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El humedal de Batuco extiende su escudo para proteger la biodiversidad

La laguna Batuco tendrá otros 30 años de protección frente a la caza y captura de fauna silvestre, una medida que busca resguardar uno de los últimos grandes refugios de biodiversidad de Santiago. La prohibición, vigente desde 1995, fue renovada por el Ministerio de Agricultura mediante el Decreto Exento N° 75/2026, luego de una solicitud impulsada por el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG).

Ubicada entre las comunas de Lampa y Tiltil, la cuenca de Batuco se extiende por más de 18.000 hectáreas y funciona como un punto estratégico para numerosas especies de aves acuáticas, incluyendo aquellas que llegan desde otros territorios durante sus ciclos migratorios. Se estima que cerca de un tercio de las especies de aves descritas para Chile pasa por este ecosistema para nidificar, descansar o alimentarse, convirtiendo al humedal en una pieza clave para la biodiversidad de la Región Metropolitana.

El valor ecológico de Batuco no se limita a su condición de humedal. La zona forma parte de los sitios prioritarios para la conservación de la biodiversidad y el área específica de la laguna cuenta además con la categoría de Santuario de la Naturaleza. En un territorio metropolitano marcado por la expansión urbana, la presión sobre los ecosistemas y la transformación del paisaje, este tipo de espacios se convierten en verdaderos refugios para especies que dependen de ambientes cada vez más fragmentados.

Para el director regional subrogante del SAG Metropolitano, Juan Valenzuela, la renovación de la medida representa un avance significativo para la conservación del sector. “se valoran las gestiones desarrolladas para el adecuado avance del proceso de renovación la declaratoria de esta área como zona prohibida para la caza y captura, lo cual permite fortalecer de manera sustantiva la protección de la laguna Batuco, que actualmente cuenta con la categoría de Santuario de la Naturaleza, constituyéndose en uno de los escasos humedales presentes en el área Metropolitana de Santiago”.

La extensión de esta protección también responde a un trabajo desarrollado junto a organizaciones locales, municipios y agrupaciones dedicadas a la observación y conservación de aves. Valenzuela destacó precisamente ese respaldo ciudadano, señalando que “hoy, gracias al apoyo de la comunidad local, de los alcaldes de las comunas de Lampa y Tiltil, Fundación San Carlos de Maipo, la Red de Observadores de Aves de Chile, Unión de Ornitólogos de Chile UNORCH-Aves Chile , Fundación San Carlos de Maipo 2 , entre otros organismos que existen dentro del área protegida, esta medida se ha convertido en un requerimiento sentido y deseado”.

La prohibición no significa, sin embargo, que toda actividad de captura quede absolutamente descartada bajo cualquier circunstancia. La normativa contempla excepciones vinculadas a investigación científica, programas de conservación o control de especies que puedan representar un riesgo para la biodiversidad. La fiscalización corresponde principalmente al SAG, aunque también pueden intervenir Carabineros de Chile e inspectores de caza ad honorem autorizados por el Servicio.

En tiempos en que los humedales urbanos enfrentan una presión creciente, la renovación de la prohibición en Batuco representa algo más que una extensión administrativa. Es una apuesta por mantener un territorio donde la biodiversidad todavía encuentra espacio dentro de una de las regiones más urbanizadas del país. La medida, además, se conecta con compromisos internacionales asumidos por Chile para proteger especies migratorias y conservar la diversidad biológica, colocando nuevamente a la laguna Batuco en el mapa de los ecosistemas que Santiago no puede darse el lujo de perder.

Los humedales se consolidan como aliados frente a las lluvias extremas

Mientras las intensas lluvias vuelven a poner a prueba distintas zonas del país, los humedales emergen como uno de los ecosistemas más importantes para enfrentar los efectos del cambio climático. Desde el Altiplano hasta la Patagonia, Chile alberga cerca de 40 mil humedales, de acuerdo con el Inventario Nacional del Ministerio del Medio Ambiente, cubriendo una superficie cercana a los 5,6 millones de hectáreas. Más allá de su riqueza en biodiversidad, estos espacios cumplen una función clave al regular el agua, disminuir el riesgo de inundaciones y ayudar a moderar las temperaturas extremas.

