adicional. La prevención siempre será una mejor estrategia que enfrentar las consecuencias de una infección”, explica Victoria Cáncino.

Más allá de las vacunas, el acceso a información confiable sigue siendo uno de los principales desafíos. Persisten mitos sobre prácticas sexuales que supuestamente no presentan riesgos de transmisión de ITS, cuando la evidencia demuestra lo contrario. “Todavía existe la idea errónea de que algunas prácticas sexuales no presentan riesgo de transmisión de ITS. La realidad es que las infecciones pueden transmitirse de distintas formas y por eso es tan importante conocer las herramientas de protección disponibles y utilizarlas correctamente”, afirma la especialista.

En el marco del Día Internacional del Orgullo LGBT+, el llamado de los expertos apunta a transformar la prevención en una conversación permanente y libre de estigmas. La salud sexual inclusiva no depende únicamente del acceso a métodos de protección, sino también de educación, información basada en evidencia y políticas que reconozcan la diversidad de experiencias. En un escenario donde las nuevas generaciones exigen espacios más seguros e inclusivos, hablar de autocuidado también se convierte en una forma de reivindicar derechos.

El peligro silencioso de la pornografía en la infancia y adolescencia

En un mundo cada vez más conectado, el acceso a internet sin límites ha expuesto a niños, niñas y adolescentes a contenidos pornográficos desde edades muy tempranas. Esta realidad preocupa a especialistas, quienes advierten que el consumo precoz de pornografía puede afectar profundamente el desarrollo emocional de los menores, distorsionar su comprensión de las relaciones afectivas y sexuales, e incluso abrir la puerta a otras adicciones en la adultez.

Un reciente estudio presentado en el congreso de la Sociedad Española de Patología Dual (SEPD) evidenció que los jóvenes con uso problemático de pornografía muestran niveles elevados de ansiedad, depresión y somatización. Además, suelen presentar conductas adictivas concurrentes, que van desde el consumo de alcohol y drogas hasta problemas con videojuegos, internet y compras compulsivas. Este fenómeno, aún no reconocido formalmente como trastorno mental por los principales manuales diagnósticos, se vincula con la conducta sexual compulsiva, donde el uso problemático de pornografía se considera un síntoma.

Los expertos señalan que los hombres, especialmente adolescentes, son más vulnerables a desarrollar esta problemática. Se estima que entre un 1% y 38% de los adultos, y entre un 5% y 14% de los adolescentes, podrían presentar este tipo de uso problemático. Si bien la terapia cognitivo conductual ha mostrado resultados prometedores para mejorar la calidad de vida y reducir síntomas asociados, se requieren más estudios para confirmar su eficacia.

Desde Chile, el psicólogo clínico y académico de la Universidad de Santiago de Chile, Antonio Letelier, explica que la pornografía entrega una imagen distorsionada de la sexualidad, dificultando que niños y adolescentes integren aspectos emocionales y afectivos esenciales para un desarrollo sexual sano. Este contenido refuerza roles de género patriarcales, asocia violencia con placer y enfatiza una hipersexualización centrada en el rendimiento genital, lo que empobrece la complejidad de la experiencia sexual.

Letelier advierte que esta exposición precoz puede generar en los niños percepciones erróneas y traumáticas, desembocando en ansiedad, síntomas depresivos y distorsiones en la percepción corporal. Muchas veces, el problema surge cuando estos menores enfrentan una realidad para la cual no fueron preparados adecuadamente por una educación sexual integral y abierta.

Para enfrentar esta situación, el especialista enfatiza la necesidad de un diálogo constante y una educación sexual amplia, tanto en el hogar como en los colegios. Destaca que la sexualidad va más allá de la biología y las identidades sexuales, abarcando también el placer, las emociones, las expectativas y las frustraciones que moldean la experiencia humana desde la infancia.

Este llamado a una educación sexual integral y realista busca no solo proteger a las nuevas generaciones, sino también brindarles herramientas para construir relaciones saludables y una comprensión madura y respetuosa de su propia sexualidad.