La economía chilena enfrenta un escenario marcado por el retroceso de la actividad y las dificultades del mercado laboral. En ese contexto, el economista y académico de la Facultad de Administración y Economía de la Universidad de Santiago (Usach), Gonzalo Martner, puso el foco en un factor que incide directamente en el movimiento de la economía cotidiana: cuánto gastan las familias y qué tan seguras se sienten respecto de su futuro financiero.

Durante una entrevista en el programa Línea 1 de Radio Usach, el especialista analizó el impacto de las expectativas de los hogares en el comercio y advirtió que una contracción del consumo puede convertirse en un riesgo para la actividad económica a corto plazo. La preocupación aparece en medio de las cifras negativas del Índice Mensual de Actividad Económica (Imacec) y el aumento del desempleo, dos señales de un panorama que mantiene bajo presión el desempeño del país.

Para Martner, el análisis económico no debería concentrarse exclusivamente en la inversión empresarial o en el desarrollo de infraestructura. Aunque estos elementos son relevantes para el crecimiento de largo plazo, el gasto de las familias representa una parte mucho mayor de la actividad económica. “Yo le vuelvo a insistir, la inversión en Chile es del 20 al 25% del PIB. Entonces hay un 75% que no es inversión (…) A mí me preocupa mucho más la situación de las expectativas de los hogares en su gasto”.

La advertencia apunta a cómo las expectativas sobre el empleo, los ingresos y la estabilidad financiera pueden influir en las decisiones de consumo. Cuando las familias enfrentan incertidumbre, pueden reducir sus compras, postergar gastos importantes o priorizar el pago de deudas. Si ese comportamiento se extiende, el menor movimiento del comercio y otros sectores puede convertirse en un problema para la actividad económica general.

El economista resumió este riesgo al comparar el peso de la inversión con el resto de los componentes de la economía. “Incluso si se invirtiera más (…) es solo un 25% del total. Y si el 75% restante se te cae, ¿qué haces?”. Su planteamiento pone sobre la mesa la importancia del consumo interno y de las condiciones que permiten a los hogares sostener sus gastos, especialmente en un escenario de mayor desempleo y menor dinamismo económico.

La discusión, por tanto, no se limita a los indicadores macroeconómicos. También involucra la capacidad adquisitiva de las personas, su nivel de endeudamiento y la confianza con que enfrentan los próximos meses. En el diagnóstico de Martner, observar el comportamiento de los hogares es clave para entender los riesgos de corto plazo: la inversión puede impulsar proyectos futuros, pero si el consumo pierde fuerza, una parte central del movimiento económico del país también puede resentirse.