Los humedales comprenden una amplia variedad de ecosistemas donde el agua determina la vida vegetal y animal, incluyendo lagos, ríos, marismas, salares, turberas y zonas costeras. Su capacidad para almacenar agua los convierte en un componente estratégico frente a eventos climáticos cada vez más frecuentes e intensos. En ese sentido, el biólogo ambiental y director del Departamento de Gestión Agraria de la Universidad de Santiago, Darío Moreira, explica que durante episodios de precipitaciones intensas estos ecosistemas funcionan como verdaderas barreras naturales para reducir el impacto de las crecidas.

“Técnicamente estamos hablando de su capacidad de regulación del flujo hídrico y, por lo tanto, mitigación de inundaciones. Esta capacidad responde a las propiedades físicas, biogeoquímicas y estructurales de este tipo de ecosistema”, señala el especialista. Según explica, los suelos de los humedales contienen grandes cantidades de materia orgánica acumulada en condiciones de escasez de oxígeno, formando una estructura altamente porosa que retiene enormes volúmenes de agua. A ello se suma la vegetación característica, compuesta por juncos, totoras y otras especies que disminuyen la velocidad de las corrientes, favoreciendo la infiltración del agua hacia las napas subterráneas y reduciendo el riesgo de inundaciones aguas abajo.

Pero su aporte no termina cuando cesan las lluvias. Para Moreira, los humedales también desempeñan un rol decisivo durante los episodios de calor extremo. Debido a la capacidad del agua para absorber grandes cantidades de energía sin elevar rápidamente su temperatura, estos ecosistemas funcionan como reguladores térmicos naturales. “Ante el aumento de calor, ese calor evapora el agua generando un efecto de enfriamiento evaporativo que puede reducir la temperatura ambiental local en varios grados respecto a las zonas urbanas o agrícolas adyacentes”, explica el académico, destacando que este fenómeno contribuye a disminuir los efectos de las islas de calor presentes en muchas ciudades.

Pese a estos beneficios, el especialista advierte que conservar los humedales no significa impedir completamente el acceso de las personas. “Proteger un humedal no implica necesariamente aislarlo de la sociedad, sino gestionar el territorio bajo el principio de capacidad de carga e integridad ecológica”, afirma. Para ello propone controlar el ingreso de nutrientes provenientes de actividades agrícolas y urbanas, mantener el flujo natural del agua, evitar la fragmentación causada por obras de infraestructura y desarrollar espacios de uso público mediante pasarelas elevadas y zonas especialmente destinadas a la educación ambiental, sin afectar los sectores más sensibles del ecosistema.

El investigador sostiene que una gestión adecuada también requiere establecer normas claras para proteger la fauna y la flora que habitan estos espacios. Entre ellas menciona la prohibición del ingreso de mascotas, la reducción del ruido y la restricción de actividades motorizadas que puedan alterar el equilibrio ecológico. En un escenario marcado por el cambio climático y la mayor frecuencia de eventos meteorológicos extremos, los humedales aparecen como una infraestructura natural indispensable para fortalecer la resiliencia ambiental del país y preservar uno de los patrimonios ecológicos más valiosos de Chile.

La lagartija negroverdosa revela un mapa genético que cambia su conservación

Antes de desaparecer entre los bosques y quebradas de la cordillera de la Costa y de los Andes, la lagartija negroverdosa ha dejado una pista clave para la ciencia. Un nuevo estudio liderado por investigadores de la Universidad de Chile reveló que esta especie endémica no constituye una única población homogénea, sino que está dividida en grupos genéticamente diferenciados que habitan las llamadas “islas del cielo”, ecosistemas montañosos aislados donde la conectividad entre individuos es prácticamente inexistente.

Publicada en la revista científica Animal Conservation, la investigación “Highly Isolated Populations of a Lizard Inhabiting Sky Islands: A Challenge for Conservation” analizó el ADN de 175 ejemplares provenientes de distintas cumbres de Chile central. Los resultados muestran que, aunque las lagartijas mantienen intercambio genético entre sectores cercanos de una misma montaña, ese flujo desaparece casi por completo entre cordones montañosos distintos. Esto significa que cada población ha seguido una trayectoria evolutiva propia, un hallazgo que obliga a replantear las estrategias de conservación de la especie.

