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¿Qué tan peligrosas son las culebras que viven en Chile?

Un caso ocurrido recientemente en Putaendo, donde una mujer fue mordida por una culebra de cola larga, volvió a poner sobre la mesa una realidad poco conocida de la fauna chilena: en el país existen dos especies de serpientes capaces de inocular veneno. Aunque sus mordeduras no suelen asociarse a consecuencias mortales, pueden provocar lesiones importantes y requieren atención médica oportuna.

Se trata de la culebra de cola larga (Philodryas chamissonis) y la culebra de cola corta (Galvarinus chilensis). Ambas cuentan con mecanismos para inocular veneno, pero presentan diferencias físicas y un nivel de conocimiento científico desigual respecto de sus efectos. Según Paula Bravo, médica veterinaria y encargada del área de control de animales domésticos y de plagas del Departamento de Campus de la Universidad de Santiago de Chile, la especie de cola larga es aquella cuyo potencial tóxico ha sido más estudiado.

Reconocerlas puede ayudar a evitar confusiones. La culebra de cola corta mide entre 40 y 70 centímetros y suele presentar tonalidades café o ceniza, una línea gris sobre el dorso, bandas laterales oscuras y manchas que forman un patrón similar a un tablero de ajedrez. Una de sus señales más distintivas es una mancha negra debajo de los ojos, parecida a una lágrima. La culebra de cola larga, en cambio, puede alcanzar entre 1,4 y 2,2 metros y suele tener una banda oscura a lo largo de la columna, bordeada de negro y acompañada por líneas laterales más claras.

Las consecuencias de una mordedura dependen de la especie y de las circunstancias del accidente. En la culebra de cola larga se han descrito síntomas locales como dolor, enrojecimiento e hinchazón progresiva, que en casos más complejos pueden comprometer una parte importante de la extremidad y generar daño en los tejidos. También pueden aparecer manifestaciones generales como náuseas, dolor de cabeza y fiebre.

En el caso de la culebra de cola corta, la información científica disponible es más limitada. Sin embargo, se han reportado mordeduras que provocan dolor, inflamación rápida, náuseas y vómitos. La cantidad de veneno inoculado y las condiciones en que ocurre el contacto pueden influir en la intensidad de la reacción, por lo que no es recomendable esperar a que los síntomas empeoren para buscar ayuda.

Ante una mordedura, la prioridad es mantener la calma y acudir cuanto antes a un centro asistencial. “En caso de mordedura, la recomendación es lavar la zona con abundante agua, inmovilizar sin generar presión y trasladar a la persona de inmediato a un centro de salud”, señaló Paula Bravo. La especialista también advierte que no se debe intentar succionar el veneno, aplicar torniquetes ni recurrir a tratamientos caseros, ya que estas maniobras pueden agravar la lesión.

Conocer estas especies también implica entender su lugar dentro de la fauna nativa y evitar reaccionar con violencia ante un encuentro. La recomendación es mantener distancia y no intentar manipularlas ni capturarlas. Aunque las mordeduras son situaciones que requieren precaución, identificar a estos animales y saber cómo actuar permite reducir riesgos sin convertir el desconocimiento en una amenaza para la biodiversidad chilena.