Los tres conciertos que BTS agendó para el 14, 16 y 17 de octubre de 2026 en Santiago no solo marcaron el esperado regreso del fenómeno global del K-pop a Chile. Con todas las entradas agotadas para el coliseo central del Estadio Nacional, el montaje de la gira también abrió una intensa discusión sobre los límites de la infraestructura deportiva del principal recinto del país y si realmente está preparado para recibir un espectáculo de semejante escala.
La polémica comenzó luego de que la ministra del Deporte, Natalia Duco, manifestara reparos al uso del estadio debido al impacto que tendría un escenario en formato 360°, cuyo peso bordea las 600 toneladas, sobre el césped híbrido y el sistema de la cancha. La decisión provocó la reacción inmediata de las ARMY chilenas, quienes realizaron manifestaciones tanto en las inmediaciones del Estadio Nacional como frente al Palacio de La Moneda. Mientras tanto, la productora DG Medios defendió que el evento fue planificado respetando todos los protocolos técnicos establecidos.
En ese escenario, Fernando Ibáñez, ingeniero civil en Obras Civiles y académico de la Universidad de Santiago, sostuvo que el verdadero problema no radica únicamente en el césped, sino en la capacidad estructural del terreno. “El recinto no está capacitado para un montaje de las características que tiene la actual gira de BTS, principalmente porque su carpeta protectora actual no es removible (como sí lo es el sistema Portagrass Sport Turf)”. El especialista recordó además el histórico concierto de U2 en 2011, cuando el escenario “La Garra”, de unas 1.200 toneladas, dejó importantes daños estructurales en la cancha del recinto deportivo.
Según el académico, el riesgo más importante se encuentra bajo la superficie. “El pasto, en sí mismo, no es el problema. Aquí la dificultad radica en la capacidad del soporte del suelo. Ningún terreno de juego está diseñado de forma natural para resistir cargas industriales concentradas durante varios días”, explicó. Incluso utilizando carpetas protectoras para distribuir el peso, advirtió que la ausencia de luz, oxígeno y la presión constante terminan deteriorando el césped y afectando el sistema de drenaje, dejando la cancha temporalmente inutilizable para la actividad deportiva.
Para reducir ese impacto, el especialista sostiene que la organización debe contemplar una logística extremadamente rigurosa, considerando estudios previos de carga, distribución uniforme del peso mediante estructuras especiales, rutas exclusivas para el ingreso de maquinaria pesada, desmontajes escalonados y una recuperación agronómica inmediata del terreno una vez finalizados los conciertos. Todo ello busca minimizar el daño sobre una superficie que fue diseñada prioritariamente para la práctica del fútbol profesional.
Ibáñez advierte que el factor tiempo será determinante para el futuro del recinto. “El tiempo total de permanencia del escenario (contando la logística completa del montaje, shows y desmontaje) debe ser, máximo, de 3 a 4 días. Superar este plazo garantiza daños severos e irreversibles en el ecosistema del campo de juego, lo que obligaría a una resiembra total y al cierre prolongado del estadio”. Así, mientras miles de fanáticos esperan volver a ver a BTS en Chile, el debate también pone sobre la mesa cómo compatibilizar espectáculos de talla mundial con la conservación de una de las infraestructuras deportivas más importantes del país.