“En las cumbres se producen verdaderos microclimas que están aislados de las zonas inferiores. Si cambian sus condiciones, las especies que viven allí no tienen hacia dónde escapar. No es simplemente bajar, cruzar un área intervenida o una vegetación a la que no están acostumbradas y subir a otra montaña”, explica Jorge Mella-Romero, autor principal del estudio. A partir del análisis genético, el equipo identificó cinco poblaciones que deberían ser consideradas de forma independiente: El Roble, Cantillana, Los Caracoles, Farellones y El Yeso. “Al analizar una escala más reciente aparecen cinco unidades de las que deberíamos preocuparnos. Esto permite establecer prioridades, porque los recursos para conservación siempre son limitados y no todas las poblaciones enfrentan hoy el mismo nivel de amenaza”, sostiene el investigador.

Uno de los casos que más preocupa es el de Altos de Cantillana. Según el estudio, esta población presenta un prolongado descenso en su tamaño poblacional efectivo durante los últimos mil años, una disminución que se intensificó en los dos siglos más recientes y que se suma al fuerte aislamiento geográfico y a la creciente intervención humana de su entorno. Además, los modelos climáticos proyectan que este será uno de los hábitats más afectados por el cambio climático, convirtiéndolo en la principal prioridad para futuras acciones de protección.

Frente a este escenario, los investigadores plantean que la conservación deberá considerar medidas mucho más específicas que las aplicadas hasta ahora. Entre las alternativas aparece la migración asistida, una estrategia que consistiría en trasladar ejemplares hacia ecosistemas donde puedan sobrevivir bajo las futuras condiciones climáticas. Sin embargo, advierten que esta opción requiere una evaluación científica exhaustiva antes de implementarse. “No es llegar y trasladarlas, antes deben realizarse estudios para evaluar si esos ambientes son apropiados, qué riesgos existen y cuáles podrían ser las consecuencias. La migración asistida es una posibilidad que debemos investigar para saber si puede ser útil frente a un cambio global acelerado”, enfatiza Mella-Romero.

Más allá de la lagartija negroverdosa, la investigación abre una nueva mirada sobre la conservación de la biodiversidad chilena. Al integrar genética, ecología y proyecciones climáticas, el trabajo propone que proteger una especie implica reconocer la diversidad que existe dentro de ella y diseñar estrategias diferenciadas para cada población. “Estamos generando información que permite identificar qué poblaciones necesitan acciones urgentes. Proteger una especie no puede significar tratar a todos sus grupos como si fueran iguales, porque en cada uno existe una parte distinta de su historia”, concluye el investigador.

El avance del pino pone en jaque al bosque maulino

El verano de 2017 quedó marcado en la memoria colectiva de Chile por los megaincendios que arrasaron cientos de miles de hectáreas entre las regiones de O’Higgins, Maule y Biobío. Ocho años después, las llamas siguen dejando huellas visibles en algunos de los ecosistemas más frágiles del país. Una nueva investigación científica advierte que el verdadero peligro para el ruil, una de las especies arbóreas más amenazadas de Chile, no terminó cuando se apagó el fuego.

Un estudio publicado en la revista especializada Frontiers in Plant Science reveló que los bosques maulinos costeros están enfrentando una transformación acelerada tras los incendios. El problema no radica únicamente en la pérdida de vegetación nativa, sino en la rápida expansión de Pinus radiata, una especie exótica que ha colonizado masivamente las zonas afectadas. El fenómeno está modificando la estructura ecológica de estos bosques relictos y comprometiendo seriamente la capacidad de recuperación del ruil, árbol endémico que actualmente se encuentra en peligro de extinción.

La investigación identificó escenarios especialmente críticos en sectores donde el fuego alcanzó una alta severidad. En algunos de estos lugares, la densidad de pinos llegó a los 9.760 individuos por hectárea cinco años después del incendio. Esta invasión genera una competencia desigual por recursos fundamentales como agua, luz y nutrientes, precisamente en las etapas más sensibles para la regeneración de las especies nativas. Mientras el bosque intenta recuperarse, el pino avanza con rapidez ocupando los espacios disponibles.

Claudia Leal, ingeniera en Recursos Naturales Renovables de la Universidad de Chile, doctorante de la Universidad de Freiburg y autora principal del estudio, advierte sobre la magnitud del problema. “Se ha registrado que las plántulas de ruil crecen rodeadas de pino en una proporción alarmante: por cada plántula de ruil pueden establecerse hasta diez de pino en su entorno inmediato, limitando severamente su capacidad de recuperar el espacio perdido tras el fuego”, explicó.

