Santiago vivió un fenómeno meteorológico poco habitual. La Dirección Meteorológica de Chile (DMC) confirmó que el evento que afectó a Estación Central durante la tarde de este martes fue un tornado, clasificado como EF-0, con vientos que alcanzaron los 137 km/h. El episodio provocó daños materiales y volvió a poner sobre la mesa cómo se forman estos eventos y qué tan preparados están los entornos urbanos para enfrentarlos.
Entre los sectores afectados se encuentra la población Villa Francia, donde se registraron daños en viviendas, además de la caída de árboles y postes en distintos puntos de la comuna. En el Terminal Sur también se reportaron techumbres levantadas por la fuerza del viento. El alcalde de Estación Central, Felipe Muñoz, señaló que el fenómeno “no estaba dentro de los pronósticos” y confirmó que una mujer sufrió lesiones en sus piernas producto del evento.
Aunque la confirmación de la DMC marca un hito para la capital, existen antecedentes históricos de un fenómeno similar en el territorio que hoy forma parte de Santiago. Según los registros mencionados en el comunicado, el 14 de mayo de 1893 se produjo un tornado en la comuna de Conchalí, hace 133 años. El evento de Estación Central vuelve a mostrar que, aunque los tornados no son habituales en la ciudad, no son completamente ajenos a las condiciones meteorológicas de la zona central.
¿Por qué se forman? El investigador del Departamento de Física de la Universidad de Santiago de Chile, Raúl Cordero, explicó que estos fenómenos requieren condiciones atmosféricas específicas y que suelen presentarse con mayor frecuencia durante la primavera y el otoño. “Durante estas temporadas intermedias se da más frecuentemente el encuentro de masas de aire frío y masas de aire cálido. La diferencia de temperatura entre estas masas de aire favorece las inestabilidades que, a su vez, permiten la formación de tornados”, explicó a Diario Usach. El contraste entre masas de aire puede generar condiciones de inestabilidad, aunque no toda tormenta con estas características termina produciendo un tornado.
La relación entre estos eventos y el cambio climático todavía requiere cautela. Si bien el calentamiento global está intensificando distintos fenómenos extremos, no existe claridad suficiente para afirmar que los tornados hayan aumentado significativamente en frecuencia a escala global. Cordero advirtió que “está aumentando la frecuencia e intensidad de los eventos extremos. Sin embargo, en el caso de los tornados, no está claro que se haya registrado ya un aumento significativo de la frecuencia con la que estos eventos destructivos se dan”.
El investigador también apuntó a antecedentes de Norteamérica, donde se ha observado una posible transformación en la forma en que se presentan estos fenómenos. “Al menos en el caso de Norteamérica, parece existir evidencia de que el número de tornados por brote ha aumentado en las últimas décadas. Eso significa que, cuando las condiciones meteorológicas particulares que favorecen la formación de tornados están presentes, no se forma uno, sino varios tornados”, sostuvo. El caso de Estación Central no permite, por sí solo, atribuir el fenómeno al cambio climático, pero sí recuerda la importancia de fortalecer la observación meteorológica, la prevención y la capacidad de respuesta ante eventos inesperados en ciudades densamente pobladas.