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El legado de Patricio Guzmán vuelve a las salas con FIDOCS

A pocas semanas de celebrar sus 30 años, el Festival Internacional de Documentales de Santiago, FIDOCS, comienza a mirar hacia atrás. Bajo el ciclo ‘Camino a FIDOCS 30’, el festival prepara durante octubre una programación que recupera parte de su historia, revisita películas fundamentales del documental chileno y vuelve sobre algunas de las obras que marcaron sus primeras ediciones. El recorrido adquiere además un significado especial tras la partida de Patricio Guzmán, fundador y primer director del encuentro.

La programación comenzará el jueves 1 de octubre, a las 20 horas, en la Cineteca Nacional de Chile, con una función especial de ‘El primer año’, ópera prima de Guzmán. El documental registra los principales acontecimientos ocurridos durante el primer año del gobierno de Salvador Allende y dará inicio a los homenajes al cineasta. La jornada contará con Marcelo Morales, director de la Cineteca Nacional de Chile, y Viviana Erpel, integrante de la Asociación de Documentalistas de Chile y una de las gestoras de los inicios de FIDOCS, quienes abordarán el contexto en que nació el festival y el papel que tuvo en una época donde prácticamente no existían espacios permanentes para exhibir documental en Chile.

“Como parte del camino hacia nuestra edición número 30, para el mes de octubre hemos preparado una revisión de su historia y del impulso que dio origen al Festival. Hoy este recorrido adquiere una emoción completamente distinta. Patricio nos deja una obra que expandió los caminos del documental y que ha sido una verdadera escuela de la mirada para generaciones de cineastas. También nos deja este Festival que nació de ese mismo gesto y que nosotros seguiremos llevando adelante, con su figura como un faro para el camino que aún queda por recorrer”, comenta Martín Castillo, director artístico de FIDOCS 30.

El viernes 2 y sábado 3 de octubre llegará una ‘Retrospectiva de la retrospectiva’, que recuperará parte de las primeras muestras de cine documental chileno programadas por el festival. FIDOCS fue fundado por Guzmán en 1997 y durante sus primeras ediciones tuvo al Goethe-Institut como sede. La programación inicial incluyó una retrospectiva dedicada al documental chileno y reunió trabajos de realizadores como Sergio Bravo, Héctor Ríos, Pedro Chaskel, Carlos Flores e Ignacio Agüero. Tres décadas después, aquellas películas regresan para ser observadas desde el presente y poner en diálogo sus contextos de producción, su primera exhibición en FIDOCS y la mirada contemporánea.

Entre las obras seleccionadas aparecen ‘Andacollo’, de Nieves Yankovic y Jorge Di Lauro; ‘El Willy y la Myriam’, de David Benavente; ‘Guerreros pacifistas’, de Gonzalo Justiniano; ‘Carrete de verano’, de Patricia Mora y Marcos de Aguirre; ‘Las callampas’, de Rafael Sánchez; ‘Herminda de la Victoria’, de Douglas Hübner; ‘Venceremos’, de Pedro Chaskel y Héctor Ríos; ‘Campamento Sol Naciente’, de Ignacio Aliaga; ‘Caminito al cielo’, de Sergio Navarro; ‘La flaca Alejandra’, de Carmen Castillo y Guy Girard; ‘No olvidar’, de Ignacio Agüero; y ‘El Charles Bronson chileno’, de Carlos Flores. El programa también recuperará la relación del festival con el cine documental internacional, con funciones de ‘El fondo del aire es rojo’, de Chris Marker, y ‘Lecciones en la oscuridad’, de Werner Herzog, los jueves 8 y 15 de octubre en Sala Cine UC.

La programación continuará durante la segunda mitad del mes con ‘Empezaron en FIDOCS’, sección que recupera trabajos iniciales de realizadores que pasaron por el festival y posteriormente desarrollaron trayectorias relevantes dentro del cine chileno contemporáneo. La selección contempla ‘Remitente: una carta visual’, de Tiziana Panizza; ‘Ningún lugar en ninguna parte’, de José Luis Torres Leiva; ‘Desde siempre’, de Marialy Rivas; ‘Antes que todo’, de María Paz González Guzmán; ‘Mano armada’, de José Luis Sepúlveda; y ‘Niños del paraíso’, de Paola Castillo y Valeria Vargas. El recorrido cerrará el viernes 30 de octubre, a las 19 horas, en Centro Arte Alameda – Sala CEINA, con ‘Chile, la Memoria Obstinada’, película presentada en la primera edición de FIDOCS en 1997. Tres décadas después, el filme vuelve a encontrarse con el público en un momento particularmente significativo para el festival y para la obra de su fundador.