Aunque el ruil posee mecanismos naturales de resiliencia, como la capacidad de rebrotar desde su base y generar regeneración por semillas, estos procesos resultan insuficientes frente a una especie diseñada para prosperar después de los incendios. El Pinus radiata libera grandes cantidades de semillas que germinan rápidamente tras el fuego, consolidando un ciclo que favorece su expansión. Cada nuevo incendio facilita aún más su establecimiento, aumentando la acumulación de combustible vegetal y elevando las probabilidades de futuras emergencias forestales.

Mauro González, académico de la Universidad Austral de Chile, investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia CR2 y coautor del estudio, sostiene que esta dinámica amenaza directamente la supervivencia del bosque nativo. “Los que son capaces de recuperarse después del incendio son los pinos. Además, no solo el pino genera un problema, obstaculizando la recuperación del bosque maulino, sino que este también se ve afectado por las condiciones climáticas actuales, a diferencia del pino, que está más adaptado a condiciones más secas y cálidas”, señaló.

El escenario se vuelve aún más complejo debido a la fragmentación histórica del paisaje. Los remanentes de bosque de ruil sobreviven rodeados por extensas plantaciones forestales de pino, lo que facilita la dispersión de semillas invasoras y aumenta la vulnerabilidad frente a nuevos incendios. Para los investigadores, el riesgo ya no es solamente ecológico, sino también patrimonial. El ruil forma parte de un ecosistema único en el mundo y su desaparición representaría una pérdida irreparable para la biodiversidad chilena.

La advertencia de los científicos es clara. Sin medidas de manejo y restauración, la extinción local del ruil podría convertirse en una realidad durante las próximas décadas. “En este contexto, la extinción local se convierte en un escenario altamente probable si no se implementa un manejo de control y erradicación de las especies invasoras en el hábitat de estos bosques relictos”, advirtió Claudia Leal.

Frente a este panorama, el estudio propone actuar con urgencia mediante monitoreo satelital, control temprano de pinos invasores, restauración ecológica y una coordinación efectiva entre comunidades locales, organismos públicos y empresas forestales. En un contexto marcado por el cambio climático, la sequía y el aumento de los incendios forestales, el futuro del ruil dependerá de la capacidad de intervenir a tiempo. Lo que está en juego no es únicamente la supervivencia de un árbol, sino la permanencia de uno de los últimos vestigios del bosque maulino costero.

Chile celebra la llegada de las aves migratorias con un llamado urgente a la protección

Con la llegada de la primavera, los cielos chilenos comienzan a poblarse de alas que cruzan continentes. Miles de aves migratorias, provenientes del hemisferio norte, aterrizan en humedales, costas y parques del país, dando inicio a uno de los espectáculos naturales más imponentes del planeta. Su arribo coincide con la conmemoración del Día Mundial de las Aves Migratorias, una fecha que el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) aprovechó para reforzar el llamado a la protección de estas especies, esenciales para el equilibrio ecológico y la biodiversidad del territorio nacional.

Este año, la conmemoración —que en el hemisferio sur se celebra cada 11 de octubre— pone énfasis en el papel de las comunidades locales en la creación de espacios seguros y saludables para las aves que recorren miles de kilómetros buscando alimento y refugio. Su travesía, que atraviesa desiertos, cordilleras y océanos, está marcada por desafíos crecientes: pérdida de hábitats, contaminación, cambio climático y la constante presión de las actividades humanas sobre sus rutas naturales.

El Director Nacional (s) del SAG, Oscar Camacho, destacó la importancia de este fenómeno natural y su vínculo directo con la salud ambiental del país. “Este día tiene una gran relevancia, ya que las aves migratorias cumplen un rol fundamental en el equilibrio de nuestros ecosistemas y en la sanidad del país. Muchas de ellas están protegidas por acuerdos internacionales y por la Ley de Caza chilena. Sin embargo, también representan un foco de preocupación, pues pueden portar enfermedades como la influenza aviar, de la cual Chile se mantiene libre”, afirmó.

