Una especie marina hasta ahora casi desconocida en Chile, la raya diamante (Hypanus dipterurus), ha sido confirmada como residente estable en la bahía de Arica, sumando un importante aporte al conocimiento de la biodiversidad marina nacional. Liderado por un equipo internacional con participación de investigadores de la Universidad de Chile, el estudio que da cuenta de esta presencia fue publicado en la revista Journal of Fish Biology, y marca un avance significativo en la comprensión de la fauna marina chilena.

La investigación partió en plena pandemia con una metodología innovadora: rastrear fotografías publicadas por pescadores recreativos en redes sociales, las que revelaron la existencia constante de esta raya en aguas del norte chileno y también en el sur de Perú. Aunque se habían reportado ejemplares aislados en Antofagasta en los años 80, esta nueva evidencia apunta a una población estable y posiblemente permanente en la zona.

Los científicos aplicaron además modelos de distribución que combinaron datos georreferenciados con variables oceanográficas como temperatura y salinidad, lo que no solo confirmó su presencia en el norte, sino que proyecta posibles poblaciones desconectadas hacia el centro-sur del país. Esta expansión podría estar relacionada con el calentamiento global y eventos climáticos como El Niño, fenómeno que ha impulsado el desplazamiento de diversas especies hacia latitudes más australes.

Considerada “Vulnerable” por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), la raya diamante enfrenta riesgos propios de su biología, como lento crecimiento y baja fecundidad, sumados a la presión pesquera. En Chile, a diferencia de otras especies de raya, no existen aún medidas específicas de manejo ni protección legal, lo que genera incertidumbre sobre su real estado poblacional y sobre la cantidad extraída en actividades pesqueras.

Los investigadores destacan que la colaboración con las comunidades pesqueras es fundamental para avanzar en la conservación. Más que imponer restricciones, se trata de construir un diálogo que integre el conocimiento local y permita la autorregulación de las capturas, asegurando así la protección de esta especie y del ecosistema marino en general.

Respecto al riesgo para humanos, la raya diamante, aunque posee un aguijón para defensa, no representa una amenaza activa. Los incidentes ocurren por provocaciones o accidentes, como el conocido caso del fallecimiento del “cazador de cocodrilos” Steve Irwin. En su comportamiento natural, esta raya es esquiva y se alimenta de pequeños peces e invertebrados, evitando el contacto con personas.

Los científicos llaman a actualizar los listados oficiales de fauna marina chilena y a implementar urgentemente medidas de manejo para especies vulnerables como esta raya. También valoran el papel que las redes sociales han jugado en facilitar el acceso a datos que de otro modo serían inaccesibles, demostrando que la ciencia colaborativa y en red puede aportar grandes avances.

El estudio fue dirigido por Diego Almendras y contó con un amplio equipo multidisciplinario y transnacional, que refleja cómo la investigación marina requiere un enfoque colaborativo para descubrir y proteger las muchas especies aún poco conocidas que habitan el océano Pacífico.