El Salar de Ascotán, en el Altiplano chileno, es el foco de una innovadora investigación liderada por los académicos Andrés Marcoleta y Miguel Allende, del Departamento de Biología de la Universidad de Chile. El estudio, publicado en Microorganisms, analiza la diversidad genética de bacterias y arqueas que han desarrollado adaptaciones únicas para sobrevivir en este entorno extremo, caracterizado por alta salinidad, intensa radiación UV y presencia de metales pesados como el arsénico.

Utilizando técnicas avanzadas de metagenómica, el equipo logró reconstruir el genoma de múltiples especies microbianas, muchas de ellas nunca antes descritas. “Estos hallazgos abren nuevas posibilidades en biotecnología, desde la bioremediación hasta la extracción sustentable de litio”, señala Marcoleta.

El estudio cobra especial relevancia en el contexto de la minería del litio en Chile. “Es fundamental conocer y preservar la biodiversidad microbiana de estos ecosistemas antes de intervenirlos con fines mineros”, advierte el investigador. En esta línea, el equipo trabaja junto a la Universidad Católica del Norte en un proyecto para utilizar microorganismos en la recuperación de litio desde chatarra electrónica, minimizando el impacto ambiental.

Otro hallazgo clave es la predominancia de arqueas en el ecosistema del salar, organismos esenciales en procesos como la generación de metano y la captura de minerales, con posibles aplicaciones en biotecnología minera. Además, el estudio sugiere que la biodiversidad microbiana del Altiplano chileno podría ofrecer pistas sobre la posible existencia de vida en Marte. “Las condiciones extremas del Salar de Ascotán son similares a las de Marte, lo que nos permite explorar preguntas clave en astrobiología”, explica Marcoleta.

El estudio, en el que participaron varios investigadores de la Universidad de Chile, destaca el valor del país como un laboratorio natural para la ciencia. “Tenemos la responsabilidad de estudiar y aprovechar el potencial biológico y tecnológico de nuestro territorio”, concluye Marcoleta.

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