En ese sentido, Camacho subrayó que durante esta temporada el SAG intensifica la vigilancia sanitaria a lo largo del país, con especial atención en las zonas costeras y humedales donde suelen concentrarse las especies migratorias. “La influenza aviar es una zoonosis, es decir, puede transmitirse a las personas, y su detección en planteles productivos tendría un fuerte impacto económico para el país, incluso con el cierre de mercados internacionales. La prevención es nuestra mejor herramienta”, recalcó.

Más allá del monitoreo institucional, el organismo hizo un llamado directo a la ciudadanía. Pequeñas acciones pueden marcar la diferencia: evitar dejar basura en playas o parques, controlar a perros y gatos domésticos, reducir la contaminación lumínica nocturna y no interferir con el descanso de las aves. Cada gesto contribuye a mantener el equilibrio entre la vida urbana y la vida silvestre. En Santiago, lugares como el humedal de Batuco, el Parque Bicentenario, el Parque O’Higgins y el Cerro San Cristóbal son puntos de observación clave para apreciar el paso de estas especies, que este año sumarán cerca de 72 variedades distintas.

Finalmente, Camacho enfatizó que la responsabilidad es compartida. “La protección de las aves migratorias no es solo tarea de las instituciones, sino de todas y todos. Su llegada marca un momento clave para el país, no solo por su aporte al equilibrio de los ecosistemas, sino también porque es fundamental reforzar las acciones de prevención frente a enfermedades como la influenza aviar, que hemos enfrentado con éxito gracias al trabajo conjunto entre las autoridades, el sector privado y la comunidad”, señaló.

El vuelo de las aves migratorias recuerda, una vez más, que los ecosistemas no conocen fronteras. Proteger sus rutas es también proteger la salud de las personas, la producción nacional y la imagen sanitaria de Chile en el mundo.

El plan para repoblar con guanacos la cordillera central de Chile

En un movimiento que busca reescribir la relación entre Santiago y su cordillera, dieciséis guanacos fueron trasladados desde el fundo El Trapiche, en Longotoma, hacia tres santuarios de la naturaleza en la Región Metropolitana. El operativo marca el inicio de un proceso inédito en Chile: repoblar la cordillera con esta especie icónica mediante centros de reproducción que, en el mediano plazo, permitirán liberar a los animales en su ecosistema original.

Este proyecto piloto, que une a instituciones públicas, privadas y académicas, se enmarca en el concepto de rewilding, un enfoque de conservación que propone restaurar ecosistemas con acciones activas. El objetivo es múltiple: recuperar poblaciones silvestres de guanacos, revitalizar los frágiles ecosistemas altoandinos, impulsar el turismo de naturaleza, promover investigación científica y enfrentar amenazas históricas para la especie. La apuesta no es menor, considerando que el guanaco, el mayor mamífero terrestre de Chile, hoy representa poco más del 5% de su población precolombina.

“El guanaco cumple un rol fundamental en la dinámica de los ecosistemas altoandinos. Su presencia no solo aporta a la biodiversidad, sino también ayuda a mantener vegas, praderas y humedales, ecosistemas frágiles que dependen de su presencia. Este esfuerzo marca un hito para recuperar la función ecológica de una especie clave en la zona central de Chile”, señaló Benito A. González, académico de la Universidad de Chile y director del proyecto GORE.

Los animales, donados por la empresa Sopraval tras el cierre de un plan de manejo iniciado en 2007, se convierten en el núcleo fundador de un ambicioso programa de conservación a largo plazo. Según Cristián Saucedo, director de Vida Silvestre de Fundación Rewilding Chile, “estos 16 guanacos serán parte del núcleo fundador de un programa de conservación a largo plazo. Nuestro objetivo es que, en el mediano plazo, puedan volver a ocupar y utilizar áreas desde donde desaparecieron, así como los corredores naturales que unen la cordillera central de Chile con áreas protegidas argentinas colindantes con la RM”.

Los santuarios que reciben a estos guanacos —San Francisco de Lagunillas, Cascada de las Ánimas y El Plomo— cumplen un rol estratégico al estar insertos en un territorio continuo de casi 200 mil hectáreas. Se trata de un corredor binacional que conecta la Región Metropolitana con reservas argentinas como el Volcán Tupungato y la Laguna del Diamante, un espacio clave para especies migratorias y emblemáticas como el puma y el cóndor. “Este es un paso decisivo para evitar la extinción local del guanaco en la zona central”, afirmó Sara Larraín, presidenta de la Red de Santuarios de la Región Metropolitana.

