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Convivir con gatos y el arte de no estresarlos

En tiempos donde los gatos dominan silenciosamente los hogares —y también los feeds de redes sociales—, la idea de mantenerlos dentro de casa se ha instalado como una práctica cada vez más común en Chile. Pero puertas adentro no significa automáticamente bienestar. Así lo advierte la médica veterinaria Guisela Acuña, especialista en comportamiento felino, quien plantea que el verdadero desafío no es encerrar, sino construir un entorno que dialogue con la naturaleza del animal.

Porque sí, los gatos pueden vivir más seguros dentro del hogar, lejos de peleas, atropellos o enfermedades como la leucemia felina. Pero esa seguridad tiene letra chica. “Dentro de su modelo de prevención de conflictos, la emoción predominante en los gatos es el miedo”, explica la especialista, dejando claro que estos animales siguen funcionando bajo códigos evolutivos que combinan su rol de cazadores con el de potenciales presas. En otras palabras, un gato no deja de ser gato por vivir en un departamento.

Esa tensión constante —entre instinto y entorno— es la que puede convertir un espacio aparentemente cómodo en un lugar hostil si no está bien adaptado. El estrés en los gatos no siempre se nota de inmediato, pero se acumula. Cambios bruscos, falta de refugios o rutinas alteradas pueden gatillar problemas de salud que van desde trastornos conductuales hasta enfermedades físicas. “Lo que ocurre si esto no se cumple es que los gatos se estresan y el estrés se traduce en enfermedades”, advierte Acuña.

Por eso, el concepto de bienestar felino se vuelve clave. No basta con comida, agua y una caja de arena. El hogar debe transformarse en un ecosistema donde el gato pueda trepar, esconderse, observar y, sobre todo, sentir control sobre su entorno. La lógica es simple pero profunda: un gato necesita territorio, aunque ese territorio sea un departamento de 60 metros cuadrados. Y en casas con más de un felino, la ecuación se vuelve aún más exigente, obligando a multiplicar recursos para evitar conflictos silenciosos.

El juego también deja de ser un accesorio y pasa a ser una necesidad biológica. No es solo entretención, es simulación de caza, descarga de energía y regulación emocional. Ignorar esto es desconocer una parte esencial de su comportamiento. A eso se suma el respeto por sus tiempos, su olfato y sus rutinas, aspectos que muchas veces chocan con la dinámica humana, más acelerada y menos predecible.

Pero incluso en espacios controlados, el riesgo no desaparece. El hogar está lleno de amenazas invisibles para un gato. Plantas como los lirios pueden ser letales, al igual que alimentos tan cotidianos como el chocolate o productos con xilitol. “Los lirios son sumamente tóxicos para los gatos. Pueden provocar una falla renal aguda”, advierte la especialista, subrayando que el peligro no siempre está donde uno lo imagina. A eso se suma un error frecuente y crítico: la automedicación. “No recomiendo que automediquen a ningún gato o perro”, recalca, poniendo especial énfasis en el paracetamol, que en felinos es directamente tóxico.

En paralelo, el seguimiento veterinario se vuelve parte del contrato invisible que implica tener un gato. Vacunas al día, esterilización y controles periódicos no son opcionales si se busca calidad de vida. Más aún considerando que un gato indoor puede vivir más de 20 años. Esa longevidad no es casualidad, sino el resultado de cuidados constantes y de una observación atenta a cualquier cambio, por mínimo que parezca.

Al final, tener un gato no es solo sumar un compañero silencioso al hogar, sino aceptar una convivencia con una especie que funciona bajo reglas distintas. En una generación que valora el bienestar, la conciencia y el vínculo emocional con los animales, entender esto no es un lujo, es parte del mínimo ético. Porque cuidar a un gato no es domesticarlo del todo, sino aprender a convivir con su naturaleza.

Cómo sobreviven los animales al invierno chileno en un país marcado por el cambio climático

En un país de extremos como Chile, donde el desierto, la cordillera, el altiplano y la Patagonia conviven en un mismo territorio, los animales enfrentan un desafío constante: adaptarse a climas que cambian drásticamente entre estaciones y que, con el avance del cambio climático, se vuelven cada vez más impredecibles. El frío, la sequía, las lluvias intensas y los vientos despiadados son parte del paisaje, y tanto los animales silvestres como los domésticos deben desarrollar estrategias fisiológicas —y contar con ayuda humana— para resistir.

Los camélidos sudamericanos, como llamas, alpacas, guanacos y vicuñas, son un ejemplo de adaptación extrema. Según el Dr. Luis Raggi, académico de la Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias (Favet) de la Universidad de Chile, su pelaje denso y medulado funciona como un aislante térmico frente al frío y al calor. Además, su sistema fisiológico permite una termorregulación inusual: pueden soportar temperaturas que varían desde -10 °C en la noche hasta sobre 20 °C en el día. Adaptaciones como sus cojinetes plantares o la forma particular de sus glóbulos rojos los hacen ideales para sobrevivir en el Altiplano o la Patagonia, zonas donde otros mamíferos fracasarían.

En el caso de los rumiantes domésticos, como las vacas, también se produce un cambio de pelaje en invierno, además de una acumulación de grasa subcutánea que sirve como aislante. Para el Dr. Nelson Vera, también académico de Favet, la preparación nutricional es clave: asegurar una dieta rica en energía durante el otoño permite que los animales lleguen con reservas al invierno. Durante olas de frío, se recomienda proporcionar refugio, agua limpia y alimentación suplementada para evitar problemas respiratorios, digestivos o hipotermia, especialmente en animales jóvenes como terneros.

Los animales de compañía también requieren cuidados especiales, aunque no siempre significa vestirlos. La Dra. Sonia Anticevic explica que perros con pelo largo no necesitan abrigos adicionales y que el sobreabrigo puede dañar el pelaje o facilitar la acumulación de residuos que afectan su piel. En cambio, el foco debe estar en proporcionarles un entorno térmico estable y protegido, lejos de corrientes de aire o suelos fríos. Espacios como logias, casas de perro con aislamiento o simplemente permitir el ingreso al hogar son medidas efectivas que previenen enfermedades como la traqueobronquitis viral (conocida como tos de las perreras) o la intensificación de dolencias osteoarticulares en mascotas con enfermedades crónicas.

El cambio climático y la intervención humana han aumentado los riesgos para muchas especies nativas. El Dr. Raggi advierte que actividades como la construcción de caminos, la expansión minera o la introducción de especies competidoras como las ovejas, afectan la disponibilidad de pastos y alteran el delicado equilibrio ecológico donde habitan los camélidos. Cuando estas especies son trasladadas a otras zonas, sus adaptaciones pueden sostenerlas, pero se requiere una vigilancia mucho más estricta de las condiciones ambientales y nutricionales.

En ambientes rurales, el frío también puede limitar el acceso al forraje y al agua, reduciendo la ingesta alimentaria justo cuando el gasto calórico se incrementa. El Dr. Vera recomienda ofrecer forrajes de alta digestibilidad y suplementos concentrados para compensar el déficit energético. El sistema digestivo de los camélidos vuelve a destacar: su retículo-rumen tiene glándulas que mantienen un pH menos ácido, lo que favorece una microflora fermentativa capaz de digerir vegetación fibrosa y de bajo valor nutricional, algo que no ocurre en otros rumiantes.

Frente a un clima cada vez más desafiante, el conocimiento ancestral y científico sobre la adaptación animal se vuelve esencial para garantizar el bienestar de todas las especies que cohabitan el territorio chileno. La capacidad de adaptación no es infinita, y el rol humano en su protección es hoy más urgente que nunca.