El norte de Chile podría volver a convertirse en una gigantesca explosión de color durante los próximos meses. Las intensas lluvias registradas recientemente en las regiones de Coquimbo y Atacama han activado las reservas de semillas y bulbos presentes en los suelos desérticos, elevando las expectativas de cara a una nueva temporada del Desierto Florido, uno de los fenómenos naturales más particulares del país.
Las proyecciones apuntan a una floración de grandes dimensiones. De acuerdo con estimaciones de la Corporación Nacional Forestal (Conaf) citadas por Ladera Sur, el fenómeno podría extenderse por una superficie de hasta 15.000 km². El escenario ha sido comparado por especialistas con el episodio de 1997, considerado uno de los eventos más destacados registrados en las últimas décadas. La floración comenzaría a manifestarse durante septiembre, mientras que su mayor expresión podría concentrarse entre octubre y noviembre.
Darío Moreira, biólogo ambiental, investigador del Instituto de Ecología y Biodiversidad y director del Departamento de Gestión Agraria de la Facultad Tecnológica de la Universidad de Santiago, explicó que las condiciones actuales son especialmente favorables para una floración de gran magnitud. “un fenómeno como el que ocurrió en el año 97 podría también darse ahora, porque hay un banco de semillas importante disponible y también las condiciones de humedad han sido súper favorables”.
Las lluvias también podrían modificar el calendario habitual del fenómeno. Según Moreira, la abundancia de agua registrada en distintas zonas del norte podría retrasar el momento de mayor floración. “la fase temprana va a comenzar la quincena de septiembre para tener los peaks, probablemente la primera a segunda semana de octubre, que podría desfasarse por este tema de las lluvias”. De esta manera, el peak podría concentrarse durante octubre, aunque su evolución dependerá de las condiciones particulares de cada territorio.
La floración podría observarse en distintos sectores de Atacama, incluyendo Huasco, Freirina, Vallenar, Caldera, Copiapó y Chañaral. Entre los lugares destacados por Moreira se encuentran el Parque Nacional Llanos de Challe, ubicado a unos 90 kilómetros al noroeste de Vallenar; el Parque Nacional Desierto Florido, al sur de Copiapó; y el Parque Nacional Pan de Azúcar, en el límite entre las regiones de Atacama y Antofagasta. La distribución de las especies, sin embargo, dependerá de dónde y cuánto llovió, además de las condiciones de humedad de cada sector.
La diversidad que podría aparecer durante esta temporada también es considerable. “entre 800 y 1.000 especies son las que componen más o menos el pool de especies que están en las zonas áridas de la región de Atacama y Antofagasta”, explicó el investigador. De ese conjunto, agregó, “más o menos entre 200, 230 especies, que son las que componen el banco de germoplasma que germina y que florece durante estos eventos”.
El posible regreso de una floración de gran escala también plantea un desafío para quienes quieran presenciarla. El aumento de visitantes puede generar impactos sobre un ecosistema particularmente frágil, especialmente cuando se utilizan vehículos para acceder a zonas de floración. Moreira advirtió que “Estas idas masivas hacia los lugares, sobre todo con vehículos, pueden terminar compactando el suelo, pisoteando la zona y eso hace que la germinación no ocurra, porque se destruyen las plantas y las semillas también”. El espectáculo natural que prepara el desierto para 2026, por tanto, también dependerá de que quienes lleguen hasta Atacama puedan observarlo sin destruir aquello que lo hace posible.