Para lograrlo, los centros de reproducción cuentan con instalaciones adaptadas a la especie: cierres perimetrales, áreas de resguardo, bodegas, vigilancia mediante cámaras y cuidadores especializados. La idea es preparar a los guanacos para su reinserción en hábitats dentro de su rango histórico, donde puedan desarrollar habilidades sociales y conductuales necesarias para sobrevivir en la naturaleza.

Este plan se sostiene en una red de colaboración inédita. La Universidad de Chile, Fundación Rewilding Chile, la Red de Santuarios de la Región Metropolitana y el Gobierno Regional trabajan junto a Conaf, el Ministerio de Medio Ambiente, el SAG, municipios y cámaras de turismo para consolidar un modelo de conservación que busca ser replicable. Más allá de la ciencia y la gestión territorial, la llegada de estos guanacos representa un acto simbólico: recuperar un pedazo de la memoria natural de la cordillera y devolverle su rol como escenario vivo, no solo como telón de fondo de la ciudad.

La apuesta chilena por un sistema integral de salud para los humedales

Los humedales, al igual que los bosques, son considerados pulmones vitales del planeta. Su capacidad para capturar dióxido de carbono, liberar oxígeno, suministrar agua potable y albergar el 40% de las especies terrestres y marinas los convierte en ecosistemas esenciales. Sin embargo, en Chile —donde representan cerca del 5,9% del territorio— enfrentan un futuro incierto. En el último siglo, alrededor del 60% de estos espacios han desaparecido debido al impacto humano, la contaminación y la crisis climática.

Conscientes de esta urgencia, la Universidad de Santiago de Chile impulsa el proyecto Fondef “Investigación y desarrollo de ECO-H”, un módulo de diagnóstico, predicción y visualización en tiempo real de la salud integral de los humedales. Liderado por el Dr. Juan Carlos Travieso, investigador de la Facultad Tecnológica, el plan busca innovar en el monitoreo y generar una herramienta capaz de entregar información útil para la conservación. “Lo que buscaremos desarrollar es una plataforma tecnológica para conocer el estado actual de los humedales, predecir la tendencia futura y generar recomendaciones para su conservación o recuperación”, explica el académico.

La propuesta combina imágenes satelitales históricas, datos ambientales y algoritmos avanzados para realizar diagnósticos ágiles, predicciones confiables y alertas tempranas. Según Travieso, uno de los principales problemas de los sistemas actuales es que los datos recolectados no se convierten en conocimiento práctico. “Actualmente, se realizan estudios ecosistémicos en el contexto de litigios con mineras, empresas o comunidades, y se requieren paneles de expertos que pueden demorar entre tres y seis meses en emitir un informe. En cambio, con esta tecnología queremos entregar diagnósticos ágiles y predictivos, con capacidad de alertar de manera temprana sobre cambios en los ecosistemas”, señala.

El proyecto, que se extenderá por dos años, cuenta con la colaboración de Andes Electrónica, especialista en monitoreo tecnológico, y la Fundación Valle Lo Aguirre, administradora de la Laguna Carén, donde se realizará el piloto inicial. También recibe el respaldo de la Vicerrectoría de Investigación, Innovación y Creación de la Usach, a través del programa Puente DGT. El prototipo se instalará en Laguna Carén, reconocida por su biodiversidad de aves, y se espera escalarlo a nivel nacional, con la ambición de expandirlo a ecosistemas internacionales en una etapa posterior.

Más allá del inventario de humedales ya existente en Chile, ECO-H busca avanzar hacia un sistema integral que permita evaluar la salud de estos espacios, anticipar escenarios críticos y recomendar medidas de restauración o conservación. Con ello, el país podría contar con una herramienta tecnológica única en la región para enfrentar la crisis hídrica y ambiental, transformando la forma en que se protege y gestiona uno de los ecosistemas más valiosos y amenazados del planeta.

