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La fiesta editorial en Bellavista hecha por y para creadores

Santiago tiene una escena creativa que rara vez encuentra un solo espacio para reunirse. Moda, música, fotografía, diseño, gastronomía y emprendimiento suelen habitar circuitos paralelos. Sin embargo el pasado 23 de mayo, durante seis horas, la histórica casona de Hilda Parra, en pleno Barrio Bellavista, logró romper esa fragmentación y transformarse en un punto de encuentro donde distintas expresiones culturales compartieron un mismo escenario.

La actividad, bautizada como Editorial Party + Música en Vivo, reunió a cerca de cien personas en una jornada impulsada por La F Events, plataforma liderada por la modelo, cantante y gestora cultural Francélis López, quien durante los últimos años ha desarrollado una propuesta enfocada en conectar talentos emergentes, marcas independientes y proyectos creativos fuera de los circuitos tradicionales.

Más que un evento social, la cita funcionó como un laboratorio abierto de creación contemporánea. Mientras diseñadores, fotógrafos y modelos daban vida a editoriales de moda en tiempo real, distintos artistas musicales se alternaban sobre el escenario en una programación que mantuvo en movimiento a los asistentes durante toda la noche. El resultado fue una experiencia donde la producción de contenido dejó de ocurrir detrás de cámaras para convertirse en parte del espectáculo.

La conducción estuvo a cargo de María Gabriela Palma, quien articuló una programación que reunió fashion shows, sesiones fotográficas en vivo, performances y presentaciones musicales. Entre los proyectos y marcas participantes destacaron EBX, Robvalistudio, ECLAT, Alma de Negra, SKIMportaciones y diversos emprendimientos vinculados al diseño independiente y la cultura urbana.

La música también tuvo un rol central. Sobre el escenario se presentaron la cantante Ofelia Hayde, el proyecto Poloskyyhaiti ft. Monsyy, además de una presentación de la propia Francélis López, quien ha comenzado a consolidar una propuesta artística que combina identidad latina, performance y estética contemporánea. La jornada continuó con los sets de A.K.A RO y DJ Bobby, encargados de mantener la energía del encuentro hasta el cierre.

La experiencia se complementó con el trabajo de La Raiiz Estudio, responsable del hair styling oficial del evento, y una degustación gastronómica a cargo de Don Magnánimo (@elchefgoz), incorporando nuevos lenguajes creativos a una programación que evitó las fronteras tradicionales entre disciplinas.

La figura de Francélis aparece como uno de los ejes de esta nueva generación de gestores culturales que entienden la escena independiente como un ecosistema colaborativo. Lejos de los formatos convencionales, su propuesta apuesta por crear espacios donde artistas, emprendedores y creadores puedan exhibir su trabajo, generar redes y construir comunidad desde la autogestión.

En tiempos donde gran parte de la cultura se consume a través de pantallas, esta fiesta editorial apostó por lo contrario: reunir personas, proyectos e ideas en un mismo lugar. Una noche donde la moda dejó de ser únicamente pasarela, la música fue más que un concierto y la creatividad se convirtió en una experiencia colectiva. Bellavista, por algunas horas, volvió a sentirse como uno de los corazones culturales de Santiago.

Chilenas reescriben las reglas del deporte de contacto

Durante años, los deportes de contacto se asociaron con la fuerza bruta y la masculinidad. Hoy, esa narrativa se desarma golpe a golpe. Desde los gimnasios urbanos hasta los tatamis universitarios, más mujeres están entrando al ring, al dojo o al octágono, impulsadas por una mezcla de empoderamiento, autodefensa y búsqueda de comunidad. El fenómeno no solo desafía estereotipos: está transformando la cultura deportiva chilena.

El auge del boxeo, el kickboxing, el judo y el muay thai femenino responde a un cambio de época. Las redes sociales, el acceso a clases mixtas y la visibilidad de atletas profesionales han abierto la puerta a nuevas generaciones que ven en estos espacios algo más que sudor y técnica. Son lugares donde la disciplina se combina con la afirmación personal. “Ser atleta de alto rendimiento en deportes de contacto en Latinoamérica cuesta mucho, y ser mujer a veces añade dificultades”, reconoce Ivonne Paipa, coach y competidora, quien ha encontrado en la constancia y el acompañamiento la clave para crecer dentro de un sistema aún desigual.

La práctica de estos deportes no solo redefine cuerpos, sino también narrativas internas. La mejora en fuerza, coordinación y resistencia viene acompañada de un aumento en la autoconfianza y la resiliencia. En los gimnasios, se forjan redes de apoyo que trascienden el entrenamiento, desafiando la idea de que los espacios de combate son inhóspitos o agresivos. “El deporte no tiene género, sino que depende de la capacidad y disposición de cada persona”, explica Nicole Sáez, académica de la Escuela de Ciencias de la Actividad Física, el Deporte y la Salud (ECIADES), subrayando que aún es esencial crear entornos seguros y libres de acoso para sostener este crecimiento.

Esa búsqueda de seguridad y comunidad ha impulsado el surgimiento de talleres de defensa personal, clases recreativas y programas universitarios que integran formación técnica y desarrollo humano. En la Universidad de Santiago de Chile, por ejemplo, el cupo de Deportista Destacado permite que mujeres con trayectoria en disciplinas oficiales ingresen a carreras de educación superior, vinculando la práctica deportiva con el aprendizaje académico. Según Diego Aravena, docente de Entrenamiento Deportivo en la Usach, “algunas comienzan de manera recreativa y desarrollan confianza y habilidades que les permiten competir. Otras llegan con experiencia previa y buscan consolidar su rendimiento mediante conocimiento técnico y científico”.

La visibilidad mediática, aunque todavía parcial, ha sido crucial para acelerar el cambio. Atletas como Valentina Toro o Natalia Duco han roto la inercia de la representación limitada, mostrando que la fuerza y la técnica femenina no son excepciones sino el reflejo de un talento sistemáticamente invisibilizado. Las redes, los torneos regionales y las academias locales consolidan un tejido que da soporte a nuevas generaciones, donde las niñas ya no preguntan si pueden, sino cuándo empiezan.

“Siempre recuerden que hoy podemos, mañana no sabemos. El miedo y la inseguridad pueden ser motores, no cadenas”, dice Paipa, dejando una frase que se siente como mantra entre quienes entrenan. En un país donde las mujeres siguen abriendo camino en escenarios culturales, políticos y deportivos, el ring se convierte en metáfora y territorio. Cada golpe, cada caída y cada victoria son también actos de resistencia. El futuro del combate ya no se mide solo en títulos, sino en presencia.