Oro Amargo regresa al norte con gira que convierte el cine en territorio vivo

El cine chileno suele mirar al norte como paisaje, pero pocas veces como comunidad. Oro Amargo, rodada en la Región de Atacama, está desafiando ese patrón con una gira que no solo devuelve la película a los lugares donde nació, sino que instala una ética distinta en torno a cómo se producen y se comparten las imágenes. Impulsada por el Fondo Audiovisual del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, la gira contempla un recorrido amplio por Atacama y Antofagasta, reafirmando una convicción central de la productora Juntos: filmar fuera de la capital no es un gesto estético, sino un compromiso político y cultural.

Felipe Egaña, socio y productor de Juntos, lo sintetiza sin rodeos. “Este proyecto fue pensado para poder llevar la película al norte de Chile con un foco especial en comunas que no tienen acceso a cine, ni en multisalas ni en espacios independientes”. En un país donde la distribución suele ser un lujo metropolitano, esta ruta devuelve algo esencial: la posibilidad de ver cine en territorios que por décadas han quedado excluidos del circuito tradicional. La gira, más que una campaña, es una extensión natural del proyecto.

Durante el rodaje, Juntos ya había hecho un gesto significativo al integrar a un equipo local de Atacama en múltiples áreas técnicas y creativas. Ese cruce entre la experiencia del equipo de Santiago y el conocimiento íntimo del territorio por parte de profesionales de la región no solo fortaleció el proceso de filmación, sino que abrió una relación horizontal, donde el paisaje humano y cultural dejó de ser un telón de fondo para convertirse en una voz activa del proyecto. El resultado fue una producción que entendió, desde dentro, las tensiones, oficios y memorias que atraviesan la pequeña y mediana minería del norte.

Ahora, con la película terminada, la gira quiere activar algo más profundo que el simple visionado. Egaña lo explica así: “Llevar la película de vuelta es devolver la mano. Que puedan ver su entorno, su espacio, sus tradiciones desde una mirada cinematográfica”. El impacto no es menor: para muchas personas, será la primera vez que vean su propio territorio proyectado en una pantalla con la complejidad y dignidad que entrega un largometraje. Es un ejercicio de reconocimiento colectivo y también un gesto político en tiempos donde el acceso cultural sigue marcado por desigualdades persistentes.

La ruta incluye doce comunas de Atacama y Antofagasta, desde zonas donde se filmó —como Caldera, Huasco y Copiapó— hasta lugares más remotos como Pica, Camiña y Tocopilla. El equipo viajará acompañado de parte del elenco y del equipo técnico, incluyendo a la actriz Kat Sánchez, protagonista de Oro Amargo. Ese encuentro directo con las audiencias no solo permite conversar sobre el proceso creativo, sino también estimular la formación de público en territorios históricamente relegados del mapa audiovisual.

Quizás lo más relevante es que esta iniciativa no pretende ser un hecho aislado. Juntos quiere consolidar este modelo como una política interna que atraviese todas sus producciones. “Pronto vamos a filmar otra película en la Región de Coquimbo y en el Biobío, y esperamos volver a esos lugares cuando la película esté terminada”, adelanta Egaña. En un ecosistema cultural donde el centralismo todavía define qué historias se ven y dónde se ven, Oro Amargo abre una grieta luminosa: la de un cine que retorna al origen no como postal turística, sino como diálogo vivo entre quienes filman y quienes habitan el territorio.

La memoria restaurada de Sergio Navarro revive en el cine chileno

El cine documental chileno recupera una parte de su memoria. La Cineteca de la Universidad de Chile anunció la restauración y reestreno de un conjunto de obras del realizador Sergio Navarro, figura esencial del video chileno de los años 80 y 90. Su nombre, asociado a una mirada crítica y profundamente humana sobre el país, resurge en el panorama cultural gracias a un trabajo minucioso que rescata materiales inéditos y devuelve vigencia a una obra marcada por la honestidad, la observación y el compromiso social.

Formado en los años setenta bajo la influencia del maestro Raúl Ruiz, Navarro combinó la teoría cinematográfica con una práctica profundamente enraizada en la experiencia popular. Durante su exilio en Canadá desarrolló una filmografía íntima, construida desde la diáspora y la nostalgia, centrada en las transformaciones de la identidad chilena. Su regreso al país lo situó como referente de una generación que entendió el cine no solo como un lenguaje artístico, sino como una herramienta de resistencia y reflexión colectiva. Desde entonces, su trabajo académico y creativo se convirtió en un puente entre la historia y las nuevas generaciones.