La liebre europea rompe fronteras y llega a Atacama

Aunque para muchos resulta común ver liebres y conejos en distintos rincones de Chile, pocos saben que ninguno de los dos animales es nativo. Ambos fueron introducidos hace más de un siglo y, desde entonces, su expansión ha sido imparable. Un reciente estudio liderado por el investigador Gabriel Lobos, del Centro de Estudios de Vida Silvestre de la Universidad de Chile, confirma que la liebre europea (Lepus europaeus) ya rompió la barrera natural que hasta ahora la había mantenido limitada a Copiapó y alcanzó el extremo norte, colonizando incluso ambientes extremos como el Desierto de Atacama y el altiplano andino.

Lo preocupante no es solo la llegada, sino el impacto que este animal invasor podría tener en ecosistemas donde cada planta y especie endémica cumple un rol irremplazable. A diferencia del sur de Chile, donde ya se sabe que liebres y conejos compiten directamente con la ganadería ovina, en el norte la amenaza está dirigida a la vegetación escasa y altamente frágil, así como a especies en peligro crítico como las chinchillas de cola corta y de cola larga. La expansión de la liebre altera la composición de la flora, aumenta la competencia con herbívoros nativos y pone en jaque la supervivencia de animales cuya existencia depende de un delicado equilibrio en zonas áridas.

El estudio también advierte que las liebres se asocian estrechamente a los canales de regadío, lo que las convierte en un riesgo no solo para la biodiversidad, sino también para la agricultura del norte de Chile. Regiones como las cuencas de los ríos Loa, Copiapó, Azapa o Tana ya muestran señales de invasión, y con ellas la posibilidad de pérdidas económicas para agricultores locales. La experiencia histórica con conejos demuestra que, si no se toman medidas preventivas, los efectos pueden ser difíciles de revertir.

Pero la liebre también ha comenzado a integrarse a la cadena trófica local. Investigaciones muestran que carnívoros como el zorro culpeo y el puma han modificado su dieta para incorporar a esta presa abundante, compensando la disminución de especies nativas producto del cambio climático, la sequía y la pérdida de hábitat. Aun así, Lobos advierte que eliminar completamente a la liebre podría generar un efecto dominó en los depredadores que hoy dependen de ella, lo que hace aún más complejo cualquier plan de erradicación.

El desafío, por ahora, está en el monitoreo y en la evaluación constante de su impacto real. Aunque la caza ha sido hasta ahora la principal medida de control, no existen estrategias masivas de manejo como las que se aplican con los conejos. Mientras tanto, la presencia creciente de la liebre europea en zonas extremas del país abre un debate urgente sobre cómo proteger la flora, los herbívoros endémicos y la agricultura del norte sin desestabilizar a los depredadores que ya han aprendido a convivir con esta especie invasora.

Rapa Nui secuencia su biodiversidad estudiantes isleños exploran el ADN de sus especies nativas

Entre el 28 y el 30 de abril, una expedición científica encabezada por la Universidad de Chile llegó a Rapa Nui con una doble misión: secuenciar por primera vez el ADN de dos especies endémicas; el ave Petrel de Henderson (Pterodroma atrata) y el caracol marino Pure (Monetaria caputdraconis), y acercar la ciencia genómica a estudiantes de la isla. La actividad, parte del Proyecto 1000 Genomas, representa un avance significativo tanto en el estudio de la biodiversidad chilena como en la democratización del conocimiento científico.

El objetivo principal de la secuenciación es entender la diversidad genética de estas especies únicas, evaluar cómo se han adaptado a su ecosistema insular y detectar posibles amenazas a su supervivencia. Esta información es esencial para el diseño de estrategias de conservación efectivas, especialmente en un contexto de creciente presión ambiental por el cambio climático y la actividad humana.

Pero el valor de esta misión no se limita al ámbito académico. Para Miguel Allende, director del Instituto Milenio Centro de Regulación del Genoma (IM-CRG), esta expedición es también un hito educativo: por primera vez, jóvenes rapanui de tercero y cuarto medio tendrán acceso directo a tecnologías de secuenciación de ADN en tiempo real, participando activamente en un proceso científico de alto nivel. “Es una manera poderosa de despertar vocaciones, fortalecer el vínculo entre identidad y ciencia, y que la propia comunidad se convierta en protagonista de la conservación de su entorno”, aseguró el académico.

