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La ciencia cambia la mirada sobre el vitiligo

Cada 25 de junio se conmemora el Día Mundial del Vitiligo, una fecha que busca poner sobre la mesa una enfermedad que todavía carga con mitos, estigmas y desinformación. Aunque suele reconocerse por las manchas blancas que aparecen sobre la piel, los especialistas advierten que el vitiligo es una enfermedad autoinmune, crónica y adquirida cuyo impacto trasciende lo estético, afectando también la salud mental, las relaciones sociales y la calidad de vida de quienes la viven.

La doctora María Irene Araya Bertucci, dermatóloga del Hospital Clínico Universidad de Chile y profesora asociada de la Facultad de Medicina, sostiene que comprender el origen de la enfermedad es el primer paso para combatir la desinformación. “Es una enfermedad autoinmune, crónica y adquirida de la piel, que se manifiesta mediante la aparición de manchas blancas debido a la destrucción selectiva de los melanocitos”, explica. Estas células son las responsables de producir melanina, el pigmento que da color a la piel y al cabello. Su desaparición responde a una combinación de factores genéticos, inmunológicos y procesos inflamatorios, y no a causas superficiales o cosméticas.

El diagnóstico precoz continúa siendo uno de los mayores desafíos. La enfermedad suele comenzar con manchas blancas bien delimitadas, muchas veces distribuidas de forma simétrica e incluso precedidas por episodios de picazón. Detectarla a tiempo permite frenar su avance y mejorar la respuesta a los tratamientos disponibles. “La consulta temprana es muy importante porque el vitíligo es más fácil de tratar en sus etapas iniciales. Un diagnóstico oportuno permite iniciar terapias que detengan la progresión de la enfermedad, especialmente en niños, donde la variedad no segmentaria puede avanzar rápidamente”, afirma la especialista.

En los últimos años, las opciones terapéuticas también han evolucionado. A la fototerapia con luz ultravioleta de banda estrecha, considerada uno de los tratamientos de referencia, se suman nuevos medicamentos como los inhibidores de JAK y terapias combinadas que buscan controlar la respuesta del sistema inmunológico y favorecer la repigmentación. Además, las personas con vitiligo deben mantener controles médicos, ya que presentan mayor riesgo de desarrollar otras enfermedades autoinmunes como trastornos tiroideos, diabetes tipo 1, lupus o alopecia areata.

Sin embargo, los especialistas insisten en que el tratamiento no puede limitarse únicamente a la piel. El vitiligo también puede afectar profundamente el bienestar emocional debido a los prejuicios que aún persisten en torno a la enfermedad. “Es fundamental abordar el vitiligo de manera integral porque el impacto en la salud mental, en algunos casos, es significativo. El éxito real no solo se mide en la repigmentación de la piel, sino en el aseguramiento del bienestar emocional y la calidad de vida del paciente”, señala Araya. Estudios han demostrado una relación bidireccional entre vitiligo y trastornos como la depresión, la ansiedad y la fobia social.

Más allá de los avances médicos, la principal tarea sigue siendo derribar mitos. El vitiligo no es contagioso, no aparece por consumir determinados alimentos y tampoco responde a problemas de higiene. La evidencia científica apunta a una enfermedad compleja que requiere diagnóstico oportuno, acceso a especialistas y un acompañamiento integral. En un escenario donde la conversación sobre diversidad e inclusión gana espacio, entender el vitiligo desde la ciencia también significa reconocer que la salud va mucho más allá de lo que se ve a simple vista.

La verdad sobre las verrugas y por qué requieren atención dermatológica

Las verrugas son mucho más comunes de lo que parecen y, aunque generalmente no representan un riesgo grave para la salud, un mal manejo puede complicar el cuadro. Lejos de ser un simple detalle estético, estas lesiones cutáneas están provocadas por variantes del virus del papiloma humano (VPH) que, si se tratan incorrectamente, pueden extenderse por distintas zonas del cuerpo y transmitirse a otras personas. La Dra. Irene Araya, directora del Departamento de Dermatología y especialista del Hospital Clínico Universidad de Chile, explica que “lo primero que hay que identificar es que la verruga es un virus, por lo tanto, hay que tener precaución de no contagiar a otros ni a uno mismo”.

A pesar de que suelen pasar desapercibidas, los números hablan por sí solos: se estima que entre un 7% y un 19% de la población presenta verrugas, con una prevalencia especialmente alta en escolares, donde alcanza entre un 10% y un 20%. El peak de casos ocurre en la adolescencia, entre los 12 y 16 años. Existen principalmente dos tipos: las verrugas planas, pequeñas y lisas, que se concentran en la cara, cuello y manos, y las verrugas vulgares, de textura dura y rugosa, más frecuentes en la zona de la barba de los hombres y que se propagan con facilidad al afeitarse.

La facilidad de contagio está directamente ligada a las características del virus. Según la Sociedad Chilena de Dermatología, el VPH puede sobrevivir hasta ocho meses en objetos inanimados, lo que significa que toallas, máquinas de afeitar y utensilios de uso personal pueden transformarse en focos de transmisión. “El virus se contagia por contacto directo, piel con piel. Además, el trauma lo activa, así que hay que tratar de evitar irritaciones”, advierte la Dra. Araya, subrayando que niños, embarazadas y personas inmunodeprimidas son especialmente vulnerables.

Cuando se trata de buscar soluciones, no todas las opciones en el mercado son seguras. Para las verrugas planas, los retinoides —como el retinol— pueden ayudar al recambio celular, aunque requieren estricta supervisión médica, ya que un mal uso puede irritar la piel y favorecer la aparición de nuevas lesiones. En el caso de las verrugas vulgares, los tratamientos más utilizados son el nitrógeno líquido (crioterapia) y la electrocirugía. En casos más complejos, resistentes o extensos, se puede recurrir a procedimientos quirúrgicos con anestesia local. Sin embargo, la dermatóloga es enfática en desaconsejar los productos de venta libre que prometen “quemar” verrugas, ya que pueden dejar cicatrices permanentes.

Los cuidados posteriores también juegan un rol fundamental. Mantener una higiene adecuada, usar toallas personales, aplicar correctamente los medicamentos recetados y proteger la piel con bloqueador solar son pasos clave para evitar complicaciones. “Esto no es un tema dermocosmético; es un virus que requiere consulta médica. Es importante tratar las lesiones antes de usar productos de skincare”, concluye la especialista, recordando que lo esencial no es ocultar la verruga, sino abordarla desde su raíz viral con un tratamiento profesional.