Tras su fallecimiento en 2021, su archivo personal fue entregado a la Cineteca de la Universidad de Chile, que emprendió un proceso de restauración técnica y patrimonial sin precedentes. “Tras el fallecimiento en 2021 de Sergio Navarro, pudimos conjuntamente con su familia generar el traspaso de su archivo audiovisual a una institución del Estado como es la Cineteca de la Universidad de Chile, con el objetivo de generar las condiciones profesionales de conservar y restaurar su obra”, explicó Luis Horta Canales, coordinador de la Cineteca y académico de la Facultad de Comunicación e Imagen. El proceso, que había sido conversado con el propio Navarro en vida, se materializa hoy como un acto de memoria y continuidad.

El equipo técnico trabajó con las matrices originales en soporte video, accediendo a material de cámara y masters de alta calidad, muy superiores a las copias que circulaban hasta ahora. “Esta etapa de documentación y gestión de colecciones arrojó la aparición de mucho material desconocido e inédito, materiales de cámara original como, por ejemplo, actividades culturales en las que aparece el grupo Los Prisioneros, de enorme relevancia”, detalló Horta. Entre las piezas restauradas figuran títulos de culto como Caminito al cielo (1989) y Cuartito rosa (1991), retratos sensibles de la adolescencia en la periferia urbana, así como registros inéditos de Inti Illimani y material documental del plebiscito de 1988.

El trabajo de restauración —realizado plano a plano— incluyó correcciones de imagen y sonido, respetando siempre las condiciones originales de cada obra. Los resultados se presentarán oficialmente en el Festival Internacional de Cine de Valdivia (FICValdivia), entre el 13 y el 19 de octubre, uno de los certámenes más relevantes de América Latina. Posteriormente, las películas serán exhibidas en Santiago durante noviembre en el Cine Club Sala Sazié, espacio patrimonial que la Cineteca de la Universidad de Chile gestiona junto a la Vicerrectoría de Extensión y Comunicaciones en la Sala Isidora Zegers.

Entre las piezas más esperadas se encuentra El páramo del ciudadano (1999), basada en el libro Chile Actual: Anatomía de un mito del sociólogo Tomás Moulian. La película, prácticamente desconocida hasta ahora, reúne testimonios de intelectuales, artistas y pensadores que reflexionan sobre el Chile postdictadura y los años de transición. Su mirada crítica, lúcida y sin concesiones sigue siendo incómodamente vigente, un espejo del país que aún intenta descifrarse a sí mismo.

“Creemos que Sergio Navarro es uno de los más importantes creadores del cine documental contemporáneo en Chile, y su obra reunida y puesta en acceso permitirá que nuevas generaciones aborden su impacto cultural”, concluye Horta. Más que un rescate técnico, esta restauración es un gesto político y cultural: devolverle voz a una generación que filmó desde los márgenes, con pocos recursos pero con una convicción enorme. Navarro, quien siempre buscó retratar al pueblo desde su dignidad, vuelve a la pantalla como lo que siempre fue: un cronista del alma popular chilena.

Chile busca posicionarse como destino fílmico en la India con alianzas estratégicas en Bollywood

Entre el 1 y el 5 de abril, el presidente Gabriel Boric y su comitiva visitaron India, recorriendo las ciudades de Nueva Delhi, Bangalore y Mumbai, esta última considerada la capital del cine indio. En ese contexto, la delegación participó en el evento Shoot in Chile, donde se reunieron con líderes clave de la industria audiovisual de Bollywood, una de las más poderosas del Sur Global con ganancias anuales de 1.200 millones de dólares y hasta 2.000 películas producidas al año.

Durante la visita a Mumbai, autoridades chilenas e indias expresaron la intención de avanzar hacia un acuerdo de coproducción cinematográfica que fortalezca los vínculos comerciales y creativos entre ambos países. Además, se relanzó la iniciativa Shoot in Chile y se anunció la reactivación de la Film Commission, con el objetivo de promover locaciones chilenas y facilitar la contratación de servicios locales para filmaciones extranjeras.

Por su parte, CORFO impulsa el Instrumento de Fomento a la Inversión (IFI), que forma parte del programa de apoyo a producciones audiovisuales de alto impacto, ofreciendo reembolsos parciales para atraer proyectos internacionales. Este tipo de iniciativas busca aumentar la inversión, generar empleo y consolidar a Chile como un destino competitivo en la industria global del cine.

Según Paula Ossandón, esta incursión representa una valiosa oportunidad para el crecimiento del sector nacional. Destaca que la estabilidad política de Chile y el respaldo estatal a toda la cadena audiovisual son factores valorados por los productores indios, quienes ven en el país un socio confiable. Aunque los acuerdos requieren tiempo, este primer acercamiento marca el inicio de una estrategia a largo plazo para posicionar al cine chileno en nuevos mercados.