La delegación que desarrolla el trabajo en terreno está compuesta por investigadores, autoridades gubernamentales y científicas como Juliana Vianna, de la Pontificia Universidad Católica, y Héctor Ramírez, del Centro de Modelamiento Matemático. También viajó el subsecretario de Ciencia, Cristian Cuevas, quien destacó la colaboración interdisciplinaria y la integración comunitaria de la iniciativa. “Necesitamos datos y evidencia para avanzar hacia un desarrollo sostenible. Este es un ejemplo concreto de cómo la ciencia puede generar impacto real en los territorios”, afirmó.

Uno de los hitos de la visita es el “Taller de Biodiversidad en Ambientes Extremos”, organizado por el IM-CRG y la Iniciativa 1000 Genomas, con el respaldo de Oxford Nanopore y Congreso Futuro. La actividad permitirá a estudiantes manipular tecnología de vanguardia y explorar directamente el genoma de especies que forman parte de su patrimonio biológico. Como cierre, el 30 de abril se celebrará una feria científica en el Marae de Hanga Piko, abierta a la comunidad, con actividades interactivas, exposiciones fotográficas y espacios de diálogo con investigadores.

El Proyecto 1000 Genomas, impulsado por el IM-CRG y respaldado por nueve universidades del país, busca secuenciar la biodiversidad chilena en un esfuerzo conjunto por generar conocimiento de frontera y formar capital humano en áreas estratégicas. Esta labor científica, particularmente significativa en zonas remotas como Rapa Nui, busca no solo documentar la riqueza biológica nacional, sino también involucrar a las comunidades en su resguardo, promoviendo una ciencia más inclusiva y conectada con el territorio.

Lanzan herramienta global para restaurar ecosistemas con apoyo de pueblos indígenas

En el marco del Día Internacional de la Madre Tierra, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) presentó en Roma una nueva iniciativa destinada a revolucionar el monitoreo de la restauración de ecosistemas a nivel mundial. Se trata de AIM4NatuRe (Acelerando el Monitoreo Innovador de Restauración de la Naturaleza), un ambicioso proyecto respaldado por el Reino Unido con una inversión de siete millones de libras esterlinas, que busca traducir los compromisos globales de restauración ecológica en resultados tangibles y duraderos.

La propuesta parte de una constatación alarmante: más del 80 % de los países carecen de capacidades técnicas para recopilar datos sobre restauración ambiental, según una encuesta reciente del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB). En respuesta, la FAO asume el liderazgo para implementar soluciones tecnológicas que permitan monitorear de manera precisa los avances en la restauración de ecosistemas, en línea con la Meta 2 del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, que busca restaurar al menos el 30 % de los ecosistemas degradados para 2030.

Uno de los pilares del programa es el enfoque biocéntrico, que prioriza el bienestar de todos los seres vivos, y que se implementará con especial énfasis en la cosmovisión de los pueblos indígenas. Proyectos piloto ya están en marcha en Perú y Brasil. En el primero, se desarrollan acciones conjuntas con el Gobierno en el Corredor Andino Sur, que abarca Cusco, Apurímac y Arequipa. En el segundo, se trabaja con el pueblo Xukuru en el bioma de la Caatinga y se planea extender el alcance a otros territorios indígenas restituidos, en coordinación con el Ministerio de Pueblos Indígenas.

Para QU Dongyu, Director General de la FAO, esta herramienta transformará el modo en que los países abordan la restauración ecológica, aportando soluciones técnicas, conocimientos especializados y datos verificables que permitan medir la efectividad real de sus acciones. La ministra británica de Clima, Kerry McCarthy, destacó que AIM4NatuRe amplía el alcance de AIM4Forests; una iniciativa previa enfocada en bosques, y reafirma el compromiso del Reino Unido con la protección del medioambiente y el empoderamiento de las comunidades que lo custodian.

Además de generar una base de datos global, la FAO busca garantizar la interoperabilidad de los sistemas de información y la estandarización de formatos, lo que permitirá a los países compartir y comparar sus progresos con mayor transparencia. Asimismo, se publicarán documentos técnicos y marcos metodológicos para guiar a los gobiernos en la recolección y uso de datos sobre restauración.

La iniciativa también fue presentada en la reciente reanudación de la COP16 del CDB en Roma, donde se reiteró la urgencia de avanzar hacia metas ambientales ambiciosas con respaldo tecnológico y participación comunitaria. AIM4NatuRe representa un paso clave para convertir las promesas en acciones concretas y sostenidas, con un enfoque que combina ciencia, inclusión y justicia ecológica.