A sus 83 años recién cumplidos, Isabel Allende sigue siendo una figura insoslayable de la literatura latinoamericana. Con más de 77 millones de ejemplares vendidos y traducciones en más de 42 idiomas, la autora de La Casa de los Espíritus, Inés del alma mía y El amante japonés ha tejido una narrativa que no solo retrata la historia reciente de Chile, sino que también ha dejado huella global desde una perspectiva profundamente latinoamericana. Su obra ha sido reconocida con más de 60 premios internacionales, incluidos el Premio Nacional de Literatura de Chile, la Medalla Bodley de la Universidad de Oxford y múltiples doctorados honoris causa.
Eugenia Dos Santos, académica del Departamento de Lingüística y Literatura de la Universidad de Santiago, destaca que una de las mayores contribuciones de Allende fue dar a conocer al mundo la realidad chilena de los años 80, en un momento en que el realismo mágico latinoamericano se consolidaba como corriente estética. A través de sagas familiares, historias íntimas y personajes cargados de simbolismo, la autora construyó puentes entre memoria personal, historia política y búsqueda cultural.
Si bien su obra ha recibido críticas; muchas veces desde el mismo Chile, por supuesta falta de profundidad o por apoyarse demasiado en estructuras ya exploradas por otros escritores latinoamericanos, Dos Santos señala que esa percepción omite su capacidad de conectar con millones de lectores en todo el mundo. Su enfoque en las mujeres, la guerra, el poder y la memoria ha convertido a Allende en una voz imprescindible en los debates sobre identidad, género y literatura del continente.
Además de su narrativa, Isabel Allende ha tenido un rol activo en causas sociales, impulsando desde su fundación iniciativas a favor de los derechos de las mujeres y niñas. Su literatura no solo entretiene: inspira, empodera y provoca conversación. Esa capacidad de impacto, tanto comercial como simbólico, consolida su lugar en el canon de autoras globales cuya influencia va más allá de los libros.